Otras causas que fracturan tu alma
Continuación de la herida de la traición
Continuación de la herida de la injusticia
Curación de las heridas y transformación de las máscaras
Continuación de la curación de las heridas y transformación de las máscaras
OTRAS COSAS QUE FRACTURAN EL ALMA
Hoy vamos
a continuar escuchando otras causas que fracturan el alma de un niño,
de una niña limitando su desarrollo emocional, y muchas veces estas
heridas son el motivo de una terrible depresión en la edad adulta,
así que pon mucha atención y si quieres, puedes anotar lo que
más te impacte o te sirva.
Es probable, que por ser hijo o hija mayor se te haya exigido poner el ejemplo
a tus hermanos menores y sin importar la edad, se te hizo responsable de la
conducta de ellos. Con esto, las heridas que fracturaron el alma de tu pequeño,
es decir, de ese pequeño, de esa pequeña, contaminan al adulto
y lo hacen actuar con una tendencia o bien, perfeccionista o bien, desordenada,
desquiciada, dando cabida a la sensación de enojo permanente que en
ocasiones se manifiesta como brotes de ira que no se explican o que no tienen
explicación aparente o amenazas frecuentes de abandonar el trabajo,
a la familia, al compañero a la compañera, a los hijos y a todo
aquello que implique una responsabilidad.
También, el amor excesivo o sobre protector, deja una huella en el
alma del niño, de la niña, haciéndoles temerosos, inseguros,
rebeldes, agresivos o aislados y tímidos, además de convertirles
en frágiles emocionalmente hablando. Entre otros casos, por el sólo
hecho de ser mujer, se le pudo haber obligado a cuidar de los hermanos varones,
generando, además de una gran auto devaluación u odio por si
misma, ira y frustración inconscientes, que es posible que se convierta
en la incapacidad para establecer una relación profunda con una pareja
heterosexual o bien, una necesidad inconsciente de venganza o revancha contra
el sexo masculino, haciéndoles sentir a estos, incompetentes culpables
y devaluados ante cada oportunidad que les ofrezca la vida, haciendo de cada
encuentro y en cualquier circunstancia, una lucha de poder, una guerra abierta,
generando dolor, frustración y un intenso vacío y soledad inexplicables,
es decir, que no tiene explicación.
Otras formas de contaminación en las que surge el dolor del inconsciente
desde las fracturas del corazón de niño, se dan cuando se ha
experimentado en algún momento de la infancia, temor, angustia, que
se han acrecentado al no encontrar unos brazos que le hicieran sentir bien,
un alguien que le escuchara y le dijera de manera suave y dulce, que es normal
sentir miedo y angustia, independientemente de ser niño o niña.
Probablemente haya recibido gritos o regaños como: “cállate,
pareces vieja”, “las niñas lindas no lloran”, “si
sigues llorando te va a llevar el coco” y tantas frases más que
le hayan hecho sufrir el impacto de la soledad y de la incomprensión
y sobre todo, sentirse ridículo, ridícula raro, rara por sentir
y expresar emociones, lo que le obligó a tu niño, a tu niña
interior, a callar sus sentimientos y a hacer crecer su miedo a las emociones
que permanentemente fluían en su interior como en el de todo ser humano.
Tu pequeño, tu pequeña, también cargó con otra
ruptura del alma, la de aprender a reprimir o a evadir las emociones, preparándose
con ello para en la vida adulta, ser una persona co- dependiente: es decir,
que experimenta el impacto de la emoción, sólo a través
de otros –como es el caso de los familiares de alcohólicos y
drogadictos-; o bien, de los “ayuda adictos” es decir, esas personas
que siempre se encuentran en la necesidad de “salvar” a los demás,
de arreglar vidas ajenas, aún cuando la propia se encuentre desmoronada
y sin sentido, por un afán inconsciente de rescatarse a sí mismos.
Algunos niños, son protagonistas de un drama mayor, escucha bien: cuando
por sus labios brotaba risa cristalina y brincaban de alegría, les
hicieron sentir avergonzados e incluso ¡locos!. Tal vez les hicieron
sentirse culpables por el solo hecho de sentirse felices. Con ello, el adulto
con un niño herido en su interior de manera inconsciente, se programa
para ser infeliz; una y otra vez busca situaciones o relaciones que garanticen
un sufrimiento permanente, ¡sólo porque inconscientemente, tiene
miedo de ser feliz!
Otro caso es que pudo haberse obligado a tu niño a tu niña a
callar y disimular el enojo, la ira con frases como: “las niñas
buenas no se enojan”, “Diosito te va a castigar si le contestas
así a tu mamá”, “si eres un niño malo, ya
no te voy a querer y los reyes magos no te van a traer nada” haciéndole
sentir con esto que es malo sentir enojo o molestia. Tu niño, tu niña
es decir, tu, aprendiste a se “la niña buena” o “el
niño obediente de mamá” a reprimir y disfrazar estos sentimientos
con cara de “todo está bien”, aquí no pasa nada”,
aunque te encontraras experimentando un intenso sufrimiento y las emociones
encontradas que fluyen en el interior, cuando se es víctima de una
ofensa, de una falta de respeto, preparando a tu adulto de hoy a soportar
malos tratos, infidelidad y hasta golpes, sintiéndote imposibilitado,
imposibilitada para decir: ¡basta! Y lo más grave, siempre aparentando
ante los demás bienestar y felicidad, escondiendo bajo una máscara
el llanto desgarrador de un niño, de una niña que aprendió
a reprimir las emociones negativas por temor a saberse malo, mala y sentirse
rechazado, en lugar de aprender a encausarlas.
Cuando esta represión es tan brutal como cuando a tu pequeño
a tu pequeña, posiblemente le amarraron quizá a una cama o le
encerraron en un cuarto oscuro por una y mil excusas, la afectividad queda
tan dañada que se queda afectado por estos brotes de violencia y agresividad
al grado tal, que resulte fácil en esos momentos de inconsciencia dañar
e incluso herir y matar a otros o acabar con su propia vida o bien, involucrarse
con el mundo destructivo de las drogas, el alcohol y el “satanismo”
que le hace sentir mayor culpa y auto devaluación u odio contra sí
mismo, contra sí misma y contra los demás.
Todos estos ejemplos que hemos citado aquí, muy probablemente te han
hecho traer recuerdos de ese ayer olvidado “aparentemente” y mirar
a ese niño, a esa niña interior que vive en ti, como en todo
ser humano, ya que él, ella son la acumulación de todas las
experiencias de la niñez y tiene en sí mismo, en si misma todos
los sentimientos del mundo emocional pero que quedó atrapado, atrapada,
preso, presa en las profundidades de la inconsciencia, en un mundo de tinieblas
y oscuridad, mundo de confusión y división que aparece en tu
conciencia a través de pesadillas, sentimientos que no puedes explicar
de tristeza, nostalgia, ira, frustración, vacío etc, que te
llevan muchas veces a perder el control de tus emociones, a decir cosas que
quisieras callar, a gritar sin razón aparente y a volver a sentir una
y otra vez la culpa, al angustia, la soledad y el rechazo que en aquél
ayer viviste.
Y aquí no importa, qué eres hoy, o hasta qué grado de
estudios llegaste, o la edad, o los intentos que realizas por cambiar, porque
día con día se experimenta en el interior una vez más
el infierno conocido de un ayer que se hace hoy.
Es a través de ese niño interior lacerado, humillado, olvidado
y abandonado en la oscuridad y las tinieblas del subconsciente, que sentimientos
extraños invaden tus momentos actuales, para hacerte sentir que tu
no sirves, que no vales la pena, momentos que te hacen sentir ridículo,
ridícula, y torpe, haciéndote actuar de manera infantil inmadura,
dañándote a ti mismo, a ti misma y a los demás. Quizá
hoy, aquí y ahora, experimentas una gran nostalgia de amor verdadera,
nostalgia de una sincera mano amiga, deseos inmensos de ser mirado, mirada
desde unas entrañas puras, limpias, libres de egoísmo.
Este es el drama de nuestra existencia: el hecho de repetir patrones inconscientes,
agregando cada vez más, eslabones de dolor y amargura a la cadena de
esclavitud que me mantiene, te mantiene atado, atada al infierno interminable
de la inconsciencia. Esta es la verdadera causa de la pesadilla que estamos
viviendo como humanidad es decir, un niño lacerado, desvalido, atrapado
prisionero en un cuerpo de adulto.
No podemos caer en el fatalismo –aunque existen vidas así como
lo que hemos mencionado atrás- y no mencionar que posiblemente hubo
momentos maravillosos de tranquilidad, de paz que sin duda, vale la pena también
rescatar, para que desde la tierna mirada de un niño, de una niña,
sea posible enriquecer y transformar cada día de nuestra vida, de mi
hoy, de tu hoy, para volver a experimentar la frescura, la espontaneidad que
sólo un niño puede ofrecer, ya que si a todas las fracturas
que viven en nuestra alma le agregamos que nos tocó hacer nuestra aparición
en el escenario de la vida, en un siglo totalmente materialista, en el que
se ha descuidado e incluso ignorado la importancia de la vida emocional y
espiritual, entonces, nos encontramos ante la más intensa tragedia,
porque sencillamente, sin una nutrición emocional y espiritual adecuada
, nos encontramos como exiliados, como sacados de nosotros mismos, con un
gran vacío interior que nada nos puede llenar, con cuerpos de adulto,
pero al fin, inmaduros, adolescentes, carentes de sentido, desempeñando
la vida de padres, de hijos, de amigos, de hermanos, y sin embargo, en el
interior permanece instalado un niño pequeño temeroso, inseguro,
tal vez con temor a hacer el ridículo porque alguna vez en ese ayer
que se perdió en los recuerdos fue comparado, ridiculizado frente a
los demás. Hoy, aquí y ahora, tu inconsciente aún se
encuentra lleno de ira, de rabia, de impotencia porque fue testigo de violencia
o quizá fue directamente agredido, golpeado por lo que en ocasiones
tienes brotes inexplicables de ira.
Hoy, aquí y ahora, dale gracias al señor Dios, que no quieres
más ignorar a ese niño que llevas dentro, no quieres ignorar
más a esa niña herida, lastimada en lo más profundo del
ser, pues ignorar esto, te conduciría a sentimientos atropellados,
que eres agredido, agredida por medio mundo y otra vez a pensar que te hacen
menos, que todo lo que se dice y se hace, es en contra tuya, a ofrecer respuestas
tontas y absurdas cuando te sientes presionado, presionada, s sentir envidia
de todo y de todos por el temor inconsciente de ser desplazado desplazada.
A vivir siempre de espaldas a la vida, transitando por caminos que no son
los tuyos, reproduciendo carencia, enfermedad, sufrimiento, infinita tristeza.
Hoy, aquí y ahora, ya no ignoras, que no son las circunstancias actuales
las que te afectan, sino los recuerdos inconsciente que están allá
en el alma rota de ese niño, de esa niña que llora en tu interior.
Cuando se trata de callar la realidad, aún queriendo entregar lo mejor
de mi, de ti es decir, de nosotros mismos, me siento, te sientes imposibilitado,
imposibilitada incluso, de decir, ¡Te amo!, y me resulta, te resulta
más fácil platicar con la mascota o con el amigo imaginario.
¡Cuántos casos!...
Habiendo sido abandonados por algún ser querido en alguna etapa de
nuestra infancia, nos programamos inconscientemente para ser abandonados de
nuevo o para abandonar a quien más amamos, aún cuando este abandono
sea sólo de manera emocional, pues resulta imposible brindar lo que
no se ha recibido, a menos de que logre, de que logres con la ayuda de tu
Salvador y Dios Jesús, rescatar a ese pequeño, a esa pequeña
que llevas hospedado hospedada en el corazón, para brindarle a partir
de hoy y a cada momento, todo el amor y la ternura que hubiésemos querido
recibir en aquél ayer.
Ahora, hoy, aquí, ya sabes quién es tu niño, tu niña
interior: eres tu mismo, en un ayer distante, perdido y olvidado en la parte
más oscura de la inconsciencia, experimentando constantemente miedo,
dolor, desamor, culpa, y muchas emociones más que te han robado hasta
el deseo de soñar y sin darte cuenta has enterrado anhelos y has olvidado
el ideal de vivir, entre lágrimas de vergüenza y soledad. Sí,
ese niño herido, esa niña lacerada, ¡eres tu! que escuchas.¿Ahora
comprendes el por qué de tu división interior, de esa lucha
entre querer ser feliz y no poder, entre querer experimentar unidad y entrar
en el Reino de la Paz y sentirte como jaloneado y dividido en mil pedazos?.
Ahora, comprendes de esa nostalgia inexplicable….es porque una parte
de ti se encuentra perdida en tu túnel oscuro que te obliga a experimentar
miedo, angustia y soledad sin aparente razón. ¡Cuánto
tiempo llevas callando la desesperación que late en tu corazón…¿No
crees que hoy es tiempo de emprender la aventura fascinante de tu liberación
interior al rescatar esa parte de ti?, pues prepárate a emprender ese
viaje interior maravilloso, hacia las profundidades del inconsciente,. Te
recordamos a ti que escuchas, que en este recorrido por tu ayer, no estás
solo, sola, no. JESUS es contigo. Jesús está vivo allá
en lo profundo de tu corazón, de tu profundidad y te espera al mismo
tiempo ahí, en tu subconsciente, para que mirando frente a frente,
cara a cara, desde ese amor infinito que te tiene, esas heridas que más
te marcaron, comience en ti, un verdadero proceso de sanación interior.
MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS
Así que en una actitud orante, dejando todo lo que tengas en tus manos
para descansar tus brazos y manos sobre tus piernas, con tus palmas hacia
abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si
puedes, tu cabeza recta, cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento.
Ve soltando todo lo que esté tenso desde la punta de tu cabeza hasta
la punta de tus pies…..
Y en fe adulta, abriéndote al amor inmenso del Padre Dios, ábrele
las puertas de tu interioridad, de tu subconsciente en donde se encuentra
ese pequeño herido, esa pequeña herida….. y hoy, aquí
y ahora, desde esa Presencia maravillosa de Dios en ti, y sabiendo que ese
pequeño, esa pequeña eres tu que escuchas, con mucha ternura,
cruza tus brazos sobre tu pecho y comienza a decir allá en tu interior,
no con tu boca sino en silencio:
Bebito mío, bebita mía, pedacito de mi, hoy, quiero recordarte
que tú eres la criatura más amada de Dios, déjame decirte
que formas parte de un proyecto divino, al cual lo caracteriza el orden, la
belleza y la armonía. El universo del que formas parte, está
lleno de riqueza infinita, abundancia y generosidad a raudales….
En ti mismo, mi chiquito, mi chiquita, el Señor Dios, ha grabado genéticamente
la clave para generar abundancia a través tuyo, porque en ti ha depositado
la semilla de su Reino de amor, de perdón, de fidelidad, de mansedumbre,
de humildad, de alegría verdadera, de dominio de sí, de luz,
de amor. Tu fuiste depositado con un amor infinito y esperado, esperada, desde
toda la eternidad, para ser grande interiormente, para ser feliz, para ser
un hermoso hijo de Dios, una hermosa hija de Dios.
Fuiste creado, creada con el único propósito de ser un reflejo
del amor de Dios. Sí, fuiste creado, creada con el único propósito
de ser un reflejo del amor de Dios, pues la fuente generadora de la verdadera
vida, está en ti…te habita, allá en el corazón…Dios
te habita. El es la fuente de amor, de riqueza que late y palpita, que te
cuida, te protege, te hace crecer, te madura, te abraza, te acaricia con su
más suave toque de profundidad, de respeto absoluto….Oh, mi niño,
mi niña, con toda confianza acepta esto que te voy a asegurar: aleja
de ti para siempre, la sensación de que careces de aceptación
y entrégale ahora mismo a Dios, tu Padre quien te cuida inigualablemente
como ninguna madre lo ha hecho jamás, la sensación de que no
vales nada, que te ha acompañado a lo largo de toda la existencia.
Hoy, aquí y ahora, deja que el amor de Dios, marque con su Fuego Divino
la seguridad, la certeza de que eres inmensamente amado, amada, inmensamente
rico, rica, porque sencillamente, lo tienes a Él en ti.
Cuando dudes de esto, mi pequeño, mi pequeña, nada más
abre el infinito abanico de la fe adulta que posees en tu alma y que te ofrece
certeza, seguridad, confianza, júbilo, alegría, madurez en Dios.
Hoy, reconoce, que el manto estrellado del cielo oscuro, es el techo de tu
hogar y que en tu esencia está grabado el potencial de la vida y la
fuente misma de la eternidad que es la Presencia constante de tu Señor
y Dios, en tu corazón. NUNCA HAS ESTADO SOLO, SOLA. No. Hoy, aquí
y ahora oh mi amado niño, mi amada niña, acepta que con la ayuda
de la gracia divina, es posible realizar cada sueño por alto y difícil
que parezca. Tú puedes hacer que crezca la riqueza y abundancia en
el amor, en la paz, en la alegría, en la solidaridad, porque estos
son algunos de los dones de entre tantos otros que desde el principio del
tiempo te otorgó el Creador, así que mi niño, mi niña,
recobra la confianza en Dios, en ti mismo, en ti misma, en la vida, en los
demás. Y dejándote amar por Él, permanece abierto, abierta
a ese abrazo divino, abrazo sanador, liberador, enriquecedor. Déjate
sanar por Él, que sabe lo que ocurrió cuando por su infinito
amor, se realizó el milagro de la vida en ti y fuiste depositado, depositada
en el vientre de tu madre….. Déjate inundar de su luz, de su
sanidad, de su santidad.
Mi bebé hermoso, hermosa, hoy necesitas comprender que el alma de un
niño, dentro de un ambiente familiar inmaduro, violento, hace que se
reprima la ira en el subconsciente, ira por cierto, que de adulto se manifestará
siendo agresivo, agresiva, violento, violenta, o también será
un adulto, sobre protector y sumiso, callado, sin decir nada más, pero
que estará generando lo contrario a la confianza y a la paz que es
el temor y la angustia, teniendo la tendencia a discutir sin motivo o razón
o callando, disimulando las propias necesidades y emociones, por el temor
de provocar disgustos, gritos, o golpes.
Mi niño amado, mi niña amada, en este momento, si hay algún
recuerdo doloroso que puedas traer a la memoria cuando estabas en el vientre
materno, tráelo, no para angustiarte y llenarte de terror, no, sino
para reconocerlo, para identificarlo y para mirar si es ese recuerdo el que
te hace reaccionar como hasta hoy reaccionas y no te deja ser libre interiormente.
No tengas miedo, pues al fin de cuentas, estás en las Manos de tu Padre
Dios, y de la mano de Jesús. Mira como Él, comienza a derramar
su inmenso amor, su infinita ternura, su poder y poco a poco, lo que entonces
fue doloroso, comienza a desaparecer, para transformarse en perdón,
en compasión, en comprensión, en dulzura….experimenta
como tu ser se va llenando de amor incomparable, de amor verdadero…..
Mi niño precioso, mi niña preciosa, ahora, trae a tu memoria
a papá, a mamá, si es que los conociste….y si no y aunque
ya no vivan, revive su recuerdo, su presencia y comienza por decirle a papá:
Papi, hoy se que tu también recibiste heridas, heridas muy grandes
que no fueron sanadas, que te causaron mucho, pero mucho dolor y por eso tuviste
una manera de ser que no escogiste….hoy te comprendo papi. Hoy necesito
decirte que te amo, que te comprendo y porque te comprendo puedo decirte que
te perdono. Papá, déjame darte un abrazo, el abrazo que siempre
necesité darte pero que no me atrevía por temor, temor a muchas
cosas, a ser rechazado, humillado, abusado, pero hoy, desde el poder de Dios,
siento su amor en ti, siento su ternura en ti, toda la ternura que depositó
en ti para mi. Gracias papi, por el don de la vida, porque tu fuiste el instrumento
por el que Dios me llamó a la vida. Gracias……(Quédate
en fe adulta, abrazando a tu padre y dejándote abrazar por él).
Ahora dile a tu mami: mamita: hoy, gracias a Jesús que me ha revelado
el infinito amor que Dios me tiene, puedo comprender que sufrías mami,
sufrías mucho cuando yo estuve en tu vientre…cómo me hubiera
gustado poder haberte consolado desde entonces, pero hoy, aquí y ahora,
necesito y quiero abrazarte fuerte, muy fuerte y necesito y quiero que me
abraces tu también. Se que poco es lo que escogemos en esta vida….y
mucho lo que nos viene porque al obrar inconscientemente y no consciente,
es decir, cuando no somos responsables de nuestros actos, de nuestras actitudes,
podemos herirnos mucho. Mami, hoy se que en el infinito amor del Señor
, me amabas y me amas aún sin tu saberlo realmente, porque así
como en mi habita el amor verdadero, así también en ti, vive
y habita Dios, para siempre. Mami, hoy, con todo el Poder del amor de Dios
te digo: te comprendo, te amo, te perdono, porque hoy se que no existen las
culpas, sino las causas, y fue por alguna causa tu manera de ser, tus reacciones
motivadas por el miedo, por la angustia, por la ira que se tradujo en depresión.
Mami, mami, te amo. Hoy necesito darte las gracias por ser el instrumento
por el que el Señor Dios me llamó a la vida. Gracias. (Quédate
en fe adulta, abrazando a tu madre y dejándote abrazar por ella).
Ahora, mira como Jesús, derrama bendición sobre tus padres,
aún cuando ya hayan muerto o que no sepas en dónde se encuentra
alguno de ellos, o los dos….mira cómo derrama bendición
sobre ti….
Permanece abrazándote…. y dándote mucho amor. Permanece
abrazando en la fe, a Jesús que está contigo, que te es fiel……y
si tienes algún defecto físico causado por una y mil causas
durante el embarazo, si tienes alguna enfermedad que te limita o te hace inválido
como parálisis cerebral, o alguna enfermedad mental como esquizofrenia
o psicosis, o depresión bipolar o depresión endógena,
aquella que es producida por el mal funcionamiento de tus glándulas
endocrinas, dite en tu interior: Para mi, no existe defecto o limitación
alguna pues al ser parte de mi propia esencia que es Dios, me es permitido
traspasar el umbral del terreno exclusivamente material y físico. Puedo
hoy, aquí y ahora, querido bebé, percibe en tu alma y en tu
espíritu la nobleza, la perfección y la belleza del Creador.
De hecho ahora así como adulto como adulta que ya eres, si eres el
progenitor de un hijo afectado por esas circunstancias que hemos mencionado
o por alguna otra que tu sabes y la culpa te recrimina despiadadamente por
el rechazo que frecuentemente le has dado inconscientemente, en estos momentos
en que comienzas a cobrar conciencia, desde la generosidad del Señor,
de la misma manera que estás siendo generoso, generosa con quienes
laceraron tu alma de niño, de niña, mira en tu interior a ese
hijo a esa hija y abrázale como nunca lo has hecho, abrázale
como lo hace hoy contigo el Señor Dios…..Mira su sonrisa en su
rostro y siente la paz en su corazón, y hoy mismo, cuando él
o ella se encuentren durmiendo, dile a ser posible diario al oído cuánto
le amas. También manifiéstaselo durante el día.
Tu que escuchas, sabes ya que eres ese niño, esa niña que hoy
comienza decididamente el camino hacia la liberación interior. Sabes
que este proceso durará toda la vida en medio de luchas, de nuevas
heridas, de heridas que van sanando. Hoy aquí y ahora sabes que Dios
te ama con locura y que nunca ha querido el mal para ti y que si el mal existe
no es creación de Él, sino del ser humano herido. Prepárate
pues, para derramar sobre un papel, toda tu historia doliente, la historia
de quien es realmente una joya preciosa en las manos de Dios pero que necesita
ser pulida para brillar cada momento más, brillar tanto que ese brillo
llegue a los corazones más solos, más deprimidos, más
desesperados. Así que poco a poco, ve disponiéndote a entregarle
una por una de esas heridas que ya han comenzado a sanar, pero que necesitas
recordar para mirarlas de frente, sin miedo, sin angustia, sino desde la fe,
aceptarlas con paz, desde la luz sanadora de Dios, deseando que el perdón
que es cien por ciento liberador y sanador, te abra la puerta de la libertad
interior, porque el perdón es la puerta al amor, es lo que te lleva
a la paz, es lo que te hace, hijo, hija de Dios.
LA HERIDA DEL RECHAZO
Continuamos este tema sobre el valor del perdón diciéndote que
ahora que comprendes la magnitud, la importancia del daño causado en
aquél entonces en tu alma infantil y que grabó en la parte subconsciente
de tu mente, en la parte obscura, una manera de ser es decir, un patrón
de conducta que con el tiempo ha venido a multiplicarse, pareciéndote
casi imposible de cambiar, de remodelar, de hacerse nueva, de ser libre, haciéndote
reaccionar duro, dura, o como dirán algunos, algunas, implacable, indomable,
incambiable, pues cuántas veces, nos etiquetamos entre unos y otros
y decimos o nos dicen:
“Eres caso perdido, ¿cambiar?, tu no vas a cambiar nunca”.
Tu eres problemático, problemática”. “Eres un enojón,
una enojona”. “Eres igualito a tu familia, a tu padre, a tu madre””
vienes de una familia problemática, de una relación conflictiva”.
“No, ni se junten con este con esta porque es esto y esto otro”,
pues ahora que conoces que has tenido la necesidad de enfrentar situaciones
que exigen de ti una actitud madura y equilibrada y sin embargo has parecido
un huracán furioso, sabes hoy que esa manera de ser que primeramente
a ti no te gusta porque en nada te ayuda a amarte primero a ti y luego a los
demás, sencillamente, es ira reprimida, miedo y angustia de tu niño
interior que se manifiesta una y otra vez desde las profundidades de la inconsciencia,
en situaciones similares, parecidas a las de aquel ayer distante e incomprensible
para ti.
¿Sabes?. Es necesario que tomes conciencia, que no existen las familias
conflictivas, las relaciones conflictivas, las personas adultas o jóvenes
o niños conflictivos, no. Y en cambio, sí existen muchas causas,
heridas que dejan huellas, secuelas que van haciendo del ser humano un hombre,
una mujer complejo y que también causan –estas heridas- hasta
enfermedades mentales como la neurosis, la psicosis, la depresión circunstancial
y enfermedades físicas como el cáncer, la diabetes, hipoglucemia,
alergias, enfermedades del estómago, depresión suicida, miopía,
histeria, enfermedades raras, incurables, enfermedades del corazón,
de los huesos, enfermedad de control del peso y de pérdida de control
etc…por mencionar sólo algunas de ellas.
Muchas personas no comprenden por qué este o este otro ser humano no
les cae bien aunque sea la primera vez que le miran en su vida. Muchas veces
tu y yo, no sabemos realmente por qué me molesto, por qué te
molestas sin razón aparente ante determinadas palabras, que alguien
nos dijo, o ante actitudes de este o de aquel o circunstancias de las vida
que inconscientemente nos recuerdan los momentos más doloroso de nuestra
infancia.
Si supiéramos comprendernos….si supiéramos comprender
a los demás. Si miráramos el niño, la niña herida
de cada ser humano….si nos ocupáramos en recuperar nuestro niño,
nuestra niña interior para ser sanados por el único que conoce
realmente el corazón del hombre: Jesús, nuestro Único
Salvador….
El me invita, te invita a hacerte nuevamente un niño es decir, me invita,
te invita a entrar en esa dinámica transformante de su Amor. Me invita,
te invita a dejarte hacer de nuevo, a re-comenzar el camino y para comenzar,
su Palabra nos llama hoy, aquí y ahora, a no juzgarnos entre unos y
otros. Nos invita a no etiquetarnos. Nos invita a romper la cadena del desamor,
de las críticas, de los comentarios, de las suposiciones, del respetar
como santuario sagrado, el subconsciente y el conciente de los demás,
para poder entrar en el Reino inmaculado del Perdón, de la Dulzura,
de la Mansedumbre, de la Humildad, de la Paz, de la Misericordia, de la Compasión,
del verdadero Amor.
El Señor Jesús en el evangelio de Mateo 7, 1-5 nos dice a ti
y a mi hoy, lo siguiente: “En aquél tiempo, Jesús dijo
a sus discípulos: “No juzguen y no serán juzgados; porque
así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los
medirán. ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano
y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo?. ¿Con qué
cara le dices a tu hermano: Déjame quitarte la paja que llevas en el
ojo, cuando tú llevas una viga en el tuyo?. ¡Hipócrita!.
Sácate primero la viga que tienes en el ojo y luego podrás ver
bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo”.
Hoy, aquí y ahora podría decirnos también: La vida es
una lucha constante, sí, pero nunca contra ninguna persona sino contra
el mal causado por la ceguera interior, causado por un subconsciente herido.
Nunca podrás llegar a ser feliz, aplastando a los demás, humillándoles,
abandonándoles, golpeándoles, abusando de ellos, jugando para
que entren en tu juego psicológico lleno de inmadurez, tejiendo una
telaraña para que caigan rendidos, rendidas a tus pies, profanando
constantemente su santuario interior y exterior, no. Sólo la gracia
te hará libre, sólo la humildad te librará, te libertará,
pues quien es humilde, acepta que él mismo, ella misma pueden equivocarse
y que otros puedan equivocarse, puedan herir porque a su vez sangran, y nadie
puede dar la vida si primero no tiene la vida en sí mismo, por eso
estoy aquí, nos dice el Señor , para darte mi Vida, la vida
verdadera…..
Hay cinco heridas entre tantas más que nos marcan enormemente. Estas
son, el rechazo, el abandono, la humillación, la traición y
la injusticia, pero veámoslas más de cerca: El rechazo, es una
herida que se marca profundamente en la afectividad de quien la sufre, el
bebé que ha sido rechazado, seguirá experimentándose
así por todos los días de su vida, a menos que alguien lo colme
de amor paciente y decimos amor paciente, porque esa persona que brinda amor
necesitará comprender que no es fácil hacer creer a alguien
que ha sido rechazado, que ahora es amado, a menos que con infinita paciencia
estimule la capacidad de confianza, de auto-valoración, pues generalmente,
una persona que ha sufrido rechazo, no se cree merecedora de amor. Por más
que le digan que es querida, mientras no sane la herida del rechazo, seguirá
respirando por ella, por medio de la inseguridad en sí mismo, en que
no es nadie, en que sería mejor, no haber nacido.
Traigamos a cuento las exclamaciones que muchas veces escuchamos cuando hemos
encontrado a mamás embarazadas: “fue el pilón, fue un
descuido, fue un colado”, “tengo mucha depresión y encima
llegará este bebé” o” simplemente, fue un accidente”
o también “uno más” , luego cuando comienzas a ir
a la escuela –si es que tuviste la oportunidad- recibes frases como:
eres un chaparro, mira qué pelo más lacio, qué ojotes
tienes, mira qué nariz más grande, qué feas piernas,
que posaderas más grandes, qué gordo, gorda eres, qué
voz más fastidiosa etc…. Y luego, cuando llegas a adolescente
y tu forma de ser tiene todo menos forma es decir que estás carente,
adoleces de seguridad, de sabor por la vida es decir, careces de sabiduría
de vivir y cuando eres un adulto joven, cómo te hubiese gustado tener
a alguien que te amara realmente así como eres, pero a veces entre
la misma familia se escuchan frases como: es una inestable, es un indeciso…..pero
acaso, los que formulan esas sentencias, ¿serán muy maduros?,
¿conocerán lo que es el verdadero amor? ¿no hablarán
así, porque proyectan sus propias heridas?
¿Sabes?, desde el momento en que el ser humano, el bebé comienza
a ser rechazado, comienza a crear una máscara de huida y la máscara
precisamente será para evitar sufrir el rechazo. Y esta máscara
huidiza, se reconoce hasta físicamente en el cuerpo huidizo es decir,
es como si quisiera desaparecer, como si intentara toda la vida no ocupar
demasiado lugar. El que huye es aquél, aquella que duda de su derecho
a existir. Cuando estás ante alguien con un cuerpo de condición
bajita de estatura o posiblemente deforme, que habría de producirte
un gran amor, con toda certeza estás ante una persona que sufre una
gran herida de rechazo. Llevar una máscara significa que ya no es uno
mismo porque adoptamos una actitud muy bien elaborada desde muy jóvenes,
creyendo que esta actitud nos protegerá. Cuando un niño en vías
de crearse una máscara de huidizo, porque se siente rechazado, rechazada,
vivirá con más frecuencia, en un mundo imaginario. Esta es la
razón por la cual a menudo, será un niño prudente y tranquilo
–entre comillas- que no causará problemas ni hará ruido,
ya que se divierte sólo en su mundo imaginario, construyendo castillos
fantásticos.
Puede ser el clásico niño que tras saberse rechazado, le encanta
ir a la escuela, o no puede estar sin salir a la calle, porque es mejor que
estar en su casa. También está el caso del niño, cuyo
cuerpo es más pequeño que el normal y con frecuencia tiene la
apariencia de ser muy frágil. La madre le protege en exceso y el niño,
la niña escucha muy seguido que es demasiado pequeño, demasiada
pequeña para esto o para aquello y lo cree, a tal punto de que su cuerpo
permanece pequeño. Para él, o ella, ser amado, se transformará
entonces, en “sentirse sofocado” y más adelante, su reacción
ante quien lo ame, consistirá en rechazar o huir porque se sentirá
asfixiado.
El niño sobreprotegido se percibe a sí mismo rechazado porque
no se siente aceptado por lo que es y para tratar de compensar su pequeñez,
los demás suelen intentar hacer y pensar todo por él y en lugar
de sentirse amado, amada en estas circunstancias, se siente rechazado de sus
capacidades.
Si tu que escuchas, eres padre o madre de familia, medita en esto que vas
a escuchar. La madre, tiene la misión de enseñarnos a amar,
a amarnos, tiene la misión de darnos amor y el padre, nos enseña
a dejarnos amar y a recibir amor…..será esto una realidad en
mi…..en ti….?
Cuando se es pequeño y alguno de los dos padres nos ha herido, entonces
al no aceptar sea a papá o a mamá quien haya contribuido a causar
la herida, , es normal tomar la decisión de no tomarle como modelo
y entonces se buscarán reemplazos: buscará a otros a otras en
los y en las que creerá encontrar lo que nunca encontró en su
padre, en su madre…..y posiblemente lo haga de manera equivocada y con
una visión distorsionada.
Piensa si tu has sido herido, herida pot rechazo. Una persona que de pequeña
fue rechazada, se considera sin valor y por eso dirá: Yo no valgo nada;
los demás son más interesantes que yo”. La persona huidiza,
por lo general tiene pocos amigos en la escuela, al igual que le sucederá
más adelante en su empleo. Se le tiene por solitaria y se le deja sola.
De esta forma, se coloca su máscara de huidiza para no sufrir cuando
se siente rechazada y se aleja de la gente a tal grado que se vuelve imperceptible.
Cada vez que se encuentra más solo y también cada vez se da
a sí mismo más motivos para sentirse rechazada.
