No te rindas ante la desesperanza

 

Cierta vez, se corrió la voz de que el egoísmo se retiraba de los negocios y que vendía sus herramientas al mejor comprador. En la noche de la venta estaban todas las herramientas de manera tal, que llamaran bien la atención.
Entre ellas se encontraban el odio, el resentimiento, los celos, la envidia, la malicia, la mentira, el sexo mal usado, la soberbia, la autocompasión, y muchos más implementos negativos. Muy cerca de todo esto, había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, cuyo precio era más alto que el de todos los otros.


Alguien preguntó al egoísmo cómo se llamaba el instrumento. A lo que éste respondió: se llama desesperanza o también desaliento. Y ¿Por qué su precio es tan alto? le preguntaron; a lo que el egoísmo replicó: ese instrumento me es más útil que cualquier otro, porque cuando estoy en la conciencia de un ser humano, con el desaliento -cuando los demás instrumentos me fallan-, puedo hacer con esa persona lo que se me antoje. Está muy gastado porque lo uso muy a menudo, y como muy pocas personas saben que con el amor, la intimidad con Dios, la oración constante, y el servicio a los demás lo podrían vencer, yo seguiré usándolo continuamente para lograr todos mis propósitos.


En realidad, el desaliento, la desesperanza, es uno de los estados de ánimo contra el cual será indispensable fortalecernos no una vez ni 10 ni 100, sino siempre. Nos desalentamos, me desaliento, te desalientas con tu trabajo, con la familia, ante cierto grupo, por las críticas de los compañeros y ante un montón de circunstancias, y todo por mirar de manera superficial, por olvidarnos de mirar a Jesús, por no querer orar, por no querer amar, porque como veremos cuando entremos en la etapa del amor, escucharemos que el amor cuesta, duele hasta el grado de necesitar morir en la cruz, como Jesús.


El desaliento hoy en día, sigue haciendo estragos en nuestro interior. Día con día lleva a muchos y a muchas a desanimarse del caos natural que vive el hombre sin Dios, el hombre que no ha querido poner a caminar su fe, el hombre que prefiere echarse a morir, antes que mirar a Aquél que murió en la cruz amándoles incondicionalmente.
Y el desaliento o la desesperanza llega a nuestro corazón, causándolo el ensimismamiento, la no fe, el no amor. Y el amor viene de la fe adulta. Y la fe y el amor vienen de la intimidad con Dios y del servicio a todo aquél que necesita de mi, de ti que escuchas.


Hoy los niños sufren desesperanza, desalientos, sufren fuerte depresión porque ven a sus padres agonizar en vida porque les falta Dios en el corazón. Importantes encuestas nos dicen que la taza más alta de suicidios se encuentra no en adultos, sino en niños, pre-adolescentes y jóvenes. Así que querido adulto que escuchas, necesitas hoy, no al rato ni mañana, sino hoy, querer vivir fuertemente la intimidad con Dios, las 24 horas del día, y en tiempos específicos, tanto como respiras, tanto como el oxígeno entra a tu cuerpo para darle vida; necesitas vivir la intimidad con Dios tanto como necesitas el agua y el alimento corporal para mantenerte fuerte, vigoroso, firme, sano, estable; por sobre todo necesitas del silencio interior y la soledad del corazón para que Dios venga a habitarte no sólo unas cuantos minutos o unas 2 ó 6 horas, sino las 24 horas del día, aunque esto suponga lucha, perseverancia, firmeza de espíritu, ánimo, esperanza, paciencia, mucha paciencia, paciencia, aunque no sintieras nada especial o aunque sintieras que se hunde el mundo.

¡Paciencia llena de espera y esperar es volver a renovarse! ¡Sí, esperar sobre todo, lo inesperado de Dios!
Tu ser necesita de amor verdadero, y los demás necesitan de ese amor divino, reflejado en tu mirada, en tu tono de voz, en tus palabras, en tus actitudes, en tu escucha, en tu paciencia, en tu entrega hacia Dios y hacia los demás, pues el Señor Dios no nos hizo islas, no. Ni nos mandó que nos dijéramos unos a otros: “Sal como puedas de esto, porque a mi, no me interesa lo que hagas con tu vida” ¡Que no! No. Dios, el Padre Celestial, el creador de todas las galaxias, el creador de todo cuanto existe, el que no tiene ni principio ni fin, nos hizo una gran comunidad en la que el amor es el fuego, el motor, el dínamo, lo que arrastra y arrastra a otros al verdadero sentido de vivir. Sí, los demás no necesitan de ti, palabras hirientes, arrebatos de furia, reacciones inmaduras, locura.


El Señor nos hermanó, para que nos amásemos unos a otros y nos ayudásemos y no para que nos matemos con la incomprensión, el etiquetamiento, los enfrentamientos, las demandas, los divorcios, los gritos, los golpes, las tristeza hondas causadas por los pleitos de rutina y los silencios esos que levantan muros para que el otro “no se meta en nuestra vida” -decimos, ni pueda sacarnos de las heridas por las que nos remordemos minuto a minuto viviendo en el infierno del egoísmo, dejando que nos transforme día con día en gente fracasada, en gente amargada, en gente que huele a cadáver, a desaliento a desesperanza a infelicidad y todo por no querernos abrirnos al verdadero amor:
Es decir, todo por no querernos abrir a Dios, el Padre Celestial, a Jesús, a su Espíritu Divino.


La peor derrota que puedas tener es perder la esperanza, perder el ideal de vivir, y el gran Ideal que realiza todos nuestros ideales iluminados por la fe y la Palabra de Dios, es Cristo, y la peor derrota que puedas tener es desterrar tú mismo, tú misma a Cristo de tu corazón y hacer a un lado la vida con Dios, pues sencillamente la vida sin Dios, se contamina de desaliento, es muerte, apesta a egoísmo, pero ¡Ánimo! ¡Que sí se puede ganar la batalla!, porque Mayor es Dios que todo lo que sientas de negativo, porque Mayor es el que vive en ti. Simplemente necesitarás querer estar siempre despierto, despierta interiormente las 24 horas del día, es decir, necesitarás querer ser conciente de que eres un ser humano creado para el amor verdadero, el respeto, la humildad, la sencillez de vida, el servicio a los demás. ¡Para eso estás en este mundo! Para ser amor y dar amor y nada más.


Para ello, el Señor Jesús y el Padre Celestial nos han dado su Espíritu, su Fuerza, su Poder, su Luz; tú simplemente, necesitarás querer dejarte amar por Él. Generalmente tú que escuchas, cuando tienes alguna caída por ejemplo cuando tú haces todo lo posible por vivir en paz, y por no pelear, pero sucede algo que está más allá de lo que tú puedes evitar y que se llama libertad de la otra persona, o libre albedrío de la otra persona, y si ésta ha decidido no trabajar en la sanación de sus heridas, y si ha decidido además no poner a caminar su fe, y surge un pleito, te desanimas, te tiras a morir. Lo mismo pasa cuando crees que la depresión había desaparecido pero de pronto surge una infinita tristeza que te quita todo ánimo de seguir luchando y crees que es mejor echarte a morir en los brazos de la desesperanza y que haz perdido la batalla.


Si tú que escuchas tienes poco – 7 semanas 7 meses, 7 años, 17 ó 27 años de comenzar a andar por el camino que enseña Jesús, el camino de la intimidad con Jesús y con el Padre Dios, si tienes poco o mucho de haber comenzado a caminar por el camino del perdón, del amor, de la humildad, de la entrega a Dios y el servicio a los demás seres humanos, necesitarás mantenerte agarrado a la fe adulta, aún si hubiera tropezones y muchas recaídas. En el camino interior, no cuenta el tiempo, sino la actitud positiva de cada momento presente y nada más.


¿Sabes? ¡Esto es así! Por eso te diremos una y millones de veces: Levántate, no te dejes hundir por el desaliento; no te dejes arrastrar de lo que sientas de negativo; ¡Echa para adelante!, nunca te entregues al sentimiento de la desesperanza pues ¿Sabes? Aunque te parezca que vas para atrás, en realidad después de cada recaída no se vuelve a empezar el camino desde el principio, sino que se comienza desde un punto más avanzado –aunque no lo parezca- Por eso te decimos una vez más: ¡No te rindas!


Sí, después de cada recaída, después de cada lucha, se comienza desde un punto más avanzado. Nunca en el mismo sitio en donde comenzaste la primera vez que pusiste a caminar tu fe. ¿Sabes? Estamos en la misma lucha diariamente, día con día, por ello hoy, aquí y ahora te decimos: ¡Ánimo!, que no estás solo, sola. Todo un Dios que es Amor, es contigo, y actúa por medio tuyo, no le dejes lugar, "al ensimismamiento, no le dejes lugar al egoísmo" y en cambio dile a Jesús que está allá en lo profundo de tu corazón:


“Señor, todo lo puedo, en Ti, que me confortas. Quiero y necesito ser un instrumento que infunda en los demás, consuelo, apoyo, alegría, optimismo, palabras de salud y no de enfermedad, palabras de vida y no de muerte, de riqueza sobre todo interior y no de pobreza espiritual, palabras de bendición, que lleguen al corazón más herido. ¡Ayúdame Señor, pues hoy se gracias a Jesucristo que soy tus manos, tus pies, tus palabras, tu amor encarnado Oh ¡Dios mío!”.


Platicando con un gran amigo, nos dijo una vez: Nada molestaba más a mi madre que mis reacciones de desesperanza, de desánimo ante sus propuestas o encargos de algún asunto o tarea: palabras más o palabras menos, siempre me hacía ver que el darse por vencido por anticipado conforma personalidades de gente “que no sirve para nada”.
Sesenta años después –continuó diciéndonos- recuerdo sus enseñanzas con gratitud. El desánimo o lo que es lo mismo: “quitar la fuerza o la vida a algo, dejar de lado el anhelo por lograr algo, dejar de esforzarse” es un problema universal, repetitivo y contagioso. Y nos contó la siguiente anécdota:

Un científico de Phoenix - Arizona - quería probar una teoría que él tenía sobre el poder de nuestras programaciones negativas, derrotistas, desalentadoras, desesperanzadoras. Necesitaba un voluntario que llegase hasta las últimas consecuencias. Lo consiguió en una cárcel. Era un condenado a muerte que sería ejecutado en la penitenciaria de Saint Louis en el estado de Missouri, donde existe la pena de muerte en la silla eléctrica.
Propuso lo siguiente: el voluntario participaría en un experimento científico, en el cual se le haría un pequeño corte en el pulso, en su brazo, lo suficiente para gotear su sangre hasta la última gota. Él tenía la probabilidad de sobrevivir, en caso de que la sangre se coagulara. Si eso sucediera, él sería liberado; en caso contrario, el fallecería por pérdida de sangre. El condenado acepto, pues era preferible eso a morir en la silla eléctrica; además tenía una oportunidad de sobrevivir.
El condenado fue colocado en una cama alta, de hospital, y amarraron su cuerpo para que no pudiera moverse. Hicieron el pequeño corte en su pulso. Abajo de su pulso, fue colocada una pequeña vasija de aluminio. Se le dijo que escucharía su sangre gotear en la vasija.


En realidad el corte que le hicieron, fue superficial y no alcanzó ninguna arteria o vena, pero fue suficiente para que el sintiera que su pulso fue cortado. Sin que él supiera, debajo de la cama había un frasco de suero con una pequeña válvula. Al cortar el pulso, fue abierta la válvula del frasco para que él creyese, por el sonido, que era su sangre la que caía en la vasija. En verdad, era el suero en el frasco lo que goteaba. De 10 en 10 minutos, el científico, sin que el condenado lo viera, cerraba un poco la válvula y el goteo disminuía. Mientras tanto el condenado creía que era su sangre la que estaba disminuyendo. Al pasar el tiempo el hombre fue perdiendo color, quedando cada vez más pálido. Cuando el científico cerró por completo la válvula, el condenado tuvo un paro cardíaco y murió, ¡Sin ni siquiera haber perdido una gota de sangre!. Todo ocurrió en su mente, en su programación ¿Te imaginas? ¡Esto lo hacemos a diario!.....nos aniquilamos y aniquilamos a otros con la desesperanza y con tanta programación negativa.
El científico consiguió probar que la mente humana cumple, al pie de la letra, todo lo que le es enviado, sea positivo o negativo y que tal acción envuelve a todo el organismo, sea en la parte orgánica o psíquica.


Esta historia es una alerta para mí, para ti que escuchas, para que filtremos lo que nos envía nuestra mente, pues ella no distingue lo real de lo fantástico; lo cierto de lo equivocado; la mente, simplemente graba y cumple lo que le es enviado. Así que, querido hermano, hermana que escuchas, si piensas en fracasar, en desalentarte, en desesperanzarte, ya fracasaste, ya te desalentaste antes de intentar una y otra, y otra y otra vez, porque en realidad, la esperanza fundamentada en la fe y en el amor incondicional que nos tiene el Padre Celestial, el Padre Dios, no muere nunca.
¿Sabes? quien piensa en ganar sobre todo en el amor, lleva ya un paso adelante.


El desaliento, la desesperanza, como el rencor o la envidia, es una emoción que nos afecta a todos, sin distinción de edad, nivel socioeconómico, sexo o grado de escolaridad: en mayor o menor grado, todos nos vemos afectados por estados de desánimo en los que no estamos dispuestos a cambiar la situación en la que se está o se va a iniciar algún nuevo camino; se puede tratar de situaciones momentáneas o pasajeras que son superadas en horas o días o también se puede tratar de un estado extremo es decir, de depresión profunda, en la que se llega al grado de no tener interés por nada y hasta de no querer vivir más.


La desesperanza, si no te disciplinas desde la fe a encausarla, se convertirá en una programación mental tan negativa, se convertirá en un estilo de reaccionar ante las equivocaciones propias y de los demás y ante lo que sientas como la depresión. Será una conducta repetitiva ya que a lo largo de nuestra vida se presentarán en muchas y muy variadas ocasiones, situaciones difíciles, duras, pues nadie está exento de “caer en sus propias redes mentales” o en las redes mentales de otros, pero nuevamente te decimos que con Cristo, somos más que vencedores, sólo necesitaré, sólo necesitarás querer dejarte amar por Él.


Necesitas querer ser un hombre, una mujer ya seas niño, joven o adulto, que supere todo desde la fe adulta, esa que confía en Dios plenamente y que trabaja desde esas Manos Divinas que todo lo transforman en bien, ya que la desesperanza, es contagiosa porque si eres tu que escuchas, quien te dejas llevar por el desaliento, la desesperanza, el desánimo, la depresión, entonces quienes comparten contigo el hogar, la oficina, el lugar sano de diversión, la escuela, etc, -si su fe en Dios no es firme, si no es fuerte-, quedarán convencidos de tu manera de ver la vida cuando justificas la mentira y la deshonestidad, cuando pones como prioridad el rencor antes que el perdón y frecuentemente esto acaba por hacer que vean la vida a través de tu óptica.


¿No te has fijado como a las personas pesimistas las envuelve un halo de amargura? Su vida oscila entre la desilusión, la desesperanza y la tristeza. Y si tú estás en esta lista y vives encerrado, encerrada en lo que sientes, seguramente el optimismo es para ti como una peligrosa enfermedad que hay que erradicar de raíz, porque como dicen ellos y tú, “El mundo fue y será definitivamente una porquería”, y seguramente “Todo está horrible” “Ya no se puede vivir”, “El ser humano es la más grande equivocación de Dios”. El paquete desesperanzador está constituido por una serie de actitudes cercanas a la depresión es decir, descalificamos con la mano en la cintura y sin antes haber orado en la Presencia de Dios en su Palabra, lo positivo, magnificamos lo negativo y estamos preparados siempre “para lo peor”.


Definitivamente, poner en acción este estilo de pensar, hace que la vida pierda su encanto. Si el mundo es un campo de batalla y el futuro es negro, el presente puede llegar a ser insoportable. El fatalismo mata la risa y el pesimismo acaba por convertirse en un “ave de mal agüero”. Por ello, la necesidad de pedir constantemente la luz del Espíritu Divino, para que con su fuerza, tomemos la decisión de transformar juntamente con la gracia Divina, nuestra programación mental negativa y lleguemos paso a paso, poco a poco a tener la mente de ese Dios que es amor, perdón, ternura, cariño, alegría, luz, plenitud, gozo en el Espíritu de Cristo.


No necesitaremos ir muy lejos para ver ejemplos muy representativos que indican desesperanza en el corazón de niños y jóvenes y también de los adultos: ya no quieren ir a la escuela, todo les da miedo, los jóvenes cambian frecuente de trabajo, dependen excesivamente de los videojuegos o el Internet; y aun aquellos que, habiendo permanecido en la escuela o en el trabajo, van y vienen sin esperanza, porque se sienten impotentes ante el ambiente que les circunda tan vacío de paz, lleno de mentira, de gritos y golpes físicos o psicológicos; llega el momento en que se sumergen tanto en sí mismos que no encuentran salida y piensan que es mejor aniquilarse interiormente con la desesperanza, o con lo que sea, aunque esto los mantenga muertos al amor porque sencillamente no lo conocieron.


Generalmente son niños, jóvenes o adultos que dejan proyectos sin terminar, son talentos que se pierden, inversiones que fracasan, ideas que no se materializan, y que por dejarse llevar del desaliento y por no saber o no querer mirar con fe, a Jesús en la cruz, por no quererlo vivir en su corazón, llevan a donde van, su actitud de derrota total y vuelven al hogar con desgano, desabridos, transmitiendo a sus seres queridos lo que nosotros llamamos: no fe, vacío existencial, no amor.


Muchos y muy variados pueden ser los orígenes de la desesperanza, e incluso pueden variar en la misma persona en las diferentes etapas de su vida: La edad, el estado de salud, posición socioeconómica, estado civil, miedo etc pero por sobre todo, el origen principal es el no conocer a Dios verdaderamente y el no tener una relación profunda en el corazón con Él.


Es verdad que cada quien tenemos nuestra muy personal capacidad para asumir retos, pues en la vida, para poder madurar necesitamos una y otra vez querer superar los obstáculos que se nos presenten y tomarlos más que con una visión fatalista como una oportunidad para crecer en la capacidad de comprensión, en el amor, en el servicio, en la entrega desinteresada, en sabiduría al estilo de Cristo, en la tolerancia, en la bondad etc.


Más que desalentarnos ante una situación, y para tomar una correcta decisión, tenemos que “poner en una balanza” los pros y los contras de lo que se quiere iniciar para lograr lo que se pretende, sea desde un “perdonar”, hasta todo lo que hagamos y pensemos, pero siempre desde una perspectiva al estilo de Jesús el Señor, es decir que antes que nada, abramos la Palabra de Dios, haciendo uso de algún libro que contenga concordancias bíblicas. Nosotros les recomendamos “Concordancia breve de la Biblia” de Editorial Vida. Si te sientes desamparado o desalentado, no tienes más que buscar la palabra “Cansado” y verás citas bíblicas que te hablarán al respecto y recibirás consuelo, fortaleza, gracia, paz.


Cuando permitimos que sea el miedo el que nos gobierne, tendemos a magnificar lo que creemos que es una amenaza y minimizamos las oportunidades: nos paralizamos deteriorando nuestro estado interior y minimizas tu capacidad creativa y tu capacidad de respuesta. Dejas de intentar, te conformas y te desalientas. La sensación de frustración también origina desesperanza. Para ello Te recomendamos que escuchas nuestro casete: “No te rindas ante la frustración”. Para algunos, no ver los resultados esperados es la causa para desistir y para otros la causa para redoblar los esfuerzos, aprendiendo de sus desaciertos y errores. En realidad –como lo hemos dicho muchas veces en otros temas- el fracaso no existe más que en nuestra mente, no existe más que en nuestra programación mental en la que hemos decidido –porque la mayoría lo ve así- llamar a aquello que no sucede como lo esperábamos: “Fracaso”.


El poeta mexicano Ortiz de Montellano dice: “Para que el árbol tenga la hoja verde, la raíz, crece seca y amarilla”. ¿Sabes? Tu misión como ser humano y divino, como ese ser maduro en Cristo o que comienza a caminar en madurez cristiana, es amar, es saber superar y en muchos casos, evitar los conflictos a todo vapor, sobre todo en ti misma, en ti mismo porque lo que lleves y proyectes a los demás es sencillamente el ambiente. Sí. Tú haces o deshaces el ambiente de paz. Tú haces o deshaces el ambiente de armonía, de luz, de libertad interior, de diálogo, de ánimo, de amor.

