¿Perdonar?¡Para qué!

Otras causas que fracturan tu alma

La herida del rechazo

La herida del abandono

La herida de la humillación

La herida de la traición

Continuación de la herida de la traición

La herida de la injusticia

Continuación de la herida de la injusticia

Curación de las heridas y transformación de las máscaras

Continuación de la curación de las heridas y transformación de las máscaras

 

 

OTRAS COSAS QUE FRACTURAN EL ALMA

 

Hoy vamos a continuar escuchando otras causas que fracturan el alma de un niño, de una niña limitando su desarrollo emocional, y muchas veces estas heridas son el motivo de una terrible depresión en la edad adulta, así que pon mucha atención y si quieres, puedes anotar lo que más te impacte o te sirva.
Es probable, que por ser hijo o hija mayor se te haya exigido poner el ejemplo a tus hermanos menores y sin importar la edad, se te hizo responsable de la conducta de ellos. Con esto, las heridas que fracturaron el alma de tu pequeño, es decir, de ese pequeño, de esa pequeña, contaminan al adulto y lo hacen actuar con una tendencia o bien, perfeccionista o bien, desordenada, desquiciada, dando cabida a la sensación de enojo permanente que en ocasiones se manifiesta como brotes de ira que no se explican o que no tienen explicación aparente o amenazas frecuentes de abandonar el trabajo, a la familia, al compañero a la compañera, a los hijos y a todo aquello que implique una responsabilidad.


También, el amor excesivo o sobre protector, deja una huella en el alma del niño, de la niña, haciéndoles temerosos, inseguros, rebeldes, agresivos o aislados y tímidos, además de convertirles en frágiles emocionalmente hablando. Entre otros casos, por el sólo hecho de ser mujer, se le pudo haber obligado a cuidar de los hermanos varones, generando, además de una gran auto devaluación u odio por si misma, ira y frustración inconscientes, que es posible que se convierta en la incapacidad para establecer una relación profunda con una pareja heterosexual o bien, una necesidad inconsciente de venganza o revancha contra el sexo masculino, haciéndoles sentir a estos, incompetentes culpables y devaluados ante cada oportunidad que les ofrezca la vida, haciendo de cada encuentro y en cualquier circunstancia, una lucha de poder, una guerra abierta, generando dolor, frustración y un intenso vacío y soledad inexplicables, es decir, que no tiene explicación.


Otras formas de contaminación en las que surge el dolor del inconsciente desde las fracturas del corazón de niño, se dan cuando se ha experimentado en algún momento de la infancia, temor, angustia, que se han acrecentado al no encontrar unos brazos que le hicieran sentir bien, un alguien que le escuchara y le dijera de manera suave y dulce, que es normal sentir miedo y angustia, independientemente de ser niño o niña. Probablemente haya recibido gritos o regaños como: “cállate, pareces vieja”, “las niñas lindas no lloran”, “si sigues llorando te va a llevar el coco” y tantas frases más que le hayan hecho sufrir el impacto de la soledad y de la incomprensión y sobre todo, sentirse ridículo, ridícula raro, rara por sentir y expresar emociones, lo que le obligó a tu niño, a tu niña interior, a callar sus sentimientos y a hacer crecer su miedo a las emociones que permanentemente fluían en su interior como en el de todo ser humano.
Tu pequeño, tu pequeña, también cargó con otra ruptura del alma, la de aprender a reprimir o a evadir las emociones, preparándose con ello para en la vida adulta, ser una persona co- dependiente: es decir, que experimenta el impacto de la emoción, sólo a través de otros –como es el caso de los familiares de alcohólicos y drogadictos-; o bien, de los “ayuda adictos” es decir, esas personas que siempre se encuentran en la necesidad de “salvar” a los demás, de arreglar vidas ajenas, aún cuando la propia se encuentre desmoronada y sin sentido, por un afán inconsciente de rescatarse a sí mismos.
Algunos niños, son protagonistas de un drama mayor, escucha bien: cuando por sus labios brotaba risa cristalina y brincaban de alegría, les hicieron sentir avergonzados e incluso ¡locos!. Tal vez les hicieron sentirse culpables por el solo hecho de sentirse felices. Con ello, el adulto con un niño herido en su interior de manera inconsciente, se programa para ser infeliz; una y otra vez busca situaciones o relaciones que garanticen un sufrimiento permanente, ¡sólo porque inconscientemente, tiene miedo de ser feliz!


Otro caso es que pudo haberse obligado a tu niño a tu niña a callar y disimular el enojo, la ira con frases como: “las niñas buenas no se enojan”, “Diosito te va a castigar si le contestas así a tu mamá”, “si eres un niño malo, ya no te voy a querer y los reyes magos no te van a traer nada” haciéndole sentir con esto que es malo sentir enojo o molestia. Tu niño, tu niña es decir, tu, aprendiste a se “la niña buena” o “el niño obediente de mamá” a reprimir y disfrazar estos sentimientos con cara de “todo está bien”, aquí no pasa nada”, aunque te encontraras experimentando un intenso sufrimiento y las emociones encontradas que fluyen en el interior, cuando se es víctima de una ofensa, de una falta de respeto, preparando a tu adulto de hoy a soportar malos tratos, infidelidad y hasta golpes, sintiéndote imposibilitado, imposibilitada para decir: ¡basta! Y lo más grave, siempre aparentando ante los demás bienestar y felicidad, escondiendo bajo una máscara el llanto desgarrador de un niño, de una niña que aprendió a reprimir las emociones negativas por temor a saberse malo, mala y sentirse rechazado, en lugar de aprender a encausarlas.


Cuando esta represión es tan brutal como cuando a tu pequeño a tu pequeña, posiblemente le amarraron quizá a una cama o le encerraron en un cuarto oscuro por una y mil excusas, la afectividad queda tan dañada que se queda afectado por estos brotes de violencia y agresividad al grado tal, que resulte fácil en esos momentos de inconsciencia dañar e incluso herir y matar a otros o acabar con su propia vida o bien, involucrarse con el mundo destructivo de las drogas, el alcohol y el “satanismo” que le hace sentir mayor culpa y auto devaluación u odio contra sí mismo, contra sí misma y contra los demás.
Todos estos ejemplos que hemos citado aquí, muy probablemente te han hecho traer recuerdos de ese ayer olvidado “aparentemente” y mirar a ese niño, a esa niña interior que vive en ti, como en todo ser humano, ya que él, ella son la acumulación de todas las experiencias de la niñez y tiene en sí mismo, en si misma todos los sentimientos del mundo emocional pero que quedó atrapado, atrapada, preso, presa en las profundidades de la inconsciencia, en un mundo de tinieblas y oscuridad, mundo de confusión y división que aparece en tu conciencia a través de pesadillas, sentimientos que no puedes explicar de tristeza, nostalgia, ira, frustración, vacío etc, que te llevan muchas veces a perder el control de tus emociones, a decir cosas que quisieras callar, a gritar sin razón aparente y a volver a sentir una y otra vez la culpa, al angustia, la soledad y el rechazo que en aquél ayer viviste.


Y aquí no importa, qué eres hoy, o hasta qué grado de estudios llegaste, o la edad, o los intentos que realizas por cambiar, porque día con día se experimenta en el interior una vez más el infierno conocido de un ayer que se hace hoy.
Es a través de ese niño interior lacerado, humillado, olvidado y abandonado en la oscuridad y las tinieblas del subconsciente, que sentimientos extraños invaden tus momentos actuales, para hacerte sentir que tu no sirves, que no vales la pena, momentos que te hacen sentir ridículo, ridícula, y torpe, haciéndote actuar de manera infantil inmadura, dañándote a ti mismo, a ti misma y a los demás. Quizá hoy, aquí y ahora, experimentas una gran nostalgia de amor verdadera, nostalgia de una sincera mano amiga, deseos inmensos de ser mirado, mirada desde unas entrañas puras, limpias, libres de egoísmo.
Este es el drama de nuestra existencia: el hecho de repetir patrones inconscientes, agregando cada vez más, eslabones de dolor y amargura a la cadena de esclavitud que me mantiene, te mantiene atado, atada al infierno interminable de la inconsciencia. Esta es la verdadera causa de la pesadilla que estamos viviendo como humanidad es decir, un niño lacerado, desvalido, atrapado prisionero en un cuerpo de adulto.


No podemos caer en el fatalismo –aunque existen vidas así como lo que hemos mencionado atrás- y no mencionar que posiblemente hubo momentos maravillosos de tranquilidad, de paz que sin duda, vale la pena también rescatar, para que desde la tierna mirada de un niño, de una niña, sea posible enriquecer y transformar cada día de nuestra vida, de mi hoy, de tu hoy, para volver a experimentar la frescura, la espontaneidad que sólo un niño puede ofrecer, ya que si a todas las fracturas que viven en nuestra alma le agregamos que nos tocó hacer nuestra aparición en el escenario de la vida, en un siglo totalmente materialista, en el que se ha descuidado e incluso ignorado la importancia de la vida emocional y espiritual, entonces, nos encontramos ante la más intensa tragedia, porque sencillamente, sin una nutrición emocional y espiritual adecuada , nos encontramos como exiliados, como sacados de nosotros mismos, con un gran vacío interior que nada nos puede llenar, con cuerpos de adulto, pero al fin, inmaduros, adolescentes, carentes de sentido, desempeñando la vida de padres, de hijos, de amigos, de hermanos, y sin embargo, en el interior permanece instalado un niño pequeño temeroso, inseguro, tal vez con temor a hacer el ridículo porque alguna vez en ese ayer que se perdió en los recuerdos fue comparado, ridiculizado frente a los demás. Hoy, aquí y ahora, tu inconsciente aún se encuentra lleno de ira, de rabia, de impotencia porque fue testigo de violencia o quizá fue directamente agredido, golpeado por lo que en ocasiones tienes brotes inexplicables de ira.


Hoy, aquí y ahora, dale gracias al señor Dios, que no quieres más ignorar a ese niño que llevas dentro, no quieres ignorar más a esa niña herida, lastimada en lo más profundo del ser, pues ignorar esto, te conduciría a sentimientos atropellados, que eres agredido, agredida por medio mundo y otra vez a pensar que te hacen menos, que todo lo que se dice y se hace, es en contra tuya, a ofrecer respuestas tontas y absurdas cuando te sientes presionado, presionada, s sentir envidia de todo y de todos por el temor inconsciente de ser desplazado desplazada. A vivir siempre de espaldas a la vida, transitando por caminos que no son los tuyos, reproduciendo carencia, enfermedad, sufrimiento, infinita tristeza.
Hoy, aquí y ahora, ya no ignoras, que no son las circunstancias actuales las que te afectan, sino los recuerdos inconsciente que están allá en el alma rota de ese niño, de esa niña que llora en tu interior. Cuando se trata de callar la realidad, aún queriendo entregar lo mejor de mi, de ti es decir, de nosotros mismos, me siento, te sientes imposibilitado, imposibilitada incluso, de decir, ¡Te amo!, y me resulta, te resulta más fácil platicar con la mascota o con el amigo imaginario. ¡Cuántos casos!...


Habiendo sido abandonados por algún ser querido en alguna etapa de nuestra infancia, nos programamos inconscientemente para ser abandonados de nuevo o para abandonar a quien más amamos, aún cuando este abandono sea sólo de manera emocional, pues resulta imposible brindar lo que no se ha recibido, a menos de que logre, de que logres con la ayuda de tu Salvador y Dios Jesús, rescatar a ese pequeño, a esa pequeña que llevas hospedado hospedada en el corazón, para brindarle a partir de hoy y a cada momento, todo el amor y la ternura que hubiésemos querido recibir en aquél ayer.


Ahora, hoy, aquí, ya sabes quién es tu niño, tu niña interior: eres tu mismo, en un ayer distante, perdido y olvidado en la parte más oscura de la inconsciencia, experimentando constantemente miedo, dolor, desamor, culpa, y muchas emociones más que te han robado hasta el deseo de soñar y sin darte cuenta has enterrado anhelos y has olvidado el ideal de vivir, entre lágrimas de vergüenza y soledad. Sí, ese niño herido, esa niña lacerada, ¡eres tu! que escuchas.¿Ahora comprendes el por qué de tu división interior, de esa lucha entre querer ser feliz y no poder, entre querer experimentar unidad y entrar en el Reino de la Paz y sentirte como jaloneado y dividido en mil pedazos?. Ahora, comprendes de esa nostalgia inexplicable….es porque una parte de ti se encuentra perdida en tu túnel oscuro que te obliga a experimentar miedo, angustia y soledad sin aparente razón. ¡Cuánto tiempo llevas callando la desesperación que late en tu corazón…¿No crees que hoy es tiempo de emprender la aventura fascinante de tu liberación interior al rescatar esa parte de ti?, pues prepárate a emprender ese viaje interior maravilloso, hacia las profundidades del inconsciente,. Te recordamos a ti que escuchas, que en este recorrido por tu ayer, no estás solo, sola, no. JESUS es contigo. Jesús está vivo allá en lo profundo de tu corazón, de tu profundidad y te espera al mismo tiempo ahí, en tu subconsciente, para que mirando frente a frente, cara a cara, desde ese amor infinito que te tiene, esas heridas que más te marcaron, comience en ti, un verdadero proceso de sanación interior.

 

MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS


Así que en una actitud orante, dejando todo lo que tengas en tus manos para descansar tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento. Ve soltando todo lo que esté tenso desde la punta de tu cabeza hasta la punta de tus pies…..


Y en fe adulta, abriéndote al amor inmenso del Padre Dios, ábrele las puertas de tu interioridad, de tu subconsciente en donde se encuentra ese pequeño herido, esa pequeña herida….. y hoy, aquí y ahora, desde esa Presencia maravillosa de Dios en ti, y sabiendo que ese pequeño, esa pequeña eres tu que escuchas, con mucha ternura, cruza tus brazos sobre tu pecho y comienza a decir allá en tu interior, no con tu boca sino en silencio:
Bebito mío, bebita mía, pedacito de mi, hoy, quiero recordarte que tú eres la criatura más amada de Dios, déjame decirte que formas parte de un proyecto divino, al cual lo caracteriza el orden, la belleza y la armonía. El universo del que formas parte, está lleno de riqueza infinita, abundancia y generosidad a raudales….


En ti mismo, mi chiquito, mi chiquita, el Señor Dios, ha grabado genéticamente la clave para generar abundancia a través tuyo, porque en ti ha depositado la semilla de su Reino de amor, de perdón, de fidelidad, de mansedumbre, de humildad, de alegría verdadera, de dominio de sí, de luz, de amor. Tu fuiste depositado con un amor infinito y esperado, esperada, desde toda la eternidad, para ser grande interiormente, para ser feliz, para ser un hermoso hijo de Dios, una hermosa hija de Dios.


Fuiste creado, creada con el único propósito de ser un reflejo del amor de Dios. Sí, fuiste creado, creada con el único propósito de ser un reflejo del amor de Dios, pues la fuente generadora de la verdadera vida, está en ti…te habita, allá en el corazón…Dios te habita. El es la fuente de amor, de riqueza que late y palpita, que te cuida, te protege, te hace crecer, te madura, te abraza, te acaricia con su más suave toque de profundidad, de respeto absoluto….Oh, mi niño, mi niña, con toda confianza acepta esto que te voy a asegurar: aleja de ti para siempre, la sensación de que careces de aceptación y entrégale ahora mismo a Dios, tu Padre quien te cuida inigualablemente como ninguna madre lo ha hecho jamás, la sensación de que no vales nada, que te ha acompañado a lo largo de toda la existencia. Hoy, aquí y ahora, deja que el amor de Dios, marque con su Fuego Divino la seguridad, la certeza de que eres inmensamente amado, amada, inmensamente rico, rica, porque sencillamente, lo tienes a Él en ti.


Cuando dudes de esto, mi pequeño, mi pequeña, nada más abre el infinito abanico de la fe adulta que posees en tu alma y que te ofrece certeza, seguridad, confianza, júbilo, alegría, madurez en Dios. Hoy, reconoce, que el manto estrellado del cielo oscuro, es el techo de tu hogar y que en tu esencia está grabado el potencial de la vida y la fuente misma de la eternidad que es la Presencia constante de tu Señor y Dios, en tu corazón. NUNCA HAS ESTADO SOLO, SOLA. No. Hoy, aquí y ahora oh mi amado niño, mi amada niña, acepta que con la ayuda de la gracia divina, es posible realizar cada sueño por alto y difícil que parezca. Tú puedes hacer que crezca la riqueza y abundancia en el amor, en la paz, en la alegría, en la solidaridad, porque estos son algunos de los dones de entre tantos otros que desde el principio del tiempo te otorgó el Creador, así que mi niño, mi niña, recobra la confianza en Dios, en ti mismo, en ti misma, en la vida, en los demás. Y dejándote amar por Él, permanece abierto, abierta a ese abrazo divino, abrazo sanador, liberador, enriquecedor. Déjate sanar por Él, que sabe lo que ocurrió cuando por su infinito amor, se realizó el milagro de la vida en ti y fuiste depositado, depositada en el vientre de tu madre….. Déjate inundar de su luz, de su sanidad, de su santidad.


Mi bebé hermoso, hermosa, hoy necesitas comprender que el alma de un niño, dentro de un ambiente familiar inmaduro, violento, hace que se reprima la ira en el subconsciente, ira por cierto, que de adulto se manifestará siendo agresivo, agresiva, violento, violenta, o también será un adulto, sobre protector y sumiso, callado, sin decir nada más, pero que estará generando lo contrario a la confianza y a la paz que es el temor y la angustia, teniendo la tendencia a discutir sin motivo o razón o callando, disimulando las propias necesidades y emociones, por el temor de provocar disgustos, gritos, o golpes.
Mi niño amado, mi niña amada, en este momento, si hay algún recuerdo doloroso que puedas traer a la memoria cuando estabas en el vientre materno, tráelo, no para angustiarte y llenarte de terror, no, sino para reconocerlo, para identificarlo y para mirar si es ese recuerdo el que te hace reaccionar como hasta hoy reaccionas y no te deja ser libre interiormente. No tengas miedo, pues al fin de cuentas, estás en las Manos de tu Padre Dios, y de la mano de Jesús. Mira como Él, comienza a derramar su inmenso amor, su infinita ternura, su poder y poco a poco, lo que entonces fue doloroso, comienza a desaparecer, para transformarse en perdón, en compasión, en comprensión, en dulzura….experimenta como tu ser se va llenando de amor incomparable, de amor verdadero…..


Mi niño precioso, mi niña preciosa, ahora, trae a tu memoria a papá, a mamá, si es que los conociste….y si no y aunque ya no vivan, revive su recuerdo, su presencia y comienza por decirle a papá: Papi, hoy se que tu también recibiste heridas, heridas muy grandes que no fueron sanadas, que te causaron mucho, pero mucho dolor y por eso tuviste una manera de ser que no escogiste….hoy te comprendo papi. Hoy necesito decirte que te amo, que te comprendo y porque te comprendo puedo decirte que te perdono. Papá, déjame darte un abrazo, el abrazo que siempre necesité darte pero que no me atrevía por temor, temor a muchas cosas, a ser rechazado, humillado, abusado, pero hoy, desde el poder de Dios, siento su amor en ti, siento su ternura en ti, toda la ternura que depositó en ti para mi. Gracias papi, por el don de la vida, porque tu fuiste el instrumento por el que Dios me llamó a la vida. Gracias……(Quédate en fe adulta, abrazando a tu padre y dejándote abrazar por él).


Ahora dile a tu mami: mamita: hoy, gracias a Jesús que me ha revelado el infinito amor que Dios me tiene, puedo comprender que sufrías mami, sufrías mucho cuando yo estuve en tu vientre…cómo me hubiera gustado poder haberte consolado desde entonces, pero hoy, aquí y ahora, necesito y quiero abrazarte fuerte, muy fuerte y necesito y quiero que me abraces tu también. Se que poco es lo que escogemos en esta vida….y mucho lo que nos viene porque al obrar inconscientemente y no consciente, es decir, cuando no somos responsables de nuestros actos, de nuestras actitudes, podemos herirnos mucho. Mami, hoy se que en el infinito amor del Señor , me amabas y me amas aún sin tu saberlo realmente, porque así como en mi habita el amor verdadero, así también en ti, vive y habita Dios, para siempre. Mami, hoy, con todo el Poder del amor de Dios te digo: te comprendo, te amo, te perdono, porque hoy se que no existen las culpas, sino las causas, y fue por alguna causa tu manera de ser, tus reacciones motivadas por el miedo, por la angustia, por la ira que se tradujo en depresión. Mami, mami, te amo. Hoy necesito darte las gracias por ser el instrumento por el que el Señor Dios me llamó a la vida. Gracias. (Quédate en fe adulta, abrazando a tu madre y dejándote abrazar por ella).
Ahora, mira como Jesús, derrama bendición sobre tus padres, aún cuando ya hayan muerto o que no sepas en dónde se encuentra alguno de ellos, o los dos….mira cómo derrama bendición sobre ti….


Permanece abrazándote…. y dándote mucho amor. Permanece abrazando en la fe, a Jesús que está contigo, que te es fiel……y si tienes algún defecto físico causado por una y mil causas durante el embarazo, si tienes alguna enfermedad que te limita o te hace inválido como parálisis cerebral, o alguna enfermedad mental como esquizofrenia o psicosis, o depresión bipolar o depresión endógena, aquella que es producida por el mal funcionamiento de tus glándulas endocrinas, dite en tu interior: Para mi, no existe defecto o limitación alguna pues al ser parte de mi propia esencia que es Dios, me es permitido traspasar el umbral del terreno exclusivamente material y físico. Puedo hoy, aquí y ahora, querido bebé, percibe en tu alma y en tu espíritu la nobleza, la perfección y la belleza del Creador.


De hecho ahora así como adulto como adulta que ya eres, si eres el progenitor de un hijo afectado por esas circunstancias que hemos mencionado o por alguna otra que tu sabes y la culpa te recrimina despiadadamente por el rechazo que frecuentemente le has dado inconscientemente, en estos momentos en que comienzas a cobrar conciencia, desde la generosidad del Señor, de la misma manera que estás siendo generoso, generosa con quienes laceraron tu alma de niño, de niña, mira en tu interior a ese hijo a esa hija y abrázale como nunca lo has hecho, abrázale como lo hace hoy contigo el Señor Dios…..Mira su sonrisa en su rostro y siente la paz en su corazón, y hoy mismo, cuando él o ella se encuentren durmiendo, dile a ser posible diario al oído cuánto le amas. También manifiéstaselo durante el día.


Tu que escuchas, sabes ya que eres ese niño, esa niña que hoy comienza decididamente el camino hacia la liberación interior. Sabes que este proceso durará toda la vida en medio de luchas, de nuevas heridas, de heridas que van sanando. Hoy aquí y ahora sabes que Dios te ama con locura y que nunca ha querido el mal para ti y que si el mal existe no es creación de Él, sino del ser humano herido. Prepárate pues, para derramar sobre un papel, toda tu historia doliente, la historia de quien es realmente una joya preciosa en las manos de Dios pero que necesita ser pulida para brillar cada momento más, brillar tanto que ese brillo llegue a los corazones más solos, más deprimidos, más desesperados. Así que poco a poco, ve disponiéndote a entregarle una por una de esas heridas que ya han comenzado a sanar, pero que necesitas recordar para mirarlas de frente, sin miedo, sin angustia, sino desde la fe, aceptarlas con paz, desde la luz sanadora de Dios, deseando que el perdón que es cien por ciento liberador y sanador, te abra la puerta de la libertad interior, porque el perdón es la puerta al amor, es lo que te lleva a la paz, es lo que te hace, hijo, hija de Dios.

 

 

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LA HERIDA DEL RECHAZO


Continuamos este tema sobre el valor del perdón diciéndote que ahora que comprendes la magnitud, la importancia del daño causado en aquél entonces en tu alma infantil y que grabó en la parte subconsciente de tu mente, en la parte obscura, una manera de ser es decir, un patrón de conducta que con el tiempo ha venido a multiplicarse, pareciéndote casi imposible de cambiar, de remodelar, de hacerse nueva, de ser libre, haciéndote reaccionar duro, dura, o como dirán algunos, algunas, implacable, indomable, incambiable, pues cuántas veces, nos etiquetamos entre unos y otros y decimos o nos dicen:


“Eres caso perdido, ¿cambiar?, tu no vas a cambiar nunca”. Tu eres problemático, problemática”. “Eres un enojón, una enojona”. “Eres igualito a tu familia, a tu padre, a tu madre”” vienes de una familia problemática, de una relación conflictiva”. “No, ni se junten con este con esta porque es esto y esto otro”, pues ahora que conoces que has tenido la necesidad de enfrentar situaciones que exigen de ti una actitud madura y equilibrada y sin embargo has parecido un huracán furioso, sabes hoy que esa manera de ser que primeramente a ti no te gusta porque en nada te ayuda a amarte primero a ti y luego a los demás, sencillamente, es ira reprimida, miedo y angustia de tu niño interior que se manifiesta una y otra vez desde las profundidades de la inconsciencia, en situaciones similares, parecidas a las de aquel ayer distante e incomprensible para ti.


¿Sabes?. Es necesario que tomes conciencia, que no existen las familias conflictivas, las relaciones conflictivas, las personas adultas o jóvenes o niños conflictivos, no. Y en cambio, sí existen muchas causas, heridas que dejan huellas, secuelas que van haciendo del ser humano un hombre, una mujer complejo y que también causan –estas heridas- hasta enfermedades mentales como la neurosis, la psicosis, la depresión circunstancial y enfermedades físicas como el cáncer, la diabetes, hipoglucemia, alergias, enfermedades del estómago, depresión suicida, miopía, histeria, enfermedades raras, incurables, enfermedades del corazón, de los huesos, enfermedad de control del peso y de pérdida de control etc…por mencionar sólo algunas de ellas.
Muchas personas no comprenden por qué este o este otro ser humano no les cae bien aunque sea la primera vez que le miran en su vida. Muchas veces tu y yo, no sabemos realmente por qué me molesto, por qué te molestas sin razón aparente ante determinadas palabras, que alguien nos dijo, o ante actitudes de este o de aquel o circunstancias de las vida que inconscientemente nos recuerdan los momentos más doloroso de nuestra infancia.


Si supiéramos comprendernos….si supiéramos comprender a los demás. Si miráramos el niño, la niña herida de cada ser humano….si nos ocupáramos en recuperar nuestro niño, nuestra niña interior para ser sanados por el único que conoce realmente el corazón del hombre: Jesús, nuestro Único Salvador….
El me invita, te invita a hacerte nuevamente un niño es decir, me invita, te invita a entrar en esa dinámica transformante de su Amor. Me invita, te invita a dejarte hacer de nuevo, a re-comenzar el camino y para comenzar, su Palabra nos llama hoy, aquí y ahora, a no juzgarnos entre unos y otros. Nos invita a no etiquetarnos. Nos invita a romper la cadena del desamor, de las críticas, de los comentarios, de las suposiciones, del respetar como santuario sagrado, el subconsciente y el conciente de los demás, para poder entrar en el Reino inmaculado del Perdón, de la Dulzura, de la Mansedumbre, de la Humildad, de la Paz, de la Misericordia, de la Compasión, del verdadero Amor.


El Señor Jesús en el evangelio de Mateo 7, 1-5 nos dice a ti y a mi hoy, lo siguiente: “En aquél tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán. ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo?. ¿Con qué cara le dices a tu hermano: Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo, cuando tú llevas una viga en el tuyo?. ¡Hipócrita!. Sácate primero la viga que tienes en el ojo y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.


Hoy, aquí y ahora podría decirnos también: La vida es una lucha constante, sí, pero nunca contra ninguna persona sino contra el mal causado por la ceguera interior, causado por un subconsciente herido. Nunca podrás llegar a ser feliz, aplastando a los demás, humillándoles, abandonándoles, golpeándoles, abusando de ellos, jugando para que entren en tu juego psicológico lleno de inmadurez, tejiendo una telaraña para que caigan rendidos, rendidas a tus pies, profanando constantemente su santuario interior y exterior, no. Sólo la gracia te hará libre, sólo la humildad te librará, te libertará, pues quien es humilde, acepta que él mismo, ella misma pueden equivocarse y que otros puedan equivocarse, puedan herir porque a su vez sangran, y nadie puede dar la vida si primero no tiene la vida en sí mismo, por eso estoy aquí, nos dice el Señor , para darte mi Vida, la vida verdadera…..


Hay cinco heridas entre tantas más que nos marcan enormemente. Estas son, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia, pero veámoslas más de cerca: El rechazo, es una herida que se marca profundamente en la afectividad de quien la sufre, el bebé que ha sido rechazado, seguirá experimentándose así por todos los días de su vida, a menos que alguien lo colme de amor paciente y decimos amor paciente, porque esa persona que brinda amor necesitará comprender que no es fácil hacer creer a alguien que ha sido rechazado, que ahora es amado, a menos que con infinita paciencia estimule la capacidad de confianza, de auto-valoración, pues generalmente, una persona que ha sufrido rechazo, no se cree merecedora de amor. Por más que le digan que es querida, mientras no sane la herida del rechazo, seguirá respirando por ella, por medio de la inseguridad en sí mismo, en que no es nadie, en que sería mejor, no haber nacido.


Traigamos a cuento las exclamaciones que muchas veces escuchamos cuando hemos encontrado a mamás embarazadas: “fue el pilón, fue un descuido, fue un colado”, “tengo mucha depresión y encima llegará este bebé” o” simplemente, fue un accidente” o también “uno más” , luego cuando comienzas a ir a la escuela –si es que tuviste la oportunidad- recibes frases como: eres un chaparro, mira qué pelo más lacio, qué ojotes tienes, mira qué nariz más grande, qué feas piernas, que posaderas más grandes, qué gordo, gorda eres, qué voz más fastidiosa etc…. Y luego, cuando llegas a adolescente y tu forma de ser tiene todo menos forma es decir que estás carente, adoleces de seguridad, de sabor por la vida es decir, careces de sabiduría de vivir y cuando eres un adulto joven, cómo te hubiese gustado tener a alguien que te amara realmente así como eres, pero a veces entre la misma familia se escuchan frases como: es una inestable, es un indeciso…..pero acaso, los que formulan esas sentencias, ¿serán muy maduros?, ¿conocerán lo que es el verdadero amor? ¿no hablarán así, porque proyectan sus propias heridas?


¿Sabes?, desde el momento en que el ser humano, el bebé comienza a ser rechazado, comienza a crear una máscara de huida y la máscara precisamente será para evitar sufrir el rechazo. Y esta máscara huidiza, se reconoce hasta físicamente en el cuerpo huidizo es decir, es como si quisiera desaparecer, como si intentara toda la vida no ocupar demasiado lugar. El que huye es aquél, aquella que duda de su derecho a existir. Cuando estás ante alguien con un cuerpo de condición bajita de estatura o posiblemente deforme, que habría de producirte un gran amor, con toda certeza estás ante una persona que sufre una gran herida de rechazo. Llevar una máscara significa que ya no es uno mismo porque adoptamos una actitud muy bien elaborada desde muy jóvenes, creyendo que esta actitud nos protegerá. Cuando un niño en vías de crearse una máscara de huidizo, porque se siente rechazado, rechazada, vivirá con más frecuencia, en un mundo imaginario. Esta es la razón por la cual a menudo, será un niño prudente y tranquilo –entre comillas- que no causará problemas ni hará ruido, ya que se divierte sólo en su mundo imaginario, construyendo castillos fantásticos.


Puede ser el clásico niño que tras saberse rechazado, le encanta ir a la escuela, o no puede estar sin salir a la calle, porque es mejor que estar en su casa. También está el caso del niño, cuyo cuerpo es más pequeño que el normal y con frecuencia tiene la apariencia de ser muy frágil. La madre le protege en exceso y el niño, la niña escucha muy seguido que es demasiado pequeño, demasiada pequeña para esto o para aquello y lo cree, a tal punto de que su cuerpo permanece pequeño. Para él, o ella, ser amado, se transformará entonces, en “sentirse sofocado” y más adelante, su reacción ante quien lo ame, consistirá en rechazar o huir porque se sentirá asfixiado.


El niño sobreprotegido se percibe a sí mismo rechazado porque no se siente aceptado por lo que es y para tratar de compensar su pequeñez, los demás suelen intentar hacer y pensar todo por él y en lugar de sentirse amado, amada en estas circunstancias, se siente rechazado de sus capacidades.
Si tu que escuchas, eres padre o madre de familia, medita en esto que vas a escuchar. La madre, tiene la misión de enseñarnos a amar, a amarnos, tiene la misión de darnos amor y el padre, nos enseña a dejarnos amar y a recibir amor…..será esto una realidad en mi…..en ti….?
Cuando se es pequeño y alguno de los dos padres nos ha herido, entonces al no aceptar sea a papá o a mamá quien haya contribuido a causar la herida, , es normal tomar la decisión de no tomarle como modelo y entonces se buscarán reemplazos: buscará a otros a otras en los y en las que creerá encontrar lo que nunca encontró en su padre, en su madre…..y posiblemente lo haga de manera equivocada y con una visión distorsionada.
Piensa si tu has sido herido, herida pot rechazo. Una persona que de pequeña fue rechazada, se considera sin valor y por eso dirá: Yo no valgo nada; los demás son más interesantes que yo”. La persona huidiza, por lo general tiene pocos amigos en la escuela, al igual que le sucederá más adelante en su empleo. Se le tiene por solitaria y se le deja sola. De esta forma, se coloca su máscara de huidiza para no sufrir cuando se siente rechazada y se aleja de la gente a tal grado que se vuelve imperceptible. Cada vez que se encuentra más solo y también cada vez se da a sí mismo más motivos para sentirse rechazada.


