



No te
rindas ante el rencor, aprende a perdonar
Vamos a comenzar una serie de 16 temas sobre no rendirse ante el rencor, no
rendirse ante el resentimiento, no rendirse ante el deseo de venganza, ni
rendirse ante la envidia etc. En cada terapia, trabajaremos interiormente
desde la fe adulta, para acrecentar cada vez más la capacidad de perdonar
y aún más, para hacer vida nuestra capacidad de ser misericordiosos
que nos ha dado el Señor Dios, y que nos hace poner en marcha ese reflejar
la imagen de Dios vivo en nosotros.
Para ello, te sugerimos que cada tema lo escuches durante la semana de terapia y cuando termines el nivel completo, escuches, uno y otro y otro cada vez permitiendo que el contenido del mensaje se grabe cada vez más, en lo más hondo de tu subconsciente hasta que sin sentirlo, vayas reaccionando según como nos lo ha enseñado Jesús en el evangelio que es su misma vida.
Alguien aquí, tu mismo, tu misma que escuchas, podrías preguntarte, pero ¿Perdonar a quién o qué? Bueno, pues permítenos decirte que así como el mandamiento que nos hace plenos es decir, el mandamiento del amor, nos manda amarnos a nosotros mismos, luego a los demás seres humanos y por lo tanto nos lleva a amar a Dios con todo el ser, con toda la mente, con todo el corazón, el mandamiento del perdón que nos hace libres nos manda perdonarnos a nosotros mismos, a los demás seres humanos y aunque a Dios no tenemos qué perdonarle nada de lo que ha ocurrido de doloroso en la vida, sí tendremos, si tendrás que reconocer que Él ha respetado tu libertad y la libertad de quienes te dañaron, y que Dios siempre saca bienes de lo que nosotros los seres humanos, echamos a perder por no querer abrirnos a su amor, por no querer amar, por no querer perdonar, por no querer orar.
Todos los seres humanos, hemos tenido la experiencia de ser lastimados por las palabras y acciones de otros, como también nosotros hemos lastimado a otros con acciones y palabras crueles o descuidadas. Incluso, por vivir con un gran rencor hacia nosotros mismos, inconscientemente nos lastimamos con nuestra forma de ser irascible, egoísta y soberbia, haciendo de nuestro interior un verdadero infierno que nos lleva a vivir diariamente en depresiones y experimentar en nuestro corazón una honda e infinita tristeza.
Luego de haber lastimado a alguien, surge desde lo más profundo de nuestro ser un gran dolor que puede ser devastador y duradero si no despertamos al amor, si no despertamos al perdón, si no despertamos a la fe, si no nos abrimos al que puede darnos la gracia de vivir una vida plena, una vida feliz, una vida libre de todas las ataduras del egoísmo.
En realidad yo, tú que escuchas, sabemos que en nuestro corazón no habrá paz verdadera si no estamos en paz con nosotros mismos, con nuestros vecinos, con nuestros amigos, con los miembros de nuestra familia y en general, si no estamos en paz con la humanidad entera. Pero hoy, aquí y ahora, alegrémonos porque el Señor quiere regalarnos la gracia de amar como Él nos ama, con amor incondicional y nos quiere regalar a mi y a ti que escuchas, la gracia de perdonar con el mismo perdón incondicional, sencillamente porque quiere que disfrutemos de su amor, porque quiere que seamos felices.
Pero ¿Sabes? Dios no va a cambiar lo que haya en ti de negativo o de herido y dañado, mientras tú no lo quieras hacer, pues Dios no cambia lo que hay en las personas, mientras ellas no cambien apoyados en su gracia, lo que hay en ellas mismas de negativo.
El libro del Levítico 25, 2,8 y siguientes hoy nos dice: “Di a los Israelitas lo siguiente: Cuando ustedes hayan entrado en la tierra que les voy a dar, la tierra deberá tener reposo en honor del Señor. Podrán sembrar sus campos como también podrán podar sus viñedos y recoger sus frutos y el séptimo año será de completo reposo de la tierra en honor del Señor. El día 10 del mes séptimo será el Día del Kipur o día del Perdón, harán sonar el cuerno de carnero o shofar en todo el país. El año 50 lo declararán año santo pues este año será un año de liberación y en él anunciarán libertad para todos los habitantes del país. En este año, no abuse nadie de nadie y muestren reverencia por su Dios. Cumplan mis leyes y pongan en práctica mis decretos. Cúmplanlos y vivirán tranquilos en el país; la tierra dará frutos y ustedes vivirán tranquilamente en ella, comiendo de sus frutos hasta saciarse”.
El antiguo pueblo hebreo, creía en la celebración de esos tiempos de “borrón y cuenta nueva”, cuando los dueños de los grandes negocios hacían balance y los agobiados con las deudas recibían una nueva oportunidad.
En Lucas 4, 18 y siguientes encontramos a Jesús el Señor proclamando en la sinagoga la Palabra de Dios en el libro del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mi, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos, a anunciar el año favorable del Señor. Luego, Jesús cerro el libro, lo dio al ayudante de la sinagoga y se sentó. Todos los que estaban allí seguían mirándole. El comenzó a hablar diciendo: Hoy mismo se ha cumplido esta Escritura delante de Ustedes”.
Jesús el Señor, va mucho más allá que el antiguo pueblo de Dios, respecto a un determinado tiempo para el perdón. Él mismo en Mateo 5, 17 dice: “No crean ustedes que yo he venido a poner fin a la ley ni a las enseñanzas de los profetas; no he venido a ponerles fin sino a darles su verdadero significado”. Es decir, Jesús se proclama el Año de gracia eterno, el Año del perdón para siempre.
Pero mucha gente hoy en día todavía prefiere no perdonar si no hay condiciones; mucha gente hoy prefiere creer que Dios es un juez justiciero, vengativo, castigador, aterrador. Pero una vez más te decimos que el Padre Celestial nos muestra en Jesús, que Él es perdón, ternura, cuidado, cariño, delicadeza, fidelidad, compasión, infinita misericordia, amor incondicional.
¿Has meditado a fondo las palabras que aparecen –por ejemplo- en Lucas 23, 34 y que Jesús pronunció en la cruz cuando dice: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen?.
Jesús
comprendió a la perfección a la raza humana. Sabía que
el subconsciente del hombre está herido desde el vientre materno y
por el infinito amor que el Padre Celestial nos tiene, Dios se hizo hombre
y experimentó la necesidad de instaurar en el corazón del ser
humano, como parte del Reino de los cielos, la capacidad del perdón.
O qué crees….¿Que el ser humano somos Dios, así
con mayúscula? No. Sólo hay un Dios y nosotros, somos sus hijos
amados que por siempre, necesitaremos estar recurriendo al perdón.
¿Por qué crees que existen las gomas en los lápices?
¿Porque nunca nos vamos a equivocar? ¿Sabes cuántas veces
vamos a equivocarnos para que vayas entrando en esta dimensión del
perdón lo más pronto posible? 70 veces 7 es decir, siempre.
Por ello Jesús le responde a Pedro, luego de que éste le pregunta
que cuántas veces ha de perdonar al que le ofende, diciéndole
que necesitará querer perdonar no sólo 7 sino hasta 70 veces
7 es decir, siempre.
En realidad, todos necesitamos de ese tiempo en el que podemos decir “perdóname”
“discúlpame” y responder: “No te preocupes. Te perdono
y echemos pa’lante”. Sabemos ya –porque lo hemos visto en
otros temas- que el ser humanos está herido por muchas causas, desde
el vientre materno y luego, cuando nace y crece, recibe rechazos, abandonos,
humillaciones, traiciones e injusticias, por ello, hoy comenzamos esta etapa
de terapias, haciendo conciencia que si tu manera de reaccionar, aún
es agresiva, aún es vengativa, aún es amargada, aún manifiesta
que hay dolor en tu corazón, es posible que haya viejas heridas y dolores
que necesiten atención y curación.
Por ello, paso a paso, a través de todos estos temas, la gracia del Señor te irá llevando hacia una reconciliación más profunda con el pasado, con recuerdos dolientes, tanto contigo mismo, contigo misma, como con los demás y hasta con el Señor Dios.
Perdonar, como dice el título de este mensaje, es el camino hacia la sanación y para avanzar mar adentro por este camino encantador y liberador, será necesario que definamos no en una sino en varias terapias, lo que es el perdón pues nadie recorre un camino sin antes saber por dónde ir para poder llegar al final. Así que comenzamos diciendo que el perdón es dejar marchar la dureza que se tenía hacia cierta persona e incluso hacia los animales, pues cuánta gente se enoja con los animales porque los pican, los muerden o se orinan en donde uno no quiere. Aprovechamos para decirte que hacer esto último es decir, enojarse con los animales y castigarlos es una gran tontería, ya que los animales son irracionales y merecen todo nuestro cariño y comprensión.
Igualmente
hacemos conciencia en ti cuando te enfureces con los niños pequeños.
¿Te imaginas? Si tú que escuchas, muchas veces te comportas
irracional aunque eres racional y según tu, muy maduro, madura, cómo
será un bebé o un niño de 5 ó 7 años? ¿No
es locura enojarse? Sí, ¡Es locura enojarse no sólo con
un bebé o un niño, sino que es locura enojarse con un anciano,
con un adolescente, con un joven, con un adulto! Ya en otro tema veremos lo
que es el enojo. Perdonar pues, es soltar todas esas cosas que abrigábamos
contra esa persona o circunstancia y comprender.
Ignacio Larrañaga, psicólogo clínico y gran espiritual
dijo alguna vez: “Si supiéramos comprender, no haría falta
perdonar y viviríamos en la paz”.
Perdonar, es un proceso que dura toda la vida, por ello la importancia de estar constantemente auto educándose interiormente sobre todo a la luz de la Palabra del Señor y también acudiendo a algún grupo de apoyo como los que brindamos o cualquier otro en donde tú veas que la Palabra de Dios sea la guía y centro de vida, que orienta e ilumina el corazón de cada uno de los miembros.
El perdón, no surge de manera espontánea y natural. El acto de perdonar necesita de una buena dosis de fe adulta e inteligencia según la sabiduría que nos brinda la Palabra del Señor.
Perdonar de corazón, muchas veces será casi un acto heroico, por ejemplo, aquellos que se han quedado sin nada por haber sido despojados de sus propiedades, o quienes han sido violados o las mujeres y niños que han sido golpeados descomunalmente, o aquellos que han soportado verdaderas injusticias como aquellos y aquellas que han vivido la infidelidad en carne propia. Todos ellos y muchos más, sentirán la tentación del odio y de la venganza, pero si se abren al amor del Señor comprendiendo que el ser humano sin excepción está herido y no sanado además de que vive dormido en la noche de la inconsciencia y el sin sentido, la experiencia liberadora del perdón, aunque difícil en muchas ocasiones, podrá ser vivida en medio de la herida más profunda gracias al poder curativo del amor que ha tenido su origen en el único amor verdadero: Dios quien vive en lo profundo de nuestro corazón.
El perdón proporciona también alegría verdadera, madurez humana y divina, ya que el poder curativo del perdón para sanar de raíz las heridas aún aquellas aparentemente incurables, restablecerá nuevamente las relaciones, haciéndolas más sólidas en muchos casos, sobre todo en aquellos en donde las dos partes abren sinceramente el corazón al amor de Dios.
Perdonar no es lo mismo que justificarse, excusar u olvidar. Perdonar no es lo mismo que reconciliarse, ya que la reconciliación exige que dos personas que se respetan mutuamente, se reúnan de nuevo. El perdón es la respuesta espiritual de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella. Uno puede perdonar y sin embargo no reconciliarse como es el caso de una esposa continuamente maltratada por su compañero que no quiere darse cuenta del tremendo daño que está causando a ella y a sus hijos, y que se está haciendo a sí mismo también. El perdón permite liberarnos de todo lo que se soporta por amor a Jesús y por amor al Padre Celestial y por amor oblativo y no emotivo, hacia esa persona y seguir adelante es decir, que tú que escuchas, te acuerdas del frío del invierno, pero ya no tiemblas porque ha llegado la primavera. En este caso el invierno es la herida, y la primavera es el perdón dado con amor de Cristo, amor divino y humano.
El perdón
hace cambios en el corazón de quien lo ofrece.
En realidad Dios nos ha dado la capacidad de darle fin al ciclo del dolor
por nuestro propio bien y por el bien de futuras generaciones, pues Dios nuestro
Padre Celestial, en Jesús, ha dado un propósito redentor a las
heridas.
De hecho, el perdón es un regalo especial que necesitamos proporcionarle a quienes viven y conviven diariamente con nosotros y en nuestras manos está brindárnoslo a nosotros mismos. El perdón nos llevará del dolor a la misericordia y a la compasión, tema que trataremos en las últimas terapias sobre el perdón de nuestro Taller de excelencia personal “No te rindas”.
Así que ¿Quieres ser feliz un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona. Perdonar es un don de Dios y la oración sincera a los pies de Jesús frente a la Palabra Divina, te ayudará a desmantelar la ofensa y a perdonar a quien te hirió.
Varias mujeres casadas nos han preguntado que qué hacen frente a las ofensas psicológicas de sus maridos, y nosotros les hemos sugeridos que los vean como en realidad son: hombres que algún día, de niños fueron ignorados, rechazados, abandonados, abusados, traicionados, heridos es decir, que independientemente si tú que escuchas eres casado o hijo de familia o quien seas, mires a tu agresor como el hermano que está enfermo que necesita tu bendición y que en realidad no sabe lo que hace.
En la medida en que le des menos importancia a lo que dice o dicen quienes te agredan y en la medida en que seas conciente que lo que dice le lastima hondamente primeramente a él o a ella, porque en realidad no se ama, en esa medida te irán doliendo menos sus palabras, porque comprenderás que está enfermo, enferma y necesita conversión, necesita volverse al Señor, necesita encontrar al que es el Amor verdadero.
Hay mujeres que nos han dicho que luego de haber sido víctima de maltratos físicos o emocionales durante mucho tiempo, han sentido ira contra sí mismas por todo lo que permitieron que sucediera, así que por ello para que nos quede bien claro tanto a ti como a nosotros decimos que la primera persona a quien hay que perdonar es a uno mismo.
Antes de continuar, permítenos hacerte la siguiente reflexión: Si tú murieras ahora mismo, y comenzaran a injuriarte, a decirte que eres un bueno, una buena para nada, un estúpido, una estúpida, etc, etc, etc, ¿Te ofenderías?. ¡Pues claro que no!, porque estás muerto. Jesús en el evangelio nos invita a morir en vida es decir, nos invita a morir al egoísmo, a la soberbia, al orgullo; nos invita a morir al amor propio herido que muchos conflictos nos causa y mucha guerra nos da; nos invita a morir a la negatividad, a la necedad, a la tontería; nos invita a morir a palabras necias. Por ello nos dice en Juan 12, 24 “Les aseguro que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, sigue siendo solo un grano infecundo; pero si muere, dará cosecha abundante”.
Es claro el Señor Jesús cuando nos invita a morir a todo lo
negativo: nos invita a renunciar y morir a ese remorderse por dentro en rencores
y deseos de venganza para poder entrar en la paz imperturbable de quien se
sabe que su vida está firme y segura en las manos de Dios, en quien
todo, pero todo, lo podemos, lo superamos, lo aceptamos, lo redimimos.
Para casi terminar, en seguida y para comenzar con este proceso del perdón,
te sugerimos lo siguiente:
1.- Muchas veces estás deprimido y no sabes por qué hasta que descubres la causa oculta por años o tal vez por días o por horas, de alguna herida que había estado aparentemente curada; así que necesitarás ponerte frente a frente con la rabia, la vergüenza o impotencia que sientas, tratando de distinguir cuál herida podría estar provocando todo este malestar.
2.- Trata a la luz de la gracia del Señor reconocer la fuente de esa herida olvidada y no sanada, para poder comenzar a sacarla a la luz para que quede iluminada y transformada por el infinito amor de Dios.
3.- Así como vimos en otros temas sobre la fe adulta, que es preferible creer a no creer en Dios, en su amor infinito, ahora te decimos que será preferible que elijas perdonar. Aunque haya fundamentos para el coraje y la venganza, no elijas sino perdonar. Jesús nos quiere inteligentes es decir, llenos de la luz divina y nos quiere firmes y estables a pesar de lo doloroso de los acontecimientos y heridas. A Él nunca lo vemos en el Evangelio quebrado, miedoso o contestando como perro rabioso ante tanta injuria e injusticia. A Él lo vemos sano mentalmente, entregado enteramente a su Padre Celestial porque sencillamente, nunca perdió la mirada de fe adulta, como tampoco nunca perdió la confianza en que si el Padre lo permitía, sería para su bien y para el bien de toda la humanidad.
Hoy, tu, aquí y ahora y cada día de tu vida, como Él, decide perdonar siempre, siempre, siempre.
4.- No pienses mal de tu agresor. Piensa más bien que es un ser humano que como tú, está herido y no sabe para qué está en este mundo. Tú sí lo sabes. Sabes que has venido a amar como Dios te ha demostrado que te ama. Sabes que todo lo puedes en Cristo que te fortalece. Sabes que Dios es perdón, ternura, cuidado, cariño. Sabes que la fe, la esperanza y el amor son el más grande tesoro que Dios ha depositado en tu mente y corazón. Sabes que tu motivación, tu razón para despertar y trabajar es Él. Sabes que es importante mantener las 24 horas del día una relación estrecha con Él viviéndolo día y noche en tu corazón, y también sabes que los momentos diarios especiales con Él son trascendentales para tu vida diaria.
Así que comienza a poner en práctica la capacidad de compasión que es ese dar sin esperar nada a cambio; que es ese ponerse en el lugar del otro sin condiciones; que es amar, amar, amar como Dios te ama a ti.
Estamos seguros que la persona que te agredió lo hizo por ignorancia y superficialidad, por frustración e infelicidad en sí misma y no por maldad aunque así parezca, por ello te decimos que no permitas que esta persona, continúe teniendo poder sobre ti por medio del odio que sientas hacia ella. Piensa en que el que sufre es aquél que se queda metiendo su cabeza en las llamas del rencor el odio y el resentimiento, cuando quien cometió la ofensa, anda aparentemente feliz por la vida, quitado de la pena. Se inteligente como Jesús, y libérate mirando a esa persona o a esas personas como hermanos enfermos, faltos de amor, rechazados por muchos, abusados, traicionados, heridos.
5.- Toda palabra ofensiva de los demás, toda actitud aparentemente malévola de los otros e incluso, toda palabra y acción que tu carne quiera soltar, desde la fe, reaccionando como Jesús, será una nueva oportunidad para crecer interiormente en la capacidad de perdón, de amor y de fe. Cada ofensa asumida por amor a Jesús y al Padre, nos envía directamente a Dios, nos lleva al cielo de nuestra alma, allá donde mora Cristo y donde la paz verdadera mana sin cesar. Cada vez que tú perdonas desde la altura del corazón de Cristo te conviertes en canal de gracia para tus ofensores, en cambio, cuando te dejes llevar por la venganza y el insulto, el odio nuevamente se irá alojando en lo más recóndito de tu alma y el egoísmo habrá ganadlo la batalla, arrastrándote a la no fe, a la desesperación, al desaliento, a la depresión.
Terminamos diciendo esta frase que esperamos que la recibas como dardo de amor de parte del Señor Jesús para ti: “No hagas a otros, lo que no quieras que te hagan a ti”.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento y desde la fe escucha a Jesús en tu corazón que te dice:
Yo deseo tu sanación interior más que lo deseas tú. Por ello quiero decirte que tu sanación interior sólo vendrá, cuando perdones de corazón a aquellos que te han herido, es decir, cuando perdones a aquellos que te manosearon, o abusaron de ti en aquellos aspectos que tú sabes, o te gritaron, o te traicionaron o te abandonaron, o te rechazaron, o cometieron injusticias contra ti, pues de otra manera, estarás dando paso a enfermedades como la psicosis, la depresión crónica; estarás dando paso a salidas falsas que te mantendrán bien esclavizado esclavizada, y angustiado, angustiada.
¿Sabes?
Pequeño mío, pequeña mía, sea cual sea la experiencia
o experiencias que hayas tenido, sea cuales sean las heridas que hayas sufrido,
Yo, tu Jesús, tu mejor amigo, tu Dios, quiero comenzar a curar y sanar
tu corazón roto. Quiere llenar el vacío que hay en tu vida con
mi amor. Quiere liberarte de todo cautiverio para que puedas experimentarte
realizado, realizada, feliz en Mi.
Mi pequeño, mi pequeña: ¡Éste es el tiempo favorable!
¡Este es el tiempo del perdón! Hoy quiero convertirte paso a
paso en lugar de reposo, en ese lugar en donde el Padre Celestial sea adorado
y contemplado, Hoy, quiero convertirte en lugar de descanso a donde los demás
puedan entrar con confianza y me encuentren a Mi, su único Salvador.
(Mús)
Y tú, allá desde lo profundo de tu corazón, levantando
la voz de la fe, sin mover tu boca dile a Jesús: Oh Señor, abre
mi corazón al Espíritu perdonador. Dispón mi mente y
mi ser entero para la apertura y el amor. No permites en ningún momento
que de marcha para atrás prefiriendo la amargura, el resentimiento,
el odio, el egoísmo, es decir, el no perdón. Al contrario, envíame
tu luz potente que me deslumbre y me revele que el perdón es el único
camino seguro para encontrarte en mi corazón. Gracias te doy Oh mi
Señor por todo lo que se que estás obrando, pues tú siempre
obras con grandeza y firmeza. Soy tuyo, soy tuya, Señor.
Por tu inmensa compasión, rompe una por una, todas esas cadenas que me han atado en el rencor, en el resentimiento, en la infelicidad, en el vacío. Limpia todas esas heridas que han infectado todo mi ser y han trascendido hasta a los miembros de mi familia, a mis compañeros de escuela o de trabajo, sintiendo un odio muchas veces, por toda la humanidad e incluso sintiendo rebeldía hacia ti, aún sabiendo que tú no tienes nada que ver con nuestra cerrazón mental ¡Oh Dios infinitamente amoroso!
Señor, hoy vengo a suplicarte la gracia de poder abrirme a ti para poder entregarte uno por uno de tanto suceso pasado que llevo sepultado en mi corazón y que ya apesta a sin sabor de vida, a agotamiento, a enfermedad incurable, a depresión crónica, a angustia, a desencanto de la vida..
Dame la gracia de buscar en mi memoria lo que me hace todavía ser agresivo, agresiva, egoísta, violento, violenta, impaciente. Quiero y necesito ser honesto, honesta y transparente conmigo mismo, conmigo misma y contigo respecto a lo que me ha lastimado o me ha causado dolor en el pasado.
Hoy Señor me lanzo al abismo profundo de tu amor, entregándote mi subconsciente, para que tú me hagas descubrir en ese lugar a donde van todos los recuerdos y a donde se alimentan los rencores y crece el coraje, qué es lo que aún no está sano. Señor, enséñame a mirar desde ti, mi interior herido y ayúdame a ponerle nombre real a la enemistad, al complejo, al odio, a la depresión y a encontrar la razón de mi proceder que está muy lejos de tu manera de ser, Jesús.
Señor, hoy, aquí y ahora, quiero comenzar una relación más sencilla y a la vez más profunda contigo Oh mi Dios, pero para ello, necesito escarbar un cimiento profundo, yendo a mi subconsciente herido para que tú me ayudes a sanarlo, luego, entonces, comenzaré a mirar como tú, a hablar como tú, a reaccionar como tú; habré subido a la torre más alta del amor y de la contemplación.
Señor, necesito perdonarme y perdonar a todos aquellos y aquellas que me hicieron o me hacen daño y luego Oh Padre, Oh Jesús, libérame uno por uno de tanto recuerdo doloroso….Dios mío, la voz del enemigo interior es decir, la voz del desconcierto ante las ofensas y de la impotencia me hacen temblar y la ira en muchas ocasiones me ataca rabiosamente y hasta el corazón me salta en el pecho y el terror de la muerte de la cerrazón y el egoísmo cae seguido sobre mi y pienso:
Ojalá tuviera alas como de paloma para volar y descansar. Volando me iría muy lejos; me quedaría a vivir en el desierto. Correría presuroso a protegerme de la furia del viento y de la tempestad, pero Señor, te pido que confundas el lenguaje de la no fe y destruyas la negatividad que hay en mi, pues me obstino por ver sólo violencia y discordia en todas partes, día y noche rondando mi mente. Pienso que hay maldad, intrigas, y corrupción y todo por olvidarme de mirarte a ti, mi único Salvador y Dios. Señor Jesús, tú injuriado, vilipendiado, maltratado al extremo, calumniado, no abriste la boca; como cordero llevado al matadero, fuiste dulce y compasivo siempre….
Oh Dios, se que estoy clamando a ti y seguro, segura estoy que me salvarás de mi mismo, de mi misma y que a aquellos que no te conocen los llenarás de tu ternura y de conversión. Se Señor que si me quejo y lloro a cualquier hora del día, tú siempre escucharás mi voz y me librarás de las batallas, me salvarás la vida, me madurarás, para que luego, con el tiempo, ya no venga a ti para quejarme sino primeramente, para amarte, para adorarte, para bendecirte, para glorificarte.
¡Qué bueno es cantarte a ti Oh Dios nuestro, sobre todo con actitudes nuevas, actitudes de Cristo, porque a ti te debemos dulces alabanzas. Tú Señor reconstruyes el interior del hombre y reúnes a todos los dispersos. Tú Señor sanas a los que tienen roto el corazón y les vendas las heridas. Tú determinas el número de las estrellas y a cada una le pones nombre. Tú Señor, cubres de nubes el cielo y preparas la lluvia para la tierra. Haces crecer los pastos en los montes y das de comer a los animales y a las crías de los cuervos cuando chillan. Nada está a la deriva, nada es coincidencia. Tu gran providencia nos protege. Grande eres tú Dios nuestro y grande es tu poder. Tu inteligencia es infinita. Tú Señor levantas a los humildes; en cambio, los soberbios terminan por perderse a sí mismos. Te canto hoy con una nueva vida llena de gratitud.
Oh Señor: Hoy se que no es la fuerza del caballo ni los músculos del hombre lo que más te agrada, sino más bien te agradan quienes te honran con una vida llena de amor y los que confían en ti. Tú Señor refuerzas los cerrojos de nuestras fuerzas y nos bendices trayéndonos la paz al corazón, satisfaciéndonos con lo mejor de tu trigo. Oh Señor amoroso de doy toda la honra y gloria, te doy mi adoración……Amén.
No te rindas
ante el rencor y ábrete al perdón
Vamos a continuar aprendiendo sobre qué es el perdón, pero permítenos decirte una vez más lo que repetimos tantas veces en los mensajes de sanación interior ante la pregunta ¿Qué es la felicidad? Para nosotros la felicidad es una actitud interior, una manera positiva de ver la vida y ser feliz significará por lo tanto, sufrir menos, y sólo vas a sufrir menos en la medida en que quieras reconocer o quieras despertar y darte cuenta quién eres y para qué estás en este mundo. Y tú eres hijo, hija del amor verdadero y has venido a este mundo a amar como Jesús.