Conviene que sepas que el desaliento produce fatiga, cansancio: saber que con la edad ciertamente, va disminuyendo nuestro empuje físico y la capacidad de realizar ciertas tareas –y más si no hacemos ejercicio diario y si no alimentamos nuestra mente de positividad en Cristo Jesús con su Palabra. Muchos y muchas se han cansado tanto mentalmente por alimentar el desaliento que han llegado a la fatiga emocional. Hay quienes “nacen cansados” y también los hay quienes “mueren con las botas bien puestas”. Hay personas que a sus 65 ó 75 u 90 ó 105 años de edad trabajaban llenos de entusiasmo.

Pero son personas que saben que la fortaleza siempre les ha venido de Dios y de la decisión optimista que han tomado para todo. Recuerdan los éxitos del pasado, el análisis de fuerzas y debilidades con que plantearon los objetivos y metas que han buscado. Saben que “limitaciones” todos las tenemos, la diferencia está en el manejo que podamos darles.

Así que, queremos terminar todo esto, con el siguiente relato, escucha:

Había una vez un árabe que viajaba en la noche, y sus esclavos, a la hora del descanso, se encontraron que no tenían más que 19 estacas para atar a sus 20 camellos. Cuando consultaron al amo, éste les dijo: Simulen que clavan una estaca cuando lleguen al camello número veinte, pues como el camello es un animal que no piensa, se creerá que está atado. Y efectivamente, así lo hicieron y a la mañana siguiente todos los camellos estaban en su sitio y el número 20 al lado de lo que se imaginaba una estaca, sin moverse de allí. Al desatarlos para marcharse, todos se pusieron en movimiento menos el número 20 que seguía quieto, sin moverse. Entonces el amo dijo: Hagan el gesto de desatar la estaca de la cuerda, pues el tonto, aún se cree atado. Así lo hicieron y el camello se levantó y se puso a caminar con los demás.

Esto muestra la gran estupidez humana cuando no aceptamos la libertad interior que nos ha traído Jesucristo, cuando nos programamos y nos decimos que somos incapaces de cambiar, de liberarnos de todas las ataduras del egoísmo o de lo que sobrepasa a nuestras fuerzas, porque hemos preferido pensar que aunque vino Cristo Jesús a rescatarnos del ensimismamiento, preferimos seguir siendo esclavos porque le tenemos miedo a la responsabilidad de ser libres mentalmente. Esperamos que no te pase a ti que escuchas, como al camello que por acostumbrarte a estar sujeto a una programación mental, te has olvidado que puedes caminar libre, sin miedos, de la mano de Jesús, sin programaciones mentales negativas. No seas como el pez que tenía miedo a ahogarse. En el nombre de Jesús, se libre. Amén

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS

Si tú que escuchas, caes frecuentemente en el desaliento, porque te dejas arrastrar por la desesperanza, ha llegado el momento de pararte ante “la luz roja” para pedirle ayuda al Señor Dios quien es el mejor psicólogo, el más grande Amigo, el mejor compañero, quien es tu Salvador, tu Dios, tu Rey.
Así que en unos momentos de intimidad con el Señor, teniendo una actitud orante, cierra tus ojos y respira suave profundo y lento…..suelta todo lo que esté tenso en tu ser, desde la punta de la cabeza, hasta la punta de tus pies.

Y en fe adulta, esa que alimenta la esperanza teologal que no muere nunca, deja que tu corazón hable al Señor, desde su Espíritu de Amor, que ve siempre más allá de las apariencias……

Señor, hoy, aquí y ahora te suplico, regálame entrañas de misericordia ante toda falla humana. Regálame entrañas de misericordia ante las heridas no sanadas de los demás y ante las mías propias. Hoy se Señor que los seres humanos estamos heridos y por eso reaccionamos resentidos, pero tu me has dado la capacidad de saberlo y de querer –con tu gracia- ir sanando mis heridas.

Hoy se que deseo amar por sobre todo, mientras hay muchos que no lo saben o no quieren darse cuenta, por eso te suplico, muéstrame el sufrimiento de aquellos y aquellas que a los ojos humanos aparece como el más miserable, para que conozca y comprenda desde tus entrañas de amor la situación de cada uno de los seres humanos. Que no me atreva a calificar, que no me atreva a etiquetar; más bien Señor, regálame la gracia de atreverme a amar.

Desde hoy mi Señor, mi oración siempre habrá de comenzar orando por los demás, por aquellos que formamos esta humanidad…por los pobres, por los ricos, por los blancos, o amarillos, o negros o morenos, por los dulces, por los indiferentes, por los agresivos. Hoy se Padre, que nadie pidió ser como es; hoy se que nadie escogimos las heridas que recibimos desde el vientre materno; nadie de niño escogimos nada y aún de grandes, poco hemos escogido, pues hoy se que más bien hemos estado condicionados a heridas no sanadas en el inconsciente. Hoy se Señor que tu estás presente en mi y deseo amarme desde ti, con todo el corazón. Hoy se Señor, que Tú estás presente en cada hermano mío y que no estamos distantes, pues toda la humanidad se encuentra en ti, Jesús.

Hoy Señor regálame entrañas de misericordia ante las reacciones impulsivas de aquél de aquella que vive conmigo, o que están en el medio en donde me desenvuelvo cada día. Dame el valor de que quiera servirle como te serviría a ti. Permíteme amarle por él mismo, por ella misma, porque se que es valioso, valiosa, porque tú has puesto todo el tesoro divino en su ser que es tu Presencia humilde y a la vez poderosa, Jesús.

Jesús, quiero que mi vida sea como la tuya honesta e invadida de paciencia, de entrañas de misericordia. Señor, envíame tu Fuego Divino a mi ser; regálame la gracia de querer que el Espíritu de Amor sea el motor de mi vida para que pueda florecer y crecer en mi y en el corazón de quien se topa conmigo cada día. Mi Señor, regálame la gracia de no cansarme nunca del Camino aunque me canse en el camino, pero se que no puedo desistir, ni permanecer en el desaliento. Hoy se que cuantas veces lo necesite, puedo descansar en Ti Jesús.

Ayúdame a amar, a bendecir es decir a desear y a hacer el bien a aquellos y a aquellas que aún no superan sus heridas, aceptándoles así, exactamente como son, pues hoy se, que sólo el amor es capaz de vencer al odio, hoy se que sólo el amor es capaz de cambiar los corazones más empedernidos. Hoy se que sólo el amor es capaz de levantarme de todo lo que me tire, como la depresión. En tu nombre Jesús, estoy de pie contigo.

Oh Señor, Tú eres mi Dios. Señor, Señor, mi Salvador poderoso, tú proteges mi cabeza en el combate es decir, tú tomas lo negativo de mi mente y me das la sabiduría para sacar lo que fortalece, lo que anima, lo que levanta, lo que me hace semejante a ti Jesús. Gracias Señor por tanto amor.

¡Señor, Señor mi Salvador poderoso; tú proteges mi cabeza en el combate! (Bis)

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No te rindas ante el desaliento
Vence con la esperanza


Si te has fijado, aquello que vale la pena conseguir, y todo aquello que tenemos qué hacer para conseguirlo, siempre exigirá de un esfuerzo tremendamente perseverante: pues en la vida, nada es gratis. Simplemente, ponte a pensar en algo muy sencillo: si quieres comer un helado que te han puesto en la mano, mínimo tendrás que cuidarlo para que no se te caiga del barquillo, luego tendrás qué pensar de qué lado se derretirá más pronto y por último, necesitarás abrir la boca para comenzar a disfrutarlo.

Ahora imagínate algo que requiera de más esfuerzo por ejemplo, si tú quieres tocar algún instrumento o dominar algún idioma o ganar una carrera deportiva etc, para todo, necesitarás de una paciencia ardiente, de un amor grande por ello, y de una obstinada perseverancia. No lo lograrás en meses, sino en años de práctica: Lo mismo pasa con los dones con los que nos ha equipado Dios para vivir esta vida con calidad, con elegancia espiritual, como lo hizo Jesús; si no los ponemos en práctica, si no ponemos a caminar todo nuestro potencial mental que es inmenso porque fuimos creados a imagen de Dios que es inmenso, aunque tú y yo estemos salvados gracias al infinito amor de Dios en Cristo Jesús de todas las ataduras del egoísmo, también es cierto que perderemos constantemente esa salvación y esa oportunidad de ser felices y de hacer felices a los que nos rodean, al dejarnos llevar por nuestra programación mental negativa, basada en el ensimismamiento, por la mentira, la flojera, la desidia, por nuestra emociones no educadas, no encausadas, sencillamente por dejarnos llevar por lo que nos enseña la necedad, la cerrazón mental, la no fe y por lo tanto la no esperanza.

Benjamín Franklin decía: “No hay beneficios sin luchar arduamente” es decir, que no se trata de “morirse en la raya”; se trata de luchar apoyados en la gracia de Dios, abriéndose a que exista la posibilidad de modificar, sin claudicar, sino mejorando y aprendiendo de lo vivido, buscando nuevos horizontes de la mano de Jesús pero siempre siendo estables en su Palabra Santa.

Hablar de esperanza, es hablar de perseverancia, pues la perseverancia se considera como la cualidad número uno que han puesto a caminar los grandes triunfadores que han existido a través de toda la historia humana.

Napoleón Bonaparte, por ejemplo enseñaba a su ejército que es sumamente importante aprender a perder y saber retirar las armas a tiempo. En realidad en la vida no se pierde más bien, se aprende. O ¿No es eso lo que nos pasa cuando se pierde la salud, o cuando un ser querido se nos adelanta hacia la vida eterna, o cuando alguien nos arremete, nos agrede sin buscarlo? Si estamos atentos y abiertos, si somos pacientes, aprendemos mucho, aprendemos a vivir como Dios nos manda, para luego poder con autoridad, transmitirlo a los demás.

Y decir “con autoridad” es decir que buscamos proveer a nuestros hermanos de bendición, que buscamos protegerlos del mal y buscamos que ellos mismos con la gracia de Dios, continúen viviendo su vida con excelencia personal al estilo de Jesús. Enseñar con autoridad quiere decir que lo vives tu mismo, tu misma que escuchas, como Jesús, quien enseñaba como quien tiene autoridad, y porque vivió el amor ante las injurias y porque vivió la fortaleza en el duelo, y porque vivió la esperanza y la confianza puesta en su Padre Dios ante la más honda depresión, pudo enseñarnos a vivir con plenitud.
Por ello, a quienes tenemos el privilegio de formar a otros –como tú, padre de familia, tutor, abuelos, tíos, maestros, como líderes al servicio de una vida mejor- nos corresponde el ofrecerles a los niños y jóvenes, una forma de pensar que los haga conscientes de que son realmente valiosos e incondicionalmente amados, a fin de que se sientan capaces y seguros a la hora de enfrentar los retos de la vida que ni son negros, ni blancos sino que comprendan que la vida está llena de matices y que todo momento por duro que parezca, vale la pena vivirlo siempre por amor al que nos ha amado tanto, es decir, el Padre Celestial y en solidaridad con todos los seres humanos que sufren, y que estén seguros que todo lo podrán solucionar, bien cogidos de la mano de Jesús, el Señor que siempre es fiel.


Para ello sería bueno que comencemos por mi, por ti que escuchas, a no dejarte obsesionar por la lógica meramente racional y humana, así, sin fe, ni le creas ciegamente a los sentimientos negativos, sobre todo si no has comenzado a educarlos a la luz de la Palabra del Señor.
En realidad, la razón llena de fe, y la emoción iluminada por la Palabra Divina, deben estar juntas para asegurar que tu pensamiento vaya de acuerdo con tus reacciones; reacciones por cierto no pulsionales ni vicerales sino reacciones al estilo de Jesús, reacciones llenas de amor verdadero.
Cuando estés sumamente deprimido, deprimida, cuando sientas muy cerca el desaliento, no te ensimismes, no te enconches. Primeramente necesitarás permitirte enfriar tus procesos mentales siempre que haya algo candente como reacciones llenas de ira, de enojo, de enfado, palabras llenas de resentimiento, palabras llenas de auténtica carga negativa y por lo tanto destructoria, pero no a tal grado de congelarlos. El balance entre razón y emoción lo puedes lograr haciendo lo siguiente:


Cada vez que tengas que tomar una decisión quédate a solas, tú y la Palabra de Dios, un rato analizando “fríamente” la cuestión, “desde fuera”, como espectador, incluso, mira la depresión también “desde fuera” como dijimos, como espectador. Se consciente de lo que te dice la mente dividida entre el deseo de perdonar y ser bondadoso o el impulso de vengarte y de portarte hiriente; entre el deseo de salir adelante a pesar de todo o el hecho de preferir tirarte a la desesperanza y luego mira lo que te dice el corazón iluminado por la Palabra de Dios, e intenta integrarlos de tal manera que no haya “dos en ti” sino uno es decir, todo tú, perfectamente tú, unido, unida a Jesús.

La experiencia de grandes hombres y mujeres que han sabido canalizar sus pensamientos negativos y transformar sus emociones impregnadas de carga dañina, es que las razones lógicas coherentes, iluminadas por el amor de Dios, por el sacrificio de Jesús en la cruz, pesan más que todas las emociones por más destructivas que parezcan ser y esto nos lleva a cometer menos errores; si combinas amor, más pensamiento iluminado por el sacrificio de Jesús en la cruz, más humildad, más fe y más esperanza, la decisión que tomes será más correcta, más humana y divina y muy a propósito a lo que estamos necesitando en este momento, todos los seres humanos que habitamos este planeta.


Hoy muchas personas se quejan de estrés. ¿Sabes el estrés viene de las prisas y las prisas como dirá la palabra del Señor, vienen por querer atrapar el viento. Por no basar la vida en la esperanza, por no basar la vida en el único Dios que da la vida y la paz del corazón. El libro del Eclesiastés en el capítulo 4, 6 dice: “Más vale un puñado de descanso que dos de fatiga, por querer atrapar el viento”. Para superar y evitar el estrés que muchas veces te lleva al enojo no razonado y no dialogado sino más bien te lleva al enojo pulsional y lleno de arrebatos, necesitarás querer ser poco a poco y cada vez más, moderado, moderada, tomándolo todo con calma y prudencia, sin olvidar nunca que todos los seres humanos estamos heridos y muchos ni siquiera han comenzado el primer paso hacia la sanación interior.

Concédete vacaciones de 20 minutos en la mañana y otros 20 por la tarde, para relajarte, calmarte, para respirar, para orar y saborear la Palabra de Dios, y por lo menos, una vez a la semana, visita el asilo de ancianos o de niños y comprométete a escucharles. Comprométete en alguna labor en la que ayudes al prójimo sin descuidar a los próximos que tienes en casa, pues no se trata de ser candil de la calle y oscuridad de tu casa. ¿Sabes?, no existe mejor antídoto para la depresión, el estrés y la desesperanza. No existe mayor medicamento que esto.

Por otro lado, mantén la comunicación con tus seres queridos; trabaja con dedicación pero sin dejarte agobiar por el trabajo tanto que no te quede tiempo para la convivencia diaria, para ver alguna película o programa constructivo y divertido, es decir, para la diversión sana y también para la oración comunitaria, aquella en la que se comparte algún fragmento de algún salmo o algún evangelio que ilumine sus corazones y que ayude a acrecentar el amor verdadero, el amor oblativo y no tanto emotivo, a cada uno de quienes forman tu familia, incluyéndote.

Para triunfar en la esperanza, será preciso que quieras poner en práctica el don del dominio propio es decir, será necesario que quieras ser dueño de ti mismo, de ti misma y no víctima de una mente sin control, y que quieras poner toda tu energía al servicio de tu crecimiento interior, para poder compartir a los demás la riqueza que Dios ha puesto en ti, pues si te quedas sólo para ti mismo, para ti misma, con todo lo maravilloso de la acción de Dios en la oración, en la lectura bíblica, si te quedas sólo para ti con lo que estás aprendiendo de espiritualidad, y no lo das, entonces el apóstol Pablo en 1ª Corintios 13,1 te dirá: “No eres más que una campana que resuena” es decir, “De nada te sirve”.


La gente hoy en día, cuida de su televisor, de su computadora, de su auto, de su ropa, de su dinero, de sus idas y venidas, de leer el periódico y libros que alimentan el morbo sin importar si son 300 ó 500 páginas, de sus uñas o del color de su pelo, pero descuida lo más importante: su mente y lo que permite entrar en ella, por ello será trascendental para ti, el hecho de que quieras conservar tu mente en la alegría, en la luz que viene de vivir en la Presencia de Dios las 24 horas del día, gracias al inmenso favor de Dios, y que quieras mantener el control de tus emociones, entonces, podrás superar cualquier situación, como el capitán que debes ser de tu propia vida, pues recuerda que quien debe lleva las riendas de tu conducta, en todo momento bajo el dominio de la gracia del Señor eres tú que escuchas, sabiendo que el Capitán de capitanes te llevará siempre en sus manos y no permitirá nunca nada que sea mayor a tus fuerzas.
Sí, tu conciencia puesta al servicio de tu crecimiento en la fe, en la esperanza y en el amor y en general puesta al servicio de todos los dones que tienes que son muchísimos, es la que debe comandar tu voluntad.

Por ejemplo, al despertarte en la mañana, no saltes de tu cama violentamente, hazlo con serenidad, cancela los afanes, prisas y desesperos, pues estos provocan desorden y confusión. Mentalmente, si soñaste cosas horripilantes, no les des ninguna interpretación. Simplemente reconoce que muchos sueños horrendos vienen de cansancio, o por haber cenado mucho, por la depresión causada por muchas situaciones, por heridas no sanadas o simplemente porque ese es el mecanismo de nuestro cerebro, así que sin darle mayor importancia, tranquilamente comienza a adorar al Señor.

En lo personal diariamente cuando despierto, lo primero que dice mi ser y mi primer pensamiento es: Jesús, ¿Qué haría sin ti? Tú eres el amor de mi vida, y de ahí surge un verdadero diálogo con el Señor Dios, con el Padre Celestial, arrastrándome a leer su Palabra para alimentar mi mente y mi ser entero.

De otra manera, cuando actúas con afán, con prisas, duplicas el esfuerzo necesario, correrás mayores riegos de equivocarte, de sumergirte en una depresión, de cansarte, de forzar lo natural, pues ¿Sabías que la naturaleza es una gran maestra? nunca un minuto tendrá 59 ni 61 segundos, es decir que cada cosa llega a su tiempo y a su ritmo. Cálmate, respira con tranquilidad, profundamente y así podrás encontrar soluciones más oportunas, más inteligentes, más al estilo de Jesús.

Si estás triste, no le des más cuerda al abatimiento, levanta tu ánimo! Actúa como una persona feliz, y esta emoción se irá convirtiendo en una actitud permanente, y si la tristeza honda te invade, ¡sonríe!, ¡canta! ¡Ponte a hacer un postre en la cocina! Has una llamada telefónica a quien sabes que está solo y enfermo, no para contarle lo que sientes sino para escucharle y darle palabras de aliento, pues para ello te está consolando el Señor hoy, aquí, para que tú vayas y consueles con la fuerza de Cristo que estás recibiendo ahora.

Y si todo esto no basta, busca dentro de Dios en tu corazón todos los muchos motivos que tienes para ser feliz y estar agradecido, sobre todo y por sobre todo porque el Padre Dios te dio a Jesús, para que nunca, nunca te experimentes sólo, sola, pues Jesús en el evangelio te ha dicho: “Yo estaré contigo, todos los días, hasta el fin del mundo es decir, hasta el día en que venga por ti”. Es seguro entonces, que la tristeza se irá desvaneciendo como la nieve ante la caricia cálida del Sol Divino.

Así que no te asustes de nada; es normal, absolutamente normal que en ocasiones nos sintamos tristes, desanimados, apáticos, deprimidos, desalentados y disgustados con lo que sucede. Lo que no es normal es que aceptes vivir así todos los días o la mayoría de ellos. Cuando tengas un mal día, proponte fervientemente que mañana será mejor y al siguiente aún mejor. Tú puedes acostumbrarte a crecer y a superarte cada día sin excepción, lograrás con la ayuda de Dios, un nivel de vida mucho más satisfactorio, mucho más excelente, mucho más al estilo de Jesús.
¿Sabes? Crecer interiormente y sanar mentalmente es todo un proceso. Es un camino que da inmensos beneficios a la hora de caminarlo. Cada vez que des un paso firme en la fe y en la esperanza, irás descubriendo un horizonte ilimitado e irás al mismo tiempo cosechando los frutos de la alegría, de la esperanza, de la confianza en Dios, de la oración, de la entrega a los demás, del amor.


Muchas personas nos han preguntado y nosotros algún día nos hemos llegado a hacer la siguiente pregunta: ¿Por qué ahora que quiero cambiar, ahora que quiero dejar de ser enojón, enojona, violento, violenta, me enojo más? ¿Por qué ahora que quiero orar y mantener en calma mis pensamientos me saltan más pensamientos?, etc.