Hay personas que llevan en su subconsciente grabada la herida del rechazo a tal grado, de que se las arreglan para hablar poco. Si decide hablar mucho, lo hará para intentar infundirse valor y sus palabras parecerán altaneras ante los demás. La persona que de pequeña ha sido rechazada, es la más propensa a odiar, pero tu que escuchas este mensaje, ya sabes que gracias a Jesús tu único Salvador, es posible amar, es posible, perdonar, es posible ser una nueva criatura, es posible vivir en paz. La persona que sufre rechazo, busca sin cesar el amor del progenitor del mismo sexo y en ocasiones, transfiere su búsqueda hacia otras personas del mismo sexo también. Este ser humano que recibió la herida del rechazo, no se percibe, no se experimenta, no se mira como un individuo completo, porque no ha conquistado el amor del progenitor del cual recibió la herida y es muy sensible al mínimo comentario que venga de él es decir, que se siente fácilmente rechazado. De ahí que existan muchas personas rencorosas, y algunas lleguen hasta el odio, porque su sufrimiento es verdaderamente intenso. Por eso, un gran amor que se vive con desilusión, se transforma en odio. Cuando se pasa de una fase de gran amor hacia otra de gran odio, está indicando un enorme sufrimiento interior.


El hijo o la hija del progenitor del sexo opuesto, tiende a rechazarlo y por ello limita sus actos o sus palabras hacia él, hacia ella según sea el caso. Si vive una experiencia de rechazo con el progenitor sea el padre o la madre o con cualquier otra persona del sexo opuesto, se acusa a sí mismo de esta situación y se rechaza, diciéndose que es su culpa, que el otro, o la otra le haya rechazado. Si tu que escuchas, sabes en tu interior que has recibido la herida de rechazo, será muy importante aceptarla desde la fe, abrazándote a Jesús, entregándosela una y otra vez, y dejando que Él sane y te cure todo tu sufrimiento aún si actualmente, tu padre o tu madre te rechaza, porque si continúas rechazándote a ti mismo, a ti misma, mayor temor, mayor miedo seguirás engendrando y tendrás de que te rechacen los demás porque constantemente te dices a ti mismo: es que no valgo nada. Una persona herida por rechazo, con frecuencia se compara con quienes son mejores que ella y prefiere no darse cuenta de que puede ser mejor que cualquiera en muchos campos e incluso le es difícil creer que alguien más pueda elegirlo como amigo, como pareja, que las personas realmente puedan amarle y cree imposible que Dios, le ame sin condenarle. De hecho, cuando es elegido, no puede creer y se rechaza a sí mismo.


Una persona que venía de una familia en donde había varios hijos decía que su padre, nunca lo escogía para nada, y por ello deducía enseguida que los demás eran mejores que él, así que no era nada raro que él pensara que sus palabras y sus acciones, carecían de valor. De hecho, cuando recibe demasiada atención, pierde la cabeza y teme ocupar demasiado lugar. Si ocupa mucho lugar, cree que molesta y ser molesta significa para él, ser rechazado por la o las personas a quienes molesta o cree molestar. Aún en el vientre de su madre, el bebé rechazado, ocupa muy poco lugar. Cuando una persona que ha sido rechazada, está hablando ante alguien y este le quita la palabra, su reacción inmediata es pensar que esto sucedió porque no es importante lo que dice y así, deja de hablar, así, sin más. A una persona herida por rechazo, le cuesta expresar su opinión cuando no es solicitada porque considera que los demás se sentirán confrontados con sus juicios y por tanto, lo rechazarán. Si desea pedir algo, a alguien y esa persona está ocupada, lo dejará así y no dirá nada. Sabe lo que quiere, pero no se atreve a exigir pues cree que no es lo suficientemente importante como para molestar a los demás. Cuántas personas al pedir algo lo hacen entre dientes y al no escucharles y preguntarles qué dijiste responden ¡Nada!, olvídalo!


Hay adolescentes que dejaron de confiar en sus madres, por temor a no ser comprendidas porque creen que ser entendidos por los demás es lo mismo que ser amados, pero se puede entender una situación y no amar al que está pasando por aquello, en cambio, amar es aceptar al otro así como es, tal cual, , aún cuando no se entienda, aunque no se comprenda exactamente el por qué de sus reacciones, el por qué de su manera de ser. Pues a causa de esta forma de pensar, algunos adolescentes se vuelven evasivos cuando hablan, intentan huir del tema al mismo tiempo que temen comenzar otro. Si el que huye es un varón, vivirá la misma situación con su padre y con otros hombres.


Otra característica de la persona que ha sido rechazada, es la de buscar la perfección en todo lo que hace, ya que cree inconscientemente, que si comete algún error, será juzgado por ello, pues para ella ser juzgada, es ser rechazada. Como no cree en la perfección de su ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace. Por desgracia confunde el “ser” con el “hacer”. De hecho, su búsqueda de la perfección puede llegar a volverse una obsesión. Deseará a tal punto “hacer” todo a la perfección que cualquier trabajo o tarea le tomará más tiempo del necesario y de este modo atraerá hacia sí, otras situaciones de rechazo por parte de los demás. Los fetos rechazados, abandonados, aún en el vientre de su madre, siempre intentarán ocultarse, de ahí que en algunos ultrasonidos la respuesta sea esa, querer desaparecer. Una persona abandonada, rechazada, se paraliza inconscientemente ante situaciones similares o ante personas de su mismo sexo sobre todo ante aquellas que le recuerdan a su padre o su madre que causó la herida. Su lenguaje es parecido a este: “Me da pánico dejar de fumar” –por ejemplo- pues la persona que no tiene esa herida, simplemente diría que le será difícil dejar de fumar.


¿Sabías que nuestro subconsciente hace todo lo posible para que no percibamos nuestras heridas?, y ¿sabes por qué?, porque inconscientemente le hemos ordenado que así lo haga. Es tal nuestro miedo a revivir el dolor asociado a cada herida como veremos en los casetes siguientes, que por cualquier medio, evitamos confesarnos a nosotros mismos que si vivimos el rechazo, es precisamente porque nosotros mismos nos rechazamos.


Escucha esto muy bien, para que puedas comenzar a amarte profundamente y no continúes rechazándote más: Quienes nos rechazan, están en nuestra vida para mostrarnos hasta qué grado nos seguimos rechazando a nosotros mismos, en lugar de tomar el toro por los cuernos es decir, en lugar de darnos un toque de atención, en lugar de despertar del sueño del subconsciente y con el poder del Señor Dios, con la gracia del infinito amor que nos ha tenido el Padre, con la sangre sanadora de Nuestro Señor Jesucristo, reconocer que somos, que soy, que eres, digno, digna de un gran amor y que tu que escuchas, eres el primero, la primera que tiene qué dártelo porque ya desde toda la eternidad, antes de que fueras creado, creada, tu ser ha sido acogido y bañado por el amor de Dios.


También será importante que sepas que las heridas de la vida, afectan la manera en que nos alimentamos. El ser humano alimenta su cuerpo físico de la misma forma que lo hace con su interior. Generalmente el que huye porque fue rechazado, prefiere porciones pequeñas y por lo general pierde el apetito cuando siente temor o cuando vive emociones intensas. De hecho quien ha sido rechazado, es quien más predisposición tiene a sufrir anorexia. Una persona anoréxica es aquél, aquella que casi no se alimenta, porque se considera obeso, gordo, cuando en realidad es delgado, delgada, pero es una manera de intentar desaparecer. Cuando por el contrario, come sin medirse, significa que está intentando huir mediante la comida. También eligen huir a través del alcohol el cigarro o la droga.


Las heridas, nos impiden pues, ser nosotros mismos, unos seres humanos hermosos, creados para la bondad, la belleza en la sencillez, en la simplicidad de vida, creados para la paz, la solidaridad y el amor. Así que estas heridas acaban por crear un bloqueo y nos provocan enfermedades y malestares específicos según es nuestra actitud interior por ejemplo, se sufre de diarreas frecuentes, porque su cuerpo rechaza los alimentos antes de que los pudiera asimilar adecuadamente de la misma manera que se rechaza a sí mismo o rechaza rápidamente cualquier situación que pudiera beneficiarle.


Algunas personas padecen arritmias que es una irregularidad en la frecuencia o pulso cardíaco. Cuando su corazón comienza a latir a un ritmo desmedido, tiene la impresión de que se le sale del pecho, que desea escapar. Esta es otra forma de querer huir de una situación difícil.


Mencionamos anteriormente que la herida de rechazo produce tanto daño, que resulta del todo normal que el huidizo, odie a su progenitor del mismo sexo y lo acuse de haberle hecho sufrir durante su infancia. Estas personas pueden sufrir enfermedades que se relacionan con el rencor o el odio como el cáncer, después del dolor que ha experimentado en el abandono o aislamiento. Pero, cuando una persona logra admitir que siente resentimiento hacia su padre o su madre, y desea de corazón transformar todo ese odio en amor, en perdón, en capacidad de comprensión, en dulzura, en misericordia, en amor, será liberado el dolor y podrá comenzar un proceso de sanación integral.


Hay personas marcadas con le herida del rechazo que llegan a decir, que en su vida no pasa nada, que todo está bien, que su familia está integrada por personas en las que nunca ha habido ningún conflicto….¿sabes?, estas personas están huyendo, porque no desean reconocer que guardan resentimiento, porque admitir su rencor, equivaldría a admitir que son personas heridas a su vez, también, víctimas hijos de víctimas.
Un pequeño rechazado, no se da el derecho a ser niño. Madura rápidamente, creyendo que así se le rechazará menos. Es por eso que su cuerpo o una parte de él sea infantil. El cáncer indica que no se permitió a si mismo, sufrir cuando era niño. Hay otros males como los problemas respiratorios sobre todo, cuando sienten pánico. Es propenso a las alergias, las cuales reflejan el rechazo que vive asociado a algunos alimentos o sustancias, al polvo, al sol, etc. También puede recurrir al vómito para eliminar los alimentos que acaba de ingerir con el objeto de indicar su rechazo hacia una persona o una situación determinada. Hemos escuchado expresarse a dos o tres jóvenes así: “Deseaba vomitar a mi madre o a mi padre. Otra forma de vomitar a una persona o a alguna situación es decir: “Me repugnas” o “cómo me repugna eso”.


La persona rechazada, sufre desvanecimiento o desmayo –en ocasiones- por medio del cual se vale para huir de una situación o de una persona. En casos más serios, utiliza el estado de coma para huir. Puede sufrir agorafobia es decir que altera su comportamiento para huir de determinadas personas o situaciones que le podrían producir pánico. La agorafobia es un temor enfermizo hacia los espacios libres y a los lugares públicos y es entre las fobias, la más difundida. Las mujeres son dos veces más sensibles a ella que los varones. Muchos varones ocultan se agorafobia en el alcohol, prefieren transformarse en alcohólicos, antes que confesar que tienen un gran temor incontrolable. El agorafóbico suele quejarse de vivir en la ansiedad y sobre todo en la angustia, al punto de sentir pánico. La mayoría de los agorafóbicos sufre de hipoglucemia. En la continuación de este tema, hablaremos más de esto.
Si la persona rechazada, abusa del azúcar, puede ser objeto de enfermedades del páncreas como la diabetes y la ya mencionada hipoglucemia o baja de azúcar.


Si desarrolla odio intenso hacia uno de sus padres, a causa del dolor provocado por el rechazo que ha vivido y todavía vive, y cree que ha llegado al límite, es posible que se vuelva depresivo o maniaco depresivo. Si piensa en el suicidio, no hablará de él y si decide consumarlo, hará todo lo posible por no fracasr. Aquellos que hablan con frecuencia de suicidarse y lo logran, son más bien los que sufren de abandono. De esto hablaremos en el mensaje siguiente.


Por último, el huidizo que de joven tuvo dificultades para reconocerse como un ser humano dotado de todas las capacidades para ser feliz, para saberse realizado y pleno, intentará ser como cualquier otro y se perderá en la personalidad de quienes admira pasando frecuentemente de uno a otro modelo. El peligro de este comportamiento extremo es que más adelante puede transformarse en psicosis, ese trastorno mental caracterizado por la pérdida de la realidad; afecta a los jóvenes adultos –aunque puede también afectar a cualquiera- y es bastante común. Toda esta información, te la decimos -no para que te sugestiones sino que simplemente reconozcas qué es lo que puede estar originando tu manera de ser, tus males incluso físicos o psicológicos, para que reconociéndolos, te entregues de una vez por todas a Jesucristo, tu único Dios y Salvador.


Si has reconocido en ti la herida del rechazo, es seguro que tu progenitor de tu mismo sexo, a su vez, o los dos, se hayan sentido rechazados por su propio progenitor del mismo sexo o por los dos. Además es muy posible que él o ella, sienta tu rechazo o se haya sentido rechazado por ti, de ahí sus reacciones agresivas hacia ti. Ya para terminar, déjanos decirte que, ahora conciente de todo esto, ya sabes que cuando reproches a los demás su manera de rechazarte, estarás reprochándote a ti mismo, a ti misma, la manera de cómo te rechazas a ti mismo, a ti misma y cómo rechazas a los demás.


Es muy importante que reconozcas y aceptes -para que pongas a trabajar tu fe- que el origen de cualquier herida está en el no ser concientes de provocarla y el motivo de no ser sanada está en el no querer perdonar. Así que puedes comenzar por tomar todo el capítulo 9 del Evangelio de Juan. Mira como Jesús mismo quiere que desterremos de nosotros eso de echarle la culpa a otros de cómo estamos actualmente. De hoy en adelante, ten siempre muy presente, a diario y a cada momento que si el mundo sufre, si hay malos gobiernos, si la corrupción se extiende, si hay niños y jóvenes limpiando parabrisas e ingiriendo droga, si hay gritos, violencia y depresión, no es por ninguna culpa, sino por alguna causa.
Señor, regálame la gracia de saber amar como tu nos amas, como tu me amas. Amén.

 

 

MOMENTOS PRECIOSOS DE ORACIÓN

En una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos reposados sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta y cerrando tus ojos, respira suave, profundo y lento……experiméntate un ser humano vivo, un ser humano que tiene en su corazón, el secreto de la felicidad……porque su corazón está habitado por esa Presencia que todo lo sana, Presencia que transforma al corazón más seco por la falta de amor, en un manantial de agua viva…..y dile desde la fe adulta:


Señor, tu conoces lo más escondido de mi….tu que me sondeas, sabes cuando me siento o me levanto y penetras mis pensamientos, distingues mi camino y mi descanso, tu que cuando no ha llegado la palabra a mi lengua ya Señor sabrás lo que pronunciaré…..estréchame en tu regazo y cúbreme con tu palma……Dios mío, tu sabes que he sido rechazado, rechazada –a lo mejor inconscientemente – pero al fin, rechazado, rechazada…


Hoy, aquí y ahora, ante tu Presencia amorosa, no quiero huir más….no quiero escapar más de mi, de ti, de los demás…..porque aún en mis tinieblas y en las tinieblas de los demás, tu luz es más fuerte que la oscuridad porque ni la tiniebla es oscura para ti, y la noche es clara como el día.

Señor, por tu infinita misericordia, sana esta necesidad de ser aceptado, aceptada, infinitamente amado, amada….no quiero seguir utilizando máscaras para huir….hoy, aquí y ahora, acepto que algún día una ó dos ó 10 mil veces he sido rechazado, rechazada por alguno de mis padres o por los dos, o por algunas personas pero sobre todo, por mi mismo, por mi misma. Incluso, me he llegado a sentir alguna vez, rechazado, rechazada por ti, pero hoy se, que TU ME AMAS DESDE TODA LA ETERNIDAD y me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras y yo, soy obra tuya, por eso, soy inmensamente grande, rico, rica, hermoso, hermosa. Se que me has regalado la misión de amar y desde hoy quiero realizarla…quiero ser para Ti Señor…..quiero ser amor.


Se que desde toda la eternidad me has amado, me amas y me amarás por los siglos de los siglos. Abrázame……infúndeme esa certeza de que los rechazos que he recibido en mi vida desde que fui engendrado, engendrada, fueron causados por la inconciencia de mis padres, por alguna causa, pero nunca por haberme querido hacer algún mal concientemente, intencionalmente.
Dame la gracia de aceptar con paz, que ellos a su vez, también fueron heridos y así, la cadena siguió y siguió a su vez con sus padres y con los padres de sus padres……pero hoy, aquí y ahora, deseo, necesito abrazarme con infinito amor, con infinita aceptación, como también necesito y deseo abrazarles a ellos, mis padres……..para expresarles que no les rechazo más, que los entiendo, que me solidarizo, que los amo. Que los amo con tu amor y que los perdono con tu perdón….


(Y tú que escuchas, si tus padres ya no viven, trae su recuerdo santo y mírales pequeñitos, indefensos también, rechazados. Hoy estás aquí para ofrecerles ese amor que también les faltó, para darles esa aceptación incondicional. Abrázales, ámales como el Señor te ama a ti) (Mus)
También Jesús necesito aceptar y amar con tu amor y perdonar con tu perdón, a todas a aquellas personas que me han rechazado por estar dormidas en el sueño de la irrealidad, encarceladas en el mundo de las heridas. Hoy, con tu sangre preciosa, desátalas de sus heridas, sánales Jesús, como lo estás haciendo conmigo….Les amo con tu perdón, les perdono con tu perdón, les acojo con tu inmensa ternura, Jesús……(Mira a aquellas personas o a aquella persona que crees que te ha rechazado más y mira como Jesús la estrecha entre sus brazos y la baña de su amor sanador…mírate tu abrazándole….haciendo juntamente con Jesús, que la llaga de su corazón herido, sea transformada en paz. Ahora Jesús, a mi mismo, a mi misma, desde tu amor que lo sana todo y lo plenifica todo, me amo con tu amor. Me perdono con tu perdón…me acepto incondicionalmente. Abracémonos Jesús, tu y yo, fuerte…. nunca más, nada ni nadie pueda romper este abrazo lleno de verdadero amor…… porque ahora soy conciente de quién soy y para qué estoy en este mundo. Gracias Jesús, por todo lo que estás haciendo en mi vida. Gracias Jesús….Jesús….Jesús….


 

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LA HERIDA DEL ABANDONO


Estás en la cuarta parte del tema “El valor del perdón”. En esta ocasión hablaremos sobre la herida del abandono, para que identifiques en el subconsciente de tu bebé, de tu pequeño herido, de tu pequeña herida, si es el abandono lo que te hace reaccionar como reaccionas, ahora que eres un joven o un adulto.
Abandonar a alguien es apartarse de él, dejarlo, no desear más tener que ver algo con él, con ella. Muchas personas confunden el rechazo con el abandono. Miremos pues la diferencia. Si uno de los miembros de una pareja, o un padre y un hijo, decide rechazar al otro, para no tenerle junto a sí, sea el motivo que sea por ejemplo una hija que se cansa de la manera de ser negativa de su madre, de sus quejas por la vida, quejas por algún miembro de la familia, si decide abandonarle, se aleja físicamente, se marcha para distanciarse temporal o definitivamente.


Aunque definir el abandono de esta manera, es muy relativo, porque yo, tu, podemos abandonar a alguien, aún al continuar viviendo bajo el mismo techo pues tu puedes abandonar a un hijo, a una hija,- sobre todo así experimentará si es bebé- cuando tienes que irte a trabajar 4 ó 5 u 8 horas y lo dejas –sin que esta sea tu intención- “abandonado” con tus padres, con una amiga o vecina, o en una guardería……Unos padres –como otro ejemplo- pueden abandonar a su bebé en el vientre, aunque la mamá lo traiga bien dentro, cuando el papá por andar participando en parrandas de cualquier tipo, llega noche a casa, haciendo sentir a su esposa, cada vez más infeliz o cuando la mamá está más sumida en su depresión, en sus cosas, en sus pensamientos, en lugar de tratar –con la ayuda del Señor Dios, y de todos los libros que enseñan cómo ser una mejor persona- de salir adelante, de crecer más interiormente, para poder proporcionarle al bebé, una acogida llena de vida, de realización humana y divina; o también le abandonan a las consecuencias de los actos irresponsables de ambos padres inmaduros , cuando fuman o alguno de los dos o los dos se drogan, o cuando beben sólo en ocasiones –dicen- y nunca reconocen que son dependientes porque están huyendo de sí mismos…..


Otro ejemplo es cuando la herida que se vive en el caso del abandono, la podemos situar en el plano del tener y el hacer. Escucha bien. Un niño pequeño puede también sentirse abandonado si su madre se encuentra ocupada con un bebé nuevo. El sentimiento de abandono será aún más fuerte, si el nuevo bebé necesita muchos cuidados porque es enfermizo o padece alguna incapacidad. El pequeño tendrá la impresión de que su madre lo abandona continuamente para ocuparse del otro y comenzará a creer que así será siempre, que nunca tendrá a su mamá de otro modo.. Puede suceder en otro caso, que de pequeño te hayan tenido que llevar al hospital en donde permaneciste y no comprendiste qué sucedía. Cuando a un pequeño le pasa esto durante varios días, tal vez reaccione caprichoso porque pensará que sus padres ya se cansaron de él y se experimentará abandonado. La reacción que tome ante este sentimiento, será una máscara que le ayude a soportar su sufrimiento. Cuando los padres de un pequeño, le dejan con alguien más incluso, si se trata de la abuela, se experimentará abandonado o cuando su madre siempre está enferma y su padre está demasiado ocupado o ausente –sea el motivo que sea- para hacerse cargo de él, el pequeño, la pequeña se ven obligados a arreglárselas por sí mismos, sin ser conscientes de que en lo profundo de sí, se está tatuando fuertemente, la herida del abandono.


Una señora nos platicaba –y nos permitió compartirte a ti que escuchas, su experiencia- que tuvo un temor terrible cuando murió su padre cuando ella tenía 18 años. Este paso lo vivió como un verdadero abandono, fue terrible porque además su madre, no paraba de decirle que cuando cumpliera 21 años, tendría que independizarse. Esta mujer, que se sentía rechazada por su madre, vivía en constante miedo y no hacía más que pensar: ¿Qué me sucederá ahora, sin papá?. No estará aquí para ocuparse de mi, cuando tenga que salir de casa”. Muchas personas que sufren la herida del abandono cuando fueron pequeñas, experimentaron una profunda falta de comunicación por parte de sus progenitores, sea la madre o el padre o los dos. Hoy, madres y padres de familia que han conocido al Señor y que han comenzado a trabajar por un proceso de maduración interior en sí mismos, nos preguntan cómo hacerle para que sus hijos jóvenes comprendan que ellas y ellos, los padres, en realidad no son las culpables de lo que muchas veces los hijos les reclaman: -les dicen- “Tu tienes la culpa de mi infelicidad”. “Tu eres la causa de que yo no sea feliz” y sencillamente les respondemos que hablen o escriban según sea el caso, a sus hijos…..hablen de lo que Ustedes pasaron…. y de lo que ellos –sus hijos- a su vez, han pasado; gánense su confianza, con amor, no digan ustedes mismos: Uuuuu, eso es imposible, porque quien habla así, no tiene fe, no conoce el amor del Señor, no reconoces lo que el Señor Dios está haciendo por ti mismo, por ti misma que muchas veces te has creído un imposible para Dios.

Para Dios, no hay nada imposible, excepto que tu no quieras abrirle nunca el corazón. Así que padres de familia, hijos, ser humano quien quiera que seas y que escuchas este casete, busca el mejor momento para el encuentro, para dialogar, para abrir las puertas de la interioridad y para ofrecer al mismo tiempo, acogida, calor de sinceridad y fidelidad y silencio de las confesiones recibidas. Este momento, siempre llega –porque es una gracia- cuando estamos a la escucha del Espíritu….


La mayoría de las personas nos han dicho que la herida del abandono se vive con el progenitor del sexo opuesto, pero esto no es una regla para todos. En cambio, podemos casi generalizar, que las personas que sufren de abandono, han sufrido también de rechazo. Hay casos en los que cuando se es joven, se experimenta rechazado por su progenitor del mismo sexo y abandonado por el sexo opuesto, el cual cree que debía haberse ocupado de él y sobre todo, que debía haber velado para que fuese menos rechazado por el otro progenitor.


Lo que vamos a decir en seguida, no corresponde a la herida del abandono, pero imaginemos el caso de alguien que ha sido abusado sexualmente por alguno de los progenitores –aunque esta herida se tocará en los siguientes mensajes- estaríamos hablando de un ser humano, de un pequeñito, de una pequeñita mucho muy destruidos. Y esto lo mencionamos ahora, para que con la gracia del Señor que es todo respeto, profundo y tierno amor con cada uno de nosotros, comencemos a amarnos con locura divina y a los demás, como somos amados por Dios. Cada vez que mires a una persona, a un ser humano, no lo juzgues, no lo etiquetes, compréndele, ámale como el Señor te ama a ti.


Amarte a ti, amar a quienes son más próximos a ti, amar a tu familia entera, amar a los vecinos, a tus compañeros de trabajo, de escuela, a los que ves en la calle, a los que miras por televisión y escuchas por radio, amar, amar, amar a cada ser humano que forma parte de este planeta, sea como sea, haya hecho lo que haya hecho, porque ahora sabes que la inmensa mayoría vivimos huyendo, envueltos en máscaras para no volvernos aún más locos. Y te decimos esto, porque Jesús el Señor, nos ha enseñado en el evangelio, con su vida, que lo único que necesita el mundo para ser feliz, es el amor que es aceptación, es comprensión, diálogo, es encausar los impulsos agresivos motivados por las heridas, hacia la bondad, la dulzura, la compasión, la misericordia.
Hay niños de 3 a 10 años y pre-adolescentes de 11, 12 ó 13 años, que comienzan a manifestar su herida de rechazo o abandono en la alimentación física o comerán poco o comerán mucho, y con esto, ya tenemos frente a nosotros un ser humano dependiente. Dependiente de todo. La dependencia, es una máscara que brota de la herida del abandono y se manifestará algunas veces en un cuerpo largo, delgado y encorvado. El caso del exceso de peso nos estará indicando otro tipo de herida que veremos más adelante.


El niño o adulto dependiente, abandonado, cree que no puede lograr nada por sí mismo, por tanto, tiene necesidad de alguien más y lo más a la mano –para suplir esa necesidad- es, muchas veces la comida. Generalmente la mirada de alguien que sufre interiormente el abandono, aunque es triste se verá como unos ojos que parecen querer atraer a otros con su mirada. No olvidemos que la intensidad de la herida, determinará de qué grueso es la máscara.
Es importante que sepas diferencias entre la máscara del huidizo o de quien fue rechazado, a la del dependiente o quien fue abandonado. Puede haber dos personas muy delgadas junto a ti, y una de ellas ser huidiza y la otra dependiente. Hoy en día, las cirugías hacen que muchas personas, incluso adolescentes, intenten esconder sus heridas porque rechazan partes de ellas mismas, pero quien se mira al espejo, no puede mentirse, pues ocultar la herida con medios físicos, no la hará desaparecer. En cambio, la intimidad con el Señor Dios, el dejarse amar por Él, el desear y buscar los medios para crecer interiormente, leer libros de espiritualidad, libros que nos ayuden a crecer como seres humanos y divinos, audio casetes que alimenten nuestra mente de información sana, sí que lo hará, paso a paso, casi sin notarse, pero cuando menos lo pensemos y sin que nos demos cuenta de ello, estaré, estarás dando mucho fruto, mucho amor. Te habrás encontrado contigo mismo, contigo misma, con los demás y con Dios.


Continuemos pues escuchando que la persona dependiente es la que generalmente tiende a convertirse en víctima. Una persona “víctima” así entre comillas, es la que hace problemas de todo tipo en su vida, pero especialmente problemas de salud, para llamar la atención como es el caso de los niños, jóvenes y adultos hipocondríacos. El niño, joven o adulto dependiente, es una persona que dramatiza mucho: hasta lo más mínimo lo hace gigante. Por ejemplo, si su pareja no llama para avisarle que llegará tarde, piensa lo peor y no comprende por qué le hace sufrir tanto al no llamar. Una persona dependiente no sufre…sino que agoniza por dentro, y aunque el ser así le acarreará problemas, ser abandonado para él, para ella será más doloroso que vivir todos los problemas que traiga su proceder. Sólo otra persona dependiente, le podrá comprender.


Cuando encuentres una persona así, víctima de todo, o tu mismo, tu misma, si tienes esta máscara, estarás frente a alguien que vive una importante herida de abandono. La persona dependiente, tendrá temor a la soledad, porque la ayuda que más necesita el dependiente es el apoyo de los demás. Generalmente, antes de decidirse, por lo general pide la opinión o la aprobación de los demás porque sencillamente no se decide o duda de sus decisiones cuando no siente el apoyo de alguien más. Esto no quiere decir que escuche los consejos o sugerencias pues al final casi siempre hará su parecer.
Otros casos los encontramos en esas personas que nos pueden parecer perezosas, pero en realidad lo que sucede es que no les agrada realizar actividades o trabajos físicos solos puesto que necesitan la presencia del alguien más para sentirse apoyados. Una persona dependiente, percibe el final de cualquier cosa agradable como un abandono, por eso exclamará: “Qué lastima que se haya terminado”.


La persona dependiente, que actúa como víctima, tiende a tener –sea varón o mujer- una voz infantil y a hacer muchas preguntas. Esto se observa cuando pide ayuda por ejemplo, tiene dificultad a aceptar una respuesta negativa y con la tendencia a insistir. Mientras más sufre cuando se le dice “no”, más se dispondrá a utilizar cualquier medio para obtener lo que desea como la manipulación, el enfurruñamiento, el chantaje, etc. Estará dispuesta a tolerar situaciones muy difíciles, en lugar de ponerles fin porque su temor es: ¿Qué voy a hacer solo, sola? ¿Qué será de mi? ¿Qué me sucederá?. Vive en conflicto consigo misma porque por una parte, exige mucha atención y por otra, teme estar exigiendo demasiado y que eso acabe por molestar a los otros quienes podrían abandonarle y aunque no lo admita, ama el sufrimiento tanto como para tolerar lo que sea con tal de no estar solo, sola.


Para una persona dependiente, el simple hecho de escuchar actualmente, de una amistad por ejemplo cuando le dice: “debo irme” y por teléfono escuchar la palabra “dejar”, o “mirar en frente de él o de ella el reloj”, será traer a la conciencia la herida de abandono de sus padres o de alguno de ellos y esto le causará un verdadero dolor, porque inmediatamente pensará que no es tan importante como para atraer la atención de otro, de otra.


La tristeza, es la emoción más intensa que experimenta el dependiente. Constantemente siente esta tristeza en lo más profundo de su ser sin que pueda comprender o explicar de dónde proviene y para no sentirla, busca la presencia de otros; pero también es capaz de irse al otro extremo es decir, alejarse o apartarse de la persona o la circunstancia que le causa esa tristeza o ese sentimiento de soledad. En momentos de crisis, puede incluso pensar en el suicidio. Generalmente, habla de esto a los demás sin hacerlo porque lo que realmente busca, es apoyo, pero si después de muchas tentativas para que le den apoyo no lo obtiene, posiblemente termine suicidándose.


Una persona dependiente porque en su etapa primera recibió la herida del abandono, teme a toda forma de autoridad. Piensa que una persona que usa una voz autoritaria o que toma una actitud autoritaria, es fría e indiferente por eso, jamás podrá aceptarle y por este motivo, tiende a ser lo contrario es decir, es cálido con los demás. Cree que al ser así, los demás serán afectuosos, atentos, cálidos y no autoritarios. Una persona dependiente, al hablar de su infancia, dirá que con frecuencia se le dejaba solo y que su madre o su padre, estaban ausentes. Una persona dependiente, se angustia al estar sola, y lo que se oculta detrás de esa angustia, es un sentimiento de urgencia por desear que alguien esté junto a ella, y en cuanto tiene la oportunidad de entablar una relación con alguien, teme que le abandone, por eso, se las arregla para ponerle fin por propia cuenta. Y lo más contradictorio es que a esa persona le gustaría sentarse sola a leer un libro, pero no admite –por ejemplo- que su pareja lo haga, o le gustaría salir solo a algunos lugares que elige pero se sentirá abandonada y creerá que le hacen a un lado si su pareja hace lo mismo y dirá: Claro, no soy lo suficientemente importante como para que quieran salir conmigo”.


A una persona dependiente, le resulta difícil aceptar no ser invitada a una reunión aunque esta decidiera de antemano no haber ido. Experimenta una gran tristeza por el sentimiento de abandono de ser poco importante.


Durante la infancia, por ejemplo, las niñas se afianzan a su padre y los niños a su madre. En la pareja, el dependiente, se apoya en el otro o le toma la mano o lo toca con frecuencia. Cuando está de pie, busca apoyarse contra un muro, una puerta o cualquier otra cosa. Incluso, sentado, le es difícil estar erguido y se apoya en el brazo del sofá, su espalda, tiende a encorvarse hacia delante. Cuando en alguna reunión, veas a alguien que busca llamar poderosamente la atención, observa su cuerpo y verás que en su interior hay una máscara de dependencia. El dependiente piensa que los demás, son su felicidad. Hay personas que han sido muy dependientes de su madre cuando eran pequeños que aún casados, les es impensable pensar apartarse de ella. El niño dependiente, tiene terror al cambio que sufre en la pre-adolescencia, y de la adolescencia a la edad adulta, siente pavor al cambio de la soltería al matrimonio, o simplemente sienten terror a la idea de no casarse nunca, a la mudanza a otro domicilio, una separación, la muerte o el nacimiento; alguien dependiente, al experimentarse llamado a un seminario o convento y al tener que dejar a la familia; el dependiente, se paraliza, siente terror de que no se cumplan en la vida, sus planes, porque para la persona dependiente, solo lo que ella misma se proporciona, es seguridad. Y si es creyente, allá en su subconsciente, “cree que ni Dios puede darle lo que realmente necesita, por eso se obstina en sus planes”.