Si observas más detenidamente, sin dejarte llevar de tus rencores y sin dejarte llevar por la envidia respecto a lo que otros tienen y tú no lo tienes, verás que muchas personas adineradas y famosas, no son felices. Muchas de ellas se suicidan o sencillamente viven atadas a todo aquello que no les deja ser libres como el vacío y la soledad mal encausada. Es decir, que la felicidad no depende de los bienes materiales que tengas o no tengas, sino de la actitud negativa o positiva, que tengas ante la vida. Vivir felices, en paz, en libertad interior pues, será querer no seguir siendo esclavo, esclava de los pensamientos negativos, apegos y dependencia a heridas no sanadas, y la felicidad interior te llegará en la medida en que quieras entregar en la fe a tu Padre Dios quien te ama sin condiciones, todo lo doloroso que te haya pasado o te esté pasando, y quieras tú mismo, tú misma transformar en amor, en luz, en perdón todos los sentimientos destructivos y ponzoñosos que has permitido –por ignorancia o por inseguridad- anidar en tu subconsciente.
Cuando estás enojado, sufres porque estás como abrasado en las llamas del infierno, esa realidad que haces presente cuando no vives el hoy, el aquí y el ahora con fe, con esperanza y con amor; infierno que vives por mirarte a ti y sólo a ti, por estar encerrado, encerrada atento a lo que tú y sólo tú sientes por lo que te hicieron o dijeron; porque simplemente, has preferido no mirar por la fe y has decidido echar en ese momento al Padre Celestial y a Jesús fuera de tu vida y no has querido dejarte iluminar ni permitirte fortalecer tu mente y corazón a su Espíritu de Sabiduría, de Inteligencia, de perdón, de comprensión, de amor, de humildad, de paz.
¿Sabes? Cuando te sorprendas gritando, peleando, guardando resentimientos y cuando dejes que afloren sentimientos de envidia y amargura, date cuenta de que estás huyendo de la felicidad, de la alegría de vivir, de la paz porque te has fugado de la realidad que es el amor. Una vez más, estás dormido, dormida.
Cuando has llegado a hablar lleno, llena de ira, es porque estás sufriendo mucho y al estar sufriendo tanto, invocas a la amargura que aparece como la nube más negra que oscurece aún hasta la luz más potente del sol. Y sufres porque quieres, porque no aceptas que los demás son así y serán así, mientras no quieran darse cuenta del valor que tienen, mientras no quieran darse cuenta que dentro de sí, vive un Dios capaz, de hacerlos felices, maduros, plenos.
Hoy quisiéramos que fueras honesto, honesta ante lo que vas a escuchar: ¿Vives quejándote por el calor, por el frío, por el sabor de la comida, porque el trabajo fue mucho, por esto, por esto otro, porque te duele acá y allá, porque los demás no hacen lo que quieres, porque lo que tú quieres no lo consigues? ¿Echas las culpas a los demás de lo que te acontece? ¿Echas la culpa a los demás de tu rebeldía? Si has respondido positivamente, quiere decir que tu interior, tu subconsciente herido aún está enfermo y está enfermo porque resistes a perdonarte y a perdonar y esto te convierte en una persona tremendamente inmadura.
Muchas veces, en nuestro trato diario con los demás nos escondemos –como cuando éramos niños durante el juego de las escondidillas- de todo aquello que otro u otra nos dicen a mi, a ti y decimos interiormente: “No. No estoy enojado, enojada” o “Eso no me lastimó”, pero la verdad es que sí estamos lastimados y tal vez tirados por el suelo, por ello es que luego aparecemos con miradas tímidas o soltamos palabras bruscas. Permitimos que las relaciones se marchiten por la frialdad de la mentira al engañarnos a nosotros mismos, como los retoños desnudos sorprendidos por la primera helada y por ello somos deshonestos con los demás y con nosotros mismos, diciendo una vez más que “No pasa nada”.
Hoy, continuando este aprendizaje sobre lo que es el perdón, te decimos que hablando científicamente, se han hecho experimentos en el cuerpo humano de personas que no han aceptado las heridas de la vida y no perdonan a quienes les hirieron y viven remordiéndose por lo que ellos o ellas también han herido y no se perdonan a sí mismas.
Daniel Góleman en su libro “Emociones destructivas” muestra cómo el acto de perdonarse a sí mismo, cambia la energía negativa en positiva y cambia las estructuras físicas de tus células y de tu ADN.
Muchas de las enfermedades que tenemos son por el rencor, el resentimiento, las culpas camufladas que aún llevamos dentro. La culpa por ejemplo, es una emoción muy poderosa que en lugar de ayudarnos a corregir lo negativo que hay en nosotros, nos aplasta, porque cierra los sistemas de energía del cuerpo y bloquea el flujo de la energía del Amor de Dios hacia todo nuestro ser.
En realidad como dice el psicólogo y gran espiritual Ignacio Larrañaga, la culpa no existe. Existen las causas y el ser humano obra mal por ignorancia y por heridas no sanadas. ¿Sabes? Cada una de tus células tiene conciencia, por lo tanto, ellas pueden llevar la energía de la culpabilidad dentro de ellas y en los núcleos mismos de las células, el rencor, el odio van dejando un residuo de negatividad, para convertirse en enfermedades físicas y mentales, y aunque pienses que has sido curado, curada, éste residuo que permanece debido a que no sabes perdonar a otros pero sobre todo, debido a que no sabes o no quieres perdonarte a ti mismo, a ti misma, ésta energía negativa actúa como un bloqueador para el amor.
El perdón y la aceptación a uno mismo son la clave para sobrevivir
a los cataclismos de un mundo herido, entonces el perdonarte a ti mismo, a
ti misma y la aceptación de ti mismo, de ti misma, tendrá una
gran influencia positiva directa sobre el funcionamiento correcto de tu sistema
inmunológico.
Perdonarte a ti mismo, a ti misma, te llevará a descubrir la riqueza, el tesoro divino que eres, creado por Dios. Podrás mirar con los ojos del alma, la luz y el amor que fluirán hacia los lugares, hacia los corazones donde el rencor ha hecho que la luz y el amor verdadero no hayan llegado, porque el perdón de la mano de Jesús, permite que la luz y el amor sean el dínamo que motiva la existencia y hace que cualquier agresión pueda convertirse en alegría salud, y paz.
El perdón a ti mismo, a ti misma, te capacitará y te fortalecerá para que puedas abrazarte a ti mismo, a ti misma, entonces podrás abrazar a otros con compasión y auténtico perdón. El verdadero perdón sólo puede venir de un corazón libre de culpas; el verdadero perdón sólo puede venir de un alma que se ha perdonado realmente porque ha encontrado la Luz divina de Cristo y del Padre Celestial en su interior y porque se ha aceptado exactamente así como es.
Pero…sigamos descubriendo lo importante que es el perdón.
Teresa de Calcuta escribió lo siguiente sobre la importancia del perdón: Si los demás o tu, se muestran irrazonables ilógicos y egoístas, perdónales de todos modos, perdónate tú.
Quien no quiere perdonar ni perdonarse, se queda congelado en el pasado, y para salir de esta congelación, el único camino es el perdón, porque el perdón es fuego que derrite la escoria, la basura, lo que no sirve, lo que esclaviza, lo que angustia, para convertirlo en ligereza, en blancura, en suavidad, en riqueza, en libertad, en paz, en humildad, en amor.
Perdonar es renunciar a seguir acusando al otro o a uno mismo en lo profundo del corazón aún cuando haya sido o hayas sido no el culpable sino el causante de lo que se hizo. El perdón, es por así decirlo, la columna vertebral de nuestra sanación interior. Sin perdonar, vas a ir de agonía en agonía.
Cuántas personas tratan de pedir perdón con flores, chocolates, invitaciones, tarjetas con mensajes, pero esto, en realidad es como echarle tierra a la situación, es no enfrentarla, es taparla como cuando una herida se cierra por fuera pero sigue la infección por dentro. Primero que todo, para enfrentar la situación dolorosa, lo primero que tendrás que querer hacer, es reconocer de dónde brota el perdón como nos dirá el libro de Daniel 9,9 cuando dice: “De ti Dios nuestro, es propio el ser compasivo y perdonar al que se rebela contra ti”.
Dios, nos hizo a su imagen y semejanza y con ello nos dio el poder perdonar desde Jesús nuestro Señor. Tratar de perdonar con nuestra propias fuerzas, así solos, sería como querer mover un elefante con nuestro más fuerte soplido. Hay una frase que dice: Errar es de humanos, perdonar es Divino” y la razón por la que cometemos errores y grandes errores a veces es porque estamos heridos. Esto lo repetiremos siempre, hasta que lo comprendamos a tal grado de que como el Señor lo hace con nosotros, no juzguemos a los demás ni nos juzguemos a nosotros mismos.
Dios nuestro Señor sabe que es el amor el que sana y no el juicio y el castigo. Pero esto, sólo se comprende a los pies de Jesús, en esa relación personal, continua con Él, en donde se pone a caminar esa capacidad de perdonar y sanar las heridas, como Él nos perdona y nos está sanando continuamente.
Perdonar no es un sentimiento que hoy está y mañana ya no. El perdón, es un acto de la voluntad, es una decisión de la razón iluminada por la fe, la esperanza y el amor que no tiene en cuenta el sentimiento, porque lo que sentimos de negativo, siempre nos dirá que no perdonemos, es decir, necesitaré querer, necesitarás querer perdonarte y perdonar aunque sientas lo que sientas. Perdonar desde el sentimiento negativo sería imposible; sería como aquél aquella que quiere dejar de fumar y que exclama: “No fumo más” pero lo que siente le dice: “Uno más y ya” es decir que su voluntad dice sí, lo dejo, y lo que siente le dice “No, uno más”. El Señor en el evangelio nos enseña que lo que es sí, sea sí y lo que sea no, sea no, porque lo demás, viene del maligno. En el libro del Apocalipsis nos dice que no seamos tibios porque nos vomitará; más bien habremos de ser o fríos o calientes.
Lo primero quiere decir que el egoísmo que nos confunde podría decir mil excusas a la hora de perdonar y la expresión que “Dios nos vomita” quiere decir que Dios en el amor inmenso que nos tiene, quiere que seamos gente madura, y no gente inestable, porque la inestabilidad en el amor, en el perdón, en la humildad, en la fe y en la esperanza, nos llevaría a la ruina de nosotros mismos y al infierno de la desesperación.
En realidad, es un gran acto de fe, el perdonarnos y el perdonar sea cual sea la ofensa. Hay jóvenes que han visto matar a sus madres por su padres; hay quienes han visto a sus padres golpear a sus madres y hasta violarlas; hay quienes han sido abusados por sus mismos padres o abuelos o primos, o tíos, o ayudantes domésticos, jefes o maestros; hay quienes han visto morir de un balazo o una puñalada a sus hermanos; hay quienes recibieron la noticia de que su padre murió luego de ser arrastrado por un automóvil; hay quienes han vivido pleitos casi las 24 horas del día y se han ofendido verbalmente horrendamente, hay niños que han visto que su madre drogadicta y alcoholizada, traía una mujer amante a su casa, luego de haber visto también a su padre con otras mujeres; hay quienes mueren hinchados por el hambre y por sed; hay quienes han vivido desde el momento de nacer represiones espantosas; y podríamos seguir haciendo más y más grande la lista. Todos los casos del mundo no cabrían aquí, pero sí los queremos hacer notar, porque perdonar es más que todo, cumplir el deseo del Señor Jesús, por encima del nuestro que sería el deseo de venganza y rebeldía.
Jesús nos invita desde la cruz a perdonarnos y a perdonar porque en realidad no sabíamos ni sabían nuestros ofensores, lo que hacían o hacen. Un ciego sin luz, va a caer en el pozo si no tiene una guía que le lleve por el camino. Igualmente caemos en el error como ciegos, porque no quiero, porque no quieres, porque no queremos abrirnos al amor, a la vida, a la sencillez, a la humildad, a la sabiduría, a Jesús. Jesús nos invita a que proclamemos en voz alta nuestro perdón por nosotros mismos y por los demás.
Escucha
bien lo que vamos a decir enseguida: La palabra es creadora, y si le dices
a un niño que es lindo, lo construyes, pero si le dices lo contrario,
lo estás destruyendo. Y para que esto ocurra, no se necesita ser un
niño. También sucede en jóvenes, adultos y ancianos.
Las cosas positivas, los estímulos, las palabras, las actitudes positivas,
son las que nos mantienen en pie y nos hacen crecer como verdaderos seres
humanos, pero qué tal cuando te dicen:
¡Me has decepcionado! ¡Ya te he perdonado muchas veces y no entiendes!
¡No tienes remedio! ¿Cómo te sientes cuando recibes este
gran bloque pesadísimo de rechazo y etiquetamiento? pues eso mismo
sienten los demás cuando tú haces lo mismo con ellos: los destruyes,
en lugar de bendecirlos y liberarlos pudiendo con esto, restaurar y devolver
la confianza.
Jesús siempre pronunció el perdón. No lo cayó ni lo dijo de dientes para afuera y cuando al final de sus días ya en la cruz dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, lo hizo no sintiendo algo maravilloso a nivel de sentimientos o sensaciones, sino que lo hizo cuando su carne estaba totalmente rota, despedazada, cuando su cuerpo estaba destruido y quedaba poco para derramar su última gota de sangre, sufriendo deshidratación total y delirium tremens.
Jesús es el maestro del perdón, Jesús es el perdón mismo. Jesús antes de morir nos entrega el perdón a toda la humanidad de todos los tiempos, entonces ¿Por qué tú y yo, no queremos perdonarnos? ¿Por qué tú y yo nos obstinamos en condenar?
La carta a los Hebreos 4,14 nos dice que “Jesús el Hijo de Dios, es nuestro gran sumo sacerdote que ha entrado en el cielo. Por eso debemos seguir firmes en la fe que profesamos, pues nuestro sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque Él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros sólo que él jamás las consumó”. Y en el capítulo 16 nos dice: “Acerquémonos con confianza al trono de nuestro Dios amoroso para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad”.
Sin la fe no podríamos creer en Jesús, ni en Dios, ni en el Reino de Dios ni en su Amor incondicional. Pero es precisamente desde la fe, que reconocemos a Jesús el Maestro de maestro y Señor de señores quien tiene autoridad para decirnos lo que es el perdón. Seamos pues yo, tú que escuchas, realizadores con Jesús, del perdón. Pronunciemos desde Jesús el perdón, pues recordemos que la Palabra pronunciada en fe, tiene poder. Con una palabra dulce podemos crear una sonrisa en el otro y con una palabra hiriente, podemos dejar amargura en el alma.
Tenemos pues, que llevar a los pies de Jesús nuestros rencores, resentimientos y odios, pues el rencor y los resentimientos paralizan y obstaculizan los lazos fraternos y el odio enferma el cuerpo y el alma y en ocasiones, hasta puede matar, en cambio el perdón sana. Todos estos sentimientos, solapados por egoísmo, se agazapan, se disfrazan y se ocultan pero están ahí, haciéndose un fuerte tan peligroso como para matar al amor con la no fe.
De hecho mucha gente cree que ya no tiene heridas ni sentimientos de rencor y odio pero sucede que esto puede existir aunque muchas veces creamos que amamos a los demás porque vivimos con ellos, les respetamos, les prestemos servicio y hasta oremos por ellos. A pesar de ello los resentimientos se pueden camuflar muchas veces, por ello es necesario dedicar el tiempo que sea necesario sobre todo en esos tiempos en los que estamos solos, para que en la presencia de Dios y con la Luz que nos brinda su Espíritu Divino podamos ir quitando las máscaras que nos han hecho crear las diferentes heridas de la vida.
Mucha gente joven y adulta dice que no está resentida con la vida. Mucha gente también dice que no está resentida con Dios –por ejemplo- pero en su rebeldía están demostrando lo contrario. Encontramos este resentimiento en personas que hablan de los curas o los pastores evangélicos o los líderes de cualquier otra denominación. Se escuchan críticas y juicios en contra de monjas y religiosos etc, como también se demuestra en esa misma rebeldía, odios a papá a mamá al gobierno etc.
Muchas personas hoy en día, sufren por vivir un perpetuo resentimiento. Simplemente consideremos el caso de los divorciados. Estudios recientes sobre los efectos a largo plazo del divorcio han mostrado un elevado número de divorciados, especialmente mujeres que siguen alimentando mucho resentimiento hacia su ex cónyuge, incluso después de quince años de separación. De hecho algunas reacciones emotivas sin control no son más que la reactivación de una herida del pasado no sanada o mal curada.
¡Mis hermanos!, saber que todos los seres humanos estamos heridos y por heridos y por haber quitado la mirada de Jesús, cometemos errores enormes, pero que el Señor ya los tomó en la cruz y nos devuelve la confianza para comenzar una vida cimentada en su amor.
En este taller te insistiremos que tu fe en Dios que es amor infinito e incondicional, no dependa de la testarudez y la cerrazón de nadie. No bases tu fe en Dios poniendo tu mirada en los hombres, porque te pueden fallar; en cambio, Dios, es fiel.
Nada tiene qué ver Él con el hambre en tantas partes del mundo, ni nada tiene qué ver con la infidelidad sacerdotal de muchos presbíteros, ni nada tiene qué ver con el ambiente en que creciste, lleno de rigor y religiosidad que más bien deja ver mucha ignorancia. Con Dios, busca una relación libre y personal. Con Dios, busca a Dios es decir búscalo a Él desde Él mismo en tu corazón, en la fe, en la reconciliación interior, en su Palabra, en la esperanza y en el amor.
Casi para terminar te decimos que perdón es la fragancia que la violeta escondida suelta, cuando se levanta el zapato que la aplastó. Te aconsejamos que hagas caso sobre lo que dice el Señor Jesús sobre las faltas ajenas: “No juzguen y no serán juzgados” “Con la misma vara con que midas, serás medido” es decir, no apuntes hacia las fallas ajenas, ni siquiera con el dedo limpio. ¿Sabes? la Luz no vino al mundo para burlarse de las tinieblas, sino para iluminarlas y el perdón, es luz.
No pienses mal de quienes proceden erróneamente, piensa solamente que están equivocados y que llevan en su interior una gran ignorancia. Eleva pues tu espíritu hacia Dios a tal grado, que las ofensas no te puedan alcanzar. El perdón, es una necesidad y si queremos perdón, enseñémonos también a no ofender. La demasiada atención a los defectos ajenos, nos hará morir sin darnos tiempo para conocer los propios. Perdonar, es no tener demasiado en cuenta las limitaciones y defectos propios ni de los demás diciendo con un cierto humor: Se que tú eres un gran ser humano, pero aún no lo has descubierto. Si conociéramos el verdadero fondo de todo, tendríamos compasión hasta de las estrellas.
MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS
En
unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento y desde la fe escucha a Jesús en tu corazón
que te dice:
Sácame el pie de encima, saca la maldita envidia. Sácame el pie de encima Dios te ha llamado a restaurar. Sácame el pie de encima saca la hipocresía Dios te ha llamado
Oh Señor incambiable y amoroso: Aquí estoy hablándote desde lo más hondo de mi ser. Te busco a ti Oh Dios de toda consolación; guíame en este camino de inteligentes y sabios según tu pensamiento, porque se que tus caminos, no son los caminos del egoísmo y la soberbia; porque se que tus caminos son caminos de amor y humildad. Se que tus pensamientos no son como los nuestros: pensamientos de oscuridad y negativismo. Se que tus pensamientos son pensamientos de luz y positividad.
Aquí estoy Oh Señor de señores, dando un paso a la vez en el camino de la salud y el crecimiento interior, camino que me está llevando a la profundidad de tu ternura, de tu delicadeza, para que desde la paciencia infinita que me tienes, comience yo a reaccionar conmigo misma y con los demás, de la misma manera que tú reaccionas conmigo: con amor estable, incondicional y gratuito.
Quiero aceptar en el nombre de tu Hijo Jesús ¡Oh Padre!, que el dolor de las realidades que enfrento dentro de mi mismo, dentro de mi misma, paso a paso será curado y mi corazón será siempre fortalecido con tu amable y dulce Presencia.
Señor, hoy quiero poner a tus pies la fuerza negativa del resentimiento, del rencor, del odio para que tu gracia la transforme en verdadero amor incondicional. Se Dios mío, que tu grandeza y tu más grande expresión de amor, es comprender, es perdonar. Dame pues la sabiduría y el que quiera amar a tal grado, que la ofensa al llegar a mi, se convierta en un escalón que me lleve a vivir mejor la madurez.
Oh Dios, a ti dirijo mi oración porque en ti confío. No permitas que me hunda en lo que sienta de negativo ni ahora, ni cuando me lleguen las flechas que vienen de las heridas de quienes me rodean y de quienes encuentre al salir de casa. Que la nofe, no se ría de mi. Señor muéstrame tus caminos, guíame por tus senderos de amor, de verdadera justicia, aquella que no podemos entender los que ponemos la confianza en lo que se acaba y en lo que es solamente humano y no divino y humano.
Guíame, encamíname en tu verdad Oh Dios y Salvador. ¡En ti quiero y necesito confiar a todas horas!. Señor, tú siempre me manifiestas amor y ternura y nunca te acuerdas de todas las veces que he sido egoísta y soberbio, soberbia, ni del mal que hice en mi juventud porque sabes y comprendes que no he sabido lo que he hecho. Gracias porque siempre te acuerdas de mi y derramas sobre mi corazón tu gran amor y bondad.
Padre, corrígeme cuantas veces sea necesario y dame la gracia de ser humilde en todo momento. Instrúyeme para que pueda obrar con amor y verdad y que me goce siempre en hacer lo que tú quieres que haga: ¡Amar!.
Señor, es grande mi egoísmo –como dirá el salmista. Perdóname y que tu nombre sea conocido en mi casa y a donde voy. Gracias por ser mi Padre y mi amigo y por darme a Jesús mi Salvador, mi Maestro, mi todo, mi amor. Dirige siempre mi mirada a ti y líbrame de caer en el resentimiento, en el no amor. Se que contigo lo tengo todo y aunque estuviera sólo, sola, y afligido, afligida por las contrariedades propias de la debilidad humana, cuídame y sálvame la vida. No dejes que me hunda en la no fe. Dios que me salvas de todas mis angustias, a ti extiendo mi cheque en blanco y mi voto de confianza. Te amo Señor.
Jesús, toca lo más profundo de mi ser que esté amarrado, esclavizado a algún resentimiento escondido. Sáname Señor que no quiero retener más la confianza en mi misma, en mi mismo en ti, ni quiero retener ni un minuto más la confianza a todos aquellos con los que he tenido roces fuertes. Cúrame Señor de traumas que no conozco y que muy posiblemente recibí en mi estancia en el vientre de mi madre y esto me hace odiar. Toma todos los planes no realizados que me provoca rabia camuflada. Purifícame de toda tiniebla interior y cuida de las heridas que aún no me doy cuenta y que están agazapadas en mi subconsciente. En el poder de tu nombre Jesús te entrego todo orgullo y pensamiento mío que aún no quiera someterse a tu voluntad que es que ame, que perdone, que olvide de corazón y siga adelante.
Sáname Señor de la desconfianza que aún pueda haber allá en el profundo pozo negro de mi inconsciente. Hoy, en tu Nombre Jesús deseo libremente que todo mi ser se someta en obediencia a ti y al Padre Celestial.
Renueva mi ser por el poder del Espíritu Santo, y si el origen de mis enfermedades son por el resentimiento camuflado que haya guardado en mi corazón, quede libre de ellas, una por una para mayor gloria tuya. Si no, que de todas maneras te de gloria y honra porque se en manos de quién está mi vida y que todo lo doloroso desde ti, Oh Jesús, tiene sentido, porque tu amor, me basta.
Que tu paz que sobrepasa toda inteligencia, guarde mi corazón y mis pensamientos en ti, Jesús. Señor, que donde haya odio, siempre yo, amor. Donde haya injuria, ponga yo, perdón. Amén.
No te rindas ante el enojo
Estamos tratando en este taller de excelencia personal sobre no rendirnos
ante el rencor, ni la venganza, ni nada que se le parezca y por ello estamos
aprendiendo sobre lo que es el perdón y la necesidad que tenemos de
vivir en él como fruto del amor incondicional. En esta ocasión
trataremos sobre lo que es el enojo y lo que nos afecta a nosotros mismos
y a nuestras relaciones con los demás y con el Señor Dios.
Así que comenzamos diciendo que uno de los sentimientos más
frecuentes en el ser humano es el del enojo. Hay personas que parecen que
viven constantemente en este estado, y por supuesto son con quienes no quisiéramos
estar y creemos que lo mejor sería sacarles la vuelta. Pero la verdad
es que todos los seres humanos, nos enojamos en ocasiones por algo que nos
parece mal, según nuestra percepción, o por algo que no nos
hacen, o por algo que nosotros mismos hicimos o dejamos de hacer. El sentir
enojo o ira es normal.
En la gran gama de estados de ánimo y sentimientos que experimentamos
como personas que somos se encuentran tanto los agradables como los desagradables.
De aquí que afirmemos que tan humano es sentir alegría como
enojo. Sin embargo, es una realidad que la dificultad y el costo emocional
que nos dejan los sentimientos desagradables son tan altos y nos hacen sentir
tan mal que lo que buscamos o queremos es librarnos de ellos.
Al negar que algo te molesta, lo ignoras o lo pasas por alto, aceptando pasivamente
situaciones que te incomodan; Muchos tiene la idea de que si uno se queda
callado, callada es como permitirle al de enfrente decirnos: “El que
calla otorga”. En realidad se trata de formas diferentes de cómo
enfrentamos situaciones que nos causan ira, y todas tienen algo en común
y es que no manifestamos nuestra insatisfacción, nuestro desacuerdo,
malestar y enojo adecuadamente desde la inteligencia, sino desde la inmadurez,
la cerrazón, y las heridas no sanadas.
Pero….¿Por qué actuamos así? Una de las razones
es tal vez la más importante y es que la sociedad no le da un lugar
al enojo, al desacuerdo como se lo da a otros sentimientos y desde niños
se nos censura a expresar este sentimiento reprimiéndolo en lugar de
habernos enseñado positivamente cómo expresar nuestro disgusto,
impotencia, frustración, desacuerdo, ira, enojo. Por el contrario con
la felicidad y la alegría todos estamos de acuerdo, si sonreímos
y nos mostramos llenos de alegría, nadie se nos acerca y nos censura
con preguntas tales como: ¿Qué te pasa?, ¿Por qué
te pone así? Sino más bien sonríen con nosotros.
Con el enojo no sucede lo mismo y esas preguntas expuestas anteriormente son
las que recibimos cuando estamos enojados, son cuestionamientos que nos hacen
sentir que estamos haciendo algo mal, que estamos equivocados, que no entendemos,
que no tenemos razón de estar enojados y al sentirnos reprimidos, explotamos
más agresivamente.