Y la respuesta es que este proceso de sanar involucra a todo nuestro ser, a nuestros pensamientos, sentimientos y emociones. Pensamientos sentimientos y emociones por cierto, muchos de ellos guardados por muchos años y quizá desde el vientre materno en ese lugar llamado inconsciente. Por eso es natural que al comenzar cualquier proceso de sanar y crecer interiormente, diferentes pensamientos, sentimientos y emociones salgan a flote haciendo cierto tipo de resistencia, algo así como si se desatara una batalla interior.


El origen de esto tiene que ver con experiencias ya olvidadas, pero sí bien registradas en la mente aunque guardadas. Es decir, alguna vez en el pasado vivimos una experiencia con una o varias personas, y ya no recordamos qué sucedió, pero conservamos prácticamente intacto lo que sentimos hacia ella o ellas en ese momento. Debido a ese "arsenal" que hemos decidido conservar con tanto celo inconscientemente a través del tiempo en nuestro corazón, viejos sentimientos y emociones que ya no tienen razón de ser, continúan aflorando cada vez que algo nos conecta con ellos, algo que no somos conscientes pero que al final de cuentas, nos lo recuerda.


Por medio de ese proceso de conservar "arsenales", y reconectarnos con ellos, permitimos que viejos sentimientos de odio, rabia, hondas melancolías, desesperanzas, miedos, inseguridad, dudas, depresión profunda continúen surgiendo en nuestra mente y corazón constantemente. Y al permitirlo, le abrimos la puerta a nuevos sentimientos de miedo, ansiedad, tristeza y desesperanza, que podrían surgir al no encontrar manera de ponerle fin a este ciclo.
Muchas personas, por no encontrar la manera de ponerle fin a este ciclo han quedado locas, pero yo, y tú que escuchas, sabemos la mejor manera de hacerle frente a nuestro inconsciente herido: por la fe. Y por la fe sabemos que quien a Dios se fía, no puede volverse nunca loco, más que de amor verdadero.
La carta a los hebreos en el capítulo 11,8-10 nos dice que por la fe, Abraham cuando Dios lo llamó, obedeció y salió para ir al lugar que él le iba a dar como herencia. Salió de su tierra sin saber a dónde iba y por la fe que tenía, vivió como extranjero en la tierra que Dios le había prometido. Vivió en tiendas de campaña, lo mismo que Isaac y Jacob que también recibieron esa promesa, porque Abraham esperaba aquella ciudad que tiene bases firmes de la cual Dios es arquitecto y constructor.


Y en los versículos 24-27 nos dice que por fe Moisés cuando ya fue hombre, no quiso llamarse hijo de la hija del faraón; prefirió ser maltratado junto con el pueblo de Dios a gozar por un tiempo los placeres del egoísmo. Consideró de más valor sufrir la deshonra del Mesías que gozar de la riqueza de Egipto, porque tenía la vista puesta en la recompensa que Dios le había de dar. Por la fe, Moisés se fue de la tierra de Egipto, sin miedo al enojo del rey, y se mantuvo firme en su propósito como si viera al Dios invisible.


Los versículos del 29- 40 nos dicen: Por fe, los israelitas pasaron el Mar Rojo como si fuera tierra seca; por fe cayeron los muros de la ciudad de Jericó después que los israelitas marcharon alrededor de ellos durante siete días. Por la fe, muchos conquistaron países, impartieron justicia, recibieron lo que Dios había prometido, cerraron la boca de los leones, apagaron fuegos violentos, escaparon de ser muertos a filo de espada, sacaron fuerzas de la flaqueza y llegaron a ser poderosos en la guerra, venciendo a los ejércitos enemigos. Otros murieron en el tormento sin aceptar ser liberados, a fin de resucitar a una vida mejor. Otros sufrieron burlas y azotes y hasta cadenas y cárceles y otros fueron muertos a pedradas, aserrados por la mitad, o muertos a filo de espada; anduvieron de un lado a otros, vestidos sólo de piel de oveja y de cabra; pobres, afligidos y maltratados, andando sin rumbo fijo por los desiertos y los montes, por las cuevas y las cavernas de la tierra, pero todos ellos fueron aprobados por la fe que tenían.


El escritor de la carta a los hebreos, sabe que todo esto, no habría sido posible sin amor a Dios, sin fe adulta y a los cristianos nos dice en el capítulo 12 versos del 1-15: Por eso, nosotros teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado, el egoísmo que nos enreda y corramos con fortaleza la carrera que tenemos delante. Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de Él procede nuestra fe y Él es quien la perfecciona. Jesús sufrió en la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios. Por lo tanto, mediten en el ejemplo de Jesús, que sufrió tanta contradicción de parte de los pecadores, por eso, no se cansen ni se desanimen, pues ustedes aún no han tenido que llegar hasta la muerte en su lucha contra el pecado, es decir, contra el egoísmo y han olvidado ya lo que Dios les aconseja como a hijos suyos.


Dice la Escritura: “No desprecies hijo mío, la corrección del Señor, ni te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor corrige a quien él ama y recibe como hijo”. Soporten la corrección, pues ¿Acaso hay algún hijo a quien su padre no corrija? Cuando éramos niños, nuestros padres aquí en la tierra nos corregían y los respetábamos. ¿Por qué no hemos de someternos con mayor razón a nuestro Padre Celestial para obtener la vida? Dios nos corrige para nuestro verdadero provecho, para hacernos santos como Él, y si aprendemos la lección, el resultado es una vida de paz y rectitud, así que renueven las fuerzas de sus manos cansadas y de sus rodillas debilitadas y busquen el camino derecho para que sane el pie que está cojo y no se tuerza más.


Procuren estar en paz con todos y llevar una vida santa, es decir una vida en el amor, pues sin la santidad es decir, sin el amor verdadero, nadie podrá ver al Señor. Procuren que a nadie la falte la gracia de Dios, a fin de que ninguno sea como una planta de raíz amarga que hace daño y envenena a la gente”.
El Señor Dios, pues te ha metido con infinito amor en el camino de la liberación interior, y ya metido metida en el asunto, no vas a ver para atrás, sino que te vas a acostumbrar a caminar como el león de proverbios 30,30 que dice: “El león, no huye ante nada, ni ante nadie, nunca mira para atrás.”
Siempre hay que ir hacia delante, es decir, no sigas poniendo en práctica tu antigua manera por cierto bien viciada y llena de egocentrismo y cerrazón a la hora de experimentar angustia, desaliento, depresión, decepción, tristeza, ganas de morir, etc. Más bien, aprende a detectar enseguida el negativismo agazapado en tu subconsciente para que no afecte una vez más tú mente libre en Cristo Jesús. Para poder hacerlo óyete hablar y aconséjate a ti mismo. Dile a tu vida si te gustaría estar hablando con una persona como hablaste, como actuaste, como gritaste, como te desesperanzaste por esto que está aconteciendo hoy.
La misión que Dios te tiene es sencilla y la más hermosa, y es ese darle a la gente un poco de coraje es decir, ánimo ante la vida, para que avance y nunca mire para atrás. Cuando le enseñas a caminar a un niño, ¿Qué esperas? ¿Que camine y se detenga y vuelva para atrás? o ¿Le dices que avance?. De la misma manera ha sido Dios el Padre Celestial contigo. Ahora mismo te está diciendo: Hijo, hija, ¡Camina!


O no es verdad que es Él quien te motiva y te da ánimo para seguir. Y qué crees, ¿Que el ánimo actúa mágicamente? El ánimo es una actividad humana y divina a la vez, es poner en acción el valor, es hacer el esfuerzo y aún más, es poner intensidad a ese esfuerzo, es tener la mente unificada y puesta en un solo objetivo, en un solo ideal que se llama Amor, que se llama Jesús, para que en el momento de la prueba, puedas salir –a pesar de sentir lo que sea- más que victorioso, victoriosa en Cristo Jesús.


¿Por qué te vas ha hacer para atrás ahora? ¡No!, ¡Sigue y aguanta un poco más! El sol puede estar pesado en el desierto pero imagínate las uvas en tu boca. No te imagines la quiebra, déjales ese trabajo a otros. Es duro muchas veces caminar en madurez, pero ¿Quien te dijo que iba ha ser suave? Vale la pena seguir hasta alcanzar cada vez más, el estilo de Jesús. ¡Sigue! No vuelvas a tus programaciones llenas de obsesiones funestas, esas, entrégaselas a Jesús, ¡No vuelvas para atrás!.


Hoy, la esperanza quiere hablarte al corazón, escúchala: Hola, soy la esperanza, y Dios me ha puesto como el ejemplo viviente de que no existen errores definitivos. No hay en la vida un "es demasiado tarde" o "ya soy viejo" o "definitivamente no hay esperanzas". No hay situación desesperante, sino personas que abandonan toda esperanza en determinada situación. La gente se siente perdida y aislada al máximo, sumergida como en un poso oscuro sin salida. La gente duda de que la vida tenga sentido, se limita a esperar sucesos negativos, y eso es lo que le permite a su mente que le ofrezca. Por ello, Yo, la esperanza te insisto a ti que escuchas, que no abandones el camino comenzado del ¡Echar siempre para adelante en esta carrera del amor y la paz verdadera!, que no te mereces que tú mismo te juegues el tonto papel de la víctima.


Pon fin definitivamente a este sentimiento de compasión contigo mismo, contigo misma, pues Dios en su fidelidad, te brindará las oportunidades que necesitas. No sabrás cuándo ni dónde, por eso debes estar siempre atento, atenta. Pero será preciso que creas contra toda esperanza, y des el primer paso, luego el segundo, y el tercero y todos los que sean necesarios. Cuando los días son particularmente difíciles, desgastan la energía y el sistema nervioso, pero ¿Sabes? cuando se cierra la puerta que va hacia una solución, se abre otra o, a veces, más de una, pero a menudo, en la que te quedas mirando fijamente es en la que se ha cerrado, a tal punto, que pasan inadvertidas para ti, las que se han abierto.

Para terminar te decimos: Reconoce, que muchas veces te has quedado atascado, atascada en el ruido estruendoso de la lucha, y que es hora de cambiar el enfoque y abstraerte, es decir, aislarte más del problema, tomando distancia de él, ya que como dirá Antoine de Saint Exupéry en su libro “El principito”, “Para ver con claridad, con frecuencia simplemente, basta cambiar la dirección de la mirada.”

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS


En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante, y cerrando tus ojos comienza a respirar suave profundo y lento; ve sintiendo cómo vas soltando todo lo que está tenso en tu ser, desde la punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies. Disfrútate como un ser humano vivo y pleno……porque sencillamente sabes que de Dios te viene la plenitud.

En fe hoy, aquí y ahora, escucha lo que el Señor Dios te dice a ti que estás deseoso, deseosa de vivir libre interiormente de todo lo que te hace mirar para atrás y no te deja experimentar la vida verdadera: Todo lo que soy Yo, tu Dios, se encuentra plenamente en mi Hijo Jesús y tú, estás lleno, llena de mi, tu Dios, porque estás unido, unida a Él, a Jesús ahora mismo, aquí, en este momento….

Oh Jesús, en ti estoy completo, completa; no me falta nada ni nada me turba. Oh Dios mío, estoy en ti, Padre Celestial y tú eres en Cristo, todo lo que jamás pueda yo necesitar. Jesús es todo lo que quiero para mi vida, Oh Padre, porque en Él te encuentro y en Él, te vivo gracias a ese Amor infinito que los une y que les ha parecido bien, regalarme.

Jesús, tú lo eres todo. Eres la plenitud de Dios en mí. Eres todo lo que necesito para realizarme, para ser feliz, para servir como tú quieres que sirva. Ahora se y acepto, que no me falta nada en esta vida, que estoy plenamente saciado, saciada de amor; Jesús, eres todo lo que necesito para luchar y levantarme siempre. No necesito nada más. Jesús, tú eres mi plenitud, y estar en ti, es estar en la profundidad de la plenitud de Dios, del Padre Celestial. Oh bendita revelación del Amor de Dios, por la que nos has dado a conocer a los seres humanos que el amor de Cristo, excede a todo conocimiento, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios.

No necesito nada más para estar completo, completa. Tú Jesús, eres mi completa suficiencia. Teniéndote a ti Jesús, lo tengo todo. Si te tengo a ti, cada instante de mi vida, ¿Qué gozo necesitaré más? Si te tengo a ti, Jesús, ¿Cuánta esperanza más necesitaré? Tú eres mi esperanza Oh Jesús. Si te tengo a ti Jesús, ¿Cuánta paz más necesitaré? ¡Ninguna! sencillamente, porque tú, eres mi paz. Y si te tengo a ti Jesús en lo más hondo de mi ser, ¿Cuánto más consuelo necesitaré? ¿Cuánta más fuerza necesitaré? Pero si tú eres mi bálsamo, mi brisa fresca, el agua eterna que sacia mi sed y la tela más delicada que enjuga mis lágrimas y con tu mano llena de ternura inclinas mi cabeza sobre tu pecho. Oh Jesús ¡Amor mío! ¡Cuánto me has amado! ¡Cuánto me amas ahora mismo!.

Y si en Ti Jesús, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento ¿Cuánta más sabiduría necesitaré? ¿Cómo es que he dicho que me falta algo? ¿Qué más puedo desear? Contigo en mi corazón, no me falta nada, aunque a veces sienta angustia o ansiedad o experimente el desaliento y la desesperanza, porque se que tú Jesús eres mi defensa.

 

 

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No te rindas cuando venga el desaliento

 


Hoy queremos comenzar éste mensaje diciendo que muchas veces el desaliento viene por preferir no creer en el amor fiel y providente de Dios, por eso antes de continuar, queremos contarte la siguiente anécdota:


Había una pareja atea que tenía una hija; la pareja nunca le había dicho nada a su hija sobre Dios. Una noche, cuando la nena tenía 5 años, sus padres pelearon tanto que el padre le disparó a la madre y luego se suicidó. La nena lo vio todo; fue llevada a un hogar adoptivo. Su madre adoptiva era una persona que amaba profundamente al Señor Dios. En el primer día de la escuela para la fe, la madre le dijo a la maestra que la nena nunca había escuchado a acerca de Jesús y que tuviera paciencia con ella. La maestra mostró una imagen de Jesús y dijo: ¿Alguien sabe quién es Él? Y la nenita dijo: ¡Yo! ¡Yo se! Ese es el hombre que me estaba abrazando la noche que mis padres murieron.


Si tú que escuchas has llegado a pensar que Dios se ha olvidado de ti, permítenos decirte que Dios no es como los seres humanos que pensamos primero en nosotros, luego en nosotros y siempre en nosotros mismos. No. Dios es la donación misma del amor. Dios es contigo y no puede desdecirse. Dios no se va. Dios nunca nos deja. Dios siempre nos ayuda. Dios siempre, es fiel. Más bien lo que nos sucede es lo que les pasó a los padres de la nena de cinco años: se dejaron llevar de sus emociones no educadas, se dejaron arrastrar de sus pensamientos negativos y destructivos y se olvidaron de ser sencillos, humildes y sabios en la fe. La pequeña en cambio, sin malicia miraba desde la claridad del amor, desde la simpleza de la fe, por eso pudo ver a Jesús, no con los ojos físicos, sino con los ojos del alma. Ella no impidió con sus razonamientos lógicos la llegada de la gracia y pudo percibir la cercanía de Jesús, aún en medio de esos momentos tan espantosos por los que estaba pasando.


Los pensamientos negativos, y cerrados, son el terreno ideal para que el desaliento, surja y se estacione en nuestra vida. El desanimo es el dardo poderoso de la no fe, de la desconfianza del no creer en la fidelidad de Dios del centrarnos en nosotros mismos. Si quieres ver el rostro de la no fe, si quieres que te hable la desconfianza, dale rienda suelta a lo que sientas de negativo; entonces, muy seguramente pensarás: “No, no podré salir adelante”, “Aquí ya no hay salida” “Esta enfermedad se está poniendo peor” “Aquél ya no me quiere” “Todo va a salir mal” “No voy a encontrar trabajo” “Esto va a ser muy difícil” y programación tras programación que no te sirve más que para empeorar las cosas y angustiar el corazón.


Hoy, en el nombre de Jesús, te decimos que no permitas absolutamente ningún pensamiento negativo, porque tu cerebro escucha lo que tú dices. Sí, así como lo oyes. Tu cerebro recibe información de tus pensamientos, palabras y actitudes, y guarda la información sin saber distinguir cuánto te pueda destruir cuando todo lo que pronuncias desde que te levantas hasta que te acuestas es negatividad y cerrazón. La Palabra del Señor en Proverbios 18,20 dice: “Del fruto de mi boca me saciaré”. Los seres humanos así como nos saciamos de carne, de fruta, de ensaladas etc, necesitamos saciarnos de la Palabra de Dios y de nuestra palabra iluminada y reforzada por ésta Palabra Divina.


Hicimos una encuesta en la que venía una sola pregunta: ¿De qué vives? Y la mayoría contestó a lo que se dedicaba por ejemplo: Ah! pues yo soy abogado, o yo soy doctor, o yo soy maestro, yo soy albañil, soy estilista, soy comerciante, etc. Los seres humanos no nos damos cuenta de que vivimos -además de por la comida, y profesión u oficio que nos permite pagar esa comida que nos llevamos a los labios gracias al infinito amor de Dios-, por la Palabra Divina. Por la Palabra de Dios es que respiramos espiritualmente y por la que se nutre nuestra mente y por lo tanto fortalece nuestro cuerpo, nuestro ser entero. La Sagrada Escritura nos enseña en el libro de Proverbios que la mente humana tiene mucho poder como la boca también tiene mucho poder es decir que las palabras son de mucha influencia.


Por ello, en el nombre de Jesús, te exhortamos a que comiences a proclamar palabras de bendición, de positividad; ahora mismo, levantando tus brazos di en voz alta: “Mis palabras tienen mucho poder” “Mis palabras iluminadas por la Palabra de Dios, pueden cambiar mi mundo mental, mi ser entero, el ambiente en donde me desenvuelvo, pueden cambiarlo todo”. Amén.


La Palabra de Dios dice que en nuestra boca está el poder de la vida y la muerte. La Palabra de Dios es la puerta al mundo de la riqueza espiritual, es la puerta al mundo de la libertad interior, es la puerta a la paz interior, es la puerta a nuestra realización personal y comunitaria.
Por ello, es muy importante que comprendas que cuando lees y escuchas la Palabra de Dios queda a manera de semilla de vida verdadera, depositada en lo profundo de tu corazón. La Biblia dice que la semilla es la Palabra de Dios. Todo comienza desde la Palabra de Dios. Al comienzo fue la Palabra, y si Dios comienza todo con la Palabra tenemos que comprender que ya en nosotros por la gracia que nos alcanzó nuestro Señor Jesucristo, está en germen el reino de Dios en nuestro ser, pero una semilla que no se cuida, que no se cultiva, se muere.


La Palabra de Dios es la manera más excelsa cómo Dios nos lleva hacia el mundo de la riqueza interior, en la fe, en la esperanza, en el amor, en la humildad, en la perseverancia en la intimidad con Él, en la obediencia a su Palabra, en la paciencia, en la verdadera alegría y prosperidad; su reino ya está implantado en nuestro interior, gracias a Jesús. En Marcos 4,13 Jesús les dijo a los que lo escuchaban: ¿No entienden ustedes ésta parábola? ¿Cómo pues entenderán todas las demás? La parábola a cerca del Reino de Dios, es la parábola principal. Y si no sabemos cómo opera, cómo funciona el reino de Dios, nos perdemos de toda una auténtica riqueza, nos perdemos de vivir realmente.


Es decir que el Señor en este evangelio hoy nos dice, te dice a ti que escuchas, que no oigas su mensaje y luego permitas al egoísmo que te quite el mensaje sembrado en el corazón. Te dice que no seas como los que oyen el mensaje con gusto, pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes, por eso cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, pierden la fe. Jesús el Señor te dice que no seamos como los que oyen la Palabra, pero los negocios de este mundo les preocupan demasiado, el amor por las riquezas los engaña y quisieran poseer todas las cosas. Pues Jesús dice que si haces todo esto, ahogarás el mensaje y no lo dejarás dar fruto.


Jesús te dice que oigas el mensaje y lo aceptes de corazón, entonces darás una buena cosecha, como la semilla sembrada en buena tierra y que unos daremos buena cosecha de 30, otros de 60 y otros de 100 según la disposición de cada uno. Dios nos quiere seres humanos prósperos y la palabra prosperidad, quiere decir, ir más allá del punto deseado. Y hablar de prosperidad no sólo hablamos del dinero porque el dinero por sí solo, no puede definir la prosperidad la cual puede venir cuando nacemos de nuevo, cuando apoyados en la gracia, convertimos el corazón a Dios, aunque no estuviéramos nadando en dinero. La prosperidad viene cuando a la mente llega la paz, cuando aceptas con sabiduría lo doloroso que ha pasado, pasa y pasará en tu vida, cuando viene la armonía familiar y también cuando las finanzas mejoran. O ¿No es verdad que si canalizas todas tus energías en buscar primero el reino de Dios y el Señor te bendice prosperándote económicamente, podrías pagar mejor a tus empleados, y podrías ser causa de que otros además de disfrutar de tu buen trato, tuvieran buen trabajo?