La sensibilidad de una persona dependiente llevada al extremo de enfermar y de caer en la agorafobia, le hace temer a la locura es decir, al hecho de quedarse loca, pero será urgente hacerle saber que lo suyo no es locura, sino una sensibilidad excesiva sin sanar, por desear no ser abandonado.
Una persona dependiente, llora fácilmente, sobre todo cuando habla de sus problemas o de sus adversidades. En su llanto acusa a los demás de ignorarle cuando vivía en medio de sus problemas o enfermedades. Acusa incluso a la vida e inconscientemente a Dios de haberla abandonado, cuando en realidad es la persona misma quien se ha hecho a un lado. Una persona normal, se experimentará muy bien sola, sin sufrir por ello, tomando las riendas de la vida, sin echar la culpa a nadie, porque sabe que las culpas no existen sino más bien todo ha sucedido por alguna causa. Una mujer dependiente, que vive con un alcohólico –por ejemplo- o que es víctima de abuso conyugal. Su sufrimiento será más grande, si se separa de su pareja que si tolera lo que vive. La persona dependiente tiene una enorme capacidad para no ver el problema que vive en la familia o con su pareja, con una amistad, o consigo misma. Prefiere creer que todo marcha bien, porque tiene miedo de ser abandonada. Si este es tu caso por estar aferrado, aferrada a una persona haciendo todo lo posible -por el temor a no ser abandonado, abandonada-, necesitarás tu mismo, tu misma brindarte apoyo y dejar que el Señor Dios te ayude a salir de esa situación.
Una persona dependiente, tiene necesidad a cualquier precio de que los demás le hagan sentir importante de que le tomen en cuenta, de que constantemente le de su opinión sobre sí misma, pero hay aquí algo importante: cuando el dependiente es capaz de detectar los problemas que le causa su dependencia, experimenta el deseo de ser independiente, pero este creerse independiente, no es más que otra máscara que no hará más que acentuar y ocultar la herida de abandono que no se ha sanado.


Otros casos de dependencia por herida de abandono, son los hombres y mujeres que no desean tener hijos so pretexto de querer mantener su independencia., pues por ejemplo en el varón, la presencia de un niño en la familia, suele ocultar el temor a no recibir toda la atención de su pareja, mientras que la mujer dependiente, temerá a su vez sentirse agobiada por las obligaciones que implica tener un hijo. Por otra parte, si ella desea tener hijos, los preferirá cuando son pequeños, cuando dependen más de ella, ya que así se sentirá más importante. El dependiente busca más que la independencia, el hecho de sentirse necesitados por alguien. Las personas dependientes -según grandes psicólogos como Freud- son las que más buscan tener sexo, hablar cosas en las que se involucre todo lo referente al sexo, a los órganos sexuales, porque creen que en una relación sexual encontrarán la ternura y el cuidado que no tuvieron en su infancia o adolescencia. (Y referente a la comida, si mencionamos anteriormente que en el caso del huidizo existe la tendencia a la anorexia, en el caso del dependiente, la tendencia es a ser bulímico).


Los comportamientos propios del dependiente son dictados por el temor a revivir la herida de abandono. Cada una de las heridas, tiene comportamientos y actitudes interiores propias. Las formas de pensar, de sentir, de hablar y de actuar, correspondientes a cada herida, indican una reacción a lo que sucede en la vida., de ahí que será siempre necesario ser conciente cada instante de tu vida para qué estás en este mundo y sabes que a este mundo has venido a dejarte amar por Dios, a amarte a ti mismo, a ti misma y a cada ser humano que el Señor Dios pone en tu camino, es decir, estar atento, atenta a la Presencia sanadora de Cristo en ti, para que tus reacciones, sean cada vez más, las reacciones de Jesús. En lo que se refiere a las enfermedades, el dependiente, se distingue por haber sido un niño enfermizo, débil o endeble. Suelen padecer asma, lo que indica que la persona que la padece, acepta más de lo que debería y no rechaza lo que le pesa, sino con muchas dificultades. Los problemas de bronquios, asfixia etc, son también comunes pues indica que tiene la impresión de no recibir lo suficiente de su familia. La miopía es muy usual en los dependientes, pues representa la dificultad de ver más lejos en relación con el temor al futuro y el miedo a enfrentar el porvenir solo.. El dependiente puede llegar a sufrir histeria sobre todo cuando llega al borde de sentirse la víctima. En psicología se dice que la persona histérica es semejante al niño que llora cuando se le abandona y se le priva de la leche que lo alimenta. Padecen depresión cuando su herida les lastima mucho. Puede padecer migrañas porque se impide ser ella misma.


Generalmente, las personas en quienes predomina la herida de abandono, también temen a la muerte, mientras que aquellas que han recibido la herida de la traición, temen con mayor frecuencia a la locura. Si tu que escuchas, te identificas como una persona dependiente que ha vivido la herida del abandono o eres una persona agorafóbica es decir, que tiene temor a la muerte y a la locura, debes saber que lo que vives no es locura y que no morirás por ello
No creas pues, que ya no hay salida para ti, no. Sí la hay y se llama Jesucristo, tu único Salvador, la Vida Verdadera, pues al encontrar tu seguridad en Él, vendrá la luz y encontrarás la solución a tu vida la respuesta de tus por qué, de tus para qué. Para terminar este tema, si te identificas con la herida del abandono, te recordamos que la desencadenó tu progenitor del sexo opuesto y que continuará apareciendo con cualquier otra persona del sexo opuesto a la que te enfrentes. Es seguro también, que ese progenitor, padeció la misma herida con su propio progenitor del mismo sexo que tu. Las mismas heridas se repiten de una generación a otra (lo que explica el fenómeno de la herencia) y así sucederá mientras no quieras romper con esa cadena de desamor. Sólo el amor, cura las heridas. Sólo el amor, mueve montañas. Sólo el amor salva. Sólo el amor sana.


Así que toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios, escucha lo que hoy te regala en su Palabra tomada del profeta Isaías (66 12.13): Yo haré que la paz venga sobre ti, como un río. Como una madre alimenta con su amor, así te consuelo hoy a ti. Aquí en tu corazón encontrarás siempre la paz, porque en tu corazón estoy Yo. Ahora mismo, estoy alegrando tu ser. Estoy renovándote. Tu has dicho envuelto en tu tristeza: “El Señor me ha abandonado, mi Dios se olvidó de mi” pero, ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo?, Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré jamás ni te abandonaré. Yo te llevo grabado, grabada en mis entrañas, siempre estas presente ante mi, porque yo te amo y te guío y te atraigo a mi, para que en mi encuentres manantiales de agua que da vida, que sana y siempre te abriré un camino a través de las montañas y haré que se allanen los senderos.


Mi Señor, hoy, aquí y ahora, deseo y necesito que el poder abandonarme en tus planes, en tu providencia en tu amor, sea una realidad en mi. Deseo que tu voluntad, sea mi única guía en esta vida en la que muchas veces he experimentado perder el camino. Hoy, se que nunca has querido el mal para mi, pero así como me has dejado libre para no brindar una sonrisa, así como me has hecho libre cuando no he querido comprender a los demás, así como me has dejado libre para no amar, así has dejado libre a quienes por inconciencia me hirieron, me abandonaron, pero hoy Oh mi Dios amorosísimo y fiel, no quiero otra cosa más que, que en mi ser se realice tu plan Divino que desde toda la eternidad tenías preparado para mi. Hoy quiero, como tu Jesús me enseñaste en tu paso por este mundo, con gran confianza asumir, aceptar todo lo sucedido en cuanto posibles heridas de abandono desde el momento de mi concepción hasta este momento y decir: “Señor, desde hoy y para siempre quiero dejar que en mi vida tu seas Dios”, porque se que tu no creaste el mal y siempre quieres el bien para tus hijos, para la creación entera. Hoy me abandono confiadamente a ti. Por eso estoy aquí, reposando en tus manos amorosas. Jesús yo confío en ti a pesar de mirar diariamente, como nos ofendemos, cómo nos rechazamos y nos abandonamos entre los seres humanos y como también lo hacemos con la naturaleza, con los seres indefensos, con los animalitos…..”Dios mío. Creo en tu amor. Creo que me amas infinitamente y que nunca pero nunca me has abandonado ni me abandonarás jamás. Señor, ámame”……..

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LA HERIDA DE LA HUMILLACIÓN


Si buscamos en un diccionario la palabra “humillación”, encontraremos que es ese sentirse como pisoteado por alguien que te dice en tono grosero, aplastante, engreído o con coraje algo que rompe tu derecho como ser humano. Es como si alguien te vejara o te degradara y tu te sintieras inferior, con vergüenza y mortificado, mortificada. La humillación surge, precisamente en el momento en que se desarrollan las funciones del cuerpo entre el primer año y el tercero de vida, edad en la que un niño normal, aprende a comer solo, a comportarse con propiedad, a ir al baño solo, a hablar, a escuchar y comprender lo que los adultos dicen, etc. La humillación se produce en el momento en que el niño siente que uno de sus padres o algún familiar se avergüenza de él, sea por su físico, por su manera de obrar o de ser.


Por ejemplo hay adultos que expresan toda su burla –tanto en privado como en público-, hacia un pequeño o una pequeña que sea delgado o gordo o que sea más moreno que lo normal, o blanco, o con los ojos almendrados o la boca con el labio leporino, o si tiene el pelo pelirrojo o pecas, o la nariz grande etc…..también se burlan del niño o se disgustan si este ha manchado su ropa o si se ha orinado ya sea en la cama o de pie o si ha estropeado algo.
Sin importar la situación que provoca que el niño se sienta rebajado, humillado, , comparado, mortificado, avergonzado en el plano físico, la herida despierta y comienza a adquirir importancia. Veamos el ejemplo del bebé que ha jugado con sus heces y la unta en su cuna o hace otra cosa semejante, catalogada por el adulto como impropia. La herida surge cuando escucha a su madre contar al padre lo que ha sucedido, describiéndole como un cochino, pues a pesar de que sea bebé y no comprenda las palabras, sí percibirá el desagrado que ha causado en sus padres y comenzará a sentirse humillado, avergonzado.
Una joven que estuvo internada, nos contó que cuando era niña, una compañerita suya, se orinaba en la cama. Cuando la encargada se daba cuenta, la obligaba al día siguiente a caminar por los salones de clases con la sábana sucia sobre la espalda. Al humillarla y mortificarla de esa manera, creía que la niña no volvería a mojar la cama, pero todos sabemos que un castigo produce un efecto contrario. Sí, escuchaste bien: todo castigo produce un efecto contrario y entonces, la herida en vez de ser sanada, se acentúa.


Muchas veces, los genitales y la sexualidad, han sido motivo de humillación por ejemplo, cuando la mamá sorprende a su pequeño tocándose y exclama: ¡eres un cochino, una cochina!. ¿No te da vergüenza?. El niño, la niña, se siente mortificado, mortificada, avergonzado, avergonzada por lo que el pequeño irá creciendo con un constante sentimiento de culpa y más adelante tendrá dificultades en el plano sexual. El niño también se sentirá rebajado, si se percibe a sí mismo demasiado controlado por uno de sus progenitores o si cree que no tiene libertad para actuar o para moverse como desea en el plano físico como sucede cuando un progenitor reprende y castiga al niño que salió a jugar al lodo con sus mejores ropas antes de que lleguen los invitados y si los padres cuentan el incidente a los invitados frente al niño, la humillación será todavía más intensa, ya que este comportamiento puede hacer creer al pequeño que desagrada a sus padres y se sentirá avergonzado por su propia conducta.


Es común escuchar a las personas que sufren esta herida cómo describen todas las cosas prohibidas que hicieron cuando eran niños o adolescentes. Es como si buscaran situaciones para revivir la humillación. Como dijimos al principio, la humillación puede venir de alguno de los progenitores o de algún familiar, sin contar que también, más adelante, puede venir de cualquier persona. Un pequeño que sufre la herida de la humillación, se creará, la máscara de masoquista. El masoquismo es ese comportamiento de una persona que encuentra satisfacción e incluso placer al sufrir. Aún cuando lo hace inconscientemente, procura el dolor y la humillación la mayor parte de las veces. Se las ingenia para hacerse daño o para castigarse antes de que alguien más lo haga. Un ejemplo clásico de masoquista es aquél que fuma, o también aquél, aquella que come y come como si no le importase engordar y afectar el corazón, o la columna –aunque interiormente sabe que esto le robará más su autoestima y la salud. Cuando usemos aquí el término de masoquista, será para referirnos a la persona que sufre humillación y que lleva esa máscara para evitar sufrir y vivir el dolor relacionado con la humillación. De hecho, la persona masoquista, tiene una sensibilidad tal que le han dejado las humillaciones, que experimenta el rechazo y se siente humillada antes de ser rechazada.
Lo que vas escuchar enseguida es importante para que puedas distinguir entre la vergüenza y la culpabilidad. Uno se siente culpable cuando considera que lo que ha hecho o ha dejado de hacer, está mal. Cuando nos avergonzamos, juzgamos que no hemos actuado correctamente con respecto a lo que acabamos de hacer. La soberbia o el orgullo son lo contrario de la vergüenza. Cuando una persona no está orgullosa de sí misma, por lo general, está avergonzada de ella misma, se acusa y tiende a querer ocultarse. Una persona puede sentirse culpable, sin tener vergüenza, pero no puede tener vergüenza sin sentirse culpable.


Como se considera a sí misma mal educada, desalmada, sucia, o que vale menos que los demás, la persona con la descripción física de la máscara de masoquista, desarrollará un cuerpo grueso que también le avergüenza a sí misma. Hacemos un paréntesis para decirte nuevamente lo que pusimos en una de tus hojas para la semana: que si el mundo sufre, que si hay malos gobiernos, si hay deshonestidad, si hay abusos de cualquier tipo, si hay injusticia en el corazón del hombre, si hay matones, robos, si hay gritos, violencia, golpes, si el ser humano continúa hiriendo a los demás e hiriéndose a sí mismo, no es por ninguna culpa, sino por alguna causa. Sigamos pues diciendo que un cuerpo grueso, gordo, es diferente al cuerpo musculoso. La persona puede pesar 20 kilos de más que su peso normal y no estar gruesa, sino parecer más bien fuerte, sin embargo, el masoquista –y no sólo los adultos son masoquistas sino los pequeños también- es grueso a causa del exceso de grasa que afectará a su corazón porque inconscientemente quiere suicidarse no de manera directa sino por medio de lo que a primera vista le compensa ese vacío hecho por la humillación y ese deseo de ser amado inmensamente por el hecho de ser un ser humano hermoso, creado para ser amado y para amar.


La humillación parece ser la herida más difícil de reconocer en sí mismo, en sí misma. Una persona masoquista, hace las cosas lentas pues para ella es difícil ir con la rapidez necesaria ya que se avergüenza cuando no puede llegar con la misma velocidad que los demás, por ejemplo, al caminar. Por ello debe aprender a darse el derecho de actuar a su propio ritmo. Mencionamos que es difícil reconocer la máscara de masoquista, porque hay muchas personas que son capaces de controlar adecuadamente su peso. Si tu que escuchas, eres de los que aumenta de peso con facilidad cuando no controlas tu alimentación, es posible que tengas la herida de humillación muy bien escondida.


Generalmente las personas obesas desarrollan una gran espalda como para poder llevar mayor peso. Otro ejemplo es el de una señora, que para agradar a su marido, aceptó que su suegra viviera con ellos. Al poco tiempo, la suegra se enfermó, por lo que su nuera se sintió obligada a atenderla, pero entre más carga sentía, más comía y más engordaba, porque el masoquista tiene la facilidad de situarse en circunstancias en las que debe ocuparse de alguien más, para olvidarse paulatinamente de sí mismo, por eso, mientras más cargue sobre su espalda, más aumenta de peso. Será muy importante, para ti que escuchas, saber que en la vida, no se trata de cargar con los demás, no se trata de cargar situaciones, sino de aceptarse inmensamente a sí mismo, a sí misma. Se trata de desarrollar inmensamente la capacidad de amar, de discernir, de decir con libertad sí o no a las circunstancias que se te presentan, no como una imposición sino como una oportunidad de ser un mejor ser humano, como una oportunidad de ser cada vez más, como Jesús, tu único Salvador, tu Señor tu Amor y Dios.


Hablar de una persona masoquista es hablar de una persona que es abusada por los demás. Por ejemplo, una persona masoquista expresa lo siguiente ante un despido de trabajo: “Me despidieron después de 30 años de buen servicio como si fuera un perro echado a la calle….o como si fuera basura”. La persona no masoquista diría: “Después de 30 años de servicio me despidieron”, es decir, que no dirá nada referente al perro o a la basura.
La persona masoquista, engorda en relación al espacio que cree que debe ocupar en la vida. Su cuerpo está ahí para reflejar esa idea. Cuando el masoquista sepa en lo más profundo de su ser que en verdad es especial e importante, no tendrá que demostrarlo más al resto de la gente. Al reconocerse un ser valioso, al amarse como es, al encontrarse consigo mismo, consigo misma, al encontrarse con quien le ama verdaderamente es decir, al encontrarse con Dios, su cuerpo ya no tendrá necesidad de ocupar tanto espacio. Sobre el carácter del masoquista escucharemos por ejemplo que una madre así, masoquista, tiende a controlar la apariencia, el comportamiento y la forma en que se visten sus hijos y su pareja. Es el tipo de madre que desea que sus hijos se porten bien desde pequeños. Si no lo logra, se avergonzará de sí misma en cuanto a su papel de madre.


Sea hombre o mujer, el masoquista está con frecuencia apegado tanto a su madre y hace todo lo posible por no avergonzarle. El masoquista, considera a su madre como una inmenso peso que cargar, lo cual le da otra buena razón para desarrollar una espalda muy sólida y esta actitud continúa incluso después de la muerte de la madre. El masoquista se siente aliviado o liberado cuando su madre muere, ya que representaba un serio obstáculo para su libertad. Esta actitud sólo disminuirá cuando la herida de la humillación se encuentre en proceso de sanar. ¿Sabes?, existen también otros tipos de masoquistas que como la fusión con su madre es tal, cuando esta muere, sufren una crisis grave de agorafobia y generalmente se les da tratamiento para la depresión confundiendo ésta, con la agorafobia.


Una persona masoquista no se atreve a expresar sus ideas por temor a experimentar la humillación o por temor a avergonzar a alguien más. Los padres del niño masoquista le decían con frecuencia que lo que sucedía en la familia no era de la incumbencia de extraños y que no debía hablar de ello, sino guardarse todo para sí. Las situaciones embarazosas de las cuales los miembros de la familia se avergonzaban, debían mantenerse en secreto. No se hablaba por ejemplo, del tío que estaba en prisión, del familiar internado en el hospital psiquiátrico, del hermano homosexual, o de un suicidio en la familia etc.
Hay personas que nos cuentan la vergüenza de haber tenido deseo de algo cuando eran pequeños y comprobar que su madre se privaba de lo esencial para complacerles, así que no se atrevían a hablar de estos deseos y menos aún con la madre.


Una persona masoquista, cuando alguien –sobre todo entre sus seres queridos- se siente desdichado, él se siente el responsable; cree que seguramente dijo o hizo o no dijo o no hizo algo. No se da cuenta que al estar tan atento al estado de ánimo de los demás, ignora sus propias necesidades. De los cinco caracteres formados por las cinco heridas de rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia, el masoquista es el que menos atención presta a sus necesidades, aún cuando sea consciente de lo que desea. El masoquista es el hazme reír de los demás, y a su vez es especialista en rebajarse a sí mismo. Se considera mucho más pequeño y menos importante de lo que en realidad es. No concibe que los demás lo vean como una persona especial e importante. Los diminutivos están muy frecuentemente en su vocabulario así como la palabra “pequeño”, por ejemplo dice: ¿Tienes un minutito para mi? O “Mi cabecita” o “tengo una pequeña idea”. Escribe con letra pequeña, da pasitos, ama los autos pequeños, las casas pequeñas, las cositas, los bocadillos etc..
Cuando el masoquista utiliza palabras en aumentativo, generalmente lo hace para rebajarse o humillarse, por ejemplo, alguna vez escuchamos a una persona que se había ensuciado la ropa con comida y exclamó: ¡Qué cochinote soy!. Una señora que iba a una reunión muy bien vestida, al escuchar que su amiga le dijo que se veía muy pero muy bien, además de lucirle estupendamente el par de arracadas que traía respondió: “¿No te parece que me veo muy burguesota y con una carota?”


Un varón al que su esposa le pedía cada semana comprar cosas para el supermercado, se acusó a sí mismo porque le había faltado un artículo que su esposa había olvidado anotar en la lista. Otro esposo, acusaba a la esposa de distraerlo mientras charlaban. Ella creía que debía disculparse porque él a su vez la culpaba es decir que con estos ejemplos vemos cómo el masoquista tiende a asumir la responsabilidad de algo que no le corresponde y a sentirse culpable, pero hoy, aquí y ahora te decimos que los demás no pueden hacernos sentir culpables, ya que la culpabilidad sólo puede venir de nuestro interior. Además, hoy sabemos que las culpas no existen. Existen las causas.


Los siguientes, son algunos males y enfermedades que pueden manifestar los masoquistas: los dolores de espalda y la sensación de pesadez sobre los hombros son muy frecuentes, debido a la excesiva carga emocional que llevan. El dolor de espalda se debe principalmente a su sentimiento de falta de libertad. El dolor lumbar surge cuando se relaciona con lo material, y el dolor cervical, en el caso del campo afectivo.
También pueden padecer problemas respiratorios si se dejan abrumar por los problemas de otros. Los problemas de piernas y de pies, como várices, esguinces y fracturas son usuales. Debido a su temor a no poder moverse, con el tiempo atraen problemas físicos que les impiden movilizarse.
Es frecuente que padezcan enfermedades del hígado, porque tienden a “hacer mucha bilis” –dicen- a causa de los demás.
Los males de la garganta, anginas, laringitis son otros problemas que el masoquista enfrenta porque retiene en gran medida lo que quiere decir, especialmente lo que desea pedir. Mientras más dificultades tenga para darse cuenta de sus necesidades y expresar sus deseos, mayor será la probabilidad de que le aquejen problemas de la glándula tiroides.


Por otra parte, el hecho de no saber escuchar sus propias necesidades suele producirle irritaciones de la piel. Sabemos que la expresión: “Me irritó” significa “Tenía muchas ganas de”, pero el masoquista no se lo permite, pues le resultaría vergonzoso desear siquiera recibir bienestar.
Otro problema fisiológico que se observa en la persona masoquista, es el mal funcionamiento del páncreas, lo cual provoca baja de azúcar o hipoglucemia y diabetes. Estas enfermedades se manifiestan en quienes tienen dificultades para permitirse gustos, o en quienes lo hacen, pero se sienten por ello culpables o se dejan humillar.


El masoquista también es sensible a sufrir problemas cardiacos, porque no se ama lo suficiente. No cree tener la importancia necesaria como para agradarse. La región donde se ubica el corazón humano se relaciona directamente con la capacidad de agradarse, con la alegría de vivir.
Además, a causa de sus ideas sobre el sufrimiento no es raro ver que el masoquista deba someterse a diversas intervenciones quirúrgicas. Si te identificas –tu que escuchas- con uno o más de estos problemas físicos, significa que es probable que dichos problemas sean resultado del comportamiento de tu máscara de masoquista. Estas enfermedades pueden manifestarse también en las personas que portan otras máscaras, pero parecen ser más comunes en quienes sufren humillación.


En cuanto a la alimentación, el masoquista suele ser extremista. Puede comer con glotonería o no comer más que porciones pequeñas, para creer que no come mucho y no sentir vergüenza, sin embargo, come varias porciones pequeñas que a la larga son demasiadas.
Pertenece al grupo de los que comen de pie, cerca de la barra de la cocina por ejemplo, porque cree que no comió tanto por no haberse tomado el tiempo de sentarse a la mesa. ¿Sabes? Mientras más culpable se sienta una persona por haber comido mucho, más le engordarán los alimentos que coma.
Si alguien come mucho y no sube de peso, significa que su actitud interior y su manera de pensar son diferentes. En ciencia se dirá que tienen metabolismos diferentes, pero la psicología dice que aunque es muy cierto que las personas pueden tener un metabolismo y un sistema glandular diferentes, que afectan de forma distinta a su cuerpo, la actitud interior determina el tipo de metabolismo, de sistema glandular o de sistema digestivo que tiene o no una persona.
Por desgracia, el masoquista o persona que ha sufrido la herida de la humillación grandemente, se recompensa alimentándose, pues la comida es su tabla de salvación, su manera de gratificarse. A pesar de todo, no será bueno que se reproche este comportamiento, porque esto ocasionará más sentimiento de culpa y no logrará más que sentirse más humillado.


Será preferible aceptar el peso y trabajar la herida de la humillación reconociendo primeramente hasta qué punto se avergüenza de sí mismo o de otras personas y cuántas otras personas se han avergonzado de él, de ella. También necesitará darse cuenta de las numerosas ocasiones en que se humilla a sí mismo; es decir esas veces en las que se rebaja o se siente indigno, indigna, veces en las que se menosprecia, se dice a sí mismo, a sí misma, que no sirve para nada, que es un inútil, hiriendo cada vez más su interior, en lugar de comenzar a sanar su corazón herido con la ayuda de la gracia del Señor Dios.
El comenzar a mirar con objetividad las situaciones, el ser conciente de que en realidad los seres humanos vivimos dormidos, y generalmente actuamos desde el inconsciente herido, las actitudes de los demás, las palabras, no nos herirán tanto pues como dirá el Psicólogo Clínico y Fraile Franciscano Ignacio Larrañaga: “Relativizar, es salvarse”, es decir, dejar pasar las palabras hirientes, las actitudes ofensivas como quien mira pasar la más hermosa gaviota que se va……porque se comprende, porque se ama, pero esto se logra desde la fe adulta, esa que se cultiva en el silencio y la soledad con el Señor Dios en la intimidad del corazón, de rodillas, es decir, desde una actitud humilde y abierta. Fe adulta que crece y se fortalece en la Eucaristía, en la comunión con los demás y consigo mismo.


Así pues, no olvides que tus padres también sufren la herida de la humillación y de que ellos también la vivieron con sus padres. Al querer ser tu compasivo con tu madre, con tu padre y en general con todas aquellas personas que te humillaron, te será más fácil comprenderte a ti mismo, a ti misma, pues recuerda que la causa principal de una herida viene de la incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hace sufrir a otros. Y nos es difícil perdonarnos porque por lo general, no tenemos conciencia de nuestros propios reproches. Mientras más importante sea la herida de la humillación, al rebajarte o compararte con los demás, más te estarás humillando a ti mismo, a ti misma o que humillas a otras personas, al avergonzarte de ellos o tenerles resentimiento.


La psicología enseña que reprochamos a los demás lo que nos hacemos a nosotros mismos. Y no queremos reconocerlo. Por eso será necesario que seas sincero, sincera –tu que escuchas- y no escondas más la máscara de la herida de la humillación.
Por último déjanos decirte que el divorcio o la separación –por ejemplo- causada por una infidelidad de alguna de las dos partes o de las dos partes, causa en los demás miembros de la familia las cinco heridas que estamos analizando: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia.
Oh Señor Jesús, manso y humilde de corazón, dame la gracia de querer ser consciente a cada momento de mi vida, que necesito de tu humildad en mi para poder amar como tu me amas a mi. Ayúdame a no querer seguir más aferrado, aferrada a mi dolor, a mis heridas. Gracias Señor por el don de tu Espíritu que abre hoy mis ojos interiores y me llama a ser libre para ti mi Dios. Amén.

 

 

MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS


Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios dile desde lo profundo de tu ser.
Señor mío y Dios mío, Jesús, manso y humilde, mi corazón es soberbio porque ha sido herido, por eso vengo a pedirte la gracia de la humildad. Ahora se de dónde me vienen los deseos de ser aceptado, aceptada, de desear ser amado, amada verdaderamente y también se de dónde me vienen esos locos deseos de humillar a otros, de hacer lo que no quiero y de dejar de hacer el bien que quiero.


Jesús, gruesas cadenas amarran mi corazón, corazón que echa raíces en la tierra infértil de mi inconciencia, de mi ceguera, de mi necedad; corazón que sujeta yugos que no son precisamente el tuyo que es fácil y llevadero y se apropia de cuanto ha pasado en mi vida y por apropiarme de mi pasado herido, por apropiarme del pasado herido de los demás, me muero de inseguridad, de tristeza, de miedo, pero se que tú has venido precisamente a salvarme de mi mismo, de mi misma arrastrándome con tu ejemplo a ser humilde, simple, sencillo, sencilla…me invitas y me llamas a ser un hombre, una mujer libre….
Y sólo el perdón me hará libre. Regálame mi Jesús, la gracia de querer perdonar, la gracia de perdonarme. Hoy, aquí y ahora, hazme plenamente para ti. Tatúame con tu poder y dame la gracia de aceptar la crítica y la contradicción reconociendo lo que pueda haber de verdad en ello y lo demás, dejarlo en tus manos y comprender. Dame la gracia de asumirme como soy, con todos los pros y los contras, pues hoy se que hay más positividad en mi ser que negativismo, porque has derramado en mi ser, todo tu amor.


Jesús regálame la gracia de mantenerme sereno, serena ante algún desprecio. Que no cierre los ojos de la fe, para que pueda ver que, ese aparente desprecio que me hacen o me hicieron, no es más que un disfrazado desprecio de sí mismos, que ha salido desde el propio corazón herido y no con el afán de hacerme mal. Regálame la gracia de mantenerme sereno, serena ante los olvidos de los demás, la gracia de mantenerme sereno, serena ante la indiferencia, porque hoy se que son reacciones naturales de un subconsciente maltratado, humillado, olvidado.
Jesús en verdad te digo: Quiero ser feliz en la humildad es decir, en la verdad. Quiero ser feliz en ti, mirando la vida no con apasionamiento desmedido que frustra sino con serenidad, pues todo, al fin de cuentas pasa. Sólo tu permaneces.
Jesús, regálame la gracia de que mi corazón sea como ese árbol del que hablas en el Evangelio, a donde los pájaros pueden venir a hacer sus nidos, así yo, desde hoy, aquí y ahora, quiero ser para mi mismo, para mi misma y para los demás, un lugar de descanso, quiero ser hogar Señor, en donde los demás encuentren el verdadero calor, la verdadera paz que eres Tú.
Regálame Jesús la gracia de un corazón desprendido, abierto y vacío de egoísmo como el tuyo….corazón lleno de amor, corazón humilde, corazón paciente, corazón manso…..corazón humilde. Amén.

 

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LA HERIDA DE LA TRACIÓN


Hoy comenzamos nuestro tema, diciendo que es posible traicionar a alguien o sufrir una traición de distintas maneras. Por ejemplo, unos hermanos, de 12 y 19 años nos contaron que tras haber vivido años de pleitos, gritos e indiferencia entre sus padres y luego como golpe final, vivir el divorcio, experimentaron que su vida estaba invadida por el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia.
Una definición en el diccionario nos dirá que traicionar es violar la lealtad y la fidelidad hacia alguien. Es una manera de hacer daño a alguien con engaño o de forma oculta y solapada. La traición en una pareja se vive -entre otros motivos- por ejemplo, cuando se comete adulterio, cuando no se es honesto consigo mismo, con la pareja, con los hijos.


La fidelidad, es lo contrario a traicionar. Ser fiel es llevar a cabo los compromisos que se toman conscientemente, teniendo siempre presente la verdadera libertad para ser responsables y el verdadero amor. Ser fiel es ser leal y sincero. Cuando una persona es fiel –a lo menos así lo sabe por ejemplo, un hijo- pero luego, a través de los años se enteran los demás que su vida en realidad no es tan verdadera, porque no vive honestamente, porque es doble de corazón, se pierde la confianza y se vive la traición.


Esta herida surge entre los 2 y los 4 años de edad, cuando se desarrolla la energía sexual y aparece lo que el padre del psicoanálisis Sigmund Freud llamó como el complejo de Edipo. Esta herida se vive con el progenitor del sexo opuesto. Según Freud, todos tenemos este complejo pero en diferentes grados. Cada niño, sobre todo entre los 2 y los 6 años de edad se “enamoran” -por así decirlo- del progenitor del sexo opuesto o de la persona que desempeña este papel, ya que se encuentra en la edad en que se desarrolla su energía sexual. A partir de esta etapa, el niño comienza a entrar en contacto con su impulso sexual –no tanto genital- sino más bien aquél que representa su capacidad de crear. Es natural que el bebé se fusione desde el nacimiento con su madre y que tenga gran necesidad de atraer su atención y sus cuidados, sin embargo, la madre debe continuar dedicándose a sus labores cotidianas y ocuparse también de otros miembros de la familia, como lo hacía antes de la llegada del bebé. Si la madre, responde demasiado a todos los caprichos del bebé al grado en que prácticamente se convierte en su esclava, el niño comenzará a creer que puede hacer a un lado a los demás, incluyendo al padre y tener a la madre a su disposición. En este caso y siempre de acuerdo con Freud, el niño no desarrollará adecuadamente la fase edípica esencial en su desarrollo, y cuando sea adulto, el resultado será muy perjudicial para él en los planos psicológico y sexual. Será un adulto dependiente.


El paso adecuado para pasar por esta fase edípica implica que todo niño debe llegar a reconocer que el padre fue esencial para crearlo y su figura es fundamental para romper la relación que se establece al nacer entre madre e hijo. Aún, cuando el padre no esté físicamente presente, la madre debe hacer sentir al niño que existe y que es tan importante como ella misma. Cuando el niño comienza a darse de cuenta de que para concebirlo, forzosamente hubo unión de dos sexos, desarrolla un interés por el sexo opuesto, así como un deseo inconsciente de tener él mismo, un bebé con el progenitor del sexo opuesto. Esto no es perversión sino un proceso natural en esa etapa.