O ¿Cómo reaccionas si te dicen? “Pero no te enojes”,
“No hay motivo de que te pongas así”, “¿Por
qué lo tomas tan apecho, tan mal?”, y todo sucede, si no se nos
enseñó cuando éramos pequeños, a manifestar adecuadamente
el derecho a sentir y expresar el enojo, es decir, este sentimiento humano
tan válido y necesario como cualquier otro, ahora ya de jóvenes
o adultos e incluso hasta ancianos, no queremos comenzar a educarnos.
Creciste creyendo que sentirte enojado, enojada era algo malo e incorrecto
pero, en realidad sentir el enojo no es lo malo. Lo malo es sacarlo inadecuadamente
con gritos, golpes, insultos, faltas de respeto, humillaciones y hasta auto
agresión manifestada en rebeldía Lo verdaderamente malo es reprimir
el enojo y anularlo no dándonos un lugar y tiempo para poner a caminar
la capacidad que Dios nos ha dado para expresarlo adecuadamente con inteligencia
y libertad verdadera.
Aquí el gran problema puede ser que cada vez que te enojas, te dejas
llevar en automático por la ira, y no seas capaz de ver más
allá de tu nariz, pues le das todo el poder a lo que sientes, le das
todo el poder a algún hecho ocurrido en tu entorno, para sacarte de
lo que en realidad importa es decir, el amor verdadero, la paz interior, y
permites que te haga sentir como una olla a presión a punto de explotar,
y esto, una vez más, te está impidiendo ver más allá
de tu nariz es decir, que te olvidas de ser consciente de que el ser humano
somos limitados, quebradizos, frágiles si estamos descuidados y hasta
dormidos, si nos hemos soltado de la mano de Dios.
En realidad las personas que decimos que nos hacen enojar, no tienen nada
qué ver con el enojo que sentimos por dentro, pues en realidad el Señor
Dios, dentro de los frutos de su Espíritu Santo nos dio la capacidad
de ser reyes y señores de lo que entra a nuestra mente para que no
nos dejemos engañar por nuestro propio egoísmo. Jesús
lo dice bien claro cuando dice: “No es lo que entra en el hombre lo
que lo mancha sino lo que sale de su corazón”.
Pero por superficial, egoísta, infantil y mediocre, te encierras en
tu concha y no quieres ver que el otro, la otra, muy posiblemente tenga heridas
–como tú- sin curar, situaciones interiores desde el vientre
materno sin resolver, y cargue con una fuerte dosis –como tú-
de inmadurez.
Generalmente el enojo es acompañado de pensamientos de venganza y esto
nos puede llevar a mi, a ti que escuchas, a humillar, a decir palabras que
van a romper el corazón de la otra persona y nuestro propio corazón,
a criticar, a juzgar de la manera más despiadada, a ofender, a fastidiar
y hasta a odiar a otra persona, y al mismo tiempo surgirá el sentimiento
de culpa que nos llevará a remordernos y a herirnos haciéndonos
cada vez menos humanos, más inmaduros e incapaces de convivir en el
mundo, desde la sabiduría, desde la paz, desde la serenidad e inteligencia,
porque preferimos encasillarnos en un caparazón blindado donde no dejamos
penetrar a nadie, mucho menos a Dios y nos empezamos a aislar de la realidad
y a vivir en el infierno del resentimiento, del egoísmo del no perdón.
Las consecuencias de nuestro enojo, van a depender del grado de madurez humana
y espiritual en la que hayamos preferido movernos. Por ejemplo, si en el trabajo
el jefe, la secretaria o algún empleado hace algo que te molesta y
te causa enojo, si no te abres en fe al amor, a la misericordia, si no te
abres a la comprensión y capacidad de aceptar que no sólo los
otros sino tú también puedes equivocarte, transferirás
es decir, trasladarás este enojo a tu hogar con tus hijos, tu esposa,
tu esposo, tu madre, tu padre, tus amigos etc., causando a través de
un pleito y otro pleito y otro y más pleitos, daños irreparables
en las relaciones familiares, haciendo una verdadera guerra donde podría
haber un oasis de paz, porque has decidido que paguen justos por pecadores.
¿Sabes? Si por muchos años creciste creyendo que Dios es justiciero
y vengativo y que se enoja como tu y como yo, éste es el día
en el que el Señor quiere decirte una vez más que Él
no es como nosotros; que Él es un Padre que comprende y que no juzga
como nosotros juzgamos. Él ama y corrige con amor, no con rencor ni
con gritos ni sombrerazos. Y si tú y yo fuimos hechos a imagen y semejanza
de Él, ¿por qué más bien queremos parecernos al
padre de la mentira?, es decir, ¿Al egoísmo?
Muchas veces hacemos al revés sobre transferir el enojo: si el enojo
es en casa, lo llevamos al trabajo, y ahí es donde lo exteriorizamos,
provocando conflictos con los compañeros, el jefe o los subalternos
o el director de la empresa o de la escuela o el maestro o la señora
que vende las verduras o el del taxi, que están tan tranquilos, que
nada deben por eso, nada temen.
El enojo, en el ámbito de la salud, al igual que cualquier otro sentimiento
negativo nos hace daño repercutiendo en nuestro bienestar físico
ya que la química de nuestro organismo pierde el equilibrio, y nuestro
cuerpo empieza a descargar adrenalina y cortisol para recuperar el equilibrio
perdido. Las descargas frecuentes de estas substancias deterioran el sistema
inmunológico entre otras cosas, por lo que somos presas fáciles
de enfermedades tales como gastritis, dermatitis o enfermedades de la piel,
colitis o síntomas desagradables como dolor de cabeza que puede convertirse
a la larga en migraña.
¿Conoces a alguien que está constantemente enfermo? Observa
qué clase de carácter tiene, seguramente no ha podido manejar
algún sentimiento negativo en su vida, no necesariamente podría
ser el enojo, pero lo mencionamos porque es el tema que tocamos ahora. Esto
te lo decimos para que comprendas y no para que juzgues, pues ¿Tú
y yo quiénes somos para juzgar al prójimo? ¿Quiénes
somos para juzgarnos a nosotros mismos?
Y podrías preguntar: ¿Qué puedo hacer entonces, para
evitar que el enojo me dañe y dañe a otros? Necesitarás
querer aprender a manejarlo, y para poder manejarlo, lo primero que tienes
qué decirte es ¿Para qué me sirve el enojo en estos momentos?
¿Qué me está diciendo mi subconsciente herido ante esto
que no soporto o que no quiero superar? ¿Es bueno para mí y
para mi familia, para esta persona el que yo responda de manera inadecuada,
de manera incorrecta? ¿Qué consecuencias puede tener si no lo
manejo, si me dejo arrastrar por él?
Hablando desde la fe, te recordamos lo que el Señor Jesús le
dice al apóstol Pablo: “Te basta mi gracia” que es como
si dijera que con Él en nuestro corazón, que con Él luego
de haberlo conocido, seguido amado y preferido, luego de haber rumiado su
Palabra, luego de repetir día y noche vayamos a donde vayamos: “Jesús
Hijo de Dios, ten misericordia de mi”, luego de saber que somos infinitamente
amados por el Padre, tenemos el poder sobre los sentimientos.
Hablando científicamente se ha descubierto que una de las técnicas
más eficaces para poder manejar el enojo es el estar conscientes de
la propia respiración, pues con una respiración profunda nos
damos tiempo para hacernos la pregunta ¿Para qué me peleo? ¿Qué
sentido tiene? ¿Acaso enojarse no es una estupidez, una insensatez?
Otro recurso es saber hacer buen uso del lenguaje. Por ejemplo si te sientes
muy enojado, enojada, en ese momento después de unas tres respiraciones
profundas acompañadas del ¿Para qué me peleo? puedes
empezar a decirle a Jesús en tu corazón: “Señor,
me siento enojado, enojada pero tú me has dado la capacidad de salir
victorioso, victoriosa con amor compasivo en todo este asunto” ¿Sabes?
hacer esto, impedirá que la tensión se acumule dentro de ti
y además estarás orando. Al final de cuentas si los demás
se enteran de lo que hay en tu interior, que sea porque se note que la fuerza
no viene de ti, sino del que es Mayor en ti: Cristo.
También es recomendable, de alguna manera exteriorizar el sentimiento
pidiendo a los que se encuentran a tu alrededor –tu hija, tu papá,
tu hermano o tu madre, tu maestro o tu jefe, tu empleado- que te den unos
minutos para calmarte y recuperar tu armonía, ya que estás enojado,
enojada o molesto, molesta con lo que pasó, de tal manera que las personas
no se sorprenderán si manifiestas un arranque repentino y probablemente
te darán tiempo, ya que les estás siendo partícipes de
tus sentimientos.
Esta comunicación es muy importante, también cuando llevas algo
de ese enojo a otro ambiente como el familiar.
Si eres capaz de decir “Vengo enojado, vengo muy molesto, molesta en
este momento, por favor denme unos minutos para relajarme y pedirle al Señor
que me equilibre, que me unifique, que vuelva a encontrar la paz”, seguramente
tendrás una respuesta más favorable, a la que podrías
provocar con el enojo, sin hablarlo y sí manifestándolo. El
Señor Dios ha puesto en nuestra mente, todos los recursos necesarios
para cada momento. Esto quiere decir, que si somos conscientes de esto, somos
capaces de manejar situaciones y sentimientos que nos afectan y afectan a
otros negativamente.
Ante un enojo que no puedes manejar, haz lo siguiente:
1. Cierra tus ojos y respira profundamente 5 o 7 veces cerrando tus ojos
2. Explora tu cuerpo y date cuenta en qué parte se encuentra básicamente
este enojo; generalmente se encuentra en el pecho, en el plexo solar, o en
el vientre.
3. Ahora que lo tienes localizado, ponle un color negro, como si fuera un
humo que se instaló en ese lugar.
4.- Empieza a respirar profundamente, al inspirar invoca al Señor y
di: Jesús…..y al exhalar, date cuenta cómo va saliendo
cada vez más y más hasta dejarte en paz.
5. Continúa así hasta que este sentimiento se haya calmado o
desaparecido de tu cuerpo.
6. Ahora siente la tranquilidad y la paz en tu cuerpo por unos segundos y
date cuenta de que por la gracia de Dios, tú puedes tener el control
sobre tus sentimientos.
7. Abre tus ojos y observa al mundo que te rodea desde otro punto de vista
más amable, más amoroso, aceptando el hecho de que ni tu mismo
ni ninguna persona, puede hacerte enojar si miras con fe, si recurres al Señor,
si decides ser humilde, inteligente, maduro, madura.
Después de haber hecho este ejercicio, que es muy fácil ya que
se puede hacer en cuestión de pocos minutos, por ejemplo retirándote
al baño o a algún lugar donde puedas estar sólo, o simplemente
en donde sucede la “bomba” que detona el enojo, comenzar el trabajo
interior y luego, si es buen momento, en el que la otra persona también
esté calmada, dile qué te enojó o enfadó de su
actitud o comentario pero con un tono suave y siempre dialogando.
Explícale el porqué de todo y probablemente te sorprenderás
de la respuesta, ya que lo más seguro será que interpretaste
mal su actitud y sus motivos, o quizás ella está arrepentida
por haber sido tan intempestiva y también te agradecerá la oportunidad
de poder disculparse. Si no lo hace, no te enojes. No esperes nada de nadie.
Espera todo de Dios y de ti.
También te aconsejamos que nunca te acuestes enojado con nadie, pues
piensa que tal vez puede morir esa persona o tú mismo, tu misma puedes
morir y no te diste la oportunidad ni diste la oportunidad para la disculpa,
para la reconciliación o para pedir perdón. La Palabra del Señor
nos dice: “Que la puesta del sol no te sorprenda en tu enojo. No dejes
lugar al diablo”. Sí, no dejes lugar al egoísmo que puede
matar al amor.
Pero tal vez, a pesar de estar escuchando hasta ahora este mensaje, podrías
decirme: “Oye, pero esto que sugieres que haga ante la herida que me
están haciendo tan horrenda es imposible, no, no puedo” ¿Cómo
crees que puedo tener la sangre tan fría y ser tan indiferente para
pensar así? En realidad no se trata de sangre fría ni de indiferencia,
sino de sabiduría y de mirada de fe. Así que permítenos
decirte que es posible si tú quieres y estás convencido, convencida
de que el enojo expresado de manera violenta, no te sirve y que más
bien te ha acarreado muchísimos problemas en tu vida, tantos, que hasta
quizá tu salud está por deteriorarse o se ha deteriorado ya.
No conviertas pues al enojo en una fuerza destructora, más bien, tómalo
como instrumento –sobre todo en casos de injusticia social por ejemplo-
que te empuje a luchar en contra de aquellas causas que consideramos injustas
como la pobreza, la guerra o el racismo, el maltrato y abuso de niños
y mujeres, pues cuando expresemos en forma apropiada el enojo, podremos influir
efectivamente sobre la gente con la que interactuamos y hacer de nuestro mundo
un lugar mejor para vivir. Te sugerimos que comiences por tu interior, luego
por tu hogar y lo demás se dará por añadidura.
Muchas personas que han conseguido logros importantes a nivel de derechos humanos necesitaron de ese enojo para alcanzar sus resultados. Pero cuando el enojo es expresado con falta de respeto y sensibilidad o en forma violenta, puede ser capaz de hacernos perder un trabajo, una relación, hasta nuestro propio auto-respeto lanzándonos a la rebeldía, a la no madurez, a la no fe.
Nuestras experiencias personales como niños y adolescentes y nuestras
interpretaciones de esas experiencias muchas veces dolorosas, pueden ser una
de las razones por las cuales podemos estar enojados. Los modelos que hemos
tenido o nuestra interpretación de lo que no se nos ha dado, pueden
estar relacionados con nuestro enojo. Mucha gente que crece con enojo ha sido
por no tener a sus padres disponibles para ofrecerles apoyo emocional en ciertos
momentos difíciles de la vida. Otros han sido víctimas de abuso
físico, emocional y/o sexual. Estas experiencias pueden haber producido
heridas que no han sido sanadas. Ese enojo acumulado por años como
resultado de experiencias de humillación y rechazo puede ser que se
convierta en una bomba de tiempo lista para estallar en cualquier momento.
Otras veces las causas del enojo pueden ser acontecimientos recientes, como
la pérdida de un ser querido, un trabajo o un ideal.
No importa si las causas de nuestro enojo se remontan a la niñez o
son recientes, lo que va a hacer una diferencia es cómo lo expresamos
en medio de nuestra vida diaria, familiar, escolar, laboral y social.
Como vemos, hay diferentes formas de expresar el enojo. Algunos lo padecen
en forma pasiva, sin poder expresarlo. Como resultado ese enojo se interioriza
y se puede convertir también en depresión, angustias, ansiedades,
tristeza, sin sentido de vivir. Otras veces se expresa en forma violenta,
y la gente que está alrededor de la persona violenta puede tenerle
miedo, y hasta puede alejarse. Por ejemplo es muy común que los hijos
se enojen con sus padres y que los hermanos se enojen entre sí. La
razón es que ambas partes llámese como se llame, ya traen heridas
en el subconsciente no solucionadas. Lo mejor sería que el padre y
la hija o la madre y el hijo o la hija, se sentaran a platicarse como amigos,
sus experiencias sobre todo dolorosas, desde la infancia más tierna
es decir, desde que recuerden. Sólo de esa manera se podría
comenzar un proceso de sanación interior y de crecimiento en el amor,
la madurez, la unidad familiar, sólo de esa manera se alcanzaría
la paz tan deseada en este mundo.
Un ejercicio muy útil es poder analizar y discernir si lo que nos enoja,
viene de una herida desde que eras niño, niña, y discernir realmente
si lo que lo que nos enoja es lo que nosotros sabemos que es o es otra cosa
que ignoramos. Muchas veces lo que realmente nos molesta no es lo que nosotros
creemos. De hecho los pleitos están hechos de suposiciones: “Es
que yo supuse, yo creí que”. La clave de la cuestión no
es no enojarse sino expresarse correctamente. Por ejemplo será bueno
poder decir a tu hijo o a tu esposo o incluso a tus padres: "Cuando no
me avisas que vas a llegar tarde, me preocupo sin necesidad. Por favor la
próxima vez tómate dos minutos y avísame". A ver….¿Por
qué no nos sentamos y comenzamos por platicarnos lo que nos molesta
a ambos? ¿Qué es lo que sientes? Y mientras una parte habla,
la otra, aguante, calle y escuche con todo el corazón.
Poder expresar nuestros pensamientos claramente y explicando cómo el
comportamiento de los otros nos afecta puede hacer una diferencia muy grande
en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás
y hasta con el Señor Dios.
Para evitar situaciones incómodas para nosotros y nuestros seres queridos
es importante poder analizar qué situaciones son las que nos hacen
perder los estribos. Para cada persona es algo diferente. Quizás cuándo
presencias algo que consideras injusto, cuándo sientes que están
tomando ventaja de ti, o que no te están entendiendo, o que al otro
no le importas. Pueden ser situaciones disparadoras de comportamientos que
después tú mismo, tú misma te puede arrepentir. Identificar
de dónde pueden estar brotando esas reacciones hirientes, te podrá
permitir planificar comportamientos diferentes que podrás tener en
estas circunstancias o en otras similares. Por ejemplo, puedes usar de tu
buen humor, recurrir a pensamientos positivos o cuestionar tus propios pensamientos.
Los pensamientos positivos y llenos de fe adulta, pueden ayudarte mucho a
manejar el enojo. Si miras desde un pensamiento paranoico cargado de delirio
de persecución, seguro que creerás que alguien se está
burlando de ti, o si piensas desde tu baja auto estima, seguro que creerás
que ésta persona está actuando con desprecio hacia ti, o si
piensas desde tu inseguridad e inestabilidad interior, seguro que creerás
que están tomando ventaja.
Pero si piensas desde la fe adulta, y desde la inteligencia que Dios te dio
y la capacidad de comprensión, seguro que podrás responder diferente
cuando te des cuenta, que lo que la persona está haciendo o diciendo,
no tiene nada que ver ni contigo ni con lo que piensa de ti. Ten en cuenta
que todos estamos heridos y nadie es perfectamente maduro. Sólo Dios.
¿Sabes?
Aunque no lo parezca, todos los seres humanos tendemos a trabajar por ser
libres interiormente de las ataduras del egoísmo, aunque algunos, ni
siquiera han empezado y generalmente es porque no saben cómo, poquísimos
son los que conscientemente no quieren; otros a lo mejor han trabajado sólo
un 10% otros un 30%, algunos el 70 % y muy pocos, estarán trabajando
ya casi un 99% y son aquellos y aquellas que a pesar de tener situaciones
difíciles, viven la vida con la serenidad que les viene de saber que
sólo Dios es Dios y que el ser humano, es así.
Un error en el que tendemos a caer, sobre todo cuando estamos dormidos y cerrados
a la fe, es personalizar lo que los otros dicen o hacen. Es decir, creer que
lo que están haciendo o diciendo tiene el fin de herirnos o molestarnos.
Podemos llegar a sacar conclusiones muy superficiales sin tener suficiente
información sobre el taxista por ejemplo que se metió bruscamente
en aquella vuelta, o qué tal el momento en que el alumno se burló
de mi –dicen algunos maestros- o cuando tu jefe te trató peor
que a la escobetilla del baño o como cuando tu esposo, luego de haber
permitido que se congelara el amor contigo por preferir por una herida honda
de traición desde pequeño, dejar entrar a una amante en su vida…y
segaríamos y seguiríamos con ejemplos…..Nos enfocarnos
sólo en lo negativo, pero aún el más grande criminal
de la historia –que ya son muchos y que tal vez nos encontremos en la
lista al haber matado a tantos y tantas con nuestras actitudes, miradas y
hechos egoístas e inmaduros- tienen belleza humana y divina, sólo
que las heridas no sanadas, hacen y lo hacemos con nosotros mismos, que no
miremos por así decirlo y compararlo, la belleza del volcán,
y sólo recibamos la lava destructoria del fuego incandescente del rencor.
La solución a todo esto antes que nada, y el mayor de los ejercicios
siempre será, mirar en la cruz, a Jesús, al que traspasaron,
al que murió amando sin límites, sin condiciones y saberlo vivo
en el corazón.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento y desde la fe escucha al Señor mismo en su
Palabra que te dice:
Proverbios 14,16.17.29.30 Con mi Espíritu Santo, te he hecho sabio,
sabia, capaz de respetarte a ti mismo, a ti misma; capaz de apartarte de hacerte
mal y de hacer mal a otros. No actúes como si no tuvieras inteligencia,
es decir, como el necio, al que nada parece importarle. El que es irascible
hará locuras; el que es impulsivo actúa sin pensar, el que es
reflexivo mantiene la calma. Ser paciente es muestra de mucha inteligencia;
ser impaciente es muestra de gran estupidez. La mente tranquila es vida para
el cuerpo, pero el enojo y la envidia corroen hasta los huesos.
Santiago 1,19.20: Recuerden mis pequeños, que todos Ustedes deben estar
listos para escuchar; en cambio deben ser lentos para hablar y para enojarse.
Porque el hombre enojado no hace lo que agrada al Padre Celestial.
Proverbios 10,12 El odio provoca peleas, pero el amor perdona todas las faltas.
Y si tú mi pequeño mi pequeña que escuchas, aún
dudas esto que acabas de oír, mírame a mi, tu Jesús,
clavado en la cruz.
Proverbios 17,9 ¿Sabes? Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de
amor; pero quien insiste en ella, aleja al hijo, al papá, a la mamá,
al amigo, al compañero de trabajo, a cualquier ser humano.
Proverbios 19,11 En cambio, la prudencia consiste en refrenar el enojo, y
la madurez, en pasar por alto la ofensa.
1 Pedro 4, 8 Dedícate seriamente a la oración. Y haya sobre
todo mucho amor entre Ustedes, porque el amor perdona multitud de pecados.
Proverbios 15,1 Ten presente que la respuesta amable calma el enojo; en cambio
la respuesta violenta lo excita más. De la lengua de los sabios, brota
sabiduría; de la boca de los necios, necedades.
Proverbios 22,24 El Antiguo testamento dice: No te hagas amigo ni compañero
de gente violenta y malhumorada, no sea que aprendas sus malas costumbres
y te eches la soga al cuello.
Pero Yo tu Jesús te digo que éste versículo y todo el
antiguo testamento y aún el nuevo sobre todo aquello que viene del
corazón judío que tenía metida hasta la médula
de los huesos la ley de la retribución de buenos y malos, de pecadores
y justos, tienes que leerlo desde mi corazón y mirándome sólo
a mi, tu Jesús que morí por todos, sin distinción, así
que Yo te digo:
No te hagas amigo ni compañero de la violencia negativa que haya en
tu interior, no sea que se te haga costumbre y tu mismo, tu misma te eches
la soga al cuello.
Proverbios 25,28 Pues como ciudad sin muralla y expuesta al peligro así
es quien no sabe dominar sus impulsos.
Proverbios 29,22 El que es violento e impulsivo provoca peleas y comete muchos
errores.
Proverbios 30, 33 Así que si irritas a otro, acabarás en una
pelea.
Gálatas 5,22 Lo que el Espíritu de Dios produce es amor, alegría,
paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.
No hay ninguna ley que condene cosas como estas.
Mateo 5,9 "Bienaventurado tú, que buscas la paz, porque serás
llamado hijo, hija de Dios.
Romanos 12,18 Por último, hasta donde dependa de ti, haz cuanto puedas
por vivir en paz con todos. Ama como Yo te amo a ti.
No te rindas ante el enojo
¡Aprende a encausarlo!
Muchas veces expresamos: Estoy enojado, enojada, enfadado, enfadada, furioso,
furiosa, molesto, molesta, ¡Me muero de rabia!
Como quiera que lo llamemos, el enojo, nunca dejará de ser una de las
emociones humanas más común ya que somos seres humanos contingentes,
quebradizos, frágiles, heridos. O ¿No es verdad que alguna vez
no has podido pasar un día entero sin que te enojes por algo o con
alguien? Por lo regular hay días en los que tendemos a enojarnos hasta
porque voló una pluma.
Necesitas saber, que al igual que pasa con otras emociones hay muchos niveles
y tipos diferentes de enojo. Por ejemplo, un joven podría exclamar:
“Estoy muy enojado porque me equivoqué en esa pregunta del examen”
y horas más tarde podría decirnos: “Estoy muy enojado
con mi amiga porque me traicionó”. En la primera frase está
manifestando que está enojado consigo mismo, y en la segunda nos está
diciendo que se siente traicionado por alguien.
Como cada ser humano somos únicos, cada uno tenemos diferente manera
de manejar y expresar el enojo según el grado de madurez que vamos
alcanzando. A veces lo manifestamos de una manera que nos hace sentir bien
en el momento, pero que más tarde puede causar más problemas.
A veces nos guardamos nuestro enojo porque no queremos pelear –decimos-
pero eso precisamente nos hace sentir peor, ya que el enojo que no se canaliza
hacia algo positivo, el enojo que no se dialoga, el enojo que se reprime,
se irá convirtiendo poco a poco, de una pequeña bola de nieve,
en una avalancha mental que arrasará tarde o temprano, con el equilibrio
mental y en ocasiones a algunas personas o a mi, y a ti que escuchas, podrá
llevarnos a actuar con extrema violencia hasta salirnos de nuestras casillas
y cometamos cosas que no podremos reparar nunca más.
Generalmente el adulto maduro –y decimos adulto maduro, porque hay adultos
inmaduros, ya que la edad cronológica no es garantía de madurez,
pues ésta viene de la actitud que tomemos ante la vida- bueno, pues
el adulto maduro interiormente tratará día con día de
saber cuándo y cómo manifestar el enojo. En realidad, el enojo
no es algo que debamos ignorar o evitar. De hecho, cuando llegamos a conocer
nuestro enojo —lo que lo causa y cómo reaccionamos a él—y
aprendemos a manejarlo, tenemos la oportunidad de llegar a conocernos a nosotros
mismos un poco mejor y al conocernos y aceptarnos positivamente, podremos
entonces, mejorar nuestras relaciones con aquellas personas con las que vivimos
y a quienes encontramos en nuestro camino día con día.
Hemos preguntado a varias personas sobre lo que les enoja y nos han contestado
lo siguiente: “Bueno, a mi me molesta sobremanera el ser lastimado,
por ejemplo, nada me hace sentir más enfadado que cuando mi hermana
me da un puñetazo o cuando mi madre me suelta un pellizco”.
Un joven respondió: “Me molesta mucho cuando mi mejor amigo empieza
a burlarse porque estoy enamorado de mi novia”. Un padre de familia
nos dijo que él, al sentirse impotente ante la desobediencia de su
hija que no hace lo que él cree que le va a ayudar en la vida como
no fumar o salir con amistades que toman y el no estudiar como tendría
que hacerlo, le saca de sus casillas”
Una mujer a la que su marido le había sido infiel por años,
nos dijo: “Cuando escucho hablar del perdón, o leo sobre la necesidad
de perdonar incondicionalmente, exploto y no quiero reconocerlo, portándome
de una manera infantil, cuando escucho que debo perdonar no sólo a
mi esposo, sino a la amante de mi esposo si es que quiero sanar profundamente”.