Hay personas que llevan en su subconsciente grabada la herida del rechazo
a tal grado, de que se las arreglan para hablar poco. Si decide hablar mucho,
lo hará para intentar infundirse valor y sus palabras parecerán
altaneras ante los demás. La persona que de pequeña ha sido
rechazada, es la más propensa a odiar, pero tu que escuchas este mensaje,
ya sabes que gracias a Jesús tu único Salvador, es posible amar,
es posible, perdonar, es posible ser una nueva criatura, es posible vivir
en paz. La persona que sufre rechazo, busca sin cesar el amor del progenitor
del mismo sexo y en ocasiones, transfiere su búsqueda hacia otras personas
del mismo sexo también. Este ser humano que recibió la herida
del rechazo, no se percibe, no se experimenta, no se mira como un individuo
completo, porque no ha conquistado el amor del progenitor del cual recibió
la herida y es muy sensible al mínimo comentario que venga de él
es decir, que se siente fácilmente rechazado. De ahí que existan
muchas personas rencorosas, y algunas lleguen hasta el odio, porque su sufrimiento
es verdaderamente intenso. Por eso, un gran amor que se vive con desilusión,
se transforma en odio. Cuando se pasa de una fase de gran amor hacia otra
de gran odio, está indicando un enorme sufrimiento interior.
El hijo o la hija del progenitor del sexo opuesto, tiende a rechazarlo y por
ello limita sus actos o sus palabras hacia él, hacia ella según
sea el caso. Si vive una experiencia de rechazo con el progenitor sea el padre
o la madre o con cualquier otra persona del sexo opuesto, se acusa a sí
mismo de esta situación y se rechaza, diciéndose que es su culpa,
que el otro, o la otra le haya rechazado. Si tu que escuchas, sabes en tu
interior que has recibido la herida de rechazo, será muy importante
aceptarla desde la fe, abrazándote a Jesús, entregándosela
una y otra vez, y dejando que Él sane y te cure todo tu sufrimiento
aún si actualmente, tu padre o tu madre te rechaza, porque si continúas
rechazándote a ti mismo, a ti misma, mayor temor, mayor miedo seguirás
engendrando y tendrás de que te rechacen los demás porque constantemente
te dices a ti mismo: es que no valgo nada. Una persona herida por rechazo,
con frecuencia se compara con quienes son mejores que ella y prefiere no darse
cuenta de que puede ser mejor que cualquiera en muchos campos e incluso le
es difícil creer que alguien más pueda elegirlo como amigo,
como pareja, que las personas realmente puedan amarle y cree imposible que
Dios, le ame sin condenarle. De hecho, cuando es elegido, no puede creer y
se rechaza a sí mismo.
Una persona que venía de una familia en donde había varios hijos
decía que su padre, nunca lo escogía para nada, y por ello deducía
enseguida que los demás eran mejores que él, así que
no era nada raro que él pensara que sus palabras y sus acciones, carecían
de valor. De hecho, cuando recibe demasiada atención, pierde la cabeza
y teme ocupar demasiado lugar. Si ocupa mucho lugar, cree que molesta y ser
molesta significa para él, ser rechazado por la o las personas a quienes
molesta o cree molestar. Aún en el vientre de su madre, el bebé
rechazado, ocupa muy poco lugar. Cuando una persona que ha sido rechazada,
está hablando ante alguien y este le quita la palabra, su reacción
inmediata es pensar que esto sucedió porque no es importante lo que
dice y así, deja de hablar, así, sin más. A una persona
herida por rechazo, le cuesta expresar su opinión cuando no es solicitada
porque considera que los demás se sentirán confrontados con
sus juicios y por tanto, lo rechazarán. Si desea pedir algo, a alguien
y esa persona está ocupada, lo dejará así y no dirá
nada. Sabe lo que quiere, pero no se atreve a exigir pues cree que no es lo
suficientemente importante como para molestar a los demás. Cuántas
personas al pedir algo lo hacen entre dientes y al no escucharles y preguntarles
qué dijiste responden ¡Nada!, olvídalo!
Hay adolescentes que dejaron de confiar en sus madres, por temor a no ser
comprendidas porque creen que ser entendidos por los demás es lo mismo
que ser amados, pero se puede entender una situación y no amar al que
está pasando por aquello, en cambio, amar es aceptar al otro así
como es, tal cual, , aún cuando no se entienda, aunque no se comprenda
exactamente el por qué de sus reacciones, el por qué de su manera
de ser. Pues a causa de esta forma de pensar, algunos adolescentes se vuelven
evasivos cuando hablan, intentan huir del tema al mismo tiempo que temen comenzar
otro. Si el que huye es un varón, vivirá la misma situación
con su padre y con otros hombres.
Otra característica de la persona que ha sido rechazada, es la de buscar
la perfección en todo lo que hace, ya que cree inconscientemente, que
si comete algún error, será juzgado por ello, pues para ella
ser juzgada, es ser rechazada. Como no cree en la perfección de su
ser, lo compensa intentando alcanzar la perfección en todo lo que hace.
Por desgracia confunde el “ser” con el “hacer”. De
hecho, su búsqueda de la perfección puede llegar a volverse
una obsesión. Deseará a tal punto “hacer” todo a
la perfección que cualquier trabajo o tarea le tomará más
tiempo del necesario y de este modo atraerá hacia sí, otras
situaciones de rechazo por parte de los demás. Los fetos rechazados,
abandonados, aún en el vientre de su madre, siempre intentarán
ocultarse, de ahí que en algunos ultrasonidos la respuesta sea esa,
querer desaparecer. Una persona abandonada, rechazada, se paraliza inconscientemente
ante situaciones similares o ante personas de su mismo sexo sobre todo ante
aquellas que le recuerdan a su padre o su madre que causó la herida.
Su lenguaje es parecido a este: “Me da pánico dejar de fumar”
–por ejemplo- pues la persona que no tiene esa herida, simplemente diría
que le será difícil dejar de fumar.
¿Sabías que nuestro subconsciente hace todo lo posible para
que no percibamos nuestras heridas?, y ¿sabes por qué?, porque
inconscientemente le hemos ordenado que así lo haga. Es tal nuestro
miedo a revivir el dolor asociado a cada herida como veremos en los casetes
siguientes, que por cualquier medio, evitamos confesarnos a nosotros mismos
que si vivimos el rechazo, es precisamente porque nosotros mismos nos rechazamos.
Escucha esto muy bien, para que puedas comenzar a amarte profundamente y no
continúes rechazándote más: Quienes nos rechazan, están
en nuestra vida para mostrarnos hasta qué grado nos seguimos rechazando
a nosotros mismos, en lugar de tomar el toro por los cuernos es decir, en
lugar de darnos un toque de atención, en lugar de despertar del sueño
del subconsciente y con el poder del Señor Dios, con la gracia del
infinito amor que nos ha tenido el Padre, con la sangre sanadora de Nuestro
Señor Jesucristo, reconocer que somos, que soy, que eres, digno, digna
de un gran amor y que tu que escuchas, eres el primero, la primera que tiene
qué dártelo porque ya desde toda la eternidad, antes de que
fueras creado, creada, tu ser ha sido acogido y bañado por el amor
de Dios.
También será importante que sepas que las heridas de la vida,
afectan la manera en que nos alimentamos. El ser humano alimenta su cuerpo
físico de la misma forma que lo hace con su interior. Generalmente
el que huye porque fue rechazado, prefiere porciones pequeñas y por
lo general pierde el apetito cuando siente temor o cuando vive emociones intensas.
De hecho quien ha sido rechazado, es quien más predisposición
tiene a sufrir anorexia. Una persona anoréxica es aquél, aquella
que casi no se alimenta, porque se considera obeso, gordo, cuando en realidad
es delgado, delgada, pero es una manera de intentar desaparecer. Cuando por
el contrario, come sin medirse, significa que está intentando huir
mediante la comida. También eligen huir a través del alcohol
el cigarro o la droga.
Las heridas, nos impiden pues, ser nosotros mismos, unos seres humanos hermosos,
creados para la bondad, la belleza en la sencillez, en la simplicidad de vida,
creados para la paz, la solidaridad y el amor. Así que estas heridas
acaban por crear un bloqueo y nos provocan enfermedades y malestares específicos
según es nuestra actitud interior por ejemplo, se sufre de diarreas
frecuentes, porque su cuerpo rechaza los alimentos antes de que los pudiera
asimilar adecuadamente de la misma manera que se rechaza a sí mismo
o rechaza rápidamente cualquier situación que pudiera beneficiarle.
Algunas personas padecen arritmias que es una irregularidad en la frecuencia
o pulso cardíaco. Cuando su corazón comienza a latir a un ritmo
desmedido, tiene la impresión de que se le sale del pecho, que desea
escapar. Esta es otra forma de querer huir de una situación difícil.
Mencionamos anteriormente que la herida de rechazo produce tanto daño,
que resulta del todo normal que el huidizo, odie a su progenitor del mismo
sexo y lo acuse de haberle hecho sufrir durante su infancia. Estas personas
pueden sufrir enfermedades que se relacionan con el rencor o el odio como
el cáncer, después del dolor que ha experimentado en el abandono
o aislamiento. Pero, cuando una persona logra admitir que siente resentimiento
hacia su padre o su madre, y desea de corazón transformar todo ese
odio en amor, en perdón, en capacidad de comprensión, en dulzura,
en misericordia, en amor, será liberado el dolor y podrá comenzar
un proceso de sanación integral.
Hay personas marcadas con le herida del rechazo que llegan a decir, que en
su vida no pasa nada, que todo está bien, que su familia está
integrada por personas en las que nunca ha habido ningún conflicto….¿sabes?,
estas personas están huyendo, porque no desean reconocer que guardan
resentimiento, porque admitir su rencor, equivaldría a admitir que
son personas heridas a su vez, también, víctimas hijos de víctimas.
Un pequeño rechazado, no se da el derecho a ser niño. Madura
rápidamente, creyendo que así se le rechazará menos.
Es por eso que su cuerpo o una parte de él sea infantil. El cáncer
indica que no se permitió a si mismo, sufrir cuando era niño.
Hay otros males como los problemas respiratorios sobre todo, cuando sienten
pánico. Es propenso a las alergias, las cuales reflejan el rechazo
que vive asociado a algunos alimentos o sustancias, al polvo, al sol, etc.
También puede recurrir al vómito para eliminar los alimentos
que acaba de ingerir con el objeto de indicar su rechazo hacia una persona
o una situación determinada. Hemos escuchado expresarse a dos o tres
jóvenes así: “Deseaba vomitar a mi madre o a mi padre.
Otra forma de vomitar a una persona o a alguna situación es decir:
“Me repugnas” o “cómo me repugna eso”.
La persona rechazada, sufre desvanecimiento o desmayo –en ocasiones-
por medio del cual se vale para huir de una situación o de una persona.
En casos más serios, utiliza el estado de coma para huir. Puede sufrir
agorafobia es decir que altera su comportamiento para huir de determinadas
personas o situaciones que le podrían producir pánico. La agorafobia
es un temor enfermizo hacia los espacios libres y a los lugares públicos
y es entre las fobias, la más difundida. Las mujeres son dos veces
más sensibles a ella que los varones. Muchos varones ocultan se agorafobia
en el alcohol, prefieren transformarse en alcohólicos, antes que confesar
que tienen un gran temor incontrolable. El agorafóbico suele quejarse
de vivir en la ansiedad y sobre todo en la angustia, al punto de sentir pánico.
La mayoría de los agorafóbicos sufre de hipoglucemia. En la
continuación de este tema, hablaremos más de esto.
Si la persona rechazada, abusa del azúcar, puede ser objeto de enfermedades
del páncreas como la diabetes y la ya mencionada hipoglucemia o baja
de azúcar.
Si desarrolla odio intenso hacia uno de sus padres, a causa del dolor provocado
por el rechazo que ha vivido y todavía vive, y cree que ha llegado
al límite, es posible que se vuelva depresivo o maniaco depresivo.
Si piensa en el suicidio, no hablará de él y si decide consumarlo,
hará todo lo posible por no fracasr. Aquellos que hablan con frecuencia
de suicidarse y lo logran, son más bien los que sufren de abandono.
De esto hablaremos en el mensaje siguiente.
Por último, el huidizo que de joven tuvo dificultades para reconocerse
como un ser humano dotado de todas las capacidades para ser feliz, para saberse
realizado y pleno, intentará ser como cualquier otro y se perderá
en la personalidad de quienes admira pasando frecuentemente de uno a otro
modelo. El peligro de este comportamiento extremo es que más adelante
puede transformarse en psicosis, ese trastorno mental caracterizado por la
pérdida de la realidad; afecta a los jóvenes adultos –aunque
puede también afectar a cualquiera- y es bastante común. Toda
esta información, te la decimos -no para que te sugestiones sino que
simplemente reconozcas qué es lo que puede estar originando tu manera
de ser, tus males incluso físicos o psicológicos, para que reconociéndolos,
te entregues de una vez por todas a Jesucristo, tu único Dios y Salvador.
Si has reconocido en ti la herida del rechazo, es seguro que tu progenitor
de tu mismo sexo, a su vez, o los dos, se hayan sentido rechazados por su
propio progenitor del mismo sexo o por los dos. Además es muy posible
que él o ella, sienta tu rechazo o se haya sentido rechazado por ti,
de ahí sus reacciones agresivas hacia ti. Ya para terminar, déjanos
decirte que, ahora conciente de todo esto, ya sabes que cuando reproches a
los demás su manera de rechazarte, estarás reprochándote
a ti mismo, a ti misma, la manera de cómo te rechazas a ti mismo, a
ti misma y cómo rechazas a los demás.
Es muy importante que reconozcas y aceptes -para que pongas a trabajar tu
fe- que el origen de cualquier herida está en el no ser concientes
de provocarla y el motivo de no ser sanada está en el no querer perdonar.
Así que puedes comenzar por tomar todo el capítulo 9 del Evangelio
de Juan. Mira como Jesús mismo quiere que desterremos de nosotros eso
de echarle la culpa a otros de cómo estamos actualmente. De hoy en
adelante, ten siempre muy presente, a diario y a cada momento que si el mundo
sufre, si hay malos gobiernos, si la corrupción se extiende, si hay
niños y jóvenes limpiando parabrisas e ingiriendo droga, si
hay gritos, violencia y depresión, no es por ninguna culpa, sino por
alguna causa.
Señor, regálame la gracia de saber amar como tu nos amas, como
tu me amas. Amén.
MOMENTOS PRECIOSOS DE ORACIÓN
En una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos reposados sobre tus piernas, con tus palmas hacia abajo o hacia arriba o entre lazadas, tus pies bien puestos en el piso si puedes, tu cabeza recta y cerrando tus ojos, respira suave, profundo y lento……experiméntate un ser humano vivo, un ser humano que tiene en su corazón, el secreto de la felicidad……porque su corazón está habitado por esa Presencia que todo lo sana, Presencia que transforma al corazón más seco por la falta de amor, en un manantial de agua viva…..y dile desde la fe adulta:
Señor, tu conoces lo más escondido de mi….tu que me sondeas,
sabes cuando me siento o me levanto y penetras mis pensamientos, distingues
mi camino y mi descanso, tu que cuando no ha llegado la palabra a mi lengua
ya Señor sabrás lo que pronunciaré…..estréchame
en tu regazo y cúbreme con tu palma……Dios mío, tu
sabes que he sido rechazado, rechazada –a lo mejor inconscientemente
– pero al fin, rechazado, rechazada…
Hoy, aquí y ahora, ante tu Presencia amorosa, no quiero huir más….no
quiero escapar más de mi, de ti, de los demás…..porque
aún en mis tinieblas y en las tinieblas de los demás, tu luz
es más fuerte que la oscuridad porque ni la tiniebla es oscura para
ti, y la noche es clara como el día.
Señor, por tu infinita misericordia, sana esta necesidad de ser aceptado, aceptada, infinitamente amado, amada….no quiero seguir utilizando máscaras para huir….hoy, aquí y ahora, acepto que algún día una ó dos ó 10 mil veces he sido rechazado, rechazada por alguno de mis padres o por los dos, o por algunas personas pero sobre todo, por mi mismo, por mi misma. Incluso, me he llegado a sentir alguna vez, rechazado, rechazada por ti, pero hoy se, que TU ME AMAS DESDE TODA LA ETERNIDAD y me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras y yo, soy obra tuya, por eso, soy inmensamente grande, rico, rica, hermoso, hermosa. Se que me has regalado la misión de amar y desde hoy quiero realizarla…quiero ser para Ti Señor…..quiero ser amor.
Se que desde toda la eternidad me has amado, me amas y me amarás por
los siglos de los siglos. Abrázame……infúndeme esa
certeza de que los rechazos que he recibido en mi vida desde que fui engendrado,
engendrada, fueron causados por la inconciencia de mis padres, por alguna
causa, pero nunca por haberme querido hacer algún mal concientemente,
intencionalmente.
Dame la gracia de aceptar con paz, que ellos a su vez, también fueron
heridos y así, la cadena siguió y siguió a su vez con
sus padres y con los padres de sus padres……pero hoy, aquí
y ahora, deseo, necesito abrazarme con infinito amor, con infinita aceptación,
como también necesito y deseo abrazarles a ellos, mis padres……..para
expresarles que no les rechazo más, que los entiendo, que me solidarizo,
que los amo. Que los amo con tu amor y que los perdono con tu perdón….
(Y tú que escuchas, si tus padres ya no viven, trae su recuerdo santo
y mírales pequeñitos, indefensos también, rechazados.
Hoy estás aquí para ofrecerles ese amor que también les
faltó, para darles esa aceptación incondicional. Abrázales,
ámales como el Señor te ama a ti) (Mus)
También Jesús necesito aceptar y amar con tu amor y perdonar
con tu perdón, a todas a aquellas personas que me han rechazado por
estar dormidas en el sueño de la irrealidad, encarceladas en el mundo
de las heridas. Hoy, con tu sangre preciosa, desátalas de sus heridas,
sánales Jesús, como lo estás haciendo conmigo….Les
amo con tu perdón, les perdono con tu perdón, les acojo con
tu inmensa ternura, Jesús……(Mira a aquellas personas o
a aquella persona que crees que te ha rechazado más y mira como Jesús
la estrecha entre sus brazos y la baña de su amor sanador…mírate
tu abrazándole….haciendo juntamente con Jesús, que la
llaga de su corazón herido, sea transformada en paz. Ahora Jesús,
a mi mismo, a mi misma, desde tu amor que lo sana todo y lo plenifica todo,
me amo con tu amor. Me perdono con tu perdón…me acepto incondicionalmente.
Abracémonos Jesús, tu y yo, fuerte…. nunca más,
nada ni nadie pueda romper este abrazo lleno de verdadero amor……
porque ahora soy conciente de quién soy y para qué estoy en
este mundo. Gracias Jesús, por todo lo que estás haciendo en
mi vida. Gracias Jesús….Jesús….Jesús….
LA HERIDA DEL ABANDONO
Estás en la cuarta parte del tema “El valor del perdón”.
En esta ocasión hablaremos sobre la herida del abandono, para que identifiques
en el subconsciente de tu bebé, de tu pequeño herido, de tu
pequeña herida, si es el abandono lo que te hace reaccionar como reaccionas,
ahora que eres un joven o un adulto.
Abandonar a alguien es apartarse de él, dejarlo, no desear más
tener que ver algo con él, con ella. Muchas personas confunden el rechazo
con el abandono. Miremos pues la diferencia. Si uno de los miembros de una
pareja, o un padre y un hijo, decide rechazar al otro, para no tenerle junto
a sí, sea el motivo que sea por ejemplo una hija que se cansa de la
manera de ser negativa de su madre, de sus quejas por la vida, quejas por
algún miembro de la familia, si decide abandonarle, se aleja físicamente,
se marcha para distanciarse temporal o definitivamente.
Aunque definir el abandono de esta manera, es muy relativo, porque yo, tu,
podemos abandonar a alguien, aún al continuar viviendo bajo el mismo
techo pues tu puedes abandonar a un hijo, a una hija,- sobre todo así
experimentará si es bebé- cuando tienes que irte a trabajar
4 ó 5 u 8 horas y lo dejas –sin que esta sea tu intención-
“abandonado” con tus padres, con una amiga o vecina, o en una
guardería……Unos padres –como otro ejemplo- pueden
abandonar a su bebé en el vientre, aunque la mamá lo traiga
bien dentro, cuando el papá por andar participando en parrandas de
cualquier tipo, llega noche a casa, haciendo sentir a su esposa, cada vez
más infeliz o cuando la mamá está más sumida en
su depresión, en sus cosas, en sus pensamientos, en lugar de tratar
–con la ayuda del Señor Dios, y de todos los libros que enseñan
cómo ser una mejor persona- de salir adelante, de crecer más
interiormente, para poder proporcionarle al bebé, una acogida llena
de vida, de realización humana y divina; o también le abandonan
a las consecuencias de los actos irresponsables de ambos padres inmaduros
, cuando fuman o alguno de los dos o los dos se drogan, o cuando beben sólo
en ocasiones –dicen- y nunca reconocen que son dependientes porque están
huyendo de sí mismos…..
Otro ejemplo es cuando la herida que se vive en el caso del abandono, la podemos
situar en el plano del tener y el hacer. Escucha bien. Un niño pequeño
puede también sentirse abandonado si su madre se encuentra ocupada
con un bebé nuevo. El sentimiento de abandono será aún
más fuerte, si el nuevo bebé necesita muchos cuidados porque
es enfermizo o padece alguna incapacidad. El pequeño tendrá
la impresión de que su madre lo abandona continuamente para ocuparse
del otro y comenzará a creer que así será siempre, que
nunca tendrá a su mamá de otro modo.. Puede suceder en otro
caso, que de pequeño te hayan tenido que llevar al hospital en donde
permaneciste y no comprendiste qué sucedía. Cuando a un pequeño
le pasa esto durante varios días, tal vez reaccione caprichoso porque
pensará que sus padres ya se cansaron de él y se experimentará
abandonado. La reacción que tome ante este sentimiento, será
una máscara que le ayude a soportar su sufrimiento. Cuando los padres
de un pequeño, le dejan con alguien más incluso, si se trata
de la abuela, se experimentará abandonado o cuando su madre siempre
está enferma y su padre está demasiado ocupado o ausente –sea
el motivo que sea- para hacerse cargo de él, el pequeño, la
pequeña se ven obligados a arreglárselas por sí mismos,
sin ser conscientes de que en lo profundo de sí, se está tatuando
fuertemente, la herida del abandono.
Una señora nos platicaba –y nos permitió compartirte a
ti que escuchas, su experiencia- que tuvo un temor terrible cuando murió
su padre cuando ella tenía 18 años. Este paso lo vivió
como un verdadero abandono, fue terrible porque además su madre, no
paraba de decirle que cuando cumpliera 21 años, tendría que
independizarse. Esta mujer, que se sentía rechazada por su madre, vivía
en constante miedo y no hacía más que pensar: ¿Qué
me sucederá ahora, sin papá?. No estará aquí para
ocuparse de mi, cuando tenga que salir de casa”. Muchas personas que
sufren la herida del abandono cuando fueron pequeñas, experimentaron
una profunda falta de comunicación por parte de sus progenitores, sea
la madre o el padre o los dos. Hoy, madres y padres de familia que han conocido
al Señor y que han comenzado a trabajar por un proceso de maduración
interior en sí mismos, nos preguntan cómo hacerle para que sus
hijos jóvenes comprendan que ellas y ellos, los padres, en realidad
no son las culpables de lo que muchas veces los hijos les reclaman: -les dicen-
“Tu tienes la culpa de mi infelicidad”. “Tu eres la causa
de que yo no sea feliz” y sencillamente les respondemos que hablen o
escriban según sea el caso, a sus hijos…..hablen de lo que Ustedes
pasaron…. y de lo que ellos –sus hijos- a su vez, han pasado;
gánense su confianza, con amor, no digan ustedes mismos: Uuuuu, eso
es imposible, porque quien habla así, no tiene fe, no conoce el amor
del Señor, no reconoces lo que el Señor Dios está haciendo
por ti mismo, por ti misma que muchas veces te has creído un imposible
para Dios.
Para Dios, no hay nada imposible, excepto que tu no quieras abrirle nunca el corazón. Así que padres de familia, hijos, ser humano quien quiera que seas y que escuchas este casete, busca el mejor momento para el encuentro, para dialogar, para abrir las puertas de la interioridad y para ofrecer al mismo tiempo, acogida, calor de sinceridad y fidelidad y silencio de las confesiones recibidas. Este momento, siempre llega –porque es una gracia- cuando estamos a la escucha del Espíritu….
La mayoría de las personas nos han dicho que la herida del abandono
se vive con el progenitor del sexo opuesto, pero esto no es una regla para
todos. En cambio, podemos casi generalizar, que las personas que sufren de
abandono, han sufrido también de rechazo. Hay casos en los que cuando
se es joven, se experimenta rechazado por su progenitor del mismo sexo y abandonado
por el sexo opuesto, el cual cree que debía haberse ocupado de él
y sobre todo, que debía haber velado para que fuese menos rechazado
por el otro progenitor.
Lo que vamos a decir en seguida, no corresponde a la herida del abandono,
pero imaginemos el caso de alguien que ha sido abusado sexualmente por alguno
de los progenitores –aunque esta herida se tocará en los siguientes
mensajes- estaríamos hablando de un ser humano, de un pequeñito,
de una pequeñita mucho muy destruidos. Y esto lo mencionamos ahora,
para que con la gracia del Señor que es todo respeto, profundo y tierno
amor con cada uno de nosotros, comencemos a amarnos con locura divina y a
los demás, como somos amados por Dios. Cada vez que mires a una persona,
a un ser humano, no lo juzgues, no lo etiquetes, compréndele, ámale
como el Señor te ama a ti.
Amarte a ti, amar a quienes son más próximos a ti, amar a tu
familia entera, amar a los vecinos, a tus compañeros de trabajo, de
escuela, a los que ves en la calle, a los que miras por televisión
y escuchas por radio, amar, amar, amar a cada ser humano que forma parte de
este planeta, sea como sea, haya hecho lo que haya hecho, porque ahora sabes
que la inmensa mayoría vivimos huyendo, envueltos en máscaras
para no volvernos aún más locos. Y te decimos esto, porque Jesús
el Señor, nos ha enseñado en el evangelio, con su vida, que
lo único que necesita el mundo para ser feliz, es el amor que es aceptación,
es comprensión, diálogo, es encausar los impulsos agresivos
motivados por las heridas, hacia la bondad, la dulzura, la compasión,
la misericordia.
Hay niños de 3 a 10 años y pre-adolescentes de 11, 12 ó
13 años, que comienzan a manifestar su herida de rechazo o abandono
en la alimentación física o comerán poco o comerán
mucho, y con esto, ya tenemos frente a nosotros un ser humano dependiente.
Dependiente de todo. La dependencia, es una máscara que brota de la
herida del abandono y se manifestará algunas veces en un cuerpo largo,
delgado y encorvado. El caso del exceso de peso nos estará indicando
otro tipo de herida que veremos más adelante.
El niño o adulto dependiente, abandonado, cree que no puede lograr
nada por sí mismo, por tanto, tiene necesidad de alguien más
y lo más a la mano –para suplir esa necesidad- es, muchas veces
la comida. Generalmente la mirada de alguien que sufre interiormente el abandono,
aunque es triste se verá como unos ojos que parecen querer atraer a
otros con su mirada. No olvidemos que la intensidad de la herida, determinará
de qué grueso es la máscara.
Es importante que sepas diferencias entre la máscara del huidizo o
de quien fue rechazado, a la del dependiente o quien fue abandonado. Puede
haber dos personas muy delgadas junto a ti, y una de ellas ser huidiza y la
otra dependiente. Hoy en día, las cirugías hacen que muchas
personas, incluso adolescentes, intenten esconder sus heridas porque rechazan
partes de ellas mismas, pero quien se mira al espejo, no puede mentirse, pues
ocultar la herida con medios físicos, no la hará desaparecer.
En cambio, la intimidad con el Señor Dios, el dejarse amar por Él,
el desear y buscar los medios para crecer interiormente, leer libros de espiritualidad,
libros que nos ayuden a crecer como seres humanos y divinos, audio casetes
que alimenten nuestra mente de información sana, sí que lo hará,
paso a paso, casi sin notarse, pero cuando menos lo pensemos y sin que nos
demos cuenta de ello, estaré, estarás dando mucho fruto, mucho
amor. Te habrás encontrado contigo mismo, contigo misma, con los demás
y con Dios.
Continuemos pues escuchando que la persona dependiente es la que generalmente
tiende a convertirse en víctima. Una persona “víctima”
así entre comillas, es la que hace problemas de todo tipo en su vida,
pero especialmente problemas de salud, para llamar la atención como
es el caso de los niños, jóvenes y adultos hipocondríacos.
El niño, joven o adulto dependiente, es una persona que dramatiza mucho:
hasta lo más mínimo lo hace gigante. Por ejemplo, si su pareja
no llama para avisarle que llegará tarde, piensa lo peor y no comprende
por qué le hace sufrir tanto al no llamar. Una persona dependiente
no sufre…sino que agoniza por dentro, y aunque el ser así le
acarreará problemas, ser abandonado para él, para ella será
más doloroso que vivir todos los problemas que traiga su proceder.
Sólo otra persona dependiente, le podrá comprender.
Cuando encuentres una persona así, víctima de todo, o tu mismo,
tu misma, si tienes esta máscara, estarás frente a alguien que
vive una importante herida de abandono. La persona dependiente, tendrá
temor a la soledad, porque la ayuda que más necesita el dependiente
es el apoyo de los demás. Generalmente, antes de decidirse, por lo
general pide la opinión o la aprobación de los demás
porque sencillamente no se decide o duda de sus decisiones cuando no siente
el apoyo de alguien más. Esto no quiere decir que escuche los consejos
o sugerencias pues al final casi siempre hará su parecer.
Otros casos los encontramos en esas personas que nos pueden parecer perezosas,
pero en realidad lo que sucede es que no les agrada realizar actividades o
trabajos físicos solos puesto que necesitan la presencia del alguien
más para sentirse apoyados. Una persona dependiente, percibe el final
de cualquier cosa agradable como un abandono, por eso exclamará: “Qué
lastima que se haya terminado”.
La persona dependiente, que actúa como víctima, tiende a tener
–sea varón o mujer- una voz infantil y a hacer muchas preguntas.
Esto se observa cuando pide ayuda por ejemplo, tiene dificultad a aceptar
una respuesta negativa y con la tendencia a insistir. Mientras más
sufre cuando se le dice “no”, más se dispondrá a
utilizar cualquier medio para obtener lo que desea como la manipulación,
el enfurruñamiento, el chantaje, etc. Estará dispuesta a tolerar
situaciones muy difíciles, en lugar de ponerles fin porque su temor
es: ¿Qué voy a hacer solo, sola? ¿Qué será
de mi? ¿Qué me sucederá?. Vive en conflicto consigo misma
porque por una parte, exige mucha atención y por otra, teme estar exigiendo
demasiado y que eso acabe por molestar a los otros quienes podrían
abandonarle y aunque no lo admita, ama el sufrimiento tanto como para tolerar
lo que sea con tal de no estar solo, sola.
Para una persona dependiente, el simple hecho de escuchar actualmente, de
una amistad por ejemplo cuando le dice: “debo irme” y por teléfono
escuchar la palabra “dejar”, o “mirar en frente de él
o de ella el reloj”, será traer a la conciencia la herida de
abandono de sus padres o de alguno de ellos y esto le causará un verdadero
dolor, porque inmediatamente pensará que no es tan importante como
para atraer la atención de otro, de otra.
La tristeza, es la emoción más intensa que experimenta el dependiente.
Constantemente siente esta tristeza en lo más profundo de su ser sin
que pueda comprender o explicar de dónde proviene y para no sentirla,
busca la presencia de otros; pero también es capaz de irse al otro
extremo es decir, alejarse o apartarse de la persona o la circunstancia que
le causa esa tristeza o ese sentimiento de soledad. En momentos de crisis,
puede incluso pensar en el suicidio. Generalmente, habla de esto a los demás
sin hacerlo porque lo que realmente busca, es apoyo, pero si después
de muchas tentativas para que le den apoyo no lo obtiene, posiblemente termine
suicidándose.
Una persona dependiente porque en su etapa primera recibió la herida
del abandono, teme a toda forma de autoridad. Piensa que una persona que usa
una voz autoritaria o que toma una actitud autoritaria, es fría e indiferente
por eso, jamás podrá aceptarle y por este motivo, tiende a ser
lo contrario es decir, es cálido con los demás. Cree que al
ser así, los demás serán afectuosos, atentos, cálidos
y no autoritarios. Una persona dependiente, al hablar de su infancia, dirá
que con frecuencia se le dejaba solo y que su madre o su padre, estaban ausentes.
Una persona dependiente, se angustia al estar sola, y lo que se oculta detrás
de esa angustia, es un sentimiento de urgencia por desear que alguien esté
junto a ella, y en cuanto tiene la oportunidad de entablar una relación
con alguien, teme que le abandone, por eso, se las arregla para ponerle fin
por propia cuenta. Y lo más contradictorio es que a esa persona le
gustaría sentarse sola a leer un libro, pero no admite –por ejemplo-
que su pareja lo haga, o le gustaría salir solo a algunos lugares que
elige pero se sentirá abandonada y creerá que le hacen a un
lado si su pareja hace lo mismo y dirá: Claro, no soy lo suficientemente
importante como para que quieran salir conmigo”.
A una persona dependiente, le resulta difícil aceptar no ser invitada
a una reunión aunque esta decidiera de antemano no haber ido. Experimenta
una gran tristeza por el sentimiento de abandono de ser poco importante.
Durante la infancia, por ejemplo, las niñas se afianzan a su padre
y los niños a su madre. En la pareja, el dependiente, se apoya en el
otro o le toma la mano o lo toca con frecuencia. Cuando está de pie,
busca apoyarse contra un muro, una puerta o cualquier otra cosa. Incluso,
sentado, le es difícil estar erguido y se apoya en el brazo del sofá,
su espalda, tiende a encorvarse hacia delante. Cuando en alguna reunión,
veas a alguien que busca llamar poderosamente la atención, observa
su cuerpo y verás que en su interior hay una máscara de dependencia.
El dependiente piensa que los demás, son su felicidad. Hay personas
que han sido muy dependientes de su madre cuando eran pequeños que
aún casados, les es impensable pensar apartarse de ella. El niño
dependiente, tiene terror al cambio que sufre en la pre-adolescencia, y de
la adolescencia a la edad adulta, siente pavor al cambio de la soltería
al matrimonio, o simplemente sienten terror a la idea de no casarse nunca,
a la mudanza a otro domicilio, una separación, la muerte o el nacimiento;
alguien dependiente, al experimentarse llamado a un seminario o convento y
al tener que dejar a la familia; el dependiente, se paraliza, siente terror
de que no se cumplan en la vida, sus planes, porque para la persona dependiente,
solo lo que ella misma se proporciona, es seguridad. Y si es creyente, allá
en su subconsciente, “cree que ni Dios puede darle lo que realmente
necesita, por eso se obstina en sus planes”.