Su poder de creación también se encuentra en desarrollo y explica el comportamiento de las niñas pequeñas que intentan “seducir” a sus padres, al igual que los niños a sus madres. En esta etapa, niños y niñas hacen todo lo posible por obtener el afecto del progenitor del sexo opuesto e intentan asimismo protegerlo, aún cuando les decepciona no recibir la atención deseada. Cuando el progenitor del mismo sexo que el niño, hiere al progenitor del sexo opuesto, se crea una situación muy difícil para el pequeño como cuando escucha su tono colérico o sus actitudes agresivas. Algunos incluso, pueden llegar a desear la muerte del progenitor al que acusan. Por desgracia, el complejo de Edipo, no evoluciona adecuadamente en la mayor parte de los casos porque la madre es muy posesiva con su hijo, mientras el padre lo es con su hija. Mientras el progenitor del sexo opuesto, más lo haga sentir menos ignorándole, y en ocasiones incluso por completo, más difícil será resolver el complejo.


Las personas que han sido objeto de traición, no resolvieron su complejo de Edipo cuando eran pequeños. Esto significa que su apego al progenitor del sexo opuesto es demasiado grande, lo cual más adelante afectará sus relaciones sexuales y afectivas. Estas personas tienden a comparar sin cesar a su pareja, con el progenitor del sexo opuesto o esperan mucho de su pareja, para compensar lo que no recibieron de este progenitor, por ejemplo una mujer que quiere casarse, deseará hacerlo con alguien que la proteja, que le de toda la atención etc. Un varón casado, buscará fuera del matrimonio sin nunca saciar, la necesidad de su madre, en otras mujeres y en el caso de una mujer será a la inversa. Cuando la herida de traición es aún mayor, se buscarán personas del mismo sexo.


Un varón, que sufría la herida de traición decía que cuando era pequeño, su madre y sus dos hermanas le decían que sólo él lograba hacer brillar tanto los zapatos cuando los lustraba o hacer relucir el piso cuando lo lavaba y lo enceraba. Por esto, cuando realizaba estas tareas, se sentía especial y no se daba cuenta de que estaba siendo manipulado mediante la seducción verbal para que hiciera dichas tareas. Es decir que este ejemplo nos muestra, cómo puede vivirse la traición inconscientemente durante la infancia.


El niño se siente traicionado por el padre del sexo opuesto, cada vez que éste no cumple una promesa o cuando traiciona su confianza. Esta traición la experimenta sobre todo en el plano afectivo amoroso sexual por ejemplo cuando un niño tiene la vivencia incestuosa es decir, cuando alguno de sus padres toca los genitales de sus hijos o de uno de ellos, vive la traición y no sólo por alguno de sus padres, pues también la puede vivir si se trata de algún hermano u otro familiar o amigo de la familia o maestro o de quien sea. Es una herida que le llevará a buscar la lealtad, y la fidelidad –muy posiblemente- en brazos que pueden destruirle- como será el caso de jóvenes que buscan una relación amorosa con casados o relaciones con gente de su mismo sexo, o una relación tras otra, tras otra, tras otra, quedando así, muy confundidos, vacíos, solos sin haber nunca superado el complejo de Edipo, sin haber experimentado nunca, la fidelidad, la lealtad, la honestidad.


Cuando un niño comienza a vivir experiencias de traición se crea una máscara para protegerse, al igual que hace en el caso de las demás heridas. Esta máscara es la de controlador. El tipo de control que ejerce el controlador, no es motivado por la misma razón que el control que ejerce el masoquista, quien toma las riendas de la situación para no sentir vergüenza o para no avergonzar a alguien más, porque el controlador por herida de traición, desarrolla esta conducta para asegurarse de que mantendrá sus compromisos, para ser fiel y responsable o para garantizar que los demás mantengan sus compromisos.
La persona que lleva la máscara de controlador, con frecuencia nos lanza un “mírenme” con su aspecto fuerte. Su mirada es intensa y seductora. Cuando mira a una persona, tiene el don de hacerla sentirse especial e importante. Estas personas, lo ven todo rápidamente, pues la intensidad de su mirara les ayuda a ver de golpe y en conjunto todo lo que sucede a su alrededor. Utiliza con frecuencia sus ojos para mantener a los demás a distancia cuando está a la defensiva, o para fijar la imagen del otro y examinarlo de una manera que intimida para protegerse, para no mostrar su debilidad su vulnerabilidad o su impotencia.


Una persona extrovertida, que haya sido hostigada sexualmente cuando era más joven o niña, o más aún, que haya sido víctima de violación, usará la máscara de controladora y será fácil que ella misma se de cuenta cómo es, pero hasta que no acepte la herida logrará liberarse y ser ella misma. En el caso de una persona introvertida en las mismas circunstancias, ejercerá su control de una manera más solapada y será más difícil de que reconozca esta máscara. La fuerza se destaca en la persona controladora. Como le es difícil aceptar cualquier forma de traición tanto de sí misma como de los demás, hace todo lo que está en su mano para ser responsable, fuerte, especial e importante. Si está consciente de haber traicionado a alguien al no cumplir una promesa, se justifica con todo tipo de excusas e incluso puede llegar a recurrir a la mentira para evadir la verdad. Por ejemplo, afirmará que pensó en hacer algo, cuando en realidad no recordó que debía hacerlo.


Recuerda –tu que escuchas- que cada una de nuestras heridas está presente para recordarnos que si los demás nos han hecho sufrir, es porque nosotros les hemos hecho a ellos lo mismo o nos hemos hecho a nosotros mismos lo mismo. Esto, es algo que el amor propio no puede comprender ni aceptar, así que necesitarás reconocer sinceramente tu máscara sin dejarte llevar por lo que hay de resistencia en ti, sino más bien, escucha la voz del corazón, la voz de la conciencia, la voz de Dios que te habita y quiere ayudarte a sanar tu subconsciente herido.


De las cinco heridas, el controlador es el que espera más de quienes lo rodean Suele prevenir todo para controlarlo. Vimos en los temas pasados que el dependiente, también crea muchas expectativas es decir espera mucho de los demás, pero estas expectativas se relacionan con su necesidad de recibir ayuda y apoyo a causa de su herida de abandono, lo que le permite sentirse importante, pero en el caso del controlador herido por traición, sus expectativas tienen la finalidad de comprobar si hace bien lo que debe hacer, ya que eso le da confianza. El controlador tiene una personalidad fuerte. Afirma lo que cree con fuerza y espera que los demás se adhieran a lo que él o ella piensa. Se forma rápidamente una opinión sobre alguien o algo y está convencido de tener la razón. Da su opinión imponiendo, ya que desea a toda costa convencer a los demás. Utilizan con frecuencia las expresiones: “¿Me entiendes?, “Soy capaz” “Deja que lo haga solo” “Lo sabía”. “Tenme confianza”. “No confío en él”, para asegurarse que se ha dado a entender bien.


Todas las máscaras tienen algo en común: en el momento en que la persona las lleva, no está consciente de hacerlo. El controlador cree que cuando alguien más lo entiende significará que está de acuerdo con él, lo que por desgracia no siempre sucede. La persona controladora, se las ingenia para no participar en situaciones en que habrá confrontaciones o en las que no tendrá el control. Cuando está frente a personas que considera rápidas y fuertes, se retira por temor a no poder enfrentarlas. El controlador, es rápido en sus actos. Comprende o desea comprender rápidamente y le resulta difícil tratar con las personas que toman demasiado tiempo para explicar o narrar algo. Suele interrumpir y responder incluso antes de que su interlocutor haya terminado de hablar. No obstante, si alguien se atreve a darle el mismo trato a él, dirá enérgicamente: ¡Permíteme terminar, no he acabado de hablar!.
Tiene muchos talentos y actúa rápidamente. Por eso, muestra poca paciencia con las personas más lentas. Debe esforzarse para ceder. Esto representa una oportunidad para intentar controlar a los demás. El padre controlador –por ejemplo. Exigirá que sus hijos sean rápidos y que aprendan con rapidez porque eso es lo que se exige a sí mismo. Cuando algo no marcha a la velocidad que desea y sobre todo cuando le molesta cualquier imprevisto, el controlador enfurece. También es el primero en acabar sobre todo en cualquier tipo de competencia.


Acabar primero para él, es más importante que hacer bien las cosas. Incluso, podrá él elaborar las reglas del juego, para que estas marchen a su favor. Esto del juego puede ser también a nivel psicológico afectivo es decir, mientras los demás le sigan la corriente, cuando los demás hagan lo que dice, todo marchará bien. Cuando las cosas no funcionan de acuerdo a lo que quiere, es fácil que se vuelva agresivo aunque no parezca estarlo, ya que en realidad aparenta ser alguien seguro de sí mismo, fuerte y una persona que no permite que la pisoteen. De los cinco caracteres, el controlador es el que tiene más altibajos en su estado de ánimo. Un minuto será todo amor y atención y al siguiente montará en indiferencia o cólera por lo más mínimo. Las personas que le rodean no saben a qué atenerse y los demás suelen vivir este tipo de actitud como si fuera una traición. Si tu que escuchas te identificas como un controlador, como una controladora, con la gracia del Señor Jesús, habrás de trabajar en la paciencia y en la tolerancia, sobre todo cuando pasan situaciones que te impiden hacer las cosas a tu modo y de acuerdo a lo que tienes pensado. Una persona controladora, cuando enferma, hace todo lo posible por sanar rápidamente para poder continuar dedicado a sus ocupaciones pero cuando sus seres queridos o quienes tienen compromisos con él se enferman, pierde la paciencia.

El controlador, tiende a adelantarse, a intentar prever todo para el mañana. Su actividad mental es muy intensa –de ahí que no viva, sino que agonice interiormente- anticipándose a los acontecimientos. Mientras más profunda sea la herida, más deseará tener el control y prever el porvenir; sobre todo para evitar sufrir la traición. Lo más negativo de esta actitud es que quiere que todo suceda tal como lo pensó pues son muchos sus planes con respecto al futuro. Esta actitud, también le impide vivir libremente el momento presente. Le esclaviza interiormente. Por ejemplo, mientras trabaja, se ocupará en planear sus futuras vacaciones y durante sus vacaciones planeará su regreso al trabajo o se inquietará por lo que sucede en casa durante su ausencia. Con frecuencia le perturba más imaginar lo que sucederá y si todo sucederá como lo imaginó, que disfrutar el momento actual.


El controlador llega temprano para garantizar que tendrá control sobre todo. No le gusta demorarse y no puede tolerar a las personas que lo hacen, aún cuando esto le ofrece otra oportunidad para controlarlas, con objeto de hacerlas cambiar. Se impacienta si termina un trabajo con retraso o cuando alguien le promete un trabajo y lo entrega tarde. Esta dificultad la vive principalmente con las personas del sexo opuesto, con las cuales se molesta más rápidamente que con los demás. Es evidente que no acostumbra darse ni dar a los demás el tiempo suficiente para realizar un trabajo determinado.
Le es difícil delegar una tarea y depositar su confianza en otros. Tiende a verificar continuamente si se está realizando según su manera de pensar. También le es difícil mostrar a alguien más cómo hacer las cosas cuando esta persona es lenta para aprender, porque el controlador no tiene tiempo que perder. Cuando delega algo, será una tarea sencilla o una por la que no será responsabilizado si no se hizo bien.


Es por eso que debe ser rápido y hacer casi todo por sí mismo; de lo contrario se ocupará en supervisar a quienes le ayuden. Parece tener oídos y ojos en toda la cabeza para saber qué hacen los demás y asegurarse de que hacen bien lo que deben hacer. Es más exigente con quienes lo rodean que consigo mismo. Confía con mayor facilidad en las personas de su mismo sexo y supervisa y controla a las del sexo opuesto. La herida de traición se despierta en él, cada vez que tiene frente a sí a alguien que no cumple sus compromisos. El controlador, que se considera muy trabajador y responsable, tiene problemas con la pereza. De acuerdo con él, nadie tiene el derecho a holgazanear, sino hasta haber cumplido con todos los deberes de los que es responsable. Ver a otra persona no hacer nada, sobre todo si es del sexo opuesto, le crispa los nervios rotundamente. Le considerará perezosa y le será difícil confiar en ella. Por otro lado, se las ingenia para que todo el mundo sepa lo que hace, cómo lo hace y cuánto hace; para él es fundamental que los otros vean hasta qué grado es responsable y es posible confiar en él. Detesta que no confíen en él, pues se considera tan responsable y talentoso que supone que los demás deberían hacerlo siempre. Sin embargo, no cae en la cuenta de cuán difícil le resulta a él confiar en los demás.


Para las personas que portan la máscara de controlador, resulta importante mostrar su fuerza y sobre todo, su valor. Son muy exigentes consigo mismos con el objeto de mostrar a los demás de lo que son capaces. Viven todo acto de cobardía, es decir de falta de valor, como una traición. Se arrepienten enormemente de abandonar un proyecto, de no haber tenido el valor de llevarlo a su fin. Les es muy difícil aceptar este tipo de cobardía en los demás.
Les es difícil fiarse de cualquiera, ya que temen que la confianza o las confidencias se utilicen algún día en su contra. Debe realmente tener confianza en la persona para que ésta llegue a ser su confidente. Sin embargo, es el primero en decir a los demás lo que le han confiado, aunque justificará que tuvo un buen motivo para hacerlo. Una persona con la máscara de controladora causada por la herida de la traición, pone su grano de sal a lo que los demás dicen o hacen, por ejemplo, si la madre está reprendiendo a su hijo, el padre controlador, poniéndose del lado de su esposa, añadirá: ¿Entendiste lo que dijo tu madre?. Este asunto no es de él, pero de cualquier forma se involucra, se mete.


Si esta situación sucede con la hija, es muy probable que la niña la viva como una traición, sobre todo porque es la niña de papá y papá no se pone de su lado cuando mamá la castiga. Por lo general, el controlador dice la última palabra, porque le es fácil encontrar qué añadir a todo o a casi todo. Se ocupa mucho de los asuntos de los demás. Como es rápido para ver todo lo que sucede a su alrededor y se considera más fuerte que el resto de la gente, se hace cargo de todo fácilmente. Cree que debe ayudar a los demás a organizar sus vidas sin darse cuenta de que actúa así para controlar lo que desean hacer, cómo y cuando hacerlo. Siente que los demás son más débiles que él, pero esta es una forma muy disfrazada de mostrar su propia debilidad, porque una persona cuando no cree realmente en su propia fuerza, hará todo lo posible por intentar mostrarla a los demás. El controlador es muy sensible pero esta sensibilidad no la muestra ya que está demasiado ocupado en mostrar su fuerza. En los temas pasado, vimos que el que usa la máscara de dependiente causada por la herida del abandono, se ocupa de los demás para garantizar su apoyo y el que usa la máscara de masoquista, causada por la herida de la humillación lo hace para ser buena persona y no avergonzar a nadie, en cambio, el controlador se ocupa de los asuntos de los demás, para no sufrir traición o por tener la seguridad, la certeza de que los demás responderán a lo que él quiere. Si tu que escuchas, te miras como esta persona que se siente responsable de ordenar la vida de tus conocidos, te sugerimos que examines a la luz de la gracia del Señor, tus motivaciones es decir, cuál es la razón del por qué actúas como actúas.


El amor propio herido o ego del controlador, se altera fácilmente cuando alguien lo reprende en lo que hace, porque le disgusta ser vigilado, sobre todo por otro controlador. Se le dificulta tratar con personas autoritarias, pues cree que quieren controlarlo. Se justifica y siempre tiene un buen motivo para hacer las cosas a su modo. Rara vez admite sus temores y prefiere no hablar de sus debilidades. De hecho, el controlador comienza desde pequeño a decirse: “Yo puedo, déjenme hacerlo solo”. Quiere hacer las cosas a su manera, pero para que los otros lo reconozcan, lo feliciten y sobre todo para que comenten lo bien que lo hace. Una persona controladora, no muestra sus lados débiles, por temor a que alguien se aproveche y le controle. Prefiere mostrarse valiente, audaz y fuerte con la mayor frecuencia posible. Por lo general, no actúa sino a su antojo. Dice a los demás lo que desean escuchar pero no se da cuento de ello y acaba por hacer las cosas según su voluntad. Una señora nos contó que ella y su marido contrataron a una persona del tipo controlador para que realizara unos trabajos en casa. Al explicar a este señor lo que quería que hiciera y por qué lo quería de cierta forma, vieron que él no estaba de acuerdo y que le disgustaba que le dijera qué hacer, pues él era el experto en materia de reparaciones, por lo tanto, intentó convencerlos de la forma en que él veía las cosas, sin tener en cuenta lo que ellos querían. Respondió que comprendía su punto de vista pero que de acuerdo a lo que necesitaban su esposo y ella preferían que lo hiciera como ellos decían.


Contestó –“muy bien” pero dos días después descubrieron que había actuado a su antojo, como él quería. Cuando le expresaron su descontento, ya tenía listas sus justificaciones. Se las arregló para decir la última palabra, ya que era demasiado tarde para hacer las reparaciones de nuevo.
El controlador –como dijimos- no acepta a las personas autoritarias, aún cuando no se da cuenta del número de ocasiones en las que él mismo ha dado órdenes o ha decidido precipitadamente por los demás. Observa por ejemplo a algún controlador que ocupa un puesto de dirección o supervisión en un lugar público como un restaurante, hospital, almacén, escuela etc, ya que sabe todo lo que sucede, da su opinión sin que le sea solicitada y parece no poder contenerse para agregar su comentario a lo que los demás hacen o dicen. Lo que para nosotros es control, para el controlador, significa dar ayuda. Tu que escuchas, el hecho de que estés conociendo los diferentes tipos de heridas, te ha de ayudar a saber de qué forma habrás de tratar a los demás y a ti mismo.
Cuando alguien intenta convencer al controlador de una idea nueva, es muy fácil que su reacción sea de incredulidad. Lo más difícil para él es que le tomen por sorpresa y no haber tenido tiempo para prepararse pues al no estar preparado, corre el riesgo de no tener el control y así, será controlado; su reacción será la de alejarse y permanecer en estado de alerta pues deberá estar preparado para lo inesperado. No cae en la cuenta de que él mismo, muchas veces ha cambiado repentinamente de idea y ha sorprendido a quienes le rodean, pero cuando es él quien decide, se da el derecho a variar de opinión fácilmente.
Una señora que nos permitió poner este testimonio, nos dijo que cuando era pequeña, esperaba que su padre la golpeara porque había hecho alguna travesura, y éste no lo hacía. Cuando esperaba en cambio reconocimientos por sus buenas notas en la escuela, la golpeaba sin que ella supiera a qué se debía el enojo. Su padre estaba herido de traición por eso se comportaba así y ella a su vez, también. Es como si su padre sintiera placer maligno al sorprenderla, al no responder a lo que ella esperara en ese momento, así que podemos decir que todo comportamiento que el niño no se espera, por parte de alguno de los padres o de los dos, suele provocar un sentimiento de traición en el niño.


El controlador también es rápido para considerar hipócritas a los demás, a causa de su gran desconfianza, sin embargo, debido a su comportamiento manipulador, con frecuencia se diría que él es el hipócrita, por ejemplo, cuando las cosas no marchan como quiere, monta en cólera, y habla a espaldas de las personas y no se da cuenta de que él también está cayendo en la hipocresía. Al controlador, le aterroriza que le mientan. Dirá: “Prefiero que me abofeteen a que me mientan” pero él mismo, miente con mucha frecuencia aunque para él lo que dice, no son mentiras, porque encuentra buenos motivos para deformar la verdad y justificar así la mentira.


Sus mentiras por lo general son sutiles, son necesarias según él, para alcanzar sus fines o para justificarse. Y en cambio, le es muy difícil aceptar que alguien no le crea, que alguien no confíe en él porque piensa que le ha traicionado. No estamos diciendo que todos los controladores mientan pero esta conducta parece estar presente con mayor probabilidad en ellos. Si tu que escuchas, reconoces la herida de la traición en ti y la máscara de controlador, te sugerimos que estés siempre muy atento, atenta, ya que en la mayor parte de los casos, el que miente, no cree que sus mentiras sean realmente mentiras o peor aún, ni siquiera se da cuenta de que miente. Una persona con la máscara de controlador no tolera que los demás hagan trampa, pero por ejemplo en su declaración de impuestos hará trampa y dirá que todo el mundo lo hace. Sin embargo, una persona controladora, puede llegar hasta mentir gravemente con tal de salvar su buena reputación porque tener reputación de persona fiable, responsable y que realiza bien su trabajo es lo que más le importa. Cuando habla de sí mismo, no se revela del todo, sino sólo de lo que le da una buena reputación.


Como te das cuenta, este mensaje sobre la herida de la traición Tienen la finalidad de ayudarte a tomar conciencia de la herida de la traición, para que juntamente de la mano del Señor Jesús, iluminado, iluminada por su Palabra y dejándote amar por Él, las 24 horas del día mediante la invocación interior: Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús, enséñame a amar como tú me amas”, creas cada vez más, que la vida no está llena de traición, que la vida se te ha otorgado como el mayor don por el que puedes superar cualquier obstáculo, y puedas sanar tus heridas y entonces ir dejando salir todo ese tesoro que el Señor Dios puso en tu corazón de dulzura, de sencillez, de humildad, de alegría, de vida verdadera, de luz, de fuerza, de paz, de misericordia, de solidaridad, de capacidad infinita para amarte y para amar….


Si observas en otros, en otras las conductas descritas en estos mensajes no intentes cambiarlas sino más bien, utiliza lo que estás aprendiendo de ti mismo, de ti misma, para ser más compasivo, compasiva, para comprender mejor, para amar más. Ya por último te decimos que así hayan sido montones de heridas por las que tú has pasado, así sean muchísimas traiciones las que tu corazón recibió, ES MÁS GRANDE EL AMOR QUE HA TENIDO EL PADRE, al regalarte a Jesús, su Hijo Único. Jesús el Señor y el Padre, tienen la medicina que cura completamente las llagas del corazón: ESA MEDICINA, ES EL AMOR, que no entiende de acusaciones ni de culpas. ENTIENDE SÓLO DE AMOR Y DE AMAR, así que diariamente, a cada momento, pídele al tu Padre Dios y a Jesús que quieras amar siempre, a cada momento, incondicionalmente, simplemente porque tu esencia es AMOR. Dile día y noche: “Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús, enséñame a amar como tu me amas”. Amén.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS


Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios dile desde lo profundo de tu ser.
Señor. Hoy, necesito con todas mis entrañas, creer en ti, creer que tu me habitas, creer lo que me dices en tu Palabra: que todos los días de mi vida has estado conmigo, a pesar de experimentarme tan solo, tan sola en esos momentos en que me traicionaron, momentos de angustia suprema, momentos en los que me dejaron vacío, vacía, sintiéndome usado, usada. Hoy mismo podría preguntarte: ¿Dónde estabas Señor en esos momentos?, ¿Acaso me abandonaste?...pero hoy, mi querido Amor, mi Dios único y verdadero, se que la libertad ha sido lo más precioso que nos has dado, pero por reaccionar desde las heridas que aún sangran, la mal usamos porque nadie somos consciente del daño que nos hacemos.


Hoy, aquí y ahora mi querido Amor, te necesito con locura santa. Te necesito……y necesito que me sacies de ti, que llenes todos mis vacíos y cures todas mis heridas. En especial pongo en tus manos, todas las traiciones que haya recibido en mi vida y todas las que puedan venir, pero que ya no harán tanta mella, porque hoy me enseñas a comprender que nadie obra por maldad sino por ignorancia, por no ser conscientes, por no ser amados.
Toma Señor, mi dolor, mi subconsciente herido, mi ser, mi libertad. Hoy, necesito creer en tu amor, aunque todo me dijera que no, aunque todo mi ser muchas veces sienta sublevarse, aunque algunas veces sienta muy solo, muy sola el dolor. Hoy necesito creer en tu amor, aunque todo parezca morir y aunque algunas veces no quisiera vivir. Quiero creer hoy, aquí y ahora, Oh mi querido Amado, aunque vea a los seres humanos odiarse, golpearse, faltarse al respeto, matarse con miradas, con actitudes, con armas. Necesito creer en tu amor mi querido Amado, aunque en las noticias y en la calle, vea a niños y jóvenes, o adultos o ancianos abandonados, golpeados, pidiendo caridad o drogándose. Necesito creer en tu amor, aunque sepa que los animalitos son enormemente maltratados usados, no amados. Oh mi querido Amado…Te necesito tanto….necesito que me enseñes a amar…”Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús, Hijo de Dios, enséñame a amar como me amas a mi.” (Bis varias veces)

 

 

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CONTINUACION DE LA HERIDA DE LA TRAICIÓN


Vamos a continuar escuchando las características de la persona que ha recibido en su vida le herida de la traición y que para defenderse y esconder la herida, utiliza la máscara de controlador. El controlador es el tipo de persona que no se endeuda y cuando lo hace –con tal de que no lo vean acabado- , paga lo más rápidamente posible para mantener su buena reputación y no sentir que depende de nadie. También, es una persona que no le gusta estar frente a situaciones en las que no puede dar respuesta a una pregunta por ejemplo no podría confesar que “Ignora” la respuesta de lo que se le preguntó y cuando no puede darla dirá: “Lo sabía”. Si alguien lee su correo por ejemplo se enfurece. Si alguien más interviene o responde por él cuando él está presente, se sentirá igualmente insultado porque cree que el otro no confía en sus capacidades, pero no se da cuenta de que con frecuencia él mismo interviene y habla por los demás.


Por ejemplo, un varón controlador, casado con una mujer dependiente es decir, herida de abandono, generalmente le dirá cómo y por qué hacer esto o aquello. Por desgracia este tipo de mujer, sufre en silencio. En la pareja en donde uno de los miembros es controlador y el otro dependiente, el primero suele depender de la debilidad o de la dependencia del otro. Se cree fuerte porque controla, pero en realidad manifiesta sólo otra forma de dependencia. Cuando dos controladores viven juntos, entonces se establece una relación de poder. El controlador, vive todos los ejemplos que hemos mencionado, como una traición. El controlador exige mucho a los demás en tanto que para él mismo es difícil comprometerse o sencillamente no se compromete nunca de este modo.


Muchas personas que tienen la herida de traición han sufrido porque el progenitor del sexo opuesto no cumplía sus compromisos de acuerdo con lo que el niño pensaba que tendría que ser como progenitor ideal. Un señor de 60 años, nos contaba que cuando era pequeño, vivió solo con su madre. Su madre, salía con muchos hombres que gastaban a manos llenas dinero en ella. Cuando este señor tenía 15 años, la mamá decidió marcharse con uno de estos hombres, el cual estaba dispuesto a gastar una fortuna en ella. Internó a su hijo y esto le provocó un sentimiento de abandono y sobre todo de traición.
Al llegar a la edad adulta, la manera en que este señor atraía a las mujeres era gastando dinero en ellas, sin comprometerse realmente en ninguna relación, pues pensaba que de esta forma se vengaría de su madre, aunque en realidad debía sanar la misma herida que tenían aquellos hombres que seducían a su madre con dinero.


Hay mujeres que nos han expresado, que cuando se embarazaban de algún hombre que temía comprometerse, éste insistía una y otra vez en que abortaran.
Este tipo de situación en quienes tienen la herida de traición, engrandece mucho pero mucho más, la herida. Les resulta muy difícil aceptar la idea de que el otro no quiera asumir la responsabilidad del niño que quiere nacer.


Mencionamos ya que la persona controladora no confía fácilmente, sin embargo, tendrá más confianza si no hay interés sexual de por medio. Una persona controladora, es muy seductora, pero mientras más importante sea la herida, preferirá que los del sexo opuesto sean más amigos que cualquier otra cosa. Se siente más en confianza con amigos y utiliza la seducción para manipular a los demás, lo cual por lo general le da buenos resultados. De hecho, es especialista en encontrar cualquier medio para seducir. La persona controladora, será por ejemplo la preferida de su suegra, ya que la habrá seducido con sus bellas palabras. Sin embargo, está alerta en presencia de otro seductor. Sabe de inmediato cuando alguien intenta seducirlo y no lo impide. Cuando hablamos de seducir, no nos estamos refiriendo necesariamente a la seducción sexual, ya que el controlador, utiliza la seducción en todos los aspectos de su vida.


El temor más grande de una persona controladora, son las rupturas, las separaciones en todas sus formas. Para este tipo de persona, es sumamente difícil separarse de su pareja, de sus hijos, de su trabajo, de su amigo, de su amiga, porque representa una derrota inmensa. Se experimentará como perdedora en la vida. Y si esta ruptura viene de los demás, de su pareja, de sus hijos, de su jefe, de sus amigos, la considerará como una verdadera traición.
La separación, la ruptura, le recordará que no tuvo control sobre la relación, sin embargo, parece que los controladores son los que más se separan y viven rupturas. Generalmente, viven solos. Si temen a comprometerse, es porque también temen a la separación. Este temor les lleva a atraer relaciones amorosas en las que el otro o la otra no tiene intención de comprometerse. Esta es una buena forma para darse cuenta de que son ellos mismos, ellas mismas, quienes no desean comprometerse por temor inconsciente a una nueva separación.


Cuando dos personas controladoras viven juntas, y la relación no marcha bien, aplazan, es decir, atrasan siempre el momento de decirse que lo mejor sería separarse. Para la persona controladora, estar separado, o que haya tomado la decisión de separarse de él, de ella, significará experimentarse desgarrado, apartado, desechado, como tirado del otro, de la otra. De hecho, utiliza en su vocabulario de una manera frecuenta la palabra separación. Una señora nos platicó que cuando surgía un malentendido con su esposo, se sentía como cortada en dos, desesperada ante el temor de una separación. En las situaciones de este tipo, perdía completamente la confianza en sí misma. Esta señora, también sufría la herida del abandono, lo que hacía más grande su temor a una ruptura.


La herida del abandono, en la mayoría de los controladores, se desarrolló antes que la de traición. Los que deciden desde muy pequeños no ver o no aceptar su lado dependiente es decir, su herida de abandono, desarrollan la fuerza necesaria para ocultar su herida de abandono y en ese momento comienzan a crear una máscara de controlador. Si se mira bien a esta persona, se verá la máscara de dependiente en sus ojos (ojos tristes o caídos), en su boca caída o en algunas partes del cuerpo encorvadas o en que no tienen ese tono muscular.


Es fácil imaginar al niño pequeño que al sentirse abandonado o no recibir suficiente atención, decide por cualquier medio, seducir, encantar a su progenitor del sexo opuesto, con el objeto de atraer su atención y sentir apoyo de su parte. El pequeño, la pequeña, se convence de que él, ella es tan amable y adorable que su progenitor no tendrá más opción que ocuparse de él, de ella, de manera especial. Mientras más intenta controlar a su progenitor –de la manera que sea- mejor se sentirá aunque el chantaje emocional le esclavice. Pero cuando ninguna de sus actitudes logra que el progenitor le preste el apoyo necesario y al contrario, se le abandona más o se abusa de él, de ella, esto se convertirá en una gran pero gran herida de traición.
Entonces se vuelve cada vez más controlador y se sumerge en un caparazón creyendo que así no volverá a sufrir traición ni abandono. La parte controladora alentará a esta persona con la máscara de dependiente a querer ser independiente. ¿Sabes? En algunas personas, la herida del abandono, resalta más sobre la de traición, mientras que en otras ocurre lo contrario y la máscara de controlador es la que más sobresale.


Será pues necesario que si te identificas con una herida de las que hemos mencionado hasta ahora, no descartes que posiblemente tengas otra u otras más o las cinco. Una persona puede sufrir abandono sin padecer necesariamente traición pero la persona que sufre traición también sufre abandono. Generalmente, la herida más fuerte, es la que se refleja en nuestro cuerpo y la que más usamos a diario en nuestra vida.
También sucede que varias personas cuyo cuerpo cuando eran pequeños indicaba principalmente la herida del abandono, con la edad comenzaron a desarrollar las características de la herida de la traición.


Lo contrario también es posible. Nuestro cuerpo, siempre está en constante transformación y todo el tiempo nos indica lo que sucede en nuestro interior. Las personas que temen ser abandonadas o traicionadas, tienen varias cosas en común. Además de las mencionadas anteriormente, ambas es decir las dos, gustan de llamar la atención. El dependiente lo hace para ser objeto de atención y para que se ocupen de él, mientras que el controlador intenta ejercer el control de una situación, exhibir su fuerza y carácter e impresionar. Con frecuencia vemos el tipo de dependiente en los actores y cantantes mientras que es más común encontrar al tipo controlador entre los comediantes y humoristas, quienes gustan de hacer reír a los demás. Los dos tipos de caracteres disfrutan de ser estrellas, pero por motivos diferentes. El controlador suele tener la reputación de una persona que “ocupa mucho lugar”. Por lo general le disgusta que su pareja ocupe más lugar que él”.


Una señora nos platicó que ella y su esposo eran socios en el negocio. Todo marchaba bien entre ellos, pero desde el momento en que ella decidió trabajar por su cuenta y comenzó a hacer mejores negocios que los de su esposo –aunque no en la misma rama-, la relación se lastimó, se deterioró y se transformó en una verdadera competencia porque su esposo se sintió traicionado y ella se acusaba a sí misma de haberlo abandonado.
Otra característica del controlador, es su dificultad para decidir cuando cree que la elección implica, es decir, lleva el riesgo de hacerle perder algo, pues de este modo, ya no tendrá control de la situación. Esta es la razón por la que en ocasiones, al controlador le resulta difícil decidirse o por la que se le acusa de reflexionar demasiado o de tardar en su respuesta. Cuando está seguro de sí mismo, sobre todo de tener el control de la situación, no existe dificultad alguna para decidirse.