Para entender cómo opera el reino de Dios, pondremos un ejemplo: Imagínate que para cosechar tienes que tener primero a un granjero, es decir a un sembrador, alguien que sabe cómo plantar la semilla, teniendo en cuenta que no es alguien que planta por placer, sino que planta para poder vivir. Segundo, se requiere de una semilla, la cual si permanece en el granero de la granja o en la bolsa del granjero, no crecerá. En el reino de Dios hay semillas y estas semillas están contenidas en la Palabra de Dios. Mucha gente cree que la Biblia es un libro de reglas, pero en realidad no lo es; más bien, por así decirlo, es como una gran bolsa de semillas, que necesitarás querer sacar una a una por lo que lees y ponerla en buena tierra es decir, en tu mente y corazón abierto y sincero, para que crezca y de fruto en abundancia.


Dios nos hizo para hacernos vencedores de la muerte, con Cristo. Dios nos hizo del barro de la tierra, es decir, nos hizo seres humanos maleables, con capacidad de cambio, de volver a comenzar un camino de abundancia, y que en sus Manos Divinas, somos capaces de ser las mejores vasijas en donde se guarde el mejor vino, el vino del Espíritu Divino.


Dios nos hizo frágiles para que trabajáramos día con día en la humildad para hacernos fuertes, casi invencibles por ello, quiso que recibiéramos su semilla incorruptible, la semilla de la Palabra, la cual es una semilla que nunca falla, es una semilla que siempre produce. Así que hoy, aquí y ahora, en el nombre de Jesús el Señor, te exhortamos a que tomes ésta semilla diariamente, para que la pongas en la tierra de tu corazón y la gracia de Dios y tu buena voluntad, tu decisión de ser una mujer excelente, un hombre excelente, la hagan crecer y no solamente tú que escuchas puedas gozar de los frutos sino todos aquellos que te rodean y aún más, esos frutos se extiendan a lo largo y a lo ancho del planeta a través de generaciones y generaciones.


Pero tal vez puedas preguntar, ¿Y cómo saco las semillas de la Biblia al terreno de mi mente y corazón? Y la respuesta es sencilla: A través de tus pensamientos, tus ojos, oídos y al salir de tu boca con tus actitudes. Escucha bien: Lo que viaja por tus oídos de la fe, llega directamente al corazón. Los seres humanos tenemos dos pares de oídos: los internos es decir los oídos de la fe, y los externos. La manera como me escuchas ahora es con el oído externo, pero si te abres interiormente me escucharás con tus oídos de fe; yo, ahora mismo estoy escuchando al Señor con mi oído interno y lo que escucho con mi oído interno va directo a mi espíritu, a mi terreno y aún más, está cayendo en ti que escuchas, sí, está cayendo en el terreno de tu mente y corazón.


Hace años leí que para que lo que escuchamos y veamos nos controle tomará cinco años a base de repetirlo día y noche; y aún más, leí que fácilmente nos domina lo que nos destruye y que lo que nos construye, tenemos que grabarlo una y otra y otra y 9,999 veces más. Por eso es que tenemos que leer la Palabra de Dios constantemente, decirla pensarla y vivirla porque toma tiempo. El Señor le dijo a Josué: “No dejes que ésta Palabra se aparte de tu boca”. Medita en ella de día y de noche” y te mostrará cómo prosperar y cómo lidiar sanamente en el mundo. ¡Nuestra boca es tan importante! las palabras que pronunciamos a diario son tan importantes. Cuando hablas palabras hablas cosas; quizá no veas esas cosas que dices cuando las hablas, pero las hablas y evolucionarán en tu vida, porque es semilla que pones en tu corazón.


Hace unos días me habló una amiga que tuvo cáncer en un seno y que ha aprendido a pronunciar con fe adulta la Palabra del Señor pero sin embargo de repente el miedo a que vuelva el cáncer se filtró nuevamente en la conversación y me dijo al preguntarle yo que cómo estaba: “En realidad estoy bien porque estoy en las mejores manos, en las manos de Dios, pero ‘tengo miedo a que vuelva a resultar el cáncer en otro lado’. Te lo digo quedito porque no quiero que oiga el disco duro de la mente, pues ya ves que todo lo que oye, lo graba muy bien”.


Bueno, pues volviendo al granjero que te imaginaste, –tal como el granjero lo hace con la semilla material- así tú que escuchas, necesitas querer cuidar diariamente de la semilla de la Palabra de Dios en tu vida. Será la única manera como serás feliz es decir será la única forma como sufrirás menos y te experimentarás realizado, realizada, pleno, plena. Y necesitarás cultivar tu interior con momentos especiales para estar en silencio con Dios en tu corazón y necesitarás querer permanecer las 24 horas del día en su presencia, en su alegría, en su sabiduría, pues de tu corazón iluminado por la Palabra y el Amor de Dios en ti, saldrá lo que tú necesitarás para toda situación que se te presente en la vida. Necesitarás comenzar a creer, hoy, aquí y ahora, que todo esto de la semilla hablada es una realidad; y ¡Que es Vida!


Sí, la cosecha de la semilla hablada es vida. Por ello la Palabra de Dios nos insiste que guardemos nuestro corazón porque de él emana toda situación, todas las situaciones de la vida, en resumen, las fuerzas de la vida. La fuerza realiza cambios. Es como la dinamita que es una fuerza, que cuando se enciende cambia cosas; cuando tomas la Palabra de Dios es concebida en tu corazón y la formas con tu lengua, la hablas con tu boca y desatas una fuerza espiritual, desatas una fuerza que liberará la habilidad de Dios dentro de ti y hará que muchas cosas sean cambiadas en tu vida pero tienes qué creer. La clave es estar atento, atenta de las palabras que pones dentro de ti. Por ejemplo: hay señales en una mujer cuando está embarazada, es un anuncio para los demás. La persona se prepara para dar a luz al igual que los que le rodean. Así nació el Señor: Una palabra fue dada por Dios a una virgen, es decir, a una tierra fértil, a una tierra dispuesta, a María quien respondió con una entrega incondicional a Dios diciendo: “Hágase conforme a tu Palabra” y permitió que esta Palabra cayera a lo más hondo del terreno de su corazón y comenzó a crecer y a formarse quien era la Palabra de Dios y era Dios; y nueve meses después dio a luz al que es la Vida Verdadera. Lo que comenzó con una Palabra a manera de semilla que fue plantada dentro de ella. Lo disfrutamos todos los seres humanos, pasados, presentes y futuros. ¡María creyó! Hoy, aquí y ahora, yo necesito creer como María. Tú que escuchas, necesitas creer como la madre de Jesús, el Señor.


Si haces que todo el proceso funcione debidamente ahora queda como última parte preguntarse y saber cómo obtener la cosecha. Sencillamente la respuesta es que la cosecha se recibe al llamarla. Mira con atención al ciego Bartimeo que comenzó a decir: Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mí, y llamó a Jesús una y otra y otra vez y fue sanado. El problema nuestro es que nos desanimamos, nos desesperamos y nos dejamos llevar por la impaciencia, prefiriendo decir: esto nunca va a ser diferente, yo nunca seré dulce como Jesús, estoy derrotado, derrotada, pero… miremos al granjero cuando llega una plaga a la planta crecida, o cuando llega una tormenta descomunal: Persevera cuidando lo sembrado poniendo los medios para salvar lo que más se pueda y en ocasiones, hasta teniendo que volver a comenzar a sembrar nuevamente.


En Santiago 5, 1-6 encontramos advertencia a los ricos y dice: Oigan esto, ustedes los ricos: Lloren y griten por las desgracias que van a sufrir. Sus riquezas están podridas; sus ropas, comidas por la polilla. Han amontonado riquezas en estos días. El pago que no les dieron a los hombres que trabajaron en su cosecha está clamando contra ustedes.


Nosotros podríamos aplicar esta Palabra pensando que somos ricos con dinero mal habido es decir, que amontonamos pensamientos sin vida, extraídos del rencor, del resentimiento, de la envidia, del egoísmo, del desamor; pensamientos de muerte, de aflicción, derrotistas, que como la polilla nos van royendo la ropa nueva, es decir los pensamientos positivos que tenemos sin estrenar porque sencillamente no hemos querido o no hemos sabido querer poner en acción.
Cuando yo, tú que escuchas comenzamos, comienzas a clamar al Señor Dios, hay una conexión divina entre tú y Él. Y cuando estés en unión con Dios por la fe, la esperanza y el amor, armonizarás las palabras que lees en su Palabra, las guardarás en el corazón, y las realizarás por fe y no por lo que sientas. Será entonces cuando tú que escuchas hagas la acción que corresponde, será un acto maduro al estilo de Jesús, que estará de acuerdo con tu fe.
Por ejemplo, alguien que extienda un cheque sin tener dinero en el banco diciendo: ‘Pagaré a todos aquellos a quienes debo’, en realidad no está haciendo la acción correspondiente, porque esa persona no tiene ese dinero en el banco, no le respalda el dinero porque no lo tiene y a esto se le llama extender un cheque sin fondos; aquí estaríamos hablando a nivel espiritual que no hay fe. Realizamos acciones sin fe.


La acción correspondiente sería poner la chequera en el cajón de tu escritorio y esperar hasta que juntaras el dinero para que el dinero quedara de manifiesto en el banco y entonces sí, luego harías el cheque por la cantidad necesaria. Estarías armonizando una acción. Aquí estaríamos hablando de que la acción va acompañada por la fe: ‘En tu nombre Jesús echaré la red’. A nivel espiritual, sucede lo mismo. La palabra que hablas diariamente, necesariamente tendrá qué estar respaldada por la Palabra de Dios, por tus acciones cargadas de fe. Los discípulos dijeron: “Aumenta nuestra fe y Jesús el Señor les respondió: Si tuvieran fe como un granito de mostaza”. Necesitamos tomar la Palabra del Señor como esa semilla que tenemos que hacerla crecer al proclamarla con nuestras acciones impregnadas de fe adulta, de esa fe que mueve montañas. Y esas montañas son tus programaciones mentales negativas bien enraizadas pero como en realidad han sido plantadas sin fe, tanto el terreno como la raíz no son inconmovibles, no son imposibles de quitar y puedes echarlas, arrojarlas al fuego del amor de Dios en donde se reducirán a cenizas en donde ya no hay dolor, en donde ya no hay elementos dañinos porque todo habrá sido purificado.


Al hablar de elementos dañinos, estamos hablando de traumas, de situaciones dolorosas, comenzando por la manera como fuimos concebidos, si fuimos deseados o no; estamos hablando de nuestra estadía en el vientre materno. Lo que oímos, lo que sentíamos, lo que vivimos. Estamos hablando del momento de nacer, de si fuimos a vivir con nuestros padres o si tuvimos padres adoptivos o vivimos con la abuela. Estamos hablando de cómo fue nuestra infancia, niñez, o adolescencia. Estamos hablando de las metidas de patas causadas por las heridas desde el vientre materno. En resumen, estamos hablando de lo que aún nos causa dolor y por eso andamos, ando, andas por la vida como un ser humano desencajado, que no encuentra reposo, errante interiormente, como sin encontrar tu lugar.


La fe se nos fue dada para ser felices y hacer lo que Dios quiere que hagamos: Amar como Él nos ama. Esto es una realidad, pero necesitaré, necesitarás –tú que escuchas- aceptarlo y querer vivirlo intensamente. Cuando proclames la Palabra de Dios para tu vida y para la vida de cada ser humano traducida en amor, en perdón incondicional, en humildad, en sencillez, en alegría, en solidaridad, en servicio, estarás sembrando de verdad.
Cuando pienses y digas algo, estás sembrando para bien o para mal. Si siembras desesperanza, cosecharás desaliento, depresión; si siembras odio, cosecharás pleitos, separaciones, rupturas, abandonos, traiciones, injusticias, abandonos, humillaciones.


Por otro lado, no olvides pues qué poderosas son las palabras respaldadas por la Palabra de Dios. Si siembras positividad, sembrarás esperanza; si siembras alegría, cosecharás ánimo, luz interior, fuerza en el alma; si siembras solidaridad, cosecharás para el reino de Dios; si siembras oración, cosecharás poder de Dios en tu vida; si siembras al ofrecer el dolor en tu enfermedad, cosecharás -aunque no lo veas-, conversión en muchísima gente que la necesita, porque necesita conocer quién es Dios y volverse a Él. Cuando dices algo siembras. ¡No lo olvides! ¡No lo olvides! Y más te valdrá sembrar para el reino de Dios, que para el reino de la muerte, que para el infierno que es la ausencia de Dios, que es cerrarte sobre ti mismo y preferir morirte a los pies de la auto compasión, que es remorderte y odiarte y no aceptar tu realidad. Esto tendrías qué hacerlo de la mano de Jesús, pues si lo quieres hacer tú solo, tú sola, te volverías loco, loca de desesperación, te estarías atando al cuello la soga de la desesperanza y de la asfixia mental causado todo esto por hablar palabras respaldadas por las heridas no sanadas y la no fe.


Querido hermano, hermana que escuchas ¡Cristo ha llegado a tu vida para que seas feliz en Él! Tienes qué convencerte que Él ya ha tomado en su cruz todo lo doloroso desde que fuiste concebido, concebida, hasta el momento en que vayas a morir. Ahora mismo, gracias al sacrificio de Jesús en la cruz, eres libre de todo desamor, porque el Padre Dios te ama infinitamente. ¡Eres libre de todo, de todo lo que te esclaviza! Has sido creado para el amor, y en el amor está la felicidad verdadera, pero para vivir esta auténtica felicidad, necesitarás que te baste sólo Dios, pues quien a Dios tiene, nada le falta, sólo Dios basta.
Para casi terminar te decimos que tus palabras darán como resultado tu manera de pensar; tu manera de pensar dará como resultado el cómo te sentirás; tu manera de sentir dará como resultado las decisiones que tomes; las decisiones que tomes producirán las acciones; las acciones producirán los hábitos; los hábitos producirán el carácter que tienes y el carácter que tienes te hará llegar a tu destino.


Hoy, aquí y ahora, cabría hacer un alto y reflexionar, qué decimos, qué digo, qué dices en cada palabra, ¿qué proclamas? ¿Vida o muerte, salud o enfermedad, riqueza o pobreza, belleza o fealdad, bondad o maldad, amor u odio, esperanza o desesperanza, sabiduría o necedad, soberbia o humildad, obediencia a la Palabra o desobediencia, limpieza mental o heridas no sanadas? No olvides que todo comienza con palabras. Así que si no te gusta el destino que miras, comienza pues por cambiar tus palabras. Si no te gusta tu carácter, cambia tus hábitos; si no te gustan tus hábitos, cambia tus acciones, si no te gustan tus acciones, cambia tus decisiones, si no te gustan tus decisiones, cambia la forma como te sientes, si no te gusta como te sientes, cambia tu forma de pensar y si no te gusta como piensas, cambia tus palabras sobre todo si estas palabras, no provienen de la Palabra de Dios.

Todo progreso en la vida comienza con la Palabra. Ahora mismo puedes hacerte la siguiente pregunta: ¿Qué te tiene tan asustado, tan asustada hasta el punto de no poder pensar? ¿Quizá el hecho de que no has comenzado a proclamar la Palabra de Dios para tu vida ni un 0.1% y que al 100% vives en la duda y por eso te arrastra el desaliento, la desesperanza? Jesús el Señor en otra parte del evangelio nos habla de retribución al sembrar, al 30, al 60 ó al 100%, así por ejemplo, el que sembró al 30% hablando Palabra de Dios, recibirá retribución de 30 % de fe y cuando se da media vuelta, el restante 70% sería de dudar en la Palabra del Señor. Quien sembró el 60% hablando Palabra de Dios, recibirá retribución del 40% en duda e incredulidad.
Pero quien sembró el 100% y recogió al 100%, es porque habló solamente de creer en al Palabra de Dios, de proclamarla con poder desde Cristo, sin importar el lugar en donde se estuvo ni la situación por la que se estuviera pasando: en una cárcel, en una inundación, en medio de estar al punto de un divorcio, en medio de un ambiente hostil, en medio de heridas, en medio del desempleo, en medio de la enfermedad, en medio de la más honda depresión, simplemente lo hizo: Pronunció palabras de poder respaldadas por la Palabra del Señor.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS


En unos momentos de intimidad con el Señor, tomando una actitud orante, y cerrando tus ojos comienza a respirar suave profundo y lento; ve sintiendo cómo vas soltando todo lo que está tenso en tu ser, desde la punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies. Disfrútate como un ser humano vivo y pleno…disfrútate libre en Dios…..


Dile allá en lo profundo de tu ser: Hoy, aquí y ahora, me abro de par en par a ti Oh Dios. Aquí está mi interioridad, mi mente, mi ser entero mirándote desde la fe; soy tuyo, tuya, tómame Señor. Tú me has creado a tu imagen y semejanza y en Cristo, me has hecho más que vencedor, más que vencedora. Señor, hoy necesito y quiero entregarte todo lo malo que he hablado de mí mismo, de mi misma. ¡Tantas veces que me he rechazado! Hoy quiero entregarte lo malo que he hablado de mi gente, de la humanidad, de mi iglesia, quiero hablar bien Señor; quiero hablar con propiedad como corresponde a un hijo a una hija tuya Oh Padre.


Señor, se cumplirá Tu Palabra en mi vida y la mía apoyada en ti. Señor, tendré unidad con tu Palabra, y la mía, será la misma: una Palabra. Hoy cancelo toda Palabra que ha salido de mi boca que no ha sido de bendición ni para mi, ni para los demás y me comprometo día con día a partir de hoy, a partir de éste momento o a hablar lo santo, lo poderoso para mi vida y para los demás, porque se que hay poder en mi boca gracias a Jesucristo.
Padre, en el nombre de Jesús tu Hijo, acepto toda esta unción que quieres darme hoy, aquí y ahora sobre mi familia, sobre mi cuerpo, sobre mi matrimonio, sobre mis finanzas, sobre mi mente sobre la humanidad entera.
Toma mi mente e imprégnala con tu positividad Oh Padre celestial.

Padre: Toma mi mente e imprégnala con tu positividad
Padre: Toma mi mente e imprégnala con tu positividad

 

 

 

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NO TE RINDAS

 

La mayoría de las personas, en todo el mundo, fetos, bebés, niños, preadolescentes, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos, alguna vez en la vida hemos pasado por situaciones muy pero muy difíciles, como dirá el salmista: “Por valle de sombra y de muerte”, pero también allí en medio de todo, en medio del maltrato, rechazo, abandono, traición, humillación, e injusticia, en medio de esos insultos constantes, o que alguien te pusiera en ridículo, en medio de la manipulación, de las amenazas, y de la explotación, cuando te encerraban en aquél cuarto, entre gritos en medio de aquél clima de miedo o de terror, promesas falsas, destrucción de pertenencias personales o el hecho de que te impidieran tener amigos, en medio de aquella violación y abuso, en medio de todo ese dolor, en el corazón de Dios, estaba pensado para ti, este mensaje de esperanza.


La mayoría de la gente es infeliz y se sume en la depresión, porque prefiere no caminar en la fe. Repetimos: la mayoría de la gente es infeliz y se sume en la depresión, porque prefiere no caminar en la fe, si, lo escuchaste bien, prefiere no caminar de fe, y entonces permite que el amor propio herido le desgarre el alma y deja que el orgullo herido se hinche y crezca, prefiriendo recurrir a cualquier salida falsa como la ira, los malos tratos, las palabras hirientes, la prostitución, la deshonestidad, la mentira, el alcohol, el tabaquismo, las drogas, el suicidio antes que sacar de su interior el tesoro que puede darle la llave a la libertad interior, a la sabiduría, al verdadero amor, a la paz.