La sensibilidad de una persona dependiente llevada al extremo de enfermar
y de caer en la agorafobia, le hace temer a la locura es decir, al hecho de
quedarse loca, pero será urgente hacerle saber que lo suyo no es locura,
sino una sensibilidad excesiva sin sanar, por desear no ser abandonado.
Una persona dependiente, llora fácilmente, sobre todo cuando habla
de sus problemas o de sus adversidades. En su llanto acusa a los demás
de ignorarle cuando vivía en medio de sus problemas o enfermedades.
Acusa incluso a la vida e inconscientemente a Dios de haberla abandonado,
cuando en realidad es la persona misma quien se ha hecho a un lado. Una persona
normal, se experimentará muy bien sola, sin sufrir por ello, tomando
las riendas de la vida, sin echar la culpa a nadie, porque sabe que las culpas
no existen sino más bien todo ha sucedido por alguna causa. Una mujer
dependiente, que vive con un alcohólico –por ejemplo- o que es
víctima de abuso conyugal. Su sufrimiento será más grande,
si se separa de su pareja que si tolera lo que vive. La persona dependiente
tiene una enorme capacidad para no ver el problema que vive en la familia
o con su pareja, con una amistad, o consigo misma. Prefiere creer que todo
marcha bien, porque tiene miedo de ser abandonada. Si este es tu caso por
estar aferrado, aferrada a una persona haciendo todo lo posible -por el temor
a no ser abandonado, abandonada-, necesitarás tu mismo, tu misma brindarte
apoyo y dejar que el Señor Dios te ayude a salir de esa situación.
Una persona dependiente, tiene necesidad a cualquier precio de que los demás
le hagan sentir importante de que le tomen en cuenta, de que constantemente
le de su opinión sobre sí misma, pero hay aquí algo importante:
cuando el dependiente es capaz de detectar los problemas que le causa su dependencia,
experimenta el deseo de ser independiente, pero este creerse independiente,
no es más que otra máscara que no hará más que
acentuar y ocultar la herida de abandono que no se ha sanado.
Otros casos de dependencia por herida de abandono, son los hombres y mujeres
que no desean tener hijos so pretexto de querer mantener su independencia.,
pues por ejemplo en el varón, la presencia de un niño en la
familia, suele ocultar el temor a no recibir toda la atención de su
pareja, mientras que la mujer dependiente, temerá a su vez sentirse
agobiada por las obligaciones que implica tener un hijo. Por otra parte, si
ella desea tener hijos, los preferirá cuando son pequeños, cuando
dependen más de ella, ya que así se sentirá más
importante. El dependiente busca más que la independencia, el hecho
de sentirse necesitados por alguien. Las personas dependientes -según
grandes psicólogos como Freud- son las que más buscan tener
sexo, hablar cosas en las que se involucre todo lo referente al sexo, a los
órganos sexuales, porque creen que en una relación sexual encontrarán
la ternura y el cuidado que no tuvieron en su infancia o adolescencia. (Y
referente a la comida, si mencionamos anteriormente que en el caso del huidizo
existe la tendencia a la anorexia, en el caso del dependiente, la tendencia
es a ser bulímico).
Los comportamientos propios del dependiente son dictados por el temor a revivir
la herida de abandono. Cada una de las heridas, tiene comportamientos y actitudes
interiores propias. Las formas de pensar, de sentir, de hablar y de actuar,
correspondientes a cada herida, indican una reacción a lo que sucede
en la vida., de ahí que será siempre necesario ser conciente
cada instante de tu vida para qué estás en este mundo y sabes
que a este mundo has venido a dejarte amar por Dios, a amarte a ti mismo,
a ti misma y a cada ser humano que el Señor Dios pone en tu camino,
es decir, estar atento, atenta a la Presencia sanadora de Cristo en ti, para
que tus reacciones, sean cada vez más, las reacciones de Jesús.
En lo que se refiere a las enfermedades, el dependiente, se distingue por
haber sido un niño enfermizo, débil o endeble. Suelen padecer
asma, lo que indica que la persona que la padece, acepta más de lo
que debería y no rechaza lo que le pesa, sino con muchas dificultades.
Los problemas de bronquios, asfixia etc, son también comunes pues indica
que tiene la impresión de no recibir lo suficiente de su familia. La
miopía es muy usual en los dependientes, pues representa la dificultad
de ver más lejos en relación con el temor al futuro y el miedo
a enfrentar el porvenir solo.. El dependiente puede llegar a sufrir histeria
sobre todo cuando llega al borde de sentirse la víctima. En psicología
se dice que la persona histérica es semejante al niño que llora
cuando se le abandona y se le priva de la leche que lo alimenta. Padecen depresión
cuando su herida les lastima mucho. Puede padecer migrañas porque se
impide ser ella misma.
Generalmente, las personas en quienes predomina la herida de abandono, también
temen a la muerte, mientras que aquellas que han recibido la herida de la
traición, temen con mayor frecuencia a la locura. Si tu que escuchas,
te identificas como una persona dependiente que ha vivido la herida del abandono
o eres una persona agorafóbica es decir, que tiene temor a la muerte
y a la locura, debes saber que lo que vives no es locura y que no morirás
por ello
No creas pues, que ya no hay salida para ti, no. Sí la hay y se llama
Jesucristo, tu único Salvador, la Vida Verdadera, pues al encontrar
tu seguridad en Él, vendrá la luz y encontrarás la solución
a tu vida la respuesta de tus por qué, de tus para qué. Para
terminar este tema, si te identificas con la herida del abandono, te recordamos
que la desencadenó tu progenitor del sexo opuesto y que continuará
apareciendo con cualquier otra persona del sexo opuesto a la que te enfrentes.
Es seguro también, que ese progenitor, padeció la misma herida
con su propio progenitor del mismo sexo que tu. Las mismas heridas se repiten
de una generación a otra (lo que explica el fenómeno de la herencia)
y así sucederá mientras no quieras romper con esa cadena de
desamor. Sólo el amor, cura las heridas. Sólo el amor, mueve
montañas. Sólo el amor salva. Sólo el amor sana.
Así que toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos
y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba
o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira
suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor
y Dios, escucha lo que hoy te regala en su Palabra tomada del profeta Isaías
(66 12.13): Yo haré que la paz venga sobre ti, como un río.
Como una madre alimenta con su amor, así te consuelo hoy a ti. Aquí
en tu corazón encontrarás siempre la paz, porque en tu corazón
estoy Yo. Ahora mismo, estoy alegrando tu ser. Estoy renovándote. Tu
has dicho envuelto en tu tristeza: “El Señor me ha abandonado,
mi Dios se olvidó de mi” pero, ¿acaso una madre olvida
o deja de amar a su propio hijo?, Pues aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré
jamás ni te abandonaré. Yo te llevo grabado, grabada en mis
entrañas, siempre estas presente ante mi, porque yo te amo y te guío
y te atraigo a mi, para que en mi encuentres manantiales de agua que da vida,
que sana y siempre te abriré un camino a través de las montañas
y haré que se allanen los senderos.
Mi Señor, hoy, aquí y ahora, deseo y necesito que el poder abandonarme
en tus planes, en tu providencia en tu amor, sea una realidad en mi. Deseo
que tu voluntad, sea mi única guía en esta vida en la que muchas
veces he experimentado perder el camino. Hoy, se que nunca has querido el
mal para mi, pero así como me has dejado libre para no brindar una
sonrisa, así como me has hecho libre cuando no he querido comprender
a los demás, así como me has dejado libre para no amar, así
has dejado libre a quienes por inconciencia me hirieron, me abandonaron, pero
hoy Oh mi Dios amorosísimo y fiel, no quiero otra cosa más que,
que en mi ser se realice tu plan Divino que desde toda la eternidad tenías
preparado para mi. Hoy quiero, como tu Jesús me enseñaste en
tu paso por este mundo, con gran confianza asumir, aceptar todo lo sucedido
en cuanto posibles heridas de abandono desde el momento de mi concepción
hasta este momento y decir: “Señor, desde hoy y para siempre
quiero dejar que en mi vida tu seas Dios”, porque se que tu no creaste
el mal y siempre quieres el bien para tus hijos, para la creación entera.
Hoy me abandono confiadamente a ti. Por eso estoy aquí, reposando en
tus manos amorosas. Jesús yo confío en ti a pesar de mirar diariamente,
como nos ofendemos, cómo nos rechazamos y nos abandonamos entre los
seres humanos y como también lo hacemos con la naturaleza, con los
seres indefensos, con los animalitos…..”Dios mío. Creo
en tu amor. Creo que me amas infinitamente y que nunca pero nunca me has abandonado
ni me abandonarás jamás. Señor, ámame”……..
LA HERIDA DE LA HUMILLACIÓN
Si buscamos en un diccionario la palabra “humillación”,
encontraremos que es ese sentirse como pisoteado por alguien que te dice en
tono grosero, aplastante, engreído o con coraje algo que rompe tu derecho
como ser humano. Es como si alguien te vejara o te degradara y tu te sintieras
inferior, con vergüenza y mortificado, mortificada. La humillación
surge, precisamente en el momento en que se desarrollan las funciones del
cuerpo entre el primer año y el tercero de vida, edad en la que un
niño normal, aprende a comer solo, a comportarse con propiedad, a ir
al baño solo, a hablar, a escuchar y comprender lo que los adultos
dicen, etc. La humillación se produce en el momento en que el niño
siente que uno de sus padres o algún familiar se avergüenza de
él, sea por su físico, por su manera de obrar o de ser.
Por ejemplo hay adultos que expresan toda su burla –tanto en privado
como en público-, hacia un pequeño o una pequeña que
sea delgado o gordo o que sea más moreno que lo normal, o blanco, o
con los ojos almendrados o la boca con el labio leporino, o si tiene el pelo
pelirrojo o pecas, o la nariz grande etc…..también se burlan
del niño o se disgustan si este ha manchado su ropa o si se ha orinado
ya sea en la cama o de pie o si ha estropeado algo.
Sin importar la situación que provoca que el niño se sienta
rebajado, humillado, , comparado, mortificado, avergonzado en el plano físico,
la herida despierta y comienza a adquirir importancia. Veamos el ejemplo del
bebé que ha jugado con sus heces y la unta en su cuna o hace otra cosa
semejante, catalogada por el adulto como impropia. La herida surge cuando
escucha a su madre contar al padre lo que ha sucedido, describiéndole
como un cochino, pues a pesar de que sea bebé y no comprenda las palabras,
sí percibirá el desagrado que ha causado en sus padres y comenzará
a sentirse humillado, avergonzado.
Una joven que estuvo internada, nos contó que cuando era niña,
una compañerita suya, se orinaba en la cama. Cuando la encargada se
daba cuenta, la obligaba al día siguiente a caminar por los salones
de clases con la sábana sucia sobre la espalda. Al humillarla y mortificarla
de esa manera, creía que la niña no volvería a mojar
la cama, pero todos sabemos que un castigo produce un efecto contrario. Sí,
escuchaste bien: todo castigo produce un efecto contrario y entonces, la herida
en vez de ser sanada, se acentúa.
Muchas veces, los genitales y la sexualidad, han sido motivo de humillación
por ejemplo, cuando la mamá sorprende a su pequeño tocándose
y exclama: ¡eres un cochino, una cochina!. ¿No te da vergüenza?.
El niño, la niña, se siente mortificado, mortificada, avergonzado,
avergonzada por lo que el pequeño irá creciendo con un constante
sentimiento de culpa y más adelante tendrá dificultades en el
plano sexual. El niño también se sentirá rebajado, si
se percibe a sí mismo demasiado controlado por uno de sus progenitores
o si cree que no tiene libertad para actuar o para moverse como desea en el
plano físico como sucede cuando un progenitor reprende y castiga al
niño que salió a jugar al lodo con sus mejores ropas antes de
que lleguen los invitados y si los padres cuentan el incidente a los invitados
frente al niño, la humillación será todavía más
intensa, ya que este comportamiento puede hacer creer al pequeño que
desagrada a sus padres y se sentirá avergonzado por su propia conducta.
Es común escuchar a las personas que sufren esta herida cómo
describen todas las cosas prohibidas que hicieron cuando eran niños
o adolescentes. Es como si buscaran situaciones para revivir la humillación.
Como dijimos al principio, la humillación puede venir de alguno de
los progenitores o de algún familiar, sin contar que también,
más adelante, puede venir de cualquier persona. Un pequeño que
sufre la herida de la humillación, se creará, la máscara
de masoquista. El masoquismo es ese comportamiento de una persona que encuentra
satisfacción e incluso placer al sufrir. Aún cuando lo hace
inconscientemente, procura el dolor y la humillación la mayor parte
de las veces. Se las ingenia para hacerse daño o para castigarse antes
de que alguien más lo haga. Un ejemplo clásico de masoquista
es aquél que fuma, o también aquél, aquella que come
y come como si no le importase engordar y afectar el corazón, o la
columna –aunque interiormente sabe que esto le robará más
su autoestima y la salud. Cuando usemos aquí el término de masoquista,
será para referirnos a la persona que sufre humillación y que
lleva esa máscara para evitar sufrir y vivir el dolor relacionado con
la humillación. De hecho, la persona masoquista, tiene una sensibilidad
tal que le han dejado las humillaciones, que experimenta el rechazo y se siente
humillada antes de ser rechazada.
Lo que vas escuchar enseguida es importante para que puedas distinguir entre
la vergüenza y la culpabilidad. Uno se siente culpable cuando considera
que lo que ha hecho o ha dejado de hacer, está mal. Cuando nos avergonzamos,
juzgamos que no hemos actuado correctamente con respecto a lo que acabamos
de hacer. La soberbia o el orgullo son lo contrario de la vergüenza.
Cuando una persona no está orgullosa de sí misma, por lo general,
está avergonzada de ella misma, se acusa y tiende a querer ocultarse.
Una persona puede sentirse culpable, sin tener vergüenza, pero no puede
tener vergüenza sin sentirse culpable.
Como se considera a sí misma mal educada, desalmada, sucia, o que vale
menos que los demás, la persona con la descripción física
de la máscara de masoquista, desarrollará un cuerpo grueso que
también le avergüenza a sí misma. Hacemos un paréntesis
para decirte nuevamente lo que pusimos en una de tus hojas para la semana:
que si el mundo sufre, que si hay malos gobiernos, si hay deshonestidad, si
hay abusos de cualquier tipo, si hay injusticia en el corazón del hombre,
si hay matones, robos, si hay gritos, violencia, golpes, si el ser humano
continúa hiriendo a los demás e hiriéndose a sí
mismo, no es por ninguna culpa, sino por alguna causa. Sigamos pues diciendo
que un cuerpo grueso, gordo, es diferente al cuerpo musculoso. La persona
puede pesar 20 kilos de más que su peso normal y no estar gruesa, sino
parecer más bien fuerte, sin embargo, el masoquista –y no sólo
los adultos son masoquistas sino los pequeños también- es grueso
a causa del exceso de grasa que afectará a su corazón porque
inconscientemente quiere suicidarse no de manera directa sino por medio de
lo que a primera vista le compensa ese vacío hecho por la humillación
y ese deseo de ser amado inmensamente por el hecho de ser un ser humano hermoso,
creado para ser amado y para amar.
La humillación parece ser la herida más difícil de reconocer
en sí mismo, en sí misma. Una persona masoquista, hace las cosas
lentas pues para ella es difícil ir con la rapidez necesaria ya que
se avergüenza cuando no puede llegar con la misma velocidad que los demás,
por ejemplo, al caminar. Por ello debe aprender a darse el derecho de actuar
a su propio ritmo. Mencionamos que es difícil reconocer la máscara
de masoquista, porque hay muchas personas que son capaces de controlar adecuadamente
su peso. Si tu que escuchas, eres de los que aumenta de peso con facilidad
cuando no controlas tu alimentación, es posible que tengas la herida
de humillación muy bien escondida.
Generalmente las personas obesas desarrollan una gran espalda como para poder
llevar mayor peso. Otro ejemplo es el de una señora, que para agradar
a su marido, aceptó que su suegra viviera con ellos. Al poco tiempo,
la suegra se enfermó, por lo que su nuera se sintió obligada
a atenderla, pero entre más carga sentía, más comía
y más engordaba, porque el masoquista tiene la facilidad de situarse
en circunstancias en las que debe ocuparse de alguien más, para olvidarse
paulatinamente de sí mismo, por eso, mientras más cargue sobre
su espalda, más aumenta de peso. Será muy importante, para ti
que escuchas, saber que en la vida, no se trata de cargar con los demás,
no se trata de cargar situaciones, sino de aceptarse inmensamente a sí
mismo, a sí misma. Se trata de desarrollar inmensamente la capacidad
de amar, de discernir, de decir con libertad sí o no a las circunstancias
que se te presentan, no como una imposición sino como una oportunidad
de ser un mejor ser humano, como una oportunidad de ser cada vez más,
como Jesús, tu único Salvador, tu Señor tu Amor y Dios.
Hablar de una persona masoquista es hablar de una persona que es abusada por
los demás. Por ejemplo, una persona masoquista expresa lo siguiente
ante un despido de trabajo: “Me despidieron después de 30 años
de buen servicio como si fuera un perro echado a la calle….o como si
fuera basura”. La persona no masoquista diría: “Después
de 30 años de servicio me despidieron”, es decir, que no dirá
nada referente al perro o a la basura.
La persona masoquista, engorda en relación al espacio que cree que
debe ocupar en la vida. Su cuerpo está ahí para reflejar esa
idea. Cuando el masoquista sepa en lo más profundo de su ser que en
verdad es especial e importante, no tendrá que demostrarlo más
al resto de la gente. Al reconocerse un ser valioso, al amarse como es, al
encontrarse consigo mismo, consigo misma, al encontrarse con quien le ama
verdaderamente es decir, al encontrarse con Dios, su cuerpo ya no tendrá
necesidad de ocupar tanto espacio. Sobre el carácter del masoquista
escucharemos por ejemplo que una madre así, masoquista, tiende a controlar
la apariencia, el comportamiento y la forma en que se visten sus hijos y su
pareja. Es el tipo de madre que desea que sus hijos se porten bien desde pequeños.
Si no lo logra, se avergonzará de sí misma en cuanto a su papel
de madre.
Sea hombre o mujer, el masoquista está con frecuencia apegado tanto
a su madre y hace todo lo posible por no avergonzarle. El masoquista, considera
a su madre como una inmenso peso que cargar, lo cual le da otra buena razón
para desarrollar una espalda muy sólida y esta actitud continúa
incluso después de la muerte de la madre. El masoquista se siente aliviado
o liberado cuando su madre muere, ya que representaba un serio obstáculo
para su libertad. Esta actitud sólo disminuirá cuando la herida
de la humillación se encuentre en proceso de sanar. ¿Sabes?,
existen también otros tipos de masoquistas que como la fusión
con su madre es tal, cuando esta muere, sufren una crisis grave de agorafobia
y generalmente se les da tratamiento para la depresión confundiendo
ésta, con la agorafobia.
Una persona masoquista no se atreve a expresar sus ideas por temor a experimentar
la humillación o por temor a avergonzar a alguien más. Los padres
del niño masoquista le decían con frecuencia que lo que sucedía
en la familia no era de la incumbencia de extraños y que no debía
hablar de ello, sino guardarse todo para sí. Las situaciones embarazosas
de las cuales los miembros de la familia se avergonzaban, debían mantenerse
en secreto. No se hablaba por ejemplo, del tío que estaba en prisión,
del familiar internado en el hospital psiquiátrico, del hermano homosexual,
o de un suicidio en la familia etc.
Hay personas que nos cuentan la vergüenza de haber tenido deseo de algo
cuando eran pequeños y comprobar que su madre se privaba de lo esencial
para complacerles, así que no se atrevían a hablar de estos
deseos y menos aún con la madre.
Una persona masoquista, cuando alguien –sobre todo entre sus seres queridos-
se siente desdichado, él se siente el responsable; cree que seguramente
dijo o hizo o no dijo o no hizo algo. No se da cuenta que al estar tan atento
al estado de ánimo de los demás, ignora sus propias necesidades.
De los cinco caracteres formados por las cinco heridas de rechazo, abandono,
humillación, traición e injusticia, el masoquista es el que
menos atención presta a sus necesidades, aún cuando sea consciente
de lo que desea. El masoquista es el hazme reír de los demás,
y a su vez es especialista en rebajarse a sí mismo. Se considera mucho
más pequeño y menos importante de lo que en realidad es. No
concibe que los demás lo vean como una persona especial e importante.
Los diminutivos están muy frecuentemente en su vocabulario así
como la palabra “pequeño”, por ejemplo dice: ¿Tienes
un minutito para mi? O “Mi cabecita” o “tengo una pequeña
idea”. Escribe con letra pequeña, da pasitos, ama los autos pequeños,
las casas pequeñas, las cositas, los bocadillos etc..
Cuando el masoquista utiliza palabras en aumentativo, generalmente lo hace
para rebajarse o humillarse, por ejemplo, alguna vez escuchamos a una persona
que se había ensuciado la ropa con comida y exclamó: ¡Qué
cochinote soy!. Una señora que iba a una reunión muy bien vestida,
al escuchar que su amiga le dijo que se veía muy pero muy bien, además
de lucirle estupendamente el par de arracadas que traía respondió:
“¿No te parece que me veo muy burguesota y con una carota?”
Un varón al que su esposa le pedía cada semana comprar cosas
para el supermercado, se acusó a sí mismo porque le había
faltado un artículo que su esposa había olvidado anotar en la
lista. Otro esposo, acusaba a la esposa de distraerlo mientras charlaban.
Ella creía que debía disculparse porque él a su vez la
culpaba es decir que con estos ejemplos vemos cómo el masoquista tiende
a asumir la responsabilidad de algo que no le corresponde y a sentirse culpable,
pero hoy, aquí y ahora te decimos que los demás no pueden hacernos
sentir culpables, ya que la culpabilidad sólo puede venir de nuestro
interior. Además, hoy sabemos que las culpas no existen. Existen las
causas.
Los siguientes, son algunos males y enfermedades que pueden manifestar los
masoquistas: los dolores de espalda y la sensación de pesadez sobre
los hombros son muy frecuentes, debido a la excesiva carga emocional que llevan.
El dolor de espalda se debe principalmente a su sentimiento de falta de libertad.
El dolor lumbar surge cuando se relaciona con lo material, y el dolor cervical,
en el caso del campo afectivo.
También pueden padecer problemas respiratorios si se dejan abrumar
por los problemas de otros. Los problemas de piernas y de pies, como várices,
esguinces y fracturas son usuales. Debido a su temor a no poder moverse, con
el tiempo atraen problemas físicos que les impiden movilizarse.
Es frecuente que padezcan enfermedades del hígado, porque tienden a
“hacer mucha bilis” –dicen- a causa de los demás.
Los males de la garganta, anginas, laringitis son otros problemas que el masoquista
enfrenta porque retiene en gran medida lo que quiere decir, especialmente
lo que desea pedir. Mientras más dificultades tenga para darse cuenta
de sus necesidades y expresar sus deseos, mayor será la probabilidad
de que le aquejen problemas de la glándula tiroides.
Por otra parte, el hecho de no saber escuchar sus propias necesidades suele
producirle irritaciones de la piel. Sabemos que la expresión: “Me
irritó” significa “Tenía muchas ganas de”,
pero el masoquista no se lo permite, pues le resultaría vergonzoso
desear siquiera recibir bienestar.
Otro problema fisiológico que se observa en la persona masoquista,
es el mal funcionamiento del páncreas, lo cual provoca baja de azúcar
o hipoglucemia y diabetes. Estas enfermedades se manifiestan en quienes tienen
dificultades para permitirse gustos, o en quienes lo hacen, pero se sienten
por ello culpables o se dejan humillar.
El masoquista también es sensible a sufrir problemas cardiacos, porque
no se ama lo suficiente. No cree tener la importancia necesaria como para
agradarse. La región donde se ubica el corazón humano se relaciona
directamente con la capacidad de agradarse, con la alegría de vivir.
Además, a causa de sus ideas sobre el sufrimiento no es raro ver que
el masoquista deba someterse a diversas intervenciones quirúrgicas.
Si te identificas –tu que escuchas- con uno o más de estos problemas
físicos, significa que es probable que dichos problemas sean resultado
del comportamiento de tu máscara de masoquista. Estas enfermedades
pueden manifestarse también en las personas que portan otras máscaras,
pero parecen ser más comunes en quienes sufren humillación.
En cuanto a la alimentación, el masoquista suele ser extremista. Puede
comer con glotonería o no comer más que porciones pequeñas,
para creer que no come mucho y no sentir vergüenza, sin embargo, come
varias porciones pequeñas que a la larga son demasiadas.
Pertenece al grupo de los que comen de pie, cerca de la barra de la cocina
por ejemplo, porque cree que no comió tanto por no haberse tomado el
tiempo de sentarse a la mesa. ¿Sabes? Mientras más culpable
se sienta una persona por haber comido mucho, más le engordarán
los alimentos que coma.
Si alguien come mucho y no sube de peso, significa que su actitud interior
y su manera de pensar son diferentes. En ciencia se dirá que tienen
metabolismos diferentes, pero la psicología dice que aunque es muy
cierto que las personas pueden tener un metabolismo y un sistema glandular
diferentes, que afectan de forma distinta a su cuerpo, la actitud interior
determina el tipo de metabolismo, de sistema glandular o de sistema digestivo
que tiene o no una persona.
Por desgracia, el masoquista o persona que ha sufrido la herida de la humillación
grandemente, se recompensa alimentándose, pues la comida es su tabla
de salvación, su manera de gratificarse. A pesar de todo, no será
bueno que se reproche este comportamiento, porque esto ocasionará más
sentimiento de culpa y no logrará más que sentirse más
humillado.
Será preferible aceptar el peso y trabajar la herida de la humillación
reconociendo primeramente hasta qué punto se avergüenza de sí
mismo o de otras personas y cuántas otras personas se han avergonzado
de él, de ella. También necesitará darse cuenta de las
numerosas ocasiones en que se humilla a sí mismo; es decir esas veces
en las que se rebaja o se siente indigno, indigna, veces en las que se menosprecia,
se dice a sí mismo, a sí misma, que no sirve para nada, que
es un inútil, hiriendo cada vez más su interior, en lugar de
comenzar a sanar su corazón herido con la ayuda de la gracia del Señor
Dios.
El comenzar a mirar con objetividad las situaciones, el ser conciente de que
en realidad los seres humanos vivimos dormidos, y generalmente actuamos desde
el inconsciente herido, las actitudes de los demás, las palabras, no
nos herirán tanto pues como dirá el Psicólogo Clínico
y Fraile Franciscano Ignacio Larrañaga: “Relativizar, es salvarse”,
es decir, dejar pasar las palabras hirientes, las actitudes ofensivas como
quien mira pasar la más hermosa gaviota que se va……porque
se comprende, porque se ama, pero esto se logra desde la fe adulta, esa que
se cultiva en el silencio y la soledad con el Señor Dios en la intimidad
del corazón, de rodillas, es decir, desde una actitud humilde y abierta.
Fe adulta que crece y se fortalece en la Eucaristía, en la comunión
con los demás y consigo mismo.
Así pues, no olvides que tus padres también sufren la herida
de la humillación y de que ellos también la vivieron con sus
padres. Al querer ser tu compasivo con tu madre, con tu padre y en general
con todas aquellas personas que te humillaron, te será más fácil
comprenderte a ti mismo, a ti misma, pues recuerda que la causa principal
de una herida viene de la incapacidad de perdonar lo que nos hacemos a nosotros
mismos o lo que hace sufrir a otros. Y nos es difícil perdonarnos porque
por lo general, no tenemos conciencia de nuestros propios reproches. Mientras
más importante sea la herida de la humillación, al rebajarte
o compararte con los demás, más te estarás humillando
a ti mismo, a ti misma o que humillas a otras personas, al avergonzarte de
ellos o tenerles resentimiento.
La psicología enseña que reprochamos a los demás lo que
nos hacemos a nosotros mismos. Y no queremos reconocerlo. Por eso será
necesario que seas sincero, sincera –tu que escuchas- y no escondas
más la máscara de la herida de la humillación.
Por último déjanos decirte que el divorcio o la separación
–por ejemplo- causada por una infidelidad de alguna de las dos partes
o de las dos partes, causa en los demás miembros de la familia las
cinco heridas que estamos analizando: rechazo, abandono, humillación,
traición e injusticia.
Oh Señor Jesús, manso y humilde de corazón, dame la gracia
de querer ser consciente a cada momento de mi vida, que necesito de tu humildad
en mi para poder amar como tu me amas a mi. Ayúdame a no querer seguir
más aferrado, aferrada a mi dolor, a mis heridas. Gracias Señor
por el don de tu Espíritu que abre hoy mis ojos interiores y me llama
a ser libre para ti mi Dios. Amén.
MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS
Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos
sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas,
tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y
abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios dile desde lo profundo
de tu ser.
Señor mío y Dios mío, Jesús, manso y humilde,
mi corazón es soberbio porque ha sido herido, por eso vengo a pedirte
la gracia de la humildad. Ahora se de dónde me vienen los deseos de
ser aceptado, aceptada, de desear ser amado, amada verdaderamente y también
se de dónde me vienen esos locos deseos de humillar a otros, de hacer
lo que no quiero y de dejar de hacer el bien que quiero.
Jesús, gruesas cadenas amarran mi corazón, corazón que
echa raíces en la tierra infértil de mi inconciencia, de mi
ceguera, de mi necedad; corazón que sujeta yugos que no son precisamente
el tuyo que es fácil y llevadero y se apropia de cuanto ha pasado en
mi vida y por apropiarme de mi pasado herido, por apropiarme del pasado herido
de los demás, me muero de inseguridad, de tristeza, de miedo, pero
se que tú has venido precisamente a salvarme de mi mismo, de mi misma
arrastrándome con tu ejemplo a ser humilde, simple, sencillo, sencilla…me
invitas y me llamas a ser un hombre, una mujer libre….
Y sólo el perdón me hará libre. Regálame mi Jesús,
la gracia de querer perdonar, la gracia de perdonarme. Hoy, aquí y
ahora, hazme plenamente para ti. Tatúame con tu poder y dame la gracia
de aceptar la crítica y la contradicción reconociendo lo que
pueda haber de verdad en ello y lo demás, dejarlo en tus manos y comprender.
Dame la gracia de asumirme como soy, con todos los pros y los contras, pues
hoy se que hay más positividad en mi ser que negativismo, porque has
derramado en mi ser, todo tu amor.
Jesús regálame la gracia de mantenerme sereno, serena ante algún
desprecio. Que no cierre los ojos de la fe, para que pueda ver que, ese aparente
desprecio que me hacen o me hicieron, no es más que un disfrazado desprecio
de sí mismos, que ha salido desde el propio corazón herido y
no con el afán de hacerme mal. Regálame la gracia de mantenerme
sereno, serena ante los olvidos de los demás, la gracia de mantenerme
sereno, serena ante la indiferencia, porque hoy se que son reacciones naturales
de un subconsciente maltratado, humillado, olvidado.
Jesús en verdad te digo: Quiero ser feliz en la humildad es decir,
en la verdad. Quiero ser feliz en ti, mirando la vida no con apasionamiento
desmedido que frustra sino con serenidad, pues todo, al fin de cuentas pasa.
Sólo tu permaneces.
Jesús, regálame la gracia de que mi corazón sea como
ese árbol del que hablas en el Evangelio, a donde los pájaros
pueden venir a hacer sus nidos, así yo, desde hoy, aquí y ahora,
quiero ser para mi mismo, para mi misma y para los demás, un lugar
de descanso, quiero ser hogar Señor, en donde los demás encuentren
el verdadero calor, la verdadera paz que eres Tú.
Regálame Jesús la gracia de un corazón desprendido, abierto
y vacío de egoísmo como el tuyo….corazón lleno
de amor, corazón humilde, corazón paciente, corazón manso…..corazón
humilde. Amén.
LA HERIDA DE LA TRACIÓN
Hoy comenzamos nuestro tema, diciendo que es posible traicionar a alguien
o sufrir una traición de distintas maneras. Por ejemplo, unos hermanos,
de 12 y 19 años nos contaron que tras haber vivido años de pleitos,
gritos e indiferencia entre sus padres y luego como golpe final, vivir el
divorcio, experimentaron que su vida estaba invadida por el rechazo, el abandono,
la humillación, la traición y la injusticia.
Una definición en el diccionario nos dirá que traicionar es
violar la lealtad y la fidelidad hacia alguien. Es una manera de hacer daño
a alguien con engaño o de forma oculta y solapada. La traición
en una pareja se vive -entre otros motivos- por ejemplo, cuando se comete
adulterio, cuando no se es honesto consigo mismo, con la pareja, con los hijos.
La fidelidad, es lo contrario a traicionar. Ser fiel es llevar a cabo los
compromisos que se toman conscientemente, teniendo siempre presente la verdadera
libertad para ser responsables y el verdadero amor. Ser fiel es ser leal y
sincero. Cuando una persona es fiel –a lo menos así lo sabe por
ejemplo, un hijo- pero luego, a través de los años se enteran
los demás que su vida en realidad no es tan verdadera, porque no vive
honestamente, porque es doble de corazón, se pierde la confianza y
se vive la traición.
Esta herida surge entre los 2 y los 4 años de edad, cuando se desarrolla
la energía sexual y aparece lo que el padre del psicoanálisis
Sigmund Freud llamó como el complejo de Edipo. Esta herida se vive
con el progenitor del sexo opuesto. Según Freud, todos tenemos este
complejo pero en diferentes grados. Cada niño, sobre todo entre los
2 y los 6 años de edad se “enamoran” -por así decirlo-
del progenitor del sexo opuesto o de la persona que desempeña este
papel, ya que se encuentra en la edad en que se desarrolla su energía
sexual. A partir de esta etapa, el niño comienza a entrar en contacto
con su impulso sexual –no tanto genital- sino más bien aquél
que representa su capacidad de crear. Es natural que el bebé se fusione
desde el nacimiento con su madre y que tenga gran necesidad de atraer su atención
y sus cuidados, sin embargo, la madre debe continuar dedicándose a
sus labores cotidianas y ocuparse también de otros miembros de la familia,
como lo hacía antes de la llegada del bebé. Si la madre, responde
demasiado a todos los caprichos del bebé al grado en que prácticamente
se convierte en su esclava, el niño comenzará a creer que puede
hacer a un lado a los demás, incluyendo al padre y tener a la madre
a su disposición. En este caso y siempre de acuerdo con Freud, el niño
no desarrollará adecuadamente la fase edípica esencial en su
desarrollo, y cuando sea adulto, el resultado será muy perjudicial
para él en los planos psicológico y sexual. Será un adulto
dependiente.
El paso adecuado para pasar por esta fase edípica implica que todo
niño debe llegar a reconocer que el padre fue esencial para crearlo
y su figura es fundamental para romper la relación que se establece
al nacer entre madre e hijo. Aún, cuando el padre no esté físicamente
presente, la madre debe hacer sentir al niño que existe y que es tan
importante como ella misma. Cuando el niño comienza a darse de cuenta
de que para concebirlo, forzosamente hubo unión de dos sexos, desarrolla
un interés por el sexo opuesto, así como un deseo inconsciente
de tener él mismo, un bebé con el progenitor del sexo opuesto.