La dificultad para separarse se manifiesta en el trabajo por ejemplo. Si administra su propia empresa, puede llegar hasta involucrarse en una situación muy difícil como lo es el caso –que ya mencionamos antes-, en el que prefiere adquirir una deuda grande, antes de confesarse que no puede continuar. Cuando es empleado, el controlador por lo general ocupa puestos directivos y le resulta siempre difícil dejar una empresa; puede hacerlo pero no sin dificultades y en el caso contrario, cuando una persona de confianza que trabaja para él, para ella, desea renunciar, vive dolorosamente esta situación con coraje y agresividad. Generalmente un controlador, tiene alma de líder; al controlador le gusta dirigir a otras personas y teme dejar de controlar pues piensa que al hacerlo ya no será más el que dirige. De hecho, ocurre lo contrario también, escucha: cuando el controlador deja de controlar y sólo se ocupa de dirigir, se convierte en mejor líder. Este es el caso de grandes predicadores o libertadores o pacifistas.

Existe una diferencia entre controlar y dirigir. Controlar es conducir, administrar o gobernar bajo el dominio del temor. Dirigir en cambio, es proporcionar un sentido de dirección sin que se desee necesariamente que las cosas se hagan a nuestra manera. Se puede ser jefe o director de una empresa o superior en algún monasterio o convento o seminario y a la vez seguir aprendiendo de las personas que tenemos a nuestro cargo. El alma del líder, de la persona con la herida de la traición que lleva la máscara de controladora, de manera frecuente, hace que llegue a dirigir una gran obra, pero sus ideales y el control que desea ejercer le hacen sufrir demasiada tensión emocional.


Mientras más difícil le sea ceder en algo, más urgente y necesario le será ponerlo en práctica. Por eso te decimos a ti que escuchas –si te identificas con le máscara de controlador-, que sólo abriéndote al amor del Señor Dios, sólo teniendo a Jesucristo como el modelo máximo en tu vida y cultivando la amistad con el por medio de la oración, sólo dejándote amar por Él en su palabra y en tu vida diaria, y haciendo tuyo su estilo de vida, es que sabrás realmente explotar ese don de “alma de líder”, porque sólo entonces, gracias a la acción divina y a la humildad que Dios ha puesto en ti, es que serás un gran pero gran instrumento de paz, de armonía, de unidad, de sabiduría, por el que muchos encuentren la realización verdadera, la madurez integral, la alegría de vivir, porque habrán encontrado el Gran Tesoro de Dios en su corazón. Y tú….tú te sentirás realizado, pleno, feliz.


Otro gran temor de la persona controladora es la negación, ya que para ella, el hecho de que alguien le niegue algo, amistad, amor y no le reconozca, significa ser traicionado, aunque muchas veces no cae en la cuenta de que también niega a los demás y los elimina de su vida. Hemos escuchado a personas que dicen. “A la persona que es negativa o comienza a contarme sus broncas, sus problemas, la elimino de mi vida” “La tiro”, “Me deshago de ellas”. Tampoco da otra oportunidad a quienes les ha perdido la confianza y con frecuencia no querrá siquiera dirigirles la palabra. Cuando se molesta o le incomoda el hecho de que las cosas no marchan como quiere, fácilmente puede dar la espalda a alguien en plena conversación o dejarlo hablando sólo en una llamada telefónica o en el chat de internet o poner cualquier pretexto para evadir la conversación.


Ya hemos mencionado que la persona controladora tiene problemas con la pereza, con la mentira y con la hipocresía. Juzga o rechaza a todas las personas que se comportan así, pero esta actitud con frecuencia se manifiesta en seguida de una separación o por temor a una ruptura. Cuántas veces escuchamos frases como: “Ya no quiero saber nada de….” Y no caen en la cuenta de que con esa actitud están negando a los demás. Como el controlador es seductor, su vida sexual por lo general no suele ser satisfactoria más que en respuesta a la seducción es decir, no son felices, porque en realidad no han recibido el amor verdadero que esperaban sin sentirse “objeto de….”.


De hecho, muchos matrimonios o relaciones llegan al divorcio o a la separación, porque cuando se esfuma la pasión –que no es amor- busca un medio o pretexto para que la idea de finalizar la relación, venga del otro y así no se le acusará de traición. La mujer controladora, con frecuencia tiene la impresión de que los hombres la engañan y por eso siempre está a la defensiva; tanto el varón como la mujer controladores, sólo se sentirán bien en una relación, cuando ellos lleven la iniciativa y la otra parte no se rehúse, porque de otra manera, se sentirán frustrados y traicionados.


Los problemas en las relaciones afectivas, vienen de que el complejo de Edipo no se ha resuelto, es decir, que no se ha madurado a nivel psicológico y afectivo la necesidad de un verdadero padre, de una verdadera madre que inconscientemente, por estar heridos a su vez, causaron la herida de la traición. De ahí la explicación a tanta prostitución. Los niños y los jóvenes, los adultos, buscan inconscientemente el apoyo sincero de un padre, de una madre –según sea el caso-muchas veces en gente más grande de edad, y si es casado, casada, será para él para ella, mejor, porque desean robar de esa familia, al padre o a la madre que nunca tuvieron debido a la traición. Las personas que han sufrido la herida de la traición, son los que más desean tener un amante porque inconscientemente alimenta su herida de traición al tener este deseo, pensado o llevado acabo. También, puede buscar una pareja de menos edad, para hacer con ella –inconscientemente- lo que le hicieron, causándole la herida de la traición. Y en otras ocasiones, puede llegar a negar completamente su vida sexual encontrando una razón adecuada para justificar su decisión.


Estas son las razones del por qué muchos y muchas –aunque erradamente- buscan unos brazos sinceros que acojan verdaderamente, unas caricias, unos besos dados desde el alma, se busca amor verdadero, entrega incondicional, pero sabes qué, ¿tu que escuchas?. El amor verdadero sólo te lo podrá ofrecer en primer lugar el Señor Dios, tu Padre que también tiene un rostro Materno –dirá Paulo VI- y en segundo lugar, te lo podrán ofrecer, aquellas personas que han tenido la experiencia de Jesucristo vivo en el corazón. Todos los demás, estamos en proceso de saber amar como Jesús de Nazareth, u otros no habrán comenzado aún, así que antes que nada te invitamos a que busques al Señor Dios incansablemente en tu corazón. Búscalo siempre, día y noche y pídele a cada instante que te enseñe a amar como Él te ama…Pídele humildemente que te enseñe lo que es el verdadero amor.


En lo que se refiere a la alimentación, la persona con la herida del rechazo y con la máscara de controlador, tiende a comer rápidamente porque no tiene tiempo que perder. Cuando está muy absorta o perdida en una idea importante, puede olvidarse fácilmente de comer e incluso afirma que no es importante comer, sin embargo, cuando decide comer lo hará en grandes cantidades y lo disfrutará. En ocasiones incluso perderá el control y comerá más de lo que su cuerpo requiere. De hecho, de los cinco tipos de caracteres o heridas, es el que más adereza y sala sus alimentos aún antes de probarlos. Aseguran tener la última palabra en cuanto a su alimentación y en cuanto a enfermedades se refiere, las más usuales son las siguientes:
La agorafobia que se debe al complejo de Edipo no solucionado es decir que siguen fusionados a su progenitor del sexo opuesto al igual que sucede con el dependiente herido por abandono. La agorafobia en el controlador es más bien por el temor a la locura, mientras que en quien lleva la máscara de dependiente es más bien por temor a la muerte.


Tienen problemas con las articulaciones del cuerpo, principalmente las rodillas. Padece de hemorragias, impotencia sexual, diarrea y si se encuentra en una situación de impotencia ante cualquier situación, puede sobrevenirle una parálisis. Frecuentemente tiene problemas digestivos, sobre todo el hígado y el estómago y tiene tendencia a desarrollar esas enfermedades que terminan en “itis” como la tendonitis, bursitis, artritis, colitis etc., a causa del desánimo porque sus ideales no se han cumplido y han sentido impaciencia, cólera o frustración.


En algunos casos, el controlador sufre herpes bucal, afección que se manifiesta cuando acusa consciente o inconscientemente, al sexo opuesto de ser repugnante y para usarlo como medio de control par no tener que besar a alguien. Los males y enfermedades que se mencionan, se manifiestan en el caso de las demás heridas pero parecen ser más comunes en las personas que sufren traición. Es importante que te des cuenta, de que el progenitor del sexo opuesto con el que vives esta herida e incluso con cualquier persona que te causó esta herida, probablemente vivió y vive aún la misma herida que tú con su propio progenitor del sexo opuesto. Nada te impide preguntárselo –si aún vive-. Hablar con nuestros padres o con quienes nos provocaron esa herida con frecuencia es una experiencia muy enriquecedora. Recuerda que la causa principal de que aún sangre una herida es, el que no quieres perdonar lo que otros te han hecho o lo que tu mismo, tu misma te continúas haciendo. Nos es difícil perdonar por que no tenemos conciencia de lo que nos reprochamos. Por ejemplo, mientras más grande sea la herida de humillación, más significará que traiciones a los demás o que te traiciones a ti mismo al no confiar o no cumplirte a ti mismo tus promesas.


Reprochamos a los demás lo que nos hacemos a nosotros mismo y no queremos ver. La vergüenza es otro recurso para tener conciencia de que nos traicionamos a nosotros mismos o a otra persona. De hecho, vivimos un sentimiento de vergüenza cuando queremos ocultarnos u ocultar un comportamiento. Es normal que nos parezca vergonzoso tener comportamientos que reprochamos a los demás.

Generalmente reprochamos a los demás y no nos gusta el proceder de los demás que nosotros mismos tenemos. Lo que por encima de todo, queremos es que no descubran que actuamos como ellos. ¿Sabes? déjanos decirte que las características y las conductas descritas en estos mensajes sobre el valor del perdón que están tratando cada una de las cinco heridas, sólo se presentan cuando la persona decide llevar su máscara de controlador en el caso de la traición, creyendo que de esta manera evitará vivir la traición. Según la gravedad y la intensidad del dolor, esta máscara puede llevarse muy poco o con mucha frecuencia.


Las conductas propias del que controla, son dictadas por el temor a revivir la herida de traición. Cada una de las heridas que estamos describiendo, tiene sus respectivos comportamientos y actitudes interiores. Las maneras de pensar, sentir, hablar y actuar que se relacionan con cada una de ellas, indican, una reacción a lo que sucede en la vida. Al reaccionar desde las máscaras, una persona no está centrada y no puede estar bien ni sentir alegría de vivir. Por esto, es muy importante estar consciente de los momentos en que eres tu mismo, tu misma –que escuchas- o que estas reaccionando, porque al hacerlo te será posible convertirte –por la gracia del Señor, porque Él te ha dado ese poder- en dueño en dueña de tus reacciones,, en lugar de dejarte dirigir por tus temores.


Te repetimos que estos dos mensajes sobre la cinco heridas, tiene la finalidad de ayudarte a tomar conciencia de ellas, para que juntamente de la mano del Señor Jesús, iluminado, iluminada por su Palabra y dejándote amar por Él las 24 horas del día mediante la invocación interior: Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús, enséñame a amar como tú me amas”, tu esperanza se acreciente, tu seguridad venga de ese interior iluminado y sanado cada vez más, por el amor incondicional de ese Dios amorosísimo que siempre está pendiente de ti, que siempre está deseando tenderte la mano, que siempre pero siempre, te ama.


También te repetimos que si observas en otros, en otras las conductas descritas en estos mensajes no intentes cambiarlas sino más bien, utiliza lo que estás aprendiendo de ti mismo, de ti misma, para ser más compasivo, compasiva, para comprender mejor, para amar más.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS


Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios deja que el Espíritu santo, marque a fuego en tus entrañas la convicción del amor incondicional del Señor es decir, deja que marque a fuego en tus entrañas, esa certeza, esa seguridad de saberte infinitamente amado por Él, que siempre pero siempre ha sido fiel y que nunca jamás te ha traicionado ni te traicionará jamás y dile no con palabras sino interiormente:


Señor….el mundo te necesita..y yo también te necesito, porque soy parte de esta humanidad. Todos necesitamos de ti …Si fuéramos conscientes de esto, todos vendríamos a ti, aquí en el corazón y nos daríamos cuenta por tu infinita misericordia, de que somos plenamente amados y dejaríamos de herirnos Oh Señor. Todos necesitamos de ti, también aquellos que no lo saben. Necesita de ti el hambriento que piensa que debe buscar pan mientras tiene hambre de ti. Necesita de ti el sediento que busca agua mientras tiene sed de ti. El enfermo se ilusiona con la salud, cuando su verdadero mal ha sido olvidarte, perdiéndote en la ausencia de la no fe. Quien busca la belleza del mundo, sin darse cuenta, te busca a Ti que eres le Belleza Plena. El que en sus pensamientos busca la verdad, sin darse cuenta te desea a Ti que eres la única verdad digna de ser conocida –dirá Agustín de Hipona- y Señor, el que se esfuerza por conseguir la paz, está buscándote a Ti, única Paz en donde pueden descansar todos los corazones inquietos.


Señor, reconozco que te he buscado cuando he querido que los demás me trataran con dulzura, y me comprendieran, cuando he buscado incansablemente ser valorado, valorada, aceptado, aceptada, verdaderamente amado, amada, SE QUE TENGO NECESIDAD ABSOLUTA DE TI. Te necesito, porque se que sólo tú eres Dios, sólo tu me regalarás esa sabiduría para disfrutar de mi mismo, de mi misma porque me estoy dejando moldear de acuerdo a tus planes, a tu lógica es decir, a tu manera de pensar. Hoy Señor me pongo como greda, como barro en tus manos. Hazme esa criatura hermosa que planeaste de mi. Se –por tu gracia- que soy un ser humano que tiene vida verdadera en su interior y esa vida eres Tú. Se que soy hermoso, hermosa no como me lo dice una sociedad consumista sino como me lo dice tu Amor que no engaña. Se que mi interior está provisto de grandes dones como la humildad, la obediencia al Amor, como la libertad que me hace libre y me desapega de lo que es egoísmo, para amar verdaderamente, como la dulzura y la compasión que me hacen ser un ser humano auténtico, que me hacen ser un ser humano lleno de luz ,de alegría divina y humana, que me hacen ser un ser humano lleno de amor divino y humano.


Gracias Señor por tanto don. Gracias por hacerme ver que mi interior está pacificado, unificado, feliz en la sencillez de la fe y que cuantas veces sea movido por las olas de la inconsciencia mía o de los demás, puede volver a casa, acá en mi corazón, en donde estás tú, siempre esperándome.
Gracias mi Dios y mi Todo. Gracias……Mi Dios y mi Todo……Mi Dios y mi Todo….Mi Dios y mi todo…..

 

 

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LA HERIDA DE LA INJUSTICIA


Comenzamos la herida de la injusticia diciendo que la injusticia es la actitud de una persona o de algo que carece de justicia, pero ¿qué entendemos por justicia?, podemos definirla como el reconocimiento y el respeto de los derechos de cada ser humano. Al hablar de justicia, estamos hablando de rectitud, equidad, imparcialidad e integridad. Ahora sí, podemos decir que la persona que sufre de injusticia es aquella que no se siente amada o respetada en su justo valor o que cree no recibir “lo que merece como parte de ese derecho” como ser humano. Esta persona con la máscara de rígida, creerá que sufre injusticia también, cuando recibe más de lo que “cree merecer”. En consecuencia, la herida de injusticia puede ser causada –por ejemplo- al pensar que tenemos más cosas materiales que otros, o por el contrario, que no hemos recibido lo suficiente. Esta herida despierta en el momento en que se desarrolla la individualidad del niño, es decir, entre los 3 y los 5 años de edad, cuando el pequeño toma conciencia de que es un ser individual, completamente aparte con sus diferencias. Al niño le parece injusto por ejemplo, no poder integrar bien su individualidad y no poder expresarse y ser él mismo.


Esta herida la vive sobre todo con su progenitor del mismo sexo. Sufre la frialdad de este progenitor; en otras palabras, padece la incapacidad de sentir y expresarse. Con esto no estamos diciendo que todos los padres de familia que han sufrido de injusticia son fríos no, sino que así los percibe el niño, el cual también sufre del autoritarismo de dicho padre o madre, de sus críticas frecuentes, su severidad, su intolerancia o su inconformismo. En la mayor parte de los casos, este progenitor, sufre la misma herida de injusticia, la cual, tal vez no experimente de la misma forma o en las mismas circunstancias que su hijo, pero existe y el niño la percibe. Algunas personas rígidas, nos han contado que durante la adolescencia, todo marchaba bien con su progenitor del mismo sexo y que incluso tenían una relación de amistad con él, sin embargo, era una relación superficial en la que ni el padre ni el hijo hablaban de lo que realmente sentían. La reacción ante la injusticia consiste en poner un muro ante lo que se siente con la idea de protegerse es decir, es algo como decir interiormente: “vas a saber de mi, lo que sabes de mi por televisión” es decir, de mi, no volverás a saber nada.


La máscara que crea el niño para protegerse en este caso es la rigidez. Más, aún cuando la persona corte de tajo con sus sentimientos, esto no significa que no sienta nada, por el contrario, las personas rígidas, son muy sensibles, pero desarrollan la capacidad de no sentir esa sensibilidad y de no mostrarla a los demás. Se engañan creyendo que nada debe tocarlos, es por ello que parecen frías e insensibles.


De los cinco tipos de caracteres, los rígidos son los más propensos a cruzarse de brazos para bloquear la región del plexo solar, con el objeto de no sentir.
La persona con la máscara de la rigidez, procura la justicia y la exactitud a toda costa. Como llega a ser perfeccionista intentará ser siempre justo. Piensa que si lo que dice o hace es perfecto, será por consecuencia justo y por tanto, aceptado. Le resulta muy difícil comprender que al actuar “perfectamente” de acuerdo a su propio criterio, puede resultar al mismo tiempo, injusto. Quien sufre de injusticia es más propenso a sentir envidia de quienes tienen más y de quienes, según él no lo merecen, por ejemplo si esa persona es de una edad mediana y escucha que otra estudió esto y esto otro, la herida de injusticia sangrará por todas las partes de su ser y no saldrá jamás de su boca ninguna palabra sincera hacia la otra persona o dirá seca y fríamente: “Qué bueno que tu pudiste hacerlo. Siempre lo quise, pero yo nunca tuve la oportunidad”.


Es posible que esté convencido de que los demás lo envidian porque él tiene más. Los celos –que son diferentes de la envidia- son muy comunes en el dependiente que ha recibido la herida del abandono o en el controlador que ha recibido la herida de la traición. El dependiente siente celos porque teme ser abandonado, mientras que el controlador los siente por temor a ser traicionado.


La máscara de rigidez se caracteriza por un cuerpo erecto, rígido; da la impresión que casi no tuviera movimiento y lo más perfecto posible. El cuerpo está bien proporcionado con los hombros derechos y de la misma amplitud que la cadera. El rígido también puede engordar pero su cuerpo continuará estando bien proporcionado. El rígido es quien más temor tiene a subir de peso y hará todo lo posible para no engordar aunque esté de por medio su salud como es el caso de quienes se obstinan por bajar de peso con productos que contienen fenilananina o aspartame a pesar de lo que esto pueda causar a su salud.
El rígido es el que no acepta tener el vientre abultado y cuando está de pie, tiende a sumirlo. La mujer rígida acepta –no obstante- que es natural que una mujer tenga vientre, pues “el cuerpo de la mujer debe tener curvas”, de lo contrario lo considerará no femenino. Les gusta ponerse ropa ajustada. Inconscientemente les gusta ponerse cintos en la región de la cintura es decir en la región del plexo solar –región de las emociones, porque sentirá menos. Estas personas están llenas de vida y sus movimientos son dinámicos sin embargo, son rígidos sin gran flexibilidad y sin ser abiertos, como si tuvieran dificultades para despegar sus brazos del cuerpo.


De hecho, a una persona rígida, le es imposible concebir -por ejemplo- que no haya reglas o mandatos, para dirigir la vida, es como un código de reglas viviente en el que la obcecación ante la apertura se hace siempre presente. Su mirada es brillante y viva. La quijada tensa y el cuello tieso, erguido orgullosamente como queriendo disfrazar la herida de la injusticia.


Desde pequeño, el rígido echa de ver que se le aprecia más por lo que hace que por lo que es, porque creció en un ambiente en el que uno de los progenitores traía o trae todavía metida hasta los huesos, la ley de la retribución: “Te portas bien, te premio; te portas mal, te castigo”. Dicen a los pequeños: “Ya ves?, te caíste porque Diosito te castigó”. Si no te portas bien, te va a llevar el diablo. Si haces tantas obras buenas, Diosito te va a premiar”. “Tienes que ganarte esta muñeca: si te sacas 10 te la compro” etc., y aunque esto no sea verdad, porque no conoce lo que es el amor verdadero, está convencido de lo que le dicen. Por eso le gusta ser la estrella y comienza a arreglárselas por sí mismo rápidamente. Hace todo por evitar tener problemas y aún cuando está en un lío, prefiere decir que no lo está para evitar el sufrimiento que esto le provoca, o si de pequeño cae, no se queja ni dice nada simplemente se levanta y dice que no pasó nada.


Es muy optimista por lo general demasiado optimista aparentemente. Cree que al decir frecuentemente: “No hay problema”, las situaciones problemáticas se solucionarán de inmediato sin darse cuenta de que se le están tatuando en su subconsciente. Además, hace lo posible por solucionarlas por sí misma. No pide ayuda más que como último recurso. Cuando se enfrenta a decepciones o a sucesos imprevistos, continúa diciendo “No hay problema”. Logra ocultar tan bien lo que siente que da a los demás la apariencia de ser imperturbable. Al igual que el controlador, el rígido con frecuencia tiene problemas de falta de tiempo, pero por motivos distintos. Al rígido le falta tiempo por pretender que todo sea perfecto, mientras que en el caso del controlador, esta falta viene de que está demasiado ocupado entrometiéndose en los asuntos de los demás. Al rígido tampoco le gusta retrasarse, pero lo hará porque le toma mucho tiempo prepararse.


Cuando el rígido está convencido de tener razón ante la autoridad o ante alguien que se cree autoridad en la materia, se justificará hasta que se le dé la razón. Aborrece a la autoridad, pues aprendió de pequeño que dicha autoridad siempre tenía la razón. Cuando los demás parecen dudar de él y le hacen muchas preguntas acerca de una situación, lo percibirá como un interrogatorio, incluso como algo personal en contra de ella terminando con una frase como. Yo nada más digo que….


Desea adquirir habilidades para ser perfecto lo más pronto posible. Si no es perfecto, deberá controlarse para no caer en el defecto que acaba de descubrir. No se da cuenta nuevamente que es injusto consigo mismo ya que se exige demasiado. Le gustaría solucionar todo en el momento. No se toma tiempo para sentirse bien, para descansar, para darse el derecho a ser humano.


La persona que lleva la máscara de rígido, tiene la tendencia a enrojecer fácilmente, cuando relata algo que juzga incorrecto, por ejemplo cuando habla de su dificultad para perdonar a alguien que la dañó o cuando habla mal de alguien que no tolera y cuya actitud juzga como injusta. Esto indica que esta persona se avergüenza de sí misma, de lo que hace o no hace, sin embargo ignora que éste es el motivo por el cual enrojece y en ocasiones ni si quiera se da cuenta que lo hace. Al igual que los huidizos heridos de rechazo, estas personas son las que tienen más problemas de la piel. / Este temor a equivocarse, hace que la persona rígida se ponga frecuentemente en situaciones en las que debe tomar decisiones. Por ejemplo, la persona debe tomar una decisión porque quiere comprar algo, pero no tiene mucho dinero. Se pregunta si debe permitirse comprarlo.


Por eso debe decidir si comprarlo o no. Con frecuencia pasa que la persona rígida, siente alegría al tomar una decisión determinada, aunque más adelante se lamentará por no haber tomado otra. Por ejemplo, un señor que eligió disfrutar de unas buenas vacaciones. Más adelante, se dijo que debió haber decidido utilizar ese dinero para hacer arreglos en su casa. A causa de su temor a tomar la decisión incorrecta, el rígido por lo general, duda de sí mismo después de haber tomado la determinación preguntándose constantemente si sus elecciones son las mejores para sí mismo o las más justas. Tu que escuchas, si quieres que algo se divida equitativamente entre varias personas, como un pastel, una botella de vino, la propina en el restaurante, etc puedes tener la certeza de que la persona rígida es quien mejor realizará esta tarea. También cuando llega el momento de pagar la cuenta, el controlador se hace cargo de la situación y pregunta: “¿Creen que debemos dividirla en partes iguales? Pues sería mucho más rápido y menos complicado”. Se expresa con tal fuerza y control que todos los demás aceptan cortésmente. Calcula rápidamente y divide el total entre el número de personas para anunciar el total que cada uno debe pagar.
En ese momento reaccionan los rígidos quienes no están de acuerdo, porque dicen que es injusto que alguien deba pagar más de lo que comió y de quien ordenó los platillos más costosos y que estos últimos aprovechan de la situación. En esta circunstancia es preferible la mayor parte de las veces, hacer un nuevo cálculo.


Las personas rígidas, son muy exigentes consigo mismas en una gran parte de las diferentes circunstancias de su vida. Tienen una capacidad enorme para controlarse a sí mismas, así como para imponerse tareas. Si el controlador gusta de controlar todo lo que sucede a su alrededor, el rígido busca a tal grado la perfección que tiende incluso a controlarse a sí mismo. Actúa y se exige tanto que los demás también le exigen mucho. Una vez escuchamos a una mujer exclamar ante otras: “Dejen de considerarme la mujer biónica que todo lo puede”. Los demás existen par hacerlas reflexionar qué tanto se exigen a sí mismas.


Un joven adulto, nos platicó un día que su padre le repetía sin cesar: “No tienes ningún derecho, sólo obligaciones”. Esta frase permaneció anclada en él desde corta edad y admitía que le era muy difícil desprenderse de ella. Nunca se permite detenerse, divertirse ni descansar. Se cree obligado a estar siempre haciendo algo. De esta forma cumple con su deber. Como siempre, tiene algo que hacer en su vida cotidiana, significa que el rígido rara vez se relaja sin sentirse culpable. Se justifica cuando reposa o se divierte diciendo por ejemplo que lo tiene bien merecido por todo lo que hace. El rígido además se siente muy culpable si no hace nada mientras alguien más trabaja. Esto les parece injusto. Es por eso que su cuerpo, sobre todo sus piernas y brazos, se encuentran tensos, incluso cuando están en posición de reposo. Debe esforzarse realmente para eliminar la tensión de sus piernas y dejar que estas se relajen.


El rígido no sólo tiene dificultades para respetar sus límites, sino sobre todo para conocerlos. Como no se toma el tiempo para sentir si lo que hizo responde o no a una necesidad, lo hace en exceso y únicamente se detiene cuando revienta, además, le resulta difícil pedir ayuda y prefiere hacer todo solo para que el resultado sea perfecto, por este motivo, el rígido es el más propenso a sufrir agotamiento profesional. La persona herida por injusticia y que lleva la máscara de rígido, considera que la mayor injusticia es consigo mismo. Se acusa de inmediato cuando por ejemplo, compra algo que no cree necesitar realmente, especialmente si en ese momento priva a quienes ama de algo necesario. Para poder permitírselo, debe justificar la compra para sí mismo, diciendo que la merece.


¿Sabes? Se necesita superar y sanar la culpabilidad por medio del proceso de aceptación, pero déjanos decirte que la aceptación no se logra realmente sólo con hablarnos mentalmente e intentar convencernos de que merecemos algo, pues en este caso faltaría la capacidad de vivir realmente ese sentir que sí lo merecemos.


Desgraciadamente tenemos metida hasta los tuétanos, la ley de la retribución como dijimos antes: tanto me das, tanto te doy, que eso nos ha hecho creer que somos o no somos merecedores. Aquí no se trata tanto de merecer o no merecer. Simplemente se trata de hacer caso de la conciencia iluminada por el amor incondicional del Señor Dios, se trata de hacer caso a esa sabiduría es decir hacer caso de vivir la vida con sabor, eso significa sabiduría. Comprarte algo que te hace sentirte bien, no tiene por qué causarte culpabilidad ni ver un buen programa de televisión, o leer un buen libro o tener una charla en la que dos interioridades encuentran eco, y menos te tendrás que sentir culpable cuando estás ante el Señor en su Palabra.
Muchas de las personas rígidas, por ejemplo, en época de vacaciones, prefieren que sus conocidos sepan que fueron a tal y tal curso que deseaban tomar a que supieran que fueron de vacaciones. Si tienen que salir fuera, escogen el hotel menos costoso. Cuando la persona rígida intenta ocultar lo que hace o lo que compra, no sólo se siente culpable sino también avergonzado.


Al rígido, le gusta que sus conocidos estén al corriente de todo lo que hace y lo que debe hacer. El controlador actúa de la misma manera pero no por la misma razón ya que él desea mostrar que es responsable, mientras que el rígido lo hace para mostrar que merece una recompensa, a fin de no considerarse culpable si se paga lujos o unas vacaciones. Como ves, el concepto de “mérito” para el rígido es muy importante. Le desagrada que le digan que es afortunado, ya que para él, ser afortunado no es justo. Responderá: “Trabajé mucho para lograrlo”. Cuando una persona rígida recibe un regalo, esto lo hace sentirse endeudado y más que dar a la otra persona algo del mismo valor para ser justo, prefiere no recibir nada e incluso rechazar lo que se le da. Cuando alguien le ofrece pagarle la comida por ejemplo, prefiere rehusarse, es decir rechazar la invitación, antes que tener que recordar que la siguiente vez le tocará a ella pagar. Si acepta lo hará prometiéndose restituir algo parecido.


Hay personas que se sienten heridas por injusticia cuando siendo la hija primera –por ejemplo- les pareció injusto tener que ayudar a su madre, ocuparse de sus hermanos y sobre todo tener que ser un ejemplo para ellos. Otras personas fueron la segunda o sexta de las hijas por lo que rara vez tenían vestidos nuevos y estaban obligadas a usar la ropa de la mayor además de que ésta las manipulaba. Hay personas que han sentido injusto haberse hecho cargo de su madre anciana y no haberse casado nunca. Hemos dicho que la persona rígida, tiene una gran capacidad de controlarse, por eso una persona rígida no puede comprender por ejemplo al masoquista herido por humillación porque no pueda seguir una dieta y no lo acepta. Puede ser el caso de un padre rígido y una hija masoquista. La motivación del rígido al crearse obligaciones es alcanzar la perfección en sí mismo, de acuerdo con su ideal de perfección.
En cambio, la persona no rígida, se acusará de no tener voluntad, pero es importante distinguir entre tener voluntad y controlarse. La persona que se controla es la que se impone algo sin que esto responda obligatoriamente a una necesidad. Detrás del control se oculta necesariamente un temor. La persona que tiene voluntad sabe lo que desea y está decidida a obtenerlo. Lo hace sin miedo. Logra sus fines estructurándose, sin perder de vista en ningún momento su objetivo en relación con sus necesidades y límites. Cuando algún suceso se contrapone a sus planes, puede ser flexible y capaz de rehacer esos planes para alcanzar su meta.


Por su parte, la persona rígida no cuestiona si lo que desea realmente responde a una de sus necesidades y no se toma tiempo necesario como para interiorizarlo y preguntarse: ¿Cómo me siento con este deseo y con la forma en que he decidido obtenerlo?. El temor le acompaña siempre. El rígido en ocasiones, puede parecer controlador, pero cuando interviene no lo hace para controlar o llamar la atención de otros, ni para mostrarse fuerte como el controlador. Interviene solamente si lo que se ha dicho es injusto para alguien o no le parece correcto. El rígido, rectifica lo que acaba de decirse, mientras que el controlador, agrega a lo que acaba de decirse. El rígido puede reprender a una persona si considera sinceramente que ésta habría podido realizar mejor determinada tarea, dada la capacidad o el talento que tiene. Por su parte, el controlador, reprende a alguien si no realizó la tarea de la forma en la que él lo hubiera hecho y de acuerdo con sus gustos e intereses. Otra diferencia entre la forma de controlar del rígido y el controlador, es que el rígido se controla para no perder el control, pues piensa que al perderlo, será injusto con los demás. Por su parte, el controlador, se controla para controlar mejor la situación o a otra persona y así ser el más fuerte. A la persona rígida le gusta que todo esté bien ordenado. Le desagrada tener que buscar algo. Algunos llegan incluso a la obsesión en su necesidad de que todo esté ordenado perfectamente.


Al rígido también se le dificulta distinguir entre rigidez y disciplina. Por ejemplo, una persona rígida que decide caminar una hora al día para tener mejor salud y estar en forma. El medio en este caso es caminar. Esta persona se impondrá caminar todos los días, haga mal tiempo o no, tenga ganas de hacerlo o no. El que es disciplinado sin ser rígido, algunos días decidirá no salir a caminar, aun cuando sepa que caminar es lo mejor que puede hacer por su salud. Forzarse a hacerlo no le perjudicará pero no se sentirá culpable –como en el caso del rígido- si no lo hace y volverá a salir a caminar al día siguiente con el ánimo tranquilo. La persona disciplinada no abandona un proyecto porque lo interrumpió un día o porque hubo un cambio en sus planes. El rígido a menudo sufre tensión emocional porque impone perfección en todo. El controlador herido por traición, también la sufre en gran medida pero por un motivo distinto: desea tener éxito, desea evitar el fracaso a toda costa por temor a la imagen que daría a los demás y también por temor a afectar su reputación.