¿Sabes?, nosotros, preferimos, aún habiendo pasado tantas cosas en la vida: rechazos, abandonos, traiciones, humillaciones e injusticias, creer en ese Dios que es amor fiel, inmenso, tierno, cariñoso, misericordioso y perfectamente sabio. Mucha gente hoy en día, repite lo que algún día otros dijeren que “Dios fue creado por el hombre en su mente para darse una respuesta después de la vida o para darse respuesta ante tanto dolor o para darse seguridad ante la impotencia y desamparo”. pero, permítenos decirte que no es justo que te dejes llevar por la opinión de seres humanos, mortales como tú y yo, que prefirieron vivir su vida, y basar su seguridad desde su ciencia, desde sus criterios, desde su pensamiento y no desde una viva experiencia en su corazón del amor infinito de Dios.
Ellos fueron hijos de una época y si hoy en pleno siglo XXI aún muchos seres humanos siguen creyendo en un “Dios vengativo y justiciero”, imagínate en siglos pasados, cómo sería la idea que se tenía de Él, de Dios, pero gracias a la Revelación de ese amor inmenso que ha tenido Dios con nosotros los seres humanos hemos ido comprendiendo poco a poco que Dios no es ese Dios cargado de antropomorfismos es decir, cargado de tendencias negativas humanas como la venganza, el odio, la ira, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia, todo fruto de un subconsciente herido. ¡¡El Dios Revelado es vida!!, Sí, ¡¡Dios es fiel, Dios es amor!!.

Nosotros, pues, preferimos hablarte desde la experiencia que hemos tenido de ese amor infinito del Padre Dios, manifestado en Jesús, al habernos rescatado de una vida sin sentido, de una vida llena de ira, de sensualidad, de orgullo, de soberbia, de egoísmo, de vacío existencial. Tenemos bien experimentado es decir, nadie nos lo ha contado sino que lo hemos vivido en el alma, que Él no tiene nada que ver con todo ese sufrimiento provocado por el corazón herido del hombre, porque Él nos creó para la libertad y la vida, para la solidaridad y el amor, pero tú, yo y quienes nos hirieron, preferimos la esclavitud y la muerte.
Él nos creó para el amor, pero tú, yo y quienes nos hirieron, preferimos muchas veces, el rencor, el resentimiento, el odio, las palabras, miradas y actitudes hirientes. Él nos creó para la felicidad, pero hay quienes eligen vivir auto compadeciéndose, amargados, negándose el derecho de ser feliz.
Tú que escuchas, aunque no pudieras ver, o caminar, aunque hayas perdido todo en la vida, o te hayan abandonado, rechazado, humillado, traicionado o te hayan hecho injusticia, aún puedes levantarte y tener victoria con Jesucristo, sólo necesitarás una cosa: necesitas querer creer, querer luchar de la mano de Jesús. y para comenzar a creer hay que reconocer humildemente, que sólo Dios es Dios, que sólo Él es el Poder Superior como le llaman algunos, o Jehová o Alá, y que nosotros llamamos: Padre Celestial.

Hay muchas causas que hacen que nos desanimemos y así nos apartamos del camino de Dios, pero ¿Sabes? Dios no es el autor del desanimo sino el amor propio herido y el egoísmo que luchan a muerte para que desistamos, nos desanimemos, nos rindamos y así apartarnos del verdadero amor, de la paz, de la fraternidad a la que fuimos llamados pues Dios sabe que sólo en el amor auténtico encontraremos nuestra verdadera identidad, nuestra verdadera realización.

Otras causas que nos desaniman es “llevar cargas”, como este marido mujeriego, esta esposa chismosa, este vecino imprudente, aquella compañera de trabajo que se mete en la vida de los demás, este otro que es tan superficial, el hijo rebelde, la enfermedad, etc. estamos como el pueblo de Israel en el libro de Números 11,10-15 que nos dice que Moisés tuvo que cargar con un pueblo muy rebelde, y eso hizo que Moisés se desanimara. La misma palabra del Señor en Gálatas 6, 1. 2 dice:

“Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse, pero háganlo amablemente y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba. Ayúdense entre sí a soportar las cargas y de esa manera cumplirán la ley de cristo”.


Pero por superficiales, muchas veces eso nos desanima porque no queremos ayudar a los hermanos en sus problemas, no queremos llevar la carga unos de los otros, porque no queremos comenzar por casa es decir por nosotros mismos. Hoy aquí y ahora, si quieres ser libre, si quieres tener paz, si quieres salir de esa situación interior de desaliento, si quieres que tu vida mejore y prospere, necesitarás querer comenzar por ti mismo, por ti misma, pidiéndole al Señor que sea Él quien transforme y cambie tu corazón, pero tú necesitarás querer alimentarte de su Palabra, y procurando escuchar mensajes como este, diariamente, sea mientras trabajas o haces limpieza o te bañas o caminas o manejas, pues así como programaste tu mente para lo negativo, ahora necesitarás querer comenzar a programarla para llegar a tener pensamientos positivos, pensamientos que bendigan es decir, los pensamientos de Cristo.

Algunas veces nos desanima una derrota. El libro de Josué7, 7-9 nos narra cuando el pueblo fue derrotado y por eso se desanimaron al igual que nosotros; cuando las cosas no nos salen como nosotros pensamos, creemos que hemos sido derrotados y nos encontramos caídos en el fracaso.

También nos sentimos sin ganas de seguir adelante, cuanto otros se oponen injustamente, así lo leemos en 1ª de Samuel 30,6 cuando dice que los enemigos de Israel, los amalecitas habían quemado la ciudad, se habían llevado prisioneros a sus mujeres, hijos e hijas y esto los puso a llorar a voz en cuello hasta quedarse sin fuerzas. El rey David estaba muy preocupado porque la tropa quería apedrearlo pues todos estaban muy disgustados por lo que había sucedido a sus hijos, sin embargo no se desesperó, ni huyó, sino que puso su confianza en el Señor su Dios.

En otras ocasiones, es el miedo el que nos desalienta y nos hace rendirnos. 1ª de reyes 19,1-8 narra cómo el profeta Elías, después de haber derrotado a los profetas de baal, del dios falso, corría peligro, y para salvar su vida, se fue al desierto. Caminó durante un día y finalmente se sentó bajo una retama es decir, un árbol de oriente; era tal su deseo de morirse que dijo: “¡Basta ya Señor!. ¡Quítame la vida, pues yo no soy mejor que mis padres!. Y se acostó allí bajo la retama y se quedó dormido.

Pero un Ángel llegó y tocándolo le dijo: “Levántate y come”. Elías vio una torta cocida sobre brasas y una jarra de agua, entonces se levantó y comió y bebió, pero el Ángel del Señor vino por segunda vez y tocándolo le dijo: “Levántate y come porque si no el viaje será demasiado largo para ti”. Elías se levantó y comió y bebió y aquella comida le dio fuerzas para caminar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Horeb, el monte de Dios. Luego nos dirá que Elías tuvo un encuentro con el Señor allá en la montaña y allá en la montaña el Señor lo regresa por donde vino prometiéndole que dejará en Israel personas que adoren al Dios verdadero, al Dios de Israel.

Nos desalentamos cuando estamos enfermos, pero en el libro del profeta Isaías 38, 9-20 leemos que cuando el rey de Judá, Ezequías sanó de su enfermedad, compuso este salmo:
“yo había pensado: en lo mejor de mi vida tendré que irme, se me ordena ir al reino de la muerte por el resto de mis días. Yo pensé: ya no veré más al Señor en esta tierra, no volveré a mirar a nadie de los que viven en el mundo. Deshacen mi habitación me la quitan como tienda de pastores. Mi vida era cual la tela de un tejedor que es cortada del telar. De día y de noche me haces sufrir.

Grito de dolor toda la noche como si un león estuviera quebrándome los huesos. Mis ojos se cansan de mirar al cielo. Señor, estoy oprimido, responde tú por mi. El sueño se me ha ido por la amargura de mi alma. Pero aquellos a quienes el Señor protege vivirán y con todos ellos viviré yo. Tú me has dado la salud, me has devuelto la vida. Mira en vez de amargura ahora tengo paz. Tú has preservado mi vida de la fosa destructoria porque has perdonado todos mis pecados. El Señor está aquí para salvarme.

Cuando estamos enfermos y pedimos a Dios que nos ayude y nuestra enfermedad no es curada rápidamente eso nos desanima, y nos rendimos. El apóstol Pablo oraba al Señor para que le quitara el aguijón del que habla en 2ª Corintios 12, 8 más el Señor le responde: “Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra mejor en la debilidad”. Pablo, abriéndose a la fe, en los versos siguientes dirá: “Me alegro de ser débil para que en mí se muestre el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo porque cuando más débil me siento, es cuando más fuerte soy”. Esto querido hermano, hermana que lees, ¡es creer en Dios!.

Hoy, necesitas comenzar por querer poner tu amor propio herido, tu soberbia, tus heridas, a los pies de Aquél al que traspasaron, -nos dirá el profeta Isaías en el capítulo 53, y que no abrió la boca mientras lo injuriaban, siendo un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento, que fue maltratado, pero que se sometió humildemente, yendo como cordero llevado al matadero, sin que nadie se preocupara de su destino, aunque nunca cometió ningún crimen ni nunca hubo engaño en su boca, Él, por quien todas nuestras heridas, han sido sanadas.

Y la Palabra del Señor no miente, cuando dice que todas nuestras dolencias, todos nuestros traumas, miedos, inseguridades, todo aquello que llamamos frustración y que en realidad tal frustración o frustraciones sólo existen en nuestra mente como tales porque lo queremos creer así, pues si luchamos sostenidos con la gracia de Dios, siempre habrá una salida, pues todo, pero todo, ha sido tomado por el corazón de ese Dios que es Padre y que nos ha regalado a su hijo Jesús, quien murió por mi, por ti en la cruz, y que hoy está vivo en nuestro corazón, llamándonos a la sabiduría, a la libertad interior, a la vida nueva, pues la Palabra del Señor nos dice en 2ª Corintios 5, 17: “El que está unido a Cristo, es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; lo que ahora hay, es nuevo”.


El capítulo 17 del libro de 2ª de Samuel, nos dice que David quien era un pastor de ovejas, siendo casi un chiquillo, quedó al servicio de Saúl el primer rey de Israel. Y nos dice el autor del libro que el pueblo de Israel, tenía enemigos y uno de esos enemigos muy potentes fue el pueblo de los filisteos. Al estar ya en guerra, de entre las filas del ejército de los filisteos salió Goliat el más fuerte y grande de los guerreros, pidiendo lo siguiente: “Denme un hombre para que luche conmigo”.

Al oír esto el rey Saúl y todos los israelitas, perdieron el ánimo y se llenaron de miedo, mientras tanto, el papá de David, Isaí, le dijo a David quien en ese momento se encontraba en su casa: “Lleva trigo tostado y panes junto con quesos a tus hermanos y al comandante del batallón y mira cómo están tus hermanos”. Saúl y los hermanos de David y todos los israelitas estaban en el valle de Ela luchando contra los filisteos. Al día siguiente, David madrugó y dejando las ovejas llevando consigo las provisiones que le entregó su padre Isaí, llegó al campamento en donde el ejército se disponía a salir a la batalla lanzando gritos de guerra.

Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente. David dejó lo que llevaba al cuidado del encargado de armas y provisiones y corriendo a las filas, se metió en ellas para preguntar a sus hermanos cómo estaban. Mientras hablaba con ellos, aquél filisteo llamado Goliat salió de entre las filas de los filisteos y volvió a desafiar a los israelitas. David lo oyó y vio también como los israelitas sintieron mucho miedo y huyeron de su presencia diciendo: ¿ya vieron al hombre que ha salido? ha venido a desafiar a Israel. David preguntó a los que estaban a su lado: ¿qué darán al hombre que mate a este filisteo y borre esta ofensa al pueblo de Israel? ¿Quién es este pagano para desafiar así al ejército del Dios viviente? y respondieron: “Dará muchas riquezas”. David dijo a Saúl: “Nadie debe desanimarse por causa de este filisteo. Yo, un servidor de su majestad, iré a pelear contra él”. Saúl le dijo: “No puedes ir tú solo a luchar contra ese filisteo porque eres muy joven, en cambio, el ha sido un hombre de guerra desde su juventud”.

David contestó: “Cuando cuidaba las ovejas de mi padre, si un león o un oso venía y se llevaba una oveja del rebaño, iba tras de él y se la quitaba del hocico y si se volvía par atacarme, lo agarraba por la quijada y lo mataba. Así fuera una león o un oso, lo mataba, y a este filisteo pagano, le va a pasar lo mismo porque ha desafiado al ejército del Dios viviente, pues el Señor que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de las manos de ese filisteo”.

El rey Saúl le dijo: “Anda pues y que el Señor te acompañe”. Luego hizo que le pusieran un casco de bronce en la cabeza y lo cubrieran con una coraza. Finalmente David se colgó la espada al cinto sobre su ropa, y trató de andar así, porque no estaba acostumbrado a todo aquello, así que le dijo en seguida a Saúl: “No puedo andar con esto encima, porque no estoy acostumbrado a ello”. Se quitó todo, tomó su bastón de pastor, escogió cinco piedras lisas del arroyo, las metió en la bolsa que traía consigo y con su honda en la mano, se enfrentó con el filisteo.

Goliat, llamado el gigante por su alta estatura, estuvo frente a frente y cuando miró a David viendo que era joven, de piel sonrosada y bien parecido no lo tomó en serio diciendo: “¿Acaso soy un perro para que vengas a atacarme con palos?” y maldijo a David, además de decirle: ven aquí que voy a dar tu carne a las aves del cielo y a las fieras. Pero David le dijo: “Tú vienes contra mí, con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti, en el nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel a quien has desafiado”

“Ahora el Señor te entregará en mis manos y hoy mismo todo el mundo sabrá que hay un Dios en Israel. Sabrán que el Señor no salva con espada ni con lanza. Esta batalla, ¡es del Señor”. El filisteo Goliat, avanzó para atacar a David pero David rápidamente metió su mano en la bolsa, sacó una piedra y arrojándola con la honda contra Goliat éste cayó al suelo.

De este pasaje podemos sacar una gran enseñanza y preguntarnos en nuestro interior: ¿Quién es para ti, o para mi, ese ejército o ese gigante Goliat que nos está haciendo la guerra y que quiere matarnos cuanto antes para entregarnos a la desesperación, al desaliento, a la ira, a la violencia, al sin sentido, a las ganas de huir, a las ganas de morir?.

Quizá sean esas palabras hirientes que te dijeron, quizá sean esas heridas que llevas en tu subconsciente agazapadas, heridas que se hicieron tal vez desde el vientre materno y por eso reaccionas huidizo, o controlador o reacciones de una manera masoquista y por eso comes compulsivamente como queriendo darte en una comida todo el amor que no supieron darte.

¿Sabes?, cuando David vio al gigante, no huyó, ni se acobardó porque David –por lo que se lee en la Biblia, no acostumbró a su mente a pensar de forma negativa, por lo tanto su manera de ver la vida y sus acciones eran positivas así que podemos decir que seguramente empezó a traer a su mente, los éxitos del pasado contra los osos y leones, de tal manera que cuando estuvo frente a frente con el gigante Goliat pensó: ah, a este me lo bajo también, así que no se me ponga bravo porque lo voy a agarrar como agarré al león, y al oso.

Así hoy tu, aquí y ahora, levántate en fe y di: “Este es el día que hizo el Señor, día de Victoria, y me gozaré y me alegraré en Él porque grande es su misericordia todos los días”. “Oh Señor, tierno y maravilloso, al despertar sáciame cada mañana con tu gracia, y en ese despertar, sáciame de tu Presencia, y en mi boca estará tu alabanza por las noches”, y comenzarás a sentirte fuerte, firme, sin miedo, pero necesitarás querer saciar de bien tu boca para que rejuvenezcas como el águila de la que habla alegóricamente en otro pasaje el profeta Isaías.

Lo que tú construyes en tu mente, lo edificas en tu vida es decir, que si tú permites fantasmas mentales como:

“Me va a ir mal en este asunto, yo de esta depresión no salgo, la vida es pesada, fastidiosa, tediosa, horrible, mi marido o mi esposa es una loza para mi, mis hijos están terribles, el jefe está insoportable, el mundo está a punto de explotar. ¡Dios!, ¿Por qué te llevaste a este ser tan querido?, no voy a poder vivir sin él, sin ella, de esta enfermedad no me levanto, este dolor es insoportable, etcétera, etcétera, si tu permites una programación negativa, estrecha, angosta, cerrada, estarás yendo derechito a un camino sin salida, a un cuarto oscuro sin puerta ni ventanas, te estarás echando una soga mental al cuello y querrás no existir, no vivir, te estarás suicidando psicológicamente y perderás la brújula del sentido de vida.

En cambio, cuando declaras con tu boca, que lo único que tienes por vivir es este instante, es decir, el presente, y crees la Palabra del Señor en Efesios 4, 17 que dice: “Ya no vivan más como los que no creen en Dios, quienes viven de acuerdo con sus inútiles pensamientos, y tienen oscurecido el entendimiento. Ellos no gozan de la vida que viene de Dios, porque son ignorantes a causa de lo insensible de su corazón”.

Si tú que escuchas, pones buena cara al tiempo de crisis, al tiempo de purificación y crecimiento, si al mal tiempo le das buena Palabra, Palabra Santa, Palabra de Poder Divino, entonces estarás yendo siempre para adelante sin mirar nunca lo que dejas atrás, porque la Palabra del Señor dice que “El que echa la mano en el arado y mira para atrás, no podrá entrar ni disfrutar del reino de Dios” que precisamente ya está en tu interior, en tu corazón y que es paz, gozo, alegría, humildad, bondad, dominio de sí, pero te repetimos: necesitarás querer creer.

Cuando veas al pasado, mira con verdad y medita en las victorias que has tenido porque el Señor estuvo ahí, ayudándote, consolándote, levantándote. No te quedes mirando lo que tú y solamente tú has llamado “fracasos”. ¡¡Qué sabemos del otro lado de las cosas!!. y deja de llamar “mala suerte” a lo que no sale como tú piensas, porque en realidad, nunca podrás afirmar que hubiera sido mejor que pasara esto, o esto otro, o que no pasara aquello y eso y eso otro, que hubiera sido mejor estudiar esto que esto otro, o que hubiera sido mejor no haber salido de casa el día de hoy.

Te aseguramos en el nombre del Señor que si miras siempre para adelante, si caminas confiado cogido de la mano de Jesús, si fijas tu mirada en Él, si te aferras a su amor y crees su palabra en Romanos 8, 28 en donde Pablo nos dice: “Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito”, y ¿sabes?, Mayor es el que está en ti, Mayor es Dios que todas las tempestades, que todas las bocas chismosas, que todas las pasiones desordenadas, que todos los apegos enfermizos, que todas las enfermedades, que todas las depresiones, que todo lo que te ata y no te deja ser libre, mayor que una quiebra económica, mayor que una inundación, mayor que la muerte. Sí, Mayor es el que está en ti, y si Dios está a tu favor, nadie te podrá hacer la guerra, nadie te podrá derrotar.

Dice la Palabra del Señor en el Salmo 23 en el verso 6: “Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días” y el Salmo 42, 8 dirá: “De día el Señor me envía su amor y de noche no cesa mi canto ni mi oración al Dios de mi vida”. El salmo 90, 14 dice: “Sácianos de tu amor al comenzar el día y alegres cantaremos toda nuestra vida” y el salmo 100, 5 dice: “Porque tu Señor eres bueno y tu amor es eterno, tu fidelidad no tiene fin.

Jeremías 31, 16 dice: “Ya no derrames tus lágrimas, pues tus penas tendrán su recompensa, yo el Señor lo afirmo: hay una esperanza para tu futuro”. “no llores más”. Si hubiéramos podido mirar ese momento en el que el Señor le dijo al profeta “no llores más”, seguro que hubiéramos oído decirle: ya, sécate las lágrimas, mira toma este pañuelo, que tengo una palabra de poder para ti.

¿Sabes?, la piel se arruga sí y el pelo se volverá blanco, los días se convierten en años, pero lo importante no cambia sino que se vuelve oro: tu fuerza, tu convicción, tu experiencia, porque éstas no tienen edad sino valor eterno. Tu espíritu transformado por la Palabra del Señor, será ese poderoso “limpiador” que tornará las telarañas en libertad. Saber que siempre habrá partidas y que después de cada logro te encontrarás con otro desafío pero desistir o rendirte, ¡Nunca!. Sigue aunque tu amor propio herido o los demás esperen que abandones. No tengas lástima ni de ti ni de nadie, al contrario, se misericordioso, y siente profundo respeto por ti y por los demás, por la creación entera, y cuando no puedas correr, trota y si no puedes trotar camina y si no puedes caminar, usa con humildad un bastón pero nunca te rindas porque sabes por experiencia, que tu fuerza es Él: Dios.

El siguiente anécdota es un poco duro, pero creo que nos servirá para enseñarnos sobre la importancia de dejar que la luz del señor guíe nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestra mirada, nuestros pasos, nuestras acciones.

En un laboratorio hicieron un experimento con dos ratoncitos y metieron al primero en un frasco oscuro, con el 75% lleno de agua y sin ningún orificio en la tapadera. ¿Sabes cuánto tiempo duró haciendo la lucha por salir de ahí?: sólo 3 horas. Metieron al segundo en el mismo frasco oscuro y con la misma cantidad de agua pero en la tapadera había un hoyo pequeñísimo por donde se filtraba el aire y la luz. ¿Sabes cuánto tiempo luchó por salir de ahí?. Tres días. ¿Ves ahora la importancia de no quedarse como el avestruz, que mete la cabeza en la tierra rindiéndose?