Esto no es perversión sino un proceso natural en esa etapa.
Su poder de creación también se encuentra en desarrollo y explica
el comportamiento de las niñas pequeñas que intentan “seducir”
a sus padres, al igual que los niños a sus madres. En esta etapa, niños
y niñas hacen todo lo posible por obtener el afecto del progenitor
del sexo opuesto e intentan asimismo protegerlo, aún cuando les decepciona
no recibir la atención deseada. Cuando el progenitor del mismo sexo
que el niño, hiere al progenitor del sexo opuesto, se crea una situación
muy difícil para el pequeño como cuando escucha su tono colérico
o sus actitudes agresivas. Algunos incluso, pueden llegar a desear la muerte
del progenitor al que acusan. Por desgracia, el complejo de Edipo, no evoluciona
adecuadamente en la mayor parte de los casos porque la madre es muy posesiva
con su hijo, mientras el padre lo es con su hija. Mientras el progenitor del
sexo opuesto, más lo haga sentir menos ignorándole, y en ocasiones
incluso por completo, más difícil será resolver el complejo.
Las personas que han sido objeto de traición, no resolvieron su complejo
de Edipo cuando eran pequeños. Esto significa que su apego al progenitor
del sexo opuesto es demasiado grande, lo cual más adelante afectará
sus relaciones sexuales y afectivas. Estas personas tienden a comparar sin
cesar a su pareja, con el progenitor del sexo opuesto o esperan mucho de su
pareja, para compensar lo que no recibieron de este progenitor, por ejemplo
una mujer que quiere casarse, deseará hacerlo con alguien que la proteja,
que le de toda la atención etc. Un varón casado, buscará
fuera del matrimonio sin nunca saciar, la necesidad de su madre, en otras
mujeres y en el caso de una mujer será a la inversa. Cuando la herida
de traición es aún mayor, se buscarán personas del mismo
sexo.
Un varón, que sufría la herida de traición decía
que cuando era pequeño, su madre y sus dos hermanas le decían
que sólo él lograba hacer brillar tanto los zapatos cuando los
lustraba o hacer relucir el piso cuando lo lavaba y lo enceraba. Por esto,
cuando realizaba estas tareas, se sentía especial y no se daba cuenta
de que estaba siendo manipulado mediante la seducción verbal para que
hiciera dichas tareas. Es decir que este ejemplo nos muestra, cómo
puede vivirse la traición inconscientemente durante la infancia.
El niño se siente traicionado por el padre del sexo opuesto, cada vez
que éste no cumple una promesa o cuando traiciona su confianza. Esta
traición la experimenta sobre todo en el plano afectivo amoroso sexual
por ejemplo cuando un niño tiene la vivencia incestuosa es decir, cuando
alguno de sus padres toca los genitales de sus hijos o de uno de ellos, vive
la traición y no sólo por alguno de sus padres, pues también
la puede vivir si se trata de algún hermano u otro familiar o amigo
de la familia o maestro o de quien sea. Es una herida que le llevará
a buscar la lealtad, y la fidelidad –muy posiblemente- en brazos que
pueden destruirle- como será el caso de jóvenes que buscan una
relación amorosa con casados o relaciones con gente de su mismo sexo,
o una relación tras otra, tras otra, tras otra, quedando así,
muy confundidos, vacíos, solos sin haber nunca superado el complejo
de Edipo, sin haber experimentado nunca, la fidelidad, la lealtad, la honestidad.
Cuando un niño comienza a vivir experiencias de traición se
crea una máscara para protegerse, al igual que hace en el caso de las
demás heridas. Esta máscara es la de controlador. El tipo de
control que ejerce el controlador, no es motivado por la misma razón
que el control que ejerce el masoquista, quien toma las riendas de la situación
para no sentir vergüenza o para no avergonzar a alguien más, porque
el controlador por herida de traición, desarrolla esta conducta para
asegurarse de que mantendrá sus compromisos, para ser fiel y responsable
o para garantizar que los demás mantengan sus compromisos.
La persona que lleva la máscara de controlador, con frecuencia nos
lanza un “mírenme” con su aspecto fuerte. Su mirada es
intensa y seductora. Cuando mira a una persona, tiene el don de hacerla sentirse
especial e importante. Estas personas, lo ven todo rápidamente, pues
la intensidad de su mirara les ayuda a ver de golpe y en conjunto todo lo
que sucede a su alrededor. Utiliza con frecuencia sus ojos para mantener a
los demás a distancia cuando está a la defensiva, o para fijar
la imagen del otro y examinarlo de una manera que intimida para protegerse,
para no mostrar su debilidad su vulnerabilidad o su impotencia.
Una persona extrovertida, que haya sido hostigada sexualmente cuando era más
joven o niña, o más aún, que haya sido víctima
de violación, usará la máscara de controladora y será
fácil que ella misma se de cuenta cómo es, pero hasta que no
acepte la herida logrará liberarse y ser ella misma. En el caso de
una persona introvertida en las mismas circunstancias, ejercerá su
control de una manera más solapada y será más difícil
de que reconozca esta máscara. La fuerza se destaca en la persona controladora.
Como le es difícil aceptar cualquier forma de traición tanto
de sí misma como de los demás, hace todo lo que está
en su mano para ser responsable, fuerte, especial e importante. Si está
consciente de haber traicionado a alguien al no cumplir una promesa, se justifica
con todo tipo de excusas e incluso puede llegar a recurrir a la mentira para
evadir la verdad. Por ejemplo, afirmará que pensó en hacer algo,
cuando en realidad no recordó que debía hacerlo.
Recuerda –tu que escuchas- que cada una de nuestras heridas está
presente para recordarnos que si los demás nos han hecho sufrir, es
porque nosotros les hemos hecho a ellos lo mismo o nos hemos hecho a nosotros
mismos lo mismo. Esto, es algo que el amor propio no puede comprender ni aceptar,
así que necesitarás reconocer sinceramente tu máscara
sin dejarte llevar por lo que hay de resistencia en ti, sino más bien,
escucha la voz del corazón, la voz de la conciencia, la voz de Dios
que te habita y quiere ayudarte a sanar tu subconsciente herido.
De las cinco heridas, el controlador es el que espera más de quienes
lo rodean Suele prevenir todo para controlarlo. Vimos en los temas pasados
que el dependiente, también crea muchas expectativas es decir espera
mucho de los demás, pero estas expectativas se relacionan con su necesidad
de recibir ayuda y apoyo a causa de su herida de abandono, lo que le permite
sentirse importante, pero en el caso del controlador herido por traición,
sus expectativas tienen la finalidad de comprobar si hace bien lo que debe
hacer, ya que eso le da confianza. El controlador tiene una personalidad fuerte.
Afirma lo que cree con fuerza y espera que los demás se adhieran a
lo que él o ella piensa. Se forma rápidamente una opinión
sobre alguien o algo y está convencido de tener la razón. Da
su opinión imponiendo, ya que desea a toda costa convencer a los demás.
Utilizan con frecuencia las expresiones: “¿Me entiendes?, “Soy
capaz” “Deja que lo haga solo” “Lo sabía”.
“Tenme confianza”. “No confío en él”,
para asegurarse que se ha dado a entender bien.
Todas las máscaras tienen algo en común: en el momento en que
la persona las lleva, no está consciente de hacerlo. El controlador
cree que cuando alguien más lo entiende significará que está
de acuerdo con él, lo que por desgracia no siempre sucede. La persona
controladora, se las ingenia para no participar en situaciones en que habrá
confrontaciones o en las que no tendrá el control. Cuando está
frente a personas que considera rápidas y fuertes, se retira por temor
a no poder enfrentarlas. El controlador, es rápido en sus actos. Comprende
o desea comprender rápidamente y le resulta difícil tratar con
las personas que toman demasiado tiempo para explicar o narrar algo. Suele
interrumpir y responder incluso antes de que su interlocutor haya terminado
de hablar. No obstante, si alguien se atreve a darle el mismo trato a él,
dirá enérgicamente: ¡Permíteme terminar, no he
acabado de hablar!.
Tiene muchos talentos y actúa rápidamente. Por eso, muestra
poca paciencia con las personas más lentas. Debe esforzarse para ceder.
Esto representa una oportunidad para intentar controlar a los demás.
El padre controlador –por ejemplo. Exigirá que sus hijos sean
rápidos y que aprendan con rapidez porque eso es lo que se exige a
sí mismo. Cuando algo no marcha a la velocidad que desea y sobre todo
cuando le molesta cualquier imprevisto, el controlador enfurece. También
es el primero en acabar sobre todo en cualquier tipo de competencia.
Acabar primero para él, es más importante que hacer bien las
cosas. Incluso, podrá él elaborar las reglas del juego, para
que estas marchen a su favor. Esto del juego puede ser también a nivel
psicológico afectivo es decir, mientras los demás le sigan la
corriente, cuando los demás hagan lo que dice, todo marchará
bien. Cuando las cosas no funcionan de acuerdo a lo que quiere, es fácil
que se vuelva agresivo aunque no parezca estarlo, ya que en realidad aparenta
ser alguien seguro de sí mismo, fuerte y una persona que no permite
que la pisoteen. De los cinco caracteres, el controlador es el que tiene más
altibajos en su estado de ánimo. Un minuto será todo amor y
atención y al siguiente montará en indiferencia o cólera
por lo más mínimo. Las personas que le rodean no saben a qué
atenerse y los demás suelen vivir este tipo de actitud como si fuera
una traición. Si tu que escuchas te identificas como un controlador,
como una controladora, con la gracia del Señor Jesús, habrás
de trabajar en la paciencia y en la tolerancia, sobre todo cuando pasan situaciones
que te impiden hacer las cosas a tu modo y de acuerdo a lo que tienes pensado.
Una persona controladora, cuando enferma, hace todo lo posible por sanar rápidamente
para poder continuar dedicado a sus ocupaciones pero cuando sus seres queridos
o quienes tienen compromisos con él se enferman, pierde la paciencia.
El controlador, tiende a adelantarse, a intentar prever todo para el mañana. Su actividad mental es muy intensa –de ahí que no viva, sino que agonice interiormente- anticipándose a los acontecimientos. Mientras más profunda sea la herida, más deseará tener el control y prever el porvenir; sobre todo para evitar sufrir la traición. Lo más negativo de esta actitud es que quiere que todo suceda tal como lo pensó pues son muchos sus planes con respecto al futuro. Esta actitud, también le impide vivir libremente el momento presente. Le esclaviza interiormente. Por ejemplo, mientras trabaja, se ocupará en planear sus futuras vacaciones y durante sus vacaciones planeará su regreso al trabajo o se inquietará por lo que sucede en casa durante su ausencia. Con frecuencia le perturba más imaginar lo que sucederá y si todo sucederá como lo imaginó, que disfrutar el momento actual.
El controlador llega temprano para garantizar que tendrá control sobre
todo. No le gusta demorarse y no puede tolerar a las personas que lo hacen,
aún cuando esto le ofrece otra oportunidad para controlarlas, con objeto
de hacerlas cambiar. Se impacienta si termina un trabajo con retraso o cuando
alguien le promete un trabajo y lo entrega tarde. Esta dificultad la vive
principalmente con las personas del sexo opuesto, con las cuales se molesta
más rápidamente que con los demás. Es evidente que no
acostumbra darse ni dar a los demás el tiempo suficiente para realizar
un trabajo determinado.
Le es difícil delegar una tarea y depositar su confianza en otros.
Tiende a verificar continuamente si se está realizando según
su manera de pensar. También le es difícil mostrar a alguien
más cómo hacer las cosas cuando esta persona es lenta para aprender,
porque el controlador no tiene tiempo que perder. Cuando delega algo, será
una tarea sencilla o una por la que no será responsabilizado si no
se hizo bien.
Es por eso que debe ser rápido y hacer casi todo por sí mismo;
de lo contrario se ocupará en supervisar a quienes le ayuden. Parece
tener oídos y ojos en toda la cabeza para saber qué hacen los
demás y asegurarse de que hacen bien lo que deben hacer. Es más
exigente con quienes lo rodean que consigo mismo. Confía con mayor
facilidad en las personas de su mismo sexo y supervisa y controla a las del
sexo opuesto. La herida de traición se despierta en él, cada
vez que tiene frente a sí a alguien que no cumple sus compromisos.
El controlador, que se considera muy trabajador y responsable, tiene problemas
con la pereza. De acuerdo con él, nadie tiene el derecho a holgazanear,
sino hasta haber cumplido con todos los deberes de los que es responsable.
Ver a otra persona no hacer nada, sobre todo si es del sexo opuesto, le crispa
los nervios rotundamente. Le considerará perezosa y le será
difícil confiar en ella. Por otro lado, se las ingenia para que todo
el mundo sepa lo que hace, cómo lo hace y cuánto hace; para
él es fundamental que los otros vean hasta qué grado es responsable
y es posible confiar en él. Detesta que no confíen en él,
pues se considera tan responsable y talentoso que supone que los demás
deberían hacerlo siempre. Sin embargo, no cae en la cuenta de cuán
difícil le resulta a él confiar en los demás.
Para las personas que portan la máscara de controlador, resulta importante
mostrar su fuerza y sobre todo, su valor. Son muy exigentes consigo mismos
con el objeto de mostrar a los demás de lo que son capaces. Viven todo
acto de cobardía, es decir de falta de valor, como una traición.
Se arrepienten enormemente de abandonar un proyecto, de no haber tenido el
valor de llevarlo a su fin. Les es muy difícil aceptar este tipo de
cobardía en los demás.
Les es difícil fiarse de cualquiera, ya que temen que la confianza
o las confidencias se utilicen algún día en su contra. Debe
realmente tener confianza en la persona para que ésta llegue a ser
su confidente. Sin embargo, es el primero en decir a los demás lo que
le han confiado, aunque justificará que tuvo un buen motivo para hacerlo.
Una persona con la máscara de controladora causada por la herida de
la traición, pone su grano de sal a lo que los demás dicen o
hacen, por ejemplo, si la madre está reprendiendo a su hijo, el padre
controlador, poniéndose del lado de su esposa, añadirá:
¿Entendiste lo que dijo tu madre?. Este asunto no es de él,
pero de cualquier forma se involucra, se mete.
Si esta situación sucede con la hija, es muy probable que la niña
la viva como una traición, sobre todo porque es la niña de papá
y papá no se pone de su lado cuando mamá la castiga. Por lo
general, el controlador dice la última palabra, porque le es fácil
encontrar qué añadir a todo o a casi todo. Se ocupa mucho de
los asuntos de los demás. Como es rápido para ver todo lo que
sucede a su alrededor y se considera más fuerte que el resto de la
gente, se hace cargo de todo fácilmente. Cree que debe ayudar a los
demás a organizar sus vidas sin darse cuenta de que actúa así
para controlar lo que desean hacer, cómo y cuando hacerlo. Siente que
los demás son más débiles que él, pero esta es
una forma muy disfrazada de mostrar su propia debilidad, porque una persona
cuando no cree realmente en su propia fuerza, hará todo lo posible
por intentar mostrarla a los demás. El controlador es muy sensible
pero esta sensibilidad no la muestra ya que está demasiado ocupado
en mostrar su fuerza. En los temas pasado, vimos que el que usa la máscara
de dependiente causada por la herida del abandono, se ocupa de los demás
para garantizar su apoyo y el que usa la máscara de masoquista, causada
por la herida de la humillación lo hace para ser buena persona y no
avergonzar a nadie, en cambio, el controlador se ocupa de los asuntos de los
demás, para no sufrir traición o por tener la seguridad, la
certeza de que los demás responderán a lo que él quiere.
Si tu que escuchas, te miras como esta persona que se siente responsable de
ordenar la vida de tus conocidos, te sugerimos que examines a la luz de la
gracia del Señor, tus motivaciones es decir, cuál es la razón
del por qué actúas como actúas.
El amor propio herido o ego del controlador, se altera fácilmente cuando
alguien lo reprende en lo que hace, porque le disgusta ser vigilado, sobre
todo por otro controlador. Se le dificulta tratar con personas autoritarias,
pues cree que quieren controlarlo. Se justifica y siempre tiene un buen motivo
para hacer las cosas a su modo. Rara vez admite sus temores y prefiere no
hablar de sus debilidades. De hecho, el controlador comienza desde pequeño
a decirse: “Yo puedo, déjenme hacerlo solo”. Quiere hacer
las cosas a su manera, pero para que los otros lo reconozcan, lo feliciten
y sobre todo para que comenten lo bien que lo hace. Una persona controladora,
no muestra sus lados débiles, por temor a que alguien se aproveche
y le controle. Prefiere mostrarse valiente, audaz y fuerte con la mayor frecuencia
posible. Por lo general, no actúa sino a su antojo. Dice a los demás
lo que desean escuchar pero no se da cuento de ello y acaba por hacer las
cosas según su voluntad. Una señora nos contó que ella
y su marido contrataron a una persona del tipo controlador para que realizara
unos trabajos en casa. Al explicar a este señor lo que quería
que hiciera y por qué lo quería de cierta forma, vieron que
él no estaba de acuerdo y que le disgustaba que le dijera qué
hacer, pues él era el experto en materia de reparaciones, por lo tanto,
intentó convencerlos de la forma en que él veía las cosas,
sin tener en cuenta lo que ellos querían. Respondió que comprendía
su punto de vista pero que de acuerdo a lo que necesitaban su esposo y ella
preferían que lo hiciera como ellos decían.
Contestó –“muy bien” pero dos días después
descubrieron que había actuado a su antojo, como él quería.
Cuando le expresaron su descontento, ya tenía listas sus justificaciones.
Se las arregló para decir la última palabra, ya que era demasiado
tarde para hacer las reparaciones de nuevo.
El controlador –como dijimos- no acepta a las personas autoritarias,
aún cuando no se da cuenta del número de ocasiones en las que
él mismo ha dado órdenes o ha decidido precipitadamente por
los demás. Observa por ejemplo a algún controlador que ocupa
un puesto de dirección o supervisión en un lugar público
como un restaurante, hospital, almacén, escuela etc, ya que sabe todo
lo que sucede, da su opinión sin que le sea solicitada y parece no
poder contenerse para agregar su comentario a lo que los demás hacen
o dicen. Lo que para nosotros es control, para el controlador, significa dar
ayuda. Tu que escuchas, el hecho de que estés conociendo los diferentes
tipos de heridas, te ha de ayudar a saber de qué forma habrás
de tratar a los demás y a ti mismo.
Cuando alguien intenta convencer al controlador de una idea nueva, es muy
fácil que su reacción sea de incredulidad. Lo más difícil
para él es que le tomen por sorpresa y no haber tenido tiempo para
prepararse pues al no estar preparado, corre el riesgo de no tener el control
y así, será controlado; su reacción será la de
alejarse y permanecer en estado de alerta pues deberá estar preparado
para lo inesperado. No cae en la cuenta de que él mismo, muchas veces
ha cambiado repentinamente de idea y ha sorprendido a quienes le rodean, pero
cuando es él quien decide, se da el derecho a variar de opinión
fácilmente.
Una señora que nos permitió poner este testimonio, nos dijo
que cuando era pequeña, esperaba que su padre la golpeara porque había
hecho alguna travesura, y éste no lo hacía. Cuando esperaba
en cambio reconocimientos por sus buenas notas en la escuela, la golpeaba
sin que ella supiera a qué se debía el enojo. Su padre estaba
herido de traición por eso se comportaba así y ella a su vez,
también. Es como si su padre sintiera placer maligno al sorprenderla,
al no responder a lo que ella esperara en ese momento, así que podemos
decir que todo comportamiento que el niño no se espera, por parte de
alguno de los padres o de los dos, suele provocar un sentimiento de traición
en el niño.
El controlador también es rápido para considerar hipócritas
a los demás, a causa de su gran desconfianza, sin embargo, debido a
su comportamiento manipulador, con frecuencia se diría que él
es el hipócrita, por ejemplo, cuando las cosas no marchan como quiere,
monta en cólera, y habla a espaldas de las personas y no se da cuenta
de que él también está cayendo en la hipocresía.
Al controlador, le aterroriza que le mientan. Dirá: “Prefiero
que me abofeteen a que me mientan” pero él mismo, miente con
mucha frecuencia aunque para él lo que dice, no son mentiras, porque
encuentra buenos motivos para deformar la verdad y justificar así la
mentira.
Sus mentiras por lo general son sutiles, son necesarias según él,
para alcanzar sus fines o para justificarse. Y en cambio, le es muy difícil
aceptar que alguien no le crea, que alguien no confíe en él
porque piensa que le ha traicionado. No estamos diciendo que todos los controladores
mientan pero esta conducta parece estar presente con mayor probabilidad en
ellos. Si tu que escuchas, reconoces la herida de la traición en ti
y la máscara de controlador, te sugerimos que estés siempre
muy atento, atenta, ya que en la mayor parte de los casos, el que miente,
no cree que sus mentiras sean realmente mentiras o peor aún, ni siquiera
se da cuenta de que miente. Una persona con la máscara de controlador
no tolera que los demás hagan trampa, pero por ejemplo en su declaración
de impuestos hará trampa y dirá que todo el mundo lo hace. Sin
embargo, una persona controladora, puede llegar hasta mentir gravemente con
tal de salvar su buena reputación porque tener reputación de
persona fiable, responsable y que realiza bien su trabajo es lo que más
le importa. Cuando habla de sí mismo, no se revela del todo, sino sólo
de lo que le da una buena reputación.
Como te das cuenta, este mensaje sobre la herida de la traición Tienen
la finalidad de ayudarte a tomar conciencia de la herida de la traición,
para que juntamente de la mano del Señor Jesús, iluminado, iluminada
por su Palabra y dejándote amar por Él, las 24 horas del día
mediante la invocación interior: Jesús Hijo de Dios, ten misericordia
de mi. Jesús, enséñame a amar como tú me amas”,
creas cada vez más, que la vida no está llena de traición,
que la vida se te ha otorgado como el mayor don por el que puedes superar
cualquier obstáculo, y puedas sanar tus heridas y entonces ir dejando
salir todo ese tesoro que el Señor Dios puso en tu corazón de
dulzura, de sencillez, de humildad, de alegría, de vida verdadera,
de luz, de fuerza, de paz, de misericordia, de solidaridad, de capacidad infinita
para amarte y para amar….
Si observas en otros, en otras las conductas descritas en estos mensajes no
intentes cambiarlas sino más bien, utiliza lo que estás aprendiendo
de ti mismo, de ti misma, para ser más compasivo, compasiva, para comprender
mejor, para amar más. Ya por último te decimos que así
hayan sido montones de heridas por las que tú has pasado, así
sean muchísimas traiciones las que tu corazón recibió,
ES MÁS GRANDE EL AMOR QUE HA TENIDO EL PADRE, al regalarte a Jesús,
su Hijo Único. Jesús el Señor y el Padre, tienen la medicina
que cura completamente las llagas del corazón: ESA MEDICINA, ES EL
AMOR, que no entiende de acusaciones ni de culpas. ENTIENDE SÓLO DE
AMOR Y DE AMAR, así que diariamente, a cada momento, pídele
al tu Padre Dios y a Jesús que quieras amar siempre, a cada momento,
incondicionalmente, simplemente porque tu esencia es AMOR. Dile día
y noche: “Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús,
enséñame a amar como tu me amas”. Amén.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos
sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas,
tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y
abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios dile desde lo profundo
de tu ser.
Señor. Hoy, necesito con todas mis entrañas, creer en ti, creer
que tu me habitas, creer lo que me dices en tu Palabra: que todos los días
de mi vida has estado conmigo, a pesar de experimentarme tan solo, tan sola
en esos momentos en que me traicionaron, momentos de angustia suprema, momentos
en los que me dejaron vacío, vacía, sintiéndome usado,
usada. Hoy mismo podría preguntarte: ¿Dónde estabas Señor
en esos momentos?, ¿Acaso me abandonaste?...pero hoy, mi querido Amor,
mi Dios único y verdadero, se que la libertad ha sido lo más
precioso que nos has dado, pero por reaccionar desde las heridas que aún
sangran, la mal usamos porque nadie somos consciente del daño que nos
hacemos.
Hoy, aquí y ahora mi querido Amor, te necesito con locura santa. Te
necesito……y necesito que me sacies de ti, que llenes todos mis
vacíos y cures todas mis heridas. En especial pongo en tus manos, todas
las traiciones que haya recibido en mi vida y todas las que puedan venir,
pero que ya no harán tanta mella, porque hoy me enseñas a comprender
que nadie obra por maldad sino por ignorancia, por no ser conscientes, por
no ser amados.
Toma Señor, mi dolor, mi subconsciente herido, mi ser, mi libertad.
Hoy, necesito creer en tu amor, aunque todo me dijera que no, aunque todo
mi ser muchas veces sienta sublevarse, aunque algunas veces sienta muy solo,
muy sola el dolor. Hoy necesito creer en tu amor, aunque todo parezca morir
y aunque algunas veces no quisiera vivir. Quiero creer hoy, aquí y
ahora, Oh mi querido Amado, aunque vea a los seres humanos odiarse, golpearse,
faltarse al respeto, matarse con miradas, con actitudes, con armas. Necesito
creer en tu amor mi querido Amado, aunque en las noticias y en la calle, vea
a niños y jóvenes, o adultos o ancianos abandonados, golpeados,
pidiendo caridad o drogándose. Necesito creer en tu amor, aunque sepa
que los animalitos son enormemente maltratados usados, no amados. Oh mi querido
Amado…Te necesito tanto….necesito que me enseñes a amar…”Jesús
Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús, Hijo de Dios, enséñame
a amar como me amas a mi.” (Bis varias veces)
CONTINUACION DE LA HERIDA DE LA TRAICIÓN
Vamos a continuar escuchando las características de la persona que
ha recibido en su vida le herida de la traición y que para defenderse
y esconder la herida, utiliza la máscara de controlador. El controlador
es el tipo de persona que no se endeuda y cuando lo hace –con tal de
que no lo vean acabado- , paga lo más rápidamente posible para
mantener su buena reputación y no sentir que depende de nadie. También,
es una persona que no le gusta estar frente a situaciones en las que no puede
dar respuesta a una pregunta por ejemplo no podría confesar que “Ignora”
la respuesta de lo que se le preguntó y cuando no puede darla dirá:
“Lo sabía”. Si alguien lee su correo por ejemplo se enfurece.
Si alguien más interviene o responde por él cuando él
está presente, se sentirá igualmente insultado porque cree que
el otro no confía en sus capacidades, pero no se da cuenta de que con
frecuencia él mismo interviene y habla por los demás.
Por ejemplo, un varón controlador, casado con una mujer dependiente
es decir, herida de abandono, generalmente le dirá cómo y por
qué hacer esto o aquello. Por desgracia este tipo de mujer, sufre en
silencio. En la pareja en donde uno de los miembros es controlador y el otro
dependiente, el primero suele depender de la debilidad o de la dependencia
del otro. Se cree fuerte porque controla, pero en realidad manifiesta sólo
otra forma de dependencia. Cuando dos controladores viven juntos, entonces
se establece una relación de poder. El controlador, vive todos los
ejemplos que hemos mencionado, como una traición. El controlador exige
mucho a los demás en tanto que para él mismo es difícil
comprometerse o sencillamente no se compromete nunca de este modo.
Muchas personas que tienen la herida de traición han sufrido porque
el progenitor del sexo opuesto no cumplía sus compromisos de acuerdo
con lo que el niño pensaba que tendría que ser como progenitor
ideal. Un señor de 60 años, nos contaba que cuando era pequeño,
vivió solo con su madre. Su madre, salía con muchos hombres
que gastaban a manos llenas dinero en ella. Cuando este señor tenía
15 años, la mamá decidió marcharse con uno de estos hombres,
el cual estaba dispuesto a gastar una fortuna en ella. Internó a su
hijo y esto le provocó un sentimiento de abandono y sobre todo de traición.
Al llegar a la edad adulta, la manera en que este señor atraía
a las mujeres era gastando dinero en ellas, sin comprometerse realmente en
ninguna relación, pues pensaba que de esta forma se vengaría
de su madre, aunque en realidad debía sanar la misma herida que tenían
aquellos hombres que seducían a su madre con dinero.
Hay mujeres que nos han expresado, que cuando se embarazaban de algún
hombre que temía comprometerse, éste insistía una y otra
vez en que abortaran.
Este tipo de situación en quienes tienen la herida de traición,
engrandece mucho pero mucho más, la herida. Les resulta muy difícil
aceptar la idea de que el otro no quiera asumir la responsabilidad del niño
que quiere nacer.
Mencionamos ya que la persona controladora no confía fácilmente,
sin embargo, tendrá más confianza si no hay interés sexual
de por medio. Una persona controladora, es muy seductora, pero mientras más
importante sea la herida, preferirá que los del sexo opuesto sean más
amigos que cualquier otra cosa. Se siente más en confianza con amigos
y utiliza la seducción para manipular a los demás, lo cual por
lo general le da buenos resultados. De hecho, es especialista en encontrar
cualquier medio para seducir. La persona controladora, será por ejemplo
la preferida de su suegra, ya que la habrá seducido con sus bellas
palabras. Sin embargo, está alerta en presencia de otro seductor. Sabe
de inmediato cuando alguien intenta seducirlo y no lo impide. Cuando hablamos
de seducir, no nos estamos refiriendo necesariamente a la seducción
sexual, ya que el controlador, utiliza la seducción en todos los aspectos
de su vida.
El temor más grande de una persona controladora, son las rupturas,
las separaciones en todas sus formas. Para este tipo de persona, es sumamente
difícil separarse de su pareja, de sus hijos, de su trabajo, de su
amigo, de su amiga, porque representa una derrota inmensa. Se experimentará
como perdedora en la vida. Y si esta ruptura viene de los demás, de
su pareja, de sus hijos, de su jefe, de sus amigos, la considerará
como una verdadera traición.
La separación, la ruptura, le recordará que no tuvo control
sobre la relación, sin embargo, parece que los controladores son los
que más se separan y viven rupturas. Generalmente, viven solos. Si
temen a comprometerse, es porque también temen a la separación.
Este temor les lleva a atraer relaciones amorosas en las que el otro o la
otra no tiene intención de comprometerse. Esta es una buena forma para
darse cuenta de que son ellos mismos, ellas mismas, quienes no desean comprometerse
por temor inconsciente a una nueva separación.
Cuando dos personas controladoras viven juntas, y la relación no marcha
bien, aplazan, es decir, atrasan siempre el momento de decirse que lo mejor
sería separarse. Para la persona controladora, estar separado, o que
haya tomado la decisión de separarse de él, de ella, significará
experimentarse desgarrado, apartado, desechado, como tirado del otro, de la
otra. De hecho, utiliza en su vocabulario de una manera frecuenta la palabra
separación. Una señora nos platicó que cuando surgía
un malentendido con su esposo, se sentía como cortada en dos, desesperada
ante el temor de una separación. En las situaciones de este tipo, perdía
completamente la confianza en sí misma. Esta señora, también
sufría la herida del abandono, lo que hacía más grande
su temor a una ruptura.
La herida del abandono, en la mayoría de los controladores, se desarrolló
antes que la de traición. Los que deciden desde muy pequeños
no ver o no aceptar su lado dependiente es decir, su herida de abandono, desarrollan
la fuerza necesaria para ocultar su herida de abandono y en ese momento comienzan
a crear una máscara de controlador. Si se mira bien a esta persona,
se verá la máscara de dependiente en sus ojos (ojos tristes
o caídos), en su boca caída o en algunas partes del cuerpo encorvadas
o en que no tienen ese tono muscular.
Es fácil imaginar al niño pequeño que al sentirse abandonado
o no recibir suficiente atención, decide por cualquier medio, seducir,
encantar a su progenitor del sexo opuesto, con el objeto de atraer su atención
y sentir apoyo de su parte. El pequeño, la pequeña, se convence
de que él, ella es tan amable y adorable que su progenitor no tendrá
más opción que ocuparse de él, de ella, de manera especial.
Mientras más intenta controlar a su progenitor –de la manera
que sea- mejor se sentirá aunque el chantaje emocional le esclavice.
Pero cuando ninguna de sus actitudes logra que el progenitor le preste el
apoyo necesario y al contrario, se le abandona más o se abusa de él,
de ella, esto se convertirá en una gran pero gran herida de traición.
Entonces se vuelve cada vez más controlador y se sumerge en un caparazón
creyendo que así no volverá a sufrir traición ni abandono.
La parte controladora alentará a esta persona con la máscara
de dependiente a querer ser independiente. ¿Sabes? En algunas personas,
la herida del abandono, resalta más sobre la de traición, mientras
que en otras ocurre lo contrario y la máscara de controlador es la
que más sobresale.
Será pues necesario que si te identificas con una herida de las que
hemos mencionado hasta ahora, no descartes que posiblemente tengas otra u
otras más o las cinco. Una persona puede sufrir abandono sin padecer
necesariamente traición pero la persona que sufre traición también
sufre abandono. Generalmente, la herida más fuerte, es la que se refleja
en nuestro cuerpo y la que más usamos a diario en nuestra vida.
También sucede que varias personas cuyo cuerpo cuando eran pequeños
indicaba principalmente la herida del abandono, con la edad comenzaron a desarrollar
las características de la herida de la traición.
Lo contrario también es posible. Nuestro cuerpo, siempre está
en constante transformación y todo el tiempo nos indica lo que sucede
en nuestro interior. Las personas que temen ser abandonadas o traicionadas,
tienen varias cosas en común. Además de las mencionadas anteriormente,
ambas es decir las dos, gustan de llamar la atención. El dependiente
lo hace para ser objeto de atención y para que se ocupen de él,
mientras que el controlador intenta ejercer el control de una situación,
exhibir su fuerza y carácter e impresionar. Con frecuencia vemos el
tipo de dependiente en los actores y cantantes mientras que es más
común encontrar al tipo controlador entre los comediantes y humoristas,
quienes gustan de hacer reír a los demás. Los dos tipos de caracteres
disfrutan de ser estrellas, pero por motivos diferentes. El controlador suele
tener la reputación de una persona que “ocupa mucho lugar”.
Por lo general le disgusta que su pareja ocupe más lugar que él”.
Una señora nos platicó que ella y su esposo eran socios en el
negocio. Todo marchaba bien entre ellos, pero desde el momento en que ella
decidió trabajar por su cuenta y comenzó a hacer mejores negocios
que los de su esposo –aunque no en la misma rama-, la relación
se lastimó, se deterioró y se transformó en una verdadera
competencia porque su esposo se sintió traicionado y ella se acusaba
a sí misma de haberlo abandonado.
Otra característica del controlador, es su dificultad para decidir
cuando cree que la elección implica, es decir, lleva el riesgo de hacerle
perder algo, pues de este modo, ya no tendrá control de la situación.
Esta es la razón por la que en ocasiones, al controlador le resulta
difícil decidirse o por la que se le acusa de reflexionar demasiado
o de tardar en su respuesta. Cuando está seguro de sí mismo,
sobre todo de tener el control de la situación, no existe dificultad
alguna para decidirse.