Un hombre de 40 años nos dijo: “Me enoja cuando alguien, sean
amigos o quien sea, se deshace de mi y me deja, porque esto me recuerda cuando
era niño. Mi papá siempre me excluía de entre mis hermanos”.
Una chica de 16 años nos comentó: “Cuando me enojo es
sobre en matemáticas química o física, o simplemente,
cuando no entiendo mi tarea”.
Entre hermanos y hablando de la familia, nos han respondido: “Cuando
mi hermano toma mi toca CD y ni siquiera me pide permiso, esto me enoja de
verdad”. “Mi familia me hace enojar al máximo porque a
veces me fastidian de verdad como cuando me dicen que yo soy el lento, o resaltan
que tengo un carácter difícil”. Otro dijo: “Me enojo
cuando mi hermana me molesta y no me escucha cuando le digo que me deje en
paz”.
Un joven de 22 años nos dijo que lo que más le hacía
enojar era cuando cancelaban algún programa televisivo que quería
mirar. Una niña de 8 años nos dijo: “Me molesta mucho
cuando mi mamá me obliga a ir a alguna parte que no me gusta”.
Una joven de 26 años dijo: “Me enojo cuando las personas reaccionan
autosuficientes o también cuando mienten acerca de algo que no hice
o simplemente no me creen. Me siento impotente y exploto”.
Algo que me enoja mucho decía un preadolescente de 13 años es
recibir órdenes, de hecho, tener que limpiar mi cuarto me pone muy
enojado.
En realidad, la mayoría de las cosas que nos enojan son las cosas que
enojan también a otros; muy posiblemente el enojo nos viene por una
parte de las heridas no sanadas de pequeños y otra, porque somos tan
diferentes, en realidad somos únicos e irrepetibles y cada quien tenemos
una manera distinta de ver las cosas, tanto que lo que a mi me molesta mucho,
a ti puede parecerte una insignificancia. Aquí lo importante será
que al conocer a Jesús nuestro Señor y Salvador, vayamos adoptando
para nosotros mismos, la manera de pensar de Jesús, y para todo nos
cuestionemos y nos digamos: ¿Qué harías tú Jesús,
en mi lugar?
Una chica de 17 años nos dijo: Recibir un “No: hace que me enfurezca.
A mis padres a veces no les gustan ciertas actitudes de mis amigos y yo me
enojo porque no puedo reunirme con ellos”.
Aprovechamos para decirte que si tú que escuchas eres un padre o una
madre de familia o algún tutor o tío o abuelo, será muy
importante que siempre des razones a los niños y jóvenes que
tienes a tu alrededor. Ni los niños ni los jóvenes son artículos
o cosas, sino seres humanos. Hoy se tiene bien comprobado que es muy bueno
para educar las emociones, en este caso el enojo, que no nada más se
le diga a un niño por ejemplo de 3 o 4 años que intenta tomar
un objeto en otra casa mientras se está de visita: “No, deja
ahí, no cojas porque la señora se enoja”. Como tampoco
digas a ningún joven luego que te ha pedido permiso de ir con sus amigos:
“No, no vas”. Y cuando te pregunte: “¿Por qué
no?” No le contestes: “Porque yo lo digo, porque soy tu padre,
porque soy tu madre”. Los seres humanos merecemos explicaciones y no
necesitamos imposiciones.
Porque la imposición bloquea la oportunidad para el diálogo
e interrumpe la educación para saber manejar el enojo y cualquier emoción.
La mejor educación de nuestras emociones será además
de tener el criterio de hacer las cosas que nos ayudan y forman aunque no
nos gusten y de dejar de hacer aquellas que nos gusten porque nos hacen menos
personas, el tener una motivación auténtica para realizar todo
cuanto tengamos qué hacer. Esto se lo puedes inculcar a tus niños,
pero necesitarás tú mismo, tú misma, hacer del amor verdadero,
la motivación más poderosa para vivir.
Desde levantarse con alegría a pesar de sentir lo contrario, asearse,
involucrarse con las tareas de limpieza, estudiar, trabajar, incluso divertirse
sanamente, descansar, realizar obras a favor de los necesitados, todo pero
todo, tendrá qué estar motivado por el amor que Dios nos tiene
y por el amor que le tenemos. Ayuda a tus hijos a ser creativos, ayuda a tus
hijos a ir encontrando su libertad interior, aquella que les ganó Cristo
en la cruz, ayuda a tus hijos a crecer en la fe, en la esperanza, y en el
amor. Esta será la mayor riqueza, la más grande herencia y el
más grande tesoro que les puedas dejar.
De otra manera, es decir, el vivir con reglas inquebrantables, e imposiciones
absurdas, el vivir la vida desde la superficialidad y el vacío, el
vivir la vida desde la no fe, será lo mismo que vivir desde el desencanto,
la amargura y el aburrimiento. Por eso la humanidad hoy, aquí y ahora,
se pierde en la rebeldía y camina del resentimiento al odio y del odio
hacia la rebeldía; por eso nos dejamos llevar de arrebatos emocionales,
porque muchos y muchas no saben para quién vivir ni para qué
estar en este planeta.
Siguiendo con el tema, decimos que no encausar el enojo hacia la fe, hacia
la esperanza, hacia el amor, hacia la positividad, sólo lo empeora,
y cuando las personas van guardando todas las ofensas o todas las desobediencias
que tienen por ejemplo los hijos hacia los padres, una y otra vez, por largos
períodos de tiempo, puede tener graves consecuencias, ya que puede
perjudicarnos emocional y físicamente.
A veces, en lugar de dirigir tu enojo a otra persona, lo diriges a ti mismo,
a ti misma. Una persona que está enfadada todo el tiempo muy posiblemente
sea porque se ha convencido ella misma, de que no vale nada o de que es un
fracasado, una fracasada, un amargado, una amargada y que no merece ser feliz.
Al decirse todas estas cosas está haciendo hacer más intensos
los sentimientos de enojo. A veces estos sentimientos son tan dolorosos que
una persona cree que lastimarse física o psicológicamente es
la única manera de liberar todo su enojo.
Una manera de mostrar el enojo para muchos será el abstraerse de la
vida, el aislarse de los demás, el construir muros infranqueables en
donde el amor se ha arrojado fuera para hacer del egoísmo el arma más
destructora, cuando por el contrario, se podría recurrir al amor oblativo,
aquél que comprende, y que perdonaría aunque no sintiera ninguna
compensación sensible.
El estar enojado puede hacer más difícil la convivencia con
los demás. Si alguien está enojado, podría apartarse
de los amigos o de los miembros de la familia y se podría comenzar
a pasar mucho tiempo solo, sola. Estar solo no es algo malo, de hecho, buscar
diariamente momentos para estar solos, sobre todo con Dios, es un signo de
madurez grande, es magnífico, pero aislarse para enconcharse más
y encerrarse en la furia o ira, y estar rumiando lo que te hicieron o dijeron,
te impedirá a ti que escuchas, madurar y llevar una vida plena, tendrás
un problema más que necesitarás querer resolver.
Aprovechamos para decirte que la mejor manera de resolver cualquier problema,
siempre será querer poner en acción la fe adulta, el retirarse
con la Palabra del Señor para escucharle y entrar en diálogo
con Él. Será entonces cuando te experimentarás libre
de todo pensamiento egoísta e inmaduro y podrás continuar tu
vida, desde la seguridad que da el saberse infinitamente amado por el Padre
Dios.
Las personas que tengan mucha ira pueden a veces hacer cosas alocadas y peligrosas.
Podrían tratar de empezar peleas que no tienen posibilidad de ganar
o de ir a lugares inseguros. El sentimiento exaltado de enfado podría
hacerle pensar a alguien que no le pasará cosa grave si elige vengarse
–por ejemplo-. Sin ser consciente toma riesgos que pueden costar la
vida a esa persona o a quienes estén cerca de ella.
Otra manera de manifestar el enojo es el comer en demasía.
Muchos expertos creen que las personas a veces comen en exceso porque tratan de satisfacer una necesidad emocional. Si has reprimido los sentimientos de enojo y luego te has sorprendido comiendo grandes cantidades de alimentos o refrigerios para sentirte mejor, es un indicio de que necesitas una mejor manera de hacerle frente al enojo, de que en realidad necesitas que el Señor Dios te revele en oración, lo que llevas aún muy guardado en el subconsciente y que todavía no perdonas.
Muchas personas piensan que insensibilizar la mente con drogas o alcohol aquietará
el enojo contenido dentro de sí. Esto nunca surte efecto, porque el
alcohol y las drogas vienen acompañados de muchos problemas y a menudo
pueden ponerte aún más enojado, enojada. El uso de las drogas
y el alcohol para controlar las emociones es solamente una manera de huir
del problema, una manera de no de enfrentarlo.
Si tú que escuchas, tratas de ignorar el enojo que sientas, y lo reprimes
por no saber cómo encausarlo desde la fe, estarás desarrollando
una actitud negativa acerca de la manera como ves todas las cosas; tendrás
problemas para hacer amistades sólidas y mantenerlas incluso con tus
mismos familiares o compañeros de escuela o de trabajo. Comenzarás
a tener dolores o enfermedades relacionados con el estrés, por ejemplo,
enfermedades gastrointestinales, enfermedades de la garganta, gripes, enfermedades
de los huesos, de la presión, dolores de cabeza tipo migraña,
enfermedades cardíacas, parkinson, alszhaimer depresiones, angustias
de todo tipo, miopía y hasta cáncer.
Por lo tanto es claro que contener y reprimir el enojo no es la mejor manera
de manejarlo. A veces las personas al dejarse arrastrar por lo que sienten,
permiten que su enojo explote, y todos sabemos que las explosiones causan
daños irreparables por ejemplo: pérdida de trabajo, divorcios,
desencanto de la vida, depresiones crónicas etc. Cuando explotamos,
frecuentemente desfogamos el enojo usando las palabras como armas. Burlarse,
recriminar, insultar o aparte de eso abusar verbalmente de las personas es
a menudo un indicio de un individuo que ha perdido el control de su enojo;
estamos hablando de una persona con una neurosis muy alta; estamos hablando
de una persona inmadura.
Y no necesariamente este abuso tiene que ser verbal. Algunas personas escriben
notas ruines, hacen señas o grafitos cuando están enojados.
Si tú alguna vez has dicho algo a alguien cuando estabas muy molesto,
molesta y luego lo has lamentado, es porque sabes cuánto problema puede
causar esta clase de actitudes. Por sobre todo, causa una tristeza mortal
en el alma.
Algunas personas permiten que sus emociones airadas les lleven a atacar, golpear
o lastimar a otras personas.
A veces su objetivo es alguien al que culpan de ponerlos enojados. A veces
es una persona tomada al azar, quien se encontraba en el lugar equivocado
en el momento equivocado. Pero una muestra de inmadurez muy grande es echar
las culpas a otros. Hay personas que se vuelven violentas con las mascotas
porque los animales no son tan capaces de defenderse, o porque sienten que
no van a tener tanto problema con la ofensa. Esta es una de las formas inapropiadas
y peores de expresar el enojo, y es hasta ilegal en la mayoría de los
lugares. Si tú que escuchas, ves a alguien que está abusando
físicamente de una persona o de un animal, infórmaselo a alguien
de confianza o a las asociaciones destinadas para prestar ayuda inmediata.
Otra manifestación del enojo, son las rabietas. ¿Has visto alguna
vez a alguien actuar como un niño de dos años cuando está
verdaderamente enfadado? Algunas personas se trastornan completamente cuando
están furiosas. Podrían gritar, llorar, decir palabrotas, dar
pisotones y ponerse colorados, salirse del salón de clases o pararse
e irse cuando está frente a ti. El enojo sencillamente parece estallar
en todas las direcciones, apoderándose de la mente y el cuerpo.
Otra forma es destruir pertenencias. Podrías preguntarnos ¿Es
mejor descargar el enojo en un objeto que en una persona? En realidad será
bueno que seas consciente de que no es buena idea destruir tus lentes o la
ventana o la figurita que está sobre la mesa de centro de la sala.
Algunas personas recurren a romper o hacer pedazos cosas, escribir grafitos
o causar cualquier daño como un intento para librarse del enojo. Llevar
esto a cabo no resuelve nada y sí puede hasta llevarte a tener problemas
psicológicos tan graves como un fuerte trastorno de personalidad, hasta
problemas con la ley.
Algunas personas traman venganzas cuando están enojados con alguien,
como regar rumores o planear bromas humillantes. Pueden pensar que la venganza
los va a hacer sentir mejor, pero la verdad es que las personas tienen que
mirarse a sí mismas y a su propia vida para manejar el enojo. Hacerle
algo cruel o ruin a alguien no es la solución porque en realidad, cuando
alguien se venga de alguien lo que está haciendo a sí mismo,
a sí misma, es herirse profundamente en su psicología es herirse
profundamente en su espíritu.
Con todo esto que hemos explicado, esperamos que no te quede duda que permitir
que el enojo explote y te manipule de manera inadecuada no es lo correcto,
no será lo que te libere y sí te herirá más y
herirá a otros causándote toda clase de problemas.
Por ello te insistimos que la mejor manera de encausar el enojo siempre será
mirar con fe y pensar positivamente.
Necesitarás querer meditar en el momento en el que sucede lo que te
molesta es decir, Si algo te irrita, sencillamente si puedes, siéntate
y tranquilízate como te dijimos en otro casete: tratando de ser consciente
de tu respiración.
La
calma te vendrá en un par de minutos y entonces podrás pensar
de acuerdo a la fe, y según lo que el Señor te ha enseñado
en su Palabra.
Si puedes, sencillamente vete a tu cuarto o baño, acuéstate,
respira, ábrete en la fe y medítalo de acuerdo a las reacciones
que tuvo Jesús cuando recibió tanta herida. Exprésalo
es decir, habla con tu esposo con tu esposa, con tu padre o tu madre o tu
hermano o tu amigo o con quien hayas tenido el problema. Simplemente sin grosería,
sin violencia, dile como te sientes.
Otra manera es escribirlo. Puedes tener un diario acerca de tus sentimientos,
pero no lo escribas en forma de monólogo sino dialogando con el Señor
Dios. Cuando lo leas más tarde, en otra ocasión, verás
que todo tiene solución, que en realidad todo es tan relativo, que
importan más otras cosas como el perdón, la capacidad de compasión
es decir, de comprensión, que importa más construir que destruir
el amor.
¡También es sano psicológicamente gritar dentro de la
almohada! Dale un par de puñetazos a la almohada y trata de encauzar
el enojo hacia cosas creativas. Puedes escuchar música con mensajes
positivos, o simplemente música tranquila o pinta o escribe o practica
algún deporte, comprométete en alguna labor social a favor de
tanta gente necesitada tanto a nivel económico como a nivel de educación
y sobre todo, con personas que lo tienen todo en cuanto a bienes materiales
se refiera, pero que les falta lo principal, la fe adulta, la esperanza, el
amor.
Nosotros por ejemplo tratamos de encausar nuestro enojo viviendo con fe y
despiertas el momento. Antes me enojaba, en lo personal, por cosas que no
merecían que les diera tanta importancia. Desde que comprendí
que todo ser humano está herido, no me afecta tanto la manera de ser
de los demás, ni la mía, propia.
Hoy trato de mirar todo, con ojos llenos de fe. Hoy trato de mirar desde la
voluntad del Padre Celestial todo acontecimiento, desde el más sencillo,
hasta el más difícil o doloroso que parezca y esto me ha llevado
a superar y solucionar todo con sabiduría, con paz, con paciencia,
con amor.
Para casi terminar permítenos decirte que la más grande fuerza
de la humanidad no consiste en armas nucleares ni de fuego, ni son los puños,
ni está en regimiento militar, sino en la capacidad de amar y amar
será ser tolerante.
Y para que la pongas en práctica con la gracia de Dios, te diremos
los cuatro principios para vivir la tolerancia:
1. No respondas a las ofensas, a las injurias.
Cuando seas insultado/a, provocado/a o acusado/a injustamente necesitarás
responder con la grandiosidad del silencio amoroso, pues de otra manera, si
respondes de la misma forma, te asemejas con aquél, con aquella que
está mostrando su inmadurez y su incapacidad de respetarse a sí
mismo y por consecuencia a ti. Si te mantienes en ese silencio que no enjuicia
sino que comprende, tendrás la oportunidad de que interiormente, en
presencia de Dios, tomes todas aquellas actitudes y palabras, para depositarlas
en el abismo insondable del amor infinito de Dios. La fuerza de tu silencio
amoroso, será mayor que todo lo que pueda decirte un corazón
herido.
2. Mantente en calma frente a lo imprevisto y que aparentemente parezca desgracia.
Para el que tiene fe, lo que aparentemente es desgracia, más bien son
gracias. Cuando te encuentres con personas que quieran incomodar derrumbar
u oprimir, necesitarás enfrentarlas con calma, evitando cualquier confrontación.
No respondas con un puñetazo cuando recibas uno, ni responder con un
puntapié cuando recibas otro, pues actuando así, nadie saldrá
vencedor. Si la intención es buscar venganza de un odio momentáneo,
no alcanzarás el éxito de grandes hazañas. Será
mejor que traigas a tu mente el evangelio de Mateo 5, 44-48 que dice: “Amen
a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán
hijos de su Padre que está en el cielo, pues él hace que su
sol salga sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos.
Porque si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿Qué tiene
de extraordinario? Sean perfectos en el amor, como su Padre que está
en el cielo es perfecto”.
3. Utiliza la compasión frente a la envidia y el odio
Frente a la envidia y el odio de otros no respondas igualmente con odio y
envidia, sino con corazón abierto y alma compasiva, ofrece tu amistad
y muéstrate como Jesús, manso y humilde de corazón, demostrando
con educación que Jesús es Mayor en ti, que cualquier sentimiento
de inmadurez.
4. Permite que un sentimiento de gratitud surja en tu interior frente a las
difamaciones.
Si alguien te insulta y difama, no te enojes con quien lo hizo, sobre todo
si ésta persona anteriormente te hizo beneficios, más bien,
acuérdate de todo lo bueno que esa persona te proporcionó en
el pasado y se agradecido por eso. Principalmente, no te olvides de que en
el fango más inmundo crece la impecable flor de loto. Cuanto más
oscuro es el lugar, mayor es la necesidad de mantener encendida la luz del
alma.
Por lo tanto, ante las difamaciones, permite que la luz de Dios y el poder
de la Palabra iluminen lo que se ha dicho entre tinieblas y ponga de manifiesto
la verdad. Si quieres ser vencedor, vencedora del egoísmo, de la estupidez,
de la insensatez y del sueño causado por el no vivir de fe adulta,
pon a caminar en tu interior, la fuerza de la tolerancia y con la gracia de
Dios, ten el coraje de vivirla frente a los insultos, opresiones y todo lo
doloroso que se pueda presentar.
Recuerda: Mayor es el que vive en ti. Y todo, pero todo lo puedes, en Aquél
que te fortalece. Amén.
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….Desde la fe, comienza a decirle no con palabras
sino con tu ser entero al Señor tu Dios:
Hoy, movido/a por tu gracia, vengo a suplicarte: Jesús, hazme como tú. Que nada me turbe, que nada me espante. Que sea conciente de que todo se pasa, y que lo más importante es saber que tú Dios mío, siempre eres fiel. Señor, que no pierda de vista que con la paciencia todo se alcanza, que quien te tiene a ti en el corazón, nada le falta. Oh Padre Celestial, Oh Jesús, Oh Amor, Oh Dios trinidad, sólo tú bastas. No importa lo que pase fuera; importa que tú me ames como nadie me ha amado ni nadie me amará. Ahora, escucha en la fe al Señor que te dice:
Hijo mío, hija mía, tienes mi gracia en todo momento de tu vida, sólo necesitarás querer mantener tu pensamiento en mi. Por nada te acongojes, no permitas que nada te robe mi paz. Sólo Yo, tu Dios te doy la estabilidad interior y la estabilidad en todos los aspectos de tu vida. Sin mí y fuera de mi, nada es estable, así que nada te derrote ni te desaliente.
De
ahora en adelante, cuando algo te moleste, de momento será mejor que
calles, pero calla con amor y si gritas, hazlo con amor; si corriges, corrige
con amor; si perdonas, perdona con amor, porque si está dentro de ti
la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tu corazón.
Oh Señor, aquí estoy rindiendo mi voluntad a la tuya sencillamente por amor. Hoy se, que no hay mayor libertad que el amar como tú me amas; toma las riendas de mi vida; de tu mano me fío y en tus mano me entrego. ¡Qué puedo temer si yo soy tuyo, tuya; qué puedo temer si tú, Jesús, si tú Padre Celestial, eres mío!
Padre….Enséñame
a amar como tú…..
Jesús…..Enséñame a amar como tú amas al
Padre….
No
te rindas ante el enojo
¡Cambia su rumbo!
En los dos temas anteriores referentes al enojo, hemos hablado acerca de saber
encausar los sentimientos de enojo. Hoy continuaremos comenzando por hacernos
la siguiente pregunta: En realidad ¿Podemos arreglar o cambiar las
cosas que realmente nos enojan? Desde la fe, y el verdadero amor, podemos
responderte firmemente que aunque muchas cosas que nos enojan no las podamos
cambiar, nosotros sí podemos tener otra actitud frente a ellas.
Para ello, es importante llegar a la fuente del enojo, a la raíz del enojo para que conociéndola, puedas comenzar desde el perdón de Jesús, a perdonar, encausando toda esa energía -que sin la fe y el amor puede convertirse en veneno para tu ser entero- hacia la positividad para que puedas crecer en la capacidad de comprensión y vivas día con día, como Jesús, misericordioso, misericordiosa ; para ello, te invitamos a que te abras al amor incondicional del Señor que quiere darte victoria ante todo aquello que pretende derrumbarte y convertirte en un ser sombrío, desequilibrado, inmaduro.
Digamos que has tenido un dolor de garganta por varias semanas. Has hecho todo lo que puedes para liberarte del dolor: medicinas alópatas o naturales, pastillas, vitamina C y hasta un caldito de pollo. Todas estas cosas hacen que tu garganta se sienta mejor por un corto período de tiempo, pero el dolor siempre regresa. Finalmente decides que es el momento de ir al médico. Descubres que tienes amigdalitis y que ¡Eso te está causando el dolor de garganta! Si te operan de las amígdalas el dolor de garganta desaparecerá para siempre.
El enojo es parecido a las amigdalitis. Será para ti muy liberador,
encontrar maneras saludables y positivas de manejar los sentimientos de enojo,
pero para ello necesitarás querer llegar a la raíz del problema,
sobre todo, pidiéndole al Señor Dios en oración, que
te rebele la raíz de tu mal genio, de tu manera de reaccionar iracunda,
enojona. No existe la manera de librarnos de todo lo que nos enoja, pero sí
podemos manejar los asuntos uno a la vez con sabiduría, prudencia,
humildad, paz, y sobre todo amor y tratar de resolver problemas concretos
de tal manera que poco a poco vaya siendo menos el enojo, hasta que nos enojen
cada vez menos o no nos vuelvan a enojar más.
Hoy, en unos momentos de soledad que tengas pregúntate ante Jesús
¿Cuál es la causa de tu enojo? ¿Acaso será porque
tienes miedo inconsciente a algo? ¿Tal vez a que se muera un familiar,
o tal vez tienes miedo al futuro, al mañana? Tal vez te recriminas
tu pasado, esas metidas de pata tuyas o de otros que cambiaron el rumbo de
tu vida. O no aceptas lo que la vida te presenta hoy; quizá no aceptas
tu forma de ser, tu físico, la manera de ser de los demás, el
lugar en donde vives, tal vez no te gusta tu trabajo o no aceptas y te desanimas
al ver que tu enfermedad por más positividad que le echas, y medicamentos
de toda especie, no mejora.
Si eres casado, casada desde hace 10 ó 15 ó 30 años ¿tal
vez te enoja la forma de ser de tu esposo, de tu esposa de tu suegra o tu
nuera y te resistes a aceptarlo, a aceptarla a asumirlo, a asumirla a dialogarlo
con paz y haz preferido darte por vencido, por vencida haciendo que esto te
cause una opresión interior y depresión tal que crees que mejor
sería acabar con eso de una buena vez y por eso vives refunfuñando,
peleando, atacando hasta por la menor cosa?
Si eres joven, ¿No estarás enojado, enojada, porque abusaron
sexualmente en tu niñez de ti y ahora no sabes cómo sacar todo
ese volcán que llevas en tu mente? Te sientes sucio, sucia, o te molesta
saber que tus padres no están casados o que tu padre o tu madre tiene
un amante, o estás harto de los pleitos entre tus padres, o de los
gritos de tu madre que no sabe ya cómo ayudarte? ¿Sabes? Es
muy raro que los padres de familia no busquen el bien de sus hijos. Cuando
no lo hacen, seguramente es por ignorancia, pero nunca, nunca, por maldad,
pues no existen seres humanos sobre la tierra que obren por maldad. Más
bien hay seres humanos heridos y no sanados.
Tal vez te pones fúrico, fúrica y estás en contra de
todo lo que te habla de Dios porque viste a tus padres que no salían
de cursos de oración o de iniciación en la fe o del templo y
cuando llegaban a tu casa, se comportaban de cualquier manera y te trataban
no precisamente como querría Jesús en su lugar que te trataran.
Tal vez te enoja que fueras educado en un ambiente muy religioso como muy
rígido, muy estricto, nada flexible, casi tirando a lo inhumano. ¿Sabes?
Si se portaban así, no es porque Dios no hiciera nada con ellos, sino
porque ellos tus padres, en realidad no conocían otra forma más
abierta de relacionarse con Dios o tal vez hasta la fecha no se dejan encontrar
verdaderamente por Él. Por favor, no eches al olvido que Dios nada
tiene que ver con la ignorancia y cerrazón del hombre. Dios es amor
incondicional y gratuito.
¿Tal vez te provoca coraje haber reprobado algún examen en la
escuela y por ello piensas que tú no naciste para la Preparatoria y
menos para la Universidad. Déjanos decirte que no es nada prudente
pensar que sólo los inteligentes logran una carrera universitaria.
Es verdad que necesitamos de los deportistas, de los artesanos, de los agricultores,
de los estilistas pero será bueno que sepas que no son los inteligentes,
sino los que antes que nada tienen una profunda relación con Dios y
desde Él son constantes, perseverantes, tenaces, quienes llegan a descubrir
que en su interior tienen una gran riqueza para sí mismo y para los
demás y que en su corazón pueden descubrir la felicidad que
ha depositado Dios en el interior del ser humano y que con ello pueden contribuir
para que este mundo sea cada vez menos violento, más humano y divino
a la vez, menos vacío, menos caótico, sabiendo que aunque sea
una gota pequeña de felicidad que puedan ir derramando a su paso por
esta vida, es lo que le dará real significado a su vida.
En realidad uno no debe estudiar para sobresalir o para ser alguien en la vida, sino que se estudia para ser mejor ser humano en el amor; se estudia para servir mejor al prójimo, pues de qué te serviría si fueras graduado en Filosofía y letras y fueras autor de 200 libros si no amas, si vives amargado, furioso y rebelde con la vida. Será un ser humano realizado y pleno, aquél que ha comprendido para qué está en éste planeta, aquél que –por ejemplo- barra las calles con amor.