La persona que lleva la máscara de rígido, rara vez se enferma. De cualquier manera, aún cuando sienta dolor en alguna parte, comenzará a percibirlo hasta que su estado empeore, ya que es muy dura con su cuerpo. Puede golpearse, lastimarse y hacerse una buena raspadura sin sentir dolor. Si siente un poco de dolor al momento en que se golpea, su mecanismo de control se activa de inmediato, lo que le proporciona una capacidad enorme para poder ocultarlo.
Seguro que tú que escuchas, habrás observado que los actores que son elegidos para torturar a alguien en las películas o para protagonizar el papel de espías, siempre tienen las características físicas del rígido. A sí mismo, es fácil reconocer a un policía por su cuerpo rígido. Estas personas también pueden tener otra herida, pero es su aspecto rígido el que las hace elegir una profesión con la que piensan que podrán dar justicia sobre la tierra, sin embargo, cuando un policía o espía –por ejemplo- parece sentir placer al mostrar su poder y su fuerza, es que su máscara es la de controlador lo que le ha hecho elegir esa profesión.


Todos tenemos límites en los planos físico, emocional y mental. Esta es la razón por la que es común escuchar decir a una persona rígida: “No comprendo qué le sucede, nunca se enfermaba y ahora tiene un problema tras otro”. Este tipo de situación se da cuando el rígido ya no puede controlarse. La ira, sobre todo consigo mismo, es la emoción más común en el rígido. Cuando estalla en cólera su primera reacción es atacar aún cuando la ira sea consigo mismo. En realidad está enfurecido consigo mismo por no haber observado acertadamente una circunstancia o por no haber actuado bien –por ejemplo-.
Está el caso de un amigo que prestó dinero a otro amigo que tiene problemas económicos pero que le promete pagarle en dos semanas. Pasa este tiempo y el amigo no cumple. El rígido monta en cólera porque se reprocha haberle ofrecido otra oportunidad. Con frecuencia desea dar oportunidades a otros. En el caso del controlador, por ejemplo que ayuda a otra persona económicamente para que este otro viva más dignamente, pero resulta que este otro es indiferente y no agradecido, el controlador reprochará no a sí mismo sino al amigo por no haber correspondido a la ayuda, ya que la indiferencia y el no agradecerle o corresponder a la atención, le habrá despertado la herida de la traición.


El rígido es también el tipo de persona para quien es difícil dejarse amar y demostrar su amor. Por lo general piensa demasiado tarde lo que debiera haber dicho o las muestras de afecto que debería haber dado a quien amaba. Suele prometerse que lo hará cuando lo vuelva a ver, pero cuando se presenta la ocasión lo olvida, así que pasa entonces, por una persona fría y no afectuosa. Al actuar así, es injusto con los demás y sobre todo consigo mismo, ya que se priva de expresar lo que realmente siente. Al ser tan sensible, el rígido evita que otros lo toquen psicológicamente. Este temor a ser tocado o afectado por otras personas puede ser lo suficientemente fuerte para originarle problemas en la piel. De hecho la piel nos permite tocar y ser tocados por otros, sin embargo si esto nos produce temor a que nos hieran, nos alejamos de los demás. La persona que tiene un problema cutáneo se avergüenza principalmente de lo que los demás pueden ver o pensar de ella. Este temor a ser tocado por otros, en ocasiones se nota en el cuerpo físico del rígido que se retrae. Los brazos pegados a lo largo del cuerpo, principalmente del codo al hombro, las manos empuñadas y las piernas pegadas, una contra la otra, son indicio de un cuerpo cerrado. Lo mismo alguien que generalmente se cruza de brazos –como ya lo hemos mencionado-.

 

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CONTINUACIÓN DE LA HERIDA DE LA INJUSTICIA


Vamos a continuar escuchando sobre las características de una persona que ha sufrido la herida de la injusticia.
La comparación es otro recurso que suele utilizar el rígido para ser injusto consigo mismo. Tiende a compararse con quienes considera mejor que él, y sobre todo, más perfectos que él. Devaluarse de esta forma es una injusticia grave y una forma de rechazarse a sí mismo. Es muy común que de pequeño, el rígido se sienta comparado con sus hermanos y hermanas o con sus amigos o compañeros de escuela. En esas ocasiones acusaba a los otros de ser injustos con él, porque ignoraba si se le estaba comparando para mostrarle lo que él se hacía a su interior. Si tu que escuchas, te reconoces en la herida de injusticia y llevas la máscara del rígido, lo primero que habrás de hacer es admitir el número de veces en que has sido injusto con los demás y sobre todo, contigo mismo, contigo misma en un solo día. Esto es lo más difícil de admitir, pero será el principio de tu curación.


Una mamá nos comentó que un día preguntó a su hijo de 28 años: “Dime: ¿cuál ha sido mi actitud como madre, que te ha hecho sufrir más desde tu infancia?. Le respondió: ¡Tu injusticia!. Esta contestación la dejó con la boca abierta. Fue tan grande su sorpresa que no pudo decir más. Recordó todas las situaciones en que intentó ser una madre justa, sin embargo, al ponerse en los zapatos de sus hijos, ahora puede comprender, por qué algunos de sus comportamientos y actitudes les parecieron injustas. No obstante, las características físicas de su hijo, más bien indicaban que la experiencia de la injusticia que sintió con ella, en realidad despertó su herida de traición.


Ciertamente le debió parecer injusta la indiferencia de su padre ante el comportamiento que tenía con él. En su cuerpo se observaban dos heridas, la de la injusticia y la de traición y esto quiere decir que tiene algo diferente que solucionar con cada uno de sus padres: la herida de traición con el progenitor del sexo opuesto porque para el joven la indiferencia que se convertía en el abandono de su padre hacia el y sus hermanos, era una injusticia y la de la injusticia con el progenitor de su mismo sexo, porque consideraba injusticia el que su madre no se diera cuenta de lo que estaba haciendo su padre con él y con sus hermanos es decir, no les hacía caso, les mostraba indiferencia por lo tanto les abandonaba.


La frialdad es el temor más grande del rígido. Le es tan difícil aceptar su propia frialdad como la de los otros y hace todo lo posible por mostrarse cálido. Cree además que es afectuoso y no se da cuenta realmente de que los demás lo pueden considerar insensible y frío. Tampoco se da cuenta que evita tener contacto con su sensibilidad para no mostrar su vulnerabilidad es decir que es un ser humano que puede equivocarse. No puede aceptar esta frialdad, porque sería admitir que es desalmado, lo que puede significar ser injusto. Por eso es tan importante para el rígido escuchar que es bueno es decir, bueno en lo que hace y lleno de bondad. En el primer caso, se considera perfecto es decir, invulnerable –atributo que por cierto, sólo Dios puede tener- y en el segundo, afectuoso. Le es difícil aceptar la frialdad en otras personas. Cuando alguien es frío con él, le lastima el corazón y se pregunta qué ha hecho o dicho incorrectamente para que el otro actúe de esa forma.


Le atrae todo lo que es noble. El respeto y el honor son para él de verdadera importancia. Se impresiona fácilmente con las personas que tienen títulos importantes. Si sabe que algo le puede valer un título, busca nuevamente ser la estrella en esa situación. Está dispuesto a realizar los esfuerzos y sacrificios necesarios para lograrlo, porque para el rígido no son sacrificios. En su vida sexual, por lo general tiene dificultades. Le es difícil expresar toda la ternura que siente aunque su apariencia sea muy sensual. Gusta vestirse con ropas sensuales. La mujer rígida es explosiva y pese a que interiormente rehúsa a los hombres con frialdad, le gusta atraerlos si considera que la situación va demasiado lejos. Esto te lo decimos para que puedas orientar mejor a tus hijas, porque de adolescente, la rígida se contiene y controla muy bien, ya que desea mantenerse pura y perfecta para el afortunado que elija. Se crea con facilidad un ideal de relación sexual que no es real. Cuando llega a entregarse, usualmente se siente decepcionada porque la situación real no corresponde a su ideal. Además, la mujer rígida es particularmente hábil para fingir que goza. Mientras más intensa sea la herida de la injusticia, más rígida será la persona y más se le dificultará culminar en una relación. El varón puede sufrir eyaculación precoz o incluso impotencia sexual.


A la persona rígida le es difícil comprometerse a causa de su temor a equivocarse en la elección de compañero. Este temor al compromiso es diferente al del controlador, el cual teme a la separación, a tener que deshacer el compromiso. Muchas prostitutas muestran en su cuerpo las características del rígido. Les es posible tener relaciones sexuales para obtener dinero, sólo porque pueden hacer a un lado sus sentimientos, es decir, pueden desvincularse de ellos, con mayor facilidad que otras personas. En el plano de la alimentación, el rígido prefiere los alimentos salados a los dulces. Les gusta todo lo que es crujiente. Hay quienes disfrutan al morder hielo. Generalmente intenta equilibrar bien su alimentación. De los cinco tipos, es el primero que sin duda decidirá ser vegetariano, aunque esto no significa necesariamente que ser vegetariano responda realmente a las necesidades de su cuerpo. Recuerda que el rígido suele tomar decisiones para ser justo. Si es vegetariano porque piensa –por ejemplo- que es injusto que se mate a los animales, su organismo puede sufrir falta de proteínas, pero si lo ha decidido porque no le agrada la carne y porque además de esta forma salvará a los animales, su motivación será diferente y su cuerpo estará mejor.


Si controla demasiado su alimentación puede perder el control algunas veces con las golosinas o con el alcohol. Si esto ocurre frente a otras personas, se apresurará a explicar a todos que esto nunca le sucede y que hoy es realmente una excepción. Cuando una persona con la herida de la injusticia y que lleva puesta la máscara de rígido experimente una situación que le afecta mucho, como un aniversario o un encuentro especial, le es más difícil controlarse. En ese momento tenderá a comer lo que normalmente se prohíbe, sobre todo alimentos que le pueden engordar. Cuando esto pasa, se justifica diciendo: “No acostumbro a comer así, pero hoy lo haré para acompañarles”. Se siente culpable, se acusa y se promete volver a comenzar a controlarse al día siguiente.
Algunas enfermedades que puede atraer la persona que lleva la máscara de rígido puede ser la rigidez que siente en su cuerpo a modo de tiesura o tensión en la parte superior de la espalda o en el cuello, así como en las partes flexibles como tobillos, rodillas, cadera, codo, muñecas etc. Los rígidos gustan de hacerse crujir o tronar los huesos de los dedos de las manos, para flexibilizarlos es decir, que siente el caparazón que envuelve a su cuerpo, pero no se da cuenta que se oculta bajo él.


El agotamiento por exceso de trabajo, las enfermedades que terminan con “itis”, pues este tipo de enfermedades indica una ira interior retenida lo que es muy común en los rígidos. Es propenso a la tortícolis a causa de su dificultad para ver todos los aspectos de la situación que considera injusta. Tiene problemas de estreñimiento y hemorroides por su dificultad para ceder y por la moderación con que vive. El rígido puede sufrir calambres que se manifiestan cuando una persona se retrae o se modera por temor. Su dificultad para disfrutar de la vida, de sí mismo y de los demás, puede producirle problemas de circulación sanguínea y várices. Además suele padecer problemas de piel seca. Es posible que tenga espinillas en el rostro cuando teme equivocarse, desprestigiarse o no estar a la altura de sus ideales. La soriasis o problema de la piel es común en las personas rígidas pues atraen este problema para no estar demasiado bien o no ser demasiado felices lo que sería injusto en relación con los demás sobre todo durante las vacaciones o en momentos en que todo marcha bien en su vida.


Las alteraciones de hígado son frecuentes debido a su ira reprimida. El nerviosismo es común aún cuando la mayor parte del tiempo puede controlarlo para que no sea visible al exterior. Es muy usual que el rígido sufra insomnio, sobre todo para el que no se sienta a descansar, sino hasta que todo esté acabado y perfecto. Piensa tanto en todo lo que debe hacer, que se despierta y ya no puede conciliar el sueño. También tiene problemas de vista, debido a su dificultad para darse cuenta que ha tomado una mala decisión o que quizá su percepción es decir, su manera de ver sobre alguna situación no sea la correcta. Prefiere no ver nada de lo que considera imperfecto para no sufrir. Utiliza la expresión. “No está claro”, lo cual no ayuda a mejorar su vista.


La mayor parte de las enfermedades que aquejan al rígido no son lo suficientemente graves como para ir al médico. El rígido espera que sanen por sí mismas o intenta curarse sólo sin decirlo a los demás, ya que le resulta difícil confesar que tal vez necesita ayuda. Cuando decide pedirla, corre el riesgo de padecer un problema muy grave. Estos males y enfermedades mencionados en ocasiones se manifiestan en personas que tienen otras heridas como las que vimos anteriormente, sin embargo, parecen más comunes en las personas que sufren injusticia. Un niño pequeño que se siente rechazado por ejemplo, por una u otra razón, intentará no serlo al ser lo más perfecto posible, utilizando también la máscara de la herida de la injusticia es decir, siendo rígido. Y después de algunos años ya no siente que lo aman, a pesar de sus intentos de perfección, lo que considerará injusto. Decide entonces, controlarse y ser tan perfecto que nunca más será rechazado. Se desconecta de sus sentidos para ayudarse a no sentir más el rechazo. La herida de injusticia, se notará más en el cuerpo que la de rechazo. Esto indicará que la persona siente más la injusticia que el rechazo, aunque hay otros en quienes puede suceder lo contrario.
Todas las personas que sufren injusticia, ocultan una herida de rechazo.

Esta es la razón por la cual al envejecer, es común que el cuerpo de los varones rígidos y las mujeres rígidas pierdan volumen y tome poco a poco, las características del huidizo. La ciencia médica, llama a este fenómeno: osteoporosis. Te recordamos que si en ti ves la herida de injusticia, tu progenitor de tu mismo sexo, la tuvo y probablemente aún la tenga con su propio progenitor del mismo sexo. En el siguiente tema, describiremos qué hacer con este progenitor para ayudarle a sanar adecuadamente esta herida. Y una vez más te decimos que detrás de la presencia de cualquier herida, está la incapacidad de perdonar o el hecho de no querer perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hemos hecho sufrir a los demás y nos es difícil perdonarnos, porque por lo general, no tenemos conciencia de nuestros propios reproches. Mientras más importante sea la herida de injusticia, más significará que eres injusto contigo mismo, contigo misma, al exigirte demasiado, al no saber cuáles son tus límites y al no tratarte bien, amándote con le frecuencia necesaria es decir, siempre.


Reprochas a los demás lo que te haces a ti mismo, a ti misma y lo que no quieres ver. La vergüenza, es otra forma de darte cuenta de que sufres injusticia o que eres injusto, injusta con los demás. Con la vergüenza, te ocultas a ti mismo, a ti misma u ocultas un comportamiento y será normal que te avergüences de los comportamientos que reprochas a los demás, porque no quieres que los demás descubran que actúas como ellos.
Recuerda que las características y conductas que describimos en estos casetes, sólo se presentan cuando la persona decida ponerse su máscara de rígido, pues cree que de esta manera evitará vivir la injusticia, y según la gravedad de la herida y la intensidad del dolor, esta máscara puede llevarse rara vez o con frecuencia.


Las conductas propias del rígido son dictadas por el temor a revivir la herida de injusticia. Estas formas de pensar, sentir, hablar y actuar, indican una reacción a lo que sucede en la vida. Al reaccionar por medio de cualquiera de las cinco máscaras de huidizo, de dependiente, de masoquista, de controlador o de riguroso una persona no está CONSCIENTE es decir, no está en la realidad, no está despierta y por lo tanto no está bien interiormente, no es feliz.
De ahí la importancia de saber vivir la vida, disfrutando al máximo el único momento que tienes es decir, este instante o lo que llamamos, el presente. Ya habrá un tema dedicado a ello, porque el vivir intensamente el momento del instante te ayudará a no cargar con todo lo que has vivido unas horas antes y no te angustiarás por lo que pueda pasar unas horas después. Te será posible –con la gracia del Señor- transformar tu corazón en un hogar cálido en donde primeramente tu mismo, tu misma, te sientas amado, amada, por ti, por el Señor Dios, independientemente si los demás se dan cuenta o no de que eres valioso, valiosa, independientemente si los demás se dan cuenta de que eres un tesoro, de que tienes dones, de que eres un ser humano en el que el Padre Dios, ha puesto todo su amor.


Ahora bien, ya que has escuchado sobre las cinco heridas que afectan el comportamiento normal de un ser humano, respóndete en tu interior si se debe juzgar o no, a una persona….¿por qué crees que al Señor Jesús lo mataron?, porque él comprendía el corazón del hombre, por eso, a aquellos hombres que llevaron ante Jesús a la mujer adultera para matarla a pedradas, Jesús les dice: “El que esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”. Hoy podríamos decir: “El que esté libre de heridas, que se lance contra su hermano”. Todos los seres humanos llevamos en el subconsciente heridas, unos dos u otros los 5 tipos de heridas que se entremezclan y hacen que el corazón se desgarre, y más cuando la persona no se abre al amor gratuito de Dios.
El Padre Dios nos ha hecho para que descubramos su amor, para que lo disfrutemos, para que lo experimentemos en nuestro interior y lo compartamos a cada ser vivo de este planeta, con la impresionante y hermosa naturaleza incluyendo a los animales.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS

 

Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios deja que el Espíritu Santo, marque a fuego en tus entrañas, la convicción del amor incondicional del Señor es decir, deja que marque a fuego en tus entrañas, esa certeza, esa seguridad de saberte infinitamente amado por Él, que siempre pero siempre ha sido amoroso y fiel y que nunca jamás te ha traicionado ni te traicionará jamás ni nunca ha cometido una injusticia contra ti ni contra nadie, ni la cometerá y dile no con palabras sino interiormente:


Señor, por tu infinito amor, he comenzado un camino que recorro de tu mano en este peregrinar hacia las altas cumbres del Amor es decir, que deseo vivir a partir de hoy, en el corazón, es decir, en mi profundidad en donde tú me habitas. Cómo deseo llegar a experimentarme realmente, un nómada, una nómada del Amor en el silencio profundo, ese a donde el egoísmo no puede llegar, en donde ninguna máscara existe, no apegando mi corazón más que a Ti, Único Dios Verdadero, caminando como un peregrino, como una peregrina que sabe que no está aún en su "Patria Eterna", aunque ya desde aquí y ahora te experimenta a ti: ¡Oh Ser Supremo, Casa del hombre, Lugar en donde el corazón humano es saciado de Amor verdadero!… Señor, hoy, aquí y ahora me reconozco como un humilde peregrino, como una humilde peregrina, que quiere salir de la tierra de la superficialidad, para entrar en esa tierra profunda del alma en donde la gran puerta para entrar es la fe adulta. Permite ¡Oh mi Dios!, que desde el silencio y la humildad vaya haciendo camino hacia lo que tu mismo en tu infinito amor, me ofreces cada día para descansar, y que en realidad es mi única "Patria", la Patria que más anhelo es decir, tu Corazón ¡Oh, Dios mío!. Ahora mismo me atraes con fuerza, y me cubres con la Ternura del Espíritu…Oh Amor….


Abrázame como una brisa suave y arrebátame a ti como un huracán. Oh Vida mía, fecúndame y hazme nueva criatura en el Amor.
Señor, parece como si nada pasara en mi corazón al que tu has convertido en tu casa., sin embargo, la fe me dice que es este amor tuyo, que eres Tú mismo, el que me está invadiendo, que es tu amor el que me está sanando; la fe me dice que aquí estás, que eres tu en mi, ¡lo se!. Se que es tu toque divino y suave el que está transformando mi corazón, en un corazón sano. Se que es tu poder el que está sanando mi subconsciente y está haciendo de mi un ser humano, verdaderamente humano y divino a la vez.


Toma todas mis heridas….no quiero ni un día más, continuar apegado, apegada a esa forma de reaccionar causada por tanta herida, no quiero continuar apegado, apegada a mi egoísmo, a esa forma de ser o mejor, a esa forma de no ser, que tanto daño me ha hecho y a hecho a otros, a otras…
Mi Amado Señor: te suplico, ayúdame a sanar de mi subconsciente herido. Aquí estoy todo yo, toda yo, poniéndome en tus brazos Oh mi Amado Padre, con toda la confianza que me infundes, sabiendo que tus planes son siempre de amor, aún cuando has permitido en mi vida tempestades, me entrego a ti, sabiendo que aún el más doloroso de los acontecimientos, aún la más dolorosa de mis heridas, no es castigo tuyo, no. Una vez más reconozco que tu nos dejas en libertad y con toda la responsabilidad en nuestras manos.


Oh Señor. Mira cómo mi alma te desea por la noche y mi espíritu te busca por la mañana, porque tu voluntad es la luz de la tierra y me enseñas a vivir desde la santidad es decir, desde el amor. Oh Vida mía, Amado mío, cuántas veces me he angustiado por aferrarme a comportamientos que han salido a la superficie porque precisamente han brotado también desde la superficie y todo, por apartarme de Ti. Cuántas veces lo he hecho…¡Dios mío!...he sido como una mujer que va a dar a luz, que se retuerce y grita angustiada, ¡pero lo único que he dado a luz, ha sido viento, paja!. ¡Cuántas veces he despreciado tu sabiduría, tu salvación. Señor, con tu Rocío es decir, con tu amor inmenso, ilumíname y mi corazón,, entonces sí, verdaderamente, dará a luz. ¡Bendíceme!....Amén.

 

 

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CURACIÓN DE LAS HERIDAS Y TRANSFORMACIÓN DE LAS MÁSCARAS

Queremos comenzar esta parte sobre el valor del perdón, diciendo antes de dar la descripción de las etapas de curación para cada clase de heridas y máscaras, la manera de hablar, de cómo se sienta, de cómo baila y realiza otras actividades una persona que está utilizando una máscara, para que puedas identificar en ti mismo esta manera de ser y puedas comprender mejor a los demás. La manera de hablar y la voz, son diferentes según la máscara, escucha bien: El huidizo por herida de rechazo, tiene la voz apagada y débil. El dependiente por herida de abandono, usa voz infantil, así como un tono quejumbroso. El masoquista por herida de humillación, finge sentimientos con la voz para parecer una persona que se interesa por los demás. El controlador por herida de traición, tiene una voz sonora, fuerte. Y el rígido por herida de injusticia, habla de manera más bien mecánica y reservada.


Sobre la manera en cómo baila cada una de estas personas decimos que al huidizo no le gusta bailar. Cuando lo hace, se mueve poco y de manera recogida para no hacerse notar y es como si dijera: “No me miren demasiado”. El dependiente prefiere los bailes de contacto porque le presentan la oportunidad de estrecharse contra su pareja o con un amigo, con una amiga y es como si dijera: “Miren cómo le gusto a mi pareja, a mi amigo, a mi amiga”.
El masoquista baila con mucho gusto y lo aprovecha para expresar su sensualidad. Baila por el placer de bailar. Y es como si dijera: “Miren cuán sensual puedo ser”. El controlador ocupa mucho espacio. Le encanta bailar y lo aprovecha para seducir y ya dijimos que cuando hablamos de “seducir” no lo hacemos para resaltar lo sensual sino que seducir aquí quiere decir, poder atraer la atención de los demás y obtener amor. Representa principalmente una oportunidad para ser mirado y es como si dijera: “Mírenme” , El rígido baila muy bien y con ritmo, a pesar de la rigidez de sus piernas. Llama la atención por no equivocarse y es él quien suele tomar la iniciativa durante el baile. Los muy rígidos son serios, su porte es muy erguido e incluso parecen contar sus pasos cuando bailan y es como si dijera: “Miren qué bien bailo”.


Si las personas que vamos a describir tuvieran la oportunidad de adquirir un automóvil, diríamos que el huidizo elegiría los de colores oscuros que pasan desapercibidos. El dependiente preferiría un auto cómodo, que no sea muy común. El masoquista escogería un auto pequeño, de poco espacio interior. El controlador compraría autos potentes y llamativos. El rígido preferiría un auto clásico y de alto rendimiento que valiera el dinero que invirtió. (M)
Veamos ahora la manera de sentarse de una persona mientras habla o escucha. El huidizo se hace pequeño en la silla y oculta los pies bajo sus muslos. También puede echar sus piernas y pies hacia atrás como tratando de esconderse. Como no tiene “los pies sobre la tierra” así puede evadirse con mayor facilidad.


El dependiente se sume en la silla o se apoya en algo como en el brazo del sillón o de un sillón que esté enseguida por ejemplo. La parte de la espalda la encorva hacia delante. Si la silla tiene barrotes y puede apoyar sus pies los recargará sin dudarlo. También puede que los pies los ponga en punta, juntos, porque se sienta inseguro, necesitando apoyo de sí mismo. El masoquista se sienta con las piernas separadas. Al igual que en otras situaciones, elige una silla o un sillón que no le convenga y que le parezca incómodo. El controlador se sienta e inclina su cuerpo hacia atrás, cruzándose de brazos mientras escucha cuando se le habla, pero se inclina hacia el frente para convencer mejor a la persona que tiene enfrente y a la que se dirige. El rígido se sienta muy erguido. Puede incluso estrechar las piernas y los pies entre sí y alinearlas con su cuerpo, lo cual acentúa su postura rígida. Cuando cruza las piernas y los brazos es para no sentir lo que sucede.


Una persona, puede cambiar varias veces su forma de sentarse, según lo que esté ocurriendo interiormente en ella. Por ejemplo, alguien que tiene las heridas de injusticia y de abandono. Cuando habla de problemas en su vida, su cuerpo se ablanda y la parte superior de su espalda se encorva es decir, que está manifestando su herida de abandono. Algunos minutos después, cuando se le hace una pregunta sobre un tema que no desea abordar, su cuerpo se endereza y se pone rígido y responde que todo marcha bien en ese aspecto. En la forma de hablar, también se observan varios cambios durante la conversación.


Con todo esto que has aprendido, -sobre las cinco heridas del rechazo, el abandono, la humillación, la traición y la injusticia-, estamos seguros de que en unos meses más o posiblemente ya lo comienzas a hacer ahora mismo, podrás reconocer en qué momento tu mismo, tu misma o alguno de tus conocidos lleva alguna máscara, a partir de tus propias actitudes físicas y psicológicas y las de ellos. De esta manera, sabrás cuál es el temor que vives en ese momento y le podrás hacer frente desde la fe adulta, apoyándote en el Señor Dios y dejando que su Palabra ilumine ese don maravilloso que es la inteligencia.
Hemos mencionado el temor más grande que tiene cada tipo de carácter. La persona que lleva una máscara determinada, no se da cuenta de su temor: temor a ser rechazado, temor a ser abandonado, temor a ser humillado, temor a ser traicionado, temor a ser tratado injustamente, pero quienes le rodean, ven fácilmente lo que esa persona quiere evitar a toda costa.

Veamos pues estos temores: El pánico es el temor más grande del huidizo: no se da cuenta de él porque se esconde psicológicamente, antes de sentirlo y con frecuencia lo hace en situaciones en que podría sentirlo porque su mirada interior, lo traiciona la mayor parte del tiempo. Quienes le rodean sí se dan cuenta de su pánico. / La soledad, es el temor más grande del dependiente. No lo ve porque se las ingenia para no estar casi nunca solo. Cuando lo está, se hace creer a sí mismo, que se encuentra bien, sin darse cuenta de que busca desesperadamente ocupaciones para pasar el tiempo sin sentirlo. Ante la ausencia de alguna presencia física, el televisor o el teléfono le sirven de compañía, por eso hay personas que al momento en que despiertan o en el momento que llegan a casa, encienden el televisor o buscan el teléfono o el internet para hablar con alguien. A las demás personas les es más fácil ver y sobre todo sentir, este gran temor que tiene a la soledad. Sus ojos tristes también lo traicionan.


La libertad es el temor más grande del masoquista. No se cree ni se siente libre a causa de las numerosas limitaciones y obligaciones que se impone. Sin embargo, sus conocidos lo consideran muy libre, ya que por lo general, encuentra los medios y el tiempo para hacer lo que decide hacer, sin esperar a que los demás decidan por él. Aún cuando lo que decida le impida ser libre, los demás pensarán que si quisiera, tendría la plena libertad de decidir lo contrario. Una persona humillada generalmente es servil, se tiende a los pies de los demás. Sus ojos grandes y abiertos nos muestran su gran interés en todo, así como su deseo de vivir muchas experiencias en las que se sienta aceptado.


El hecho de separar es decir de disociar y la negación, son los temores más grandes del controlador. No se da cuenta hasta qué grado crea situaciones de conflicto o problemas para dejar de hablar con alguien. Aunque atrae las separaciones o situaciones en que rechaza a otros, por miedo a que le traicionen abandonándole, no se da cuenta que las teme. Por el contrario, cree que estas separaciones o decir “no”, o negativas, son lo mejor para él, pues piensa que así no fracasará porque toma el control previniendo y adelantándose a decir “no”. El hecho de que sea muy sociable y tenga facilidad para conocer gente, le impide darse cuenta del número de personas que ha hecho a un lado en su vida. Quienes lo rodean se dan cuenta de esto fácilmente. Sus ojos lo traicionan, pues cuando estalla en cólera, se endurecen y pueden incluso atemorizar a los demás al punto de distanciarlos.


La frialdad es el temor más grande del rígido. Le es difícil reconocer esta frialdad, pues se considera una persona cálida que hace lo posible para que todo resulte justo y armonioso a su alrededor. Es fiel a sus amigos, sin embargo, los demás perciben esta frialdad en él, no sólo en sus ojos, sino en su actitud seca y tensa, sobre todo cuando siente que se le acusa injustamente.


ETAPAS PARA SANAR LAS HERIDAS


La primera etapa para sanar una herida está en reconocerla y aceptarla, sin estar necesariamente de acuerdo con el hecho de que existe.
Aceptar es mirarla, observar detenidamente y saber que tener situaciones qué solucionar, forma parte de la experiencia del ser humano. En todo el planeta, no existe un ser humano que no haya sido herido. ¿Sabes?, no eres mala persona sólo porque algo te lastime. El hecho de que hayas sido hasta ahora capaz de crearte una máscara para no sufrir, ha sido un acto heroico, un acto de amor contigo mismo, porque esta máscara te ha ayudado a sobrevivir y a adaptarte al medio ambiente familiar y social en el que vives.


Escucha esto: Tú y yo, somos atraídos a personas que tienen la misma herida que nosotros y es que en un principio nos agradó el hecho de que los demás fueran como nosotros. No logramos hallar algo mejor. Después de algún tiempo, comenzamos a encontrar defectos en los demás, a no aceptarlos como son e intentamos cambiarlos sin darnos cuenta que lo que no aceptábamos en los demás, eran los aspectos que precisamente, teníamos nosotros mismos y que no deseábamos ver por temor a tener que cambiar. Creíamos que debíamos cambiar, cuando en realidad lo que necesitamos es curarnos, por eso es tan beneficioso conocer nuestras heridas, ya que esto nos permitirá juntamente con la gracia, es decir, con el amor gratuito, misericordioso e incondicional del Señor Dios, sanarlas, antes que querer exigirnos ser perfectos y amorosos y exigir esto mismo, a los demás.


Cada una de estas heridas de rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia, es resultado de la acumulación de experiencias a través de toda tu vida, de ahí que es difícil enfrentarlas de una vez por todas y al mismo tiempo. No basta con decir “Quiero sanar” pero… tu voluntad puesta en ello y la decisión de salir adelante, de sobreponerte a tus heridas, son el primer paso hacia la dulzura, hacia la compasión es decir son el primer paso a entrar en la dinámica de ese amor incondicional, de la paciencia y la tolerancia contigo mismo, contigo misma y luego, con los demás.


Estas cualidades, estos dones, que desarrollarás al mismo tiempo contigo mismo, contigo misma y con los demás, son la “medicina”, así entre comillas, que te da este proceso de curación, proceso por cierto, divino y humano. Estamos seguros de que al escuchar los temas anteriores, has ido descubriendo las heridas de tus seres queridos también, lo que sin duda te ha ayudado a comprender mejor sus comportamientos y en consecuencia a ser más tolerante con ellos. Te recordamos que quizá vivas una experiencia de rechazo por ejemplo y te sientas traicionado, abandonado o humillado o la consideres una injusticia. Cuando alguien sea injusto contigo, quizá traiga en ti sentimientos de rechazo, humillación, traición o abandono. No es la experiencia lo que importa, sino lo que sientes ante esta experiencia. Repetimos: No es la experiencia lo que importa sino lo que sientes ante esta experiencia.


Por eso, es importante que reconozcas mejor tus heridas, que veas la descripción de las características del cuerpo físico en lugar de mencionar las características del comportamiento. El cuerpo no miente jamás, sino que refleja lo que sucede en los planos emocional y mental. Las personas que recurren a una cirugía estética –como dijimos alguna vez- se engañan a sí mismas porque no por dejar de ver las características de la herida en el cuerpo, habrá necesariamente sanado interiormente. Muchas personas que recurrieron a la cirugía plástica, han manifestado su decepción cuando vieron aparecer de nuevo, después de dos o tres años, lo que inicialmente desearon quitar u ocultar.


Un joven platicó sobre sus numerosos rechazos, sin embargo, su cuerpo físico mostraba más bien la herida de la injusticia. El chico, tras haberle preguntado si estaba seguro de que padeció rechazo y no injusticia, y luego de haberlo reflexionado, a la semana siguiente comunicó que había esclarecido las cosas a fondo y que había caído en la cuenta de su herida de injusticia. Esto no es sorprendente, porque sencillamente el amor propio herido o que también llamamos ego, hace todo lo posible para que no veamos nuestras heridas. Está convencido de que al hacerlo, no sabremos curar el dolor que se relaciona con ellas. Nosotros mismos, somos quienes nos hemos convencido de crear estas máscaras, con la finalidad de evitar ese sufrimiento. El ego o amor propio herido, cree seguir el camino más fácil, pero en realidad nos complica la vida. Quizá parezca difícil que la inteligencia dirija nuestra vida, pues hacerlo exige esfuerzo, sin embargo, la verdad es que la inteligencia simplifica enormemente nuestra vida, para eso nos la dio el Señor Dios quien es la Suma Inteligencia.
¿Sabes?, mientras más tiempo esperes para curar tus heridas, más se agravarán.