La dificultad para separarse se manifiesta en el trabajo por ejemplo. Si administra
su propia empresa, puede llegar hasta involucrarse en una situación
muy difícil como lo es el caso –que ya mencionamos antes-, en
el que prefiere adquirir una deuda grande, antes de confesarse que no puede
continuar. Cuando es empleado, el controlador por lo general ocupa puestos
directivos y le resulta siempre difícil dejar una empresa; puede hacerlo
pero no sin dificultades y en el caso contrario, cuando una persona de confianza
que trabaja para él, para ella, desea renunciar, vive dolorosamente
esta situación con coraje y agresividad. Generalmente un controlador,
tiene alma de líder; al controlador le gusta dirigir a otras personas
y teme dejar de controlar pues piensa que al hacerlo ya no será más
el que dirige. De hecho, ocurre lo contrario también, escucha: cuando
el controlador deja de controlar y sólo se ocupa de dirigir, se convierte
en mejor líder. Este es el caso de grandes predicadores o libertadores
o pacifistas.
Existe una diferencia entre controlar y dirigir. Controlar es conducir, administrar o gobernar bajo el dominio del temor. Dirigir en cambio, es proporcionar un sentido de dirección sin que se desee necesariamente que las cosas se hagan a nuestra manera. Se puede ser jefe o director de una empresa o superior en algún monasterio o convento o seminario y a la vez seguir aprendiendo de las personas que tenemos a nuestro cargo. El alma del líder, de la persona con la herida de la traición que lleva la máscara de controladora, de manera frecuente, hace que llegue a dirigir una gran obra, pero sus ideales y el control que desea ejercer le hacen sufrir demasiada tensión emocional.
Mientras más difícil le sea ceder en algo, más urgente
y necesario le será ponerlo en práctica. Por eso te decimos
a ti que escuchas –si te identificas con le máscara de controlador-,
que sólo abriéndote al amor del Señor Dios, sólo
teniendo a Jesucristo como el modelo máximo en tu vida y cultivando
la amistad con el por medio de la oración, sólo dejándote
amar por Él en su palabra y en tu vida diaria, y haciendo tuyo su estilo
de vida, es que sabrás realmente explotar ese don de “alma de
líder”, porque sólo entonces, gracias a la acción
divina y a la humildad que Dios ha puesto en ti, es que serás un gran
pero gran instrumento de paz, de armonía, de unidad, de sabiduría,
por el que muchos encuentren la realización verdadera, la madurez integral,
la alegría de vivir, porque habrán encontrado el Gran Tesoro
de Dios en su corazón. Y tú….tú te sentirás
realizado, pleno, feliz.
Otro gran temor de la persona controladora es la negación, ya que para
ella, el hecho de que alguien le niegue algo, amistad, amor y no le reconozca,
significa ser traicionado, aunque muchas veces no cae en la cuenta de que
también niega a los demás y los elimina de su vida. Hemos escuchado
a personas que dicen. “A la persona que es negativa o comienza a contarme
sus broncas, sus problemas, la elimino de mi vida” “La tiro”,
“Me deshago de ellas”. Tampoco da otra oportunidad a quienes les
ha perdido la confianza y con frecuencia no querrá siquiera dirigirles
la palabra. Cuando se molesta o le incomoda el hecho de que las cosas no marchan
como quiere, fácilmente puede dar la espalda a alguien en plena conversación
o dejarlo hablando sólo en una llamada telefónica o en el chat
de internet o poner cualquier pretexto para evadir la conversación.
Ya hemos mencionado que la persona controladora tiene problemas con la pereza,
con la mentira y con la hipocresía. Juzga o rechaza a todas las personas
que se comportan así, pero esta actitud con frecuencia se manifiesta
en seguida de una separación o por temor a una ruptura. Cuántas
veces escuchamos frases como: “Ya no quiero saber nada de….”
Y no caen en la cuenta de que con esa actitud están negando a los demás.
Como el controlador es seductor, su vida sexual por lo general no suele ser
satisfactoria más que en respuesta a la seducción es decir,
no son felices, porque en realidad no han recibido el amor verdadero que esperaban
sin sentirse “objeto de….”.
De hecho, muchos matrimonios o relaciones llegan al divorcio o a la separación,
porque cuando se esfuma la pasión –que no es amor- busca un medio
o pretexto para que la idea de finalizar la relación, venga del otro
y así no se le acusará de traición. La mujer controladora,
con frecuencia tiene la impresión de que los hombres la engañan
y por eso siempre está a la defensiva; tanto el varón como la
mujer controladores, sólo se sentirán bien en una relación,
cuando ellos lleven la iniciativa y la otra parte no se rehúse, porque
de otra manera, se sentirán frustrados y traicionados.
Los problemas en las relaciones afectivas, vienen de que el complejo de Edipo
no se ha resuelto, es decir, que no se ha madurado a nivel psicológico
y afectivo la necesidad de un verdadero padre, de una verdadera madre que
inconscientemente, por estar heridos a su vez, causaron la herida de la traición.
De ahí la explicación a tanta prostitución. Los niños
y los jóvenes, los adultos, buscan inconscientemente el apoyo sincero
de un padre, de una madre –según sea el caso-muchas veces en
gente más grande de edad, y si es casado, casada, será para
él para ella, mejor, porque desean robar de esa familia, al padre o
a la madre que nunca tuvieron debido a la traición. Las personas que
han sufrido la herida de la traición, son los que más desean
tener un amante porque inconscientemente alimenta su herida de traición
al tener este deseo, pensado o llevado acabo. También, puede buscar
una pareja de menos edad, para hacer con ella –inconscientemente- lo
que le hicieron, causándole la herida de la traición. Y en otras
ocasiones, puede llegar a negar completamente su vida sexual encontrando una
razón adecuada para justificar su decisión.
Estas son las razones del por qué muchos y muchas –aunque erradamente-
buscan unos brazos sinceros que acojan verdaderamente, unas caricias, unos
besos dados desde el alma, se busca amor verdadero, entrega incondicional,
pero sabes qué, ¿tu que escuchas?. El amor verdadero sólo
te lo podrá ofrecer en primer lugar el Señor Dios, tu Padre
que también tiene un rostro Materno –dirá Paulo VI- y
en segundo lugar, te lo podrán ofrecer, aquellas personas que han tenido
la experiencia de Jesucristo vivo en el corazón. Todos los demás,
estamos en proceso de saber amar como Jesús de Nazareth, u otros no
habrán comenzado aún, así que antes que nada te invitamos
a que busques al Señor Dios incansablemente en tu corazón. Búscalo
siempre, día y noche y pídele a cada instante que te enseñe
a amar como Él te ama…Pídele humildemente que te enseñe
lo que es el verdadero amor.
En lo que se refiere a la alimentación, la persona con la herida del
rechazo y con la máscara de controlador, tiende a comer rápidamente
porque no tiene tiempo que perder. Cuando está muy absorta o perdida
en una idea importante, puede olvidarse fácilmente de comer e incluso
afirma que no es importante comer, sin embargo, cuando decide comer lo hará
en grandes cantidades y lo disfrutará. En ocasiones incluso perderá
el control y comerá más de lo que su cuerpo requiere. De hecho,
de los cinco tipos de caracteres o heridas, es el que más adereza y
sala sus alimentos aún antes de probarlos. Aseguran tener la última
palabra en cuanto a su alimentación y en cuanto a enfermedades se refiere,
las más usuales son las siguientes:
La agorafobia que se debe al complejo de Edipo no solucionado es decir que
siguen fusionados a su progenitor del sexo opuesto al igual que sucede con
el dependiente herido por abandono. La agorafobia en el controlador es más
bien por el temor a la locura, mientras que en quien lleva la máscara
de dependiente es más bien por temor a la muerte.
Tienen problemas con las articulaciones del cuerpo, principalmente las rodillas.
Padece de hemorragias, impotencia sexual, diarrea y si se encuentra en una
situación de impotencia ante cualquier situación, puede sobrevenirle
una parálisis. Frecuentemente tiene problemas digestivos, sobre todo
el hígado y el estómago y tiene tendencia a desarrollar esas
enfermedades que terminan en “itis” como la tendonitis, bursitis,
artritis, colitis etc., a causa del desánimo porque sus ideales no
se han cumplido y han sentido impaciencia, cólera o frustración.
En algunos casos, el controlador sufre herpes bucal, afección que se
manifiesta cuando acusa consciente o inconscientemente, al sexo opuesto de
ser repugnante y para usarlo como medio de control par no tener que besar
a alguien. Los males y enfermedades que se mencionan, se manifiestan en el
caso de las demás heridas pero parecen ser más comunes en las
personas que sufren traición. Es importante que te des cuenta, de que
el progenitor del sexo opuesto con el que vives esta herida e incluso con
cualquier persona que te causó esta herida, probablemente vivió
y vive aún la misma herida que tú con su propio progenitor del
sexo opuesto. Nada te impide preguntárselo –si aún vive-.
Hablar con nuestros padres o con quienes nos provocaron esa herida con frecuencia
es una experiencia muy enriquecedora. Recuerda que la causa principal de que
aún sangre una herida es, el que no quieres perdonar lo que otros te
han hecho o lo que tu mismo, tu misma te continúas haciendo. Nos es
difícil perdonar por que no tenemos conciencia de lo que nos reprochamos.
Por ejemplo, mientras más grande sea la herida de humillación,
más significará que traiciones a los demás o que te traiciones
a ti mismo al no confiar o no cumplirte a ti mismo tus promesas.
Reprochamos a los demás lo que nos hacemos a nosotros mismo y no queremos
ver. La vergüenza es otro recurso para tener conciencia de que nos traicionamos
a nosotros mismos o a otra persona. De hecho, vivimos un sentimiento de vergüenza
cuando queremos ocultarnos u ocultar un comportamiento. Es normal que nos
parezca vergonzoso tener comportamientos que reprochamos a los demás.
Generalmente reprochamos a los demás y no nos gusta el proceder de los demás que nosotros mismos tenemos. Lo que por encima de todo, queremos es que no descubran que actuamos como ellos. ¿Sabes? déjanos decirte que las características y las conductas descritas en estos mensajes sobre el valor del perdón que están tratando cada una de las cinco heridas, sólo se presentan cuando la persona decide llevar su máscara de controlador en el caso de la traición, creyendo que de esta manera evitará vivir la traición. Según la gravedad y la intensidad del dolor, esta máscara puede llevarse muy poco o con mucha frecuencia.
Las conductas propias del que controla, son dictadas por el temor a revivir
la herida de traición. Cada una de las heridas que estamos describiendo,
tiene sus respectivos comportamientos y actitudes interiores. Las maneras
de pensar, sentir, hablar y actuar que se relacionan con cada una de ellas,
indican, una reacción a lo que sucede en la vida. Al reaccionar desde
las máscaras, una persona no está centrada y no puede estar
bien ni sentir alegría de vivir. Por esto, es muy importante estar
consciente de los momentos en que eres tu mismo, tu misma –que escuchas-
o que estas reaccionando, porque al hacerlo te será posible convertirte
–por la gracia del Señor, porque Él te ha dado ese poder-
en dueño en dueña de tus reacciones,, en lugar de dejarte dirigir
por tus temores.
Te repetimos que estos dos mensajes sobre la cinco heridas, tiene la finalidad
de ayudarte a tomar conciencia de ellas, para que juntamente de la mano del
Señor Jesús, iluminado, iluminada por su Palabra y dejándote
amar por Él las 24 horas del día mediante la invocación
interior: Jesús Hijo de Dios, ten misericordia de mi. Jesús,
enséñame a amar como tú me amas”, tu esperanza
se acreciente, tu seguridad venga de ese interior iluminado y sanado cada
vez más, por el amor incondicional de ese Dios amorosísimo que
siempre está pendiente de ti, que siempre está deseando tenderte
la mano, que siempre pero siempre, te ama.
También te repetimos que si observas en otros, en otras las conductas
descritas en estos mensajes no intentes cambiarlas sino más bien, utiliza
lo que estás aprendiendo de ti mismo, de ti misma, para ser más
compasivo, compasiva, para comprender mejor, para amar más.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos
sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas,
tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y
abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios deja que el Espíritu
santo, marque a fuego en tus entrañas la convicción del amor
incondicional del Señor es decir, deja que marque a fuego en tus entrañas,
esa certeza, esa seguridad de saberte infinitamente amado por Él, que
siempre pero siempre ha sido fiel y que nunca jamás te ha traicionado
ni te traicionará jamás y dile no con palabras sino interiormente:
Señor….el mundo te necesita..y yo también te necesito,
porque soy parte de esta humanidad. Todos necesitamos de ti …Si fuéramos
conscientes de esto, todos vendríamos a ti, aquí en el corazón
y nos daríamos cuenta por tu infinita misericordia, de que somos plenamente
amados y dejaríamos de herirnos Oh Señor. Todos necesitamos
de ti, también aquellos que no lo saben. Necesita de ti el hambriento
que piensa que debe buscar pan mientras tiene hambre de ti. Necesita de ti
el sediento que busca agua mientras tiene sed de ti. El enfermo se ilusiona
con la salud, cuando su verdadero mal ha sido olvidarte, perdiéndote
en la ausencia de la no fe. Quien busca la belleza del mundo, sin darse cuenta,
te busca a Ti que eres le Belleza Plena. El que en sus pensamientos busca
la verdad, sin darse cuenta te desea a Ti que eres la única verdad
digna de ser conocida –dirá Agustín de Hipona- y Señor,
el que se esfuerza por conseguir la paz, está buscándote a Ti,
única Paz en donde pueden descansar todos los corazones inquietos.
Señor, reconozco que te he buscado cuando he querido que los demás
me trataran con dulzura, y me comprendieran, cuando he buscado incansablemente
ser valorado, valorada, aceptado, aceptada, verdaderamente amado, amada, SE
QUE TENGO NECESIDAD ABSOLUTA DE TI. Te necesito, porque se que sólo
tú eres Dios, sólo tu me regalarás esa sabiduría
para disfrutar de mi mismo, de mi misma porque me estoy dejando moldear de
acuerdo a tus planes, a tu lógica es decir, a tu manera de pensar.
Hoy Señor me pongo como greda, como barro en tus manos. Hazme esa criatura
hermosa que planeaste de mi. Se –por tu gracia- que soy un ser humano
que tiene vida verdadera en su interior y esa vida eres Tú. Se que
soy hermoso, hermosa no como me lo dice una sociedad consumista sino como
me lo dice tu Amor que no engaña. Se que mi interior está provisto
de grandes dones como la humildad, la obediencia al Amor, como la libertad
que me hace libre y me desapega de lo que es egoísmo, para amar verdaderamente,
como la dulzura y la compasión que me hacen ser un ser humano auténtico,
que me hacen ser un ser humano lleno de luz ,de alegría divina y humana,
que me hacen ser un ser humano lleno de amor divino y humano.
Gracias Señor por tanto don. Gracias por hacerme ver que mi interior
está pacificado, unificado, feliz en la sencillez de la fe y que cuantas
veces sea movido por las olas de la inconsciencia mía o de los demás,
puede volver a casa, acá en mi corazón, en donde estás
tú, siempre esperándome.
Gracias mi Dios y mi Todo. Gracias……Mi Dios y mi Todo……Mi
Dios y mi Todo….Mi Dios y mi todo…..
LA HERIDA DE LA INJUSTICIA
Comenzamos la herida de la injusticia diciendo que la injusticia es la actitud
de una persona o de algo que carece de justicia, pero ¿qué entendemos
por justicia?, podemos definirla como el reconocimiento y el respeto de los
derechos de cada ser humano. Al hablar de justicia, estamos hablando de rectitud,
equidad, imparcialidad e integridad. Ahora sí, podemos decir que la
persona que sufre de injusticia es aquella que no se siente amada o respetada
en su justo valor o que cree no recibir “lo que merece como parte de
ese derecho” como ser humano. Esta persona con la máscara de
rígida, creerá que sufre injusticia también, cuando recibe
más de lo que “cree merecer”. En consecuencia, la herida
de injusticia puede ser causada –por ejemplo- al pensar que tenemos
más cosas materiales que otros, o por el contrario, que no hemos recibido
lo suficiente. Esta herida despierta en el momento en que se desarrolla la
individualidad del niño, es decir, entre los 3 y los 5 años
de edad, cuando el pequeño toma conciencia de que es un ser individual,
completamente aparte con sus diferencias. Al niño le parece injusto
por ejemplo, no poder integrar bien su individualidad y no poder expresarse
y ser él mismo.
Esta herida la vive sobre todo con su progenitor del mismo sexo. Sufre la
frialdad de este progenitor; en otras palabras, padece la incapacidad de sentir
y expresarse. Con esto no estamos diciendo que todos los padres de familia
que han sufrido de injusticia son fríos no, sino que así los
percibe el niño, el cual también sufre del autoritarismo de
dicho padre o madre, de sus críticas frecuentes, su severidad, su intolerancia
o su inconformismo. En la mayor parte de los casos, este progenitor, sufre
la misma herida de injusticia, la cual, tal vez no experimente de la misma
forma o en las mismas circunstancias que su hijo, pero existe y el niño
la percibe. Algunas personas rígidas, nos han contado que durante la
adolescencia, todo marchaba bien con su progenitor del mismo sexo y que incluso
tenían una relación de amistad con él, sin embargo, era
una relación superficial en la que ni el padre ni el hijo hablaban
de lo que realmente sentían. La reacción ante la injusticia
consiste en poner un muro ante lo que se siente con la idea de protegerse
es decir, es algo como decir interiormente: “vas a saber de mi, lo que
sabes de mi por televisión” es decir, de mi, no volverás
a saber nada.
La máscara que crea el niño para protegerse en este caso es
la rigidez. Más, aún cuando la persona corte de tajo con sus
sentimientos, esto no significa que no sienta nada, por el contrario, las
personas rígidas, son muy sensibles, pero desarrollan la capacidad
de no sentir esa sensibilidad y de no mostrarla a los demás. Se engañan
creyendo que nada debe tocarlos, es por ello que parecen frías e insensibles.
De los cinco tipos de caracteres, los rígidos son los más propensos
a cruzarse de brazos para bloquear la región del plexo solar, con el
objeto de no sentir.
La persona con la máscara de la rigidez, procura la justicia y la exactitud
a toda costa. Como llega a ser perfeccionista intentará ser siempre
justo. Piensa que si lo que dice o hace es perfecto, será por consecuencia
justo y por tanto, aceptado. Le resulta muy difícil comprender que
al actuar “perfectamente” de acuerdo a su propio criterio, puede
resultar al mismo tiempo, injusto. Quien sufre de injusticia es más
propenso a sentir envidia de quienes tienen más y de quienes, según
él no lo merecen, por ejemplo si esa persona es de una edad mediana
y escucha que otra estudió esto y esto otro, la herida de injusticia
sangrará por todas las partes de su ser y no saldrá jamás
de su boca ninguna palabra sincera hacia la otra persona o dirá seca
y fríamente: “Qué bueno que tu pudiste hacerlo. Siempre
lo quise, pero yo nunca tuve la oportunidad”.
Es posible que esté convencido de que los demás lo envidian
porque él tiene más. Los celos –que son diferentes de
la envidia- son muy comunes en el dependiente que ha recibido la herida del
abandono o en el controlador que ha recibido la herida de la traición.
El dependiente siente celos porque teme ser abandonado, mientras que el controlador
los siente por temor a ser traicionado.
La máscara de rigidez se caracteriza por un cuerpo erecto, rígido;
da la impresión que casi no tuviera movimiento y lo más perfecto
posible. El cuerpo está bien proporcionado con los hombros derechos
y de la misma amplitud que la cadera. El rígido también puede
engordar pero su cuerpo continuará estando bien proporcionado. El rígido
es quien más temor tiene a subir de peso y hará todo lo posible
para no engordar aunque esté de por medio su salud como es el caso
de quienes se obstinan por bajar de peso con productos que contienen fenilananina
o aspartame a pesar de lo que esto pueda causar a su salud.
El rígido es el que no acepta tener el vientre abultado y cuando está
de pie, tiende a sumirlo. La mujer rígida acepta –no obstante-
que es natural que una mujer tenga vientre, pues “el cuerpo de la mujer
debe tener curvas”, de lo contrario lo considerará no femenino.
Les gusta ponerse ropa ajustada. Inconscientemente les gusta ponerse cintos
en la región de la cintura es decir en la región del plexo solar
–región de las emociones, porque sentirá menos. Estas
personas están llenas de vida y sus movimientos son dinámicos
sin embargo, son rígidos sin gran flexibilidad y sin ser abiertos,
como si tuvieran dificultades para despegar sus brazos del cuerpo.
De hecho, a una persona rígida, le es imposible concebir -por ejemplo-
que no haya reglas o mandatos, para dirigir la vida, es como un código
de reglas viviente en el que la obcecación ante la apertura se hace
siempre presente. Su mirada es brillante y viva. La quijada tensa y el cuello
tieso, erguido orgullosamente como queriendo disfrazar la herida de la injusticia.
Desde pequeño, el rígido echa de ver que se le aprecia más
por lo que hace que por lo que es, porque creció en un ambiente en
el que uno de los progenitores traía o trae todavía metida hasta
los huesos, la ley de la retribución: “Te portas bien, te premio;
te portas mal, te castigo”. Dicen a los pequeños: “Ya ves?,
te caíste porque Diosito te castigó”. Si no te portas
bien, te va a llevar el diablo. Si haces tantas obras buenas, Diosito te va
a premiar”. “Tienes que ganarte esta muñeca: si te sacas
10 te la compro” etc., y aunque esto no sea verdad, porque no conoce
lo que es el amor verdadero, está convencido de lo que le dicen. Por
eso le gusta ser la estrella y comienza a arreglárselas por sí
mismo rápidamente. Hace todo por evitar tener problemas y aún
cuando está en un lío, prefiere decir que no lo está
para evitar el sufrimiento que esto le provoca, o si de pequeño cae,
no se queja ni dice nada simplemente se levanta y dice que no pasó
nada.
Es muy optimista por lo general demasiado optimista aparentemente. Cree que
al decir frecuentemente: “No hay problema”, las situaciones problemáticas
se solucionarán de inmediato sin darse cuenta de que se le están
tatuando en su subconsciente. Además, hace lo posible por solucionarlas
por sí misma. No pide ayuda más que como último recurso.
Cuando se enfrenta a decepciones o a sucesos imprevistos, continúa
diciendo “No hay problema”. Logra ocultar tan bien lo que siente
que da a los demás la apariencia de ser imperturbable. Al igual que
el controlador, el rígido con frecuencia tiene problemas de falta de
tiempo, pero por motivos distintos. Al rígido le falta tiempo por pretender
que todo sea perfecto, mientras que en el caso del controlador, esta falta
viene de que está demasiado ocupado entrometiéndose en los asuntos
de los demás. Al rígido tampoco le gusta retrasarse, pero lo
hará porque le toma mucho tiempo prepararse.
Cuando el rígido está convencido de tener razón ante
la autoridad o ante alguien que se cree autoridad en la materia, se justificará
hasta que se le dé la razón. Aborrece a la autoridad, pues aprendió
de pequeño que dicha autoridad siempre tenía la razón.
Cuando los demás parecen dudar de él y le hacen muchas preguntas
acerca de una situación, lo percibirá como un interrogatorio,
incluso como algo personal en contra de ella terminando con una frase como.
Yo nada más digo que….
Desea adquirir habilidades para ser perfecto lo más pronto posible.
Si no es perfecto, deberá controlarse para no caer en el defecto que
acaba de descubrir. No se da cuenta nuevamente que es injusto consigo mismo
ya que se exige demasiado. Le gustaría solucionar todo en el momento.
No se toma tiempo para sentirse bien, para descansar, para darse el derecho
a ser humano.
La persona que lleva la máscara de rígido, tiene la tendencia
a enrojecer fácilmente, cuando relata algo que juzga incorrecto, por
ejemplo cuando habla de su dificultad para perdonar a alguien que la dañó
o cuando habla mal de alguien que no tolera y cuya actitud juzga como injusta.
Esto indica que esta persona se avergüenza de sí misma, de lo
que hace o no hace, sin embargo ignora que éste es el motivo por el
cual enrojece y en ocasiones ni si quiera se da cuenta que lo hace. Al igual
que los huidizos heridos de rechazo, estas personas son las que tienen más
problemas de la piel. / Este temor a equivocarse, hace que la persona rígida
se ponga frecuentemente en situaciones en las que debe tomar decisiones. Por
ejemplo, la persona debe tomar una decisión porque quiere comprar algo,
pero no tiene mucho dinero. Se pregunta si debe permitirse comprarlo.
Por eso debe decidir si comprarlo o no. Con frecuencia pasa que la persona
rígida, siente alegría al tomar una decisión determinada,
aunque más adelante se lamentará por no haber tomado otra. Por
ejemplo, un señor que eligió disfrutar de unas buenas vacaciones.
Más adelante, se dijo que debió haber decidido utilizar ese
dinero para hacer arreglos en su casa. A causa de su temor a tomar la decisión
incorrecta, el rígido por lo general, duda de sí mismo después
de haber tomado la determinación preguntándose constantemente
si sus elecciones son las mejores para sí mismo o las más justas.
Tu que escuchas, si quieres que algo se divida equitativamente entre varias
personas, como un pastel, una botella de vino, la propina en el restaurante,
etc puedes tener la certeza de que la persona rígida es quien mejor
realizará esta tarea. También cuando llega el momento de pagar
la cuenta, el controlador se hace cargo de la situación y pregunta:
“¿Creen que debemos dividirla en partes iguales? Pues sería
mucho más rápido y menos complicado”. Se expresa con tal
fuerza y control que todos los demás aceptan cortésmente. Calcula
rápidamente y divide el total entre el número de personas para
anunciar el total que cada uno debe pagar.
En ese momento reaccionan los rígidos quienes no están de acuerdo,
porque dicen que es injusto que alguien deba pagar más de lo que comió
y de quien ordenó los platillos más costosos y que estos últimos
aprovechan de la situación. En esta circunstancia es preferible la
mayor parte de las veces, hacer un nuevo cálculo.
Las personas rígidas, son muy exigentes consigo mismas en una gran
parte de las diferentes circunstancias de su vida. Tienen una capacidad enorme
para controlarse a sí mismas, así como para imponerse tareas.
Si el controlador gusta de controlar todo lo que sucede a su alrededor, el
rígido busca a tal grado la perfección que tiende incluso a
controlarse a sí mismo. Actúa y se exige tanto que los demás
también le exigen mucho. Una vez escuchamos a una mujer exclamar ante
otras: “Dejen de considerarme la mujer biónica que todo lo puede”.
Los demás existen par hacerlas reflexionar qué tanto se exigen
a sí mismas.
Un joven adulto, nos platicó un día que su padre le repetía
sin cesar: “No tienes ningún derecho, sólo obligaciones”.
Esta frase permaneció anclada en él desde corta edad y admitía
que le era muy difícil desprenderse de ella. Nunca se permite detenerse,
divertirse ni descansar. Se cree obligado a estar siempre haciendo algo. De
esta forma cumple con su deber. Como siempre, tiene algo que hacer en su vida
cotidiana, significa que el rígido rara vez se relaja sin sentirse
culpable. Se justifica cuando reposa o se divierte diciendo por ejemplo que
lo tiene bien merecido por todo lo que hace. El rígido además
se siente muy culpable si no hace nada mientras alguien más trabaja.
Esto les parece injusto. Es por eso que su cuerpo, sobre todo sus piernas
y brazos, se encuentran tensos, incluso cuando están en posición
de reposo. Debe esforzarse realmente para eliminar la tensión de sus
piernas y dejar que estas se relajen.
El rígido no sólo tiene dificultades para respetar sus límites,
sino sobre todo para conocerlos. Como no se toma el tiempo para sentir si
lo que hizo responde o no a una necesidad, lo hace en exceso y únicamente
se detiene cuando revienta, además, le resulta difícil pedir
ayuda y prefiere hacer todo solo para que el resultado sea perfecto, por este
motivo, el rígido es el más propenso a sufrir agotamiento profesional.
La persona herida por injusticia y que lleva la máscara de rígido,
considera que la mayor injusticia es consigo mismo. Se acusa de inmediato
cuando por ejemplo, compra algo que no cree necesitar realmente, especialmente
si en ese momento priva a quienes ama de algo necesario. Para poder permitírselo,
debe justificar la compra para sí mismo, diciendo que la merece.
¿Sabes? Se necesita superar y sanar la culpabilidad por medio del proceso
de aceptación, pero déjanos decirte que la aceptación
no se logra realmente sólo con hablarnos mentalmente e intentar convencernos
de que merecemos algo, pues en este caso faltaría la capacidad de vivir
realmente ese sentir que sí lo merecemos.
Desgraciadamente tenemos metida hasta los tuétanos, la ley de la retribución
como dijimos antes: tanto me das, tanto te doy, que eso nos ha hecho creer
que somos o no somos merecedores. Aquí no se trata tanto de merecer
o no merecer. Simplemente se trata de hacer caso de la conciencia iluminada
por el amor incondicional del Señor Dios, se trata de hacer caso a
esa sabiduría es decir hacer caso de vivir la vida con sabor, eso significa
sabiduría. Comprarte algo que te hace sentirte bien, no tiene por qué
causarte culpabilidad ni ver un buen programa de televisión, o leer
un buen libro o tener una charla en la que dos interioridades encuentran eco,
y menos te tendrás que sentir culpable cuando estás ante el
Señor en su Palabra.
Muchas de las personas rígidas, por ejemplo, en época de vacaciones,
prefieren que sus conocidos sepan que fueron a tal y tal curso que deseaban
tomar a que supieran que fueron de vacaciones. Si tienen que salir fuera,
escogen el hotel menos costoso. Cuando la persona rígida intenta ocultar
lo que hace o lo que compra, no sólo se siente culpable sino también
avergonzado.
Al rígido, le gusta que sus conocidos estén al corriente de
todo lo que hace y lo que debe hacer. El controlador actúa de la misma
manera pero no por la misma razón ya que él desea mostrar que
es responsable, mientras que el rígido lo hace para mostrar que merece
una recompensa, a fin de no considerarse culpable si se paga lujos o unas
vacaciones. Como ves, el concepto de “mérito” para el rígido
es muy importante. Le desagrada que le digan que es afortunado, ya que para
él, ser afortunado no es justo. Responderá: “Trabajé
mucho para lograrlo”. Cuando una persona rígida recibe un regalo,
esto lo hace sentirse endeudado y más que dar a la otra persona algo
del mismo valor para ser justo, prefiere no recibir nada e incluso rechazar
lo que se le da. Cuando alguien le ofrece pagarle la comida por ejemplo, prefiere
rehusarse, es decir rechazar la invitación, antes que tener que recordar
que la siguiente vez le tocará a ella pagar. Si acepta lo hará
prometiéndose restituir algo parecido.
Hay personas que se sienten heridas por injusticia cuando siendo la hija primera
–por ejemplo- les pareció injusto tener que ayudar a su madre,
ocuparse de sus hermanos y sobre todo tener que ser un ejemplo para ellos.
Otras personas fueron la segunda o sexta de las hijas por lo que rara vez
tenían vestidos nuevos y estaban obligadas a usar la ropa de la mayor
además de que ésta las manipulaba. Hay personas que han sentido
injusto haberse hecho cargo de su madre anciana y no haberse casado nunca.
Hemos dicho que la persona rígida, tiene una gran capacidad de controlarse,
por eso una persona rígida no puede comprender por ejemplo al masoquista
herido por humillación porque no pueda seguir una dieta y no lo acepta.
Puede ser el caso de un padre rígido y una hija masoquista. La motivación
del rígido al crearse obligaciones es alcanzar la perfección
en sí mismo, de acuerdo con su ideal de perfección.
En cambio, la persona no rígida, se acusará de no tener voluntad,
pero es importante distinguir entre tener voluntad y controlarse. La persona
que se controla es la que se impone algo sin que esto responda obligatoriamente
a una necesidad. Detrás del control se oculta necesariamente un temor.
La persona que tiene voluntad sabe lo que desea y está decidida a obtenerlo.
Lo hace sin miedo. Logra sus fines estructurándose, sin perder de vista
en ningún momento su objetivo en relación con sus necesidades
y límites. Cuando algún suceso se contrapone a sus planes, puede
ser flexible y capaz de rehacer esos planes para alcanzar su meta.
Por su parte, la persona rígida no cuestiona si lo que desea realmente
responde a una de sus necesidades y no se toma tiempo necesario como para
interiorizarlo y preguntarse: ¿Cómo me siento con este deseo
y con la forma en que he decidido obtenerlo?. El temor le acompaña
siempre. El rígido en ocasiones, puede parecer controlador, pero cuando
interviene no lo hace para controlar o llamar la atención de otros,
ni para mostrarse fuerte como el controlador. Interviene solamente si lo que
se ha dicho es injusto para alguien o no le parece correcto. El rígido,
rectifica lo que acaba de decirse, mientras que el controlador, agrega a lo
que acaba de decirse. El rígido puede reprender a una persona si considera
sinceramente que ésta habría podido realizar mejor determinada
tarea, dada la capacidad o el talento que tiene. Por su parte, el controlador,
reprende a alguien si no realizó la tarea de la forma en la que él
lo hubiera hecho y de acuerdo con sus gustos e intereses. Otra diferencia
entre la forma de controlar del rígido y el controlador, es que el
rígido se controla para no perder el control, pues piensa que al perderlo,
será injusto con los demás. Por su parte, el controlador, se
controla para controlar mejor la situación o a otra persona y así
ser el más fuerte. A la persona rígida le gusta que todo esté
bien ordenado. Le desagrada tener que buscar algo. Algunos llegan incluso
a la obsesión en su necesidad de que todo esté ordenado perfectamente.
Al rígido también se le dificulta distinguir entre rigidez y
disciplina. Por ejemplo, una persona rígida que decide caminar una
hora al día para tener mejor salud y estar en forma. El medio en este
caso es caminar. Esta persona se impondrá caminar todos los días,
haga mal tiempo o no, tenga ganas de hacerlo o no. El que es disciplinado
sin ser rígido, algunos días decidirá no salir a caminar,
aun cuando sepa que caminar es lo mejor que puede hacer por su salud. Forzarse
a hacerlo no le perjudicará pero no se sentirá culpable –como
en el caso del rígido- si no lo hace y volverá a salir a caminar
al día siguiente con el ánimo tranquilo. La persona disciplinada
no abandona un proyecto porque lo interrumpió un día o porque
hubo un cambio en sus planes. El rígido a menudo sufre tensión
emocional porque impone perfección en todo. El controlador herido por
traición, también la sufre en gran medida pero por un motivo
distinto: desea tener éxito, desea evitar el fracaso a toda costa por
temor a la imagen que daría a los demás y también por
temor a afectar su reputación.
La persona que lleva la máscara de rígido, rara vez se enferma.
De cualquier manera, aún cuando sienta dolor en alguna parte, comenzará
a percibirlo hasta que su estado empeore, ya que es muy dura con su cuerpo.
Puede golpearse, lastimarse y hacerse una buena raspadura sin sentir dolor.