Así que, si te sientes desalentado, desalentada, ¿No crees que
sea tiempo de buscar alguna ayuda en la materia para que te vaya mejor la
próxima vez? Rendirse o salirse de la escuela no es la solución.
Hay jóvenes que nos han dicho que sienten impotencia ante ciertas materias,
o quieren tirarlo todo por alguna relación difícil con algún
compañero o maestro y lo mejor ciertamente no será abandonarlo
todo - sobre todo cuando se trata en el caso del estudio, de flojera- sino
buscar ayuda y hacer el esfuerzo, pues abandonarlo todo está indicando
una baja autoestima, un amor propio herido, heridas no solucionadas, confusión,
miedo, inestabilidad, y casi seguro una grave depresión, pero ¡Alégrate
que tienes un Salvador que se llama Jesucristo y sólo necesitas buscarlo,
venir a sus pies y Él te dirá en tu corazón qué
necesitarás hacer.
¿Quizá tú que escuchas, estás enojado, enojada
porque has dejado que la envidia te corroa las entrañas? ¿Sientes
celos de alguien? Tal vez de un hermano, de un amigo, de alguien?
Los celos son una emoción que surge por querer poseer en exclusiva
a la persona que decimos ‘amar’. El miedo a la pérdida,
real o imaginaria, la mente la planea como una amenaza. Normalmente asociamos
este sentimiento a las relaciones de pareja, pero también puede darse
entre hermanos, compañeros de clase, entre un hijo con su madre o padre,
un amigo, un maestro, etc. Los celos y la envidia, tienen el mismo motivo:
la necesidad de poseer y brotan de la inmadurez. El querer poseer la atención
de otros, está manifestando gran inmadurez y por lo tanto inseguridad.
El envidioso en cambio quiere lo que no tiene y todo esto provoca mucho enojo.
Los celos son agonía en el corazón y pueden ser una manifestación
de un amor infantil, muy primitivo, y que en realidad no merece el nombre
de amor, porque no ha llegado a convertirse en donación, oblación,
servicio, comprensión, bondad etc. Hay quienes dicen que los celos
son sanos. Si estamos hablando de luchar por una causa noble, ese celo sin
llegar al fanatismo, pues todos los extremos son malos, sería realmente
sano, es decir luchar y encausar ese celo, concentrando esa energía
para realizar un objetivo altruista y cristiano como es el ayudar a los demás
en algo concreto y de manera constante; pero si estamos hablando de cualquier
relación como las que mencionamos hace unos instantes, en ningún
momento los celos serán sanos y sí una manifestación
–como dijimos- de inmadurez y en algunos casos, estaríamos hablando
de comportamientos impulsados por algún trastorno obsesivo compulsivo.
El celoso se siente mal cuando ve o imagina a su madre o a su padre, o a su
hermano, amigo, compañero de clases o de trabajo o pareja con otras
personas. Siente ansiedad y nerviosismo cuando sucede. Es frecuente la comparación
constante por ejemplo: “Soy más bajo que fulanito”, “Soy
menos simpático que sutanita”, “Soy una tonta, un tonto,
en cambio merenganito”, facilitando así la minus valoración
o baja autoestima creyéndose peor que un trapo viejo y sintiendo la
necesidad exagerada, de manera enfermiza de demostración de afecto
por parte de la otra persona.
Una persona celosa, vive constantemente en el enojo, y actúa motivada
por la desconfianza, se niega a salir con otras personas y se enfada si la
persona amada comparte su tiempo con otros. El estado de vigilancia es continuo,
llevándole a espiar a la persona amada hasta en la correspondencia,
llamada por teléfono, entrada y salida etc, con el fin de asegurar
la fidelidad o encontrar pruebas que demuestren una posible aventura o deslealtad.
Los celos cuando superan una dosis razonable, destruyen cualquier relación.
En el caso de un matrimonio, sepan los casados que están escuchando
este mensaje, que se casaron con Cristo y quien es fiel a Cristo, puede ser
fiel a sí mismo y a los demás y viceversa.
Igualmente los que no son casados. Todos necesitamos entregarle la vida al
Señor para poder ser fieles a uno mismo y a la humanidad entera, pues
de otra manera, la amenaza constante, sentir que se está observando
cada comportamiento, hará tarde o temprano que en el caso de un matrimonio,
la pareja cambie su forma de comportarse, tanto que se destruya la posibilidad
de diálogo y finalmente, el miedo a perder al otro, acaba llevando
la relación a su fin, porque no se quiso recurrir a la Palabra del
Señor que en Proverbios 6,34 dice: “El que es celoso, es como
un fuego y no perdona a la hora de vengarse, ni se calma ante muchos regalos”
y en Proverbios 18,19 dice: “Los pleitos separan como las rejas de una
cárcel”.
Para superar los celos, así como el enojo, lo primero de todo será
que reconozcas que eres una persona iracunda, enojona, celosa, envidiosa.
Trata de descubrir en qué momentos o con quién te comportas
de manera celosa. Pregúntate por qué crees que sea. Anota lo
que haces, lo que sientes y lo que piensas en esos momentos; esto te ayudará
a entender y razonar mejor el origen de tu enojo, de la ira, de los celos,
de la envidia, cuando lo leas más tarde. También será
bueno hablarlo abiertamente con la persona amada. Quizás los celos
tengan fundamento, pero tal vez no sea así, -en la mayoría de
los casos- si se analizan pensamientos, sentimientos y conductas, es probable
que puedan hallarse muchos errores de haber interpretado la realidad mal.
Y si tú que escuchas, por gracia de Dios no eres celoso, celosa, sí
puedes ayudar a quienes lo son, diciéndole que si su pareja o su madre,
su padre, su amigo o su maestro está con él, con ella, será
porque le quiere como es, y no es necesario competir ni compararse con nadie.
Es mejor dedicar las energías a fortalecer y no a destruir cualquier
relación.
Aconséjale que mejorará el respeto y la confianza sobre todo
en sí mismo en la medida en que vaya aceptando el amor de Dios en su
vida y se sepa infinitamente amado, amada por Dios y recomiéndale que
no siga aguantando todo ese volcán interior, que busque apoyo en Dios,
en su Palabra y en alguien que ame profundamente a Cristo, y al ser humano,
para poder ir sanado esa parte de su afectividad que muy probablemente no
fue satisfecha en el vientre materno en sus primeros años de vida y
que no se sienta culpable de lo que siente interiormente y que si es pareja,
busquen ambos con una atención especializada de alguien que además
de conocimientos psicológicos, tenga a Cristo en el corazón
para que con paciencia, salgan victoriosos y renovados por el Espíritu
del Señor.
Por otra parte, quienes son celosos en extremo, pueden llegar a hacer a la
persona amada, peticiones absolutamente exageradas que aun siendo aceptadas
no calman el sentimiento de inseguridad. Limitan de tal manera la vida en
ellos mismos y a su alrededor, que no les permiten salir de casa, hablar con
los demás, arreglarse, amarse a ellos mimos y disfrutar la vida sanamente,
como Dios quiere. En ellos y ellas, es más fuerte el miedo que el amor,
el vacío que la profundidad.
Bien, pues siguiendo con las preguntas y volviendo al discernimiento sobre
de dónde podrá provenir tu enojo, ¿Acaso no te vendrá
de haber caído en una relación con alguien de tu mismo sexo
y estás confundido, confundida y como no haz encontrado a alguien para
que te oriente, por eso das patadas y azotas las puertas y gritas o te refugias
en ciber juegos que te hunden más y te involucran con la violencia
en los que inconscientemente quisieras matar o matarte a ti mismo, a ti misma
y lo que es peor, hasta los disfrutas, sintiendo placer morboso por ello?
Querido niño, joven o adulto seas varón o mujer que escuchas:
Permítenos decirte que si te sucede algo de lo que has oído
o escucharás más adelante, necesitarás abrir tu interior
a alguien que pueda escucharte porque esto indica que estás manifestando
un trastorno grave de personalidad, un desequilibrio profundo que puede llevarte
a ser un enfermo mental grave y podrías terminar siendo un verdadero
psicópata, un loco, una loca y todo eso iría en contra del Plan
de Dios sobre tu vida, pues lo único que quiere Dios es que seas feliz
en su amor incondicional; lo único que quiere Dios es que lo encuentres
a Él y a ti en Él, que lo busques en tu corazón, en la
humildad que busca ayuda, porque si permaneces en la rebeldía y cerrazón
que no es otra cosa que heridas no sanadas y soberbia, te perderás
a ti mismo y vivirás amargado, amargada y nadie que es amargado, puede
ser feliz ni hacer feliz a nadie, así que tú que escuchas, decídete
en el nombre de Jesús a levantarte con la ayuda de Él y cuenta
lo que te pasa a tu padre o a tu madre o a alguien que tu veas que tiene a
Cristo en su corazón, en su vida, en sus actitudes y no te cierres
más.
Tu enojo, también podría provenir porque tus amigos, tus amigas
o tus familiares o compañeros de trabajo te excluyen de algunas cosas.
Pero ¿Sabes? sencillamente trata de hablar con ellos acerca de cómo
te hace sentir esto. Si ellos no pueden ser comprensivos acerca de tus sentimientos,
entonces tal vez es tiempo de buscar nuevos amigos pero esto, no tiene por
qué ponerte iracundo/a, molesto/a pues todo en la vida, tiene solución
sobre todo si la solución la buscan en Dios. No esperes nada de nadie.
Espera todo de Dios y de ti. Jesús es el mejor amigo, el amigo que
es fiel, que no te fallará nunca.
Dios nos ha dado la capacidad para resolver los problemas propios de ser seres
humanos frágiles, contingentes quebradizos. Lo importante es no asustarse
de nada. A todos los seres humanos, desde el vientre materno hasta que nos
morimos, nos pasan cosas dolorosas y bien dolorosas pero lo mejor será
querer vivir el poder y la victoria que el Padre Dios ya nos ha dado en Cristo
Jesús. Para ello nos ha dado su Palabra Santa, y su Espíritu
Divino. Y en lugar de gritar y dar alaridos como locos, o en lugar de armar
una enorme pelea, y refugiarse en salidas falsas, existen maneras de resolverlo
todo, pero todo, calmadamente siempre pensando ¿Qué harías
tú, Jesús en mi lugar?
Cuando ya estamos listo para querer trabajar con la ayuda de Dios el enojo,
a esto lo vamos a llamarle ‘Entrar en la resolución de conflictos”.
Para comenzar a resolverlos, lo primero que tienes qué hacer, es aceptar
lo que no puedas cambiar. Aun cuando comprendas exactamente qué es
lo que te hace enojar, podríamos no ser capaces de hacer algo para
arreglarlo.
Muchas cosas en la vida están más allá de nuestro control,
y cuando nos enojamos por estas cosas, puede ser especialmente difícil
superar nuestros sentimientos de enfado. He aquí algunos ejemplos:
Si sientes depresión, ese estado interior de impotencia y como con
la cabeza metida sobre una loza o si sientes angustia o ansiedad, entonces
te molestas, te enojas, te enfureces porque en realidad sabes que no hay medicamento
sobre la tierra que pueda evitarla de manera efectiva sin traerte ningún
trastorno extra. Si vas manejando te enfurece o te deprime que los demás
lo hagan como si fueran drogados. Si eres niño o joven, te molesta
que tus padres se muden a otra ciudad y tú tengas que empezar en una
nueva escuela. Estabas a punto de entrar en algún trabajo y de pronto
te rompes la pierna o querías llegar temprano a esta parte y el tráfico
te lo impidió. De pronto muere alguien muy querido o esperabas que
te recibieran con los brazos abiertos y resulta que pasaste desapercibido
para los demás.
Ningún esfuerzo para solucionar los problemas va a arreglar situaciones
como estas. Enojarse no ayudará y probablemente va a empeorar las cosas.
Depende de ti que encuentres maneras de superar los sentimientos de enojo
y el aceptar que hay muchas cosas en el mundo que están fuera de nuestras
manos. Necesitarás aceptar con paz lo que no puedas cambiar.
Manejar nuestros propios enojos es bastante difícil pero tú
que escuchas, sabes en la fe, que todo lo puedes en Cristo que te fortalece.
Dentro de el “Entrar en la resolución de conflictos, hemos incluido
el enterarnos cómo saber manejar la ira de otras personas. Escucha
bien:
Suponte que estás totalmente en control de tu enojo y ya estás
respirando tranquilamente, estás orando en tu interior, pero parece
que todos los que están alrededor están explotando.
¿Qué
hacer? En primer lugar, no estimules el enojo de la otra persona. Trata de
no decir o hacer algo que haga aún más enfadar a la persona.
Segundo, necesitarás usar tu sentido común, como para saber
si ha llegado el momento de hacerte a un lado. A veces cuando las personas
están enojadas necesitan estar solas para calmarse. Algunas veces podría
ser prudente decir algo como:
‘Hola, veo que estás verdaderamente molesto, molesta. Creo que
necesitarás tiempo para calmarte, así que mejor te busco más
tarde. No te preocupes que todo esto se arreglará de la mejor forma’.
No alientes o pases por alto el comportamiento destructivo. Si tu esposo,
tu esposa, tu hijo, tus amigo, tu jefe o tu compañero de escuela o
de trabajo empieza a hablar de hacerle daño a alguien, como destruir
cosas o desfogar su enojo de manera destructiva, no estés de acuerdo
con eso. Déjale saber que tú no quieres ser parte de esta clase
de comportamiento. Si crees que esa persona pueda hacerse daño o hacerles
daño a otros, habla con alguien más si no ha querido escucharte
a ti, para que entre ambos puedan hacer conciencia y no vaya a hacer cosas
de las que se arrepienta más tarde.
Déjale saber a la otra persona cómo te sientes. Cuando hablas
con la persona con las que has tenido el altercado, fácilmente puede
parecer que la estás acusando o atacando a pesar de que no es eso lo
que quieres. Así que una muy buena manera de comunicarte en estas situaciones
es a través de lo que hemos llamado “Mi situación”,
que te permitirá enfocarte en la manera como el enojo te está
afectando a ti. Primero dile cómo te sientes respecto a tus emociones
por ejemplo si estás confuso/a, desanimado/a, triste, etc. Luego, dale
detalles como por ejemplo “Cuando tú me dijiste o me hiciste
esto y esto otro yo me sentí incómodo y pensé esto y
esto otro porque creo que no hay necesidad de ofender a nadie etc”.
Hay algunos jóvenes y generalmente todos los niños –por
ejemplo- que no saben cómo actuar cuando un adulto a su alrededor tiene
problemas para controlar su enojo, así que te decimos: No lo empeores.
Las personas que están muy enojadas pueden tener problemas para pensar
claramente, así que no trates de hacer o decir algo que los haga ponerse
aún más enojadas. Generalmente cuando alguien se exalta mucho,
es porque tiene alguna herida de la vida no resuelta. En el caso de que el
enojado sea tu padre o tu madre espera a que se tranquilice, luego háblale
con calma y con un tono que no sea crítico o grosero trata de explicarle
cómo te afecta su enojo. Puedes usar la dinámica de “Mi
situación”. Que explicamos hace unos momentos.
Déjale saber a esta persona que existen mejores maneras de manejar
el enojo, sobre todo desde la fe en el Señor Dios. Puedes permitir
que tú y esa persona intercambie ideas sobre soluciones constructivas
y mira a ver si puedes convertir esto en un tiempo que disfruten juntos construyendo
para ambas partes madurez humana y divina. Por ejemplo, caminando, oyendo
música o saliendo en el auto o en la bici para pasear por el campo
o la colonia donde viven.
Nadie puede afrontar todo lo que la vida le pone en el camino sin que ocasionalmente
se enoje. Pero demasiado enojo en el momento equivocado puede ser un signo
de graves problemas emocionales o psicológicos. He aquí algunas
señales de alerta: Un genio explosivo, que se pone furioso por la cosa
más pequeña. La necesidad de vengarse. Violencia o daño
a las pertenencias, propiedad o al propio cuerpo. Violencia hacia cualquiera
que se acerque. Estar de mal humor todo el tiempo y apartarse de los amigos
y la familia. No querer participar en actividades con otras personas.
En realidad, cuando una persona estás furiosa, podría romper
algo, pegarle a alguien, hacer un berrinche, o preparar una venganza, pero
ninguna de esas opciones le darán una verdadera satisfacción,
ni le ofrecen un progreso de madurez ni le llevarán hacia la solución
de lo que le haya enojado.
Si pierdes la cabeza y lastimas algo o a alguien, la mala situación
sólo va a empeorar. Puede que alguien te muela a golpes o que te metas
en un problema mayor que el que tenías al principio. Lo que podría
haber sido un conflicto insignificante, puede subir a la categoría
de batalla descomunal y convertirse en algo de lo que vas a tener que preocuparte,
y ya bastante tiene el ser humano con la tarea de educar su caos mental como
para agregarle más problemas, ¿No lo crees?
Por otro lado, si te tragas tu furia, haces como que no existe, te estás
exponiendo a más sufrimiento. Tu furia se va hasta lo profundo no sólo
de tu subconsciente sino hasta el abismo del inconsciente y se puede convertir
en una depresión que empeorará las cosas. Tú eres un
ser humano que vales mucho, pero que no quieres darte cuenta que cuando te
enojas, al primero que hieres es a ti mismo, a ti misma y que hacer lo que
haces cuando te dejas llevar por el enojo, no es digno de un hijo, de una
hija de Dios y todo esto hará –si es que vives muchos años-
que metas la cara más y más en la almohada preguntándote
cómo pudiste destruirte interiormente de esa manera.
Como ves, la ira no encausada, puede ser muy destructiva para la persona que
la experimenta y para los que están alrededor, pero se puede tratar.
Recibir ayuda espiritual sobre todo de Dios ante su Palabra y alimentar la
fe en la oración, es casi siempre la única manera y de hecho
infalible, de volver nuevamente al camino de la felicidad y libertad interior.
Así que necesitas saber que hay una mejor forma de vivir con inteligencia
el enojo. Lo primero que harás, será aceptar tus sentimientos
y aceptar tus sentimientos es aceptar que la ira es natural, y hay cosas que
te debieran enojar. Por ejemplo el haber sido abusado sexualmente por alguien
o manipulado por alguien o el que te hayan cometido alguna injusticia etc.
Sentir enojo, es una reacción que te hace saber que algo anda mal y
que es necesario repararla. De modo que, acepta tu furia, pero no remates
con otros, no remates con nadie. Deja que el calor pase antes que trates de
buscar soluciones, pues tomar alguna solución en un momento de enojo,
puede ser perjudicial, ya que esa solución estaría envuelta
de tinieblas y de cerrazón y no precisamente de luz y de fe. Tal vez
sea difícil hacerlo, pero con algo de práctica se hace más
fácil cada vez. Sí, escuchaste bien: ¡Práctica
es lo que necesitas!
En un momento de enojo, trata de no encerrarte en el amor propio herido que
sientas. Piensa que si sucedió algo que te ha molestado ha sido por
heridas de ambas partes.
Oramos
porque desde ahora quieras aprender a controlar día con día,
momento a momento la agresividad, pues el ir educando tus emociones, contribuirá
a que seas una persona realizada, madura, plena, feliz en Dios.
Para terminar te decimos una vez más, que cada tema lo escuches durante
la semana de terapia y cuando termines el nivel completo, escuches, uno y
otro y otro cada vez permitiendo que el contenido del mensaje se grabe cada
vez más, en lo más hondo de tu subconsciente e inconsciente,
hasta que sin sentirlo, vayas reaccionando según como nos lo ha enseñado
Jesús en el evangelio: con amor, sencillamente, con amor.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….
Y
ve permitiendo que al amor fascinante de Dios te posea y te haga exclamar:
Oh Dios santísimo, estoy buscando al amor de mi alma, que eres tú
Jesús, tú, Padre, tú, Amor Divino. Quiero escucharte
a ti Padre, porque quiero amar infinitamente a Jesús tu hijo, mi hermano,
mi salvador, mi rey, mi amigo, mi amado, mi camino, mi puerta para entrar
a ti Oh Dios verdadero, mi verdad, mi vida, mi todo….
Padre: Háblame desde la serenidad de la eternidad acá, en mi
corazón que te desea ardientemente….
Mi querido hijo, mi querida hija….no quiero que me busques por el consuelo
que te doy, sino por el amor que nos une. Yo soy fiel, Yo soy…..y por
mi, tú eres y en mi, tú puedes ser para otros, esa fuente de
la que mana amor verdadero, perdón incondicional.
No sufras por nada. No te detengas a recriminarte o a recriminar a otros por
lo que pasas. Yo soy la única felicidad verdadera. No te detengas en
tus padecimientos. Yo soy el Sol que fecunda todo acontecimiento, toda relación,
toda vida, todo corazón.
Búscate en mí a los pies de la cruz de mi Hijo Jesús,
Búscate a la luz del Espíritu que nos une. Que nada te detenga
para llegar a estos momentos que estamos viviendo aquí, ahora tú,
y yo…..Porque es en estos momentos en donde te forjo como mi verdadero
hijo, como mi verdadera hija. Es en estos momentos en donde puedo hablarte
más secretamente al corazón, así, sin palabras….Nadie
podrá separarme de ti, más que sólo tú mismo si
así lo deseas, podrás apartarte de mi, pero aún si decidieras
eso, Yo tu Dios, sería fiel a ti y esperaría al momento en que
tú quisieras continuar en mi amor, en mi amistad, en mi paternidad…..Ahora
mismo te estoy amando, te estoy transformando……Oh Señor,
Aquí estoy Dios mío, dejándome amar por ti…..Aquí
estoy, encontrando al amor de mi alma, aquí estoy, salido, salida de
mi propia voluntad, instalándome en ti, como si mi alma, residiera
ya en la eternidad. Amén
Cómo vivir el enojo en familia
Como hemos visto en los temas anteriores el enojo es una emoción perfectamente
normal. Todos nos enojamos, inclusive los bebés. Aunque es normal estar
enojado, y aunque es necesario expresar el enojo, la forma como se expresa
el enojo más que ayudar, afecta cómo los miembros de la familia
se sienten entre sí. Los padres de familia hoy, aquí y ahora,
necesitan querer aprender para sí mismos y luego enseñarles
a sus hijos maneras sanas de expresar su enojo. Si los niños ven a
un adulto responder al enojo gritando, golpeando o lanzando objetos, ellos
probablemente reaccionarán al enojo de la misma manera.
Por otra parte, si los niños pequeñitos sobre todo, ven a los
adultos responder al enojo respirando profundamente, y más que contar
hasta ‘10’ invocan el nombre de Jesús o dicen ‘Jesús
ayúdame, dame tu amor para amar como tu me amas; no quiero ofender’,
y les ven caminando para reflexionar, o anotando pensamientos y sentimientos,
entonces ellos probablemente adoptarán algunas de estas técnicas
cuando estén enojados. Por otro lado, el enojo expresado de manera
dialogada, es una forma de decirles a los miembros de la familia que algo
está mal y que necesitan estar unidos, en la solución de tal
problema.
Proverbios 14,17 dice: ‘El que es impulsivo actúa sin pensar;
el que es reflexivo mantienen la calma’. Y en el capítulo 15,
4 dice: “La lengua amable es un árbol de vida; la lengua pendenciera
hace daño al espíritu’. El enojo dialogado, les demuestra
a otros miembros de nuestra familia que en realidad nos importan. La clave
para hacer del enojo una emoción positiva es que los miembros de la
familia respondan de maneras sanas al enojo. Las respuestas sanas deben ser
practicadas cuando los niños son pequeños, de manera que crezcan
con las herramientas para manejar el enojo de manera constructiva.
Diles a los niños que tengas cerca de ti, sean tus hijos o no, que
no es malo estar enojado. Los niños no deben ser enseñados diciéndoles
que ‘La gente buena no se enoja o que la gente agradable guarda sus
malos pensamientos para sí mismos’. No. Aprender a expresar sentimientos
es el primer paso en el manejo del enojo de una manera sana. Los padres pueden
ayudar a los niños a decir sus sentimientos poniéndoles nombres
a las diferentes emociones y enseñándoles a los niños
que cada persona tiene sentimientos. Mirar cuadros o fotos de gente en revistas
o en una parada de autobús, y adivinar cómo se están
sintiendo de acuerdo a sus expresiones faciales, ayuda a los niños
a decir sus sentimientos con palabras. Los niños también pueden
aprender a expresar sus emociones haciendo caras frente a un espejo para mostrar
sus diferentes sentimientos y emociones, y hablar de los momentos en que han
sentido estas emociones.
Una vez que los niños puedan identificar su enojo, necesitarán
de tu ayuda para entender porqué están enojados por una situación
particular. Una persona que sabe lo que causa situaciones de enojo, puede
encontrar maneras de solucionar los problemas de manera más fácil.
Los niños deben ser enseñados a encontrar maneras de calmarse
y pensar claramente sobre el problema. Una vez que estén calmados,
pueden decidir qué situación les genera enojo, lo que desean
hacer para solucionar el problema, y cómo van a poner en práctica
su solución. Por ello, enséñales a sentarse en un lugar
en su cuarto, en el que se sientan cómodos, tal vez en el piso, como
en flor de loto, con manos juntas y ojos cerrados y puedan experimentarse
ricamente respirando, tranquilamente y con ellos, ve pronunciando el nombre
de Jesús. A ellos les gusta decir: Jesús, te amo…Jesús,
te amo. Diles que estar en comunicación con Dios es la mejor manera
de superar no sólo el enojo, sino cualquier cosa difícil en
su vida.
Esto no sólo les ayudará a sentirse mejor, sino que podrán
reflexionar acerca de ese momento difícil o de enojo para mirar hacia
dentro sabiendo exactamente cómo se sintieron, y al ser sinceros, sinceras,
-si es que ese niño o niña o joven no comenzó el pleito-
verán cómo también al igual que la otra persona, tienen
heridas que hay que sanar en la Presencia de Dios; estarán despertando
en ellos mismos el don de la compasión y la misericordia que ve más
allá de unas palabras hirientes que ve más allá, desde
la fe y el amor.
Tú que escuchas, aunque no seas padre o madre de familia, tienes niños
a tu alrededor que puedes ayudar. Dales la oportunidad a esos pequeños
de utilizar palabras inteligentes, en vez de los puños para que puedan
encontrar respuestas positivas al enojo a largo plazo. Y de entre todo esto,
enséñales la terapia de sentirse plumas de ave en las manos
del Señor, sabiendo que es el soplo del Espíritu el que dirige
su vida, y que desde la fe, sabemos también que Dios es siempre fiel
y que nunca pero nunca les abandonará, al contrario diles que les lleva
entre sus manos hacia la realización de un plan perfecto, un plan lleno
de luz, un plan basado en el amor que les hará paso a paso, plenos,
felices, maduros, sensibles a la paz, al perdón, y les convierte desde
aquí y ahora para la humanidad en faros por los que los demás,
encuentren al que es al verdadero camino: Jesús.