Cada vez que vives una situación que despierta y toca una herida, no añadas una capa más de olvido o rechazo ante esa situación diciendo que no pasa nada, porque es como una llaga que se agranda. Mientras más empeore, más temerás que la toquen y así se vuelve un círculo vicioso que a la larga se convierte en esa obsesión en la que todo el mundo existe para hacerte sufrir. Por ejemplo, la persona que es muy rígida, verá injusticia en todas partes y se transformará en una perfeccionista excesiva. La persona muy huidiza, se sentirá rechazada por todos y vivirá convencida de que nadie la puede amar etc. La ventaja de reconocer tu herida o heridas, es que finalmente emprendas, comiences el camino correcto. Antes, sin conocer todo esto, actuabas como la persona que va al médico para curar su hígado, cuando lo que padece son problemas del corazón. Esta situación puede durar muchos años, como la del joven que intentaba encontrar una solución al rechazo que creía sentir, sin que nada se solucionara. Después de haber tocado lo que realmente le lastimaba, estuvo en condiciones de solucionar su problema y de activar la curación de la herida. Recuerda que en este caminar de la sanación interior, no estás solo, sola, no, JESUS TU SEÑOR, ESTÁ CONTIGO.


Necesitamos señalar que hay una diferencia entre llevar la máscara de dependiente y sufrir una dependencia afectiva. No sólo las personas que tienen la herida de abandono y por consiguiente la máscara de dependiente, sufren de carencia afectiva. Cualquier persona sin importar la herida que sufre, puede ser dependiente en el plano afectivo. ¿Por qué?, porque nos volvemos dependientes afectivos cuando sufrimos de carencia afectiva y sufrimos de de carencia afectiva cuando no nos amamos lo suficiente, por eso buscamos el amor de otros y otras, para poder convencernos de que somos seres humanos, que podemos ser amados.


Cada máscara existe precisamente para indicarnos que nos impedimos ser nosotros mismos, porque no nos amamos lo suficiente y porque no nos creemos merecedores de amor. Mira que todos tus comportamientos relacionados con cada una de las máscaras, son reacciones y no comportamientos basados en el amor a ti mismo, y hablar de amor a uno mismo no es lo mismo que invitarte a ser egoísta, no, sino invitarte a ser como Jesús, a amarte como Él te ama.
Vamos a hablar un poco sobre el progenitor con el que generalmente se vive cada una de las heridas para poder sanarlas. Pon mucha atención. El rechazo, se vive con el progenitor del mismo sexo. El huidizo se siente rechazado por la persona de su mismo sexo. Lo acusa de rechazarlo y siente más ira hacia éste que hacia sí mismo. Sin embargo, cuando vive una situación de rechazo, con una persona del sexo opuesto, se rechaza a sí mismo, lo que le induce a sentir aún más ira consigo mismo. Es muy posible también, que crea sufrir rechazo en ciertas experiencias –con personas del sexo opuesto-, cuando en realidad se trata de abandono.


El abandono se vive con el progenitor del mismo sexo. El dependiente se siente fácilmente abandonado por las personas del sexo opuesto, lo que le induce a acusarlas más que acusarse a sí mismo. Cuando sufre una experiencia de abandono por no haber prestado la suficiente atención al otro, o por no haber sabido cómo prestar atención adecuada. Lo que con frecuencia percibe como una situación de abandono con las personas de su mismo sexo, en realidad es rechazo.


La humillación por lo general se vive con la madre, sea hombre o mujer quien la vive. El masoquista se siente humillado fácilmente con las personas del sexo femenino, además de que tiende a acusarlas. Si tiene una experiencia de humillación con alguien del sexo masculino, se acusa a sí mismo y se avergüenza de sus comportamientos o pensamientos ante el otro. Esta herida puede vivirse excepcionalmente con el padre si fue éste quien se ocupó de las necesidades físicas del niño, le enseñó a comportarse, a comer, a vestirse etc. Si éste es tu caso, debes invertir femenino por masculino en lo que acabas de escuchar.
La traición se vive con el progenitor del sexo opuesto. El controlador se siente fácilmente traicionado por las personas del sexo opuesto y tiende a acusarlas por el dolor o las emociones que siente.


Cuando vive una experiencia de traición con alguien del mismo sexo, se acusa a sí mismo y se reprocha no haber estado atento, ante esta experiencia con el objeto de evitarla. (Si es por ejemplo el caso de un abuso sexual de un pequeño de 3 ó 4 años o aún más, de un bebé de meses, como es lógico no se puede pensar que estuviera atento, pero sí reprochará cuando sea un joven adulto, al progenitor que no causó la herida, el no haberlo defendido ante esto –aunque este progenitor, estuviera sin saberlo nunca-). Es muy probable que lo que considera como traición por parte de las personas de su mismo sexo, aunque sea en realidad una experiencia que activa su herida de injusticia.


La injusticia se vive con el progenitor del mismo sexo. El rígido sufre la injusticia con las personas de su mismo sexo y las acusa de ser injustas con él. Si enfrenta una situación que considera injusta con alguien del sexo opuesto, no lo acusará sino que se acusará a sí mismo de ser injusto o incorrecto. Existen muchas posibilidades de que esta experiencia de injusticia con las personas del sexo opuesto, sea más bien de traición. Si sufre mucho, puede incluso sentir ira mortal.


Hoy ya eres consciente de la necesidad que tienes de perdonar y de liberar a tu corazón para que cada vez más seas un ser humano abierto al amor, a la dulzura, a la misericordia, al amor, al diálogo, pero mientras una persona, no tiene conciencia de esto, y mientras más se agrandan las heridas, más normal y humano son los reproches que ha sentido o siente hacia el progenitor que cree responsable de haberle hecho sufrir. Es normal por ejemplo, que un joven sienta odio hacia su padre porque siempre lo ha hecho sentirse rechazado y que con el tiempo transfiera este odio a los hombres o a su hijo, quien se sentirá igualmente rechazado. Hay personas que transfieren este odio hacia el padre, a un animalito del mismo sexo y eso, como sabemos, no es justo, ni tampoco, normal. Esto nos indica que la persona está enferma, que sufre y que necesita ayuda.


Reprochamos inconscientemente a este progenitor por tener la misma herida que nosotros y se transforma en un modelo a nuestros ojos que nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. Nuestra preferencia también inconsciente, será tener otro modelo, lo que obedece al rechazo por asemejarnos a él, ya que nos desagrada lo que vemos reflejado en ese progenitor. Las heridas no pueden sanarse más que con un perdón verdadero a nosotros mismos, a nuestros padres y a Dios por creer que él lo ha querido, pero ya hemos visto en otros temas y no nos cansamos de decirte –a ti que escuchas- que el Señor Dios, el Padre, ha respetado la libertad de quienes nos hirieron como también ha respetado tu libertad y Él, nunca ha querido el mal para nadie, simplemente lo ha permitido que es diferente.


No importa cuál de las cinco heridas vivamos con las personas del sexo opuesto o con el progenitor que consideramos responsable de ella, pues nosotros mismos nos reprochamos. Es por eso que tendemos a castigarnos mediante un accidente indirecto o con algo que física o interiormente, nos hace daño.
El ser humano cree que el castigo es un medio para expiar su culpabilidad, pero en realidad, la ley espiritual del amor, afirma todo lo contrario. Mientras más te creas culpable y más te castigues, con mayor frecuencia atraerás el mismo tipo de situaciones. Esto significa que mientras más te acuses, más volverás a enfrentar los mismos problemas, por tanto, sentirte culpable dificultará que perdones y ya sabes que el perdón es la medicina más importante en el proceso de la curación.


Además de culpabilidad, con frecuencia sientes vergüenza cuando te acusas de haber herido a alguien o cuando alguien te acusa de haberle hecho sufrir. Si todo mundo sentimos vergüenza en uno u otro momento, ésta culpabilidad es mucho más intensa cuando no aceptamos que hemos hecho o hacemos padecer a otros la misma experiencia que no queremos que nos haga sufrir. Cuando se cometen abusos graves, que en ocasiones llegan a la violencia, significa que las personas causantes tienen heridas que les dañan a tal grado que han perdido el control, por eso no podemos decir que existen seres humanos malos, por muy descabellado que te parezca esto. Existen seres humanos heridos y enfermos psicológicamente . No hay personas malvadas en este mundo, sino sólo personas que sufren. Y no se trata de justificarlas sino de aprender a tenerles verdadero amor es decir compasión y compasión no quiere decir darles una palmadita en el hombro y exclamar “pobrecillo, pobrecilla”, no. Compasión es ese don hermoso de ponerse en los zapatos del otro, también llamada empatía. Es ese amor misericordioso que comprende perfectamente el por qué de las reacciones porque sabe que en el fondo de ellas hay una gran herida.


Condenar a una persona o acusarla no le ayudará, pero podemos ser compasivos aún sin estar de acuerdo con su conducta. Esta es una de las ventajas que obtendrás al darte cuenta de tus propias heridas y de las de los demás. Es raro que una persona no tenga ninguna herida. Una persona que tiene dos heridas importantes como la de la injusticia y la de la traición, vivirá la injusticia con las personas de su mismo sexo y la de la traición con las del sexo opuesto. La injusticia se vive con el progenitor del mismo sexo, y cuando siente esa emoción con una persona del sexo femenino, la acusa de ser injusta, mientras que cuando la injusticia proviene del sexo masculino, se considera injustamente tratada y se encoleriza consigo misma. En ocasiones se avergonzará y algunas veces siente esta injusticia con los varones, como una traición. Es posible pues, ver la máscara de controlador y de rígido en el cuerpo de quienes sufren las dos heridas de injusticia y de traición.


Hay personas que tienen las heridas de rechazo y abandono al mismo tiempo, por lo que llevan las máscaras de huidizo y de dependiente. En ocasiones, la parte superior del cuerpo, refleja una herida, en tanto que la porción inferior del cuerpo refleja la otra. En algunas personas, la diferencia se presenta del lado derecho y del izquierdo. Con el tiempo y la práctica es cada vez más fácil identificar las máscaras con una sola mirada. Si confiamos en nuestra intención, de ser comprensivos, dulces y misericordiosos con nosotros mismos y con los demás, podrás verlas rápidamente.


Cuando el cuerpo de una persona corresponde a la máscara de controlador, pero su cuerpo es más bien flácido o sus ojos son de dependiente, puede deducirse que tiene tanto la herida de traición como la de abandono. Por supuesto que también puede haber otras combinaciones. Alguien más puede tener el cuerpo grande del masoquista y ser al mismo tiempo muy rígido. Con ello sabremos que sufre las heridas de humillación e injusticia. Las personas que tienen un cuerpo muy voluminoso, de masoquista, con las piernas cortas y los talones pequeños del huidizo, manifiestan humillación y rechazo. También es posible tener tres, cuatro o incluso las cinco heridas. Algunas veces predomina alguna de ellas, mientras que las demás son menos evidentes o todas pueden ser de poca importancia.


Cuando una máscara predomina, significa que la persona la utiliza con más frecuencia que las otras para protegerse. Si la máscara ocupa muy poco lugar en el cuerpo de la persona, es porque ésta no suele sentir la herida que se relaciona con esa máscara. El que una máscara sea dominante, no significa que exprese la herida más importante que debe sanarse.


¿Sabes?, intentamos ocultar la herida que nos hace sufrir más. Desarrollamos las máscaras de rígido por la herida de injusticia y la de controlador por la herida de traición que son de control y de fuerza, con el objeto de ocultar la herida de rechazo, abandono y humillación. Esta fuerza sirve para ocultar lo que nos hace más daño y explica por qué es frecuente ver que una de estas tres heridas aparece con la edad, debido a que el control tiene sus límites. Gracias a su capacidad de control, la máscara de rígido es la que tiene mayores posibilidades de ocultar otra herida. La persona masoquista y rígida por ejemplo, puede llegar a controlar su peso durante cierto tiempo, pero cuando pierde el control, engorda.


Si sufrimos los seres humanos, es porque no estamos dispuestos a querer vernos interiormente y nos es muy difícil aceptar la idea de que el Señor Dios nos ha dado una gran inteligencia para ser felices y para nosotros ser feliz será siempre, sufrir menos. Y es porque no deseamos, admitir que por ejemplo, el cuerpo también toma parte en este avisarnos que hay algo en lo que necesitamos poner atención para sanarlo. Si tan sólo nos diéramos cuenta de que cuando el cuerpo nos avisa que necesitamos poner toda nuestra atención, cuando experimentamos algún dolor o enfermedad, muy posiblemente sea porque necesitamos mirar hacia uno de nuestros comportamientos interiores……
Pero no, algunos de nosotros, preferimos continuar en el temor de descubrir nuestras heridas, llevando las máscaras que hemos creado para ocultarlas, creyendo que así seremos felices y que incluso hasta sanaremos…..
Oh ser humano, cuándo querrás acercarte a tu Creador para dejar que Él te ilumine?


Recuerda pues, que sólo llevas tus máscaras cuando temes sufrir y revivir la herida que supuestamente protege la máscara. Cuando inconscientemente te la pones, automáticamente dejas de ser tú mismo, tú misma y manifiestas comportamientos relacionados con la máscara que llevas. Lo ideal sería poder reconocer rápidamente la máscara que te has colocado a fin de identificar la herida que intentas ocultar sin juzgarte ni criticarte. Es posible cambiar una o varias máscaras, varias veces al día o utilizar la misma durante varios meses o años, antes de que salga a la superficie la reacción correspondiente a esta. En el momento en que te des cuenta de esto, ¡alégrate! De haberlo hecho y agradéceselo a la persona que tocó tu herida, ya que permitió descubrir lo que no ha sanado en ti. Por lo menos habrás adquirido conciencia de ello y te concederás el derecho a aceptarte. Es ante todo importante darte el derecho a tomar el tiempo necesario para sanar.
Cuando puedas decirte con frecuencia: “Bueno, me he puesto la máscara” y “Es por esta razón que he reaccionado de tal forma”, tu curación habrá avanzado, tu curación profunda está ya más cerca.

 

MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS


En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud orante, cerrando tus ojos y respirando suave, profundo y lento, ábrete en fe adula a tu Señor y Dios que te dice “Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”. Tu crees que Yo puedo sanarte?....¿Crees que dentro de ti he puesto todas las herramientas necesarias y todos los dones para que seas un ser humano inteligente, que viva con sabor es decir con sabiduría la vida? En verdad, ¿lo crees?
Y tú que escuchas, sabiendo que el Señor Jesús te habla desde lo profundo de tu ser, simplemente, deja que sus palabras resuenen en tu corazón. Deja que remuevan todo tu ser. Deja que inunden tu subconsciente. Y simplemente, déjate invadir de su Presencia amorosa, de su Presencia sanadora y libertadora….Simplemente, déjate amar por Dios. Simplemente, ama y escucha ama y contempla desde el amor lo que una vez más te dice: “Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”.
“Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”.
“Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”.

 

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CONTINUACIÓN DE LA CURACIÓN DE LAS HERIDAS Y TRANSFORMACIÓN DE LAS MÁSCARAS

 


Ahora diremos cómo saber cuándo te pones la máscara para protegerte o cuándo alguien más se la pone. Escucha.
Cuando se activa tu herida de rechazo, te colocas la máscara de huidizo, que te invita a desear huir de la situación o de la persona que crees que es la causa del rechazo, por temor a sentir pánico o sentirte impotente. Esta máscara también puede convencerte de que seas lo más invisible posible, te repliegues en tu interior y no digas o hagas algo que provoque que el otro te rechace aún más. Esta máscara te hace creer que no eres lo suficientemente importante para ocupar el lugar que te corresponde, que no tienes el derecho a existir tanto como los demás; esto hace que te experimentes como si no valieras nada, y por eso te deprimes.


Cuando se activa tu herida de abandono, te colocas la máscara de dependiente, que te hace ser como el niño pequeño que tiene necesidad de atención y la busca llorando, quejándose o siendo sumiso ante lo que sucede, porque no cree poder lograrlo solo. Esta máscara te hace realizar acciones para evitar que te dejen o para recibir más atención. Puede incluso convencerte de que te enfermes o seas víctima para obtener el apoyo o ayuda que buscas.
Cuando la herida de humillación se activa, te colocas la máscara de masoquista, que te hace olvidar tus necesidades para no pensar sino en las de los demás y transformarte en una buena persona, generosa, siempre dispuesta a prestar sus servicios, incluso más allá de tus límites. También te las ingenias para cargar sobre tu espalda las responsabilidades y compromisos de quienes parecen tener dificultades para realizar lo que deben aún antes de que te lo pidan. Haces todo lo posible por ser útil, sobre todo para no sentirte humillado ni rebajado. También te las arreglas para no ser libre interiormente, aún cuando eso es tan importante para ti. Cada vez que tus actos o tu manera de proceder son motivados por el temor a sentir vergüenza o humillación, indica que llevas puesta tu máscara de masoquista.


Cuando vives la herida de traición, te colocas la máscara de controlador que te vuelve desconfiado, escéptico, defensivo, autoritario e intolerante a causa de lo que crees que debe ser y no es. Haces todo lo posible por demostrar que eres una persona fuerte y que no te dejas llevar o manejar fácilmente; sobre todo intentas mostrar que no permites que los demás decidan por ti. Esta máscara te obliga a hacer todo lo posible para evitar perder tu reputación al grado de mentir. Olvidas tus necesidades y echas mano de lo necesario para que los otros piensen que eres una persona fiable, en la que pueden depositar su confianza. Esta máscara también te hace que te veas aparentemente como una persona segura de sí misma, incluso cuando no tienes confianza en ti mismo y dudas de tus decisiones o tus actos.

Cuando se activa la herida de injusticia, te colocas la máscara de rígido que hace de ti una persona fría, brusca y seca que se refleja en tu musculatura y en tus movimientos. Al igual que tu actitud, tu cuerpo también se vuelve rígido. Esta máscara te hace ser asimismo muy perfeccionista y vivir sentimientos de ira, impaciencia, crítica e intolerancia contigo mismo, contigo misma. Eres muy exigente y no respetas tus límites. Cada vez que te controlas, que te reprimes y eres duro contigo mismo, contigo misma, significa que te has colocado tu máscara de rígido.


Es importante que sepas que te pones una máscara no sólo en cada ocasión que temes sentir la herida con alguien más sino también cuando temes darte cuenta de que tu mismo, tu misma haces a otros vivir determinada herida con el objeto de ser amado, amada o por temor a perder el amor de los demás. Por eso, adoptas un comportamiento que no corresponde a lo que eres y te transformas en alguien más. ¿Sabes?. Lo que eres y lo que haces, el amor de Dios en tu corazón, su Presencia Salvadora y Transformadora, habrá de ser la fuente de tu bienestar y no los halagos, la gratitud, el reconocimiento o el apoyo que provenga de los demás, porque recuerda que ellos y ellas también están heridos. No olvides pues hasta qué punto tu amor propio herido también llamado ego, te puede jugar una mala pasada para que no tomes conciencia de tus heridas. Nuestro amor propio o ego, está convencido de que si nos damos cuenta de ellas –de las heridas- y las eliminamos, quedaremos desprotegidos y eso nos hará sufrir, pero no le creas. Deja que a tu amor propio lo transforme la gracia del Señor Dios, en amor verdadero,. Entonces, no sufrirás a causa de las heridas de los demás, al contrario, serás libre, serás maduro, madura, serás como Jesús.


Escucha las formas en que cada tipo de carácter deja que su ego le haga jugarretas:
El huidizo se convence de que se ocupa bien de si mismo y de los otros para no sentir los diferentes tipos de rechazo que experimenta. El dependiente gusta de hacerse el independiente y decir, a quien quiera escucharlo, hasta qué punto se siente bien solo y no necesita de nadie. El masoquista se convence de que todo lo que hace por los demás le da a cambio un enorme placer y que cuando lo hace, atiende a sus necesidades. Es muy bueno para decir, así como pensar, que todo marcha bien y para encontrar justificaciones para las situaciones o las personas que lo humillan. El controlador está convencido de que nunca miente, de que siempre cumple su palabra y de que no teme a nadie. El rígido gusta decir a todos cuán justo es, y que no tiene problemas en la vida. Además, prefiere creer que tiene muchos amigos que lo quieren como es. Déjanos decirte que habremos de sanar las heridas interiores al igual que buscamos hacerlo con las heridas físicas.


¿Alguna vez te has sentido tan impaciente por hacer desaparecer un grano o barro en tu rostro que lo exprimiste sin cesar? ¿Qué sucedió?. Es probable que el grano haya persistido mucho tiempo y hasta cicatriz te haya quedado para siempre, ¿no es así?. Pues, esto es lo que sucede cuando no confiamos en el poder sanador que ha depositado en nuestro interior el Señor Dios, cuando no confío, cuando no confías en su inmenso amor por ti y por cada uno de los seres humanos: es decir, las heridas persisten, te han dejado cicatrices por no creer en el poder sanador del amor, por no creer en el poder liberador del perdón.


Para que puedas superar cualquier problema o herida, , será necesario primero aceptar y brindar amor incondicional en lugar de desear que desaparezca tu dolor. Tus heridas profundas también tienen necesidad de que las reconozcas, las ames y las aceptes. Amar incondicionalmente es aceptar, incluso si no estás de acuerdo ni comprendes el motivo de ciertas situaciones.


Amar una herida o amar los granos o espinillas de tu rostro, significa aceptar que los creaste por una razón específica y sobre todo, con la finalidad de ayudarte. En lugar de querer hacer desaparecer tus granos, debes utilizarlos para adquirir conciencia de un aspecto de ti que no deseas ver. ¿Sabes?, estos granos intentan atraer tu atención para que te des cuenta –entre otras cosas- de que en este momento tal vez temas dar la cara a una situación cualquiera y que este temor te impide ser tú mismo.


Al tomar esta nueva actitud, ya no verás el grano de la misma forma. Incluso, se lo agradecerás. Si decides vivir esta experiencia y adoptar este tipo de actitud mental, sin duda los granos desaparecerán mucho más rápidamente, ya que habrán sido reconocidos, amados por su utilidad. Sí, acepta el hecho sobre todo de que lo que temes o reprochas a los demás, lo haces tu mismo a los otros y principalmente, a ti mismo. Pondremos algunos ejemplos para que te des cuenta hasta qué punto en ocasiones puedes dañarte a ti mismo, a ti misma….Quien sufre de rechazo, alimente su herida cada vez que se considera que el que le rechazó tiene razón, que es porque en realidad no vale nada, y comienza a experimentarse una nulidad, bueno para nada, incapaz de marcar alguna diferencia en la vida de los demás y lo hace también cada vez que huye de una situación.


Quien sufre de abandono alimenta su herida cada vez que abandona un proyecto en el que tenía mucho interés, cada vez que se deja caer, que no se ocupa lo suficientemente de sí mismo y que no se presta la atención que necesita, que no se disfruta a sí mismo ni valora su riqueza interior. A toda costa desea ser aceptado que reclama la atención de los otros para sí y esto causa –por el excesivo apego- fastidio en los otros, pero como el dependiente lo presiente, se las ingenia para retirarse antes de que le abandonen y prefiere estar de nuevo solo. Hace sufrir mucho a su cuerpo por tanta tensión y estado de ánimo inestable y así, se crea enfermedades para atraer la atención.


Quien sufre de humillación alimenta su herida cada vez que se rebaja, que se compara con otros, minimizándose, y se acusa de estar gordo, de no ser bueno, de no tener voluntad, de aprovecharse de algo etc. Se humilla vistiendo ropas que no le favorecen y que ensucia. Hace sufrir a su cuerpo dándole demasiados alimentos qué digerir y asimilar. Sufre al asumir las responsabilidades de los demás, lo cual le priva de libertad y de tiempo para sí mismo.
Quien sufre de traición, alimenta su herida mintiéndose, convenciéndose de creer lo que es falso y no cumpliendo los compromisos que tiene consigo mismo. Se castiga al hacer todo por sí mismo porque no confía en los demás y no pone en manos de otros nada. Si pone en manos de otros algo, se ocupa tanto en asegurarse de que los demás hagan lo que espera de ellos, que se priva de pasarla bien consigo mismo.


Quien sufre de injusticia, alimenta su herida siendo muy exigente consigo mismo. No respeta sus límites asumiendo que como ser humano tiene limitaciones y puede equivocarse. Es injusto consigo mismo, pues se critica y no logra ver sus cualidades y lo que hace bien. Sufre cuando sólo ve lo que no ha hecho, o los errores que ha cometido. Se provoca sufrimiento por su propia dificultad para brindarse bienestar. Es pues, fundamental aceptar las máscaras que has permitido en tu vida y que tu amor propio o ego ha creado, para ocultar tus heridas y evitarte más sufrimiento. Amar y aceptar una herida significa reconocerla. Agradécete por haber tenido el valor de crear y conservar una máscara que te ha ayudado a sobrevivir, sin embargo, esa máscara hoy te perjudica más que ayudarte. Ya no la necesitas más, sobre todo, porque ahora conocer lo valioso, lo valiosa que eres sencillamente porque eres obra maestra del Amor del Señor Dios. Eres sencillamente, su imagen.


Ha llegado el momento de que decidas que puedes vivir aún si te sientes herido. Ya no eres ese niño pequeño esa niña pequeña que no podía curar su herida. Ahora eres adulto con experiencia y madurez, con una perspectiva diferente de la vida y con la intención de amarte cada vez más y más, para poder amar realmente a los demás y al Señor Dios quien –por cierto-, te ha amado primero.


Cuando creamos una herida, pasamos por cuatro etapas. En la primera somos nosotros mismos. En la segunda, sentimos dolor y descubrimos que ya no podemos ser nosotros mismos, porque no conviene a los adultos que nos rodean. Por desgracia, los adultos no se dan cuenta de que el niño intenta descubrir quién es, y en lugar de dejarlo ser él mismo, se dedican a decirle quién debe ser. La tercera etapa es la de rebelión ante el dolor que se vive. Es el momento en que el niño comienza a entrar en crisis y a oponerse a sus padres. La última etapa, la de resignación (que inconscientemente nos repite “Ni modo…ni modo…aguántate”), comienza cuando decidimos crearnos una máscara con la intención de no decepcionar a los otros y sobre todo, para no revivir el sufrimiento de no ser aceptados cuando somos nosotros mismos. ¿Sabes?, la curación interior habrá llegado al máximo, cuando puedas invertir las cuatro etapas y comiences por la última para regresar a la primera en la que volverás a ser tu mismo, pero ya nunca más resignándote sino aceptando libre , voluntariamente, con sabiduría y paz, que los seres humanos somos limitados y que sólo quien se atreve a romper la cadena del desamor, comienza a ser verdaderamente libre, auténtico, maduro, feliz y contribuye con su granito de arena para que esta humanidad sea realmente como lo quiso su Creador: hermosa, unida, plena, feliz en Él.


En este proceso, la primera etapa consiste en adquirir conciencia de la máscara que llevas. Lo lograrás, gracias a que repetirás una y otra vez, asimilando cada vez mejor, los mensajes contenidos en los cassettes anteriores, que te describen cada una de las heridas. La segunda etapa la experimentarás, cuando sientas rebeldía cuando al escuchar sobre las heridas, te resistas a aceptar tu responsabilidad a ser libre y prefieras acusar a los demás de tu sufrimiento. Habrás de decirte que: es normal que todo ser humano se resista cuando descubre aspectos de sí mismo que no le agradan. Esta etapa es diferente para cada persona. La intensidad del deseo de rebelarte, depende de tu grado de aceptación, de tu grado de apertura y de la profundidad de tu herida en el momento en que te des cuenta de lo que sucede en ti.


En la tercera etapa, te das el derecho a haber sufrido y a reprochar por ello a uno de tus padres o a ambos es decir, a los dos. Al percibir el sufrimiento que el niño, la niña vivió en ti, serás además más compasivo, más dulce con ese progenitor y esta etapa a la vez será más profunda. También será posible que aceptes a tus padres y a tenerles amor inmenso por lo que han sufrido. Por último, en la cuarta etapa, volverás a ser tu mismo y dejarás de creer que necesitas llevar tus máscaras para protegerte. Acepta que la vida está llena de experiencias que sirven para enseñarte lo que es benéfico e inteligente para ti. Esto es lo que se llama amor a uno mismo. El amor tiene un enorme poder de curación y de infundir energía, luz, alegría verdadera, realización, plenitud, paz, así que, prepárate para ver más transformaciones en tu vida tanto en las relaciones con otros, como en tu aspecto físico: en otras palabras, podrás notar curación o cambios no sólo en tu psicología, en tu alma, sino también en tu cuerpo físico.


Amarte significará pues darte el derecho a ser tal como eres ahora. Amarte significará aceptarte aún si haces a los demás lo mismo que les reprochas cuando aún no has sanado las heridas. El amor no tiene nada que ver con lo que haces o con lo que posees, porque el amor verdadero es la experiencia de ser tu mismo en Dios. En este proceso de sanación interior, no te reproches nada. Durante un año, piensa cada día solamente en el hoy, diariamente, procurarás permanecer en el amor y en la conciencia de todos tus actos, de todas tus palabras, de todos tus pensamientos, y pregúntate cuál máscara pudo más para hacerte reaccionar durante cierta situación o para dictar tu conducta ante otros o ante ti mismo. En un momento en el día anota tus observaciones sin olvidar sobre todo cómo te sentiste en los momentos en que posiblemente se abrió alguna herida identificándola con su nombre, pero más que el nombre de la herida, describe lo que sentiste.


Para terminar, perdónate siempre, concediéndote el derecho de haber utilizado esa máscara de huidizo, de dependiente, de masoquista, de controlador, de rígido, sabiendo que hasta ahora creías sinceramente que era el único medio para protegerte. Recuerda que sentirte culpable y acusarte es el mejor medio que utiliza tu máscara para continuar haciéndote reaccionar de la misma forma cuando se suscite nuevamente una situación similar, así que ya no te dejes manipular. Te repetimos: Recuerda que sentirte culpable y acusarte es el mejor medio que utiliza tu máscara para continuar haciéndote reaccionar de la misma forma cuando se suscite nuevamente una situación similar, así que ya no te dejes manipular.


Nunca te diremos que eres un imposible ni tu mismo/a te creas un imposible. Lo que si decimos es que la transformación no es posible sin la aceptación. Pero, ¿cómo puedes saber si vives completamente esta aceptación?. Cuando sepas que tu comportamiento que ha afectado a alguien más o a ti mismo, forma parte del ser humano y cuando aceptes asumir las consecuencias cualesquiera que estas sean. Esta noción de responsabilidad es básica para que puedas aceptarte verdaderamente. Ser, ser humano significa que no puedes agradar a todos, que no eres, un alkaseltzer o aspirina para caerles bien a todos y que tienes el derecho a tener ciertas reacciones, también humanas, que pueden desagradar a otros, pero has esto sin juzgarte ni criticarte. Simplemente reflexiona y escoge lo positivo, lo inteligente escoge, las actitudes de Jesús, tu Señor, tu Salvador, Tu Rey, tu Amado, tu mejor Amigo.


La aceptación el perdón, la compasión, la dulzura, la misericordia, la sabiduría, el actuar con inteligencia, serán pues los elementos que desencadenarán y pondrán en marcha tu curación. Habla con tus padres –si estos viven- y si no, hazlo en tu corazón, pero habla con ellos sin temor a ser acusado, acusada, y ellos a la vez al no sentirse juzgados se descubrirán más. Cuando hables con ellos, los ayudarás a realizar también su proceso de perdón con sus propios padres, lo cual les permitirá darse el derecho a ser humanos, a tener las heridas que los hacen actuar y a mostrar comportamientos que quizá sean contrarios, a los que les gustaría tener.


Cuando hables con el progenitor con el que has vivido una herida, te sugerimos que le preguntes si ha vivido la misma herida contigo. Si por ejemplo, eres mujer y dices a tu madre que te has sentido rechazada por ella desde la adolescencia, pregúntale si ella alguna vez también se sintió rechazada por ti. De este modo le permitirás liberarse de emociones contenidas desde hace tiempo y que con frecuencia son inconscientes y gracias a ti, tu madre será consciente de ellas. Esto también será necesario en el caso de ser un varón.


Ahora ponemos en tus manos algunas maneras que te indicarán si tus heridas están en el camino correcto hacia la curación:
Tu herida de rechazo está en vías de sanar cuando cada vez ocupas más tu lugar y te atreves a afirmarte. Además si alguien más parece olvidarse de que existes, no te sientes incómodo internamente. Cada vez es menor el número de situaciones en las que temes sentir pánico. Tu herida de abandono, está en vías de sanar, cuando te sientes bien contigo mismo si estás solo, y buscas cada vez menos llamar la atención. La vida te resulta menos dramática. Cada vez tienes más deseos de emprender proyectos, e incluso si los demás no te apoyan, puedes continuarlos.
Tu herida de humillación está en vías de sanar cuando tomas el tiempo para conocer tus necesidades antes que las de otros, no por egoísmo sino por amor auténtico y cuando cargas menos sobre la espalda porque ya no te manipula el temor a ser humillado/a y te sientes más libre. Dejas de crearte tus propios límites. Eres capaz de hacer preguntas o de pides, sin creer que molestas.


Tu herida de traición está en vías de sanar cuando no vives con tanta intensidad las emociones del momento o cuando alguien o algo altera tus planes y cedes con facilidad. Ceder significa dejar de estar sujeto a los resultados y a que todo suceda según lo que planeaste. Ya no intentas más ser el centro de atracción. Cuando te sientes bien desde la humildad es decir desde la verdad, porque lograste con la ayuda del amor de Dios y tu voluntad, una hazaña, y puedes sentirte bien aún cuando los demás no te reconozcan.