Si siente un poco de dolor al momento en que se golpea, su mecanismo de control
se activa de inmediato, lo que le proporciona una capacidad enorme para poder
ocultarlo.
Seguro que tú que escuchas, habrás observado que los actores
que son elegidos para torturar a alguien en las películas o para protagonizar
el papel de espías, siempre tienen las características físicas
del rígido. A sí mismo, es fácil reconocer a un policía
por su cuerpo rígido. Estas personas también pueden tener otra
herida, pero es su aspecto rígido el que las hace elegir una profesión
con la que piensan que podrán dar justicia sobre la tierra, sin embargo,
cuando un policía o espía –por ejemplo- parece sentir
placer al mostrar su poder y su fuerza, es que su máscara es la de
controlador lo que le ha hecho elegir esa profesión.
Todos tenemos límites en los planos físico, emocional y mental.
Esta es la razón por la que es común escuchar decir a una persona
rígida: “No comprendo qué le sucede, nunca se enfermaba
y ahora tiene un problema tras otro”. Este tipo de situación
se da cuando el rígido ya no puede controlarse. La ira, sobre todo
consigo mismo, es la emoción más común en el rígido.
Cuando estalla en cólera su primera reacción es atacar aún
cuando la ira sea consigo mismo. En realidad está enfurecido consigo
mismo por no haber observado acertadamente una circunstancia o por no haber
actuado bien –por ejemplo-.
Está el caso de un amigo que prestó dinero a otro amigo que
tiene problemas económicos pero que le promete pagarle en dos semanas.
Pasa este tiempo y el amigo no cumple. El rígido monta en cólera
porque se reprocha haberle ofrecido otra oportunidad. Con frecuencia desea
dar oportunidades a otros. En el caso del controlador, por ejemplo que ayuda
a otra persona económicamente para que este otro viva más dignamente,
pero resulta que este otro es indiferente y no agradecido, el controlador
reprochará no a sí mismo sino al amigo por no haber correspondido
a la ayuda, ya que la indiferencia y el no agradecerle o corresponder a la
atención, le habrá despertado la herida de la traición.
El rígido es también el tipo de persona para quien es difícil
dejarse amar y demostrar su amor. Por lo general piensa demasiado tarde lo
que debiera haber dicho o las muestras de afecto que debería haber
dado a quien amaba. Suele prometerse que lo hará cuando lo vuelva a
ver, pero cuando se presenta la ocasión lo olvida, así que pasa
entonces, por una persona fría y no afectuosa. Al actuar así,
es injusto con los demás y sobre todo consigo mismo, ya que se priva
de expresar lo que realmente siente. Al ser tan sensible, el rígido
evita que otros lo toquen psicológicamente. Este temor a ser tocado
o afectado por otras personas puede ser lo suficientemente fuerte para originarle
problemas en la piel. De hecho la piel nos permite tocar y ser tocados por
otros, sin embargo si esto nos produce temor a que nos hieran, nos alejamos
de los demás. La persona que tiene un problema cutáneo se avergüenza
principalmente de lo que los demás pueden ver o pensar de ella. Este
temor a ser tocado por otros, en ocasiones se nota en el cuerpo físico
del rígido que se retrae. Los brazos pegados a lo largo del cuerpo,
principalmente del codo al hombro, las manos empuñadas y las piernas
pegadas, una contra la otra, son indicio de un cuerpo cerrado. Lo mismo alguien
que generalmente se cruza de brazos –como ya lo hemos mencionado-.
CONTINUACIÓN DE LA HERIDA DE LA INJUSTICIA
Vamos a continuar escuchando sobre las características de una persona
que ha sufrido la herida de la injusticia.
La comparación es otro recurso que suele utilizar el rígido
para ser injusto consigo mismo. Tiende a compararse con quienes considera
mejor que él, y sobre todo, más perfectos que él. Devaluarse
de esta forma es una injusticia grave y una forma de rechazarse a sí
mismo. Es muy común que de pequeño, el rígido se sienta
comparado con sus hermanos y hermanas o con sus amigos o compañeros
de escuela. En esas ocasiones acusaba a los otros de ser injustos con él,
porque ignoraba si se le estaba comparando para mostrarle lo que él
se hacía a su interior. Si tu que escuchas, te reconoces en la herida
de injusticia y llevas la máscara del rígido, lo primero que
habrás de hacer es admitir el número de veces en que has sido
injusto con los demás y sobre todo, contigo mismo, contigo misma en
un solo día. Esto es lo más difícil de admitir, pero
será el principio de tu curación.
Una mamá nos comentó que un día preguntó a su
hijo de 28 años: “Dime: ¿cuál ha sido mi actitud
como madre, que te ha hecho sufrir más desde tu infancia?. Le respondió:
¡Tu injusticia!. Esta contestación la dejó con la boca
abierta. Fue tan grande su sorpresa que no pudo decir más. Recordó
todas las situaciones en que intentó ser una madre justa, sin embargo,
al ponerse en los zapatos de sus hijos, ahora puede comprender, por qué
algunos de sus comportamientos y actitudes les parecieron injustas. No obstante,
las características físicas de su hijo, más bien indicaban
que la experiencia de la injusticia que sintió con ella, en realidad
despertó su herida de traición.
Ciertamente le debió parecer injusta la indiferencia de su padre ante
el comportamiento que tenía con él. En su cuerpo se observaban
dos heridas, la de la injusticia y la de traición y esto quiere decir
que tiene algo diferente que solucionar con cada uno de sus padres: la herida
de traición con el progenitor del sexo opuesto porque para el joven
la indiferencia que se convertía en el abandono de su padre hacia el
y sus hermanos, era una injusticia y la de la injusticia con el progenitor
de su mismo sexo, porque consideraba injusticia el que su madre no se diera
cuenta de lo que estaba haciendo su padre con él y con sus hermanos
es decir, no les hacía caso, les mostraba indiferencia por lo tanto
les abandonaba.
La frialdad es el temor más grande del rígido. Le es tan difícil
aceptar su propia frialdad como la de los otros y hace todo lo posible por
mostrarse cálido. Cree además que es afectuoso y no se da cuenta
realmente de que los demás lo pueden considerar insensible y frío.
Tampoco se da cuenta que evita tener contacto con su sensibilidad para no
mostrar su vulnerabilidad es decir que es un ser humano que puede equivocarse.
No puede aceptar esta frialdad, porque sería admitir que es desalmado,
lo que puede significar ser injusto. Por eso es tan importante para el rígido
escuchar que es bueno es decir, bueno en lo que hace y lleno de bondad. En
el primer caso, se considera perfecto es decir, invulnerable –atributo
que por cierto, sólo Dios puede tener- y en el segundo, afectuoso.
Le es difícil aceptar la frialdad en otras personas. Cuando alguien
es frío con él, le lastima el corazón y se pregunta qué
ha hecho o dicho incorrectamente para que el otro actúe de esa forma.
Le atrae todo lo que es noble. El respeto y el honor son para él de
verdadera importancia. Se impresiona fácilmente con las personas que
tienen títulos importantes. Si sabe que algo le puede valer un título,
busca nuevamente ser la estrella en esa situación. Está dispuesto
a realizar los esfuerzos y sacrificios necesarios para lograrlo, porque para
el rígido no son sacrificios. En su vida sexual, por lo general tiene
dificultades. Le es difícil expresar toda la ternura que siente aunque
su apariencia sea muy sensual. Gusta vestirse con ropas sensuales. La mujer
rígida es explosiva y pese a que interiormente rehúsa a los
hombres con frialdad, le gusta atraerlos si considera que la situación
va demasiado lejos. Esto te lo decimos para que puedas orientar mejor a tus
hijas, porque de adolescente, la rígida se contiene y controla muy
bien, ya que desea mantenerse pura y perfecta para el afortunado que elija.
Se crea con facilidad un ideal de relación sexual que no es real. Cuando
llega a entregarse, usualmente se siente decepcionada porque la situación
real no corresponde a su ideal. Además, la mujer rígida es particularmente
hábil para fingir que goza. Mientras más intensa sea la herida
de la injusticia, más rígida será la persona y más
se le dificultará culminar en una relación. El varón
puede sufrir eyaculación precoz o incluso impotencia sexual.
A la persona rígida le es difícil comprometerse a causa de su
temor a equivocarse en la elección de compañero. Este temor
al compromiso es diferente al del controlador, el cual teme a la separación,
a tener que deshacer el compromiso. Muchas prostitutas muestran en su cuerpo
las características del rígido. Les es posible tener relaciones
sexuales para obtener dinero, sólo porque pueden hacer a un lado sus
sentimientos, es decir, pueden desvincularse de ellos, con mayor facilidad
que otras personas. En el plano de la alimentación, el rígido
prefiere los alimentos salados a los dulces. Les gusta todo lo que es crujiente.
Hay quienes disfrutan al morder hielo. Generalmente intenta equilibrar bien
su alimentación. De los cinco tipos, es el primero que sin duda decidirá
ser vegetariano, aunque esto no significa necesariamente que ser vegetariano
responda realmente a las necesidades de su cuerpo. Recuerda que el rígido
suele tomar decisiones para ser justo. Si es vegetariano porque piensa –por
ejemplo- que es injusto que se mate a los animales, su organismo puede sufrir
falta de proteínas, pero si lo ha decidido porque no le agrada la carne
y porque además de esta forma salvará a los animales, su motivación
será diferente y su cuerpo estará mejor.
Si controla demasiado su alimentación puede perder el control algunas
veces con las golosinas o con el alcohol. Si esto ocurre frente a otras personas,
se apresurará a explicar a todos que esto nunca le sucede y que hoy
es realmente una excepción. Cuando una persona con la herida de la
injusticia y que lleva puesta la máscara de rígido experimente
una situación que le afecta mucho, como un aniversario o un encuentro
especial, le es más difícil controlarse. En ese momento tenderá
a comer lo que normalmente se prohíbe, sobre todo alimentos que le
pueden engordar. Cuando esto pasa, se justifica diciendo: “No acostumbro
a comer así, pero hoy lo haré para acompañarles”.
Se siente culpable, se acusa y se promete volver a comenzar a controlarse
al día siguiente.
Algunas enfermedades que puede atraer la persona que lleva la máscara
de rígido puede ser la rigidez que siente en su cuerpo a modo de tiesura
o tensión en la parte superior de la espalda o en el cuello, así
como en las partes flexibles como tobillos, rodillas, cadera, codo, muñecas
etc. Los rígidos gustan de hacerse crujir o tronar los huesos de los
dedos de las manos, para flexibilizarlos es decir, que siente el caparazón
que envuelve a su cuerpo, pero no se da cuenta que se oculta bajo él.
El agotamiento por exceso de trabajo, las enfermedades que terminan con “itis”,
pues este tipo de enfermedades indica una ira interior retenida lo que es
muy común en los rígidos. Es propenso a la tortícolis
a causa de su dificultad para ver todos los aspectos de la situación
que considera injusta. Tiene problemas de estreñimiento y hemorroides
por su dificultad para ceder y por la moderación con que vive. El rígido
puede sufrir calambres que se manifiestan cuando una persona se retrae o se
modera por temor. Su dificultad para disfrutar de la vida, de sí mismo
y de los demás, puede producirle problemas de circulación sanguínea
y várices. Además suele padecer problemas de piel seca. Es posible
que tenga espinillas en el rostro cuando teme equivocarse, desprestigiarse
o no estar a la altura de sus ideales. La soriasis o problema de la piel es
común en las personas rígidas pues atraen este problema para
no estar demasiado bien o no ser demasiado felices lo que sería injusto
en relación con los demás sobre todo durante las vacaciones
o en momentos en que todo marcha bien en su vida.
Las alteraciones de hígado son frecuentes debido a su ira reprimida.
El nerviosismo es común aún cuando la mayor parte del tiempo
puede controlarlo para que no sea visible al exterior. Es muy usual que el
rígido sufra insomnio, sobre todo para el que no se sienta a descansar,
sino hasta que todo esté acabado y perfecto. Piensa tanto en todo lo
que debe hacer, que se despierta y ya no puede conciliar el sueño.
También tiene problemas de vista, debido a su dificultad para darse
cuenta que ha tomado una mala decisión o que quizá su percepción
es decir, su manera de ver sobre alguna situación no sea la correcta.
Prefiere no ver nada de lo que considera imperfecto para no sufrir. Utiliza
la expresión. “No está claro”, lo cual no ayuda
a mejorar su vista.
La mayor parte de las enfermedades que aquejan al rígido no son lo
suficientemente graves como para ir al médico. El rígido espera
que sanen por sí mismas o intenta curarse sólo sin decirlo a
los demás, ya que le resulta difícil confesar que tal vez necesita
ayuda. Cuando decide pedirla, corre el riesgo de padecer un problema muy grave.
Estos males y enfermedades mencionados en ocasiones se manifiestan en personas
que tienen otras heridas como las que vimos anteriormente, sin embargo, parecen
más comunes en las personas que sufren injusticia. Un niño pequeño
que se siente rechazado por ejemplo, por una u otra razón, intentará
no serlo al ser lo más perfecto posible, utilizando también
la máscara de la herida de la injusticia es decir, siendo rígido.
Y después de algunos años ya no siente que lo aman, a pesar
de sus intentos de perfección, lo que considerará injusto. Decide
entonces, controlarse y ser tan perfecto que nunca más será
rechazado. Se desconecta de sus sentidos para ayudarse a no sentir más
el rechazo. La herida de injusticia, se notará más en el cuerpo
que la de rechazo. Esto indicará que la persona siente más la
injusticia que el rechazo, aunque hay otros en quienes puede suceder lo contrario.
Todas las personas que sufren injusticia, ocultan una herida de rechazo.
Esta es la razón por la cual al envejecer, es común que el cuerpo de los varones rígidos y las mujeres rígidas pierdan volumen y tome poco a poco, las características del huidizo. La ciencia médica, llama a este fenómeno: osteoporosis. Te recordamos que si en ti ves la herida de injusticia, tu progenitor de tu mismo sexo, la tuvo y probablemente aún la tenga con su propio progenitor del mismo sexo. En el siguiente tema, describiremos qué hacer con este progenitor para ayudarle a sanar adecuadamente esta herida. Y una vez más te decimos que detrás de la presencia de cualquier herida, está la incapacidad de perdonar o el hecho de no querer perdonar lo que nos hacemos a nosotros mismos o lo que hemos hecho sufrir a los demás y nos es difícil perdonarnos, porque por lo general, no tenemos conciencia de nuestros propios reproches. Mientras más importante sea la herida de injusticia, más significará que eres injusto contigo mismo, contigo misma, al exigirte demasiado, al no saber cuáles son tus límites y al no tratarte bien, amándote con le frecuencia necesaria es decir, siempre.
Reprochas a los demás lo que te haces a ti mismo, a ti misma y lo que
no quieres ver. La vergüenza, es otra forma de darte cuenta de que sufres
injusticia o que eres injusto, injusta con los demás. Con la vergüenza,
te ocultas a ti mismo, a ti misma u ocultas un comportamiento y será
normal que te avergüences de los comportamientos que reprochas a los
demás, porque no quieres que los demás descubran que actúas
como ellos.
Recuerda que las características y conductas que describimos en estos
casetes, sólo se presentan cuando la persona decida ponerse su máscara
de rígido, pues cree que de esta manera evitará vivir la injusticia,
y según la gravedad de la herida y la intensidad del dolor, esta máscara
puede llevarse rara vez o con frecuencia.
Las conductas propias del rígido son dictadas por el temor a revivir
la herida de injusticia. Estas formas de pensar, sentir, hablar y actuar,
indican una reacción a lo que sucede en la vida. Al reaccionar por
medio de cualquiera de las cinco máscaras de huidizo, de dependiente,
de masoquista, de controlador o de riguroso una persona no está CONSCIENTE
es decir, no está en la realidad, no está despierta y por lo
tanto no está bien interiormente, no es feliz.
De ahí la importancia de saber vivir la vida, disfrutando al máximo
el único momento que tienes es decir, este instante o lo que llamamos,
el presente. Ya habrá un tema dedicado a ello, porque el vivir intensamente
el momento del instante te ayudará a no cargar con todo lo que has
vivido unas horas antes y no te angustiarás por lo que pueda pasar
unas horas después. Te será posible –con la gracia del
Señor- transformar tu corazón en un hogar cálido en donde
primeramente tu mismo, tu misma, te sientas amado, amada, por ti, por el Señor
Dios, independientemente si los demás se dan cuenta o no de que eres
valioso, valiosa, independientemente si los demás se dan cuenta de
que eres un tesoro, de que tienes dones, de que eres un ser humano en el que
el Padre Dios, ha puesto todo su amor.
Ahora bien, ya que has escuchado sobre las cinco heridas que afectan el comportamiento
normal de un ser humano, respóndete en tu interior si se debe juzgar
o no, a una persona….¿por qué crees que al Señor
Jesús lo mataron?, porque él comprendía el corazón
del hombre, por eso, a aquellos hombres que llevaron ante Jesús a la
mujer adultera para matarla a pedradas, Jesús les dice: “El que
esté libre de pecado, que arroje la primera piedra”. Hoy podríamos
decir: “El que esté libre de heridas, que se lance contra su
hermano”. Todos los seres humanos llevamos en el subconsciente heridas,
unos dos u otros los 5 tipos de heridas que se entremezclan y hacen que el
corazón se desgarre, y más cuando la persona no se abre al amor
gratuito de Dios.
El Padre Dios nos ha hecho para que descubramos su amor, para que lo disfrutemos,
para que lo experimentemos en nuestro interior y lo compartamos a cada ser
vivo de este planeta, con la impresionante y hermosa naturaleza incluyendo
a los animales.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
Toma una actitud orante, bien sentado, sentada, con tus brazos y manos descansándolos sobre tus piernas, con tus palmas hacia arriba o hacia abajo o entre lazadas, tu cabeza recta. Cierra tus ojos y respira suave, profundo y lento….y abriéndote en fe adulta a tu Señor y Dios deja que el Espíritu Santo, marque a fuego en tus entrañas, la convicción del amor incondicional del Señor es decir, deja que marque a fuego en tus entrañas, esa certeza, esa seguridad de saberte infinitamente amado por Él, que siempre pero siempre ha sido amoroso y fiel y que nunca jamás te ha traicionado ni te traicionará jamás ni nunca ha cometido una injusticia contra ti ni contra nadie, ni la cometerá y dile no con palabras sino interiormente:
Señor, por tu infinito amor, he comenzado un camino que recorro de
tu mano en este peregrinar hacia las altas cumbres del Amor es decir, que
deseo vivir a partir de hoy, en el corazón, es decir, en mi profundidad
en donde tú me habitas. Cómo deseo llegar a experimentarme realmente,
un nómada, una nómada del Amor en el silencio profundo, ese
a donde el egoísmo no puede llegar, en donde ninguna máscara
existe, no apegando mi corazón más que a Ti, Único Dios
Verdadero, caminando como un peregrino, como una peregrina que sabe que no
está aún en su "Patria Eterna", aunque ya desde aquí
y ahora te experimenta a ti: ¡Oh Ser Supremo, Casa del hombre, Lugar
en donde el corazón humano es saciado de Amor verdadero!… Señor,
hoy, aquí y ahora me reconozco como un humilde peregrino, como una
humilde peregrina, que quiere salir de la tierra de la superficialidad, para
entrar en esa tierra profunda del alma en donde la gran puerta para entrar
es la fe adulta. Permite ¡Oh mi Dios!, que desde el silencio y la humildad
vaya haciendo camino hacia lo que tu mismo en tu infinito amor, me ofreces
cada día para descansar, y que en realidad es mi única "Patria",
la Patria que más anhelo es decir, tu Corazón ¡Oh, Dios
mío!. Ahora mismo me atraes con fuerza, y me cubres con la Ternura
del Espíritu…Oh Amor….
Abrázame como una brisa suave y arrebátame a ti como un huracán.
Oh Vida mía, fecúndame y hazme nueva criatura en el Amor.
Señor, parece como si nada pasara en mi corazón al que tu has
convertido en tu casa., sin embargo, la fe me dice que es este amor tuyo,
que eres Tú mismo, el que me está invadiendo, que es tu amor
el que me está sanando; la fe me dice que aquí estás,
que eres tu en mi, ¡lo se!. Se que es tu toque divino y suave el que
está transformando mi corazón, en un corazón sano. Se
que es tu poder el que está sanando mi subconsciente y está
haciendo de mi un ser humano, verdaderamente humano y divino a la vez.
Toma todas mis heridas….no quiero ni un día más, continuar
apegado, apegada a esa forma de reaccionar causada por tanta herida, no quiero
continuar apegado, apegada a mi egoísmo, a esa forma de ser o mejor,
a esa forma de no ser, que tanto daño me ha hecho y a hecho a otros,
a otras…
Mi Amado Señor: te suplico, ayúdame a sanar de mi subconsciente
herido. Aquí estoy todo yo, toda yo, poniéndome en tus brazos
Oh mi Amado Padre, con toda la confianza que me infundes, sabiendo que tus
planes son siempre de amor, aún cuando has permitido en mi vida tempestades,
me entrego a ti, sabiendo que aún el más doloroso de los acontecimientos,
aún la más dolorosa de mis heridas, no es castigo tuyo, no.
Una vez más reconozco que tu nos dejas en libertad y con toda la responsabilidad
en nuestras manos.
Oh Señor. Mira cómo mi alma te desea por la noche y mi espíritu
te busca por la mañana, porque tu voluntad es la luz de la tierra y
me enseñas a vivir desde la santidad es decir, desde el amor. Oh Vida
mía, Amado mío, cuántas veces me he angustiado por aferrarme
a comportamientos que han salido a la superficie porque precisamente han brotado
también desde la superficie y todo, por apartarme de Ti. Cuántas
veces lo he hecho…¡Dios mío!...he sido como una mujer que
va a dar a luz, que se retuerce y grita angustiada, ¡pero lo único
que he dado a luz, ha sido viento, paja!. ¡Cuántas veces he despreciado
tu sabiduría, tu salvación. Señor, con tu Rocío
es decir, con tu amor inmenso, ilumíname y mi corazón,, entonces
sí, verdaderamente, dará a luz. ¡Bendíceme!....Amén.
CURACIÓN DE LAS HERIDAS Y TRANSFORMACIÓN DE LAS MÁSCARAS
Queremos comenzar esta parte sobre el valor del perdón, diciendo antes de dar la descripción de las etapas de curación para cada clase de heridas y máscaras, la manera de hablar, de cómo se sienta, de cómo baila y realiza otras actividades una persona que está utilizando una máscara, para que puedas identificar en ti mismo esta manera de ser y puedas comprender mejor a los demás. La manera de hablar y la voz, son diferentes según la máscara, escucha bien: El huidizo por herida de rechazo, tiene la voz apagada y débil. El dependiente por herida de abandono, usa voz infantil, así como un tono quejumbroso. El masoquista por herida de humillación, finge sentimientos con la voz para parecer una persona que se interesa por los demás. El controlador por herida de traición, tiene una voz sonora, fuerte. Y el rígido por herida de injusticia, habla de manera más bien mecánica y reservada.
Sobre la manera en cómo baila cada una de estas personas decimos que
al huidizo no le gusta bailar. Cuando lo hace, se mueve poco y de manera recogida
para no hacerse notar y es como si dijera: “No me miren demasiado”.
El dependiente prefiere los bailes de contacto porque le presentan la oportunidad
de estrecharse contra su pareja o con un amigo, con una amiga y es como si
dijera: “Miren cómo le gusto a mi pareja, a mi amigo, a mi amiga”.
El masoquista baila con mucho gusto y lo aprovecha para expresar su sensualidad.
Baila por el placer de bailar. Y es como si dijera: “Miren cuán
sensual puedo ser”. El controlador ocupa mucho espacio. Le encanta bailar
y lo aprovecha para seducir y ya dijimos que cuando hablamos de “seducir”
no lo hacemos para resaltar lo sensual sino que seducir aquí quiere
decir, poder atraer la atención de los demás y obtener amor.
Representa principalmente una oportunidad para ser mirado y es como si dijera:
“Mírenme” , El rígido baila muy bien y con ritmo,
a pesar de la rigidez de sus piernas. Llama la atención por no equivocarse
y es él quien suele tomar la iniciativa durante el baile. Los muy rígidos
son serios, su porte es muy erguido e incluso parecen contar sus pasos cuando
bailan y es como si dijera: “Miren qué bien bailo”.
Si las personas que vamos a describir tuvieran la oportunidad de adquirir
un automóvil, diríamos que el huidizo elegiría los de
colores oscuros que pasan desapercibidos. El dependiente preferiría
un auto cómodo, que no sea muy común. El masoquista escogería
un auto pequeño, de poco espacio interior. El controlador compraría
autos potentes y llamativos. El rígido preferiría un auto clásico
y de alto rendimiento que valiera el dinero que invirtió. (M)
Veamos ahora la manera de sentarse de una persona mientras habla o escucha.
El huidizo se hace pequeño en la silla y oculta los pies bajo sus muslos.
También puede echar sus piernas y pies hacia atrás como tratando
de esconderse. Como no tiene “los pies sobre la tierra” así
puede evadirse con mayor facilidad.
El dependiente se sume en la silla o se apoya en algo como en el brazo del
sillón o de un sillón que esté enseguida por ejemplo.
La parte de la espalda la encorva hacia delante. Si la silla tiene barrotes
y puede apoyar sus pies los recargará sin dudarlo. También puede
que los pies los ponga en punta, juntos, porque se sienta inseguro, necesitando
apoyo de sí mismo. El masoquista se sienta con las piernas separadas.
Al igual que en otras situaciones, elige una silla o un sillón que
no le convenga y que le parezca incómodo. El controlador se sienta
e inclina su cuerpo hacia atrás, cruzándose de brazos mientras
escucha cuando se le habla, pero se inclina hacia el frente para convencer
mejor a la persona que tiene enfrente y a la que se dirige. El rígido
se sienta muy erguido. Puede incluso estrechar las piernas y los pies entre
sí y alinearlas con su cuerpo, lo cual acentúa su postura rígida.
Cuando cruza las piernas y los brazos es para no sentir lo que sucede.
Una persona, puede cambiar varias veces su forma de sentarse, según
lo que esté ocurriendo interiormente en ella. Por ejemplo, alguien
que tiene las heridas de injusticia y de abandono. Cuando habla de problemas
en su vida, su cuerpo se ablanda y la parte superior de su espalda se encorva
es decir, que está manifestando su herida de abandono. Algunos minutos
después, cuando se le hace una pregunta sobre un tema que no desea
abordar, su cuerpo se endereza y se pone rígido y responde que todo
marcha bien en ese aspecto. En la forma de hablar, también se observan
varios cambios durante la conversación.
Con todo esto que has aprendido, -sobre las cinco heridas del rechazo, el
abandono, la humillación, la traición y la injusticia-, estamos
seguros de que en unos meses más o posiblemente ya lo comienzas a hacer
ahora mismo, podrás reconocer en qué momento tu mismo, tu misma
o alguno de tus conocidos lleva alguna máscara, a partir de tus propias
actitudes físicas y psicológicas y las de ellos. De esta manera,
sabrás cuál es el temor que vives en ese momento y le podrás
hacer frente desde la fe adulta, apoyándote en el Señor Dios
y dejando que su Palabra ilumine ese don maravilloso que es la inteligencia.
Hemos mencionado el temor más grande que tiene cada tipo de carácter.
La persona que lleva una máscara determinada, no se da cuenta de su
temor: temor a ser rechazado, temor a ser abandonado, temor a ser humillado,
temor a ser traicionado, temor a ser tratado injustamente, pero quienes le
rodean, ven fácilmente lo que esa persona quiere evitar a toda costa.
Veamos pues estos temores: El pánico es el temor más grande del huidizo: no se da cuenta de él porque se esconde psicológicamente, antes de sentirlo y con frecuencia lo hace en situaciones en que podría sentirlo porque su mirada interior, lo traiciona la mayor parte del tiempo. Quienes le rodean sí se dan cuenta de su pánico. / La soledad, es el temor más grande del dependiente. No lo ve porque se las ingenia para no estar casi nunca solo. Cuando lo está, se hace creer a sí mismo, que se encuentra bien, sin darse cuenta de que busca desesperadamente ocupaciones para pasar el tiempo sin sentirlo. Ante la ausencia de alguna presencia física, el televisor o el teléfono le sirven de compañía, por eso hay personas que al momento en que despiertan o en el momento que llegan a casa, encienden el televisor o buscan el teléfono o el internet para hablar con alguien. A las demás personas les es más fácil ver y sobre todo sentir, este gran temor que tiene a la soledad. Sus ojos tristes también lo traicionan.
La libertad es el temor más grande del masoquista. No se cree ni se
siente libre a causa de las numerosas limitaciones y obligaciones que se impone.
Sin embargo, sus conocidos lo consideran muy libre, ya que por lo general,
encuentra los medios y el tiempo para hacer lo que decide hacer, sin esperar
a que los demás decidan por él. Aún cuando lo que decida
le impida ser libre, los demás pensarán que si quisiera, tendría
la plena libertad de decidir lo contrario. Una persona humillada generalmente
es servil, se tiende a los pies de los demás. Sus ojos grandes y abiertos
nos muestran su gran interés en todo, así como su deseo de vivir
muchas experiencias en las que se sienta aceptado.
El hecho de separar es decir de disociar y la negación, son los temores
más grandes del controlador. No se da cuenta hasta qué grado
crea situaciones de conflicto o problemas para dejar de hablar con alguien.
Aunque atrae las separaciones o situaciones en que rechaza a otros, por miedo
a que le traicionen abandonándole, no se da cuenta que las teme. Por
el contrario, cree que estas separaciones o decir “no”, o negativas,
son lo mejor para él, pues piensa que así no fracasará
porque toma el control previniendo y adelantándose a decir “no”.
El hecho de que sea muy sociable y tenga facilidad para conocer gente, le
impide darse cuenta del número de personas que ha hecho a un lado en
su vida. Quienes lo rodean se dan cuenta de esto fácilmente. Sus ojos
lo traicionan, pues cuando estalla en cólera, se endurecen y pueden
incluso atemorizar a los demás al punto de distanciarlos.
La frialdad es el temor más grande del rígido. Le es difícil
reconocer esta frialdad, pues se considera una persona cálida que hace
lo posible para que todo resulte justo y armonioso a su alrededor. Es fiel
a sus amigos, sin embargo, los demás perciben esta frialdad en él,
no sólo en sus ojos, sino en su actitud seca y tensa, sobre todo cuando
siente que se le acusa injustamente.
ETAPAS PARA SANAR LAS HERIDAS
La primera etapa para sanar una herida está en reconocerla y aceptarla,
sin estar necesariamente de acuerdo con el hecho de que existe.
Aceptar es mirarla, observar detenidamente y saber que tener situaciones qué
solucionar, forma parte de la experiencia del ser humano. En todo el planeta,
no existe un ser humano que no haya sido herido. ¿Sabes?, no eres mala
persona sólo porque algo te lastime. El hecho de que hayas sido hasta
ahora capaz de crearte una máscara para no sufrir, ha sido un acto
heroico, un acto de amor contigo mismo, porque esta máscara te ha ayudado
a sobrevivir y a adaptarte al medio ambiente familiar y social en el que vives.
Escucha esto: Tú y yo, somos atraídos a personas que tienen
la misma herida que nosotros y es que en un principio nos agradó el
hecho de que los demás fueran como nosotros. No logramos hallar algo
mejor. Después de algún tiempo, comenzamos a encontrar defectos
en los demás, a no aceptarlos como son e intentamos cambiarlos sin
darnos cuenta que lo que no aceptábamos en los demás, eran los
aspectos que precisamente, teníamos nosotros mismos y que no deseábamos
ver por temor a tener que cambiar. Creíamos que debíamos cambiar,
cuando en realidad lo que necesitamos es curarnos, por eso es tan beneficioso
conocer nuestras heridas, ya que esto nos permitirá juntamente con
la gracia, es decir, con el amor gratuito, misericordioso e incondicional
del Señor Dios, sanarlas, antes que querer exigirnos ser perfectos
y amorosos y exigir esto mismo, a los demás.
Cada una de estas heridas de rechazo, abandono, humillación, traición
e injusticia, es resultado de la acumulación de experiencias a través
de toda tu vida, de ahí que es difícil enfrentarlas de una vez
por todas y al mismo tiempo. No basta con decir “Quiero sanar”
pero… tu voluntad puesta en ello y la decisión de salir adelante,
de sobreponerte a tus heridas, son el primer paso hacia la dulzura, hacia
la compasión es decir son el primer paso a entrar en la dinámica
de ese amor incondicional, de la paciencia y la tolerancia contigo mismo,
contigo misma y luego, con los demás.
Estas cualidades, estos dones, que desarrollarás al mismo tiempo contigo
mismo, contigo misma y con los demás, son la “medicina”,
así entre comillas, que te da este proceso de curación, proceso
por cierto, divino y humano. Estamos seguros de que al escuchar los temas
anteriores, has ido descubriendo las heridas de tus seres queridos también,
lo que sin duda te ha ayudado a comprender mejor sus comportamientos y en
consecuencia a ser más tolerante con ellos. Te recordamos que quizá
vivas una experiencia de rechazo por ejemplo y te sientas traicionado, abandonado
o humillado o la consideres una injusticia. Cuando alguien sea injusto contigo,
quizá traiga en ti sentimientos de rechazo, humillación, traición
o abandono. No es la experiencia lo que importa, sino lo que sientes ante
esta experiencia. Repetimos: No es la experiencia lo que importa sino lo que
sientes ante esta experiencia.
Por eso, es importante que reconozcas mejor tus heridas, que veas la descripción
de las características del cuerpo físico en lugar de mencionar
las características del comportamiento. El cuerpo no miente jamás,
sino que refleja lo que sucede en los planos emocional y mental. Las personas
que recurren a una cirugía estética –como dijimos alguna
vez- se engañan a sí mismas porque no por dejar de ver las características
de la herida en el cuerpo, habrá necesariamente sanado interiormente.
Muchas personas que recurrieron a la cirugía plástica, han manifestado
su decepción cuando vieron aparecer de nuevo, después de dos
o tres años, lo que inicialmente desearon quitar u ocultar.
Un joven platicó sobre sus numerosos rechazos, sin embargo, su cuerpo
físico mostraba más bien la herida de la injusticia. El chico,
tras haberle preguntado si estaba seguro de que padeció rechazo y no
injusticia, y luego de haberlo reflexionado, a la semana siguiente comunicó
que había esclarecido las cosas a fondo y que había caído
en la cuenta de su herida de injusticia. Esto no es sorprendente, porque sencillamente
el amor propio herido o que también llamamos ego, hace todo lo posible
para que no veamos nuestras heridas. Está convencido de que al hacerlo,
no sabremos curar el dolor que se relaciona con ellas. Nosotros mismos, somos
quienes nos hemos convencido de crear estas máscaras, con la finalidad
de evitar ese sufrimiento. El ego o amor propio herido, cree seguir el camino
más fácil, pero en realidad nos complica la vida. Quizá
parezca difícil que la inteligencia dirija nuestra vida, pues hacerlo
exige esfuerzo, sin embargo, la verdad es que la inteligencia simplifica enormemente
nuestra vida, para eso nos la dio el Señor Dios quien es la Suma Inteligencia.