El señor sabe que con llorar no arreglas nada y si en su momento llorar te sirvió de catarsis, es decir, de liberación, hoy necesitas levantarte en fe y decir: “El Señor es mi roca y mi salvación, ¿a quién temeré?. El Señor es la defensa de mi vida, ¿Quién me hará temblar?. Si tú y yo quisiéramos oír al Señor como hay qué oírlo, como hay que escucharlo. El Señor hoy nos dice a nosotros, su nuevo pueblo, como le dijo a su pueblo por medio del profeta Jeremías: “No llores, más, porque salario hay para tu trabajo”. Así que levanta tus manos al cielo y di:

“Salario hay para mi trabajo dice el Señor Dios, y no los hombres”, es decir, “Se Señor que ahora mismo hay bendición para mi, porque tu amor es infinitamente misericordioso. Se que ahora mismo me estás dando la libertad, la alegría, la paz, el entusiasmo, la fuerza para luchar, la luz para mirar desde ti mi vida y a los demás. Hoy no quiero recibir salario de maldición proveniente de mi amor propio herido o de rencores pasados que me dejan en la calle, en la miseria. Hoy se que tú eres mayor que todo y que contigo no hay nada imposible para mi, porque todo lo puedo en ti que me fortaleces”.

El señor Dios, en toda la Sagrada Escritura, nos enseña y nos invita a no tener miedo a nada ni a nadie. Así que en el nombre de Jesucristo te decimos: no le tengas miedo a nada, no te rindas ante nada, ni ante el desaliento, ni la desesperación, ni ante el odio, la ira, el resentimiento, la tristeza o la depresión.

No tengas miedo de nada. Tú eres un ser humano en el que Dios N.S. ha derramado todo su Espíritu y al que ha regalado el don de la fe. Sólo necesitas querer creer en el; sólo necesitas querer dejarte salvar por Él; sólo necesitas querer dejarte amar por Él.

Es verdad que cuando uno está en lo más hondo de la depresión sentimos que no se puede hacer nada, pero a pesar de sentir lo peor, a pesar de haber llegado hasta el fondo de las aguas, a pesar de sentirte en el polvo de la muerte, fíate de Dios y desde ahí dile una y otra vez:

Busco mi refugio en ti señor y es por demás que me diga mi subconsciente herido: “huye, échate para atrás”, porque se en manos de Quién está mi vida, porque se que Tú eres la ayuda de los indefensos y de los huérfanos, porque se que Tú me animas y me atiendes.

Así que allá en tu corazón, en lo más íntimo de tu ser, (cerrando tus ojos) y respirando suave, profundo y lento, toma conciencia de que el único instante que tienes para ser feliz, es hoy, aquí y ahora. Deja que tu corazón continúe en esa Presencia Divina que habita en tu profundidad y dile:

Señor, he preferido cerrarme sobre mi mismo, sobre mi misma y no querer ver desde tu claridad. Los pensamientos negativos que he dejado anidar en mi mente, me han martirizado, me han perturbado y casi me han hecho desistir en esto de seguir luchando, de seguir en la vida con ánimo, con esperanza, pero hoy me haces ver que siempre hay luz detrás de la sombra y que tu gracia siempre está dispuesta a iluminarme a hacerme fuerte, que tu gracia siempre me sostiene, pero que necesito querer mirar con el corazón, desde la fe.

Hoy te entrego esta lucesita que comienza a brillar en mi interior, ¡es mi fe puesta a caminar! que quiere volver al camino verdadero es decir a ti, al Amor que eres Tú.


Con tu poder señor, no quiero dejar que se apague nunca más mi fe, ese regalo maravilloso que me has dado, no quiero desistir más, porque hoy se que todo depende de mi forma de mirar, todo depende de que yo quiera conocerte más profundamente; hoy se que todo depende de que yo quiera conocerme, amarme, aceptarme y pueda conocer realmente a cualquier ser humano, amarle y aceptarle. Entonces estaré entrando –por tu gracia- en el camino del amor, de la libertad interior, de la madurez verdadera.

Señor Jesús, hoy me entrego a ti, te reconozco como el único salvador de mi vida. Te entrego todo lo que soy, siento y tengo. Ayúdame a conocerte realmente y ayúdame a valorar ese tesoro que has hecho de mi, pero que los golpes de la vida no me han dejado descubrir.

Aquí estoy ante ti, deseando ser mejor ser humano, deseando vivir en paz, deseando ver la vida desde tu sabiduría ¡Oh Dios! sáname, pacifícame, ilumíname, ámame. Sáname, pacifícame, ilumíname, ámame. Amén.

 

 

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NO TE RINDAS ANTE EL DESALIENTO


Hoy queremos comenzar nuestra reflexión cuestionándonos y cuestionándote sobre lo siguiente: ¿Estás experimentando el desánimo? en caso afirmativo ¿De dónde crees que proviene tu desánimo y desaliento? ¿Qué puede estarlo provocando? ¿Admites como humano el desaliento o eres de aquellos que creen que un ser humano maduro o que un cristiano por más profundo que sea, nunca se desanima? ¿Qué propones para aprovechar al máximo esta experiencia dolorosa, que al final de cuentas si miras con fe y esperanza, con positividad te traerá crecimiento?. ¿Tienes como medio y como puerto de salvación la oración en el corazón, la meditación de la Palabra Divina?

Ahora piensa en esto que vas a escuchar: desaliento significa decaimiento del ánimo, carencia de vigor o de fuerza. Y decepción, significa impresión desagradable o sensación de pesar que se experimenta al ocurrir algo de modo distinto a como se esperaba o deseaba. Esto nos dice que cuando experimentamos el desaliento es porque nos sentimos decepcionados y si permitimos que se nos caiga hasta el suelo el alma, es porque la habíamos puesto en lo que es variable, voluble, caduco, infiel.

Para no caer en las garras del desaliento, será preciso que en tu vida, tengas como norma de vida lo siguiente: “No esperes nada de nadie, es decir, espera todo de Dios y de ti” y “Pon tus ojos fijos sólo en Jesús, caudillo y consumador de tu fe”.

Por otra parte, la lógica nos dice: “Lo que se sabe, se espera”, y si tu miras que está nublado y que el cielo está con un determinado color, y sientes un ambiente atmosférico específico, sabrás que lloverá, y no te tirarás a morir por esto. Si sabes que la ley de la naturaleza es nacer, crecer, reproducirse y morir, no te asustarás porque tus hijos que eran bebés hace unos años, hoy son personas adultas, ni te deprimirás hasta no querer vivir porque alguien o tu mismo enfermaste, ni te aterrarás porque un bebé muy enfermo y que aún está en el vientre de su madre tenga que morir. Esto es normal –repetimos- dentro de las leyes de la naturaleza. Tampoco sufrirás hasta llegar a la depresión, porque hay gente neurótica, que grita todo el tiempo, que no ha sabido manejar la ira o en general sus emociones ni sus sentimientos y que es pulsional o impulsiva, antes que racional o reflexiva, porque si se es así, es porque se está reaccionando al dolor de heridas no sanadas no solucionadas en el subconsciente y porque no se ha tenido la oportunidad de estar en una escuela en donde te eduquen para la vida o porque no se ha querido cambiar.

Quizá hoy te preguntes: ¿Y por qué me están diciendo todo esto?. Simplemente porque pretendemos que seas más feliz, que sufras menos, que no te asustes de nada, que mires con Sabiduría Divina la vida, que despiertes, que uses tu inteligencia, tus pensamientos y tu voluntad para el bien, para la construcción de una vida plena, pero como diremos en todos los temas:


Necesitarás querer cambiar tu manera de pensar, tus actitudes, por la manera de pensar y las actitudes que tuvo Cristo, y Él siempre fue positivo y libre interiormente; además necesitarás querer creer, querer que tu fe sea robusta, fuerte, invencible, adulta.


Para nosotros una de las pruebas definitivas de que la Biblia, las Sagradas Escrituras son Revelación Divina, es precisamente, el hecho de que en ellas te encuentras con seres humanos frágiles, vulnerables que han sentido el desaliento y la decepción. Fíjate que no se trata de individuos perfectos, infatigables, incansables, indubitables es decir, que nunca dudaron; antes bien, nos da una colección de individuos de lo más humano, no de plástico sino de auténtica carne y hueso.

Los capítulos 18 y 19 del primer libro de los Reyes nos muestran algunos aspectos de la vida de Elías. Elías es, sin duda, el mayor y más grande profeta de Israel; estos capítulos nos muestran a un profeta tan desanimado y desalentado porque lo persiguen, que desea incluso morirse. Y todo ello, después de haber tenido el gran triunfo ante los sacerdotes de baal uno de los dioses paganos.

Los seres humanos, de todos los tiempos, cuando no sabemos para qué estamos en este planeta, cuando tenemos los ojos puestos únicamente en el hombre y nos olvidamos de mirar a Dios. Perdemos la esperanza porque no conocemos el amor verdadero y nos queremos morir. Sin embargo, el Señor Dios no se indigna con el profeta, sino que comprende su debilidad como ser humano, le da una terapia de comer, dormir y descansar y, posteriormente, le ayuda a recobrar la mirada correcta es decir, la mirada del Amor de Dios, el alimentarse, con la palabra, el dormir en Sus manos y en descansar en fe y esperanza.

Al desánimo, y al desaliento lo podemos comparar con un pozo, y mientras más hondo es el pozo, mayor es la oscuridad y tampoco nadie se salva del precipicio mirando para abajo, ni de la oscuridad tapándose los ojos. Para salir del pozo hay que mirar para arriba y para salir de la oscuridad, hay que querer mirar a la luz.

Pero hablemos como dirán algunos “en plata”, pues a veces tenemos razones para estar "boquiabajo", ya que este camino que a veces se nos hace eterno o como que el tiempo se ha detenido, es difícil, tanto que nos parece imposible continuar y nos parece así porque nos dejamos controlar por el desánimo, y la desilusión. Creemos que tenemos dominio sobre nuestra mente, sobre nuestros pensamientos y sobre nuestras acciones, sobre las cosas y las circunstancias, pero en realidad, diariamente y a cada momento caemos en la trampa de los apegos, en las garras de pensamientos destructivos y decimos y hacemos lo que no queremos o nos dicen y nos hacen lo que no quieren y nos sentimos golpeados por la impotencia de no poder superar los obstáculos, entonces el pozo del desánimo y del desaliento nos envuelve llevándonos una vez más, a un abismo semejante a la misma muerte.

Pero veamos positivamente todo lo que acabamos de decir, pues a veces hay que tocar fondo para poder subir, y aquello que nos hunde puede convertirse en cimiento que nos eleva si cambiamos el modo de mirar las cosas, si nuestra actitud es positiva, si nos volvemos a la fe, si decidimos salir, si en lugar de hundirnos con lo negativo, sacamos lo bueno lo positivo, si elegimos comenzar a cambiar nuestra manera de pensar, pues el secreto está en cómo manejamos nuestra mente y qué actitud tenemos. El apóstol Pablo es especialista en esta enseñanza.

En su carta a los Romanos capítulo 8, dice: “Considero que los sufrimientos del tiempo presente no son nada si los comparamos con la gloria que habremos de ver después” y esta gloria el Señor la prometió a sus amigos mientras confíen en Él. Esta gloria viene después de que has asumido, de que has aceptado en la fe aquello que te es imposible superar por ti solo, sola, porque cuando se da paso a la fe, y permites que la gracia del Señor te levante y su Espíritu de Amor te ilumine, se crece en la esperanza, en la alegría, en la positividad, en la humildad, en la obediencia a la Palabra del Señor, en la convivencia humana, en la solidaridad, en la generosidad, en el dominio propio, en la alegría, en la confianza, en el verdadero amor.

Será importante también que sepas, que los seres humanos así como estamos dotados de un cuerpo físico con todas sus partes y funciones, tenemos alma y el alma se compone de la mente o intelecto, las emociones y la voluntad, pero debido a que la saturamos de egoísmo, puede y debe ser purificada y sometida al fuego de la Palabra de Dios para convertirla como dice el apóstol Pablo en la 2ª carta a Timoteo 2, 21: “Para ser de uso especial, consagrado y útil al Señor, uno tiene que mantenerse limpio de todo lo negativo; entonces seremos útiles para cualquier cosa buena”.

La Palabra del Señor lo que pretende es comunicarte sabiduría e instrucción, ayudarte a comprender palabras llenas de sentido, adquirir prudencia, justicia, rectitud y equilibrio, darte conocimiento y reflexión y sabemos que eres inteligente, capaz de escuchar para adquirir más sabiduría y experiencia y la sabiduría comienza por honrar al Señor. El libro de Proverbios en sus nueve 9 primeros capítulos nos enseña todo esto y nos dice en el capítulo 1 verso 23: “Presten atención a mis correcciones y yo los colmaré de mi Espíritu, les daré a conocer mis pensamientos. Yo los he llamado, los he invitado a venir. El que me preste atención vivirá en paz y sin temor de ningún peligro. Haz tuyas mis palabras hijo mío, guarda en tu mente mis mandamientos, presta oído a la sabiduría, entrega tu mente a la inteligencia. Pide con todas tus fuerzas inteligencia y buen juicio; entrégate por completo a buscarlos como si buscaras plata o un tesoro escondido. Entonces sabrás lo que es honrar al Señor, descubrirás lo que es conocer a Dios.

Y en el capítulo 3 versos del 5 al 8 dice: Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas y Él te llevará por el camino recto. No te creas sabio. Honra al Señor y apártate del mal: Esa es la mejor medicina para fortalecer tu cuerpo. En el capítulo 4 verso del 18 al 27 nos dice:

“El camino de los justos, de los que me buscan sinceramente, es como la luz de un nuevo día, va en aumento hasta brillar en todo su esplendor. Pero el camino de los que se obstinan en sus propios pensamientos es oscuro. ¡Ni siquiera saben contra qué tropiezan!. Atiende a mis palabras hijo mío, préstales atención, jamás las pierdas de vista. ¡Grábatelas en la mente!. Ellas dan vida y salud a todo el que las halla. Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida. Evita el decir cosas falsas; apártate de la mentira. Mira siempre adelante, mira siempre de frente. Fíjate en dónde pones los pies, y siempre pisarás terreno firme. No te desvíes de tu camino, evita el andar en malos pasos.

Sabes, cuando permitimos el desaliento y la decepción en nuestra vida es porque nos hemos olvidado de mirar desde la fe, por preferir mirar desde la mundaneidad y superficialidad. El desánimo, el desaliento, es una de las armas favoritas del egoísmo y de un subconsciente herido, pues una cosa es sentirnos impresionados y adoloridos emocionalmente e incluso hasta físicamente, cuando nos sucede algo muy fuerte como una muerte inesperada de alguien muy querido para nosotros, o saber que nos den el diagnóstico de cáncer o que hemos perdido nuestra casa o que tuvimos un accidente o que una amistad se rompió por una tontería o que viste al esposo con otra o que nadie te comprende, etcétera, pero otra cosa muy distinta es bajar los brazos, encerrarse y deprimirse.

Otro ejemplo, es cuando hemos visto a muchas personas empezar un ministerio específico para el Señor como por ejemplo: evangelización, cuidado de enfermos, etc, con mucho entusiasmo y dedicación, o personas que conocen al Señor y deciden vivir una vida más plena en sus hogares, en su trabajo y en todo lugar donde van, pero frente a las primeras adversidades, dejan todo de lado y abandonan a la mitad del camino el proyecto que el Señor Dios tenía para ellos.

Deseamos que tú no seas uno de estos casos, por eso oramos para que este sencillo tema cargado del Poder de la Palabra del Señor, mueva la tierra de tu corazón y permitas que la semilla que Jesús ya ha plantado, produzca fruto y fruto en abundancia.

En seguida, vamos a darte algunos consejos para enfrentar el desánimo, el desaliento, la decepción, escucha y pon atención: No lleves solo, sola la carga: busca la compañía de amigos que tengan a Jesús como Luz y Guía de su vida y que esto lo veas manifestado en sus palabras, y en sus acciones. El libro del Eclesiastés 4,9 nos dice que “Es mejor ser dos que uno”. Así que si esta persona es prudente y sincera, no escondas tus sentimientos y dolores, habla con alguien y comiencen a orar juntos por tu necesidad. No te compares con nadie pues tú eres único, única: En 1a de Reyes 19,4 el profeta Elías en un momento de desaliento, se compara diciendo: "No soy mejor que mis padres". ¿Sabes? Nunca te compares con otros, pues cada uno tiene su propia identidad.

Somos únicos y la meta en la vida no es competir con otros, sino vivir en plenitud todo lo que podamos ser de grandes en el Amor para el Señor Dios, para nosotros mismos y para los demás.

No te dejes manejar por tus emociones que hoy están y mañana ya no. No quiere decir que estemos en contra de las emociones sino que necesitarás educarlas con mucha paciencia, por eso te invitamos a perseverar en el conocimiento de Dios, en su Palabra, pues no podemos dejar que nuestra vida cristiana sea dirigida por nuestras emociones que vienen de pensamientos negativos que hemos engendrado por años, muchos años. La Palabra de Dios nos pone en alerta ante las emociones diciéndonos que el corazón del hombre es difícil de entender y que sólo Dios lo conoce bien y nos dice esto, porque sabe que el ser humano es muy cambiante cuando no ha cimentado su vida en la Roca Firme que es Él.

Por ejemplo, hay días en los cuales no tenemos ganas de leer la Biblia, pero igual debemos hacerlo porque la inteligencia, la razón nos dice que es nuestro verdadero alimento, que es lo único que nos va a ayudar a superar la muerte de ese ser querido, que es lo único que nos va a animar en la enfermedad que padecemos, que es lo único que nos dará paz ante la ofensa de otros que salió de un subconsciente herido y falto de sabiduría.

Hay momentos en que "no sentimos" deseos de seguir adelante con nuestros sueños porque creemos que nadie en el mundo más que nosotros nos sentimos solos, que no vale la pena, pero igual debemos seguir avanzando, por eso te decimos que no exageres las cosas: El profeta Elías le dice al Señor Dios: "He quedado solo y me buscan para matarme" (1° reyes 19,10). Sí, se sentía solo, pero dice el versículo 18 que había otros siete mil que tampoco se habían inclinado ante el Dios falso baal. Elías estaba haciendo el papel de víctima, como tú y yo que a veces exageramos nuestra preocupación por los problemas.

Jesús el Señor en el Evangelio 6 verso 25, hablándonos del cuidado que el Padre Celestial tiene por sus hijos nos dice: “No se preocupen por lo que han de comer o beber para vivir, ni por la ropa que han de ponerse” y en el verso 27 dice: “En todo caso, por mucho que uno se preocupe, ¿Cómo podrá prolongar su vida ni siquiera una hora?, y en los versículos del 30 al 34 dice: Pues si Dios viste así la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, ¡Con mayor razón los vestirá a ustedes, gente falta de fe!, Así que no se preocupen preguntándose: ¿Qué vamos a comer? O ¿Qué vamos a beber? O ¿Con qué vamos a vestirnos?”.

“Todas estas cosas son las que preocupan a quien no cree en Dios, pero ustedes tienen un Padre Celestial que ya sabe que las necesitan. Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de Dios y en hacer lo que Dios exige y recibirán también estas cosas. No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas”.

Y en el libro de Isaías 44, 18 dice el Padre Dios: Ya no recuerdes el ayer, no pienses más en cosas del pasado. Yo voy a hacer algo nuevo y verás que ahora mismo va a aparecer. Voy a abrir un camino en el desierto y ríos en la tierra estéril, pues yo por ser tu Dios, borro tus crímenes y no me acordaré más de tus pecados. En el capítulo 44, 1-8 nos dice hoy a ti y a mi: Escúchame ahora Israel, Yo soy el Señor tu creador, que te formó desde antes de nacer y que te ayuda. No temas, pues eres mi elegido. Yo te daré nueva vida y a tus descendientes les enviaré mi bendición. ¡Ánimo, no tengan miedo!.

En momentos de desaliento, de decepción, ante alguna pérdida sea la que sea, ¿No es verdad que prefiero, prefieres morirte de miedo? antes que tomar por ejemplo, el salmo 23 (22) en el que el salmista nos vuelve a la realidad diciendo que el Señor es nuestro Pastor y nada nos falta porque lo tenemos a Él.