La herida de injusticia está en vías de curación cuando te permites ser menos perfeccionista y cometer errores sin estallar en cólera o criticarte. Te permites mostrar tu sensibilidad y llorar frente a otros, sin perder el control y sin temer a que los demás te juzguen. Otra ventaja cuando curamos nuestras heridas, es que nos convertimos en autónomos y dejamos de ser dependientes afectivos. La autonomía afectiva es la capacidad de saber qué deseamos y entonces emprender las medidas necesarias para realizarlo. Cuando necesitamos ayuda, sabemos pedirla sin esperar a que sea una persona determinada la que nos la brinde. Cuando alguien desaparece de su vida, la persona autónoma no dice: ¿Qué va a ser de mi sola?. Siente pena, sí, pero sabe en lo más profundo de su ser que puede sobrevivir sola y vivir inteligentemente apoyada incondicionalmente en el amor de Dios.


Deseamos en el alma, que el descubrimiento de tus heridas, -con la gracia del Señor Dios y tu voluntad e inteligencia puesta en ello, te haga cada vez más compasivo y dulce contigo mismo, contigo misma y te ayude a vivir en la paz interior, a vivir con menos enojos, vergüenza y rencor, sabiendo que no es fácil enfrentar a quienes nos lastiman. El ser humano ha inventado tantas maneras para reprimir sus recuerdos dolorosos que tiende a recurrir a estos patrones mentales una y otra vez, sin embargo, mientras más reprimamos nuestros recuerdos dolorosos, más penetrarán en nuestro inconsciente y sucederá que un día, cuando ya no haya lugar en el subconsciente, -por hablar de alguna manera-, llegaremos a nuestro límite de control y estos recuerdos volverán a la superficie. Nuestro dolor será entonces más difícil de curar.


En cambio, al enfrentar cara a cara estas heridas, toda la energía que sirvió para reprimir y ocultar nuestro dolor, finalmente se habrá liberado y podrá utilizarse para objetivos mucho más productivos es decir, para crear nuestra vida tal como la deseamos es decir, libres para amar, y para ser por completo nosotros mismos en el amor del Señor Dios. Para quienes tenemos fe en el Señor Dios, será dejarnos amar plenamente por Él, sabiéndonos arropados y envueltos por su Plan Divino, Plan de madurez, de paz, de libertad, de solidaridad, de amor.


Queremos terminar estos oásis sobre el valor del perdón diciéndote que detrás del huidizo herido por rechazo, se oculta una persona capaz de asumir muchas responsabilidades, dotada de aptitudes adecuadas para trabajar honestamente. Es una persona con una enorme capacidad para crear, inventar e imaginar. Apta para trabajar sola. Eficaz y capaz de pensar en innumerables detalles. Apta para actuar en la medida que se requiera, en caso de urgencia. Tiene la capacidad de no depender de otros y puede apartarse de los demás sin problemas y sentirse bien sola. Puede llegar a ser un ser humano profundo.
Detrás del dependiente por herida de abandono, se oculta una persona hábil, que sabe cómo satisfacer lo que requiere es decir, sabe lo que desea, es tenaz y perseverante en sus proyectos. No vacila cuando tiene la determinación de obtener algo. Tiene don de comediante; sabe atraer la atención de los demás. Tiene un gozo natural, es jovial y sociable y refleja su alegría de vivir. Es capaz de ayudar a otros, porque se interesa en ellos y sabe cómo se sienten. Tiene aptitud para utilizar sus dones interiores en un momento oportuno cuando ha dominado sus temores. Posee talentos artísticos. Y pese a que es sociable, tiene necesidad de momentos de soledad para volver a encontrar su camino.


Detrás del masoquista por herida de humillación, se oculta una persona audaz, valiente, con una enorme capacidad para desenvolverse en diversos ámbitos. Conoce sus necesidades y las respeta, es sensible ante las necesidades de los demás y es capaz también de respetar la libertad de cada persona. Es buen mediador y conciliador, es objetivo, es jovial, ama la vida, disfruta cada momento, es servicial y altruista, posee talento de organizador, sabe reconocer sus talentos con humildad. Puede llegar a ser un ser humano profundo.

Detrás del controlador por herida de traición, se oculta una persona que tiene cualidades de dirigente o de líder porque por su fuerza, es hábil para brindar seguridad y protección. Tiene muchos talentos. Es sociable y con buen sentido del humor. Posee la habilidad de hablar en público. Es apta para percibir y dar valor al talento de cada persona, ayudándolos a adquirir más confianza en sí mismos. Es capaz de delegar tareas a otros, lo cual les ayuda a valorarse. Sabe rápidamente cómo se sienten los demás y reduce el dramatismo al hacerlos reír. Es capaz de pasar rápidamente de una situación a otra y de manejar varias cosas al mismo tiempo. Toma decisiones sin vacilar. Encuentra lo que le es necesario y se rodea de las personas que requiere para proceder a la acción. Es capaz de lograr grandes obras en diversos campos. Confía enormemente en Dios y en su fuerza interior. Es capaz de ceder completamente. Es un ser humano profundo.


Detrás del rígido por herida de injusticia, se oculta una persona creativa, con mucha energía, dotada de enorme capacidad de trabajo. Es ordenada y excelente para producir un trabajo que exige precisión. Cuidadosa, muy dotada para ocuparse y vigilar detalles. Tiene capacidad de simplificar y explicar claramente para enseñar. Muy sensible, sabe lo que sienten los demás sin perder de vista sus propios sentimientos. Sabe lo que debe saber en el momento oportuno. Encuentra a la persona precisa para realizar una tarea específica y la palabra exacta y justa que decir. Es entusiasta, llena de vida y dinámica. No necesita a otros para sentirse bien. Al igual que el huidizo, en caso de urgencia, sabe qué hacer y lo hace ella misma. Sabe enfrentar situaciones difíciles. Y puede llegar a ser un ser humano profundo.


Al reconocer la belleza que eres, esperamos que no prefieras seguir aferrándote a tus máscaras, pues esto expresaría la más grande traición de todas y que por cierto te la harías a ti mismo, a ti misma: olvidar que eres un hijo, una hija de Dios. Así que ya no dejes más, de ser una fuente de inspiración para otros que infunda la magia de mirar desde la fe, la magia de entregarse incondicionalmente al Señor, la magia de querer dejarse seducir por Jesús, la magia de actuar con inteligencia, de querer amar, la magia de la alegría verdadera, de la libertad interior.


Gracias Señor… a ti dirijo mi oración, porque eres infinitamente bueno y me das la gracia de confiar en ti. Señor, hoy pones delante de mi tu camino, camino de verdad, de luz, de vida, de amor, de paz. Solo te pido una cosa: concédeme la gracia de querer tener siempre mis ojos fijos en ti. Déjame permanecer siempre en ti. Concédeme que siempre quiera vivir en tu Presencia, que mi corazón cada mañana anhele vivir en la alegría que se desprende de un corazón que espera a pesar de saber que mientras los seres humanos demos rienda suelta a la inconciencia, continuarán las reacciones negativas, pero… a pesar de todo, me enseñas a permanecer tranquilo, tranquila en mi profundidad, allá donde tu, me habitas y me das sabiduría. Allá donde verdaderamente se me amado, amada por ti, allá donde verdaderamente soy, en ti. Gracias mi Señor…..Gracias…..Bendito seas….Alabado seas….Amén.

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¿Perdonar?¡Para qué!

 

Los seres humanos, todos sin excepción, experimentamos una inclinación natural hacia la felicidad….lo hemos venido diciendo en los temas anteriores de este curso sobre valores humanos. Hoy, hablaremos del valor del perdón, así que veamos pues, que tendemos a la felicidad pero en el camino, encontramos obstáculos que dificultan la realización de este deseo y para muchos de nosotros, para mi, para ti que escuchas, el principal de estos obstáculos es el resentimiento…..el resentimiento viene a ser como cuando estás parado, parada frente al mar tirando una chancla vieja….Momentáneamente desaparece ante tus ojos pues entre las olas que van y vienen en su movimiento eterno la alejan, cuando de repente, una ola pone de nuevo ante tus ojos esa vieja chancla que tu suponías desaparecida.
Así es el resentimiento….vuelve como la bola grande y pesada que tiene poder de derribar una gran casa.

El Señor Jesús en el evangelio, habla de un hombre que al no construir sobre roca firme, vino la tempestad y derribó la casa porque no estaba construida sobre roca. En este caso, la roca es el perdón incondicional. Tan incondicional como el que Él, nos dio a todo el genero humano de todos los tiempos: cuando dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. El no dijo: Padre: tu y yo sabemos cómo es el corazón del hombre, terco, infiel, inmaduro, y por eso Padre, vamos a acabar con ellos….así que en este mismo momento, haz que todos los volcanes de la tierra, con su azufre y ceniza, acaben con ellos, ¡Padre!, porque jamás van a entender, porque moriré en la cruz y ellos y ellas seguirán matándose con sus actitudes egoístas….soberbias…..


No. Jesús no habló así. No actuó así, porque sólo habla así quien es superficial y sólo alcanza a mirar lo que su ceguera le permite ver…..Jesús era un hombre profundo, y no nos cansaremos de decirlo una y otra vez, porque esta profundidad le dio la mirada de fe, la mirada de perfecta compasión es decir, una capacidad inigualable de empatía es decir, capacidad de ponerse en las entrañas del otro, de la otra y comprender que se reacciona violento, agresivo, sensual, negativo, soberbio, rebelde, por tanta herida que se lleva allá escondida en lo que la psicología llama subconsciente.


Quien no vive conscientemente y simplemente se deja llevar de lo que su subconsciente ha guardado incluso desde antes de nacer, está destinado, destinada a repetir un pasado doloroso, vergonzoso, viviendo constantemente en un túnel sin luz, en un abismo que parece no tener fondo, construyendo una realidad cotidiana que agobia y atormenta día tras día, noche tras noche, sin entender si quiera la razón o el motivo por el cual se repiten errores en la vida, contra quien decimos tu y yo, que amamos más y todo esto, va generando dolor y me avergüenza, te avergüenza, dándole vida a un ayer contaminado y oscuro en cada hoy, en cada nuevo amanecer a través del dolor, de la repetición de patrones de conductas destructivos.


Estamos seguros que en más de una ocasión, te has propuesto cambiar, ser una mejor madre o padre o hijo, hija, un mejor compañero, compañera o simplemente, te has propuesto ser un mejor ser humano. Estamos seguros que te has propuesto en más de una ocasión dejar atrás ataduras, culpas, relaciones dependientes destructivas, dependencias emocionales, neurosis, ansiedad y tristeza inexplicable y sin darte cuenta, has vuelto a caer en lo mismo, con un sufrimiento mayor.


Si hoy, aquí y ahora, tu que escuchas, te experimentas que no vales la pena, y tu autoestima anda por los suelos haciéndote sentir como cucaracha fumigada o chicle masticado, inseguro de ti mismo de ti misma encubriendo todo esto con la máscara de la prepotencia, de “saberlo todo” de soberbia desmedida tratando de demostrar que no pasa nada, si te resulta fácil establecer relaciones dependientes destructivas o tienes alguna adicción como el alcohol el cigarro, alguna droga, la comida en exceso, el trabajo excesivo para llenar huecos que por más intentos que hagas por llenarlos, cada vez son más grandes y la no fe grita dentro de ti: “¡Desdichado, desdichada de mi!. ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi?. Hoy la fe te responde aún más fuerte: Te librará tu Señor Jesucristo si pones los ojos fijos, en Él.


Muchas veces, el cúmulo de heridas no sanadas allá en tu inconsciente o subconsciente, no te permiten manifestar tus emociones, tu ternura y te cuesta decirle ¡Te amo!, a tus hijos, a tu compañero, a tu compañera, a tus amigos, a quienes te rodean y aún a aquellos que simplemente son tus prójimos aunque no los conozcas. Y ¿sabes?. Es porque tienes miedo a ser rechazado, rechazada una vez más y por eso no te atreves a ser tu mismo, tu misma por temor de hacer el ridículo y por eso no te lanza a ofrecer una sonrisa, una actitud en la que los brazos no estén cruzados, o un simple abrazo dado con todo el ser, disfrutando la presencia del otro, de la otra.


Cuántas veces callas lo que quisieras gritar y gritas lo que necesitarías callar y te sientes culpable y amargado, amargada y lloras posiblemente interiormente sin razón aparente, y albergas una nostalgia inexplicable, a pesar de haber tenido una “infancia feliz” o quizá no tan feliz, y vives en un infierno cotidiano a pesar de tener hoy la oportunidad para ser feliz.


Permítenos decirte que no esperes que otros y otras sanen tu corazón. No esperes que otros y otras te animen para seguir adelante en este peregrinar hacia la casa del Padre. No esperes nada de nadie. Espera todo de Dios y de ti, pues no es posible que otros y otras caminen tu camino. Y el primer paso para poder comenzar a caminar firmemente por el camino de la liberación interior, por el camino de la dulzura, de la verdad, de la luz, del perdón, es aceptar que tus errores, todas las infracciones cometidas contra la vida hasta este día, son producto de la ignorancia, de vivir inconscientemente, dormido, dormida, pero alégrate, que la Luz de Cristo te da la llave para que abras los candados que te mantienen esclavizado, esclavizada en la inconsciencia…si tu quieres, puedes trabajar juntamente con la gracia infinita de su amor, que te ayudará a conquistar tu propia libertad, sin miedo ni ataduras, dándote la oportunidad de construir una vida plena, feliz en Él, en donde tu interior será un oásis de paz, de seguridad, de vida y libertad, porque ese oásis estará habitado por Él, que te desea como una persona, un ser humano lleno de vida y el perdón, es vida.


Para comenzar este proceso, además de aceptar tus errores, es importante descubrir por qué los has cometido, qué los genera, en dónde está el origen de tus reacciones agresivas, violentas o indolentes. Y para encontrar el origen será bueno que comiences por transformar el pensamiento negativo de “No se puedo cambiar” por este que vas a escuchar: “El Señor puede transformar mi corazón en un corazón hermoso, libre”….luego que hayas hecho esto, comienza a encontrar a ese niño interior herido, a esa niña interior herida para empezar a llenarlo de amor y comenzar a dejar fluir el reino de paz que Dios ha querido para ti desde toda la eternidad.


Si tu estás en medio del mar, envuelto, envuelta en una tempestad, tendrás que esperar a que llegue la calma, de la misma manera, atravesaremos juntos el bosque oscuro, tenebroso, poblado por los recuerdos del ayer que se pierden en la inconsciencia, para descubrir el camino que conduce hacia el lugar en donde se encuentra atrapado tu niño, tu niña interior, pequeño, frágil que ha permanecido tanto tiempo en la oscuridad, callando su miedos, su dolor, sintiéndose culpable y sintiendo vergüenza, ira silenciosa que aparece hasta el día de hoy como brotes que aparentemente no tiene explicación, brotes de irritabilidad, y agresión, ahogando tus sueños en el vacío y muchas veces en la frialdad del corazón.


Si no te conoces, si en realidad, no sabes quién eres, cómo podrás amarte?...¿Cómo pretendes amar a otros a otras, cuando tu te rechazas, te condenas, porque no te perdonas?... Para poder comenzar a descubrir el maravilloso potencial que hay en ti, de amor, de alegría verdadera, para poder comprender el por qué de tus caídas, el por qué cultivas repetitivamente adicciones, dependencias, sufrimiento, vacío, siempre deseando lo contrario, sólo te pediremos que abras tu corazón y tu mente al Señor en estos momentos, ahí en donde estás, cerrando tus ojos para decirle allá en el silencio de tu ser, con todo lo que tu eres….


"Dios mío….tú lo conoces todo….tu has sido mi Creador….tu sabes por qué nací, cómo fue el momento de mi concepción, tu sabes que yo no pedí venir a este mundo, yo no escogí ni a mis padres, ni mi sexo, ni mis genes que constituyen gran parte de mi forma de ser, ni mi físico, ni mi voz, ni gran parte de mi historia que me ha marcado tanto……Dios mío….gracias a Jesús tu Hijo y mi Salvador, se que tú eres mi verdadero Padre…esto lo digo desde la fe –aunque mucho tiempo crecí creyendo que tu eras justiciero y vengativo….hasta de niño, de niña me decían que si me portaba mal, tú me castigarías, pero hoy, gracias a Jesús, se que eres amor infinito y que es ese amor el que hoy me tiene ante ti. Hoy estoy ante ti, con mi corazón afligido, corazón de quien ha permanecido tanto tiempo en el valle de la oscuridad y los lamentos, extraviado, extraviada sin rumbo y sin luz.


Hoy, ante ti, me encuentro lleno, llena por un intenso deseo de volver a vivir, de comenzar de nuevo una existencia alentada por la fuerza de tu amor que ha comenzado a sanar con mi niño, con mi niña interior. Déjame recuperar la inocencia, la fe, la espontaneidad que tú depositaste en mi, desde el principio del tiempo. Dame la gracia de recuperar la fuerza, la alegría que me llevó a conquistar el milagro de existir, cuando apenas era una célula diminuta y de manera inconsciente, creía en la vida, creía en ti y en mi, ¡Oh Dios Único y verdadero!


Aquí estoy ante Ti, desvalido, desvalida, sin rumbo, como un niño extraviado en la oscuridad de la noche de la inconsciencia. Estoy cansado, cansada de tanto buscar, de repetir patrones de conducta que un día me lastimaron tanto y que juré nunca pero nunca, volver a vivir. Aquí estoy ante ti con el único deseo de ser libre en ti, de rescatar por fin a mi niño herido a mi niña herida y entregarte de una vez por todas, las ataduras y candados que me impulsan a fotocopiar el pasado, el infierno conocido que ya no quiero vivir más.


Ahora, no traigo más equipaje que mi fe, ese don que me regalas para que sea feliz y te viva intensamente en mi corazón, y el anhelo sincero de romper cadenas de amargura. Traigo el valor que tu Presencia amorosa me infunde. Oh mi Compañero fiel, Dios amoroso en esta aventura maravillosa en la que libre en ti, regrese a ti y a los demás diariamente, con una sonrisa en los labios, con un corazón henchido por la dicha y con el espíritu expandido en la libertad de tu amor. Gracias mi Dios, porque experimento la luz de tu Presencia, porque se que me infundes fuerza en el corazón. Gracias porque tomas mi mano y tengo la certeza de que puedo sacar de las tinieblas que ahora han comenzado a transformarse en luz, a esa criatura maravillosa que Tú elegiste para expresar una parte de tu plan divino y que por inconsciencia quedó extraviada en el valle del dolor. Gracias porque contigo es posible reencontrarme con esa parte de mi que quedó olvidada, fragmentada en un ayer sin tiempo. Gracias porque en Ti, y por Ti, es posible traer a mi hoy, aquí y ahora a ese pequeñito que vive dentro de mi para brindarle en cada hoy, el amor que le faltó ayer. Y con él en mi conciencia y en mi corazón, poder estirar las alas y volar hacia la libertad verdadera, para poder extender la mano y jugar con las estrellas y poder sonreír nuevamente y perdonar. Gracias porque en Ti y por Ti, contigo a mi lado, con mi niño, con mi niña interior sano es posible construir una vida nueva, una vida mejor, una vida en Ti. Gracias por escucharme. Gracias por responder."


Ahora, desde el Poder que te infunde el Señor Dios, desde su luz, tomado, tomada de la mano Jesús, vas a ir contemplando las diferentes etapas que conformaron el desarrollo de la infancia, con el fin de detectar y sanar en cada una de ellas, las posibles fracturas emocionales que laceraron en aquél ayer lejano, tu alma de niño, de niña.
Hoy, aquí y ahora, dirige tu mirada, unido, unida a Jesús, para rescatar a tu “yo bebé”, desde el momento de la concepción hasta el nacimiento como momento cúspide, como el momento más grandioso y único, e incluso, hasta el primer año de vida.


La fe, y la dinámica de la mente, nos permitirá iniciar la aventura que conduce a un reencuentro con tu niño interior y es probable, que a estas alturas de tu vida, tu mayor inquietud sea, saber quién es ese pequeño, esa pequeña…lo que ha sufrido, por qué te hace reaccionar como reaccionas. Estamos seguros, que con la gracia de Dios, muy pronto, podrás abrazarlo desde la fe, tenerlo junto a ti, en tu conciencia y en tu corazón, para poder brindarle todo el amor, la ternura, la aceptación que en el ayer le faltó y de la mano de Jesús, juntos, recuperes la alegría de vivir, la espontaneidad, la inocencia, la confianza en la vida, en ti mismo, en los demás y en Dios, tu Señor.


Pero antes de comenzar esta interiorización, es importante, que desde el momento en que un bebé es concebido, comienza a recibir nutrición física y emocional a través de los alimentos que ingiere la madre y de las emociones que ella experimenta, no sólo en ese momento, sino a lo largo del período de la gestación es decir, el tiempo que el bebé permanece dentro del vientre materno. Así, esa célula pequeñísima, en la que se concentra todo el potencial de la vida, comienza a recibir, desde el instante en que es fecundado: amor, o desamor, rechazo, o aceptación y todas las emociones tanto negativas como positivas que su madre, experimenta durante ese tiempo.


Y así, se va formando un feto, que evoluciona hasta que se encuentra formado el bebé, y en la semana número 36, se aproxima el alumbramiento, que es el momento en que ese nuevo ser nace y hace su aparición en el escenario de la existencia, en nuestro mundo, en donde de nuevo vuelve a sentir el impacto de las emociones recibidas en esa circunstancia especial es decir, siente amor o desamor, rechazo tal vez porque se esperaba un niño y fue niña o al contrario; por el color de la piel, o por el parecido con el padre o la madre o lo que es peor, con la suegra o este pariente que es tan antipático –dicen-.


Y sobre ese pequeñito, esa pequeñita,, recaen las dudas sobre la paternidad o porque tenga cabello o porque esté pelón y por mil aspectos más, como el miedo inconsciente que experimentan los padres ante la responsabilidad de una nueva vida que recaen totalmente en ellos…temor que generan los problemas económicos, las presiones de la vida cotidiana, los distanciamientos, el abandono y muchas razones más. Todos hacen blanco de esa criaturita pequeñísima, frágil indefensa en la que Dios ha puesto todo su anhelo para expresar un fragmento de su inteligencia infinita, de su inigualable amor.


De la misma manera, el amor y la aceptación que recibe desde ese momento, van creando en el bebé, seguridad, una sensación interna de aceptación y confianza. En el caso contrario, ese bebé se experimentará inseguridad, temor que no se explicará ni aún cuando haya alcanzado 20, 40, 60 ó 90 años de edad. Y este temor, lo manifestará en llanto y malestar constante, generándole emociones negativas que se le irán acumulando y escondiendo en lo más profundo de su inconsciente, pero que saldrán una y otra vez, convertidas en rechazo a sí mismo durante toda su vida.
Como podrás escuchar, a lo largo del desarrollo en las diferentes etapas que forman la infancia, el niño, la niña experimentan situaciones que afectan su mundo emocional dejándole para siempre marcado su subconsciente o inconsciente, porque estas han generado un profundo dolor, culpa, vergüenza y porque la mente es así, la dinámica mental tiende a ocultarlas, -como dijimos- en los niveles más profundos, grabándolas con la fuerza de la emoción de ese momento, por lo que de manera inconsciente, tendemos tu y yo que escuchamos este casete, a repetir e incluso a multiplicar el daño experimentado en aquel momento de nuestro ayer, a veces repitiendo contra nosotros mismos, castigándonos o agrediéndonos de una y mil maneras; a veces golpeándonos u ofendiéndonos como en los momentos de aquel ayer que desgarraron el corazón.


Cuántas veces te has observado a ti mismo, a ti misma, cuando cometes algún error, repitiendo en silencio e incluso en ocasiones en voz alta: “Soy un estúpido, una tarada, un menso, todo lo hago tan mal” etc. Y si haces un poco de memoria, son las mismas palabras que te decían cuando eras apenas un niño, una niña.
En otras ocasiones, esos recuerdos inconscientes, el daño y el dolor almacenado durante toda una vida, se derraman en contra de las personas que nos rodean, incluso en contra de los propios padres, o hijos, familiares o hasta amigos. Y cuando menos pensamos, estamos cayendo en la misma situación, haciendo contra ellos, todas las agresiones que en ese ayer cometieron contra nosotros y que un día nos prometimos nunca volver a vivir.


Cuando te has encontrado gritando, golpeando, amenazando, como tantas veces lo hicieron contigo, en esos momentos es tu niño, tu niña interior quien grita, vocifera y repite todo lo que aprendió, todo lo que le hacían en esos momentos de dolor, y tras haber fotocopiado el pasado, de repente, regresas a la realidad experimentándote asustado/a, sorprendido/a, culpable, muy culpable. Entonces, el espectáculo que tienes ante tus ojos te asusta y te atormenta: lágrimas que bañan el rostro de ese ser tan amado, tal vez sangrando si fue golpeado; y todo esto, te llena de vergüenza, de dolor. En su mirada, adivinas la misma ira, la frustración y la confusión que aparecían en tus ojos cuando sufriste el impacto del golpe, el insulto y la ofensa que como un huracán, emergió en aquél entonces de la inconsciencia, en donde otro niño herido, lastimado, atrapado en un cuerpo de adulto que llevaba el título de padre, madre, maestro, hermano mayor o tutor, pues ¿sabes? somos víctimas, hijos de víctimas” es decir que a su vez, estos alguna vez, sufrieron lo mismo que tu pero nunca lo sanaron. Y tú, hoy, aquí y ahora, por el poder de Dios y tu libertad puesta en ello, escuchas este tema, para abrirte incondicionalmente al amor infinito y misericordioso del Señor, para que Él que si puede, sane tu inconsciente que aún sangra, que desea ser dulce pero que las heridas asfixian la necesidad de amar en lugar de odiar.


Por eso, necesitas seguir escuchando que con el paso del tiempo, el desarrollo físico de ese bebé continúa y llegamos a la edad adulta y con ella, mil y una responsabilidades que tenemos que enfrentar día con día, ignorando que cada uno de los seres humanos, llevamos en el interior un niño o una niña pequeñita, y frágil que, al no tener la nutrición emocional adecuada, fue acumulando fracturas en el alma y aprendió a callar sus miedos, sus preguntas, cansado, cansada de no obtener respuestas. Aprendió a sentirse culpable de todo lo que pasaba a su alrededor: los pleitos entre los padres, la separación, el divorcio, la enfermedad e incluso hasta la muerte de alguno de ellos.
Tal vez sintió el impacto de ofensas, insultos, golpes, comparaciones y el abuso en todas sus expresiones, como cuidar a los hermanitos pequeños, trabajar desde muy chico para ayudar a la manutención del hogar, dejar la escuela para apoyar a la familia, ser la mamá de mamá o de papá, el hombrecito de la casa, el receptor de las emociones de los adultos, el objeto sexual e incluso, la víctima de una violación, en muchas ocasiones por parte de amigos, y familiares cercanos y lamentablemente, hasta por padres, padrastros y tutores de quienes -el corazón de un niño, de una niña- sólo esperaba amor, respeto y confianza.


Cuando un niño es víctima de este tipo de agresión, se deforma, se distorsiona el concepto de sí mismo, se cae en una profunda auto devaluación es decir, se odia a sí mismo a si misma sin valorar nunca el hecho de existir, por eso hoy e nuestros días, no sólo jóvenes y adultos se suicidan sino hasta niños. Además, se instala en el interior un sentimiento permanente de culpa y de creerse malo, mala y diferente. Esta experiencia como muchas otras sufridas en la infancia, genera un dolor tan intenso que el desarrollo emocional se bloquea, dejando atrás a un niño asustado y triste, tal vez avergonzado y culpable, que se pierde entre las tinieblas y la oscuridad de la inconsciencia que llora sin que nadie lo escuche ni lo consuele.


Esta agresión brutal, como muchas otras que brotan de la inconsciencia contra un pequeño, una pequeña, le roban la inocencia y con ella, la niñez entera y no solo esto sino todo lo que le queda de vida. Sí, le roban la vida misma. En algunos casos, el instinto sexual se desquicia y no es poco frecuente que el niño o la niña abusados, violados, se convierta en violadores o inductores de conductas sexuales pervertidas, desde muy temprana edad, o bien, reprimirá todo su instinto sexual, evitando tener contacto sexual con alguien y si llegara a tenerlo, se experimentará impotente o frígida o lo contrario, entregará su cuerpo de forma que caerá en la prostitución y hasta en el lesbianismo u homosexualismo, pues esa agresión experimentada en la infancia, dejó destrozada el alma, y se aprendió a obtener una caricia, una migajita de amor o aunque sea un solo instante de aceptación por la entrega sexual inconsciente, para luego experimentar como en aquél entonces, mayor culpa y odio por si mismo, por si misma que se pretende diluir con alguna adicción química como el alcohol, la droga o el tabaco o con alguna dependencia enfermiza y apegos hacia las personas.


Y por si esto fuera poco, ese niño o niña fracturados con el látigo del desamor, tratará una y mil veces de formar una relación estable, de encontrar a alguien que le ame y le acepte tal cual es, incluso comprando afecto, aceptando situaciones que le desagradan y avergüenzan y sin embargo, difícilmente podrá entablar una relación permanente, pues desde tiempo atrás, aprendió a desconfiar de los demás, de la vida, de sí mismo y hasta de Dios.
Una manifestación diferente de esta misma agresión sexual sufrida en la infancia puede hacer que en el intento de borrar esa fractura que desgarró el alma en ese ayer lejano, probablemente en la vida adulta, se instale en la represión, evitando todo tipo de relación que implique un contacto sexual, como puede ser el caso de amores platónicos que se hacen pasar como ideales, alegando fidelidad a “un viejo amor” con el que en realidad jamás se llegó a intimar o bien, entregándose a una causa cuyo logro requiere un compromiso total por lo que no existe tiempo para establecer una relación profunda e íntima.


Es posible que en el afán de borrar esa huella dolorosa del pasado, el adulto contaminado por un niño herido en su sensibilidad más profunda, elija el camino sacerdotal o de monasterio sin tener en realidad vocación religiosa, sino más bien, pavor de repetir ese pasado doloroso que se esconde bajo un hábito o una túnica –como hoy sabemos en nuestros días- y se convierten en brotes inexplicables de sexualidad pervertida o distorsionada, agregando culpa y dolor a ese sufrimiento antiguo. Podríamos preguntarnos….¿Cabe juzgar a los demás, sea quien sea?, ¿No sería mejor comprender?, ¿No sería mejor contemplar en los demás y en sí mismos, a ese bebé o pequeño, pequeña heridos?.....
Muchas son las causas que de manera inconsciente pueden afectar a nuestro niño interior y al adulto que eres hoy.

 

MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS

Por el momento hoy, aquí y ahora, tomando una actitud recogida, orante, cerrando tus ojos y respirando suave, profundo y lento, abriéndote en la fe adulta al Señor dile en el silencio de tu ser a ese Dios que nunca ha querido el mal para ti: Señor:, te hablo desde mi corazón partido que ha permanecido tanto tiempo entre oscuridad y lamentos, extraviado, sin rumbo, sin luz, manejado por el dolor inconsciente de las heridas de la infancia…pero tu Luz, tu Gracia, tu Amor me hacen que te busque y buscándote estoy, porque eres mi Dios, porque eres mi Creador, porque TE NECESITO, porque sin ti la vida no tiene sentido. ¡Oh Vida mía!, tu lo sabes todo y no hay nada imposible para ti. ¡Oh Vida mía!....deseo volver a vivir, comenzar de nuevo con una existencia alentada por la fuerza de tu amor, amor que depositaste en mi desde el momento en que comencé a existir.


¡Oh Vida mía!, permíteme recuperar la inocencia perdida, la fe, la espontaneidad que tu depositaste en mi desde el principio del tiempo. Regálame la gracia de recuperar la fuerza, la alegría que me llevó a conquistar el milagro de la existencia, cuando apenas era una célula pequeñísima y de manera inconsciente creí en la vida, creía en Ti y en mi.
¡Oh Vida mía!, Estoy ante Ti, cansado, cansada de repetir patrones de conducta que un día me lastimaron tanto y que nunca quise volver a re-vivir, pero que sin embargo todavía hoy brotan en esas actitudes frías, indiferentes, actitudes groseras, actitudes que dejan desaliento y que muchas veces son expresión de no querer seguir luchando en esta vida…..


¡Oh Vida mía!. ¡Te amo! Y a pesar de que mi subconsciente aún sangra, reconozco que me amas con todo el Amor que es posible en tu Divinidad es decir: me amas plenamente, me amas totalmente, me amas incondicionalmente, me amas porque sí, sin un para qué, simplemente porque eres el Amor. ¡Oh Vida mía!.
Gracias mi Señor, porque por la fe, me rescatas una y otra vez del desamor, de los rechazos, y haces de mi la obra que contemplaste desde la eternidad: Soy un ser humano amado por ti, soy un ser hermoso porque estoy hecho a tu imagen, soy un reflejo de tu amor. Gracias porque me permites mirar mi ayer sin miedo, sin culpas, sin prejuicios, y me das tu mano para estar frente a frente ante los sucesos más dolorosos y como magia, como milagro, de tu mano tomado, tomada, es posible traspasar el tiempo y el espacio para reencontrarme con esa parte de mi que quedó olvidada, fragmentada en un ayer sin tiempo.


En este inmenso amor me sumerjo hoy, aquí y ahora, para ahondar en el misterio de mi vida, y plenamente confiado, confiada en ti, te entrego mi subconsciente herido pues eres mi Dios, mi Médico Divino, Oh Vida mía, quien mejor conoce todo lo referente a mi. Aquí estoy. ¡Oh Vida mía, sáname!, devuélveme la vida…..¡Vida mía!, sáname…..

 

 

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"El Señor los espera para tener compasión de ustedes; Él está ansioso por mostrarles su amor. Dichosos los que esperan en Él. El Señor dice: "Ya no llorarás más". El Señor tendrá compasión de ti al oír que gritas pidiendo ayuda, y a penas te oiga te responderá, porque el Señor sana los corazones destrozados y venda las heridas" (Isaías 30,18 ss)

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