¿Sabes?, mientras más tiempo esperes para curar tus heridas,
más se agravarán.
Cada vez que vives una situación que despierta y toca una herida, no añadas una capa más de olvido o rechazo ante esa situación diciendo que no pasa nada, porque es como una llaga que se agranda. Mientras más empeore, más temerás que la toquen y así se vuelve un círculo vicioso que a la larga se convierte en esa obsesión en la que todo el mundo existe para hacerte sufrir. Por ejemplo, la persona que es muy rígida, verá injusticia en todas partes y se transformará en una perfeccionista excesiva. La persona muy huidiza, se sentirá rechazada por todos y vivirá convencida de que nadie la puede amar etc. La ventaja de reconocer tu herida o heridas, es que finalmente emprendas, comiences el camino correcto. Antes, sin conocer todo esto, actuabas como la persona que va al médico para curar su hígado, cuando lo que padece son problemas del corazón. Esta situación puede durar muchos años, como la del joven que intentaba encontrar una solución al rechazo que creía sentir, sin que nada se solucionara. Después de haber tocado lo que realmente le lastimaba, estuvo en condiciones de solucionar su problema y de activar la curación de la herida. Recuerda que en este caminar de la sanación interior, no estás solo, sola, no, JESUS TU SEÑOR, ESTÁ CONTIGO.
Necesitamos señalar que hay una diferencia entre llevar la máscara
de dependiente y sufrir una dependencia afectiva. No sólo las personas
que tienen la herida de abandono y por consiguiente la máscara de dependiente,
sufren de carencia afectiva. Cualquier persona sin importar la herida que
sufre, puede ser dependiente en el plano afectivo. ¿Por qué?,
porque nos volvemos dependientes afectivos cuando sufrimos de carencia afectiva
y sufrimos de de carencia afectiva cuando no nos amamos lo suficiente, por
eso buscamos el amor de otros y otras, para poder convencernos de que somos
seres humanos, que podemos ser amados.
Cada máscara existe precisamente para indicarnos que nos impedimos
ser nosotros mismos, porque no nos amamos lo suficiente y porque no nos creemos
merecedores de amor. Mira que todos tus comportamientos relacionados con cada
una de las máscaras, son reacciones y no comportamientos basados en
el amor a ti mismo, y hablar de amor a uno mismo no es lo mismo que invitarte
a ser egoísta, no, sino invitarte a ser como Jesús, a amarte
como Él te ama.
Vamos a hablar un poco sobre el progenitor con el que generalmente se vive
cada una de las heridas para poder sanarlas. Pon mucha atención. El
rechazo, se vive con el progenitor del mismo sexo. El huidizo se siente rechazado
por la persona de su mismo sexo. Lo acusa de rechazarlo y siente más
ira hacia éste que hacia sí mismo. Sin embargo, cuando vive
una situación de rechazo, con una persona del sexo opuesto, se rechaza
a sí mismo, lo que le induce a sentir aún más ira consigo
mismo. Es muy posible también, que crea sufrir rechazo en ciertas experiencias
–con personas del sexo opuesto-, cuando en realidad se trata de abandono.
El abandono se vive con el progenitor del mismo sexo. El dependiente se siente
fácilmente abandonado por las personas del sexo opuesto, lo que le
induce a acusarlas más que acusarse a sí mismo. Cuando sufre
una experiencia de abandono por no haber prestado la suficiente atención
al otro, o por no haber sabido cómo prestar atención adecuada.
Lo que con frecuencia percibe como una situación de abandono con las
personas de su mismo sexo, en realidad es rechazo.
La humillación por lo general se vive con la madre, sea hombre o mujer
quien la vive. El masoquista se siente humillado fácilmente con las
personas del sexo femenino, además de que tiende a acusarlas. Si tiene
una experiencia de humillación con alguien del sexo masculino, se acusa
a sí mismo y se avergüenza de sus comportamientos o pensamientos
ante el otro. Esta herida puede vivirse excepcionalmente con el padre si fue
éste quien se ocupó de las necesidades físicas del niño,
le enseñó a comportarse, a comer, a vestirse etc. Si éste
es tu caso, debes invertir femenino por masculino en lo que acabas de escuchar.
La traición se vive con el progenitor del sexo opuesto. El controlador
se siente fácilmente traicionado por las personas del sexo opuesto
y tiende a acusarlas por el dolor o las emociones que siente.
Cuando vive una experiencia de traición con alguien del mismo sexo,
se acusa a sí mismo y se reprocha no haber estado atento, ante esta
experiencia con el objeto de evitarla. (Si es por ejemplo el caso de un abuso
sexual de un pequeño de 3 ó 4 años o aún más,
de un bebé de meses, como es lógico no se puede pensar que estuviera
atento, pero sí reprochará cuando sea un joven adulto, al progenitor
que no causó la herida, el no haberlo defendido ante esto –aunque
este progenitor, estuviera sin saberlo nunca-). Es muy probable que lo que
considera como traición por parte de las personas de su mismo sexo,
aunque sea en realidad una experiencia que activa su herida de injusticia.
La injusticia se vive con el progenitor del mismo sexo. El rígido sufre
la injusticia con las personas de su mismo sexo y las acusa de ser injustas
con él. Si enfrenta una situación que considera injusta con
alguien del sexo opuesto, no lo acusará sino que se acusará
a sí mismo de ser injusto o incorrecto. Existen muchas posibilidades
de que esta experiencia de injusticia con las personas del sexo opuesto, sea
más bien de traición. Si sufre mucho, puede incluso sentir ira
mortal.
Hoy ya eres consciente de la necesidad que tienes de perdonar y de liberar
a tu corazón para que cada vez más seas un ser humano abierto
al amor, a la dulzura, a la misericordia, al amor, al diálogo, pero
mientras una persona, no tiene conciencia de esto, y mientras más se
agrandan las heridas, más normal y humano son los reproches que ha
sentido o siente hacia el progenitor que cree responsable de haberle hecho
sufrir. Es normal por ejemplo, que un joven sienta odio hacia su padre porque
siempre lo ha hecho sentirse rechazado y que con el tiempo transfiera este
odio a los hombres o a su hijo, quien se sentirá igualmente rechazado.
Hay personas que transfieren este odio hacia el padre, a un animalito del
mismo sexo y eso, como sabemos, no es justo, ni tampoco, normal. Esto nos
indica que la persona está enferma, que sufre y que necesita ayuda.
Reprochamos inconscientemente a este progenitor por tener la misma herida
que nosotros y se transforma en un modelo a nuestros ojos que nos obliga a
mirarnos a nosotros mismos. Nuestra preferencia también inconsciente,
será tener otro modelo, lo que obedece al rechazo por asemejarnos a
él, ya que nos desagrada lo que vemos reflejado en ese progenitor.
Las heridas no pueden sanarse más que con un perdón verdadero
a nosotros mismos, a nuestros padres y a Dios por creer que él lo ha
querido, pero ya hemos visto en otros temas y no nos cansamos de decirte –a
ti que escuchas- que el Señor Dios, el Padre, ha respetado la libertad
de quienes nos hirieron como también ha respetado tu libertad y Él,
nunca ha querido el mal para nadie, simplemente lo ha permitido que es diferente.
No importa cuál de las cinco heridas vivamos con las personas del sexo
opuesto o con el progenitor que consideramos responsable de ella, pues nosotros
mismos nos reprochamos. Es por eso que tendemos a castigarnos mediante un
accidente indirecto o con algo que física o interiormente, nos hace
daño.
El ser humano cree que el castigo es un medio para expiar su culpabilidad,
pero en realidad, la ley espiritual del amor, afirma todo lo contrario. Mientras
más te creas culpable y más te castigues, con mayor frecuencia
atraerás el mismo tipo de situaciones. Esto significa que mientras
más te acuses, más volverás a enfrentar los mismos problemas,
por tanto, sentirte culpable dificultará que perdones y ya sabes que
el perdón es la medicina más importante en el proceso de la
curación.
Además de culpabilidad, con frecuencia sientes vergüenza cuando
te acusas de haber herido a alguien o cuando alguien te acusa de haberle hecho
sufrir. Si todo mundo sentimos vergüenza en uno u otro momento, ésta
culpabilidad es mucho más intensa cuando no aceptamos que hemos hecho
o hacemos padecer a otros la misma experiencia que no queremos que nos haga
sufrir. Cuando se cometen abusos graves, que en ocasiones llegan a la violencia,
significa que las personas causantes tienen heridas que les dañan a
tal grado que han perdido el control, por eso no podemos decir que existen
seres humanos malos, por muy descabellado que te parezca esto. Existen seres
humanos heridos y enfermos psicológicamente . No hay personas malvadas
en este mundo, sino sólo personas que sufren. Y no se trata de justificarlas
sino de aprender a tenerles verdadero amor es decir compasión y compasión
no quiere decir darles una palmadita en el hombro y exclamar “pobrecillo,
pobrecilla”, no. Compasión es ese don hermoso de ponerse en los
zapatos del otro, también llamada empatía. Es ese amor misericordioso
que comprende perfectamente el por qué de las reacciones porque sabe
que en el fondo de ellas hay una gran herida.
Condenar a una persona o acusarla no le ayudará, pero podemos ser compasivos
aún sin estar de acuerdo con su conducta. Esta es una de las ventajas
que obtendrás al darte cuenta de tus propias heridas y de las de los
demás. Es raro que una persona no tenga ninguna herida. Una persona
que tiene dos heridas importantes como la de la injusticia y la de la traición,
vivirá la injusticia con las personas de su mismo sexo y la de la traición
con las del sexo opuesto. La injusticia se vive con el progenitor del mismo
sexo, y cuando siente esa emoción con una persona del sexo femenino,
la acusa de ser injusta, mientras que cuando la injusticia proviene del sexo
masculino, se considera injustamente tratada y se encoleriza consigo misma.
En ocasiones se avergonzará y algunas veces siente esta injusticia
con los varones, como una traición. Es posible pues, ver la máscara
de controlador y de rígido en el cuerpo de quienes sufren las dos heridas
de injusticia y de traición.
Hay personas que tienen las heridas de rechazo y abandono al mismo tiempo,
por lo que llevan las máscaras de huidizo y de dependiente. En ocasiones,
la parte superior del cuerpo, refleja una herida, en tanto que la porción
inferior del cuerpo refleja la otra. En algunas personas, la diferencia se
presenta del lado derecho y del izquierdo. Con el tiempo y la práctica
es cada vez más fácil identificar las máscaras con una
sola mirada. Si confiamos en nuestra intención, de ser comprensivos,
dulces y misericordiosos con nosotros mismos y con los demás, podrás
verlas rápidamente.
Cuando el cuerpo de una persona corresponde a la máscara de controlador,
pero su cuerpo es más bien flácido o sus ojos son de dependiente,
puede deducirse que tiene tanto la herida de traición como la de abandono.
Por supuesto que también puede haber otras combinaciones. Alguien más
puede tener el cuerpo grande del masoquista y ser al mismo tiempo muy rígido.
Con ello sabremos que sufre las heridas de humillación e injusticia.
Las personas que tienen un cuerpo muy voluminoso, de masoquista, con las piernas
cortas y los talones pequeños del huidizo, manifiestan humillación
y rechazo. También es posible tener tres, cuatro o incluso las cinco
heridas. Algunas veces predomina alguna de ellas, mientras que las demás
son menos evidentes o todas pueden ser de poca importancia.
Cuando una máscara predomina, significa que la persona la utiliza con
más frecuencia que las otras para protegerse. Si la máscara
ocupa muy poco lugar en el cuerpo de la persona, es porque ésta no
suele sentir la herida que se relaciona con esa máscara. El que una
máscara sea dominante, no significa que exprese la herida más
importante que debe sanarse.
¿Sabes?, intentamos ocultar la herida que nos hace sufrir más.
Desarrollamos las máscaras de rígido por la herida de injusticia
y la de controlador por la herida de traición que son de control y
de fuerza, con el objeto de ocultar la herida de rechazo, abandono y humillación.
Esta fuerza sirve para ocultar lo que nos hace más daño y explica
por qué es frecuente ver que una de estas tres heridas aparece con
la edad, debido a que el control tiene sus límites. Gracias a su capacidad
de control, la máscara de rígido es la que tiene mayores posibilidades
de ocultar otra herida. La persona masoquista y rígida por ejemplo,
puede llegar a controlar su peso durante cierto tiempo, pero cuando pierde
el control, engorda.
Si sufrimos los seres humanos, es porque no estamos dispuestos a querer vernos
interiormente y nos es muy difícil aceptar la idea de que el Señor
Dios nos ha dado una gran inteligencia para ser felices y para nosotros ser
feliz será siempre, sufrir menos. Y es porque no deseamos, admitir
que por ejemplo, el cuerpo también toma parte en este avisarnos que
hay algo en lo que necesitamos poner atención para sanarlo. Si tan
sólo nos diéramos cuenta de que cuando el cuerpo nos avisa que
necesitamos poner toda nuestra atención, cuando experimentamos algún
dolor o enfermedad, muy posiblemente sea porque necesitamos mirar hacia uno
de nuestros comportamientos interiores……
Pero no, algunos de nosotros, preferimos continuar en el temor de descubrir
nuestras heridas, llevando las máscaras que hemos creado para ocultarlas,
creyendo que así seremos felices y que incluso hasta sanaremos…..
Oh ser humano, cuándo querrás acercarte a tu Creador para dejar
que Él te ilumine?
Recuerda pues, que sólo llevas tus máscaras cuando temes sufrir
y revivir la herida que supuestamente protege la máscara. Cuando inconscientemente
te la pones, automáticamente dejas de ser tú mismo, tú
misma y manifiestas comportamientos relacionados con la máscara que
llevas. Lo ideal sería poder reconocer rápidamente la máscara
que te has colocado a fin de identificar la herida que intentas ocultar sin
juzgarte ni criticarte. Es posible cambiar una o varias máscaras, varias
veces al día o utilizar la misma durante varios meses o años,
antes de que salga a la superficie la reacción correspondiente a esta.
En el momento en que te des cuenta de esto, ¡alégrate! De haberlo
hecho y agradéceselo a la persona que tocó tu herida, ya que
permitió descubrir lo que no ha sanado en ti. Por lo menos habrás
adquirido conciencia de ello y te concederás el derecho a aceptarte.
Es ante todo importante darte el derecho a tomar el tiempo necesario para
sanar.
Cuando puedas decirte con frecuencia: “Bueno, me he puesto la máscara”
y “Es por esta razón que he reaccionado de tal forma”,
tu curación habrá avanzado, tu curación profunda está
ya más cerca.
MOMENTOS PRECIOSOS DE INTIMIDAD CON DIOS
En unos momentos de intimidad con el Señor Dios, tomando una actitud
orante, cerrando tus ojos y respirando suave, profundo y lento, ábrete
en fe adula a tu Señor y Dios que te dice “Ven y sígueme”….”MI
paz te dejo, mi paz te doy”…..”Todo es posible para aquél
que tiene fe”. Tu crees que Yo puedo sanarte?....¿Crees que dentro
de ti he puesto todas las herramientas necesarias y todos los dones para que
seas un ser humano inteligente, que viva con sabor es decir con sabiduría
la vida? En verdad, ¿lo crees?
Y tú que escuchas, sabiendo que el Señor Jesús te habla
desde lo profundo de tu ser, simplemente, deja que sus palabras resuenen en
tu corazón. Deja que remuevan todo tu ser. Deja que inunden tu subconsciente.
Y simplemente, déjate invadir de su Presencia amorosa, de su Presencia
sanadora y libertadora….Simplemente, déjate amar por Dios. Simplemente,
ama y escucha ama y contempla desde el amor lo que una vez más te dice:
“Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te
doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”.
“Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te
doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”.
“Ven y sígueme”….”MI paz te dejo, mi paz te
doy”…..”Todo es posible para aquél que tiene fe”.
CONTINUACIÓN DE LA CURACIÓN DE LAS HERIDAS Y TRANSFORMACIÓN DE LAS MÁSCARAS
Ahora diremos cómo saber cuándo te pones la máscara para
protegerte o cuándo alguien más se la pone. Escucha.
Cuando se activa tu herida de rechazo, te colocas la máscara de huidizo,
que te invita a desear huir de la situación o de la persona que crees
que es la causa del rechazo, por temor a sentir pánico o sentirte impotente.
Esta máscara también puede convencerte de que seas lo más
invisible posible, te repliegues en tu interior y no digas o hagas algo que
provoque que el otro te rechace aún más. Esta máscara
te hace creer que no eres lo suficientemente importante para ocupar el lugar
que te corresponde, que no tienes el derecho a existir tanto como los demás;
esto hace que te experimentes como si no valieras nada, y por eso te deprimes.
Cuando se activa tu herida de abandono, te colocas la máscara de dependiente,
que te hace ser como el niño pequeño que tiene necesidad de
atención y la busca llorando, quejándose o siendo sumiso ante
lo que sucede, porque no cree poder lograrlo solo. Esta máscara te
hace realizar acciones para evitar que te dejen o para recibir más
atención. Puede incluso convencerte de que te enfermes o seas víctima
para obtener el apoyo o ayuda que buscas.
Cuando la herida de humillación se activa, te colocas la máscara
de masoquista, que te hace olvidar tus necesidades para no pensar sino en
las de los demás y transformarte en una buena persona, generosa, siempre
dispuesta a prestar sus servicios, incluso más allá de tus límites.
También te las ingenias para cargar sobre tu espalda las responsabilidades
y compromisos de quienes parecen tener dificultades para realizar lo que deben
aún antes de que te lo pidan. Haces todo lo posible por ser útil,
sobre todo para no sentirte humillado ni rebajado. También te las arreglas
para no ser libre interiormente, aún cuando eso es tan importante para
ti. Cada vez que tus actos o tu manera de proceder son motivados por el temor
a sentir vergüenza o humillación, indica que llevas puesta tu
máscara de masoquista.
Cuando vives la herida de traición, te colocas la máscara de
controlador que te vuelve desconfiado, escéptico, defensivo, autoritario
e intolerante a causa de lo que crees que debe ser y no es. Haces todo lo
posible por demostrar que eres una persona fuerte y que no te dejas llevar
o manejar fácilmente; sobre todo intentas mostrar que no permites que
los demás decidan por ti. Esta máscara te obliga a hacer todo
lo posible para evitar perder tu reputación al grado de mentir. Olvidas
tus necesidades y echas mano de lo necesario para que los otros piensen que
eres una persona fiable, en la que pueden depositar su confianza. Esta máscara
también te hace que te veas aparentemente como una persona segura de
sí misma, incluso cuando no tienes confianza en ti mismo y dudas de
tus decisiones o tus actos.
Cuando se activa la herida de injusticia, te colocas la máscara de rígido que hace de ti una persona fría, brusca y seca que se refleja en tu musculatura y en tus movimientos. Al igual que tu actitud, tu cuerpo también se vuelve rígido. Esta máscara te hace ser asimismo muy perfeccionista y vivir sentimientos de ira, impaciencia, crítica e intolerancia contigo mismo, contigo misma. Eres muy exigente y no respetas tus límites. Cada vez que te controlas, que te reprimes y eres duro contigo mismo, contigo misma, significa que te has colocado tu máscara de rígido.
Es importante que sepas que te pones una máscara no sólo en
cada ocasión que temes sentir la herida con alguien más sino
también cuando temes darte cuenta de que tu mismo, tu misma haces a
otros vivir determinada herida con el objeto de ser amado, amada o por temor
a perder el amor de los demás. Por eso, adoptas un comportamiento que
no corresponde a lo que eres y te transformas en alguien más. ¿Sabes?.
Lo que eres y lo que haces, el amor de Dios en tu corazón, su Presencia
Salvadora y Transformadora, habrá de ser la fuente de tu bienestar
y no los halagos, la gratitud, el reconocimiento o el apoyo que provenga de
los demás, porque recuerda que ellos y ellas también están
heridos. No olvides pues hasta qué punto tu amor propio herido también
llamado ego, te puede jugar una mala pasada para que no tomes conciencia de
tus heridas. Nuestro amor propio o ego, está convencido de que si nos
damos cuenta de ellas –de las heridas- y las eliminamos, quedaremos
desprotegidos y eso nos hará sufrir, pero no le creas. Deja que a tu
amor propio lo transforme la gracia del Señor Dios, en amor verdadero,.
Entonces, no sufrirás a causa de las heridas de los demás, al
contrario, serás libre, serás maduro, madura, serás como
Jesús.
Escucha las formas en que cada tipo de carácter deja que su ego le
haga jugarretas:
El huidizo se convence de que se ocupa bien de si mismo y de los otros para
no sentir los diferentes tipos de rechazo que experimenta. El dependiente
gusta de hacerse el independiente y decir, a quien quiera escucharlo, hasta
qué punto se siente bien solo y no necesita de nadie. El masoquista
se convence de que todo lo que hace por los demás le da a cambio un
enorme placer y que cuando lo hace, atiende a sus necesidades. Es muy bueno
para decir, así como pensar, que todo marcha bien y para encontrar
justificaciones para las situaciones o las personas que lo humillan. El controlador
está convencido de que nunca miente, de que siempre cumple su palabra
y de que no teme a nadie. El rígido gusta decir a todos cuán
justo es, y que no tiene problemas en la vida. Además, prefiere creer
que tiene muchos amigos que lo quieren como es. Déjanos decirte que
habremos de sanar las heridas interiores al igual que buscamos hacerlo con
las heridas físicas.
¿Alguna vez te has sentido tan impaciente por hacer desaparecer un
grano o barro en tu rostro que lo exprimiste sin cesar? ¿Qué
sucedió?. Es probable que el grano haya persistido mucho tiempo y hasta
cicatriz te haya quedado para siempre, ¿no es así?. Pues, esto
es lo que sucede cuando no confiamos en el poder sanador que ha depositado
en nuestro interior el Señor Dios, cuando no confío, cuando
no confías en su inmenso amor por ti y por cada uno de los seres humanos:
es decir, las heridas persisten, te han dejado cicatrices por no creer en
el poder sanador del amor, por no creer en el poder liberador del perdón.
Para que puedas superar cualquier problema o herida, , será necesario
primero aceptar y brindar amor incondicional en lugar de desear que desaparezca
tu dolor. Tus heridas profundas también tienen necesidad de que las
reconozcas, las ames y las aceptes. Amar incondicionalmente es aceptar, incluso
si no estás de acuerdo ni comprendes el motivo de ciertas situaciones.
Amar una herida o amar los granos o espinillas de tu rostro, significa aceptar
que los creaste por una razón específica y sobre todo, con la
finalidad de ayudarte. En lugar de querer hacer desaparecer tus granos, debes
utilizarlos para adquirir conciencia de un aspecto de ti que no deseas ver.
¿Sabes?, estos granos intentan atraer tu atención para que te
des cuenta –entre otras cosas- de que en este momento tal vez temas
dar la cara a una situación cualquiera y que este temor te impide ser
tú mismo.
Al tomar esta nueva actitud, ya no verás el grano de la misma forma.
Incluso, se lo agradecerás. Si decides vivir esta experiencia y adoptar
este tipo de actitud mental, sin duda los granos desaparecerán mucho
más rápidamente, ya que habrán sido reconocidos, amados
por su utilidad. Sí, acepta el hecho sobre todo de que lo que temes
o reprochas a los demás, lo haces tu mismo a los otros y principalmente,
a ti mismo. Pondremos algunos ejemplos para que te des cuenta hasta qué
punto en ocasiones puedes dañarte a ti mismo, a ti misma….Quien
sufre de rechazo, alimente su herida cada vez que se considera que el que
le rechazó tiene razón, que es porque en realidad no vale nada,
y comienza a experimentarse una nulidad, bueno para nada, incapaz de marcar
alguna diferencia en la vida de los demás y lo hace también
cada vez que huye de una situación.
Quien sufre de abandono alimenta su herida cada vez que abandona un proyecto
en el que tenía mucho interés, cada vez que se deja caer, que
no se ocupa lo suficientemente de sí mismo y que no se presta la atención
que necesita, que no se disfruta a sí mismo ni valora su riqueza interior.
A toda costa desea ser aceptado que reclama la atención de los otros
para sí y esto causa –por el excesivo apego- fastidio en los
otros, pero como el dependiente lo presiente, se las ingenia para retirarse
antes de que le abandonen y prefiere estar de nuevo solo. Hace sufrir mucho
a su cuerpo por tanta tensión y estado de ánimo inestable y
así, se crea enfermedades para atraer la atención.
Quien sufre de humillación alimenta su herida cada vez que se rebaja,
que se compara con otros, minimizándose, y se acusa de estar gordo,
de no ser bueno, de no tener voluntad, de aprovecharse de algo etc. Se humilla
vistiendo ropas que no le favorecen y que ensucia. Hace sufrir a su cuerpo
dándole demasiados alimentos qué digerir y asimilar. Sufre al
asumir las responsabilidades de los demás, lo cual le priva de libertad
y de tiempo para sí mismo.
Quien sufre de traición, alimenta su herida mintiéndose, convenciéndose
de creer lo que es falso y no cumpliendo los compromisos que tiene consigo
mismo. Se castiga al hacer todo por sí mismo porque no confía
en los demás y no pone en manos de otros nada. Si pone en manos de
otros algo, se ocupa tanto en asegurarse de que los demás hagan lo
que espera de ellos, que se priva de pasarla bien consigo mismo.
Quien sufre de injusticia, alimenta su herida siendo muy exigente consigo
mismo. No respeta sus límites asumiendo que como ser humano tiene limitaciones
y puede equivocarse. Es injusto consigo mismo, pues se critica y no logra
ver sus cualidades y lo que hace bien. Sufre cuando sólo ve lo que
no ha hecho, o los errores que ha cometido. Se provoca sufrimiento por su
propia dificultad para brindarse bienestar. Es pues, fundamental aceptar las
máscaras que has permitido en tu vida y que tu amor propio o ego ha
creado, para ocultar tus heridas y evitarte más sufrimiento. Amar y
aceptar una herida significa reconocerla. Agradécete por haber tenido
el valor de crear y conservar una máscara que te ha ayudado a sobrevivir,
sin embargo, esa máscara hoy te perjudica más que ayudarte.
Ya no la necesitas más, sobre todo, porque ahora conocer lo valioso,
lo valiosa que eres sencillamente porque eres obra maestra del Amor del Señor
Dios. Eres sencillamente, su imagen.
Ha llegado el momento de que decidas que puedes vivir aún si te sientes
herido. Ya no eres ese niño pequeño esa niña pequeña
que no podía curar su herida. Ahora eres adulto con experiencia y madurez,
con una perspectiva diferente de la vida y con la intención de amarte
cada vez más y más, para poder amar realmente a los demás
y al Señor Dios quien –por cierto-, te ha amado primero.
Cuando creamos una herida, pasamos por cuatro etapas. En la primera somos
nosotros mismos. En la segunda, sentimos dolor y descubrimos que ya no podemos
ser nosotros mismos, porque no conviene a los adultos que nos rodean. Por
desgracia, los adultos no se dan cuenta de que el niño intenta descubrir
quién es, y en lugar de dejarlo ser él mismo, se dedican a decirle
quién debe ser. La tercera etapa es la de rebelión ante el dolor
que se vive. Es el momento en que el niño comienza a entrar en crisis
y a oponerse a sus padres. La última etapa, la de resignación
(que inconscientemente nos repite “Ni modo…ni modo…aguántate”),
comienza cuando decidimos crearnos una máscara con la intención
de no decepcionar a los otros y sobre todo, para no revivir el sufrimiento
de no ser aceptados cuando somos nosotros mismos. ¿Sabes?, la curación
interior habrá llegado al máximo, cuando puedas invertir las
cuatro etapas y comiences por la última para regresar a la primera
en la que volverás a ser tu mismo, pero ya nunca más resignándote
sino aceptando libre , voluntariamente, con sabiduría y paz, que los
seres humanos somos limitados y que sólo quien se atreve a romper la
cadena del desamor, comienza a ser verdaderamente libre, auténtico,
maduro, feliz y contribuye con su granito de arena para que esta humanidad
sea realmente como lo quiso su Creador: hermosa, unida, plena, feliz en Él.
En este proceso, la primera etapa consiste en adquirir conciencia de la máscara
que llevas. Lo lograrás, gracias a que repetirás una y otra
vez, asimilando cada vez mejor, los mensajes contenidos en los cassettes anteriores,
que te describen cada una de las heridas. La segunda etapa la experimentarás,
cuando sientas rebeldía cuando al escuchar sobre las heridas, te resistas
a aceptar tu responsabilidad a ser libre y prefieras acusar a los demás
de tu sufrimiento. Habrás de decirte que: es normal que todo ser humano
se resista cuando descubre aspectos de sí mismo que no le agradan.
Esta etapa es diferente para cada persona. La intensidad del deseo de rebelarte,
depende de tu grado de aceptación, de tu grado de apertura y de la
profundidad de tu herida en el momento en que te des cuenta de lo que sucede
en ti.
En la tercera etapa, te das el derecho a haber sufrido y a reprochar por ello
a uno de tus padres o a ambos es decir, a los dos. Al percibir el sufrimiento
que el niño, la niña vivió en ti, serás además
más compasivo, más dulce con ese progenitor y esta etapa a la
vez será más profunda. También será posible que
aceptes a tus padres y a tenerles amor inmenso por lo que han sufrido. Por
último, en la cuarta etapa, volverás a ser tu mismo y dejarás
de creer que necesitas llevar tus máscaras para protegerte. Acepta
que la vida está llena de experiencias que sirven para enseñarte
lo que es benéfico e inteligente para ti. Esto es lo que se llama amor
a uno mismo. El amor tiene un enorme poder de curación y de infundir
energía, luz, alegría verdadera, realización, plenitud,
paz, así que, prepárate para ver más transformaciones
en tu vida tanto en las relaciones con otros, como en tu aspecto físico:
en otras palabras, podrás notar curación o cambios no sólo
en tu psicología, en tu alma, sino también en tu cuerpo físico.
Amarte significará pues darte el derecho a ser tal como eres ahora.
Amarte significará aceptarte aún si haces a los demás
lo mismo que les reprochas cuando aún no has sanado las heridas. El
amor no tiene nada que ver con lo que haces o con lo que posees, porque el
amor verdadero es la experiencia de ser tu mismo en Dios. En este proceso
de sanación interior, no te reproches nada. Durante un año,
piensa cada día solamente en el hoy, diariamente, procurarás
permanecer en el amor y en la conciencia de todos tus actos, de todas tus
palabras, de todos tus pensamientos, y pregúntate cuál máscara
pudo más para hacerte reaccionar durante cierta situación o
para dictar tu conducta ante otros o ante ti mismo. En un momento en el día
anota tus observaciones sin olvidar sobre todo cómo te sentiste en
los momentos en que posiblemente se abrió alguna herida identificándola
con su nombre, pero más que el nombre de la herida, describe lo que
sentiste.
Para terminar, perdónate siempre, concediéndote el derecho de
haber utilizado esa máscara de huidizo, de dependiente, de masoquista,
de controlador, de rígido, sabiendo que hasta ahora creías sinceramente
que era el único medio para protegerte. Recuerda que sentirte culpable
y acusarte es el mejor medio que utiliza tu máscara para continuar
haciéndote reaccionar de la misma forma cuando se suscite nuevamente
una situación similar, así que ya no te dejes manipular. Te
repetimos: Recuerda que sentirte culpable y acusarte es el mejor medio que
utiliza tu máscara para continuar haciéndote reaccionar de la
misma forma cuando se suscite nuevamente una situación similar, así
que ya no te dejes manipular.
Nunca te diremos que eres un imposible ni tu mismo/a te creas un imposible.
Lo que si decimos es que la transformación no es posible sin la aceptación.
Pero, ¿cómo puedes saber si vives completamente esta aceptación?.
Cuando sepas que tu comportamiento que ha afectado a alguien más o
a ti mismo, forma parte del ser humano y cuando aceptes asumir las consecuencias
cualesquiera que estas sean. Esta noción de responsabilidad es básica
para que puedas aceptarte verdaderamente. Ser, ser humano significa que no
puedes agradar a todos, que no eres, un alkaseltzer o aspirina para caerles
bien a todos y que tienes el derecho a tener ciertas reacciones, también
humanas, que pueden desagradar a otros, pero has esto sin juzgarte ni criticarte.
Simplemente reflexiona y escoge lo positivo, lo inteligente escoge, las actitudes
de Jesús, tu Señor, tu Salvador, Tu Rey, tu Amado, tu mejor
Amigo.
La aceptación el perdón, la compasión, la dulzura, la
misericordia, la sabiduría, el actuar con inteligencia, serán
pues los elementos que desencadenarán y pondrán en marcha tu
curación. Habla con tus padres –si estos viven- y si no, hazlo
en tu corazón, pero habla con ellos sin temor a ser acusado, acusada,
y ellos a la vez al no sentirse juzgados se descubrirán más.
Cuando hables con ellos, los ayudarás a realizar también su
proceso de perdón con sus propios padres, lo cual les permitirá
darse el derecho a ser humanos, a tener las heridas que los hacen actuar y
a mostrar comportamientos que quizá sean contrarios, a los que les
gustaría tener.
Cuando hables con el progenitor con el que has vivido una herida, te sugerimos
que le preguntes si ha vivido la misma herida contigo. Si por ejemplo, eres
mujer y dices a tu madre que te has sentido rechazada por ella desde la adolescencia,
pregúntale si ella alguna vez también se sintió rechazada
por ti. De este modo le permitirás liberarse de emociones contenidas
desde hace tiempo y que con frecuencia son inconscientes y gracias a ti, tu
madre será consciente de ellas. Esto también será necesario
en el caso de ser un varón.
Ahora ponemos en tus manos algunas maneras que te indicarán si tus
heridas están en el camino correcto hacia la curación:
Tu herida de rechazo está en vías de sanar cuando cada vez ocupas
más tu lugar y te atreves a afirmarte. Además si alguien más
parece olvidarse de que existes, no te sientes incómodo internamente.
Cada vez es menor el número de situaciones en las que temes sentir
pánico. Tu herida de abandono, está en vías de sanar,
cuando te sientes bien contigo mismo si estás solo, y buscas cada vez
menos llamar la atención. La vida te resulta menos dramática.
Cada vez tienes más deseos de emprender proyectos, e incluso si los
demás no te apoyan, puedes continuarlos.
Tu herida de humillación está en vías de sanar cuando
tomas el tiempo para conocer tus necesidades antes que las de otros, no por
egoísmo sino por amor auténtico y cuando cargas menos sobre
la espalda porque ya no te manipula el temor a ser humillado/a y te sientes
más libre. Dejas de crearte tus propios límites. Eres capaz
de hacer preguntas o de pides, sin creer que molestas.
Tu herida de traición está en vías de sanar cuando no
vives con tanta intensidad las emociones del momento o cuando alguien o algo
altera tus planes y cedes con facilidad. Ceder significa dejar de estar sujeto
a los resultados y a que todo suceda según lo que planeaste. Ya no
intentas más ser el centro de atracción. Cuando te sientes bien
desde la humildad es decir desde la verdad, porque lograste con la ayuda del
amor de Dios y tu voluntad, una hazaña, y puedes sentirte bien aún
cuando los demás no te reconozcan.