Sabiendo esto, de ahora en adelante, no prefieras caer en la trampa de tu amor propio herido o de tu subconsciente enfermo: meter la cabeza debajo de la tierra no soluciona las cosas. Los problemas, las situaciones difíciles hay que enfrentarles y tratar de resolverlas. Es verdad que ante cualquiera de las heridas como el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia, o ante un incendio que acabó con tu casa y tus cosas, o ante un huracán o lluvias fuertes que lo inundaron todo o ante una muerte imprevista o una enfermedad incurable, tenemos que pasar por el proceso del “duelo”.

Y para procesarlo mejor te diremos que la primer etapa es la negación o choque, ese no admitir de momento lo que ha pasado como sistema de defensa para reducir la ansiedad que nos produce el sentirnos amenazados es decir: De pronto decimos: ¡No es posible! ¡No puede ser! o también decimos: “Aquí no pasa nada”, “Todo está bien” en lugar de abrirte a la fe y decirle a tu alma: “El Señor está contigo, no temas, esto es una realidad, un hecho consumado, pero con la ayuda del Señor todo será mejor, estoy en tus Manos Dios mío”.

Segundo pasar por el momento de ira u odio en donde te reprochas o reprochas la pérdida que acabas de sufrir, sea salud, sea una muerte, sea una palabra hiriente, sea una agresión física etc, en lugar de abrirte al amor y decir: “Yo no se nada Padre mío, solamente se que me amas, entonces quedo en silencio en mi mente y no me martirizo, porque se que tú me amas, porque se que eres mi Padre y si esto ha sucedido, por duro que sea, tú sacarás bien, y no quiero maldecir a nadie sino bendecir, porque se que en el bendecir está el reino de paz, de luz, de verdad, de libertad, de verdadero amor”.

Tercero, el regateo que se da una vez que te calmas aparentemente e intentas recuperar la pérdida poniendo reglas es decir: “Si haces esto”… sea al Señor Dios o a la persona que te hirió o te abandonó o a quienes quedaron viviendo contigo, o a la mismos medicamentos….en lugar de dejar todas tu preocupaciones en las manos de Dios, y ocuparte en dar solución a esa situación pero con humildad y paz, porque sabes que Él sabe lo que es mejor para ti.

Y porque sabes que aunque el Padre Dios no quiere el sufrimiento de sus hijos, ha dejado actuar a la ley de la libertad humana, a la ley de la naturaleza y saber que esto es así y Jesús en la cruz lo sabía, pero en la debilidad siente por un momento el desaliento más grande que le hace exclamar: “¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!”. Más Jesús, en lugar de permanecer en la oscuridad de la depresión prefirió vivir hasta el último momento de su vida, en fe, por eso pudo hacer la más grande entrega a su Padre Dios cuando dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi vida”.

Cuarto: la depresión, ese vacío sin sentido en el que has caído por no querer caminar por fe. Luchas por evitar la realidad hasta caer en una profunda depresión, por mirarte demasiado a ti, por sentirte la víctima, por tener a las personas y a las cosas y hasta a ti mismo como centro de vida, por no saber o no querer saber que esto es así y reconocer como el apóstol Pablo que la vida tiene sentido aunque se hunda el mundo, por eso en Filipenses 1, 20 y 21 dice:

“Espero firmemente que Dios no me dejará y que se verá más y más en mi la grandeza de Cristo tanto si estoy vivo como si estoy muerto, porque para mi la vida es Cristo y la muerte una ganancia”. Y en el versículo 27 nos dice el secreto de esta manera de pensar tan llena de fe y positividad: “Procuren que su manera de vivir esté de acuerdo con el evangelio de Cristo”. En el versículo 29 termina diciendo: “Pues por causa de Cristo, ustedes no sólo tienen el privilegio de creer en Él sino también de sufrir por Él”.

Y por último, la aceptación, es decir que si supiéramos comprender, no haría falta perdonar. Sí, el secreto está en aceptar tu forma de ser y la de los demás, aceptar una muerte, un accidente, una fractura económica, un periodo de crisis, una enfermedad, una depresión endógena, una pérdida de empleo, una mala respuesta, una mala cara etc.

Y la aceptación llega tan pronto como lo decides. Llega cuando te pones en paz con la realidad, cuando respetas las leyes de la naturaleza humana, las leyes cósmicas, las leyes de la naturaleza. Llega cuando prefieres el amor al rencor. Llega cuando miras a través de la mirada de Cristo.

Elías, en medio de su angustia, se encerró en una cueva. Muchos se encierran en sus piezas, en sus cuartos y no quieren salir de sus casas. Esa es la peor receta –receta infantil por cierto- para enfrentar un momento de dificultad. Ahora mismo te decimos que salgas de tu encierro, busca a otras personas que te puedan ayudar y por sobre todo, busca al Señor. Dios le dice al profeta: "¿Qué haces aquí Elías ?" (1° reyes 19, 9).

Tú que escuchas déjanos decirte que el Señor no te quiere ver angustiado. Sal de esa cueva, allí no está la respuesta a tu problema. La respuesta está en tu actitud, y está en Dios.


Por último te decimos que no renuncies nunca a tus metas y si no has tenido una hasta hoy, queremos que sepas que la más grande meta, el más grande proyecto que Dios ha pensado para ti, es que te realices en su Amor y parte de ese proyecto es el que tú quieras hacerlo crecer cada día, cada momento en tu vida, en cualquier pensamiento que elabores, en cualquier palabra que pronuncies, en cualquier hecho de tu vida, en cualquier decisión que tomes, ya sea estudiar esto, o trabajar en aquello o si eres un enfermo crónico que está postrado en cama y no puedes salir, pero sí puedes tener una actitud positiva, abierta a la luz del Señor siempre sabiendo por la fe, que “Nunca te abandonará aún cuando ya no tengas fuerzas”, dice el salmo 71(70).

Moisés fue un hombre que vivió por fe y que en medio de la adversidad, "Se sostuvo como si viera al Invisible" nos dirá la carta a los Hebreos 11,27. Así que después de escuchar todo esto, la peor decisión que podemos tomar es renunciar, bajar los brazos y abandonar nuestra vida misma. Ya en otro tema veremos más de cerca el Proyecto de Dios para tu vida y también cómo aprender a vivir en sabiduría y cómo manejar nuestras emociones, para ello, será importante que quieras perseverar y que quieras tener paciencia.

¿Sabes? La victoria no es de los impacientes o inestables, ni está al principio ni en medio del camino, sólo al final, o ¿No es verdad que cuando vas a una determinada ciudad no te quedas en el primer pueblo que ves porque sabes que no has llegado a tu meta?. O ¿No es verdad que cuando estudias una carrera de cinco años en la Universidad, no pides el título profesional al tercero?. ¿No es verdad que no puedes saborear un pollo a la vinagreta o al carbón en los primeros 5 minutos de haberlo metido al horno?. ¡No! Necesitas paciencia y tenerte mucho amor, tanto como el que Dios te tiene a ti.

Pues es lo mismo en la vida interior, en la vida espiritual los que avanzan en fe, los que no se rinden, los que se saben fuertes en Jesús y salen victoriosos, son quienes que verán la gloria de Dios sobre sus vidas y sus ministerios. Así que no retrocedas nunca. No te rindas, persevera en el amor, persevera en la humildad, persevera en esos momentos fuertes en los que tú ante su Palabra y Dios deciden lo mejor. El apóstol Pedro en su 1ª carta en el capítulo 4 nos exhorta a llevar una vida realmente cimentada en el amor de Dios cuando dice en el verso 7: “Dedíquense seriamente a orar”, y pablo dirá: “Oren siempre, sin cesar”.

Cristo Jesús sacó toda su seguridad, su magnanimidad es decir toda su grandeza de ánimo, su generosidad, su positividad, su libertad interior, su humildad, su sencillez, su sabiduría, su poder, del Padre Dios, del Padre Celestial, y consta en más de 20 textos en los evangelios, que Jesús se retiraba al monte entrada ya la noche o muy de madrugada para estar a solas con quien sabía que no lo defraudaría, con quien sabía que lo amaba con locura, con quien sabía que era el Único fiel.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS


En unos momentos íntimos con Jesús y con ese Padre Celestial, uniéndote a ellos por el Amor, escucha en tu corazón lo siguiente:
Mi Hijo amado, mi hija amada: cuando, las horas de desaliento invadan tu alma, y las lágrimas corran por tus mejillas, busca en tu corazón a Aquél que traspasaron, a mi Hijo Jesús que sabrá consolarte. Cuando desaparezca tu ánimo para luchar ante las dificultades de la vida, o sientas que estás pronto a desfallecer, llámalo que Él es la fuerza, capaz de remover las piedras de tu camino y de transformarlas en escalones para subir hacia la madurez. Cuando de pronto no encontraras donde reclinar tu cabeza, corre junto a Él, pues Él es el verdadero Refugio y Fortaleza, en cuyo pecho encontrarás guarida para tu cuerpo, y tranquilidad para tu espíritu.


Cuando te falte la calma, y la paz haya desaparecido, en momentos de gran aflicción, y te consideres incapaz de conservar la serenidad de espíritu,
Invócale, que Él es la paciencia misma y quien te ayudará a vencer las dificultades más dolorosas y triunfar en las situaciones más difíciles. Cuando no comprendas el misterio de la vida y tengas el alma golpeada por el subconsciente herido de los demás o por el tuyo mismo, grita a Él que es el bálsamo que cicatrizará tus heridas y aliviara tus padecimientos.


Cuando creas que ya nadie puede inspirarte confianza, ve a Él que es la Verdad y Sinceridad, que sabe corresponder a la franqueza de tus actitudes y a la nobleza de tus ideas. Él te devolverá la confianza. Cuando la tristeza o la melancolía intenten atraparte, míralo a Él que es la alegría perfecta. El y yo, tu Padre, te infundiremos un Aliento nuevo que te hará conocer los encantos de tu mundo interior. Cuando, uno a uno, se destruyan tus ideales más bellos y te sientas desesperado, ve a mi Hijo Jesús: Él es la esperanza que robustece la Fe. Cuando la indiferencia o la indolencia te revelen las faltas y la dureza del corazón humano, Jesús es el perdón que levanta el ánimo y promueve la rehabilitación de tu alma. Cuando dudes de todo, hasta de tus propias convicciones, y el escepticismo o incredulidad trate de invadir tu mente, míralo a Él que es la fe que inunda de luz tu entendimiento y da plena felicidad.
Cuando nadie te tienda una mano tierna y sincera y te desilusiones de los sentimientos de tus semejantes, Aproxímate a Él quien fue abandonado y murió en una cruz para salvar a todos los seres humanos de sus heridas de donde brotan las incomprensiones entre unos y otros. Nunca olvides que yo tu Padre, te amo con Amor Eterno. (Y tú, allá en tu profanidad, dile con todo tu ser): Oh Señor, tú conservas en paz a los de carácter firme porque confían en ti. Hoy necesito comenzar a creer y confiar en ti, sienta lo que sienta, porque se que tú eres refugio eterno. Gracias Oh Padre, por tanto Amor. Amén.

 

 

 

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No te rindas ante nada

Antes que nada, permítenos decirte que este mensaje contenido en este cassette pretende acompañarte y ayudarte a ir más allá del sufrimiento, allá donde hay paz en el corazón, porque hay esperanza, allá donde brota la verdadera alegría de vivir, cuando al Amor Verdadero lo hemos hecho nuestra motivación para despertar y luchar. Si, nosotros, hemos preferido que sea el Amor de Dios el motor que nos impulse a seguir adelante, siempre hacia delante –aunque se hunda el mundo- y oramos porque tú mismo, tú misma como nosotros, decidas hoy, aquí y ahora, caminar por fe; de hecho, lo estás haciendo ya, de otra manera, no estarías escuchando éste sencillo mensaje.

Algo que necesitas saber antes de continuar, es que nadie, pero nadie en el mundo te podrá ayudar a salir de estados depresivos o miedos o inseguridad o ansiedad o tristeza o angustia, si tu mismo, si tu misma, no quieres poner de tu parte, si no quieres orar, si no quieres amarte, si no quieres amar, si no quieres perdonar y perdonarte, si no quieres leer y escuchar mensajes que alimenten tu alma es decir, tu inteligencia, tus pensamientos, tu voluntad y sobre todo, si no quieres vivir por fe. Así que hoy, aquí y ahora, será bueno para ti que tomes la decisión de querer ser libre de la incredulidad, libre de querer seguir agarrado, agarrada a heridas del pasado o del presente, ser libre del amor propio herido que hecha la culpa a todos, incluso, hasta a Dios, libre de apegos que no te dejan ser libre interiormente y comiences a caminar en fe, de la mano del Señor Jesús.

Pues bien, quizá tú que escuchas, has perdido la vista o no puedes caminar a causa de alguna enfermedad o te duelen los huesos o no puedes comer lo que tú quisieras o ni siquiera tienes ganas de comer porque tu malestar es muy grande, tal vez no tienes una pierna o has perdido las dos, o tal vez un brazo o los dos. Tal vez tienes diabetes, o estás enfermo del corazón o de la tiroides o del colon o tienes cáncer o leucemia o alguna infección por la que has hecho todo y no se cura o sencillamente estás enfermo enferma de los nervios.

Tal vez te quitaron un riñón o la matriz o un seno o los dos, o te cortaron metros de intestino o te quitaron la vejiga y tienes que depender de una sonda y una bolsa de plástico y esto te causa llagas......tal vez has pasado o estás pasando por la pérdida de un ser querido, o no tienes trabajo o te aburre tu trabajo, o tu marido te es infiel o tus hijos están incontrolables, o tus padres son ancianos y tus hermanos te han dejado con toda la responsabilidad, y la lista no terminaría, pues si miramos nuestro mundo, cuántos están sufriendo porque lo han perdido todo en un terremoto, en una inundación, en una guerra, cuántos se pierden en el sin sentido de vida por las heridas que llevan en el subconsciente y se fugan en el alcohol, en la droga, en la rebeldía entre pandillas, o en la pornografía…..¡Cuánto dolor! Y sobre todo: ¡Cuánta no fe!.

Ante todo esto, muchos, y tú mismo, tu misma podrían preguntar: ¿Esto que padezco, acaso será castigo de Dios? o ¿Por qué a mi me pasa esto?.
Y el dolor vivido sin fe, ¿sabes qué?, agota, cansa y muchas veces una enfermedad desencadena en otra, pero ¡Dios mío!, ¡Qué sentido tiene la vida! –dirán otros-.

Una vez más te decimos que la vida así, sola, sin fe, sin amor verdadero, sin Dios sin amor por si mismo y sin amor por los demás, no tiene ningún sentido. Ni el tener salud y ni estar enfermo tiene sentido si el interior del ser humano no está iluminado por la fe, esa fe que no se apoya en nada es decir, que no se apoya en el dinero, ni en las personas, ni en la salud, ni en nada más que en sólo Dios, sólo en el amor, pues Él, en su infinito amor, dispuso y respetó que el universo entero se ordenara por medio de leyes y así, hizo la ley cósmica, la ley de la naturaleza, la ley de la libertad, la ley de la ancianidad, la ley de la enfermedad, la ley de la soledad, la ley de la muerte, así que podemos decir que es natural por ejemplo, que el ser humano, nazca, que viva algunas horas o meses o años y finalmente, muera. Jesús nuestro único Salvador, precisamente vino a darle el gran sentido a nuestro existir, y ese sentido, es ¡El amor!

Pero echemos una mirada a gente grande por su fe, gente positiva. Cuánta gente ciega, invidente que pudo terminar una carrera y llegar a ser un importante líder y fundador, fundadora de instituciones que luchan por el bienestar de la humanidad, porque su esperanza y coraje de vivir fue mayor que sus temores, angustias dolores u oscuridad; o miremos a aquellos y aquellas que no tienen brazos o manos y que han ganado medallas olímpicas o pintan actualmente paisajes o rostros o figuras espectaculares.

Miremos a quienes han sufrido autismo, un tanto sordos y ciegos y que han sido grandes hombres y mujeres en la historia como Hellen Kéller. Echemos la mirada sobre Juan Pablo II quien quedó huérfano muy joven, y vivió el terror de la guerra pero que prefirió vivir de fe y dejarle la victoria al que sabía bien vivo en su corazón es decir, a Jesús. Ahí está Victor Franckl fundador de la psicoterapia y logoterapia y que en su juventud estuvo en un campo de concentración Nazi destinado a la muerte más inhumana, más sin embargo, en lugar de desesperarse prefirió tener pensamientos positivos hasta encontrar la libertad interior dentro de su mente y corazón, a pesar de estar preso simplemente por ser judío.

¿Sabes?, por mucho tiempo se pensó sobre todo en el mundo judío, que la enfermedad o el no tener hijos o cualquier desventura, era castigo de Dios. Hoy, gracias al Señor Jesús, sabemos que no es así.

Que lo que llamamos “desgracias” en realidad no lo son cuando miramos con fe, pues si suceden las cosas, los gritos, las incomprensiones, las guerras, todo lo negativo, es por causa del corazón herido del hombre, y sencillamente todo sucede, porque es parte de la vida, es parte de ser seres humanos contingentes, quebradizos, e incluso en ocasiones, la causa está en el mal funcionamiento químico del cerebro, es decir, somos limitados, no somos Dios, pero sabemos por la fe, que Jesucristo vino a revelarnos y a demostrarnos que el Padre Dios, no es un Dios que se goce en el sufrimiento de sus hijos sino que justamente llora porque los seres humanos hemos hecho de este mundo, un hábitat casi imposible y de nuestros corazones hemos hecho desiertos llenos de rencores por causa de rechazos o porque nos abandonaron o traicionaron o resentimientos porque cometieron humillaciones e injusticias, culpas, angustias y agresividad de todo color y tristeza, corazones en los que ni nosotros mismos podemos habitar porque no queremos ser libres, porque no queremos sanar del corazón.

No nos cansaremos nunca de decir que Dios es amor, ternura, misericordia, infinita fidelidad, que nos ama con locura, tanto que por eso envió a Jesús, no para condenarnos sino para salvarnos. Y tú que escuchas, ya has sido salvado –dice el apóstol Pablo- pero como Zaqueo, necesitas recibir al que es la Salvación es decir, a Jesús en tu casa, en tu mente y corazón hoy, aquí y ahora.

Jesús, durante su vida, se solidarizó contigo, conmigo, con cada ser humano que ha existido, que existe y que existirá en este planeta. Cuando el sufrimiento se hizo presente en su vida, no se desmoronó, ni decidió encerrarse en su cuarto, ni se rindió ni se tiró a morir, pues Él alimentó por la fe, una gran intimidad con el Padre Dios, igual que lo podemos hacer tu y yo si queremos.

Jesús como tu, sintió el frío, el hambre, tuvo sed, supo lo que era el duelo, la tristeza infinita ante la muerte de José su padre y de su mejor amigo Lázaro. A Jesús lo tildaron de loco sus propios familiares; otros le llamaron blasfemo y que tenía un demonio, que hacía el bien en nombre del mismo diablo y que era agitador del pueblo.

A Jesús lo difamaron, le levantaron falsos y lo acusaron injustamente. Sus propios discípulos lo abandonaron, sintió tristeza de muerte, lo apresaron, le hicieron un juicio paródico es decir, de burla, sin fundamento. A Jesús, lo golpearon hasta que sus verdugos se hartaron.

A Jesús lo humillaron, lo coronaron de espinas y le pegaron en la cabeza escupiéndolo, lo torturaron y se burlaron de Él. Luego lo hicieron cargar un pesado madero cuando él estaba exhausto del dolor, y lo clavaron en una cruz de las muñecas y de los pies, y ya en la cruz, con todo su ser desfigurado experimentó la deshidratación total, la pérdida de sangre, el delirium tremens.

La comunidad cristiana en los evangelios habla de la purificación de la fe cuando Jesús experimentando la soledad y el desamparo más horrendo que puede vivir en su alma el ser humano en el momento más trascendental de su vida, y gritando desde lo profundo de su ser exclamó:

“Dios mío, Dios mío ¡¿por qué me has abandonado?! Sí, Jesús se solidarizó con el hombre de todos los tiempos, asumiendo, aceptando todas las consecuencias de ser hombre, pero Él no se quedó rumiando su aparente fracaso ni entregado a la autocompasión. No.

Él se abrió en fe adulta y seguramente recordando la fidelidad de su Padre en todos los momentos de su vida y experimentando el amor infinito de Dios, sabiendo en quién tenía puesta toda su esperanza, en quién tenía puesta toda su vida, nos dice Lucas 23, 46 que Jesús dijo antes de expirar gritando con fuerza y dirigiéndose a quien era su sentido de vivir, de luchar de trabajar, de amar: y hasta de morir: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!”.

Y el dolor llegó al paroxismo es decir el dolor llegó a tal grado que lo mató un infarto al miocardio y dando un fuerte grito, dice el evangelista, expiró.