Incluso, tu joven o adulto que escuchas, puedes poner para ti mismo, para
ti misma en práctica, esto que juntos, estamos aprendiendo por la gracia
del Señor.
Entre más vean los niños a sus padres, a sus tíos, a
sus abuelos, a sus maestros responder en forma constructiva al enojo, y entre
más oportunidades tengan de utilizar respuestas sanas, la familia tendrá
mejores oportunidades de corregir las respuestas negativas al enojo. No olvidemos
que las respuestas negativas pueden destruir toda relación familiar.
Y tú que escuchas, puedes construir, puedes fincar sobre Roca firme,
puedes amar como Dios te ama a ti: inmensamente.
Por otro lado, vemos que el enojo dirigido a uno mismo es quizá el
más destructor, porque nadie que está bien consigo mismo, se
enoja con otro y menos con Dios. Además, lo que se sabe, se espera
y necesitarás aceptar que en tu peregrinar por este mundo, vas a tener
que afrontar a través de toda tu vida diferentes cosas y actitudes
que te enojarán, pero si aprendes la manera de manejarlas, con el tiempo
será más y más fácil y no tendrás que preocuparte
por hacer cosas de las que luego te arrepientas.
Muchos padres de familia se desaniman y se enojan con sus hijos preadolescentes
y adolescentes, pero saber que ellos casi se enojan todo el tiempo, posiblemente
debido a los cambios hormonales de su cuerpo, además de que no saben
cómo manejar la depresión que sienten muy posiblemente causada
por las heridas desde bebés. Les dan arrebatos de enojo que sencillamente
no pueden controlar, y muy frecuentemente, ni ellos mismos podrían
explicar por qué se ponen así. No nada más los niños
y jóvenes sino cualquier ser humano necesita de un ambiente familiar
sano, con límites claros, firmes, pero flexibles, pues como dirá
Pablo en 1ª de Corintios 10, 23: ‘Uno es libre de hacer lo que
quiera, pero no todo conviene, no todo edifica a la comunidad y el amor es
lo que busca principalmente: ‘El bien del otro’, el bien común.
¿Por qué no darse la oportunidad padre o madre o hijo de familia
que escuchas, para sentarse en la sala o alrededor de la mesa del comedor
para expresar con cariño lo que no te gusta o te incomoda del otro
o te gustaría del otro no tanto por tu comodidad sino por el bien verdadero
de ese padre, de esa madre, de ese abuelo de ese nieto o de ese hijo, de esa
hija o de ese yerno o de esa suegra? Los jóvenes por ejemplo, cuando
no pueden manejar bien su enojo dicen muchas cosas ofensivas que en realidad
les hiere el corazón a ellos mismos, pero te has puesto a pensar que
no fueron verdaderamente educados sobre todo con el ejemplo tuyo, ¿adulto,
adulta, que escuchas? entonces ¿No cabría comprenderlos y brindarles
un diálogo amoroso y muchas veces silencio que viene de la misericordia
de Dios que Él ha puesto en tu corazón? Y tú joven que
escuchas, ¿No cabría permitirte comprender a tus padres que
cuando tú eras bebé o pequeñito no habían comenzado
aún a solucionar su inconsciente herido y por eso aún todavía
no saben cómo ayudarte?
Por otro lado, queremos que les quede claro a los jóvenes y niños
y también a los adultos que escuchan este mensaje, que el ser niño
o joven o adulto, no es excusa para dar rienda suelta al enojo. Así
que querido niño, joven y adulto que escuchas, la mejor manera de manejar
el enojo es vivirlo desde la fe, esa fe que confía incondicionalmente
en Dios. Luego, será esperar a que pase la tormenta para que luego,
en calma, con la humildad por delante, todo se aclare y se perdone de corazón.
El libro del Eclesiastés 7, 9 dice: ‘No te dejes llevar por el
enojo, porque el enojo es propio de gente necia’.
Un joven de 19 años nos dijo:
“Desde que conocí a Jesucristo y lo he aceptado en mi vida, me
siento más seguro de mi mismo y se que es el Amigo que nunca fallará,
así que cuando me llego a enojar, dejo que pase lo que sea que me haya
enojado, invoco su nombre y le digo: Jesús sálvame, Jesús
sálvame, sin ti nada puedo y en ti todo lo puedo. Así me mantengo
por unas horas o un día si es muy fuerte el sentimiento de furia. Abro
la Palabra del Señor y leo citas referentes al perdón y al verdadero
amor y luego, trato de entender qué puedo hacer para resolver el problema.
Lo peor que se puede hacer es tomar una decisión cuando se está
enojado o actuar inmediatamente para aplacarlo. Mientras más rápido
pase el enojo, más pronto puedes pensar claramente y esforzarte para
resolver el problema que te ha hecho enojar.
Cuando he estado muy enojada decía una señora casada de 46 años,
he dado puñetazos a la almohada porque a la almohada no le haces daño;
en ese momento es como tu mejor amiga que te ayuda a descargar toda la furia
y ella queda siempre igual. No le afecta. También es bueno pasarse
un tiempo haciendo algo que te gusta hacer por ejemplo escribir algún
artículo, una poesía, pintar, hacer gimnasia, tocar algún
instrumento, correr, y si estás sola, pues sencillamente grita un rato,
luego te cansas y te das cuenta de que estás más calmado. Pero
lo mejor para mi vida ha sido el haber aprendido a orar, pues ahora generalmente
luego de que algo me molesta mucho, me retiro a orar con Jesús, tomo
mi camándula y pronuncio alguna Palabra que me diga mucho como: “Abbá”
“Padre” o Jesús o Señor y al cabo de 30 minutos,
estoy totalmente restablecida y llena de amor. También me ha resultado
pedir o dar un abrazo.
No quisiéramos dejar de mencionar lo que en Programación neuro
lingüística se le llama “mapa” a percepción
individual mental o simplemente programación mental, que tiene una
persona, porque esto nos ayudará mucho, me ayudará, te ayudará
a ti que escuchas, a mirar con otros ojos las situaciones molestas, sobre
todo, mirar con ojos llenos de la Palabra de Dios. El apóstol Pablo
en Efesios 4,17-26 hoy nos dice:
‘Les pido en el nombre del Señor que ya no vivan como gente sin
sabiduría divina, aquella que vive de acuerdo a sus equivocados criterios
y tienen oscurecido el entendimiento. Ellos no saben cómo gozar de
la vida que viene de Dios porque han preferido vivir en su ignorancia y ha
hecho su corazón insensible. Lo han dejado endurecer y se han entregado
a la necedad, pero Ustedes no están conociendo a Cristo para vivir
así. Por ello, necesitan renunciar a su antigua manera de vivir y despojarse
de lo que es obsoleto. Más bien necesitan renovarse espiritualmente
en su manera de ver las cosas y revestirse de la naturaleza creada a imagen
de Dios que se distingue por una vida llena de amor y de libertad interior,
basada en Jesús que es la verdad’.
Pues bien, este mapa mental del que se nos habla, se conforma a través
de los filtros personales por los cuales cada uno va asimilando el mundo y
la realidad. Estos filtros son la educación, la cultura, las creencias,
en fin, todas las experiencias y manera de observar que desarrolla una persona,
así como de las percepciones y sentimientos de sus propias vivencias
a través de sus propios filtros de la realidad. El mapa mental está
determinado por la estructura genética y la historia personal. De ahí
que es imposible que dos personas tengan exactamente la misma percepción
ante un mismo hecho
Muchas veces nos desesperamos, juzgamos, criticamos a los demás ya
que “no entienden” –decimos- “no se dan cuenta”,
“no les importa”, “no se preocupan”, “no se
conducen como deberían”, “exageran las cosas”, “no
les llama la atención”, “se desviven por tonterías”,
“no es posible que hagan eso”, etc. Si nos damos cuenta, todas
estas frases están basadas en juicios que elaboramos acerca de la conducta
de los demás, en base a “mí mapa”, a lo que yo pienso,
a lo que yo creo, y no me doy cuenta de que el otro actúa en base a
lo que él piensa y a lo que él cree, que es totalmente diferente,
es decir, respecto a “su mapa”, a su programación mental.
Ninguna persona, inclusive tus hermanos, hijos, o padres o amigos van a ver
y sentir lo mismo que tu, pues sus filtros del mundo son diferentes ante un
mismo hecho. Todas las mentes piensan según su propio mapa. Ante una
misma realidad hay diferentes percepciones. Para demostrar esto vamos a poner
un ejemplo muy sencillo. Si en un grupo tu propones que todos piensen en un
perro, uno pensará en un pastor alemán, otro quizá en
un cocker, otro en un labrador, otro en un dálmata, otro en un salchicha,
otro en un french poodle, otro en un perro callejero, etc. ¿Por qué
no pensaron en el mismo perro todos? Porque el que surgió en su mente,
es con el que tiene o tuvieron una experiencia, es decir, es el que está
en su mapa mental, en su vivencia.
En una familia, la opinión que los hijos tienen de un acontecimiento
familiar, de su padre o de su madre o de tal hermano es diferente, pues el
modo de vivirlo, sentirlo y relacionarse con él en ese momento varía
de una persona a otra. El enojo por ejemplo en los niños presenta un
desafío a los adultos, llámese maestros, abuelos, hermanos jóvenes
o padres de familia. Así que para que comprendas tu enojo y sobre todo
el enojo de los niños y jóvenes que te rodean, será bueno
que sepas que el enojo tiene varios componentes:
El primer componente del enojo es la emoción misma, definida como un estado afectivo o de estímulo, o una sensación experimentada cuando se ve obstruida o truncada una meta o necesidad que no pudimos obtener.
Un niño y estamos hablando de edades de entre 3 y 5 años, pueden tener conflictos debido a sus pertenencias, como quitarles su propiedad o la invasión de su espacio. La agresión física, la cual incluye el abuso de un niño por otro, como, por ejemplo, empujarlo o golpearlo. Los conflictos verbales, por ejemplo, molestar o provocar. El rechazo, el cual incluye ignorar o no permitir jugar a un niño. Los conflictos de conformidad, los cuales incluyen, a menudo, la petición o la insistencia en que los niños hagan algo en particular que no quieren hacer—por ejemplo, lavarse las manos o cantar delante de la visita.
El segundo componente del enojo es su expresión. Algunos niños
expresan el enojo a través de las expresiones faciales, el llanto,
el estar de mal humor, o por hablar y hablar, pero en realidad se experimentan
impotentes para resolver el problema o enfrentarse con la persona que les
provoca. Otros niños resisten activamente, defendiendo sus posturas,
autoestima, o pertenencias física o verbalmente de manera no agresiva.
Algunos niños expresan el enojo de manera agresiva y vengativa, haciéndole
una represalia física o verbal a la persona provocadora, mientras que
otros niños expresan su disgusto, diciéndole al que le ofende
que no puede jugar con ellos o que nadie lo quiere. Otros niños expresan
el enojo evitando o tratando de escaparse o evadir al que les provoca, mientras
que otros buscan a un adulto, procurando consuelo o soluciones de un maestro,
o contándole al maestro un incidente.
Los maestros pueden utilizar estrategias de orientación para ayudar
a los niños a expresar el enojo de manera socialmente constructiva.
Los niños desarrollan una idea de cómo expresar las emociones
principalmente a través de la interacción social con su familia,
y después, viendo la televisión o las películas, jugando
los videojuegos, y leyendo libros. Algunos niños aprenden una manera
negativa y agresiva de expresar el enojo y, al enfrentarse con conflictos
que provocan el enojo, recurren al uso de agresión en el salón
de clase. Un gran desafío para los maestros de jardín de infantes
es animar a los niños a reconocer los sentimientos de enojo y ayudarles
a aprender a expresarlo a través de maneras positivas y eficaces.
El tercer componente de la experiencia del enojo es la comprensión—la
interpretación y la evaluación—de la emoción. Debido
a que la capacidad de regular la expresión del enojo se relaciona con
la comprensión de la emoción y porque la capacidad del niño
de reflexionar sobre el enojo es limitada, los niños necesitan orientación
por parte de los maestros y padres en lo que es la comprensión y manejo
de sus sentimientos de enojo.
Programación Neurolingüística enseña que “El
Mapa no es todo el Territorio”, esto es, que el Territorio es la realidad
completa, y el mapa es el modo personal de captarla. Pongamos el ejemplo del
elefante para comprender mejor esto: Si en medio de un salón ponen
un elefante, y para las personas sentadas alrededor es la primera vez que
ven ese animal, las que están al frente dirán que un elefante
es un animal alto con dos ojos, dos orejas enormes, una trompa, dos colmillos
y dos patas.
La
personas que lo ven lateralmente no estarán de acuerdo, Ellas sostendrán
que un elefante es un animal largo y grande, con una trompa, dos patas, pero
que solo tiene una oreja, un ojo, un colmillo y una colita peluda atrás.
Las personas que lo tiene por atrás, alegarán que un elefante
es una cosa con dos ancas enormes, una colita peluda y dos patas, pero que
ni es largo, ni tiene ojos, ni colmillos, ni orejas y mucho menos una trompa.
Y si cada uno sostiene su punto de vista, nunca se podrán poner de
acuerdo sobre lo que realmente es un elefante.
Éste es un ejemplo sencillo de cómo nosotros y la humanidad
vamos por el mundo pensando que “mi verdad” es la absoluta, y
no aceptamos la parte de la realidad del otro que nos falta. Esto nos lleva
a divorcios, injusticias, egoísmos y hasta declaraciones de guerra.
Por ejemplo, ¿Cómo hacer que el mundo árabe y el occidental
lleguen a una sana convivencia, si no están dispuestos a ver el mapa
del otro? ¿Cómo entender a un homicida, o a un ladrón,
y en nuestra vida diaria al mentiroso, al egoísta, al chismoso, al
perfeccionista, al metiche, al agresivo, al majadero, sobre todo cuando se
encuentra en uno mismo o en el hijo, en el padre, en la madre, en el profesor,
en el compañero de viaje por este mundo?
Si
no entendemos nuestro propio mapa que otros llamarían programación
mental, cómo entenderemos a los demás? Hay una manera muy fácil
pero necesitarás querer ponerla en práctica y esta manera es
mirar desde la fe adulta, sabiendo que todos los seres humanos somos distintos
y que estamos heridos y necesitamos de amor y no de rechazos ni de gritos,
que necesitamos de humildad, de misericordia de perdón, de paz en el
corazón, reconociendo que más que defectos, llevamos un tesoro
divino escondido que hay que querer encontrar y explotar para bien nuestro
y de la humanidad.
Los mapas mentales no son otra cosa que programaciones conductas aprendidas,
creencias instaladas, modos y estilos de vida vivenciados de manera diferente,
y siempre habrá una razón interna para proceder, pensar, y sentir
ante la realidad que no va a ser igual que a nadie. Así que antes de
enjuiciar, enojarnos, deprimirnos ante la conducta ajena, pensemos que el
otro tiene un mapa diferente al mío, una programación distinta
y según éste, él actúa.
Lo mejor será que queramos darle la vuelta al elefante para ampliar
nuestro mapa del mundo, para ampliar nuestra mente, para ir reprogramando
y hasta desprogramando las programaciones negativas y vacías de fe,
ya que la mejor manera de aprender es a través del conocimiento del
otro y esto sólo se logra con una buena comunicación. No nos
pongamos en el clásico: “Yo estoy bien, tú estás
mal” o en el “Yo estoy mal, tú estás bien”;
más bien, reconocer que muy posiblemente ambas partes tengan un tanto
de razón y otro tanto de vivencia única y personal. La diferencia
es la que hay que dialogar con sabiduría, con respeto, con tolerancia,
con paz como lo haría Jesús, el Señor.
Cuando respondas desde la sabiduría, cuando te abras por la fe al diálogo, en el amor de Cristo, ambas partes se enriquecerán y ampliarán cada uno su manera de mirar al otro mapa, creando más opciones para la resolución de conflictos y habrás aprendido a respetarte a ti mismo, a ti misma y a los demás, además esto terminará con el estrés, los corajes, los enojos, muchas enfermedades proyectándose en una mejor salud física y mental, ya que aprendiste y ambas parten aprendieron a ser flexibles y en gran parte aprendieron a ser libres desde el corazón de Dios.
Para
terminar te decimos una vez más, que cada tema lo escuches durante
la semana de terapia y cuando termines el nivel completo, escuches, uno y
otro y otro cada vez permitiendo que el contenido del mensaje se grabe cada
vez más, en lo más hondo de tu subconsciente e inconsciente,
hasta que sin sentirlo, vayas reaccionando según como nos lo ha enseñado
Jesús en el evangelio: con amor, sencillamente, con amor.
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….
Y ve entrando en esa dimensión de fe adulta que escucha más allá de toda programación, más allá de todo pensamiento superficial y vacío de fe…Ve entrando en esa dimensión de la oración de Cristo en ti, al Padre….
Permítenos decirte que vivir en el corazón de la oración de Cristo, no es tan sólo recordar las palabras de Jesús para hacerlas tuyas, sino que es entrar en la gracia fascinante de la experiencia del corazón de Jesús a su Abbá. Y entrar en esa gracia, es entrar en la dinámica del ruag de Dios, del Pneuma Divino, es entrar en el soplo del Espíritu Santo quien actualiza en ti la oración de Jesús al Padre, convirtiéndola en carne de tu carne y sangre de tu sangre. Esto es vivir en el corazón de Cristo, la oración al Padre.
Así que primeramente te entregarás a la súplica tranquila y confiada, respirando suavemente, abriéndote cada vez más a la vida, a la alegría verdadera, a la ternura de Dios, y luego, más adelante, cuando estés en silencio, pronuncia ¡Abbá! o ¡Padre! No lo hagas reflexionando como quien comprende lo que dice sino más bien a manera contemplativa, a manera de unión, a manera de dejarse poseer, sin cambiar la palabra que hayas elegido para evitar que tu mente se disperse, se distraiga.
Repite la palabra con suavidad, despacio, muy despacio, manteniéndote en esa sonrisa interna que te abre al presente y al mismo tiempo a la eternidad, y que dice mucho de un corazón abierto, sencillo, transparente; entonces, cuando te hayas dejado sumergir por el Espíritu hasta lo profundo del corazón de Cristo, la respuesta no se hará esperar, e irá brotando con toda naturalidad desde lo hondo, esa relación con el Padre, relación Trinitaria, ya que no podrás distinguir si eres tú el que dice ‘Padre’ o si es Cristo el que lo dice en ti.
Te
encontrarás echando raíces en un terreno verdaderamente sólido,
porque estarás cultivando en el terreno del verdadero amor.
Hazlo, hasta el momento en que tu corazón se sienta satisfecho de haber
orado de esta manera. Cada día, puedes reanudar a la hora siguiente
la oración allí donde la hayas terminado para continuar tus
actividades inmerso, inmersa permaneciendo en tus quehaceres en el corazón
de Cristo sabiendo que el deseo de Dios es ya oración y dejando que
el amor del Padre, cubra todas tus palabras, tus miradas, tus pasos, tus acciones
y las palabras, las miradas, los pasos y las acciones de los demás.
Así que desde esa fe adulta que mueve montañas, que rompe cualquier
barrera, que rompe lo imposible, comienza a retirarte a orar desde dentro
del corazón de Cristo, para estar con el Padre y dile a Jesús:
Oh Jesús, regálame entrar en esa relación fascinante
que tienes tú con tu Padre, con mi Padre. Estoy hambriento, hambrienta,
sediento, sedienta de ti ¡Dios mío! Jesús, enséñame
a orar. Jesús, despierta en mi esa misma experiencia que tienes con
el Padre; abísmame desde dentro de ti, en la verdadera oración.
Oh Espíritu Santo: Sumérgeme en Dios, sumérgeme en ti.
Repite lentamente esta súplica y cuando tú creas que sea el
momento, comienza a permitirle a Jesús y tú en Jesús,
los dos en una sola voz, comienza a decir en tu interior con toda suavidad
y profundidad a la vez: ¡Padre! O ¡Abbá!......
No te rindas ante el rencor.
¡Comienza a ser positivo!
Vamos a comenzar este tema diciendo que generalmente no perdonamos porque preferimos, porque prefiero, porque prefieres –tú que escuchas- pensar negativamente. Tal vez, en 20 años o en 10 ó en 6 años te han pasado cosas que has llamado muy buenas, pero también han pasado otras que has interpretado como “muy malas”. Sin embargo inconscientemente, se han ido apoderando de tu mente aquellos sucesos que son negativos, más que los positivos, a tal grado como si todo lo que te hubiera ocurrido hubiese sido malo y si al principio eran sólo unos pocos recuerdos dolorosos hoy, han ido creciendo y han invadido no sólo tu interior, sino el ambiente de tu trabajo, tu familia, tus vecinos, tu vida entera.
Alguien que conocemos hizo el experimento de anotar un pensamiento negativo cada vez que le venía a la mente, En sólo dos horas, llegó a 120 pensamientos negativos que estaban relacionados con todo: su trabajo, su familia, la sociedad, sus amigos y consigo mismo, es decir, cada minuto durante dos horas, estuvo lacerando su mente con negatividad, en lugar de haber aprovechado cada minuto para fomentar la positividad y libertad interior.
Llegó a la conclusión de que los pensamientos negativos agotan, hacen infeliz, aíslan, convierten al ser humano en pesimista, anulan cualquier motivación, contrarrestan la alegría y la energía, restan posibilidades en el trabajo, convierten al ser humano en una persona a la que hay que huirle, nos hacen educadores de la negatividad afectando a la familia y creando cada vez más barreras con quien sea, impiden ver oportunidades y potencialidades, sumiendo en un marco de prejuicios riesgosos, llevan a concebir un mundo en el que no vale la pena vivir, cada vez se ríe menos, el disgusto es más frecuente, incluso por tonterías teniendo más fricciones irritantes y con gran facilidad con más y más personas, afectando todo esto la salud manifestada en una profunda depresión y en enfermedades que los médicos no logran curar.
Llegó a la conclusión de que con este tipo de pensamientos destructivos, el hombre, la mujer de hoy trata de controlar lo que nunca tuvo o se le escapó de las manos como es el amor, la bondad, la aceptación etc y sencillamente se siente como despedazado interiormente por su caos o desorden mental, y un ser humano así, dividido interiormente, es destruido por sí mismo y es cegado por su superficialidad a tal grado de no poder ver todas las bendiciones que Dios ya ha derramado sobre su corazón.
Una persona negativa, a toda costa está gritando que necesita que le quieran, que le presten atención, es insensible a las necesidades de los demás, está presa en el torbellino de sus pensamientos sin control, rechaza, toma para sí en lugar de dar y recibir; se siente vacía, no le interesa poner en acción la capacidad que Dios ya le ha dado de ser creativo, creativa, se siente insatisfecha y su vida transcurre no a través de la inmensidad de Dios, sino bajo la opresión de un estrecho túnel que es creación de sus pensamientos irracionales y oscuros provenientes de una fe sin cultivar; nada disfruta y se le ve como desencantada de la vida, resentida, tensa, como si fuera un robot, débil, vulnerable, como desviada o perdida del camino, pobre –aunque tuviera mucho dinero- solitaria, miedosa, infeliz.
Y cuando se llega a todo esto, comenzamos a justificar pensamientos negativos desgraciadamente como hemos dicho, sin control, convirtiéndonos en seres humanos que todo lo ven sin salida. En la actualidad, se ha demostrado en diversos estudios, que un minuto con la mente fija en un pensamiento negativo, deja el sistema inmunológico en una situación delicada durante horas.
De hecho, mantener pensamientos negativos produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro, pues tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en un lugar del cerebro llamado hipocampo, afectando también nuestro sistema hormonal.
Mantener pensamientos negativos afecta también nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo a aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas, por eso podríamos decir que la negatividad imposibilita el paso al perdón y mucho más a la reconciliación.
Está comprobado que las personas que tienden a la negatividad, tienen mayor propensión a padecer problemas cardíacos, alergias, problemas del hígado, renales, estomacales, migrañas, problemas artríticos, depresiones crónicas.
Muchas de las veces, sería tan sencillo no enojarnos, y ser positivos, pero también, muchas de las veces, olvidamos o ni siquiera pensamos en que detrás de cada ser humano se esconde una infancia difícil, unas circunstancias personales complicadas y que no todos han tenido un camino de equilibrio, honradez y muchas más virtudes.
Hoy los corazones de los seres humanos que formamos este planeta, tenemos la necesidad urgente de aprender a transformar con la ayuda del Señor, de Jesús, del Padre Celestial, la mezquindad, la envidia, la ira, el engaño, la mentira, la cobardía, la hipocresía, la venganza, el odio, el rencor, el olvido, la desconfianza, la avaricia, la soberbia, el desprecio, la humillación, las críticas y todo lo que no nos permite mirar al estilo de Jesús, pero para lograrlo realmente sabiendo que es la gracia el factor principal en todo este proceso, será buscar con todo el ser primeramente, el Reino de Dios, es decir, será buscar amar como el Padre Celestial nos ama, pues como lo prometió Jesús nuestro único Salvador: “Todo lo demás, se nos dará por añadidura”.
En realidad, estar fomentando pensamientos negativos y vivir todo lo que hemos mencionado hace unos instantes de negativo, no es más que un signo de inmadurez por lo que más que rencor, ira o reprocho, necesito, necesitas tú que escuchas, poner en práctica la misericordia, la capacidad de comprensión, el amor al estilo de Jesús, el Señor.
Jesús durante su paso por este mundo, aprendió a cada momento a pensar positivamente, desde el ejemplo y el amor incondicional que le habían mostrado su madre María de Nazareth y su padre aquí en la tierra, José y por el amor que el Padre Celestial había derramado sobre su alma en la intimidad del corazón en la oración. Por ello pudo exclamar ante las situaciones más difíciles y dolorosas su “Hágase tu voluntad” y “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.
Jesús, en todas sus actitudes nos revela una mente positiva y una personalidad realizada, madura y feliz, sobre todo y queriendo recalcar esto, en cuanto al perdón se refiere. ¿Sabes? sólo una personalidad cargada de positividad es fuerte y madura capaz de comprender sin condiciones y liberar al deudor. Sí, son los mansos y humildes como Jesús, los que libertan. Los cobardes e inmaduros –por el contrario- recriminan, acusan hasta hacer del agravio o el daño, el cultivo de la enemistad, la venganza y el rencor.
Si Jesús nos enseñó a poner la otra mejilla, ¿Por qué nos cuesta tanta trabajo perdonar? ¿Por qué alimentamos, por qué alimento, por qué alimentas tú que escuchas, desprecio, pensamientos negativos? En realidad, cuando no puedes perdonar a cierta persona o cierto hecho que casi acabó contigo, el problema no está en esa persona ni en ese hecho realizado, sino en ti, en tu actitud cerrada y negativa y serás tú solamente el que pagará el costo de esta negatividad, porque sacarás enfado, malhumor, frustración, ira, venganza, amargura, desaliento, trastornos de personalidad y mala salud física.