La herida de injusticia está en vías de curación cuando
te permites ser menos perfeccionista y cometer errores sin estallar en cólera
o criticarte. Te permites mostrar tu sensibilidad y llorar frente a otros,
sin perder el control y sin temer a que los demás te juzguen. Otra
ventaja cuando curamos nuestras heridas, es que nos convertimos en autónomos
y dejamos de ser dependientes afectivos. La autonomía afectiva es la
capacidad de saber qué deseamos y entonces emprender las medidas necesarias
para realizarlo. Cuando necesitamos ayuda, sabemos pedirla sin esperar a que
sea una persona determinada la que nos la brinde. Cuando alguien desaparece
de su vida, la persona autónoma no dice: ¿Qué va a ser
de mi sola?. Siente pena, sí, pero sabe en lo más profundo de
su ser que puede sobrevivir sola y vivir inteligentemente apoyada incondicionalmente
en el amor de Dios.
Deseamos en el alma, que el descubrimiento de tus heridas, -con la gracia
del Señor Dios y tu voluntad e inteligencia puesta en ello, te haga
cada vez más compasivo y dulce contigo mismo, contigo misma y te ayude
a vivir en la paz interior, a vivir con menos enojos, vergüenza y rencor,
sabiendo que no es fácil enfrentar a quienes nos lastiman. El ser humano
ha inventado tantas maneras para reprimir sus recuerdos dolorosos que tiende
a recurrir a estos patrones mentales una y otra vez, sin embargo, mientras
más reprimamos nuestros recuerdos dolorosos, más penetrarán
en nuestro inconsciente y sucederá que un día, cuando ya no
haya lugar en el subconsciente, -por hablar de alguna manera-, llegaremos
a nuestro límite de control y estos recuerdos volverán a la
superficie. Nuestro dolor será entonces más difícil de
curar.
En cambio, al enfrentar cara a cara estas heridas, toda la energía
que sirvió para reprimir y ocultar nuestro dolor, finalmente se habrá
liberado y podrá utilizarse para objetivos mucho más productivos
es decir, para crear nuestra vida tal como la deseamos es decir, libres para
amar, y para ser por completo nosotros mismos en el amor del Señor
Dios. Para quienes tenemos fe en el Señor Dios, será dejarnos
amar plenamente por Él, sabiéndonos arropados y envueltos por
su Plan Divino, Plan de madurez, de paz, de libertad, de solidaridad, de amor.
Queremos terminar estos oásis sobre el valor del perdón diciéndote
que detrás del huidizo herido por rechazo, se oculta una persona capaz
de asumir muchas responsabilidades, dotada de aptitudes adecuadas para trabajar
honestamente. Es una persona con una enorme capacidad para crear, inventar
e imaginar. Apta para trabajar sola. Eficaz y capaz de pensar en innumerables
detalles. Apta para actuar en la medida que se requiera, en caso de urgencia.
Tiene la capacidad de no depender de otros y puede apartarse de los demás
sin problemas y sentirse bien sola. Puede llegar a ser un ser humano profundo.
Detrás del dependiente por herida de abandono, se oculta una persona
hábil, que sabe cómo satisfacer lo que requiere es decir, sabe
lo que desea, es tenaz y perseverante en sus proyectos. No vacila cuando tiene
la determinación de obtener algo. Tiene don de comediante; sabe atraer
la atención de los demás. Tiene un gozo natural, es jovial y
sociable y refleja su alegría de vivir. Es capaz de ayudar a otros,
porque se interesa en ellos y sabe cómo se sienten. Tiene aptitud para
utilizar sus dones interiores en un momento oportuno cuando ha dominado sus
temores. Posee talentos artísticos. Y pese a que es sociable, tiene
necesidad de momentos de soledad para volver a encontrar su camino.
Detrás del masoquista por herida de humillación, se oculta una
persona audaz, valiente, con una enorme capacidad para desenvolverse en diversos
ámbitos. Conoce sus necesidades y las respeta, es sensible ante las
necesidades de los demás y es capaz también de respetar la libertad
de cada persona. Es buen mediador y conciliador, es objetivo, es jovial, ama
la vida, disfruta cada momento, es servicial y altruista, posee talento de
organizador, sabe reconocer sus talentos con humildad. Puede llegar a ser
un ser humano profundo.
Detrás del controlador por herida de traición, se oculta una persona que tiene cualidades de dirigente o de líder porque por su fuerza, es hábil para brindar seguridad y protección. Tiene muchos talentos. Es sociable y con buen sentido del humor. Posee la habilidad de hablar en público. Es apta para percibir y dar valor al talento de cada persona, ayudándolos a adquirir más confianza en sí mismos. Es capaz de delegar tareas a otros, lo cual les ayuda a valorarse. Sabe rápidamente cómo se sienten los demás y reduce el dramatismo al hacerlos reír. Es capaz de pasar rápidamente de una situación a otra y de manejar varias cosas al mismo tiempo. Toma decisiones sin vacilar. Encuentra lo que le es necesario y se rodea de las personas que requiere para proceder a la acción. Es capaz de lograr grandes obras en diversos campos. Confía enormemente en Dios y en su fuerza interior. Es capaz de ceder completamente. Es un ser humano profundo.
Detrás del rígido por herida de injusticia, se oculta una persona
creativa, con mucha energía, dotada de enorme capacidad de trabajo.
Es ordenada y excelente para producir un trabajo que exige precisión.
Cuidadosa, muy dotada para ocuparse y vigilar detalles. Tiene capacidad de
simplificar y explicar claramente para enseñar. Muy sensible, sabe
lo que sienten los demás sin perder de vista sus propios sentimientos.
Sabe lo que debe saber en el momento oportuno. Encuentra a la persona precisa
para realizar una tarea específica y la palabra exacta y justa que
decir. Es entusiasta, llena de vida y dinámica. No necesita a otros
para sentirse bien. Al igual que el huidizo, en caso de urgencia, sabe qué
hacer y lo hace ella misma. Sabe enfrentar situaciones difíciles. Y
puede llegar a ser un ser humano profundo.
Al reconocer la belleza que eres, esperamos que no prefieras seguir aferrándote
a tus máscaras, pues esto expresaría la más grande traición
de todas y que por cierto te la harías a ti mismo, a ti misma: olvidar
que eres un hijo, una hija de Dios. Así que ya no dejes más,
de ser una fuente de inspiración para otros que infunda la magia de
mirar desde la fe, la magia de entregarse incondicionalmente al Señor,
la magia de querer dejarse seducir por Jesús, la magia de actuar con
inteligencia, de querer amar, la magia de la alegría verdadera, de
la libertad interior.
Gracias Señor… a ti dirijo mi oración, porque eres infinitamente
bueno y me das la gracia de confiar en ti. Señor, hoy pones delante
de mi tu camino, camino de verdad, de luz, de vida, de amor, de paz. Solo
te pido una cosa: concédeme la gracia de querer tener siempre mis ojos
fijos en ti. Déjame permanecer siempre en ti. Concédeme que
siempre quiera vivir en tu Presencia, que mi corazón cada mañana
anhele vivir en la alegría que se desprende de un corazón que
espera a pesar de saber que mientras los seres humanos demos rienda suelta
a la inconciencia, continuarán las reacciones negativas, pero…
a pesar de todo, me enseñas a permanecer tranquilo, tranquila en mi
profundidad, allá donde tu, me habitas y me das sabiduría. Allá
donde verdaderamente se me amado, amada por ti, allá donde verdaderamente
soy, en ti. Gracias mi Señor…..Gracias…..Bendito seas….Alabado
seas….Amén.

¿Perdonar?¡Para qué!
Los seres humanos,
todos sin excepción, experimentamos una inclinación natural
hacia la felicidad….lo hemos venido diciendo en los temas anteriores
de este curso sobre valores humanos. Hoy, hablaremos del valor del perdón,
así que veamos pues, que tendemos a la felicidad pero en el camino,
encontramos obstáculos que dificultan la realización de este
deseo y para muchos de nosotros, para mi, para ti que escuchas, el principal
de estos obstáculos es el resentimiento…..el resentimiento viene
a ser como cuando estás parado, parada frente al mar tirando una chancla
vieja….Momentáneamente desaparece ante tus ojos pues entre las
olas que van y vienen en su movimiento eterno la alejan, cuando de repente,
una ola pone de nuevo ante tus ojos esa vieja chancla que tu suponías
desaparecida.
Así es el resentimiento….vuelve como la bola grande y pesada
que tiene poder de derribar una gran casa.
El Señor Jesús en el evangelio, habla de un hombre que al no construir sobre roca firme, vino la tempestad y derribó la casa porque no estaba construida sobre roca. En este caso, la roca es el perdón incondicional. Tan incondicional como el que Él, nos dio a todo el genero humano de todos los tiempos: cuando dijo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. El no dijo: Padre: tu y yo sabemos cómo es el corazón del hombre, terco, infiel, inmaduro, y por eso Padre, vamos a acabar con ellos….así que en este mismo momento, haz que todos los volcanes de la tierra, con su azufre y ceniza, acaben con ellos, ¡Padre!, porque jamás van a entender, porque moriré en la cruz y ellos y ellas seguirán matándose con sus actitudes egoístas….soberbias…..
No. Jesús no habló así. No actuó así, porque
sólo habla así quien es superficial y sólo alcanza a
mirar lo que su ceguera le permite ver…..Jesús era un hombre
profundo, y no nos cansaremos de decirlo una y otra vez, porque esta profundidad
le dio la mirada de fe, la mirada de perfecta compasión es decir, una
capacidad inigualable de empatía es decir, capacidad de ponerse en
las entrañas del otro, de la otra y comprender que se reacciona violento,
agresivo, sensual, negativo, soberbio, rebelde, por tanta herida que se lleva
allá escondida en lo que la psicología llama subconsciente.
Quien no vive conscientemente y simplemente se deja llevar de lo que su subconsciente
ha guardado incluso desde antes de nacer, está destinado, destinada
a repetir un pasado doloroso, vergonzoso, viviendo constantemente en un túnel
sin luz, en un abismo que parece no tener fondo, construyendo una realidad
cotidiana que agobia y atormenta día tras día, noche tras noche,
sin entender si quiera la razón o el motivo por el cual se repiten
errores en la vida, contra quien decimos tu y yo, que amamos más y
todo esto, va generando dolor y me avergüenza, te avergüenza, dándole
vida a un ayer contaminado y oscuro en cada hoy, en cada nuevo amanecer a
través del dolor, de la repetición de patrones de conductas
destructivos.
Estamos seguros que en más de una ocasión, te has propuesto
cambiar, ser una mejor madre o padre o hijo, hija, un mejor compañero,
compañera o simplemente, te has propuesto ser un mejor ser humano.
Estamos seguros que te has propuesto en más de una ocasión dejar
atrás ataduras, culpas, relaciones dependientes destructivas, dependencias
emocionales, neurosis, ansiedad y tristeza inexplicable y sin darte cuenta,
has vuelto a caer en lo mismo, con un sufrimiento mayor.
Si hoy, aquí y ahora, tu que escuchas, te experimentas que no vales
la pena, y tu autoestima anda por los suelos haciéndote sentir como
cucaracha fumigada o chicle masticado, inseguro de ti mismo de ti misma encubriendo
todo esto con la máscara de la prepotencia, de “saberlo todo”
de soberbia desmedida tratando de demostrar que no pasa nada, si te resulta
fácil establecer relaciones dependientes destructivas o tienes alguna
adicción como el alcohol el cigarro, alguna droga, la comida en exceso,
el trabajo excesivo para llenar huecos que por más intentos que hagas
por llenarlos, cada vez son más grandes y la no fe grita dentro de
ti: “¡Desdichado, desdichada de mi!. ¿Quién me librará
del poder de la muerte que está en mi?. Hoy la fe te responde aún
más fuerte: Te librará tu Señor Jesucristo si pones los
ojos fijos, en Él.
Muchas veces, el cúmulo de heridas no sanadas allá en tu inconsciente
o subconsciente, no te permiten manifestar tus emociones, tu ternura y te
cuesta decirle ¡Te amo!, a tus hijos, a tu compañero, a tu compañera,
a tus amigos, a quienes te rodean y aún a aquellos que simplemente
son tus prójimos aunque no los conozcas. Y ¿sabes?. Es porque
tienes miedo a ser rechazado, rechazada una vez más y por eso no te
atreves a ser tu mismo, tu misma por temor de hacer el ridículo y por
eso no te lanza a ofrecer una sonrisa, una actitud en la que los brazos no
estén cruzados, o un simple abrazo dado con todo el ser, disfrutando
la presencia del otro, de la otra.
Cuántas veces callas lo que quisieras gritar y gritas lo que necesitarías
callar y te sientes culpable y amargado, amargada y lloras posiblemente interiormente
sin razón aparente, y albergas una nostalgia inexplicable, a pesar
de haber tenido una “infancia feliz” o quizá no tan feliz,
y vives en un infierno cotidiano a pesar de tener hoy la oportunidad para
ser feliz.
Permítenos decirte que no esperes que otros y otras sanen tu corazón.
No esperes que otros y otras te animen para seguir adelante en este peregrinar
hacia la casa del Padre. No esperes nada de nadie. Espera todo de Dios y de
ti, pues no es posible que otros y otras caminen tu camino. Y el primer paso
para poder comenzar a caminar firmemente por el camino de la liberación
interior, por el camino de la dulzura, de la verdad, de la luz, del perdón,
es aceptar que tus errores, todas las infracciones cometidas contra la vida
hasta este día, son producto de la ignorancia, de vivir inconscientemente,
dormido, dormida, pero alégrate, que la Luz de Cristo te da la llave
para que abras los candados que te mantienen esclavizado, esclavizada en la
inconsciencia…si tu quieres, puedes trabajar juntamente con la gracia
infinita de su amor, que te ayudará a conquistar tu propia libertad,
sin miedo ni ataduras, dándote la oportunidad de construir una vida
plena, feliz en Él, en donde tu interior será un oásis
de paz, de seguridad, de vida y libertad, porque ese oásis estará
habitado por Él, que te desea como una persona, un ser humano lleno
de vida y el perdón, es vida.
Para comenzar este proceso, además de aceptar tus errores, es importante
descubrir por qué los has cometido, qué los genera, en dónde
está el origen de tus reacciones agresivas, violentas o indolentes.
Y para encontrar el origen será bueno que comiences por transformar
el pensamiento negativo de “No se puedo cambiar” por este que
vas a escuchar: “El Señor puede transformar mi corazón
en un corazón hermoso, libre”….luego que hayas hecho esto,
comienza a encontrar a ese niño interior herido, a esa niña
interior herida para empezar a llenarlo de amor y comenzar a dejar fluir el
reino de paz que Dios ha querido para ti desde toda la eternidad.
Si tu estás en medio del mar, envuelto, envuelta en una tempestad,
tendrás que esperar a que llegue la calma, de la misma manera, atravesaremos
juntos el bosque oscuro, tenebroso, poblado por los recuerdos del ayer que
se pierden en la inconsciencia, para descubrir el camino que conduce hacia
el lugar en donde se encuentra atrapado tu niño, tu niña interior,
pequeño, frágil que ha permanecido tanto tiempo en la oscuridad,
callando su miedos, su dolor, sintiéndose culpable y sintiendo vergüenza,
ira silenciosa que aparece hasta el día de hoy como brotes que aparentemente
no tiene explicación, brotes de irritabilidad, y agresión, ahogando
tus sueños en el vacío y muchas veces en la frialdad del corazón.
Si no te conoces, si en realidad, no sabes quién eres, cómo
podrás amarte?...¿Cómo pretendes amar a otros a otras,
cuando tu te rechazas, te condenas, porque no te perdonas?... Para poder comenzar
a descubrir el maravilloso potencial que hay en ti, de amor, de alegría
verdadera, para poder comprender el por qué de tus caídas, el
por qué cultivas repetitivamente adicciones, dependencias, sufrimiento,
vacío, siempre deseando lo contrario, sólo te pediremos que
abras tu corazón y tu mente al Señor en estos momentos, ahí
en donde estás, cerrando tus ojos para decirle allá en el silencio
de tu ser, con todo lo que tu eres….
"Dios mío….tú lo conoces todo….tu has sido
mi Creador….tu sabes por qué nací, cómo fue el
momento de mi concepción, tu sabes que yo no pedí venir a este
mundo, yo no escogí ni a mis padres, ni mi sexo, ni mis genes que constituyen
gran parte de mi forma de ser, ni mi físico, ni mi voz, ni gran parte
de mi historia que me ha marcado tanto……Dios mío….gracias
a Jesús tu Hijo y mi Salvador, se que tú eres mi verdadero Padre…esto
lo digo desde la fe –aunque mucho tiempo crecí creyendo que tu
eras justiciero y vengativo….hasta de niño, de niña me
decían que si me portaba mal, tú me castigarías, pero
hoy, gracias a Jesús, se que eres amor infinito y que es ese amor el
que hoy me tiene ante ti. Hoy estoy ante ti, con mi corazón afligido,
corazón de quien ha permanecido tanto tiempo en el valle de la oscuridad
y los lamentos, extraviado, extraviada sin rumbo y sin luz.
Hoy, ante ti, me encuentro lleno, llena por un intenso deseo de volver a vivir,
de comenzar de nuevo una existencia alentada por la fuerza de tu amor que
ha comenzado a sanar con mi niño, con mi niña interior. Déjame
recuperar la inocencia, la fe, la espontaneidad que tú depositaste
en mi, desde el principio del tiempo. Dame la gracia de recuperar la fuerza,
la alegría que me llevó a conquistar el milagro de existir,
cuando apenas era una célula diminuta y de manera inconsciente, creía
en la vida, creía en ti y en mi, ¡Oh Dios Único y verdadero!
Aquí estoy ante Ti, desvalido, desvalida, sin rumbo, como un niño
extraviado en la oscuridad de la noche de la inconsciencia. Estoy cansado,
cansada de tanto buscar, de repetir patrones de conducta que un día
me lastimaron tanto y que juré nunca pero nunca, volver a vivir. Aquí
estoy ante ti con el único deseo de ser libre en ti, de rescatar por
fin a mi niño herido a mi niña herida y entregarte de una vez
por todas, las ataduras y candados que me impulsan a fotocopiar el pasado,
el infierno conocido que ya no quiero vivir más.
Ahora, no traigo más equipaje que mi fe, ese don que me regalas para
que sea feliz y te viva intensamente en mi corazón, y el anhelo sincero
de romper cadenas de amargura. Traigo el valor que tu Presencia amorosa me
infunde. Oh mi Compañero fiel, Dios amoroso en esta aventura maravillosa
en la que libre en ti, regrese a ti y a los demás diariamente, con
una sonrisa en los labios, con un corazón henchido por la dicha y con
el espíritu expandido en la libertad de tu amor. Gracias mi Dios, porque
experimento la luz de tu Presencia, porque se que me infundes fuerza en el
corazón. Gracias porque tomas mi mano y tengo la certeza de que puedo
sacar de las tinieblas que ahora han comenzado a transformarse en luz, a esa
criatura maravillosa que Tú elegiste para expresar una parte de tu
plan divino y que por inconsciencia quedó extraviada en el valle del
dolor. Gracias porque contigo es posible reencontrarme con esa parte de mi
que quedó olvidada, fragmentada en un ayer sin tiempo. Gracias porque
en Ti, y por Ti, es posible traer a mi hoy, aquí y ahora a ese pequeñito
que vive dentro de mi para brindarle en cada hoy, el amor que le faltó
ayer. Y con él en mi conciencia y en mi corazón, poder estirar
las alas y volar hacia la libertad verdadera, para poder extender la mano
y jugar con las estrellas y poder sonreír nuevamente y perdonar. Gracias
porque en Ti y por Ti, contigo a mi lado, con mi niño, con mi niña
interior sano es posible construir una vida nueva, una vida mejor, una vida
en Ti. Gracias por escucharme. Gracias por responder."
Ahora, desde el Poder que te infunde el Señor Dios, desde su luz, tomado,
tomada de la mano Jesús, vas a ir contemplando las diferentes etapas
que conformaron el desarrollo de la infancia, con el fin de detectar y sanar
en cada una de ellas, las posibles fracturas emocionales que laceraron en
aquél ayer lejano, tu alma de niño, de niña.
Hoy, aquí y ahora, dirige tu mirada, unido, unida a Jesús, para
rescatar a tu “yo bebé”, desde el momento de la concepción
hasta el nacimiento como momento cúspide, como el momento más
grandioso y único, e incluso, hasta el primer año de vida.
La fe, y la dinámica de la mente, nos permitirá iniciar la aventura
que conduce a un reencuentro con tu niño interior y es probable, que
a estas alturas de tu vida, tu mayor inquietud sea, saber quién es
ese pequeño, esa pequeña…lo que ha sufrido, por qué
te hace reaccionar como reaccionas. Estamos seguros, que con la gracia de
Dios, muy pronto, podrás abrazarlo desde la fe, tenerlo junto a ti,
en tu conciencia y en tu corazón, para poder brindarle todo el amor,
la ternura, la aceptación que en el ayer le faltó y de la mano
de Jesús, juntos, recuperes la alegría de vivir, la espontaneidad,
la inocencia, la confianza en la vida, en ti mismo, en los demás y
en Dios, tu Señor.
Pero antes de comenzar esta interiorización, es importante, que desde
el momento en que un bebé es concebido, comienza a recibir nutrición
física y emocional a través de los alimentos que ingiere la
madre y de las emociones que ella experimenta, no sólo en ese momento,
sino a lo largo del período de la gestación es decir, el tiempo
que el bebé permanece dentro del vientre materno. Así, esa célula
pequeñísima, en la que se concentra todo el potencial de la
vida, comienza a recibir, desde el instante en que es fecundado: amor, o desamor,
rechazo, o aceptación y todas las emociones tanto negativas como positivas
que su madre, experimenta durante ese tiempo.
Y así, se va formando un feto, que evoluciona hasta que se encuentra
formado el bebé, y en la semana número 36, se aproxima el alumbramiento,
que es el momento en que ese nuevo ser nace y hace su aparición en
el escenario de la existencia, en nuestro mundo, en donde de nuevo vuelve
a sentir el impacto de las emociones recibidas en esa circunstancia especial
es decir, siente amor o desamor, rechazo tal vez porque se esperaba un niño
y fue niña o al contrario; por el color de la piel, o por el parecido
con el padre o la madre o lo que es peor, con la suegra o este pariente que
es tan antipático –dicen-.
Y sobre ese pequeñito, esa pequeñita,, recaen las dudas sobre
la paternidad o porque tenga cabello o porque esté pelón y por
mil aspectos más, como el miedo inconsciente que experimentan los padres
ante la responsabilidad de una nueva vida que recaen totalmente en ellos…temor
que generan los problemas económicos, las presiones de la vida cotidiana,
los distanciamientos, el abandono y muchas razones más. Todos hacen
blanco de esa criaturita pequeñísima, frágil indefensa
en la que Dios ha puesto todo su anhelo para expresar un fragmento de su inteligencia
infinita, de su inigualable amor.
De la misma manera, el amor y la aceptación que recibe desde ese momento,
van creando en el bebé, seguridad, una sensación interna de
aceptación y confianza. En el caso contrario, ese bebé se experimentará
inseguridad, temor que no se explicará ni aún cuando haya alcanzado
20, 40, 60 ó 90 años de edad. Y este temor, lo manifestará
en llanto y malestar constante, generándole emociones negativas que
se le irán acumulando y escondiendo en lo más profundo de su
inconsciente, pero que saldrán una y otra vez, convertidas en rechazo
a sí mismo durante toda su vida.
Como podrás escuchar, a lo largo del desarrollo en las diferentes etapas
que forman la infancia, el niño, la niña experimentan situaciones
que afectan su mundo emocional dejándole para siempre marcado su subconsciente
o inconsciente, porque estas han generado un profundo dolor, culpa, vergüenza
y porque la mente es así, la dinámica mental tiende a ocultarlas,
-como dijimos- en los niveles más profundos, grabándolas con
la fuerza de la emoción de ese momento, por lo que de manera inconsciente,
tendemos tu y yo que escuchamos este casete, a repetir e incluso a multiplicar
el daño experimentado en aquel momento de nuestro ayer, a veces repitiendo
contra nosotros mismos, castigándonos o agrediéndonos de una
y mil maneras; a veces golpeándonos u ofendiéndonos como en
los momentos de aquel ayer que desgarraron el corazón.
Cuántas veces te has observado a ti mismo, a ti misma, cuando cometes
algún error, repitiendo en silencio e incluso en ocasiones en voz alta:
“Soy un estúpido, una tarada, un menso, todo lo hago tan mal”
etc. Y si haces un poco de memoria, son las mismas palabras que te decían
cuando eras apenas un niño, una niña.
En otras ocasiones, esos recuerdos inconscientes, el daño y el dolor
almacenado durante toda una vida, se derraman en contra de las personas que
nos rodean, incluso en contra de los propios padres, o hijos, familiares o
hasta amigos. Y cuando menos pensamos, estamos cayendo en la misma situación,
haciendo contra ellos, todas las agresiones que en ese ayer cometieron contra
nosotros y que un día nos prometimos nunca volver a vivir.
Cuando te has encontrado gritando, golpeando, amenazando, como tantas veces
lo hicieron contigo, en esos momentos es tu niño, tu niña interior
quien grita, vocifera y repite todo lo que aprendió, todo lo que le
hacían en esos momentos de dolor, y tras haber fotocopiado el pasado,
de repente, regresas a la realidad experimentándote asustado/a, sorprendido/a,
culpable, muy culpable. Entonces, el espectáculo que tienes ante tus
ojos te asusta y te atormenta: lágrimas que bañan el rostro
de ese ser tan amado, tal vez sangrando si fue golpeado; y todo esto, te llena
de vergüenza, de dolor. En su mirada, adivinas la misma ira, la frustración
y la confusión que aparecían en tus ojos cuando sufriste el
impacto del golpe, el insulto y la ofensa que como un huracán, emergió
en aquél entonces de la inconsciencia, en donde otro niño herido,
lastimado, atrapado en un cuerpo de adulto que llevaba el título de
padre, madre, maestro, hermano mayor o tutor, pues ¿sabes? somos víctimas,
hijos de víctimas” es decir que a su vez, estos alguna vez, sufrieron
lo mismo que tu pero nunca lo sanaron. Y tú, hoy, aquí y ahora,
por el poder de Dios y tu libertad puesta en ello, escuchas este tema, para
abrirte incondicionalmente al amor infinito y misericordioso del Señor,
para que Él que si puede, sane tu inconsciente que aún sangra,
que desea ser dulce pero que las heridas asfixian la necesidad de amar en
lugar de odiar.
Por eso, necesitas seguir escuchando que con el paso del tiempo, el desarrollo
físico de ese bebé continúa y llegamos a la edad adulta
y con ella, mil y una responsabilidades que tenemos que enfrentar día
con día, ignorando que cada uno de los seres humanos, llevamos en el
interior un niño o una niña pequeñita, y frágil
que, al no tener la nutrición emocional adecuada, fue acumulando fracturas
en el alma y aprendió a callar sus miedos, sus preguntas, cansado,
cansada de no obtener respuestas. Aprendió a sentirse culpable de todo
lo que pasaba a su alrededor: los pleitos entre los padres, la separación,
el divorcio, la enfermedad e incluso hasta la muerte de alguno de ellos.
Tal vez sintió el impacto de ofensas, insultos, golpes, comparaciones
y el abuso en todas sus expresiones, como cuidar a los hermanitos pequeños,
trabajar desde muy chico para ayudar a la manutención del hogar, dejar
la escuela para apoyar a la familia, ser la mamá de mamá o de
papá, el hombrecito de la casa, el receptor de las emociones de los
adultos, el objeto sexual e incluso, la víctima de una violación,
en muchas ocasiones por parte de amigos, y familiares cercanos y lamentablemente,
hasta por padres, padrastros y tutores de quienes -el corazón de un
niño, de una niña- sólo esperaba amor, respeto y confianza.
Cuando un niño es víctima de este tipo de agresión, se
deforma, se distorsiona el concepto de sí mismo, se cae en una profunda
auto devaluación es decir, se odia a sí mismo a si misma sin
valorar nunca el hecho de existir, por eso hoy e nuestros días, no
sólo jóvenes y adultos se suicidan sino hasta niños.
Además, se instala en el interior un sentimiento permanente de culpa
y de creerse malo, mala y diferente. Esta experiencia como muchas otras sufridas
en la infancia, genera un dolor tan intenso que el desarrollo emocional se
bloquea, dejando atrás a un niño asustado y triste, tal vez
avergonzado y culpable, que se pierde entre las tinieblas y la oscuridad de
la inconsciencia que llora sin que nadie lo escuche ni lo consuele.
Esta agresión brutal, como muchas otras que brotan de la inconsciencia
contra un pequeño, una pequeña, le roban la inocencia y con
ella, la niñez entera y no solo esto sino todo lo que le queda de vida.
Sí, le roban la vida misma. En algunos casos, el instinto sexual se
desquicia y no es poco frecuente que el niño o la niña abusados,
violados, se convierta en violadores o inductores de conductas sexuales pervertidas,
desde muy temprana edad, o bien, reprimirá todo su instinto sexual,
evitando tener contacto sexual con alguien y si llegara a tenerlo, se experimentará
impotente o frígida o lo contrario, entregará su cuerpo de forma
que caerá en la prostitución y hasta en el lesbianismo u homosexualismo,
pues esa agresión experimentada en la infancia, dejó destrozada
el alma, y se aprendió a obtener una caricia, una migajita de amor
o aunque sea un solo instante de aceptación por la entrega sexual inconsciente,
para luego experimentar como en aquél entonces, mayor culpa y odio
por si mismo, por si misma que se pretende diluir con alguna adicción
química como el alcohol, la droga o el tabaco o con alguna dependencia
enfermiza y apegos hacia las personas.
Y por si esto fuera poco, ese niño o niña fracturados con el
látigo del desamor, tratará una y mil veces de formar una relación
estable, de encontrar a alguien que le ame y le acepte tal cual es, incluso
comprando afecto, aceptando situaciones que le desagradan y avergüenzan
y sin embargo, difícilmente podrá entablar una relación
permanente, pues desde tiempo atrás, aprendió a desconfiar de
los demás, de la vida, de sí mismo y hasta de Dios.
Una manifestación diferente de esta misma agresión sexual sufrida
en la infancia puede hacer que en el intento de borrar esa fractura que desgarró
el alma en ese ayer lejano, probablemente en la vida adulta, se instale en
la represión, evitando todo tipo de relación que implique un
contacto sexual, como puede ser el caso de amores platónicos que se
hacen pasar como ideales, alegando fidelidad a “un viejo amor”
con el que en realidad jamás se llegó a intimar o bien, entregándose
a una causa cuyo logro requiere un compromiso total por lo que no existe tiempo
para establecer una relación profunda e íntima.
Es posible que en el afán de borrar esa huella dolorosa del pasado,
el adulto contaminado por un niño herido en su sensibilidad más
profunda, elija el camino sacerdotal o de monasterio sin tener en realidad
vocación religiosa, sino más bien, pavor de repetir ese pasado
doloroso que se esconde bajo un hábito o una túnica –como
hoy sabemos en nuestros días- y se convierten en brotes inexplicables
de sexualidad pervertida o distorsionada, agregando culpa y dolor a ese sufrimiento
antiguo. Podríamos preguntarnos….¿Cabe juzgar a los demás,
sea quien sea?, ¿No sería mejor comprender?, ¿No sería
mejor contemplar en los demás y en sí mismos, a ese bebé
o pequeño, pequeña heridos?.....
Muchas son las causas que de manera inconsciente pueden afectar a nuestro
niño interior y al adulto que eres hoy.
MOMENTO PRECIOSO DE INTIMIDAD CON DIOS
Por el momento hoy, aquí y ahora, tomando una actitud recogida, orante, cerrando tus ojos y respirando suave, profundo y lento, abriéndote en la fe adulta al Señor dile en el silencio de tu ser a ese Dios que nunca ha querido el mal para ti: Señor:, te hablo desde mi corazón partido que ha permanecido tanto tiempo entre oscuridad y lamentos, extraviado, sin rumbo, sin luz, manejado por el dolor inconsciente de las heridas de la infancia…pero tu Luz, tu Gracia, tu Amor me hacen que te busque y buscándote estoy, porque eres mi Dios, porque eres mi Creador, porque TE NECESITO, porque sin ti la vida no tiene sentido. ¡Oh Vida mía!, tu lo sabes todo y no hay nada imposible para ti. ¡Oh Vida mía!....deseo volver a vivir, comenzar de nuevo con una existencia alentada por la fuerza de tu amor, amor que depositaste en mi desde el momento en que comencé a existir.
¡Oh Vida mía!, permíteme recuperar la inocencia perdida,
la fe, la espontaneidad que tu depositaste en mi desde el principio del tiempo.
Regálame la gracia de recuperar la fuerza, la alegría que me
llevó a conquistar el milagro de la existencia, cuando apenas era una
célula pequeñísima y de manera inconsciente creí
en la vida, creía en Ti y en mi.
¡Oh Vida mía!, Estoy ante Ti, cansado, cansada de repetir patrones
de conducta que un día me lastimaron tanto y que nunca quise volver
a re-vivir, pero que sin embargo todavía hoy brotan en esas actitudes
frías, indiferentes, actitudes groseras, actitudes que dejan desaliento
y que muchas veces son expresión de no querer seguir luchando en esta
vida…..
¡Oh Vida mía!. ¡Te amo! Y a pesar de que mi subconsciente
aún sangra, reconozco que me amas con todo el Amor que es posible en
tu Divinidad es decir: me amas plenamente, me amas totalmente, me amas incondicionalmente,
me amas porque sí, sin un para qué, simplemente porque eres
el Amor. ¡Oh Vida mía!.
Gracias mi Señor, porque por la fe, me rescatas una y otra vez del
desamor, de los rechazos, y haces de mi la obra que contemplaste desde la
eternidad: Soy un ser humano amado por ti, soy un ser hermoso porque estoy
hecho a tu imagen, soy un reflejo de tu amor. Gracias porque me permites mirar
mi ayer sin miedo, sin culpas, sin prejuicios, y me das tu mano para estar
frente a frente ante los sucesos más dolorosos y como magia, como milagro,
de tu mano tomado, tomada, es posible traspasar el tiempo y el espacio para
reencontrarme con esa parte de mi que quedó olvidada, fragmentada en
un ayer sin tiempo.
En este inmenso amor me sumerjo hoy, aquí y ahora, para ahondar en
el misterio de mi vida, y plenamente confiado, confiada en ti, te entrego
mi subconsciente herido pues eres mi Dios, mi Médico Divino, Oh Vida
mía, quien mejor conoce todo lo referente a mi. Aquí estoy.
¡Oh Vida mía, sáname!, devuélveme la vida…..¡Vida
mía!, sáname…..

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