Hasta el final de sus días Jesús nos enseñó a poner nuestra confianza en el Padre Dios y hoy aquí y ahora nos invita a no mirar lo negativo de nuestras experiencias, sino a mirar al amor y nada más que al amor; y de las experiencias duras, sacar sabiduría y poner inmediatamente nuestro corazón en las manos del Padre para que ese dolor no convierta nuestro ser en personas amargadas, iracundas, infelices, sino todo lo contrario, seamos mujeres y hombres valientes, llenos de dulzura y perdón.

La fe, hoy nos invita a mirar que lo que padecemos en este momento no es superior, comparado con el amor de Dios, con su paz, con su alegría, y mira que la que te habla, no habla de oídas o porque lo ha leído en algún libro.

Fui abusada por mi padre cuando era aún una pequeña de 2 ó 3 años. Esto que te digo mi hermano, mi hermana que escuchas, se dice fácil pero en realidad causa una herida muy profunda en la afectividad, herida que me llevó a buscar el amor en puertas falsas como lo es el alcohol, el cigarro, el vino, el desperdiciar el tiempo en cosas que en realidad no tenían sentido, en truncar dos carreras, en desaprovechar oportunidades para estar mejor preparada, en la rebeldía, en la mentira, en la inestabilidad e inconstancia, en el sexo mal usado y todo esto me fue llevando a una negra y profunda depresión, depresión –por cierto- que sentía ya desde los 5 ó 6 años, y muy posiblemente, esta depresión y esta herida, fueron la causa de tantas enfermedades y enfermedades crónicas que desembocaron en un cáncer. Luego, por un antibiótico que me recetaron, por la amikasina, me dio un infarto en la arteria auditiva izquierda y quedé sorda totalmente pero con un ruido terrible de día y de noche.

Pero para la gloria de Dios y para que en el nombre de Jesucristo levantes el ánimo caído y creas cada día y cada instante en Él, Él me tomó para si, me dio la experiencia de su amor y me enseño a perdonar a mi padre y a tantos y tantas que se burlaban de mi físico, de mi voz, de mi nariz, de mi manera de ser.

Prácticamente toda mi vida he padecido depresión endógena causada por el mal funcionamiento de las glándulas endocrinas, pero ¿Sabes? en Jesús, en el Padre Celestial, en sólo Dios encontré la felicidad, mi seguridad, mi estabilidad, mi realización.


No necesito más para vivir plena, pues Él me alienta cada mañana, cada momento, me inspira, me dio fuerza para retomar los estudios y terminar. Me da la gracia de trabajar con personas que llegan a estos encuentros derrotadas, pero que por su infinita misericordia salen renovadas. Así que mi hermano, mi hermana, NO TE DEJES DERROTAR POR NADA, NI POR NADIE. ¡NO TE RINDAS!.

El Señor en el evangelio de Lucas 9,62 nos dice. “El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no sirve para el reino de Dios”, es decir, que una vez puestos los ojos en Jesús, una vez que aceptamos al Señor como nuestro único Salvador, una vez que creemos en su amor, no volvamos a rumiar negativamente lo que pasó de doloroso en nuestra vida, porque esto nos impediría entrar en esa dimensión del amor, de libertad interior, de humildad, de verdadera alegría, nos impediría vivir el dominio propio, la amabilidad, la fidelidad, la paciencia y nuestro corazón nunca estaría en paz.

Así que mira tu pasado de la mano de Jesús pero sólo para perdonar, para sacar de lo doloroso, toda una enseñanza y vive tu presente amándote mucho como Dios te ama a ti y porque te amas, porque te aceptas, porque te perdonas, amarás inmensamente a aquellos quienes comparten tu camino, entonces amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.

Será bueno que sepas para que no te asustes de nada, que la mente humana, cuando no ha sido educada, cuando ha crecido sin ton ni son, encerrada en sí misma, nos hace volver para atrás, cuando hemos decidido con la gracia del Señor Dios, caminar cimentados en el amor, por ello, el apóstol Pablo en la carta a los Romanos 8,15 nos dice:

Ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, y parafraseando diríamos y volver para atrás, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Muchas veces el temor es el mayor obstáculo que nos impide vivir esa realidad del Reino de Dios en nuestro corazón que es el Amor. Y sabes, el temor me viene, te viene de haber quitado la mirada de Jesús. Por ello, déjanos decirte que muchas veces después de haber entregado al Señor una herida, en ocasiones vuelve a surgir ese sentimiento negativo que nos hace caminar por la vida con desconsuelo, con agresividad, con indolencia e indiferencia, con miedo con angustia, con desesperanza con derrota, desalentados como si ya no hubiera ninguna solución, ninguna salida.

Digo o dices: “No, yo ya no tengo resentimientos”...pero en tus conversaciones, en los enojos que desembocan en ira, en las quejas y lamentaciones, en tus justificaciones, en tus pensamientos negativos y frustraciones que alimentan tu mente, en los distanciamientos, en esa división familiar, en ese no aceptar tu realidad, en los fracasos matrimoniales, estás diciendo a gritos que tu llevas un hondo resentimiento.

Por eso es que vale la pena profundizar sobre este sentimiento negativo que muchas veces te lleva a rendirte ante la vida, para que con la gracia del Señor y tu buena voluntad que ya es gracia, se vaya transformando en amor, en luz, en libertad interior, en perdón y no te rindas ante nada.

Algunas personas creen que es signo de debilidad el perdonar y el pedir perdón. Otros piensan que si se perdona se está en contra de la justicia.


Pero qué entiendo, qué entiendes, qué entendemos por justicia: ¿nuestro ya muy conocido me la hiciste y me la pagas?, porque hay quien piensa que el perdón es ese ajuste de cuentas y en el mejor de los casos perdonamos si el de enfrente se arrepiente de lo que nos hizo si no, la guerra mental, sigue. Por eso hay quien piensa que perdona pero sin haber olvidado la ofensa por eso practicamos muy bien la mayoría de los seres humanos, el “te perdono pero no olvido” y esto, me va, te va haciendo intolerable, impaciente, no comprensivo, no amoroso, no misericordioso resentido, amargado.

Por eso hoy, aquí y ahora, en el nombre de Jesús el Señor te decimos: No te rindas ante la amargura pues, ¿Sabes?, la amargura produce deseos de venganza en contra de aquellos considerados como los causantes y responsables de la herida. La raíz de amargura se detecta, primeramente a través de lo que uno dice, ya que el tema de conversación de la persona amargada será, las ofensas y las heridas sufridas. Luego la amargura se manifestará en nuestras actitudes y acciones.

Pero ¿Cómo se origina la amargura? Escucha bien, la palabra amargura significa: Aflicción, sinsabor, disgusto, pesadumbre, melancolía. Y se origina de la siguiente manera: Se recibe una ofensa sea cual sea, llámese como se llame: rechazo, abandono, traición, humillación, injusticia, abuso de cualquier tipo y no se perdona. Al no perdonar, la ofensa se traduce en Ira. Posteriormente, la Ira se traduce en resentimiento.
Y el resentimiento da lugar a la amargura. Si la amargura no la eliminamos, le dará paso a la depresión, por eso, la Palabra del Señor nos invita a perdonar cuando hemos recibido una ofensa, porque el Señor sabe que de otra manera seremos infelices y haremos infelices a todos los que nos rodeen porque amargura es la victoria del mal en tu vida y si la amargura reina, la felicidad estará muy, pero muy lejos de ti.


Lo que te destroza no es lo que te han hecho, sino el sentimiento de odio que te gobierna y que has dejado anidar en tu corazón. Lo que te quita la alegría de vivir son esos sentimientos mal encauzados que te cierran sobre ti mismo, sobre ti misma permitiendo a la amargura debilitarte y atarte.
No dejes que la amargura te lleve al pozo hondo y oscuro del desaliento, en donde no existe ni el pasado ni el presente ni el futuro, y en donde todo está teñido por ese frío sin sentido de vivir que tienen los que están muertos en vida... Ábrete pues a la dulzura. Ella te engrandecerá, te liberará y te humanizará, dejándote más divino, como Jesús.


Ningún ser humano puede vivir con amargura porque la amargura es veneno contra el alma en cambio, el perdón atrae la sanidad de Dios en nuestra vida. Ninguna persona, ni tú ni yo, podremos ser mensajeros de paz llevando amargura en el corazón. La amargura, transforma negativamente nuestro carácter volviéndolo agrio, duro, severo, rencoroso iracundo, tanto que odiará a muerte, y por lo tanto, no será posible que mostremos en el rostro, en el corazón, en el alma, en todo el ser, la paz de Jesús, el Amor del Señor Dios.

Por nuestras actitudes, mostramos que en vez de desear ser mensajeros de paz, muchas veces preferimos ser mensajeros de la amargura y todo por decidir dejarnos llevar por nuestros pensamientos negativos y por nuestras emociones no educadas, no encausadas, pero para ello el Señor te ofrece estos temas: para que comiences un camino basado en el amor y el respeto, camino de luz, de libertad interior, camino de intimidad con Dios, camino de sanación interior, y ese camino, es Jesús como Rey de tu vida, ese camino es La Palabra de Dios.

En una ocasión, el apóstol Pedro, le preguntó a Jesús: ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aún hasta 70 veces siete (Mateo 18,21-22) El apóstol Pablo escribió en su carta a los cristianos de Efeso, en el capítulo 4, versos 31 y 32 lo siguiente: “Echen fuera la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros y perdónense unos a otros como Dios los perdonó a Ustedes en Cristo”.

Y hoy, aquí y ahora, no podemos decir que no puedo, que no puedes personar, pues gracias a Jesús, y gracias al inmenso amor que el Padre Celestial nos tiene, ha sido derramado todo su Espíritu de Amor en nuestro corazón es decir, tengo, tienes, tenemos esa capacidad de amar como Él nos ha amado. ¡Sí!, en tu interior está la capacidad de amar, de ser dulce, de ser bondadoso, de ser libre de todas las ataduras, angustias, depresiones, miedos ansiedades, inseguridad, desaliento y amargura.

Dios te ha dado la capacidad de ser misericordioso es decir, te ha dado un corazón que es capaz de demostrar ternura a ti mismo, a ti misma y a cada ser humano por horrible y malo que este te parezca. ¿Sabes?, No hay seres humanos malos, hay seres humanos heridos.

LAS CONSECUENCIAS DE LA AMARGURA.

No permitas que la amargura continúe dejando en tu vida, una cadena de relaciones destruidas, rotas, proyectos destrozados por el odio y el resentimiento No permitas que la amargura te convierta en esa persona amargada que le preocupa muy poco o mejor que no le importa nada, estropear y herir la amistad del amigo sano, de un padre o de una madre o de los hijos, y hasta rompes con la naturaleza entera, con los animalitos que abandonas, que pateas, que hechas a la calle, y entonces, no le eches la culpa a nadie de que tu herida de amargura ha crecido y por lo tanto el dolor en el alma también, ya que tú estarás decidiendo qué has preferido, si el amor ante todo o morir en vida por la amargura.

Así que no permitas que la amargura te haga ser contigo mismo, contigo misma duro, dura; severo, severa pues el precio de la amargura es muy alto, es la muerte en vida y te repetimos, no hay quien sobreviva a su veneno. Te mata y mata cualquier relación llámese esposo, esposa, padre, madre, hijo, hija, compañero de trabajo, amigo, iglesia, etc.

La amargura, mata el sentido de vivir y todo lo ve rutina, malo, estorboso. Al estar encerrada en si misma, la persona amargada es invadida por una soledad que no es precisamente una soledad creativa, sino destructiva, no es una soledad poblada de Dios, sino una soledad escalofriante en la que el egoísmo está por sobre todo.

La Palabra del Señor nos enseña que las relaciones rotas provocan oscuridad al corazón del ser humano. En 1ª de Juan 2, 9-11 leemos lo siguiente:
Si alguno dice que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad. El que ama a su hermano vive en la luz y no hay nada que lo haga caer en pecado, pero el que odia a su hermano vive y anda en la oscuridad y no sabe a donde va, porque la oscuridad lo ha dejado ciego.

Y el rechazo es una forma de odio. Cuando una persona rompe una relación está eligiendo odiar. Cuando hay odio, las tinieblas llegan y el rumbo se pierde. Se pierde la perspectiva de la vida se pierden el deseo de vivir y todas las relaciones son distorsionadas. La realidad pierde su brillo y claridad y es cubierta por el manto del resentimiento. La ruptura de relaciones lleva a la persona a ser insensible, pues nadie puede sobrellevar la carga de relaciones destruidas sin llegar a endurecerse. La dureza empieza a invadir el alma.
La persona se vuelve inconsciente de las heridas que pueda estar causando a los demás, a través de palabras, acciones y actitudes.

La persona encerrada en sí misma mirando su dolor y auto compadeciéndose, la influyen sentimientos egocéntricos y no considera los sentimientos y necesidades de otros. Este endurecimiento del alma lleva a la persona a perder la capacidad de usar la inteligencia con sabiduría y no deja fluir el amor y el alma que no se deja iluminar por la sabiduría en su inteligencia, el alma que no deja fluir el amor, está muerta.

La destrucción de relaciones causa inmadurez e inestabilidad, pues la madurez emocional se obtiene gracias a la interacción sana con otros seres humanos, incluyendo al esposo, a la esposa, a los hijos, a los demás familiares, a los compañeros de trabajo, a los vecinos, a cualquier ser humano, incluyendo a los animalitos. Dios no nos hizo islas, y para el hombre hizo la creación, pues sabía que es en las relaciones interpersonales y en el buen manejo de la creación es como crecemos, sobre todo, en el amor que es lo que nos hace y nos hará siempre, plenos felices, humanos y divinos. (Fin del tema)


Con todo esto, podemos concluir, para que nos quede bien claro, que como dijimos, la amargura es veneno para el alma y la consecuencia más grave es que nos separa de Dios.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS

 

La Palabra del Señor en Hebreos 12, 1-15 hoy me ofrece, te ofrece todo un programa de vida, pero para recibirlo más profundamente, te invitamos a tomar una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus pies bien puestos en el piso –si puedes- tus brazos y manos descánsalos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas. Y como una manera de estar más atento, atenta a la voz del Señor en tu corazón, cierra tus ojos y respira suave profundo y lento……Ve soltando todo lo que esté tenso……desde la punta de tu cabeza, hasta la punta de tus pies……..y continúa respirando tranquilamente, suave, profundo y lento……

Allá en lo profundo de tu corazón, allá en lo profundo de tu ser, están todos los dones que el Señor Dios te ha regalado para seas una mujer feliz y plena, un hombre feliz y pleno, maduro, madura cristianamente es decir, maduro, madura al estilo de Cristo……

Allá en lo profundo tus potencias, es decir, tu inteligencia, tu entendimiento y tu voluntad, están esperando a ser alimentadas por la Sabiduría Divina. Allá en lo profundo de tu ser, están con poder esperando por ti, la fe, la esperanza y el amor. En tu corazón, en toda plenitud está la fe que tiene todo el potencial de hacer de ti ser un ser humano grande. ¡Ya eres grande! Porque Cristo vive en Ti y Cristo es Mayor que las veces que has preferido no creer en Dios y no creer en el Amor! ¡Tu eres grande en Jesús!......

Allá en lo profundo de tu corazón, con toda plenitud está la esperanza que tiene todo el potencial de hacer de ti un ser humano alegre, a pesar de todo lo duro por lo que puedas haber pasado en la vida o estés pasando o puedas pasar, pues la esperanza teologal, no muere nunca ni nada la derrota. Es fuerte como el amor.

Allá en lo profundo de tu corazón, en toda plenitud está el amor que tiene todo el potencial de hacer de ti un ser humano cariñoso, dulce, misericordioso, tierno, perdonador, comprensivo, humilde, suave, bueno…..


Desde lo profundo de tu ser, desde tu corazón en donde eres hermoso, hermosa porque eres imagen de Dios, en donde tu esencia es amor y no amargura, amor y no resentimiento, amor y no pleitos, amor y no grosería, sencillamente porque Dios es amor y Él viven en ti, escucha la palabra del Señor tomada de la carta a los Hebreos 10, 15-23.36.38; 12, 1-15 que te dice:

“Pondré mis leyes en su corazón y las escribiré en su mente, y no me acordaré más de sus pecados y maldades”, Hijo mío, Hija mía, hoy quiero que comprendas, que cuando los pecados han sido perdonados, ya no hay necesidad de más ofrendas por el pecado, por tanto, ahora mismo, puedes entrar sin ningún temor en el santuario por medio de la sangre de mi Hijo Jesucristo, siguiendo el camino nuevo, el camino de vida que Él te abrió. Jesús es el gran sacerdote que está al frente de la Casa de Dios, por eso debes acercare a mi, tu Dios con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpio tu corazón de mala conciencia. Mantente firme, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesas. Para ello necesitarás tener fortaleza en el sufrimiento para hacer Mi voluntad, y Mi voluntad es que ames y te dejes amar por Mi, viviendo de fe, dejando a un lado todo lo que te estorba y el pecado que te enreda, corriendo con fortaleza la carrera que tienes por delante.

Fija tu mirada en Jesús, pues de Él viene tu fe y Él es quien la perfecciona. Jesús sufrió en la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esta muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría en mi Reino. Medita pues en el ejemplo de Jesús tu Señor quien sufrió tanta contradicción. No te canses ni te desanimes y no desprecies la corrección del Señor.
No te desanimes cuando te reprenda porque Yo el Señor corrijo a quien amo. Corrige para tu verdadero provecho, para hacerte santo, santa en al Amor como Yo. Yo soy justo en tanto que tengo un gran proyecto para los seres humanos. Mi justicia no es para juzgarte como tú lo entiendes, sino para que tú entres en este proyecto, el más sublime, el mejor, el proyecto del amor. Si aprendes la lección, el resultado será una vida de paz y rectitud, una vida de libertad verdadera, así que renueva las fuerzas de tus manos cansadas y de tus rodillas debilitadas en Jesús y busca el camino derecho, para que sane el pie que está cojo y no se tuerza más.

Procura estar en paz con todos y llevar una vida santa, una vida en el amor pues sin la santidad, es decir, sin el amor, nadie podrá ver mi Rostro, y verás mi Rostro, cuando te salgas de ti mismo, de ti misma, verás mi Rostro cuando seas caritativo, bondadoso, perdonador, suave, acogedor, cuando perdones siempre, cuando no lleves cuenta de las ofensas, cuando aceptes que Yo soy Dios y tu hombre, cuando comprendas Yo no quiero el mal para nadie, que sólo los amo con locura, y ¿Sabes?, siempre pídeme que no te falte mi gracia, con el propósito, con la intención de que no quieras ser como una planta de raíz amarga que hace daño y envenena a la gente, porque te he creado para amar y para el amor.

Oh mi Dios, Padre Celestial, hoy te agradezco infinitamente tu Palabra que me alimenta. Hoy te agradezco por amarme tanto, por darme a Jesús, a quien quiero mirar siempre. Concédeme tu gracia a cada momento con el fin de que sea yo amor para mi mismo, para mi misma y para los demás Hoy se que la verdadera libertad es posible si centro mi vida en ti. He vivido mucho tiempo creyéndome buenesito, buenesita, cuando mi corazón lo he tenido lejos de ti, cuando me he dejado gobernar por la rebeldía, el orgullo, la arrogancia, los pleitos, cuando me he dejado gobernar por una conciencia llena de soberbia.

Jesús, se que tú eres Mayor que todo lo que yo he padecido y todo lo que no he querido amar, por eso te digo que necesito y quiero salir de aquí, bendecido por ti, lleno de tu Victoria. Jesús. Jesús, lléname de luz, lléname de ti, Oh Dios, regálame tu Espíritu Santo……..bendíceme con tu unción......úngeme........bendíceme……..ámame…….

Aquí estoy Hijo mío, Hija mía, amándote. Yo calmaré tus penas, no temas que Yo te cuido y te cuidaré. Llámame y ahí estaré, siempre a tu lado, como ahora. No te dejaré nunca ni te desampararé. No temas a nada, no te rindas ante nada que Yo vigilaré hasta el amanecer siempre. Juntos a pesar de caminar por valle oscuro, podremos brillar, porque Yo estoy a tu lado siempre. Yo estoy aquí contigo, amándote, abrazándote, sanándote.

 

 

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No te rindas ante la desesperanza

No te rindas ante el desaliento
Vence con la esperanza

No te rindas cuando venga el desaliento

No te rindas

No te rindas ante el desaliento

No te rindas ante nada

      
"Aunque estamos llenos de problemas, no estamos sin salida; tenemos preocupaciones, pero no nos desesperamos. Nos persiguen pero no estamos abandonados; nos derriban pero no nos destruyen" (2a Corintios 4,7-9) En todo salimos más que vencedores por medio de Aquél que nos amó. Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús Nuestro Señor" (Romanos 8,37-39)

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