Las personas piensan que el gritar más fuerte que el otro, que el demostrar enojo es “ganar” pero en realidad es lo contrario es decir, es “perder”. Jesús, no respondía –dice el evangelio- ante quienes lo insultaban. Y es que el hacer esto, permanecer como oveja ante el trasquilador, sin abrir la boca, quiebra psicológicamente al que está arrojando las piedras. ¿O no has pensado cuando ofendes a alguien y ese alguien se ha portado muy por encima de tus actitudes groseras y palabras sin control cuando arrebatadamente le has gritado o le has herido, y la otra persona ha permanecido inalterable?
¿Sabes? Conviene que tengas en cuenta diariamente que el origen de todos tus enojos es el miedo infundado, es la no aceptación de tu pasado y la no aceptación de tu persona. Mientras no identifiques que tienes miedo a algo, que no aceptes una por una de tanta herida y no aceptes tu forma de ser, tu físico, tus capacidades intelectuales, tu ser entero, y a los demás exactamente así como son, continuarás enojándote ante situaciones tan intrascendentes, por ese “no se qué” pero que finalmente no te permite reaccionar como una persona dueña de sí misma.
Lo más sano sería que aprendiendo de la debilidad humana, propia
y ajena, trabajaras diariamente en tu corazón, de la mano de Jesús,
para sanar paso a paso, mirando no al pasado con terror, ni al futuro con
espanto, sino viviendo el presente, diciéndote “Sólo por
hoy” me perdono, “Sólo por hoy” acepto mis ojos,
mi nariz, mi voz, mi cuerpo, “Sólo por hoy” cultivo pensamientos
positivos, frases como:
“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” o “Yo soy precioso,
preciosa, porque he sido formado a imagen de Dios y por ello, soy valioso,
valiosa etc.”
Será pues muy importante que todo pensamiento negativo originado por las heridas no sanadas del pasado, lo deposites en las manos de Dios, para poder ir curando paso a paso, con infinita paciencia y todo amor tu corazón y todo tu ser, que ha sido creado para la felicidad, para la positividad, para el verdadero y único amor: Dios.
Pero veamos las características de una persona positiva. Una persona positiva confía sobre todo en Dios y por consecuencia en sí misma porque sabe en manos de quién está su vida, ama incondicionalmente, se solidariza con los demás seres humanos comprometiéndose seriamente en una determinada misión, está en paz, y esa misma paz y amor que refleja, atrae a otros y a otras a unirse al único que ha sido capaz de realizarle como hombre, como mujer, como ser humano es decir, Dios.
Una persona positiva da y recibe, se siente colmada de bendiciones, tiene bien definida su visión de la vida y de cada día, de cada momento; tiene bien definido su Ideal que es Cristo, tiene bien definida su meta que es llegar paso a paso a ejemplo de Jesús el Señor, a amar como ella se sabe amada por el Padre Celestial. Una persona positiva vive el ahora, es alegre, acepta las cosas como son, perdona siempre, y aún más que perdonar comprende siempre, sabe que los seres humanos como ella, han recibido heridas terribles y porque sabe que cuando no se sabe que esto provoca agresividad y ésta no se encausa ni se educa, se reacciona desde la vulnerabilidad, los gritos, los golpes, los abandonos, los rechazos, las humillaciones, las traiciones y las injusticias.
Una persona positiva, no está en contra de sus canas, ni de sus arrugas, pues acepta el proceso de envejecimiento del cuerpo que es normal, ayudándolo al preferir mentalmente la eterna juventud de Dios en su alma sabiéndose feliz y realizada en Dios. Podríamos decir que una persona positiva, como sabe en quién confía es decir, en Dios, es poderosa, es infinitamente rica, conectada siempre a la realidad y constantemente estimulada por el amor verdadero que le viene del Padre Celestial, aunque algunas veces sienta muy de cerca la tristeza, el cansancio, la depresión.
Por otra parte, la negatividad y cerrazón mental ha enloquecido a muchos y a muchas que han preferido darle rienda suelta a sus pensamientos sin control, a sus pensamientos enfermos de anemia perniciosa, aquella que viene por no alimentarse bien, sobre todo, anemia espiritual que atrofia la fe auténtica, la esperanza y bloquea el flujo del amor por no querer vivirlo, por preferir odiar, por preferir remorderse y morder a otros, por preferir no aceptar las circunstancias dolorosas y por no recibir al Señor Jesucristo como Único Salvador y Rey, por no querer alimentarse de la Palabra Divina que tiene poder para transformar el corazón más endurecido y necio en un corazón lleno de amor y docilidad a la voluntad del Padre que es que seamos felices hoy, aquí y ahora.
En nuestro interior, hay una parte de nuestro ser que trata de enloquecernos. Es el depósito de todos nuestros aportes negativos, o aportes negativos de otros, desde que nacimos hasta ahora. Contiene nuestro yo infantil que requiere constante atención y no sabe cómo dar, cómo amar, cómo ser feliz. La Mente consciente le envía al subconsciente ordenes basadas en la información de lo que recibe de la fe o de la no fe, de la bondad o de la agresividad. La parte de la mente llamada inconsciente es el depósito de una enorme cantidad de información tanto positiva como negativa, pero al fin bien guardada y de la que la mayoría de las veces, no somos conscientes.
Dios nuestro Padre, quiso habitar en el corazón del hombre es decir, quiso habitar en lo más profundo de nuestro ser, de nuestra mente y desde esa profundidad, y por esa gracia de ser habitados por Dios, tenemos la capacidad de iluminar ese subconsciente e inconsciente, para que la Presencia Divina y sanadora de Dios, ilumine la casa es decir nuestro interior que fue creado para ser luz y no tinieblas, para dar amor y comprensión y no heridas y frustración. ¿Sabes?, nuestra mente obra a la manera de una computadora, clasificando y encontrando. No cuestiona, ni juzga. No sabe distinguir entre lo justo y lo injusto o la sano o lo enfermizo. El subconsciente cree en lo que dice el consciente, sea o no cierto.
Pero cuando estamos presentes a la única realidad que es Dios habitando nuestro ser, entonces ya no obramos de manera irracional ni negativa, más bien, comenzamos a pensar y por lo tanto a obrar desde la positividad, la felicidad, la alegría verdadera, la creatividad, la solidaridad, el amor, sabemos qué nos conviene y que no nos conviene o le conviene a otros, por lo tanto suceden cosas positivas. Cuando el subconsciente recibe ordenes de la parte consciente, procura ejecutarlas conectándose interiormente con el cuerpo, la inteligencia y los sentimientos. Por eso cuando oye decir: “Soy una persona débil y sin méritos” “No sirvo para nada” No puedo” Soy horrible” etc, se conecta la mente con el cuerpo y lo vuelve a uno físicamente y espiritualmente débil, pusilánime, miedoso y hasta enfermo.
En cambio cuando oye decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” “Con Cristo soy más que vencedor” “Él me hizo una persona fuerte, estable, llena de lo necesario para vivir esta vida con inteligencia, con libertad interior, con madurez en Cristo, con felicidad y amor verdaderos”, nuestro ser comienza a responder positivamente y por ello las enfermedades físicas mejoran y hasta se curan y nuestro ambiente interior se llena de alegría y de paz verdaderas.
Necesitas pues, tú que escuchas, ser positivo, positiva. Esto se aprende haciéndolo es decir, que en lugar de fomentar cada pensamiento negativo que surja del inconsciente herido, fomenta y acrecienta cada vez más y más, pensamientos que surjan también de tu inconsciente habitado por Dios, creyendo y aceptando que Él ya ha tomado todos tus sufrimientos, todas las heridas de tu vida, todas, hasta la última y las ha clavado en la cruz de Jesús, en la que todo, pero todo queda transformado en perdón, en vida, en luz, en libertad interior, en salud, en amor.
Así que aunque sientas el cansancio, aunque el triunfo te abandone, aunque un error te lastime, aunque algún plan se apague, o un ideal se evapore, aunque el dolor asome a tus ojos, aunque ignoren tus esfuerzos, aunque todo parezca nada, se siempre positivo, positiva desde la fe adulta que no se apoya en nada ni en nadie más que en sólo Dios; una fe que espera todo de Dios y de ti mismo, de ti misma.
Acostúmbrate a ver siempre el lado positivo de las cosas. Todo tiene solución en esta vida. Por nada vale la pena enojarse ni guardar rencor o auto agredirse. Desde la fe adulta, las dificultades propias de la vida, te darán la oportunidad –si las vives desde la esperanza- de madurar más y más, como Jesús. Los desaciertos los mirarás como grandes enseñanzas que antes que frenar tu crecimiento interior, te harán mirar siempre hacia delante, hacia la Meta de metas que es Amar como Dios te ama a ti y que es ser responsable, amable, honesto, honesta, feliz, como Jesús.
En las dudas, sabrás discernir con mayor seguridad evaluando la situación por difícil que ésta sea. Orando y siendo positivo, positiva, siempre sabrás qué hacer, sin esperar que baje un ángel del cielo azul para manifestarte la voluntad de Dios. Simplemente aplica los criterios sanos de discernimiento. Pon en un papel una balanza de pros y contras de la situación e ilumina todo esto a la luz de la Palabra del Señor, entonces la solución te resultará más fácil por dura que parezca pues sabes que Cristo ya venció todo por lo que tú has pasado, pasas ahora o pasarás.
En los momentos en los que te experimentes solo, sola, el pesimismo no te doblegará, porque sabes que Él está contigo todos los días, hasta el día en que venga por ti. En la enfermedad saldrás victorioso, victoriosa –por un lado si es voluntad de Dios que quedes sano- y si permaneces enfermo, sabrás luchar con fe y ofrecerlo todo con la intención de que otros conozcan a Jesús como lo conoces ya. Desde la fe, seguro que les llegará la gracia de tu amor en Cristo Jesús.
Ante las heridas, tu ánimo no decaerá porque sabrás que quien desprecia, abandona, rechaza, humilla, traiciona y comete injusticias no se ha abierto al amor incondicional del Señor y sin abrirse, sería como pedirle peras al olmo. Ten en cuenta que las ofensas no existen más que en tu mente y estas tendrán poder sobre ella cuando les des cabida, pero si eres consciente por vivir en la Presencia de Dios las 24 horas del día, las considerarás así: como heridas no sanadas, como paja que se lleva el viento, algo que no puede hacerte nunca daño.
En el nombre del Señor te decimos que si permites actuar a la gracia de Dios en ti en las horas difíciles de tu existencia, su luz interior te guiará y por sobre todas las cosas, un bello mañana es decir hoy, aquí y ahora, amanecerá y comenzarás a mirar todo, desde la única, verdadera e inmensa realidad: Dios.
Hoy
la Palabra del Señor en el libro de Proverbios 22, 17-19 te dice a
ti que escuchas:
“Presta toda tu atención y concéntrate en lo que te enseño.
Te agradará guardar lo que te digo en tu memoria y podrás repetirlo
día tras día. Hoy te lo hago saber para que pongas tu confianza
en el Señor. Estos dichos contienen consejos y conocimientos para enseñarte
a conocer la verdad, para que puedas dar un fiel informe a quien te pregunte”.
Sí, tenemos, tengo, tienes que dar razón de tu fe, de tu firmeza y riqueza en el Señor Jesucristo, sobre todo, con tus pensamientos, miradas, actitudes, palabras y hechos.
Durante nuestro peregrinar durante 23 años de estar al servicio en esta misión de ayudar a las personas a encontrar el sentido de su vida, vienen a decirnos sus problemas espirituales y emocionales y nos preguntamos: ¿Cómo se rigen las mentes de todas estas personas?, -más de 10,000 a través de 9 años concretamente hablando desde que iniciamos nuestra asociación civil. ¿En quién basan su fe? ¿A qué voces internas hacen caso? Parece ser que el ser humano a la voz que más caso hace, es a la voz del pasado en donde hubo muchas heridas que aún hoy, no han sido sanadas, no han sido solucionadas, no han sido tratadas.
Para nosotros, entre otras causas, ésta es la principal explicación del por qué las personas, no viven felices agonizando en su interior desalentadas, entre el vaivén del rencor, el resentimiento, el miedo, la duda, la inseguridad y por consiguiente la sensación de vacío, frustración y todo esto, como consecuencia de un caos mental, que les lleva a la depresión.
Por eso hoy, una vez más, aquí y ahora te decimos: No te rindas, no le tengas miedo a nada, ¡Comienza a ser positivo, positiva! y se humilde como Jesús, para seguir recogiendo todas estas enseñanzas que lo único que pretenden es que tu encuentro personal con Jesucristo vivo en el corazón y con el Padre Dios, sea cada vez más sencillo, más profundo y que tu vida diaria, se traduzca –aún en medio de la lucha-, en paz, en armonía interior, en amor.
Albert Einstein decía, hablando de la necedad del ser humano ante romper una programación mental negativa, que es más fácil desintegrar el átomo, que una programación cerrada, prejuiciosa y por lo tanto, negativa. Y nosotros decimos por consecuencia, que el ser humano queda convertido en títere de sí mismo al no permitir la libertad gloriosa de los hijos de Dios y esa libertad está reflejada y vivida en Jesucristo. Sólo hay que fijar la mirada en Él.
El ser humano tiene experiencias a través de su vida, que han afectado y controlado su inteligencia, su pensamiento, su libertad. Hoy encontramos por las calles niños, jóvenes, adultos y ancianos que no tienen comportamientos vivos, sencillamente porque están respondiendo a voces del pasado, a personas del pasado, a experiencias del pasado. Porque tuvieron algunas experiencias que les afectaron y controlaron y hasta hoy, no son libres, en realidad no están vivos.
El Señor Jesús en el evangelio nos enseña lo siguiente y nos dice: “El que no odia a su padre y a su madre no puede ser mi discípulo”. La gente al oír esto se queda escandalizada preguntando pero ¿Qué dice?
En realidad Jesús el Señor no quiso decir que debemos odiar a nuestros padres. No. Dijo que debemos amarlos tanto como Dios nos ama a nosotros mismos. Más bien debemos entender que éste padre y esta madre a la que Jesús el Señor se refiere es a todo aquello que cargamos en la mente y que nos controla. Se refiere a todo aquello a lo que nos apegamos por ejemplo: al sentimiento de vergüenza por algo que pasó en nuestra infancia o adolescencia; se refiere al resentimiento por el abandono de alguien; se refiere al coraje ante las traiciones, se refiere a la impotencia ante tanta injusticia etc.
Jesús sabía que no podemos estar vivos espiritualmente con todo esto en nuestra mente, por ello nos invita a seguirle, a desapegarnos de programaciones inútiles y negativas para poder ser libres, para poder servirle en el prójimo, para que nuestra mente se centre en Dios, el Padre, y en Jesús nuestro Hermoso y Único Salvador.
Ahora, de una manera muy sencilla, enseguida te brindamos el siguiente ejercicio: Vas a pensar en un acontecimiento del pasado que haya ocurrido recientemente. Algo ocurrido ayer o la semana pasada o hace 3 semanas. No evites recordar lo desagradable. Si fuera desagradable, mejor.
Para ello, cierra tus ojos, respira suave y lento y comienza a recordar….pero con la cualidad de que debes observar tus reacciones, una por una, ante estos recuerdos…. ¿Ya tienes lo ocurrido? ¿Cómo te miras? ¿Estás enojado, enojada, confundido, confundida, triste?
Ahora pregúntate ¿A qué convicciones has llegado ante esto y qué actitudes tomas a raíz de esto en tu vida diaria? ¿Son positivas?
Nuevamente pregúntate ¿A qué voz estás respondiendo cuando alguien toca esa herida o te recuerda ese acontecimiento doloroso?
Ante esto, ¿No será quizá no tanto tu reacción sino la reacción de otros en ti? Es decir, ¿No estarás reaccionando de la misma manera de reaccionar de tu padre o de tu madre, o de tus abuelos etc, o de alguien que influyó mucho en tu vida con su manera de ser no precisamente iluminada por el evangelio de Jesús?
Observa cada reacción, simplemente observa……….
Un día vino a estos talleres de excelencia personal un hombre que había quedado paralítico y nos dijo: “Por primera vez tuve tiempo de mirarme a mi mismo y descubrir el amor de Dios en mi corazón. Pude descubrir el sentido de mi vida, ver mis reacciones y pensamientos e identificar de dónde procedían. Mi vida ahora es mucho más profunda, más rica y mucho más atractiva que antes”.
Parece que la falta de tiempo para detenerse, es otra razón por la cual las personas son vencidas por el miedo y por lo tanto por los resentimientos y tanto sentimiento hostil que como la hierba, si no se controla, crece fácilmente con la tormenta de las prisas hasta ahogar el corazón.
Tal parece que estamos como aquél que iba por la calle de prisa y que fue sorprendido por el ladrón que le dijo: “El dinero o la vida”, a lo que respondió: “Mire, es mejor que me quite la vida porque necesito el dinero para mi vejez”. Si te causó esto risa, qué bueno, porque han subido tus niveles de endorfinas, esas hormonas que necesitas para poder equilibrar tus estados emocionales, pero en realidad no es cómico sino alarmante lo que nos pasa por vivir distraídos, dormidos.
Necesitamos darnos cuenta de que el pasado, las heridas como el futuro y el miedo, son irreales y todo lo que podamos sentir al respecto, es totalmente infundado, porque Dios nos ha dado la capacidad de ser libres y felices. ¡Es una sola vida la que venimos a vivir a este mundo! ¡Y desperdiciarla entre angustias, ansiedades, cerrazón mental y depresiones causados por el miedo a vivir, es la más grande locura!
Es cierto que necesitamos tener la visión de lo que queremos sobre todo si esto que queremos está fundamentado en el amor de Cristo y dentro de la voluntad de Dios que es que seamos felices y libres en él y que nos amemos a nosotros mismos y a los demás con la locura que Él nos ama, pero desperdiciar el único instante que tenemos para vivir por desconectarnos de la realidad y sumergirnos en la negatividad, es el mayor síntoma de locura que podamos estar viviendo.
Para terminar te dejamos con la siguiente anécdota: Una familia pensaba viajar a Suiza durante tres días. Gastaron meses planificando las vacaciones y cuando llegaron, perdieron la mayor parte del tiempo planeando el viaje de regreso. Cuando estuvieron en Suiza, en lugar de aprovechar aquél escenario deslumbrante, aquellas montañas nevadas, aquellos campos y montes impresionantes, en lugar de respirar la atmósfera, en lugar de disfrutar de todo, se preocuparon por sacar fotografías para mostrárselas a sus amigos. Fotografías de lugares en donde nunca estuvieron. Sí, estuvieron físicamente, pero no realmente, porque estaban en otro lugar. ¡Fueron vacaciones irreales, vida irreal!
Así que tú que escuchas, desde éste instante, no seas más miembro de la cultura del mañana: “Mañana comienzo a ser positivo, mañana estudio inglés, mañana haré ejercicio, mañana oraré, mañana seré mejor, mañana no seré tan gritón, mañana reaccionaré de otro modo, mañana”…..¿Sabes? si sigues postergando tu felicidad y por consiguiente la felicidad de los que te rodean, muy probablemente mueras sin haber vivido, nunca. Por ello te decimos en el nombre de Jesús: Despierta y no te rindas ante el rencor. Comienza a ser positivo hoy, aquí y ahora. Amén.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….
Y desde esa fe adulta, fe preciosa, fe inquebrantable, dile al Señor allá en el silencio de tu corazón: Oh Señor, feliz el pueblo que sabe alabarte con alegría y camina alumbrado por tu luz, que en tu nombre se alegra todo el tiempo y se entusiasma por tu rectitud.
Oh Señor, tú me has escogido portentosamente para realizarme en tu amor, para que sea feliz en ti, para que durante mi paso por esta tierra, vaya descubriendo la infinita riqueza que has depositado en mi corazón y desde ti, desde tu mirada, vaya descubriendo cómo también estás pleno en cada ser humano que habita este planeta aunque por ahora sólo vea más su humanidad herida pero desde la fe, vislumbro ya tu reino despertando el corazón del hombre al amor.
Oh Señor, tú eres mi fuerza y mi hermosura y con tu gracia estoy experimentando cómo aumenta más y más acá en mi interior la fortaleza y el poder invencible gracias a tu buena voluntad. Tú Señor eres mi protector, mi rey, el Santo de Israel. Oh Señor, con tu aceite santo me has consagrado para ti y me has prometido tu ayuda incondicionalmente a la hora que sea cumpliendo tu palabra ante mis enemigos interiores, sobre todo, ante la no fe, y el desaliento. Oh Señor, tú eres mi Padre, el Dios que me salva y me protege. Me has dicho que tu amor por mi será constante y tu pacto será siempre firme, que nunca por todos los siglos, me dejarás de amar. Oh Señor, yo confío en ti y se que por añadidura, no me fallarán las fuerzas nunca, aunque a veces sienta muy de cerca la fragilidad humana. ¡Te amo Señor! (Mús)
Ahora, escucha lo que el Señor te responde con infinito amor: No tengas miedo de las amenazas de nadie. Todo eso es nada ante mi amor. El egoísmo será devorado por mi luz. No tengas miedo. Se consciente de que el hombre hoy se levanta, pero mañana desaparecerá, porque habrá vuelto su cuerpo al polvo y sus planes egoístas se reducirán a la nada ya que en mi infinita misericordia, todo será convertido en perdón y paz.
¡Ánimo! Hijo mío, hija mía, se valiente y apóyate en mi ley, la ley del amor, pues ella será tu mayor gloria, ella te revelará mi plenitud. Te he dado a mi Hijo unigénito Jesús. Hazle caso siempre porque Él es el único Camino, la Verdad y la Vida. El será el jefe al frente de mi pueblo que eres tú y peleará las batallas con mansedumbre, humildad, no violencia, con amor. Tienes el Espíritu Santo que ahora mismo está como el potente rayo láser, sanando tus heridas más profundas y aunque vengan otras y produzcan una batalla en tu interior, no tengas miedo ni te dejes dominar por el pánico, más bien acuérdate de cómo he salvado a todos tus antepasados en la fe. Clama a mí y te favoreceré. Así sabrá toda la gente que trata contigo, que hay uno que libra y salva a Israel. Con amor eterno te he amado, te amo y te amaré. (Bis)
No te rindas, elige no enojarte
Durante el proceso de sanar, volver a estar en contacto con esos sentimientos
provenientes de nuestras programaciones mentales negativas que nos dicen que
deberíamos enojarnos ante algo que sentimos que nos hiere, será
algo normal, mientras no queramos ir cambiando nuestra manera de pensar. Para
poder ir sanando una por una de nuestras heridas, necesitaremos ir discerniendo
la causa del suceso que inició cada herida y una por una irla cerrando
con la ayuda de Dios hasta que no duela más.
Para ello, primeramente necesitarás querer aceptar que todos los seres humanos estamos heridos y muchas veces, no sanados, y que continuar repasando lo que nos hace sufrir así, sin más, es verdadera locura.
Continuar atesorando esos sentimientos de vergüenza, de frustración, de culpa, de honda tristeza, que ya no son más que un reflejo, algo intangible e irreal que nos mantiene anclados en el punto del espacio tiempo es decir en el pasado cuando sucedió el evento en el cual elegimos sentirnos de esa manera es irracional, porque la obstinación, la recriminación, los reclamos los tan famosos “Por qué a mi”, no sirven para nada y sí dificultan el camino para seguir adelante con libertad interior y alegría en nuestra vida.
En realidad, todo cuanto pensamos, todo cuanto pienso, todo cuanto piensas,
dices, sientes y haces es tu elección. Tú eliges continuar conectándote
de manera negativa con el pasado, y viviendo negativa y emocionalmente en
él, cada vez que te permites revivir esos sentimientos así,
sin fe.
Fíjate cómo no te estamos aconsejando que mutiles tu pasado
ni te estamos diciendo que no quieras ver nunca más en tu mente tu
pasado difícil, no. Más bien te estamos sugiriendo que cuantas
veces te conectes a tu pasado, no lo hagas de manera negativa, por muy doloroso
que este haya sido. Uno aprende a mirar su vida de una manera positiva, cuando
te has tomado de la mano de Jesús el Señor bien fuerte y sólo
cuando ames con locura santa al Padre Celestial y a Jesús y cuando
te dejes amar plenamente por su Amor Divino, cuando confíes plenamente
en Él, cuando puedas decir desde el corazón:
“Yo no se nada Padre mío, solamente se que me amas. Se Padre,
que en Jesús ha sido tomada toda mi vida, purificada, transformada;
entonces quedo en silencio en mi mente y no me martirizo ya nunca más.
Más bien, fijo mi mirada en Jesús, mi Señor, y pongo
toda mi confianza en Él y en ti Padre, esperándolo todo de ti
Dios mío y de mi, porque contigo, se que puedo transformar mi mente
en un oasis de paz, en un hogar verdadero a donde los demás puedan
encontrarte a ti, único Dios verdadero”.
Será bueno que te reconozcas como un ser humano que puede elegir expresarse
a través de cualquier sentimiento en cualquier situación que
consideres conveniente siempre y cuando éste sentimiento esté
iluminado por la fe para no perjudicar a nadie, ni a ti mismo, por supuesto.
Expresarnos con libertad, nos valida como seres humanos sensibles, y valida
también los sentimientos sobre todo cuando son encausados por el verdadero
amor, y hacer esto, sostenidos por la gracia de Dios, nos permitirá
reconocer claramente a esos sentimientos por lo que realmente son: signos
y señales de que estamos sanando, y vamos en el camino correcto.
Pero existe un pequeño detalle. Para lograr validar esos sentimientos
reconociéndolos como lo que realmente son, necesitamos primero entrar
en contacto con ellos. Y para facilitarnos esta tarea de ayudarnos a saber
cuales son, lo mejor será atravesarlos es decir, revivirlos en la pantalla
grande de nuestra imaginación de la mano de Jesús si huir ni
aumentar ni quitar nada, sino viviendo inmensamente todo ello desde la fe,
mirando cómo Jesús sana cada momento doloroso de nuestra existencia
y aceptando que nos ama sin condiciones.
El proceso de sanar involucra transformar sentimientos y emociones que experimentamos
de forma negativa y adversa, en otros que nos resultan positivos y beneficiosos.
Por ahora vamos a identificar los sentimientos más comunes que necesitamos,
que necesito que necesitas reconocer, validar, atravesar y transformar en
este proceso de sanar.
Comenzamos con la duda. La duda podría ser un obstáculo en el
camino de sanar. Cuando la duda está presente, creemos que nada es
posible. Decimos: ¿Será? O ¡No será! Sabemos que
lo que pensamos crea una vibración que atrae aquello que creemos con
nuestros pensamientos. Si dices que “No vas a poder”, en realidad
no vas a poder. Si dices que no vas a cambiar, no vas a cambiar. Cuando experimentamos
la duda, la vibración que enviamos declara que lo que deseamos manifestar
no es posible, y eso es lo que atraemos. Es como la gota de tinta que se vierte
en un vaso de agua cristalina. Cualquier tipo de duda puede entorpecer el
proceso de sanar. Y dudar de nosotros mismos podría detener el proceso
y hasta anularlo.
En Mateo 17, 14-20 Jesús nos da una enseñanza suprema. Dice
Mateo que “Cuando llegaron a donde estaba la gente, se acercó
un hombre a Jesús, y arrodillándose delante de él le
dijo: Señor ten compasión de mi hijo, porque le dan ataques
y sufre terriblemente; muchas veces cae en el fuego o en el agua. Aquí
se lo traje a tus discípulos pero no han podido sanarlo. Jesús
contestó:
Oh gente sin fe y perversa. ¿Hasta cuando tendré que estar con
ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Traigan acá
al muchacho. Entonces reprendió al demonio y lo hizo salir del muchacho
que quedó sano desde aquél momento. Después los discípulos
hablaron aparte con Jesús y le preguntaron: ¿Por qué
no pudimos nosotros expulsar el demonio? Jesús les dijo: Porque ustedes
tienen muy poca fe. Les aseguro que si tuvieran fe aunque sólo fuera
del tamaño de una semilla de mostaza, le dirían a este cerro:
Quítate de aquí y vete a otro lugar y el cerro se quitaría.
Nada les sería imposible”.
Si te fijas, Jesús el Señor recalca dos adjetivos: sin fe y
perverso. Analicemos el primero: sin fe. Es como un cierto reproche que utiliza
para sacudir la fe empolvada y hasta dormida de los apóstoles. Para
Jesús no hay nada imposible pues es Dios, es el hijo único del
Padre, y Jesús sabe que el ser humano fue creado a imagen y semejanza
de Dios y que el ser humano está dotado de todo lo necesario para realizar
el proyecto de Dios que es que amemos como Él nos ama y en Jesús
sabemos que, hemos sido llamados a realizar sus obras y aún mayores.
Así lo dijo Él.
Cuando un ser humano, cuando tú que escuchas decides no levantarte
desde la fe, Dios respeta tu libertad y aunque el Padre Celestial y Jesús
quieran sacarte de esa situación imposible a tus ojos -como era el
caso del chico enfermo del evangelio- tu decisión de incredulidad como
la de los apóstoles, impedirá la acción de la gracia.
Aprovechamos para decirte lo que nos enseña el agustino Antonio Salas
en su tomo III de Biblia y Catequesis sobre los Evangelios, que en el mundo
antiguo, se denominaban posesos, o endemoniados a las personas enfermas de
epilepsia, esquizofrenia, lunáticos y tanta enfermedad mental que si
bien hoy la psiquiatría y la psicología en pleno siglo XXI,
no va muy adelantada en cuanto a saber el origen real de todo esto, imagínate
en tiempo de Jesús, así que por ejemplo, a las enfermedades
que no se veían, las achacaban al demonio.
En realidad -dice el agustino Antonio Salas- Jesús no era un curandero
cuyo fin era simplemente sanar o hacer cosas sorprendentes sino que la finalidad
última de sus acciones fue la de proclamar que donde Dios ejerce su
reinado, allí el ser humano se salva es decir, que aquél corazón
que le abre las puertas de par en par y sin condiciones, habrá encontrado
la salvación. Puedes hacer Lectio Divina de Lucas 19, 1-10 y Marcos
10, 46-52.
Jesús exclama: Oh gente sin fe y perversa. ¿Hasta cuando tendré
que estar con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos?
Traigan acá al muchacho. Entonces reprendió al demonio”.
La fe de Jesús era totalmente viva, plena. Jesús sabía
que con la fe puesta en Dios, que con la fe puesta en el Padre Celestial,
el ser humano puede cualquier cosa si se trata de crecer, de madurar, de amar,
de perdonar, si se trata de limpieza y salud mental y hasta física.
Pero para llegar a esa fe, necesito, necesitas luchar hasta que te salga sangre.
Esto de “Hasta que te salga sangre” los hemos dicho en sentido
figurado, metafórico es decir que necesito, necesitas practicar la
fe, una y otra y otra vez, y la fe se practica en todo tiempo, hasta para
hacer la comida, y la tarea de la escuela o el trabajo en la oficina o en
el taller, sobre todo cuando hablamos de la actitud interior es decir, de
hacerlo con amor, con alegría, con entrega, pues si no comenzamos por
lo pequeño, no podremos con lo grande. Esto nos lo enseña Jesús
cuando dice: “El que no es fiel en lo poco, no puede ser fiel en lo
mucho”.
Necesitarás querer reprender al estilo de Jesús, con su gracia
e invocando su nombre, al demonio de la incredulidad, al demonio de la flojera
por la que te dejas llevar cuando sabes que necesitas estar en contacto con
la Palabra del Señor y no quieres.
Y reprender es amonestar y amonestar es hacer presente el poder de Dios en
tu vida para que tu consciente, subconsciente e inconsciente advierta y considere
quién eres es decir, para que tengas presente que eres un hijo, una
hija predilecta del Padre Celestial, creado, creada para vivir al estilo de
Jesús, para ser feliz es decir, para sufrir menos y procures y evites
todo pensamiento negativo, todo pensamiento que proviene de la incredulidad,
la soberbia y del estar encerrado, encerrada enfermizamente sobre ti mismo,
sobre ti misma.
Jesús sabe que si el ser humano no pone a caminar su fe, ésta
se aletarga, se deteriora, se empobrece. Por eso, hoy, aquí y ahora,
deseando que echemos a caminar nuestra fe, nos dice: “Les aseguro que
si tuvieran fe aunque sólo fuera del tamaño de una semilla de
mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de aquí y vete
a otro lugar y el cerro se quitaría. Nada les sería imposible”.
Jesús no dice que viviremos tronándonos los dedos ante las circunstancias
difíciles. No. Nos dice que nada nos será imposible si tenemos
fe.
Fe significa certeza, certidumbre, confianza, convencimiento, convicción,
esperanza, seguridad, compromiso, fidelidad. Fe significa conocimiento claro
y seguro de algo, significa confiar y esperar en Alguien, con mayúscula.
Fe es tener ánimo para obrar y convicción de estar fuertemente
adherido al corazón de Dios.
Así que tú decides si poner a caminar tu fe o no en el momento
de la prueba. En realidad, en una Universidad, las pruebas son para saber
si nuestra capacidad intelectiva está lista para realizar trabajos
concretos y hasta inventos que pueden ayudar al ser humano a vivir mejor cada
día.
Las pruebas propias de la vida, los momentos difíciles, son oportunidades
para crecer interiormente. Las pruebas propias que vienen de relacionarnos
unos con otros, las pruebas propias que vienen cuando pasamos de bebés
a niños y de niños a preadolescentes y de preadolescentes a
jóvenes y de jóvenes a adultos y de adultos a ancianos, si nos
tomamos fuertemente de la mano de Jesús sobre todo cuando ya somos
conscientes de que somos seres humanos hechos para el amor, y si permitimos
que Dios nos ilumine con su Palabra, nos harán invencibles en Cristo
Jesús.
Si hoy le preguntáramos al apóstol Pablo si fue feliz, a pesar
de haber padecido calumnias, persecuciones, enfermedades, naufragios, cárceles,
azotes, seguro que nos diría: “Superabundo de felicidad y me
glorío en lo doloroso de mi vida. En realidad todo eso que pasé
no fue nada, comparado con vivir plenamente a Cristo en mi corazón
además de que siempre disfruté de esa alegría inmensa
que me venía de saber que muchos, hasta tú que escuchas hayan
y estén conociendo a Cristo verdaderamente”.
La duda no es más que el reflejo invertido de la confianza, la otra
cara de la moneda, y como señalamos anteriormente, es nuestra elección
de lo que decidimos experimentar.
Si mantenemos nuestra visión enfocada en la meta de ser como Jesús y de sanar para amar más a su estilo, emplearemos afirmaciones positivas al hablar, y viviremos eternamente agradecidos, no dando lugar para la duda en nuestras vidas, dando nacimiento y fortaleciendo la confianza que florece como fruto de lanzarnos sin más al abismo insondable del Padre Dios.
Cuando confiamos en la gracia de Dios y en nosotros mismos en Jesús,
los talentos que hemos recibido de lo Alto, se reafirman y gracias a su amor,
podemos crear verdaderos cambios en los patrones mentales y bioquímicas
de nuestro organismo, que a su vez nos permiten sentirnos bien y podemos modificar
nuestros patrones de pensamientos, para que los sentimientos les sigan de
manera armoniosa y adecuada para poder interactuar con respeto y amor con
todos aquellos que diariamente se cruzan en nuestro camino.
Otro sentimiento que puede detener y hasta imposibilitar el proceso de sanación
interior es la apatía. Permítenos decirte que si continúas
permitiendo que la duda exista en ti, perderás la oportunidad que te
brindan la certeza y la fe para poder ir sanado paso a paso, heridas no solucionadas,
situaciones del pasado no concluidas no aceptadas, podrías llegar a
sentir apatía.
Apatía significa dejadez, indiferencia impasibilidad, abulia. La Dejadez
es olvidarte de ti mismo en un sentido profundamente negativo. Esto te lleva
a la indiferencia es decir, te da igual lo que permites construir en tu mente
y esto te genera el permanecer impávido ante tus pensamientos negativos
y sencillamente impasiblemente te dejas llevar, te dejas arrastrar, te dejas
envolver, te dejas ahogar llegando hasta la abulia o pérdida del ejercicio
de la voluntad.
Si te permites llegar a ese estado, podría dejar de importarte si las
cosas mejoran o empeoran, y entrarías en un estado letárgico
en el cual no dirías, harías, o querrías nada y esto
te sumergiría en una profunda depresión. Así que nuevamente
nos encontramos, me encuentro, te encuentras –tú que escuchas-
en la posición de decidir.
¿Sabes? La apatía también tiene otra cara, y es la de
darnos importancia, la de amarnos como el Señor nos ama, la de valorarnos
como un instrumento maravilloso en las manos del Señor, y la de dar
importancia a los demás, al estilo de Francisco de Asís que
dijo: “Señor, hazme un instrumento de tu Paz; que donde haya
odio lleve yo tu amor; donde haya injuria tu perdón Señor; donde
haya duda, fe en Ti.
Maestro, ayúdame a nunca buscar querer ser consolado sino consolar,
ser comprendido sino comprender, ser amado sino yo amar. Hazme un instrumento
de tu Paz, que lleve tu esperanza por doquier, donde haya oscuridad lleve
tu luz, donde haya pena tu gozo Señor. Pues es perdonando como somos
libres interiormente, es dando a todos que te experimentamos vivos en el corazón;
es muriendo como volvemos a nacer.
Hoy, aquí y ahora, ¿Qué prefieres? ¿Cuál
es tu elección?
Para facilitarnos lograr la transición desde la apatía a amarnos
incondicionalmente –pues sólo quien se ama y se sabe amado infinitamente
por Dios, puede amar a los demás sin condiciones-, nos ayudará,
me ayudará, te ayudará el hecho de reconocer que con Dios, eres
invencible, que con Dios, todo lo puedes, que Dios te ha dotado de cualidades
que podrán desvanecer cualquier sentimiento de apatía para poder
comenzar a participar conscientemente en el proceso de sanar.
La ansiedad es otro sentimiento limitante. La ansiedad es la experiencia de
desear algo ya, aunque entendamos que podríamos tener que esperar algún
tiempo para obtenerlo. Recordemos que sanar es un proceso, y los procesos
toman su tiempo, ni corto ni largo, solo su tiempo.
El único lugar donde existen el pasado y el futuro es en nuestra mente,
en nuestros recuerdos e imaginación. El único momento que realmente
existe es el presente, éste instante, el aquí y el ahora.
Si te ejercitas en concentrar tu atención al momento presente, podrás
aceptar tu realidad actual, lo que te permitirá conectarte con la otra
cara de la ansiedad, que es la seguridad, la calma y aún más,
con la paz. El desafío de la vida consiste precisamente en vivir el
momento presente. Si no estamos plenamente en el presente nos perdemos de
vivir, no nos damos cuenta de nada. Por ejemplo, cuando pasamos ante una flor
o si un niño se nos acerca sonriendo y no estamos realmente presentes
por estar pensando en el futuro o en el pasado, o por estar preocupados por
algún problema u ocupados en enojarnos, es como si el niño y
la flor no existieran.
Jesús el Señor vino a decirnos que necesitamos estar presentes
al gran Presente que es Dios y que para estar realmente vivos, tenemos la
necesidad de ser conscientes que la felicidad es una actitud interior y que
es decidirnos por el momento presente, entonces, el niño y la flor
se manifestarán en todo su esplendor. Sólo así podremos
abrazarlos, darnos cuenta de su sonrisa y de su presencia en nuestra vida
para poder abrazarlos. En realidad la paz es el camino por el que Jesús
el Señor quiere que caminemos y Él es la paz; paz que puede
manifestarse en el presente a través de nuestra mirada, de nuestra
sonrisa, de nuestras palabras y nuestros actos.
Cada paso que des, deberá ser de paz. Cada paso que des deberá
ser de alegría. Cada paso que des deberá ser de felicidad. Cada
paso que des deberá ser de madurez en Cristo Jesús y bastará
con poner tu voluntad en ello para lograrlo, pues ya tienes la gracia del
Señor para realizarlo. Repítete en tu interior: “Todo
lo puedo en Cristo que me fortalece. Todo lo puedo en Cristo que me ilumina.
Todo lo puedo en Cristo que me ama. Todo lo puedo en cristo que me pacifica.
Todo lo puedo en Cristo que ya venció por todo lo que estoy pasando
ahora”.
¿Sabes? No necesitas del futuro para ser feliz. Tu futuro, es Él,
Dios, el Padre Celestial, Jesús y el Espíritu Divino, así
que ya puedes comenzar a sonreír y relajarte pues tienes todo para
vivir plenamente hoy, aquí y ahora.
Otro sentimiento que obstaculiza el proceso de sanación, es el desamparo.
Sentirse desamparado es sentirse como sin lugar, sin derechos, totalmente
abandonado a la propia suerte. Si prefieres seguir viviendo con dudas, apatía
y ansiedad proveniente de la superficialidad, podrías alcanzar un punto
en el cual simplemente decides rendirte en la vida al experimentarte desamparado,
desamparada.
Y comienzas a pensar que ese estado es permanente, te olvidas que todo se
encuentra constantemente en cambio, que esto por lo que pasas también
pasará y descartas toda posibilidad de mejorar tu calidad de vida.
Afortunadamente aun en este estado sanar es muy sencillo, pues solo necesitarás
querer abandonarte en los brazos de ese Padre Celestial que es providente,
que siempre está atento, que te da su ser para cobijarte, para protegerte,
para amarte para ayudarte, para realizarte. El abrirte sin más en confianza,
en fe, en amor, en esperanza al amor incondicional y gratuito de Dios, acelerará
el proceso de sanar las heridas y el desamparo se desvanecerá cuando
comiences a poner en marcha las habilidades y destrezas que Dios te ha dado
para tocar puertas, para buscar soluciones, para pedir perdón y para
abandonar todas aquellas reacciones que te limitan, te empobrecen y limitan
y empobrecen a otros.
Otro sentimiento que nos impide vivir plenamente y nos estorba para vivir
el presente, para vivir en la reconciliación constante, es la tristeza.
La tristeza es una emoción que si le das rienda suelta, puede conducirte
a la pena o sufrimiento profundo. Pena es la emoción que experimentamos
al concentrarnos en lo que hemos perdido, o creemos que nos falta, por olvidarnos
de lo que aún nos queda. Y lo que aún nos queda es la plenitud.
Y lo que aún nos queda es Dios porque Dios no se va, Dios es fiel.
Dios permanece. Dios no nos abandona y Sólo Dios es Dios. Todo lo demás
es pasajero.
Querido hermano, hermana que escuchas: Si aún estás enojado,
enojada por la muerte de algún ser querido o por el abandono de alguien
o por la grosería e inconsciencia de tus hijos o del vecino…Si
aún estás enojado, enojada por tus equivocaciones, permítenos
decirte que nadie sobre todo cuanto existe es Dios, así con mayúscula.
Sólo Dios es Dios y la Palabra del Señor, invitándonos
a vivir desde la sabiduría divina, deseando profundamente que tu y
yo seamos felices en medio de la tribulación, en medio de todo nos
invita a tener un único centro, una única motivación
de vivir, es decir, nos invita a que hagamos de Dios el único centro
de nuestro corazón; que hagamos de Dios nuestra única esperanza,
nuestra única expectativa de vida y que Jesús sea nuestra talla,
nuestro modelo, nuestro aliciente, nuestra esperanza, nuestra salud, nuestro
todo. Con Él, las penas más duras se disipan. Con Él
todo cobra sentido. Con Él nada nos puede tumbar.
Durante el proceso de sanar las heridas, es posible que sintamos tristeza
profunda, pero podrías comenzar por concentrar tu mente en la Meta,
es decir, en Jesús, en la libertad interior que proporciona el entregarle
la vida a Dios, en lo que deseas crear, y hacer afirmando diariamente como
si ya existiera, por ejemplo puedes comenzar a decir hasta en voz alta si
se puede:
“En tu nombre Jesús proclamo que estoy cambiando”, mientras
tú que escuchas, pones en acción el amor, la misericordia, la
positividad, la alegría, el perdón incondicional, apoyado, apoyada
en la gracia de Dios.
Día con día proclama lo siguiente según sea tu caso:
“Esta violación, este manoseo, esto que me decían cuando
era pequeñito, pequeñita ya no puede hacerme más daño
ahora, porque se Señor, que soy una maravilla de tu amor, y si mi incapacidad
de comprensión me impidió asumirlo y acomodarlo de una manera
positiva en mi inconsciente, comprendiendo que eran las heridas de otros las
que obraban y se pronunciaban, hoy se que ahora soy más grande que
todo eso y perdono y recuerdo con amor, con bendición y no con rencor”.
Hacer esto diariamente cuantas veces sea necesario, no solo te permitirá
transformar la tristeza en alegría, sino que estas afirmaciones comenzarán
a hacerse realidad en tu vida. La rabia, es otro sentimiento que paraliza
la sanación, ya que para sentir rabia necesitas culpar a algo o alguien,
escoger algo externo a ti y hacerlo culpable, colocándote como victima.
Al asumir el papel de victima, sientes rabia hacia el culpable, y descargas
sobre él toda tu responsabilidad.
La rabia le va a abrir camino a la culpa; en lugar de responsabilizarnos por
nuestros actos, sobre todo ahora que decimos vivir con la conciencia más
despierta preferimos, prefiero, prefieres –tú que escuchas- abrir
la experiencia de culparte a ti mismo a ti misma por algún pensamiento,
palabra o acción que cometiste en el pasado. Tu imaginación
se abre de par en par y reproduce imágenes del pasado, acciones y hasta
palabras. ¿Sabes? Reconocer que la rabia no es necesaria y que sí
lo es el aceptar que el perdón es fundamental, perdón ante todo
a ti mismo a ti misma para luego poder perdonar a los demás, podría
ser el primer paso para tomar las riendas de la responsabilidad por tus propios
pensamientos, acciones y palabras y comenzar así tu liberación
interior sobre todo porque no te juzgas sino más bien te comprendes
infinitamente, como Dios te comprende, y te amas muchísimo, tanto como
Jesús te amó cuando murió en la cruz.
Tú decides si clavar en la cruz de Cristo tu pasado y tu vida entera,
o si decides estar clavado, clavada en las heridas. Las personas que se quedan
clavadas en las heridas, generalmente lo hacen además de por estar
ensimismadas y encerradas sobre sí mismas, por estar disfrutando morbosa
o patológicamente su amor propio herido y no quieren ser libres, porque
esto implica necesariamente vivir con responsabilidad, alegría y libertad
interior.
Liberarte de la rabia y las culpas podrá ser tan sencillo como perdonar
cuando te perdones a ti mismo, a ti misma como Dios te ha perdonado desde
toda la eternidad, y cuando perdones a quien sea necesario, al reconocer que
todos los seres humanos estamos heridos pero que no estamos abandonados a
nuestra suerte sino que hemos sido restaurados y hechos de nuevo en Jesucristo.
No olvides nunca que Dios ha respetado tu libertad y la libertad de quienes
te han herido y que Dios nunca ha querido el mal para ti y que si las cosas
han sucedido como han sucedido es porque el Padre lo permitió aunque
le doliera más que a ti, pero su Palabra en Romanos 8,28 nos dice hoy
a mi, a ti que escuchas: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para
el bien de quienes le aman y a quienes Él ha llamado de acuerdo con
su propósito. A los que antemano Dios había conocido, los destinó
desde un principio a ser como su Hijo, y a los que Dios destinó desde
un principio, los llamó; y a los que llamó, los declaró
libres de culpa y les dio parte en su gloria”.
¿Te imaginas? Dios te predestinó desde toda la eternidad para
ser como su Hijo Jesús y te ha declarado libre de culpa, para que entres
desde esta tierra a disfrutar de esa gloria que viene del que es Todo Poderoso
pero también todo cariñoso. Hoy podemos hacernos la siguiente
reflexión: ¿Qué sabe de comprender el que no ha sufrido?
En la carta a los Hebreos 2, 10 nos dice que “Dios por medio del sufrimiento
tenía que hacer perfecto a Jesucristo el salvador. Y en los versículos
13 y 14 dice refiriéndose a Jesús: “Aquí estoy
con los hijos que Dios me dio. Jesús, fue de carne y sangre humanas
para derrotar con su muerte al que tenía poder para matar es decir,
al egoísmo. De esta manera ha dado libertad a todos los que por miedo
a la muerte viven como esclavos durante toda la vida”.
Sí, realmente vivimos muertos de miedo a la responsabilidad, a la libertad
verdadera, a la alegría que viene de confiar en Dios, a la obediencia
a su Palabra y por eso preferimos permanecer esclavos, pero la Palabra del
Señor hoy nos sigue animando en el versículo 18 cuando dice:
“Como Él mismo sufrió y fue puesto aprueba, ahora puede
ayudar a los que también son puestos a prueba”. La prueba es
el indicio que nos permite demostrar lo valioso que somos porque Dios nos
ha hecho seres humanos valiosos. El hecho mismo de ser seres humanos implica
ya ser probados por el egoísmo, la soberbia, la mentira, la desobediencia,
la incredulidad, el rencor etc, pero en todo salimos más que victoriosos
en Aquél que nos amó hasta el extremo.
Santiago dice que Dios no pone a prueba a nadie que es la misma contingencia,
la misma debilidad la que nos pone a prueba, pero recuerda que el apóstol
Pablo no se gloriaba más que en su debilidad, porque cuando ponía
en práctica la fe, la obediencia, la verdad, y el amor, era más
fuerte.
Y Santiago en el capítulo 1, versos 2-6 dice: “Hermanos míos,
ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas
de toda clase. Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes
aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. Procuren que esa fortaleza
los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada.
Si a alguno le falta sabiduría, pídasela a Dios y Él
se la dará, pues Dios da a todos sin limitación y sin hacer
reproche alguno, pero tiene que pedir con fe, sin dudar nada, porque el que
duda es como una ola del mar que el viento lleva de un lado a otro”.
Tú que escuchas, cuando aceptes y comprendas que lo que sucede o ha
pasado en tu vida o sucederá, es por tu mayor bienestar, y cuando aceptes
y comprendas que los seres humanos estamos muy heridos, esto te permitirá
conectarte con la serenidad, y la paz que ya está en tu profundidad
porque en tu profundidad habita Dios, y esta paz a su vez, permitirá
al proceso de sanación realizarse adecuadamente. (Mús)
Por último el sentimiento del miedo. Esta emoción encierra a
todas las anteriores. Experimentamos horror ante las equivocaciones del pasado,
cuando nos hacemos creer a nosotros mismos que lo que vivimos ahora no tiene
salida ni solución y cuando no estamos seguros sobre el futuro, siendo
víctimas de la imaginación, pensando solo en lo peor.
Pero ¿Sabes? el miedo se sustituye con la acción: ‘En
tu nombre Jesús echaré las redes’. ‘Apoyado en ti,
me meto en la refriega’ como dirá el salmista. Y al sanar el
miedo con la fe, lograremos, lograré, lograrás remover todas
las emociones que interfieren con tu proceso de sanar y sanar para amar como
Jesús. En su sentido más profundo, el miedo no es más
que ausencia de amor. Para quien ama todo le es posible, por eso cuando permitimos
que el amor de Dios, el amor verdadero se manifieste libremente desde nuestro
corazón, el sanar se convierte en un proceso natural.
Finalmente el resultado: ‘Por sus frutos los conocerán’
–dijo Jesús en el evangelio-. ‘Miren cómo se aman’
decían aquellos y aquellas que veían el testimonio de los primeros
creyentes, de los primeros cristianos.
Cuando tomamos conciencia que sanar no tiene nada que ver con los resultados,
pero si aceptamos que necesitamos vivir en serio la vida, tomándola
con responsabilidad, el vivir sobre todo en Cristo, por Cristo y desde Cristo,
forzosamente daremos fruto y fruto en abundancia, unos al 30 otros al 70 y
otros al 100. Queremos dejarte con estas palabras de Jesús en el evangelio
de Juan 6,47: ‘Les aseguro que quien tiene fe, tiene vida eterna’
y nosotros parafraseando decimos, sí, quien tiene fe, tiene vida eterna
desde hoy, aquí y ahora. Una vez más te decimos: No esperes
nada de nadie. Espera todo de Dios y de ti. Amén.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, toma una actitud orante,
bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso si puedes; tus
brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
arriba o hacia abajo o entre lazadas. Tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….Y desde esa fe puesta en acción escucha
al Señor Jesús que te dice:
Mi pequeño, mi pequeña, sea cual sea la experiencia que hayas
tenido, las heridas que hayas sufrido, quiero curarlas y sanar tu corazón
roto. Quiere llenar el vacío que hay en tu vida con mi amor. Quiere
liberarte de todo cautiverio para que puedas sentirte realizado, realizada
en Mí. Permíteme romper, una por una de todas las cadenas que
te han atado. Permíteme limpiar una por una, tus heridas. Permíteme
ser la medicina para curarte de la infección del resentimiento, de
la vergüenza, porque Yo te amo.
Ahora tú, desde lo profundo de tu ser respóndele diciendo no
con palabras sino con tu corazón, con tu mente, con tu ser:
Jesús, ya no quiero retener ni un minuto más la dureza en mi.
Todos los resentimientos y rencores que aún tenga en mi interior de
manera inconsciente, tómalos Jesús, sáname Jesús…Jesús,
me se sostenido, sostenida por tu gracia y conscientemente quiero pronunciar
desde tu amor que perdono de todo corazón a todos aquellos que me han
herido…. Jesús aquí estoy entregándote mis recuerdos
dolorosos….
(Tú que escuchas, quédate con Jesús en soledad y silencio,
entregándole aquellos sucesos dolorosos que recuerdas todavía
con resentimiento hacia ti o hacia alguna otra persona, hasta que comiences
a sentir el perdón y la dulzura, sea hacia ti o hacia aquella o aquellas
personas que te lastimaron. En este momento trae a tu memoria, heridas del
pasado que aún no has perdonado y déjate amar por Jesús).
No te rindas ante el rencor, aprende a perdonar
No te rindas ante el rencor y ábrete al perdón
No te rindas ante el enojo
¡Aprende a encausarlo!
No te rindas ante el enojo
¡Cambia su rumbo!
Cómo vivir el enojo en familia
No te rindas ante el
rencor.
¡Comienza a ser positivo!
No te rindas, elige no enojarte
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